viernes, 27 de marzo de 2026

BORRADOR DE DONDE MUEREN LAS PALABRAS

 

 

Donde mueren las palabras

En 1978, el Episcopado católico sabía y encubrió.

 

POR Horacio Verbitsky

 

marzo 24, 2026

 

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Aramburu y Primatesta. Los amigos de Videla

 

 

El dictador Jorge Videla le confesó a la cúpula de la Iglesia Católica argentina en 1978 que los detenidos - desaparecidos habían sido asesinados.

Los prelados informaron al Vaticano y se ofrecieron para asistir a la Junta Militar en el manejo del tema, pero resolvieron no pronunciarse en público.

 

En el bicentenario del 25 de mayo de 1810, el arzobispo de Mercedes - Luján, transmitió a la entonces presidenta CFK, una solicitud de indulto firmada por Videla, Benito Bignone y un centenar de los principales represores de la dictadura.

Revelé ambos episodios en el diario porteño Página/12, pero no hubo medios ni organizaciones que siguieran el tema.

 

Durante semanas, las mayores celebraciones populares de la historia argentina tuvieron lugar por el Bicentenario.

El Episcopado Católico realizó dos ceremonias litúrgicas.

Una en la catedral porteña, donde se leyó un texto sobre la reconciliación, y otra en la Basílica de Luján, a cargo del arzobispo Agustín Radrizzani.

Al concluir la liturgia, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, que me había llevado en su automóvil, me guió por los laberintos internos de la Basílica, hasta el camarín de Radrizzani.

 

Luego de un diálogo cordial, durante el cual se descargó de los atuendos litúrgicos, el obispo le entregó a Oliveri un papelito con una cruz manuscrita, a guisa de certificación de autenticidad, y junto con ella varias hojas mecanografiadas y con las firmas ológrafas de los ex dictadores Videla y Bignone, del general Santiago Omar Riveros, el comisario Miguel Etchecolatz y el sacerdote Christian von Wernich, el ex jefe del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Carlos Tepedino y su especialista civil en organizaciones religiosas Julio Cirino, varios miembros del grupo de tareas de la ESMA, los procesados por la masacre de Margarita Belén y un centenar de ex militares, marinos, policías, penitenciarios y agentes civiles de Inteligencia detenidos.

Como la jerarquía eclesiástica obvió el protocolo y entregó la solicitud al Ministerio en forma extraoficial, sin una nota introductoria, el gobierno decidió no contestar.

 

El Episcopado Católico siempre repitió que el sacramento de la reconciliación o la penitencia requiere algunas condiciones ineludibles: el reconocimiento de los yerros, su detestación y la búsqueda de posibles caminos de reparación.

Pero la carta que entregó Radrizzani no cumple con ninguna de esas condiciones.

Los represores rechazan la justicia y no tienen la humildad de pedir perdón, por crímenes que no reconocen ni se arrepienten.

Sólo ofrecen olvidar el mal que les habrían hecho a ellos y no vengarse.

 

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EL indulto que gestionó el Episcopado

 

Preguntas sin respuesta

 

En el almuerzo con los tres obispos, Videla dijo que le gustaría brindar la información que le solicitaban, pero que en cuanto se comunicara que los detenidos - desaparecidos habían sido asesinados comenzarían las preguntas acerca de quién mató a cada uno, cuándo, dónde y en qué circunstancias y qué destino se dio a sus restos.

La respuesta a esas preguntas sigue pendiente 34 años después. Hace dos semanas se identificaron los restos de 12 personas sepultadas en Loma del Torito, terrenos de la guarnición del Cuerpo de Ejército III, en La Calera, Córdoba.

Pero no fue debido a información suministrada por quienes les quitaron la vida, sino a partir de testimonios de víctimas sobrevivientes, de algún militar resentido porque le negaron el ascenso y por equipos multidisciplinarios que utilizaron métodos e instrumental científico.

Con el Equipo Argentino de Antropología Forense colaboró el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de Córdoba.

 

Videla habló con la mayor franqueza, como se hace entre amigos: dijo que “el gobierno no puede responder sinceramente, por las consecuencias sobre personas”, un eufemismo para referirse a quienes se encargaron de que los restos de las víctimas desaparecieran por el agua, la tierra o el fuego.

Al eludir las explicaciones, la Junta Militar puso bajo sospecha a la totalidad de los cuadros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, algo que recién comenzó a disiparse con la reapertura de los juicios, en los que con las garantías del debido proceso se establecen las responsabilidades que la Junta ocultó.

 

Hasta esta semana se han pronunciado 1231 condenas y 250 absoluciones.

En total quedan 504 detenidos, de los cuales 425 cumplen su condena en prisión domiciliaria, 18 en el Servicio Penitenciario Federal y 61 en la U34 de Campo de Mayo.

Ese 84,3% que vive en su casa, sin instrumentos de sujeción, con permisos regulares de salida para ir al médico, hacer las compras, visitar a un pariente o pasear al perro, muestra que en democracia nadie está condenado de antemano, que puede ejercer su derecho a defensa y que recibe mejor trato que los procesados o condenados por un robo o un homicidio sin tinte político.

 

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Es hora de pasear

 

En el documento secreto sobre este diálogo, que encontré en la carpeta que ocupaba el sitio 24 - II del Archivo de la Conferencia Episcopal, la afirmación de Videla sobre la protección a quienes cumplieron sus órdenes criminales está agregada a mano por el cardenal Raúl Primatesta, que presidía la Conferencia Episcopal y que fue acompañado en la reunión por sus dos vicepresidentes, Vicente Zazpe y Juan Aramburu.

En abril de 2012 la jueza federal de San Martín, Martina Forns, interrogó a Videla en forma exhaustiva sobre su contenido.

 

Un sistema, no excesos

 

El 10 de abril de 1978, Emilio Fermín Mignone, cuya hija Mónica Candelaria había sido secuestrada en mayo de 1976, redactó sin pausa tres densas carillas a un solo espacio y las envió con un mensajero a la sede de la Conferencia Episcopal.

También esa carta se conserva en el archivo secreto que el Episcopado guarda en su sede de la calle Suipacha, en la carpeta titulada “Personas detenidas y desaparecidas, 1976-1983”.

 

Mignone escribió que a dos años y medio del golpe, era indudable que la desaparición forzada de personas constituía “un sistema y no excesos aislados”.

