domingo, 30 de agosto de 2026

LA ESTAFA, de Horacio Verbitzky - 30/8/2026


Joan Miró: El carnaval del Arlequín, 1938. 
Intervenido por Navaja, animado por Silvia Canosa

No pudo legalizar la extranjerización de tierras, enmascarada como defensa de la propiedad privada. 
Tampoco logró eliminar o reducir la penalización con décadas de inactividad a los propietarios de campos consumidos por el fuego para dedicarlos a emprendimientos inmobiliarios. 
Esa derrota le fue infligida al gobierno de los Hermanos Milei en la primera sesión de agosto de la Cámara de Diputados por una convocatoria transversal, que comenzó por aleccionar a los gobernadores y legisladores peronistas que se habían acostumbrado a funcionar como aliados del gobierno nacional a la hora de decidir el voto, aunque de la boca para afuera no ahorraran críticas al neoliberalismo. 
Luego de la derrota, el Presidente se recluyó en la suntuosa residencia de Olivos con un ataque de melancolía y dejó la Casa Rosada a cargo de la Zarina.

Su misión principal: eliminar o al menos suspender las PASO, para quitarle a la oposición el único instrumento institucional que le ayudaría a resolver sus conflictos internos, y así favorecer la reelección presidencial. 
Organizar una elección interna sin intervención del Estado en teoría es muy simple. En la práctica, imposible. 
La mera discusión al respecto regocija al gobierno. Al mismo tiempo, las cabezas del Círculo Rojo, congregadas por la adiestradora de Presidentes Susan Segal en el Council of Americas, se animaron a levantar la voz para comunicarle al periodismo aquello que hasta ahora sólo susurraban: que están hartos de Milei, aunque no de todas sus políticas, y desearían hallar un reemplazo para el próximo mandato.

En el lapso transcurrido, tanto el oficialismo cuanto la oposición pusieron en pausa sus rencillas para presionar a los gobernadores en favor o en contra de los próximos proyectos que entrarían al Congreso. 
Las votaciones en la Cámara Baja por la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y por la ampliación de la Inocencia Fiscal a los grandes patrimonios, muy por encima de la mayoría simple, parecen señalar una nueva resurrección del oficialismo, que varias veces se levantó de la lona con un ojo en compota, y al mismo tiempo la inoperancia de los acuerdos trabajosamente alcanzados al interior del peronismo. 
También en el Senado, el oficialismo consiguió la mayoría especial para prestar acuerdo a 67 jueces, fiscales y defensores, entre ellos Pablo Bertuzzi y Pablo Yadarola para la Sala I de la Cámara Federal porteña.

En 2018, Macrì trasladó en forma inconstitucional a Bertuzzi del Tribunal Oral Federal 4 de la Capital, a la Cámara Federal, sin acuerdo del Senado. 
En el TOF 4 había condenado a Julio de Vido por el tren que se estrelló en Once y al ex ministro Amado Boudou en la causa Ciccone. 
En la Cámara Federal confirmó decisiones del doctor Glock contra Cristina en expedientes derivados de los Cuadernos Fénix y consideró que lideraba una Asociación Ilícita en Hotesur y Los Sauces. 
La Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional su traslado en 2020 pero, con criterio de mercachifle, permitió que siguiera allí hasta que se cubriera el cargo por el procedimiento constitucional, con un concurso en el Consejo de la Magistratura, un pliego enviado por el Poder Ejecutivo y una votación calificada en el Senado. 
Eso insumió seis años. 
En el concurso, ocupó el orden de mérito 21, pero como estamos en la Argentina, lo ascendieron lo suficiente como para entrar cola en una terna.

Yadarola es uno de los jueces escondidos que el Grupo Clarín llevó a relajarse un fin de semana a la estancia patagónica que ocupa el magnate británico Joe Lewis. Venía del fuero Penal Económico y reemplaza a Leopoldo Bruglia, quien se negó a concursar y presentó una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La causa principal que tiene la Sala I es $Libra. Pero a Luis Caputo le preocupa otra. 
El fiscal Carlos Rívolo había solicitado su indagatoria por no haber declarado maliciosamente su participación en la gerenciadora offshore Noctua, de la que había cobrado casi 19.000 dólares por asesoramiento mientras era Secretario de Finanzas de Macrì. 
Esa sociedad había intervenido en operaciones con títulos argentinos. 
Para Rívolo se trata de una negociación incompatible con el cargo público. 
Pero otro juez escondido, Julián Ercolini, lo sobreseyó. 
La sala I debe confirmar ese sobreseimiento u ordenar que se reabra la investigación. 
Pero además tendrá a su cargo la revisión en todas las causas en las que intervengan los jueces de primera instancia de Comodoro Py.

Una de las mutaciones más llamativas entre una votación y la otra de la Cámara de Diputados fue la de los legisladores misioneros que responden al insubordinado gobernador Hugo Passalacqua, quien rompió con el caudillo provincial Carlos Rovira.
Los legisladores que le responden votaron contra el gobierno el engendro dedicado a la propiedad privada, pero a favor del desarme del Banco Central. Recuerden esta nota cuando ingrese un misionero al directorio del Banco Central. En cambio, los diputados catamarqueños se abstuvieron.
En los pasillos de la Cámara se especulaba acerca de cuál fue el pedido del gobernador Raúl Jalil, y por qué razones no fue atendido. 
¿Ya tendrían el número necesario sin ellos? 
Como no hay peor cuña que la del propio palo, la diputada periodista Marcela Pagano sigue usando la información inteligente que circula de la sala al comedor de su casa para denunciar la compraventa de votos. 
Tuvo que aprender algunas palabras que no son de uso corriente, como bubalina y cerdo negro. 
Pero es una mujer inteligente y no la intimidan sus ex compañeros libertarios.


Pagano: búfalos por votos.

El oficialismo ha perdido varios puntos, pero tiene un candidato inamovible, salvo que las dificultades económicas se conviertan en una catástrofe. 
El peronismo, en cambio, se siente cómodo en la crítica pero su drama es que no tiene un candidato. Todos los sondeos que muestran a sus siglas como fuerte competidor, parten de un supuesto que sólo surge de un deseo: que el proceso de cariocinesis política se revertirá. 
Ya bastante curioso es que el gobernador de Buenos Aires y su círculo de incondicionales estén dedicando tiempo y esfuerzo a una discusión sobre Adam Smith y John Maynard Keynes, tema apasionante para la Academia. (No Racing ni Rosario Central). 
Esta semana se realizó el primer encuentro de juventudes del Futurismo. 
Al concluir, la purretada entonó espontáneamente una de las melodías preferidas de La Cámpora, que termina: "Con Néstor y Cristina, la gloriosa JP"
Un asistente, que lo contó en X, agregó su comentario: "Pobre Carli Bannon"
La semana anterior, Kicillof ya había dado una respuesta blandengue ante una pregunta muy simple.

Cristina había aconsejado a su hijo que evitara cualquier cuestionamiento público al presidente del Partido Justicialista Bonaerense. 
No le resultó difícil. 
En el encuentro de referentes en el hotel Emperador, Kicillof tomaba nota de cada cosa que se decía, como en una asamblea estudiantil. 
Kirchner vio la lapicera y se cosió la boca.

En el último encuentro peronista se acordó que se presentarían candidatos propios en aquellas provincias cuyos gobernadores apoyaran los proyectos del oficialismo. Se diría que Kicillof no se lo comunicó a su organizador nacional, Andrés Larroque. 

La fiesta de Milei

Milei se sobrepuso ampulosamente a su bajón. 
Cuando se difundió el índice de Precios Internos al Por Mayor, anunció que haría una fiesta. 
"Y al final julio empezó con cero", alardeó. Es cierto, 0,8%. 
Pero el vaticinio que había arriesgado un año antes era sobre la inflación minorista. 
Suena parecido, pero son dos cosas distintas y, sobre todo, el IPIM no anticipa el IPC. 
El índice de Precios al Consumidor mide la variación de precios de una canasta de bienes y servicios de los hogares, como agua y energía, educación, transporte, salud, alquileres, pero no petróleo, acero, granos ni insumos industriales. 
Para cualquiera que no fuera un economista, podría entenderse como una confusión. 
Pero entre profesionales se sobreentiende su intencionalidad. 
De hecho, fue desplazado el titular del INDEC porque se negó a la manipulación de los indicadores que deseaba el gobierno, que sigue midiendo con una canasta antigua, desfasada de los cambios en los consumos de la población.

El Presidente sólo acepta buenas noticias y esto lo pone en contradicción con su ministro de Economía. 
"Es un trader, no es un economista. Es un tipo que sabe de finanzas, pero no sabe de economía", dijo Milei en septiembre de 2018. Y en 2019 agregó: "Se fumó 15.000 millones de dólares de reservas irresponsablemente, ineficientemente […]. Uno de los grandes desastres que se hicieron en el Banco Central lo hizo Caputo en dos o tres meses"
Pero en diciembre de 2023 le confió el Ministerio de Economía, presentándolo como un mago de las finanzas. 
Lo llama rockstar sin pizca de ironía. Y hace cuatro meses, en la clausura de la Exposición de Economía, Finanzas e Inversiones (ExpoEFI 2026), dijo que era "maravilloso", por su "experiencia en mesas de trading"
No se puede enamorar de ninguna teoría estúpida de ningún analista, porque si pierde plata lo hacen volar. 
Es un gigante y sabe tomar decisiones. No se enamora de ninguna pelotudez. 
Si funciona, bien; y si no funciona, tiro en la cabeza, lo ejecuta".

Lo que ahora funcionaría bien es la decisión de sustraer 2 billones de pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES para otorgar créditos hipotecarios. 
Es decir, orientar el crédito desde el Estado hacia la vivienda. Y también el decreto que eliminó la protección contra el descalce crediticio a las personas jurídicas. 
Esa fue la medida macroprudencial que se adoptó en 2002, luego del derrumbe de la convertibilidad. 
Con la ficción del sistema adoptado por Menem y Cavallo, los bancos podían otorgar créditos en dólares a empresas (y también a particulares) que no tuvieran ingresos en dólares. 
Total, 1 peso era lo mismo que 1 dólar.

La mayor ironía es que la pelotudez que Caputo no comete es aplicar la doctrina austríaca a la que adhiere Milei. 
Con el pragmatismo que le valora Milei, sumado a las presiones del Fondo Monetario Internacional, Caputo intenta inyectar dinero para bajar la tasa de interés y reactivar la economía catatónica. 
Sabe, por sus relaciones internacionales, que si Trump pierde el control del Congreso de Estados Unidos el primer martes de noviembre, sólo golpearán a su puerta sobre la Plaza de Mayo acreedores y no prestamistas. 
Como Caputo nunca cometerá el sacrilegio de adherir a un plan de reestructuración de deuda como el que está preparando Cristina y cuyas líneas generales hemos publicado en El Cohete, no habría que descartar que en algún momento cercano el ministro se despidiera alegando reclamos familiares. 
Por ahora se dedica a irritar a Milei, anunciando créditos hipotecarios que califica de justicia social. 
Para el Presidente eso significa "una aberración moral" y "un robo".