 

El fundador del CELS describió ese sistema: el secuestro, el robo, la tortura y el asesinato, “agravado con la negativa a entregar los cadáveres a los deudos, su eliminación por medio de la cremación o arrojándolos al mar o a los ríos o su sepultura anónima en fosas comunes”. Y se realizaba en nombre de “la salvación de la ‘civilización cristiana’, la salvaguardia de la Iglesia Católica”, colocando “como valor supremo la denominada ‘seguridad colectiva’ sobre cualquier otro principio o valor, incluso los más sagrados”.

 

Añadió que “sobre la mentira nada perdurable puede fundarse”. Mignone insistió en la necesidad de que el gobierno informara “cuál ha sido la suerte de cada ‘desaparecido’, la inmensa mayoría de los cuales, todos lo sabemos y también los obispos, han sido arrestados por organismos de las Fuerzas Armadas o de Seguridad.

Y esto, monseñor, es lo que le pedimos que ruegue, exija, obtenga del Presidente de la República esta mañana”.

 

Al día siguiente, Zazpe le informó a Mignone que la Comisión Ejecutiva le había transmitido a Videla “todo lo que dice su carta”. Dijo que habían sido “tremendamente sinceros y no recurrimos a un lenguaje aproximativo” pero le advirtió, como si se tratara de una accesoria cuestión técnica, que había una “divergencia con su carta” acerca de la publicidad o reserva de esta entrevista.

“En esta ocasión volvió a recurrirse a la reserva.”

 

Primatesta informó luego a la Asamblea Plenaria que los obispos le plantearon a Videla los casos señalados en su carta por Mignone, de presos que en apariencia recuperaban su libertad pero en realidad eran asesinados; que se interesaron por sacerdotes desaparecidos, como Pablo Gazzarri, Carlos Bustos y Mauricio Silva, y por otros detenidos de los que pidieron la libertad y/o el envío al exterior.

Pero el desarrollo completo de la reunión sólo está contenido en una minuta preparada por la propia conducción episcopal para informar al Vaticano y que nunca fue publicada antes de mi nota del 6 de mayo de 2012.

 

Primatesta, Zazpe y Aramburu la redactaron en la sede de la Conferencia Episcopal al terminar el almuerzo antes de que los detalles se desvanecieran en su memoria.

El gobierno negaba que hubiera presos políticos porque todos los detenidos eran “delincuentes subversivos y económicos”, incluso los sacerdotes arrestados.

Las desapariciones de personas eran obra del terrorismo para desprestigiar al gobierno, que compartía las inquietudes de los obispos.

 

Los tres agradecieron a Videla por haber reconocido la existencia de excesos en la represión pero dijeron que no conocían que se hubiera castigado a los responsables, que era otra de las reflexiones de Mignone.

En un clima que Aramburu describió como cordial, Primatesta lamentó que Videla no pudiera tomar “todas las medidas que quisiera”, con lo cual lo exculpaba de los hechos por los que le reclamaban.

En un tono lastimero, Videla dijo que no era fácil admitir que los desaparecidos estaban muertos, porque eso daría lugar a preguntas sobre dónde estaban y quién los había matado.

 

Primatesta hizo referencia a las últimas desapariciones producidas durante la Pascua, en San Justo, “en un procedimiento muy similar al utilizado cuando secuestraron a las dos religiosas francesas”.

La minuta redactada al concluir el almuerzo reconstruye la réplica textual de Videla ante la solicitud: “El presidente respondió que aparentemente parecía que sería lo más obvio decir que éstos ya están muertos, se trataría de pasar una línea divisoria y éstos han desaparecido y no están.

Pero aunque eso parezca lo más claro sin embargo da pie a una serie de preguntas sobre dónde están sepultados: ¿en una fosa común?

En ese caso, ¿quién los puso en esa fosa?

Una serie de preguntas que la autoridad del gobierno no puede responder sinceramente por las consecuencias sobre personas”, es decir los secuestradores y asesinos.

 

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Emilio Mignone

 

Primatesta insistió en la necesidad de encontrar alguna solución, porque preveía que el método de la desaparición de personas produciría a la larga “malos efectos”, dada “la amargura que deja en muchas familias”. Videla asintió. También él lo advertía, pero no encontraba la solución. Este diálogo de extraordinaria franqueza muestra el conocimiento compartido sobre los hechos y la confianza con que se analizaban tácticas de respuesta a las denuncias que ambas partes sentían como una amenaza.

Las actitudes de los eclesiásticos tenían sutiles matices. Zazpe preguntó: “¿Qué le contestamos a la gente, porque en el fondo hay una verdad?”. Según el entonces arzobispo de Santa Fe, Videla “lo admitió”. Aramburu explicó que “el problema es qué contestar para que la gente no siga arguyendo”, cómo sacárselos de encima. Los jefes del Ejército y de la Armada descargaban su responsabilidad, cada uno en el otro, y la Iglesia les seguía el juego. Según Aramburu, cuando Videla repitió que “no encontraba solución, una respuesta satisfactoria, le sugerí que, por lo menos, dijeran que no estaban en condiciones de informar, que dijeran que estaban desaparecidos, fuera de los nombres que han dado a publicidad”. Primatesta explicó que “la Iglesia quiere comprender, cooperar, que es consciente del estado caótico en que estaba el país” y que medía cada palabra porque conocía muy bien “el daño que se le puede hacer al gobierno con referencia al bien común si no se guarda la debida altura”. Tal como le dijo Videla al primer periodista que lo entrevistó, el español Ricardo Angoso, de Cambio 16, “mi relación con la Iglesia Católica fue excelente, muy cordial, sincera y abierta”, porque “fue prudente”, no creó problemas ni siguió la “tendencia izquierdista y tercermundista”. Condenaba “algunos excesos”, pero “sin romper relaciones”. Con Primatesta, hasta “llegamos a ser amigos”. Sobre el conflicto interno, que Videla llama guerra, “también tuvimos grandes coincidencias”. Zazpe murió en 1984, Aramburu en 2004, Primatesta en 2006 y Videla en 2013. Pero los documentos sobre ese diálogo entre amigos siguen hasta hoy en el archivo secreto del Episcopado.