Atornillar a un empleado

Una de las intervenciones más enérgicas durante el debate fue la de Julia Strada, quien definió la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central como "una estafa". En vez de fortalecer la independencia del Banco Central, atornillan como presidente a Santiago Bausili, a quien llamó "un empleado" del Ministro de Economía Luis Caputo. 
La diputada kirchnerista, que es una de las economistas que dirige el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), resumió la historia de vida de Bausili: fue el secretario de Finanzas de Macri, que la chocó con el “reperfilamiento” de la deuda en pesos, en 2019, junto con Caputo. 
Eso quiso decir no pagar.
Primero trabajaban para Macri; ahora los dos juntos, en la consultora Anker, trabajan para Milei.
En 2018 se salteó todo el procedimiento administrativo para la toma de deuda con el Fondo Monetario Internacional, a raíz de lo cual hay una causa penal. 
omo secretario de Finanzas debió preguntarle al Banco Central si se podían devolver los 57.000 millones de dólares presados por el FMI. 
No lo hizo.
Por eso, si el Senado confirmara la reforma se eliminaría el artículo 61 de la Ley de Administración Financiera (redactada por Domingo Cavallo) que Bausili ignoró. 
Y, por supuesto, no se pudo pagar.
En marzo de 2025, por el Decreto de Necesidad y Urgencia 179 de Milei, que debió haber recurrido a una ley, el Fondo Monetario concedió una ampliación de la deuda de 20.000 millones de dólares, nuevamente sin dictamen de Bausili, ya como presidente del Banco Central.
La reforma permitiría la designación del presidente y de los demás miembros del directorio por mayoría simple de ambas cámaras del Congreso. 
Hasta ahora es sólo del Senado.
Pero para removerlos se necesitarían mayorías agravadas de 2/3 en ambas cámaras.
No sólo se atornillaría de ese modo a Bausili más allá del mandato de Milei, sino que el último artículo del proyecto que sancionó la Cámara de Diputados elimina el artículo que Bausili violó: ya no sería necesario para una toma de crédito externo preguntarle al Banco Central si esa deuda se podrá pagar.



Diputada Julia Strada.

Sobre la supuesta independencia del Central, Strada recordó que no fue Bausili sino Milei quien tomó la típica decisión de política monetaria de eliminar las Letras Fiscales de Liquidez. 
Recordó que se lo preguntó a Bausili cuando concurrió a la Comisión del Congreso a defender el proyecto. 
“Es un trámite burocrático, hay que hacer una limpieza”, respondió.

Y Milei lo reconoció. Dijo: “Los convencí”. 
Esto fue lo que desató la suba de tasas que muchos endeudados ahora están padeciendo, agregó la diputada. 
Luego se preguntó por qué Bausili colocó deuda por 3.000 millones con bancos internacionales dos días antes del vencimiento de deuda del Tesoro y respondió con la lectura de una nota del diario La Nación: "La Autoridad Monetaria cerró una operación de corto plazo con entidades del exterior en la antesala del pago a bonistas por 4.200 millones de dólares".

Si Bausili toma deuda "para resolverle el quilombo a Caputo", el ministro responde en lugar de Bausili sobre la ubicación del oro del Banco Central. 
"Y después tenemos juicios en el exterior donde afirman que el Banco Central es un alter ego del Tesoro, es decir, son la misma persona jurídica, y quieren embargar las reservas. Es absolutamente irresponsable que Caputo haya salido a hablar de la administración del oro"
También usaron al Banco Central como pasamanos para pedirle plata a Scott Bessent en octubre de 2025, de modo de no pasar por el Congreso.

Añadió que esta Carta Orgánica va a contramano de lo que hace el mundo y recomendó copiar a la Reserva Federal de los Estados Unidos y su mandato dual, por el cual tiene que ocuparse también de la tasa de desempleo. 
"Ustedes van a contramano de la Fed, del Banco Central de Brasil, del Banco Central de Israel. Voy a leerles el objetivo del Banco Central de Israel: estabilidad de precios; apoyar el crecimiento, el empleo, la reducción de brechas sociales y la estabilidad del sistema financiero. 
Es aliado de Milei, Netanyahu. 
Están haciendo lo contrario a lo que hace el mundo: el Banco Central de México, de Uruguay, de Chile, de Inglaterra, de la Unión Europea. 
¿Por qué hay mandatos duales, o múltiples? 
Porque el Banco Central, además de observar la estabilidad de precios, mira que la actividad económica y la tasa de desocupación vayan en sintonía. 
No puede ser una banca que ni siquiera se fije cómo le va a la gente".

Para concluir pidió que no voten el artículo 13, que es "un cheque en blanco a este señor Bausili, el reperfilador serial, el endeudador, el que, cuando se lo dije, se fue al baño en la Comisión de Economía. 
Estuvo 25 minutos en el baño, mucho, ¿no?, para no escuchar esto que les estoy diciendo. 
El artículo 13 le da la posibilidad de usar las reservas como garantía. 
No solo el oro, sino los dólares, las reservas del Central, como activo de garantía, como colateral, es decir, como repo, pase pasivo o incluso como préstamo. 
El jefe es Caputo, Bausili es empleado, y van a atornillar a un empleado. 
De esto se trata. Porque el programa financiero no cierra. 
Por lo menos les faltan 10.000 millones de dólares de acá al fin del 2027, a las elecciones. 
Ya sacaron todos los conejos de la galera que pudieron: Inocencia Fiscal I, Inocencia Fiscal II, blanqueo, FMI, Scott Bessent, alícuota cero por siete días solo para agroexportadores. 
Ya no sabían qué inventar e inventaron la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, falacia, relato, arco narrativo sobre la independencia. 
Todo mentira, no se lo cree nadie. 
Pero, en el medio, posibilidad de meterle la mano a las reservas del Banco Central, que ya no tenga que dar explicaciones, opinar sobre la balanza de pagos y si se puede pagar la deuda. 
Tiene que callarse la boca".

Más y menos

Esta política explica que la Argentina encabece el ranking de morosidad en América Latina, con 7,3% de su cartera en situación irregular, lo que casi triplica el promedio regional del 2,78%, según la Federación Latinoamericana de Bancos. Y al mismo tiempo el crédito sobre el PBI es tres veces menor que en la región: 14,3% frente a un promedio latinoamericano del 47,3%.

El gobierno sostiene que el endeudamiento de siete millones de argentinos es un asunto entre privados, en el que no intervendrá, y Milei llegó a afirmar que contrajeron las deudas para comprar televisores y como la Argentina no ganó el campeonato de fútbol, dejaron de pagar las cuotas. 
Otra mentira para camuflar los pobres resultados de su gestión. 

Los datos reales:

Mundial Período comparable Televisores vendidos
Rusia 2018 enero–junio 2018 1.539.972
Qatar 2022 enero–junio 2022 1.173.713
Norteamérica 2026 enero–junio 2026 1.048.540

Estadísticas del INDEC procesadas por Vectorial.

El Mundial 2026 fue el de menor venta de televisores de los tres.

A su vez, esto se ha reflejado en un incremento de la inseguridad, como machacan sin pausa las pantallas audiovisuales, pero sin la explicación correspondiente a las distintas categorías de hechos. 
Ante ese bombardeo con ostensible intencionalidad política, el ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires, Javier Alonso, ha concedido una serie de entrevistas en distintos medios audiovisuales.

Uno de los delitos de mayor crecimiento ha sido el ataque armado contra personas endeudadas que no pueden pagar. 
Las entidades financieras reguladas cobran una tasa de interés de hasta el 1300%. 
Cuando ya es imposible aumentar ese endeudamiento, las familias recurren para comer o para comprar remedios al usurero del barrio, a menudo vinculado con el narcotráfico. 
Si una familia debía 200.000 pesos, en 15 días se incrementa al doble y en 3 semanas a 700.000. 
A los cinco meses debe 25 millones y les piden que entreguen su casa. 
Esto genera causas judiciales, amenazas, lesiones, homicidios. 
En los primeros cuatro meses del año llegamos a 380 casos por mes, contra 120 del mismo lapso de 2025. 
Y el registro es parcial porque mucha gente tiene miedo de denunciar a esa gente. 
La mayoría de los jefes de esas bandas están presos, pero aparecen otros.


Ministro Javier Alonso. La implosión social.

La síntesis más significativa indica que en el primer cuatrimestre de este año sólo hubo 89 homicidios en ocasión de robo, que es el número más bajo de la historia. La mayoría intrafamiliares o entre vecinos. 
Y hubo 989 en accidentes de tránsito.

Milei dijo que venía a destruir el Estado. 
El Estado es el remedio que venía gratis, el policía, el maestro, el médico. 
Y lo está destruyendo. 
El gobierno nacional nos sacó 20.000 millones de dólares en tres años, y el gobernador sigue pagando los sueldos, los aguinaldos, con un esfuerzo muy importante. 
Necesitamos un gobierno que construya justicia social.
El propio Javier Alonso contó que Santa Fe tenía 14 fiscales. 
Se crearon 27 cargos más. 
Hoy hay 42 fiscales para 3,5 millones de habitantes. 
En septiembre empieza a regir el modelo acusatorio en La Plata. 
Para 6 millones de personas sólo hay 4 fiscales. 
Necesitamos 1 por cada 88.000 personas, como en Santa Fe. 
Sin fiscales no se puede investigar.

El serrucho

Que los libertarios hayan conseguido amplia mayoría para reformar la Carta Orgánica del Banco Central y para extender a las grandes fortunas la ley Mentime que te Creo o Inocencia Fiscal II, no quiere decir que tenga el camino allanado para cualquier cosa. 
Legisladores de diversos partidos (se estima que 138) solicitaron una sesión especial para el miércoles 9 para tratar todos los proyectos presentados por distintos bloques para enfrentar el problema de la morosidad. 
El viernes el cuadro se agravó cuando la representación patronal en el Consejo del Salario, Mínimo, Vital y Móvil presentó una propuesta inaceptable para quienes se conectaron en representación de la CGT y de las dos CTA: un aumento del 1,8% en septiembre y del 1,7% mensual a partir de octubre. 
Los sindicalistas habían desistido de una movilización hacia el Ministerio de Trabajo, dado que la reunión sería online. 
De ese modo, el mínimo se acercaría a 400.000 pesos mensuales, cuando los sindicalistas obreros reclamaban 911.000. 
La resolución volverá a recaer en un laudo ministerial, la forma menos democrática de zanjarlo. 
El gobierno sólo autorizó un aumento salarial para las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Según la diputada peronista Agustina Propato, desde la asunción de Milei los militares han perdido 80% de poder adquisitivo desde 2023 y que 19.000 dejaron las Fuerzas Armadas. 
Los ingresos del 70% de los militares no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria. 
Milei los entretiene con discursos contra el terrorismo y adquisición de chatarra voladora y blindados estadounidenses aptos para la represión. 
El 17 de agosto, en el monumento al Libertador, dijo que “por demasiado tiempo, el instrumento militar de nuestro país (...) fue demonizado y desfinanciado.” 
Por una vez se miró al espejo.