 

A raíz de la confesión de Videla a Ricardo Angoso y a Ceferino Reato, la jueza federal de San Martín, Martina Forns, a cargo de la investigación sobre los restos de Mario Santucho, citó a declarar al ex dictador. Videla dijo que él había decidido ocultar el destino de los restos para evitar homenajes pero que quien sabía qué habían hecho con ellos era el entonces jefe de Campo de Mayo, general Santiago Riveros. Videla respondió sin rodeos: dijo que los detenidos-desaparecidos eran “condenados” y “ejecutados” y que ese método se había adoptado por comodidad porque creían que “no provocaba el impacto de un fusilamiento público”, que “la sociedad no iba a tolerar”. Agregó que “era difícil pensar que tantas personas podían ser juzgadas y la Justicia estaba asustada por la persecución que habían sufrido los jueces” del Camarón, el tribunal especial que actuó entre 1971 y 1973 durante la penúltima dictadura. Cuando Forns lo interrogó sobre las listas de personas detenidas-desaparecidas, Videla contestó que eran incompletas y que no se publicaron, porque contenían errores e inexactitudes y no hubo acuerdo entre las tres Fuerzas Armadas que compartían el gobierno. Agregó que la información sobre el destino de cada persona es “una obligación moral” pero que no es fácil cumplir con ella “por la forma tabicada en que se procedía y en algunos casos no hay rastros de eso y no puede publicarse a medias”. Como se ve, en su explicación ante Primatesta, Zazpe y Aramburu, Videla fue mucho más sincero, porque hablaba entre amigos.

Luego de la publicación, la jueza Forns solicitó la entrega del documento a la Conferencia Episcopal. Sin dilación, recibió una copia. De este modo, la máxima conducción católica de la Argentina corroboró en un expediente judicial que tanto la Iglesia argentina como la Santa Sede, para la que se confeccionó esa minuta, estaban al tanto del asesinato de las personas cuya desaparición era denunciada por sus familiares y por los organismos defensores de los derechos humanos.

Junto a esta nota se puede ver el facsímil que obtuve en forma subrepticia, con la complicidad de personal laico y religioso de la sede de la calle Suipacha que el propio Videla donó a la Conferencia Episcopal antes de dejar el poder, en 1981. Arriba a la derecha del documento se observa el número con que está archivado, lo cual da una idea de la magnitud de ese archivo cuya misma existencia la Iglesia negó, en una nota que en el año 2000 me dirigió su presidente, cardenal Estanislao Karlic. El mismo documento, pero sin ese número que el Espiscopado suprimió, fue el remitido a la jueza Forns. Arriba a la izquierda se lee “Es Copia Fiel” y abajo a la derecha consta el sello de la Conferencia Episcopal Argentina. En ambos ejemplares de ese documento secreto se observa que la afirmación de Videla sobre la protección a quienes cumplieron sus órdenes criminales está completada a mano por Primatesta.

Videla le dijo a Ricardo Angoso que “mi relación con la Iglesia Católica fue excelente, muy cordial, sincera y abierta”, porque “fue prudente”, no creó problemas ni siguió la “tendencia izquierdista y tercermundista” de otros Episcopados. Condenaba “algunos excesos”, pero “sin romper relaciones”. Con Primatesta, hasta “llegamos a ser amigos”. Se nota.

 

Descripción: https://www.elcohetealaluna.com/wp-content/uploads/2026/03/Videla-300x170.pngVidela: mi amigo Primatesta

 

 

Buenos Oficios

Videla también habló con una revista de Córdoba sobre la complicidad de la Iglesia Católica con la dictadura militar. Pio Laghi, Primatesta y otros obispos de la Conferencia Episcopal no sólo asesoraron a la Junta sobre cómo manejar la cuestión de los detenidos-desaparecidos. También le ofrecieron sus “buenos oficios” para informar a algunas familias del asesinato de sus hijos garantizando que no lo hicieran público. Se comprende por qué hasta hoy la Iglesia no excomulgó a Videla.

La entrevista con la revista cordobesa El Sur, que edita en Río Cuarto Hernán Vaca Narvaja, fue realizado en tres partes por el periodista Adolfo Ruiz, en la cárcel de alta seguridad de Bouwer, donde el ex jefe de la Junta Militar estuvo detenido entre el 26 de junio y el 23 de diciembre de 2010, mientras se extendieron las audiencias del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la cárcel de Córdoba conocida como UP1. Videla fue condenado en ese proceso a prisión perpetua por los asesinatos de 31 prisioneros dentro de la cárcel o mediante fraguados intentos de rescate en ocasión de traslados. Justificó el plan que aplicó la Junta Militar por los “decretos de aniquilación” firmados por el ex presidente interino Italo Luder, que constituyeron “una licencia para matar concedida por un gobierno democrático”. Cuando el periodista le inquirió si esa licencia incluía las torturas, el robo de bebés y el saqueo de los bienes de las víctimas, dijo que esas “bajezas humanas” se debieron al gran “poder y libertad de acción otorgados al Ejército”, situación en la cual “es inevitable que muchos utilicen esas libertades en beneficio propio”. Agregó que con los juicios él y sus camaradas pagan el costo de “no haber blanqueado” los métodos dispuestos entonces. Videla sostiene que “hacia el final de mi mandato, entre el ’80 y el ’81, se llegó a evaluar la posibilidad de publicar la lista, blanquear los desaparecidos”. Explica que “no era tan fácil, porque además íbamos a estar expuestos a la contra pregunta. Si a una madre le decíamos que su hijo estaba en la lista, nadie le impediría que preguntara ¿dónde está enterrado, para llevarle una flor? ¿quiénes lo mataron? ¿por qué? ¿cómo lo mataron? No había respuestas para cada una de esas preguntas, y creímos que era embochinchar más esa realidad, y que sólo lograríamos afectar la credibilidad. Entonces en ese momento no se quiso correr ese riesgo”. El razonamiento es idéntico al que Videla suministró a la Comisión Ejecutiva del Episcopado. Pero la fecha es muy anterior a la que menciona el dictador. El almuerzo de Videla con la Comisión Ejecutiva del Episcopado tuvo lugar el 10 de abril de 1978, no tres años después. En el reportaje con El Sur, Videla describe un grado de complicidad de la Iglesia Católica con los crímenes de su gobierno superior a lo que se conocía y con un carácter institucional que comprende tanto al Episcopado local como a la sede central en Roma. No se trata sólo de callar lo que sabían para no “hacer daño al gobierno”, como dijo Primatesta aquel día de 1978.