Dentro de la disgregación social que se vive, un síntoma es el incremento del juego online entre los jóvenes de 15 a 29 años. 
Así lo constató el informe "Apostar no es un juego", elaborado por especialistas de cinco universidades nacionales y 15 instituciones, que encuestaron a casi 800 personas en 360 localidades del país. 
Sus conclusiones son que uno de cada cuatro jóvenes o adolescentes apostó en forma reciente. 
Más inquietantes fueron las del documento de UNICEF "Zoom a las apuestas online" entre 845 adolescentes y jóvenes: 8 de cada 10 ingresaron a portales de apuestas online el último año y el 37% lo hace todos los días o muy seguido. 
Tal como indica la experiencia internacional, también alcanzó un récord histórico la tasa de suicidios. 
En 2024, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de la Coalición Cívica, el peronismo, los federales y la izquierda, para prevenir la ludopatía, prohibir la promoción del juego online y controlar en forma estricta el acceso de menores a las plataformas de apuestas. 
Pero libertarios, PROcaces y remanentes de lo que fue la UCR se negaron a regular el juego autorizado. 
¿Te suena el apellido Angelici?

lunes, 24 de agosto de 2026

HACHES, de Marcelo Figueras - 23/8/2026

Los más jóvenes, blancos favoritos de las violencias


Juan Diego Botto, el "Martín (Hache)" de la película de Aristarain.


La percepción de una obra de arte cambia, y hasta rotundamente, a medida que uno crece. 
Sonará a verdad de Perogrullo, pero impresiona cada vez que lo experimento. 
Esta semana volví a ver Martín (Hache), noveno largo de Adolfo Aristarain, que data del ’97. 
Eso significa que, cuando me expuse por primera vez a la película, yo estaba más cerca de la edad del protagonista - el Martín hijo del título: el personaje tiene 19 y yo tenía 35 - que del padre interpretado por Federico Luppi, por entonces de 61 años. 
Hoy tengo 64, lo cual significa que ya dejé atrás al Martín de Luppi y que me separa de Martín (Hache) - el joven - una distancia abismal. 
Sin ser del todo consciente de ello, en el ’97 debo haber considerado la historia desde el lugar del hijo, a través del prisma de su mirada. 
Hoy no me queda otra que experimentarla desde mi lugar de padre añoso, como diría el Indio.

En aquel entonces, Martín (Hache) no me pegó como esperaba. 
Yo me consideraba fan de Aristarain, pero de aquel Aristarain del que hablaba el tramo inicial de su filmografía. 
El tipo que dominaba el policial negro como pocos en este país. 
(Lo demostró con La parte del león [1978], Tiempo de revancha [1981] y Últimos días de la víctima [1982]). 
Quien además, a través de Un lugar en el mundo (1992), probó que no tenía nada que envidiarle al John Ford épico y sentimental de Qué verde era mi valle (1941). Por esas razones, lo primero que me inspiró Martín (Hache) fue desconcierto.


No quedaba allí rastro de los géneros que Aristarain había cultivado hasta entonces. 
El film era un drama hecho y derecho. Una historia de cámara, casi teatral, entre cuatro personajes. 
El director de cine exiliado en España que interpreta Luppi. 
Su hijo, el segundo Martín (un jovencísimo Juan Diego Botto), de quien lleva años distanciado. 
Alicia, la montajista que encarna Cecilia Roth y en el presente del relato es compañera sentimental del director. 
Y el actor español Dante, amigo de Martín padre: una fuerza de la naturaleza, a quien le da vida el inolvidable Eusebio Poncela.

La historia es mínima, casi inexistente. 
En Buenos Aires, Martín (Hache) va a parar a un hospital a causa de una sobredosis. 
Se pasa de mambo en el contexto de una decepción amorosa y un festival de rock, del cual participa como guitarrista. (Forma parte de una banda de hardcore, música de agresividad extrema, pero no con intención de dedicarse a eso, sino tan sólo porque disfruta de tocar.) 
Todo el mundo interpreta el hecho como un velado intento de suicidio, aunque él mismo lo niegue. 
Ese diagnóstico es, ante todo, una proyección de la culpa de quienes lo rodean y saben que lo dejaron a la deriva: su madre Blanca (Ana María Picchio), que formó nueva pareja y no encuentra lugar para el hijo-rémora en su flamante vida, y el padre que, cuando la familia se partió en dos en Madrid, decidió quedarse al otro lado del océano y disfrutar de la soledad que considera su estado ideal. 
El film cuenta lo que ocurre cuando, una vez obtenida el alta, Martín padre se lleva a Martín hijo a Madrid y allí interactúan con la novia Alicia y con el amigo Dante.

¿Y qué hacen estos cuatro durante el film? 
Hablan, discuten, beben, se drogan, hablan todavía más, incansablemente. Recuerdo mi pasmo de entonces. 
Yo, que estaba a años luz de amar al cine argentino de esa época porque lo resolvía todo mediante diálogos (diciendo, en lugar de mostrando), no supe cómo reaccionar ante esa verborragia. 
¿Qué había ocurrido? ¿Por qué renunciaba Aristarain a contar mediante acciones, arrimándose a lo que yo consideraba el peor defecto del cine argento? 
Si existía algo que pretendía comunicar a través de Martín (Hache), quedó en segundo plano para el joven de 35 que yo era. 
El único por quien sentí algo parecido a la empatía fue Martín hijo, que asiste a las efusiones y rabietas de los adultos sin entender del todo a qué se deben y por qué insisten en hacerse daño, a pesar de quererse.

Pero, como les digo, volví a verla esta semana. Y esta vez mi experiencia fue otra, casi antitética.



Adolfo Aristarain (1943-2026).

Para empezar, entendí - o creí entender, al menos - la progresión del cine de Aristarain. 
En el film del ’97, el personaje de Luppi comparte por primera vez la profesión del director y muchas de sus circunstancias. 
Se trata de un cineasta exiliado: voluntariamente, sí, pero exiliado al fin
Martín (Hache) es una co-producción con España y la mayoría de su relato transcurre allí. 
El prestigio del que goza Martín padre en el medio cinematográfico español le concede un buen pasar, pero aun así no le permite hacer las películas que querría. Los presupuestos que le ofrecen nunca son los adecuados y por eso, como dice sobre el final, “para hacerlas mal, prefiero no hacerlas”
Martín (Hache) es, ante todo, un film que habla de la impotencia. 
El personaje de Luppi ya no puede nada: no puede filmar, no puede ser padre, no puede ser pareja. Está atascado, yermo. (Tiene su ironía el plano de un bar que muestra al mismísimo Aristarain, con gafas oscuras en plena noche, bebiendo solo, acodado en la barra, la viva imagen de la desolación.) 
Lo que la industria le vende a Martín padre como oportunidad dorada - la posibilidad de trabajar con estrellas de Hollywood - le aporta poco y nada desde el punto de vista creativo, es brillo sin sustancia. (No olvidemos que Adolfo venía de una experiencia con actores estadounidenses, The Stranger [1987], que pasó sin pena ni gloria y debe haberle dejado más quebrantos que alegrías.)

De algún modo Martín padre está considerando la idea de cerrar el sport y llamarse a un silencio definitivo. 
En el viaje de regreso a Madrid que comparte con su hijo, al verlo encarar la lectura de La llave de cristal, le comenta que su autor, Dashiell Hammett - el padre del relato negro -, escribió cinco novelas y se plantó. 
Durante los 27 años siguientes, hasta que lo alcanzó la muerte, no publicó más. 
Y Martín padre intuye que su destino puede ser parecido, ya sea por propia decisión (es lo que cavila) o por sequía creativa (como Hammett).


Alicia (Cecilia Roth), besando a ese cactus que es Martín padre (Federico Luppi).

El personaje de Luppi se la pasa diciéndole a su hijo que haga algo, que no pierda tiempo, que aproveche las posibilidades que derivan de su posición privilegiada. 
No lo advierte, pero antes que a Hache se lo está diciendo a sí mismo. 
Y así como no logra convencer a Hache, tampoco se persuade él de hacerse caso. Por eso la forma del film no es casual ni gratuita, sino esencial a lo que cuenta. 
El único que llevó el consejo al acto fue Aristarain, y por eso se lanzó a hacer lo que podía, con lo que disponía: una película que dramatizaba la circunstancia que lo atenazaba como artista, y que lo llevaba a plantearse la cuestión del legado, que ya había asomado en su película Un lugar en el mundo. 
Cuando uno advierte que ha dado casi todo lo que podía, que probablemente no consiga hacer mucho más, y mira en derredor, la pregunta se impone: ¿qué hiciste con tu tiempo en esta Tierra? ¿Qué le estás dejando a tus hijos, a los jóvenes del mundo? 
¿Hay alguna enseñanza digna de legarles, de rescatar de este naufragio? 
Las primeras opciones que el film contempla no son alentadoras. 
Está la muerte. Está el silencio.

Por eso Martín (Hache) - la película - es como es. 
Tiene la forma de la impotencia y de la rabia que esa impotencia genera
Cuando un maestro del relato de acción produce una suerte de no-relato, lo que está haciendo es fabricar tensión - el equivalente cinematográfico de una bomba de tiempo -.

Esperando a la Argentina

Existe un monólogo de Martín padre ante Hache, en un restaurant de Madrid, que me produjo escalofríos como la primera vez. 
Sólo que ahora impactó por razones distintas. 
Lo que Martín padre decía en el ’97 parece describir la Argentina de hoy, nuestra circunstancia presente.

“Cuando uno tiene la chance de irse de Argentina - dice el personaje de Luppi -, la tiene que aprovechar. 
Es un país donde no se puede ni se debe vivir. Te hace mierda. 
Si te lo tomás en serio, si pensás que podés hacer algo para cambiarlo, te hacés mierda. 
Es un país sin futuro, saqueado, depredado, y no va a cambiar. 
Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie… 
La Argentina no es un país, es una trampa… 
La trampa es que te hacen creer que puede cambiar. 
Lo sentís cerca, ves que es posible, que no es una utopía, es ya, mañana… y siempre te cagan. 
Vienen los milicos y matan a 30.000 tipos. 
O viene la democracia y las cuentas no cierran y otra vez a aguantar y a cagarse de hambre y lo único que podés hacer, lo único que podés pensar, es tratar de sobrevivir y no perder lo que tenés. 
El que no se muere, se traiciona o se hace mierda. Y encima te dicen que somos todos culpables. 
Son muy hábiles, los fachos. 
Son unos hijos de puta. Pero hay que reconocer que son inteligentes. 
Saben trabajar a largo plazo”.