 

Descripción: https://www.elcohetealaluna.com/wp-content/uploads/2026/03/Adolfo-Ruiz-1-300x262.pngLas condiciones de Videla para la entrevista con Sur

 

 

El dictador le dijo al periodista: "La desaparición de personas fue una cosa lamentable en esta guerra. Hasta el día de hoy la seguimos discutiendo. En mi vida lo he hablado con muchas personas. Con Primatesta, muchas veces. Con la Conferencia Episcopal Argentina, no a pleno, sino con algunos obispos. Con ellos hemos tenido muchas charlas. Con el nuncio apostólico Pío Laghi. Se lo planteó como una situación muy dolorosa y nos asesoraron sobre la forma de manejarla. En algunos casos, la Iglesia ofreció sus buenos oficios, y frente a familiares que se tenía la certeza de que no harían un uso político de la información, se les dijo que no busquen más a su hijo porque estaba muerto". La Iglesia, añade, comprendió que la repregunta es un derecho de todas las familias tienen y asumió los riesgos.

Hasta la expresión impersonal escogida por Videla (“se lo planteó”, “se les dijo”) trasluce la identidad entre Iglesia y Dictadura.

El rol de Laghi

La minuta para el Vaticano también muestra el conocimiento de la Iglesia sobre el secuestro de las religiosas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Sin embargo, cuando la superiora de las monjas en la Argentina, Evelyn Lamartine, y la religiosa Montserrat Bertrán recurrieron a Laghi, el nuncio las miró “como si fuéramos bichos asquerosos, y nos dijo: ‘Nosotros no sabemos nada, por algo habrá sido’. Montse se arrodilló y le rogó que hiciera algo. El se la sacó de encima, instintivamente, describe Evelyn, que entonces pensó: ‘Dios no se olvida de lo que dijiste’”.

En 1995, bajo la conmoción de las revelaciones del ex capitán Adolfo Scilingo sobre el asesinato de prisioneros arrojados al mar, la esposa del secuestrado periodista Julián Delgado, María Ignacia Cercós, contó que el Comandante en Jefe de la Armada Armando Lambruschini consultó con Laghi acerca del destino de 40 detenidos-desaparecidos en la ESMA, que su antecesor, Emilio Massera, le había entregado al retirarse. Lambruschini no quería matarlos pero temía que si los dejaba en libertad contaran lo padecido en la ESMA, tal como ocurrió, y le preguntó a Laghi qué hacer. Según Cercós, el conocimiento de Laghi sobre lo que sucedía en aquel campo de concentración llegaba hasta la nómina de los prisioneros que aún quedaban con vida. Ante el pedido de María Ignacia, Laghi consultó esa lista y “me dijo que Julián no estaba entre ellos. Quiere decir que tenía pleno acceso a la información”. En aquel momento, Massera defendió a Laghi de tales “noticias calumniosas” Sus amigos Alcides Jorge Pedro Casaretto, Carlos Galán, Domingo Castagna, Emilio Bianchi di Carcano y Oscar Justo Laguna (quien al morir estaba procesado por la justicia federal de San Nicolás, por haber mentido en su testimonio sobre el asesinato de su colega Carlos Horacio Ponce de León), sostuvieron que declaraciones como la de María Ignacia Cercós podrían “reinstalar entre nosotros no ya la violencia de las armas sino la de la venganza”. La esposa de Julián Delgado dijo entonces que durante años estuvo agradecida a Laghi por sus gestiones. “Pero ahora sé que no puedo perdonarle su silencio cómplice. Me siento un monstruo por haber escuchado esas cosas sin reaccionar.” El propio jefe máximo de aquella Junta Militar, sin el menor asomo de crítica, confirma tres décadas después el asesoramiento de Laghi sobre el secreto más horrendo y peor guardado de la dictadura. Un año después de recibir el informe del Episcopado, Laghi le dio la comunión a Videla.

 

La Eucaristía

Recuerdos coincidentes tienen muchos sacerdotes que en aquellos años frecuentaron a Laghi. Uno de ellos, Hugo Collosa, de Rafaela, le narró al periodista Carlos del Frade que Laghi visitó esa ciudad santafesina luego de la muerte de su obispo, Antonio Alfredo Brasca, incendiado por un cáncer en 1976. La enfermedad se adelantó a las Fuerzas Armadas, que lo tenían en su lista corta de aversiones. Brasca se había manifestado en apoyo del movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo junto con los obispos Enrique Angelelli, Ponce de León y Alberto Devoto. Laghi almorzó en un comedor para chicos de la ciudad y allí, a varios sacerdotes, "nos contó de los vuelos de la muerte, de los secuestros, las desapariciones y las torturas. Es decir que ellos ya sabían lo que estaba pasando con lujo de detalles desde mucho antes que 1978. Y hablaba con fundamento de lo que hacía cada una de las tres armas", contó Collosa. "Después lo mandaron a Cassaretto que hizo una pastoral totalmente distinta a la de Brasca y bien cercana a los sectores dominantes de la ciudad”. La primera entrevista de Videla con el periodista cordobés se interrumpió cuando lo trasladaron al Hospital Militar para tratarse de una incipiente bronquitis. Formaba parte de la comitiva que buscó a Videla “un hombre canoso que venía, cáliz y alba en mano, a darle la Eucaristía”. Es decir que pese a las sucesivas condenas por los más graves delitos, la Iglesia Católica no consideró necesario excomulgarlo, pena eclesiástica que impide la recepción de los sacramentos y se aplica a los pecados graves. El no considerar como tales los delitos de Videla certifica la prolongación en el tiempo de la complicidad eclesiástica con ellos.

 

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Descripción: https://www.elcohetealaluna.com/wp-content/uploads/2026/03/iNFORME-CEA-BIS-233x300.jpgEl Episcopado confirma la autenticidad del documento

 

El siempre más episcopal

 

La actual Comisión Permanente del Episcopado Católico intenta convertirse en la antítesis de  sus predecesores, en relación a las políticas que se impusieron entonces por el terror, pero también a las del actual gobierno. Este 10 de marzo, el triunvirato gobernante emitió un documento que resume esa intención: "Nunca más a la violencia de la dictadura y siempre más a una democracia justa", se titula. Lo preside el abogado por la UBA Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza, quien fue ordenado cura en la diócesis de Quilmes en 1988, cuando persistía la impronta de su primer obispo, Jorge Novak. Por eso, su praxis fue próxima a la del grupo de sacerdotes católicos en opción por los pobres. Eso se nota en este documento.