Esta parrafada torna inevitables dos consideraciones temporales. 
Una, hacia el pasado del film. 
El personaje de Luppi tiene mucho en común con el Mario que había interpretado en Un lugar en el mundo, cinco años atrás. (Hay más elementos compartidos entre ambos relatos: la pareja romántica interpretada por la Roth, el amigo español que en ese caso fue José Sacristán, el hijo en quien se piensa como depositario de un posible legado.) 
Pero esos años de diferencia parecen haber sido arrasadores para Aristarain, en términos de experiencia - y consecuentemente, de conciencia - humana y política. Me refiero al altísimo costo que parece haber pagado a cambio de soportar cinco años más de menemismo. (Imaginen qué sería de nosotros si tuviésemos que sobrevivir no a uno, sino a cinco años más de Milei - lo que faltaría para que concluyese su aún posible segundo mandato, en 2031. -)

El Luppi - Mario de Un lugar en el mundo - un porteño que se radicó en San Luis con su familia, para ejercer como maestro rural (aquí el exilio es interno) - todavía creía que el cambio era posible, aunque fuese en la pequeña escala de la escuela y de la cooperativa lanera que creó y lidera. 
Es verdad que la decepción final que describe el film es grande, y entraña en Mario la aceptación de que a veces hay que destruir algo - prenderle fuego, literalmente-  para volver a construir sobre mejores bases -. 
Pero el Luppi - Martín ya no cree en la posibilidad de cambio alguno, ni a pequeña escala. 
Sólo cree en la salvación individual y hasta ahí, porque lo único que todavía encuentra viable es la salvación económica, al precio de un grado más o menos tolerable de prostitución del alma. 
Se trata de un hombre que ha perdido toda ilusión, de una amargura casi intolerable hasta para aquellos que lo aman. 
Y como tal es una muestra de la valentía de Luppi como actor, y de su compenetración con Aristarain como autor - artista - alter ego. 
Muy pocos actores de ese nivel aceptarían hacer hoy un papel tan áspero e ingrato, encarnar a una persona así de insufrible, de imposible. 
Luppi sigue siendo uno de los grandes de la actuación en este país, a años luz del resto del pelotón.


Dante (Eusebio Poncela).

En este sentido, Martín (Hache) es casi una velada continuación de Un lugar en el mundo, donde la épica fordiana cede lugar a la más realista de las desolaciones. 
Ni siquiera el arte parece tener sentido en ese páramo: no le quedaría poder transformador alguno, no serviría para nada. 
El Dante de Poncela abandona el escenario en plena representación de El círculo de tiza caucasiano, soltándole al público un discurso digno de Martín padre: “Esto no es un drama, es una farsa… Luego volveréis a vuestras casas y todo seguirá igual. 
Seréis tan corruptos, tan hipócritas y tan mierdas como siempre, pero tendréis la conciencia tranquila, porque habréis aplaudido una obra de izquierdas durísima… 
Me niego a seguir siendo vuestro cómplice”
Con total pertinencia, Martín (Hache) podría haberse llamado Sin lugar en el mundo.

La otra consideración temporal es la que parte del año ’97 en que se estrenó Martín (Hache) - esto es, cuando el país sobrellevaba el octavo año de gobierno menemista -, y remonta el cauce del siglo XXI hasta nuestro presente, casi treinta años después. 
Si repasás el monólogo de Martín padre y te parece, como a mí, que está hablando de hoy, la primera, apresurada conclusión sería, de manera inevitable: pasaron tres décadas y no cambió nada, no mejoró nada, estamos igual de mal que durante la agonía del menemato o aún peor
Martín padre tiene razón: esto es una trampa, un no - lugar - en - el - mundo que te hace mierda, que alienta la ilusión de que podés cambiar algo para mejor - como creímos que había cambiado durante los gobiernos de Néstor y Cristina, creando una base de bienestar por encima de la cual seguiríamos construyendo -, para traicionarte en el acto final y abandonarte a tu suerte, en medio de la desolación más absoluta. 
De la épica fordiana al absurdo beckettiano, en apenas cinco años: En attendent l’Argentine, Esperando a la Argentina, con nosotros como unos Vladimir y Estragón más pobres todavía, porque ya no nos quedaría ni su buen humor.

¿Es así? ¿Estaba en lo cierto Luppi-Martín, y por ende sigue estándolo? 
¿Será que no queda nada más que hacer, que hay que resignarse a la soledad casi absoluta de Martín padre y, como él, emborracharnos y tumbarnos en un sillón, escuchando música con auriculares hasta perder la consciencia? 
¿Es esa nuestra única opción, el solipsismo - encerrarnos en un universo mental de características individuales - donde seguir fingiendo cordura hasta que sobrevenga la muerte?

La última revolución

Mi respuesta sería que no, que el salto evolutivo que necesitamos todavía es posible, es factible. (Recién vi pasar una entrevista a un español actual, Juan Carlos Monedero, donde expresaba esta misma idea pero con más gracia: “Todas las revoluciones fracasan - dijo el politólogo -—, salvo la última”.) 
Pero mi opinión quizás no valga demasiado, porque ustedes ya me conocen - y me padecen— -como un optimista irredento. 
Por eso prefiero que nos atengamos a la opinión de alguien que de optimista ingenuo no tenía nada. 
Me refiero al mismísimo Aristarain.


Alicia (Cecilia Roth), una luz trémula.