En 1981, aquel Episcopado advirtió que la dictadura sólo tenía pasado, que ese pasado era sangriento  y que su exposición detallada  salpicaría sus cómplices sotanas. Rescatar a los militares de la dictadura requería repudiar sus actos para preservarse. El documento que firmó entonces, Iglesia y Comunidad Nacional es el equivalente al mensaje de la Navidad de 1944 en el que el papa Pío XII hizo las paces con la democracia como única forma de organización social aceptable, luego de un siglo se alianza con cuanto totalitarismo alcanzó el poder en EuropaDesde entonces la jerarquía argentina habla en forma reiterada de, justicia, reconciliación y perdón. Pero no llegó al cuestionamiento a quienes llama "nuestros hermanos mayores".

Este documento sin las pretensiones teológicas habituales, cita un par de veces al anterior Papa Francisco y una al actual, León XIV. No pretende que ese club de gerontes celibatarios sea la luz que ilumine y oriente a la sociedad.

En mayo de 2000, en una entrevista con la directora de Página/12, Nora Veiras, el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, reveló que el arzobispo porteño Bergoglio le transmitió la consigna de "memoria completa". Un cuarto de siglo después, conscientes de que ese contrabando no pasó la aduana histórica, sus sucesores acuden a una consigna más sutil: una memoría íntegra y luminosa.

Pero no obstante el documento toma posiciones claras y estimables:

el terrorismo de Estado fue una tragedia

la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y de la Iglesia

No se puede dar vuelta la página. Nunca se avanza sin una memoria íntegra y luminosa.

Hay que mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió que despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas.

Mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores. Hacer memoria, en cambio, nos permite comprometernos con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor. Que esta memoria sea íntegra y luminosa en cuanto sea posible es algo que estamos llamados a intentar, una y otra vez, porque “la verdad nos hará libres” (Jn 8, 31-32).

La libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas. La memoria del terrorismo de Estado ha de conducirnos hacia una vida democrática más justa.

Construir la amistad social no solo exige el acercamiento entre grupos que tomaron posiciones diferentes en algún período histórico difícil, sino también un renovado encuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables de la sociedad.

El desarrollo humano integral es, hoy, el nuevo nombre de los derechos humanos. Un desarrollo que abarque a todos porque mientras una parte importante de nuestro pueblo sufre la miseria, ¿cómo podemos ser felices?

Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno.

Cuando las instituciones democráticas favorecen la creación de trabajo digno para los adultos y aseguran una educación de calidad para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, están llevando adelante, en definitiva, la mejor política de seguridad.

Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena. Un tiempo en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles.

Es imprescindible recuperar el diálogo al servicio de una verdadera amistad social. Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación. Se trata de un diálogo que sabe respetar, no excluye a nadie y que, por ser cultural, no puede dejar de ser político y social.

¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor! Debemos renunciar a todo tipo de violencia, sabiendo que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación.

Es clave una presencia inteligente y eficiente del Estado que vele por la dignidad de las personas, la igualdad de todos los ciudadanos y garantice su participación plena en la vida de la comunidad. La Constitución Nacional es la ley suprema, si en todo el territorio del país se garantizaran los derechos y se cumplieran las obligaciones que esta manda, todos viviríamos con mayor dignidad.

En la carta magna está la base de todo proyecto de Nación que se precie de tal. Un proyecto estratégico de desarrollo, que abra un horizonte de mayor dignidad, paz social, trabajo y prosperidad, privilegiando a las puntas de la vida: los ancianos y los niños, daría lugar a la esperanza activa y la no violencia que tanto necesitamos.

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

MIENTRAS MIRO LAS NUEVAS OLAS, de Charly García

Saben los que te conocen
que no estás igual que ayer.
¿Te acuerdas de elvis cuando movió la pelvis?
el mundo hizo ¡plop!, y nadie entonces podía entender
qué era esa furia..?
Pues bien el muchacho se hizo rico y entonces
las dulces canciones conquistaron las señoritas
a papá y mamita.

¿Te acuerdas del club del clan y la sonrisa de Jolly Land?
La música sigue pero a mí me parece igual.

¿Te acuerdas del baile de los palos de escoba?
¿Te acuerdas que entonces era la Nueva Ola? 
Y bien, ¿qué es esto de nuevo?
Te acuerdas del tipo que rompía las guitarras
cuando nadie tenía un miserable amplificador?
¡Hay miles ahora!

Corbatas con saco gris, flequillo solo hasta la nariz.
La historia prosigue pero, amigo, yo ya la vi.

Quiero estar en la playa cuando se han ido
los que tapan toda la arena con celofán.
Recordar las estrellas que hemos perdido
y pensar, a suerte y verdad, nuestro porvenir.
¿Será como yo lo imagino o será un mundo feliz?

Quiero estar bien, bien solo lejos del ruido,
descubriendo por qué olvidamos y volvemos a amar.
Y pensar qué sería de nuestra vida
cuando el fabricante de mentiras deje de hablar..!

Mientras miro las nuevas olas,
yo ya soy parte del mar...!

miércoles, 18 de marzo de 2026

BOMBAS, de Horacio Verbitzky - 15/3/2026


Joos van Craesbeeck, El fumador (1635).
Intervenido por Navaja, animado por Silvia Canosa

Volvió a decirlo.
Algunos buscaron que les confirmaran la traducción y todos se quedaron con la boca abierta.
Durante un encuentro organizado la última semana en Nueva York por varios bancos de inversión, entre ellos JP Morgan, Barclay y Bank of América, Javier Milei repitió ante centenares de empresarios e inversores sus ultrajes contra dos de los empresarios más poderosos del país, que incluso figuran en el ranking mundial de los cien primeros.
Techint es una auténtica transnacional, con empresas en más de veinte países y más de 70.000 trabajadores.
Aquí gira como local, pero su afiliación internacional es ítalo-luxemburguesa.

Con la misma expresión de regocijo, el 10 de diciembre de 2023 Milei pronunció su discurso inaugural en la calle, de espaldas a la Asamblea Legislativa y llamó "la casta" a los legisladores que lo escuchaban.

El kirchnerismo y los sindicalistas obreros fueron desde entonces sus blancos predilectos.
Pero el 1° de marzo de 2026 amplió el radio de sus diatribas, al mencionar a Paolo Rocca como Don Chatarrín de los Tubitos Caros, y a Javier Madanes Quintanilla como Gomita de Aluminio.

A pedido del Fondo Monetario Internacional, había moderado su espontaneidad expresiva mientras el Congreso trataba en sesiones extraordinarias la reforma laboral, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur y el régimen penal juvenil, cuya única aplicación que no requiere de mayores fondos presupuestarios, es la disminución en dos años de la edad de punibilidad, que ya no será a los 16 años sino a los 14.
Pero en cuanto se levantaron las respectivas sesiones, reaparecieron sus escarnios.

Ayer estuvo en España, donde viajó a compadecer a Santiago Abascal por la declinación de Vox y la resiliencia de Pedro Sánchez, el único europeo que le dijo No a Trump.
También participó en un foro económico donde volvió a llamar corruptos y extorsionadores a los líderes de Techint y Aluar.

Pero en Buenos Aires la Dirección de Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (Datip) del Ministerio Público Fiscal recuperó archivos que Mauricio Novelli había intentado borrar en su telefonito, que se refieren a un acuerdo que él intermedió entre Hayden Davis y Milei por el que el lanzamiento de la moneda virtual #Libra se realizó a cambio de pagos al gobierno por 5 millones de dólares.

El viaje a Nueva York fue presentado por los guacamayos mediáticos como una pausa en la reyerta.
De ahí el asombro al constatar su reanudación desde el Estado, en contra del mercado, por parte de quien antes de llegar al gobierno defendió hasta los monopolios y consideró un héroe al arquetipo gangsteril Al Capone.
Tal vez sea hora de declarar la caducidad del Teorema de Baglini, como si hubiera comenzado otra era.



Al Capone, Raúl Baglini.

Antes los Hermanos Milei habían pasado por Miami, donde fueron citados por Donald Trump con otros mandatarios de la región a quienes informó que Estados Unidos se hará cargo del patrullaje y la vigilancia del Atlántico Sur para negarle oportunidades a la República Popular China, cosa que a Milei le parece muy bien porque la Argentina carece de recursos para encargarse por sí misma. 
Su participación se reduce a ralentizar el tránsito en el acceso a la base naval de Puerto Belgrano.


La situación es muy complicada en demasiados aspectos para este Presidente de cabotaje que cree jugar en las ligas mundiales, porque su pintoresquismo llama la atención de los medios, siempre ávidos de novedades.
Desde que Messi y el combinado del Chiqui Tapia ganaron el campeonato del mundo de fútbol, la Argentina ha llamado la atención pese a su ruinosa economía.
Obtuvo los premios internacionales al mejor alfajor, al mejor gin, al mejor aceite de oliva, al mejor vino tinto, a la librería más bella del mundo, figuró en los top ten de la ciudad más linda, de la mejor pizza, del mejor helado del mundo.

Pero, tampoco en febrero se pudo disminuir la inflación, ni mensual ni interanual: 2,9% y 33,1%.
Los gastos fijos (alquiler, combustibles y servicios) rondaron el 7%.
Con su frescura habitual, Luis Caputo explicó que "la economía todavía está en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente.
Esta corrección es fundamental para asegurar el orden macroeconómico".

Milei se jactaba de que frenaron la emisión en el primer mes.
Pero veinte años después aún no se corrigieron los precios relativos.
Curioso.
No obstante, el Presidente sigue explicando por qué sólo falta un par de meses para que la inflación mensual comience con cero.
Caputo también festejó el respaldo que dijo haber recibido de once gobernadores durante la reunión en el Council of Américas.
No obstante, sin excepciones, los mandatarios provinciales rezongaron por el cerco que les impidió ni siquiera acercarse a Milei durante el viaje en busca de inversiones.
Fue el ministro y no los gobernadores, quien pregonó que todos dijeron que el rumbo actual debía mantenerse para siempre.
El ministro explicó con notable sinceridad el rol de sus acompañantes.

A solas con los inversores, Caputo recriminó la falta de apoyo a su gobierno excepcional.
Esto le preocupa porque lejos de advenir, la inversión extranjera prosigue retirándose de la Argentina y esto pone en duda la reelección de Milei el año próximo.
Uno de los organizadores del encuentro en Manhattan, Sebastián Loketek, managing director-head del Cono Sur de Bank of América, dijo que los inversores no tienen prisa y prefieren esperar a las próximas elecciones presidenciales y sólo abrirán la billetera si Milei logra un segundo mandato.

Tampoco se conmovieron los tenedores de dólares con la plegaria ministerial para que los vuelquen al circuito productivo a través de los bancos.
Los argendólares siguen en el colchón y el riesgo país prohíbe asomarse a los mercados voluntarios internacionales.
El que salió fue el funcionario que estaba negociando esos préstamos usurarios.
Es un perfecto círculo vicioso, porque si esas perspectivas no se afirman, los inversores mirarán hacia otros rumbos.
Así lo ven especialistas que impulsaron a Milei hacia la presidencia.



Caputo respondió sobrador.
Más de la mitad del electorado apoya al Presidente, y no pasa de un cuarto el que aún se inclina por CFK.
Agregó que Milei sería reelecto con una ventaja de 30 puntos, como si eso fuera común en otros lugares del mundo.
Pero no es así.

Trump y el alemán Friedrich Merz aventajaron a sus principales competidores por 3 puntos; el laborista británico Sir Keir Starmer cosechó 10 puntos más que los conservadores pero hoy saldría cuarto; la coalición derechista de Giorgia Meloni batió a sus rivales italianos por 17 puntos, igual que el francés Emmanuel Macron a Marine Le Pen, lo cual ya es una enormidad.
El mismo día que el editorialista político de Clarín narró ese diálogo de Caputo en Wall Street, en sus páginas se publicó una encuesta de la consultora Pulso Research que lo contradice: la mitad no apoya a Milei, sino lo responsabiliza por la mala situación económica, sólo el 37% mantiene una evaluación positiva del gobierno, y la mejor imagen de la dirigencia política corresponde a CFK, con el 42,9%, casi dos puntos por encima del Presidente.

El nuevo líder iraní, Mohtabá Khamenei, reiteró que vengarán a sus familiares, entre ellos su padre, su hermana, su cuñado y su sobrino.
La guerra, que según Donald Trump duraría pocos días, hoy cumple una quincena, y no hay el menor indicio de un levantamiento popular contra el gobierno, pese a la insistencia de Netanyahu para que no dejen pasar esta ocasión.
El barril de petróleo superó los 100 dólares, lo cual es el peor augurio para las perspectivas electorales de Trump.
Se insinúa como posible candidato demócrata el CEO del JP Morgan, Jamie Dimon.

Un nuevo TACO de Trump (Trump always chickens out), esta vez frente a Putin, cuyo petróleo necesita mientras esté obturado el estrecho de Ormuz.
Es decir que no solo se achica ante las disputas comerciales.
También le teme a las consecuencias de las guerras que promueve.

Tanto en Nueva York como en Buenos Aires, empresarios de ambos países manifestaron sin ambages su rechazo a las agresiones presidenciales contra Paolo Rocca y Madanes Quintanilla.
Pero además de los denuestos personales, Milei fundamentó su rechazo al proteccionismo que defienden sus adversarios.
Según el Presidente, los aranceles y regulaciones, como la ley del Compre Nacional (sancionada por primera vez en 1970, cuando Aldo Ferrer era ministro de Economía del Presidente militar Roberto Levingston) les permiten vender más caro y por encima del precio internacional.
El mes pasado Milei dijo en un tuit que así han dejado en evidencia "el sistema corrupto que hundió a los argentinos de bien".

En su discurso y en las redes antisociales planteó que sectores como acero, neumáticos o aluminio mantuvieron precios elevados porque el mercado estaba cerrado a importaciones.
Por contraste, adujo que la competencia externa bajaría los precios para los consumidores.
A su juicio, esos empresarios que critican la apertura económica o las reformas laborales no persiguen el interés general sino sus privilegios.
En consecuencia, abrir las importaciones y eliminar subvenciones beneficia a consumidores y a la economía en general.

Uno de los argumentos centrales de Techint para refutar a Milei es su inserción internacional: si el gobierno estuviera en lo cierto, no podrían competir en tantos lugares del mundo.
Esta es una falacia, dado que sus precios de venta no son los mismos en todos los mercados.
Igual que YPF cuando estuvo en manos de Repsol, la Argentina es una fuente de extracción de ganancias, que luego se invierten en otros lugares del mundo. 
En el caso de la petrolera, eso ocurría mientras se agotaban las reservas acumuladas durante la gestión estatal previa.
En el de Techint, gracias a los subsidios tanto a la energía que las plantas consumen como a los precios de los productos y servicios que venden.

Pero mientras Milei lo denuncia, Maurizio Macrì incluso lo acompañó a la inauguración de una de esas fábricas, en 2017.
La planta de tubos de acero sin costura de Tenaris en Bay City, Texas, insumió una inversión próxima a los 2.000 millones de dólares y generó 600 empleos directos y más de 1.500 indirectos.
En la región de Houston, no en Campana.
Rocca añade que los tubos importados también están subsidiados y llegan a precios de dumping.
Pero si éste fuera el problema, hay mecanismos de comercio internacional para enfrentarlo, cosa que el gobierno no intentó.
Su argumento fue que el reclamo de Rocca había llegado una vez vencido el plazo, en una licitación privada y no pública.



Macri y Rocca inaugurando una planta de Techint en Texas.

Juan B. Justo

Este debate se remonta al siglo XIX y tuvo dos protagonistas centrales, Juan Bautista Justo y Carlos Pellegrini, cuyas ideas se siguen confrontando, pese a que las condiciones del país se modificaron por completo.
El principal defensor de la libertad de comercio fue el cirujano y periodista Justo, hijo de un administrador de estancias.
En la última década del siglo XIX fundó el Partido Socialista, por el que fue electo diputado y senador.
Lo presidió hasta su muerte, en 1928.
Premiado con un viaje a Europa por su tesis doctoral, allí leyó la primera traducción al castellano de El Capital, que inspiró la transformación de un higienista que atendía a personas desvalidas en un reformador social empeñado en "crear una alternativa política al pillaje y la plutocracia de los Pereyra, los Unzué, los Udaondo, tan ricos que no tendrían por qué robar, cuya única aspiración política es que sus vacas y ovejas se multipliquen sin tropiezos".
Parece uno de los editoriales de Sarmiento en su último diario El Censor. ("No quieren saber nada de derechos, de impuestos. Quieren que el gobierno, quieren que nosotros, que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo pacen las vacas".)

Justo señalaba al proteccionismo aduanero como un privilegio para un pequeño grupo de industriales, que encarecía los productos para los trabajadores y consumidores y así succionaba ingresos del conjunto de la sociedad hacia empresarios protegidos por el Estado.
Abaratar los bienes importados mejoraba el salario real de los obreros, dada la ineficiencia del capital que producía más caro y cuyos aranceles describía como un impuesto al consumo popular.

En aquellos años esa era una posición de izquierda, que bregaba por una legislación social, la organización sindical y reformas estructurales impulsadas por el Estado.
El economista argentino Carlos Rodríguez Braun, quien militó en Montoneros hasta el golpe de 1976, y en el exilio español devino un liberal extremo, llamó a Justo "acérrimo defensor del libre comercio", que repite el viejo tema liberal desde los tiempos de Adam Smith y David Ricardo, que iguala librecambio con paz.
Por eso consideraba que el proteccionismo era regresivo socialmente.
Pese a su formación como médico, Justo se dedicó de lleno a la economía. 
"El proteccionismo – decía – no protege al trabajo nacional: protege la ganancia de algunos industriales que viven a expensas de todo el pueblo".
Y esa protección aduanera "crea industrias artificiales, que sólo pueden vivir gravando al conjunto de la población".
La semana pasada, Milei pronunció palabras que bien podrían haber sido refrendadas por Justo: "Cuanto más baratos sean los artículos de consumo, mayor será el salario real del obrero".



Juan Bautista Justo.


La crisis mundial de la que emergieron el comunismo y el fascismo también varió los puntos de vista de este socialismo liberal.
En la década de 1930, luego de la muerte de Justo, la depresión del comercio mundial, y con él de las exportaciones argentinas, mostró la vulnerabilidad de la economía agroexportadora y la necesidad de la industrialización.
Además del precio para el consumidor comenzó a tomarse en cuenta la diversificación productiva y el empleo industrial, lo que requería una protección selectiva y mayor intervención económica del Estado.
En esa década alcanzó la presidencia por un golpe de Estado un primo segundo de Justo, el general Agustín Pedro Justo.
Los abuelos de ambos eran hermanos.

Justo murió 17 años antes del 17 de octubre de 1945, pero hubiera polemizado con Perón y su movimiento, como lo hizo con Hipólito Yrigoyen y la UCR, por su conducción personalista que desplazaba a las instituciones y su falta de un programa social claro, su clientelismo, el abuso del empleo público.
"El país no puede ser gobernado por resoluciones personales del Poder Ejecutivo; necesita leyes generales y administración regular" dijo Justo en un debate parlamentario durante la primera presidencia de Yrigoyen.
Extendía ese cuestionamiento a las tarifas de los servicios públicos.

Luego de su expulsión del Partido Comunista, Juan Carlos Portantiero y José Aricó estudiaron a fondo la obra y la acción de Juan B. Justo, a cuatro décadas de su muerte.
Ambos encomiaron el rigor intelectual de su pensamiento pero señalaron su aislamiento de las masas, del fundador y de su partido, por una concepción europeizante que no les permitió enraizarse en las masas argentinas.
El socialismo argentino "leyó demasiado a Marx y demasiado poco a la Argentina", escribió Aricó.
También afirmaba que el marxismo de Justo estaba más cerca de la socialdemocracia alemana que de la realidad argentina.
Tanto él como Portantiero anticiparon conceptos que Rodolfo J. Walsh desarrollaría con mayor precisión en documentos internos de Montoneros, respecto de la izquierda en general, cuyos militantes conocen la toma del Palacio de Invierno pero no saben cómo se toma el poder en la Argentina.

Walsh era un incansable lector de la historia argentina de Busaniche y conocía en detalle el día de los tres gobernadores, del 20 de junio de 1820.
Esos eran nuestros temas de discusión, mientras la conducción que había llegado tarde a esa revelación nos atosigaba con Marx y Clausewitz.

Carlos Pellegrini

Si el socialista Juan B. Justo fue el neanderthal del que desciende Milei, el peronismo y el desarrollismo se remontan al conservador Carlos Pellegrini.
Hijo de un exquisito ingeniero y pintor franco - italiano, Pellegrini llegó a la presidencia en 1890, al caer el Presidente Miguel Juárez Celman tras la Revolución del Parque y en medio de la crisis por la deuda impaga a la banca Baring, contraída en 1824 por Rivadavia.
Pellegrini se abocó a la reconstrucción financiera, el ajuste fiscal y la estabilización económica.
Mediante la creación del Banco de la Nación Argentina en 1891, restableció el crédito interno, apoyó el comercio y la producción, renegoció la deuda con la banca Baring y comenzó a fomentar las industrias locales.
El colapso de 1890 puso en evidencia la fragilidad del modelo agroexportador. Primero como Presidente y luego como senador, Pellegrini se propuso copiar la política de aranceles altos con la que Estados Unidos y Alemania habían desarrollado su industria emancipándose de Gran Bretaña.
Todos ellos seguían las ideas que Friedrich List propagó en Alemania y, luego de su encarcelamiento y exilio, en Estados Unidos.

Pero Pellegrini solo se proponía la creación de una industria liviana vinculada a la producción agropecuaria, con molinos, frigoríficos, curtiembres, elaboración de alimentos y manufacturas de consumo simples: textiles, muebles, calzado, herramientas básicas.
Todas podían crecer con protección moderada y mercado interno.
Para Pellegrini la industria debía complementar la economía rural, ocupar mano de obra urbana y reducir la importación de ciertos bienes.

En un artículo de La Vanguardia, Justo lo acusó de crear "industriales de aduana".
En otro le recriminó fomentar una "burguesía artificial".
Pero Pellegrini no pensaba en industria pesada, como siderurgia o petroquímica, que recién se plantearían los gobiernos de origen castrense (como el del primo segundo de Juan B. Justo), el peronismo y el desarrollismo.
Nadie antes de él postuló la imposición de aranceles protectores para acunar el desarrollo del mercado interno, porque afirmaba que ningún país en el mundo había creado su industria con las aduanas abiertas.
Complementó esta legitimidad de la protección al crear la Unión Industrial.


Carlos Pellegrini.

Trece décadas después de las controversias entre Justo y Pellegrini, las posiciones del líder socialista han sido asumidas por la derecha libertaria y las conservadoras de Pellegrini se han generalizado entre las opciones desarrollistas o nacional-populares.

Algunas de las industrias cuya protección reclamaba Pellegrini han crecido hasta convertirse en una oligarquía diversificada y transnacionalizada.
La Techint creada por el siderúrgico de Mussolini, Agostino Rocca, ahora bajo la conducción de su nieto Paolo, produce acero en Tenaris; fabrica los tubos para la industria petrolera en Ternium; explota el gas y el petróleo de Vaca Muerta con Tecpetrol; conserva las actividades de obras de infraestructura y energía con Ingeniera y Construcción; y la tecnología industrial con Tenova, mientras en Italia el hermano Gianfelice dirige la red hospitalaria Humanitas.

La competencia con China y la India es un tema que preocupa al resto de las economías del mundo, pero no puede plantearse en los términos del siglo XIX. Tanto Techint como Aluar gozaron durante décadas de la protección que reclamaba Pellegrini.
Son industrias maduras que colocan sus productos en todos los mercados.
La privatización de SOMISA durante el menemismo fue un regalo escandaloso, igual que la construcción por el Estado de la planta hidroeléctrica de Futaleufú, que luego fue adquirida por Madanes.

El rionegrino de Banfield Miguel Pichetto abandonó a Maurizio Macrì, de quien fue candidato a Vicepresidente en 2019, y plantea un diálogo amplio con todos los sectores, para crear un “frente de centro nacional” basado en un “capitalismo productivo”, alejado del “esquema viejo de intervencionismo y Estado presente”.

Cuidado. 
No sea cosa que Don Chatarrín y Gomita sean confundidos con la burguesía nacional del primer peronismo y se encadene a ella el destino de los trabajadores, que tuvieron la preeminencia en aquellos años y hoy están en vía de desaparición, gracias a maestros del transformismo argentino como Pichetto, que votaron todo lo que Milei les puso sobre la banca.

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