Hay algo que Martín padre se pierde en el relato, pero Aristarain no. 
Y esa es la oportunidad que representa Alicia, el personaje al que Cecilia Roth le obsequia una luminosidad y una tristeza igual de insondables. 
Pero ojo, que no me refiero al cliché de la oportunidad romántica, a la fantasía de la posible salvación mediante el amor. 
Lo que Martín padre se pierde es la maravilla del universo femenino, de esa otra forma de percibir la existencia, a la que ni siquiera se permite asomar
Aristarain hace de Martín padre un personaje condenado por su machismo: una condición limitante, capacidad disminuida que lo encierra hasta asfixiarlo, que le impide crecer - un capullo de hierro -.

Todo lo femenino que puede tolerar es aquello que forma parte esencial de su amigo puto, el actor Dante, a quien le permite la honestidad que censura en Alicia. Ni siquiera es misógino, Martín padre: más bien es misófobo, habría que decir. 
No es que odia a las mujeres: es que les tiene pánico, porque representan el mundo que adviene y en cual cree que no tendrá lugar, porque allí naufragará su sistema de creencias, valores y actitudes y no le quedan energías - eso teme, al menos - para empezar a ser otro.

¿Y por qué digo que Martín padre se lo pierde pero Aristarain no? 
En primer término, porque Adolfo escribió los guiones de Un lugar y de Martín (Hache) con Kathy Saavedra, su compañera de toda la vida. 
Y cuando uno (varón) se sienta a crear con otra (mujer), ya está abriéndose a otra perspectiva de las cosas, dándole la bienvenida, alentando la divergencia. (Que es exactamente lo mismo que debería pasar cuando uno asocia su vida entera a una mujer. Lo cual no quita que en muchos casos - como el de Martín padre, sin ir más lejos - eso no ocurra, aunque uno cuente con libreta de matrimonio y cinta de oro en el anular izquierdo.) 
Pero además, creo que no se lo perdió por lo que revela el hecho de que su última película - Roma, de 2004, también co - escrita con Kathy - haya llevado ese título no por la capital italiana, sino porque se llama así la madre del protagonista. Aristarain cerró su filmografía pensando en sus comienzos, y encontró que esa génesis era inseparable de la mujer que lo había parido y que contribuyó a convertirlo en quien fue. 
Lo último a lo que Adolfo consagró su mirada - su última revolución - fue una mina. Esto sugiere que, como mínimo, intuía la riqueza de ese universo que ojalá nos aguarde en el futuro mediato y apenas alcanzó a vislumbrar.


Aristarain, dirigiendo a Botto.

Lo otro, aquello que no se pierden ni Aristarain ni Martín padre - aunque este último lo entienda tarde, y a los golpes - es la oportunidad que representan los jóvenes: siempre, en todo tiempo y lugar. 
Porque Aristarain fue algo así como el cineasta del hombre crepuscular, de la puesta de sol del macho como astro rey: aquel que entiende que su tiempo - que no es tanto su tiempo en términos personales, sino el tiempo del modelo que aceptó representar, encarnar - está llegando al fin. 
Que sufre porque ya no puede emular a sus paradigmas, convertidos en anacronismos de conductas reprochables (Hablo de esos cineastas que encarnaban el arquetipo de la hombría tradicional, muscular: John Ford, John Huston.) 
Y a quien le cuesta - porque le duele - aceptar que no tiene mucho que dejar a la generación que viene, porque casi todo lo que consideraba valiosa herencia se depreció, perdió valor.

El mundo que estamos transfiriéndoles es una verdadera verga, en todas las acepciones del término
Y además los estamos haciendo verga, o consintiendo que los hagan verga aunque más no sea por omisión

La situación de la juventud actual es la peor del último medio siglo
Igual de mala y de terrible que la situación que sufrieron quienes fueron jóvenes durante la dictadura, porque el gobierno de Milei, que los castiga con la miseria y la devastación mental, es la continuación del genocidio de los ’70 por otros medios (El triste récord actual en materia de suicidios no es sino un síntoma que confirma el diagnóstico.)

Y en lo que hace a las infancias, ni les cuento. 
No hay semana en que no me lleguen historias sobre niños y niñas reales y las salvajes condiciones en que sobreviven. 
Y no en un paraje inhóspito de algún rincón argentino, sino en los suburbios de su ciudad capital, gobernada por un tipo que parece no haberse visto nunca en el espejo - cero conciencia de clase - y que encima, pobre, tiene fobia a las paltas. 
Para narrar cómo viven estas criaturas - su situación económica, familiar, de salud física y mental - habría que inventar un género nuevo, porque ni el drama social ni el realismo más crudo alcanzarían. 
Acá Dickens tendría que cambiar de estilo, para aproximarse a Stephen King. 
Lo que bancan a diario la mayoría de los pibes argentinos está más cerca del horror social que de la literatura infantil.

Vuelvo a Martín (Hache), porque viene a cuento. 
En el final, Martín padre termina hallando algo parecido a la esperanza en la incertidumbre que caracteriza a Martín hijo. 
El tipo que tenía todas las respuestas entiende que el heredero debe crear sus propias preguntas. 
En este aspecto la película también es de enorme vigencia. 
Si algo le estamos legando a nuestros hijos, es un mundo que es un ejemplo palmario, inapelable, de todo lo que no hay que hacer. 
Por suerte, crecer rodeados de mierda no los condena necesariamente a repetir conductas de mierda
Conozco muchas personas que provienen de circunstancias que explicarían, y hasta justificarían, su conversión en gente horrible, y que sin embargo no se torcieron, al contrario: se volvieron luminosas. 
Tal vez el hecho de que Occidente haya dejado de esconder su mugre para exhibirla a la vista de todos ayude a las nuevas generaciones.


Martín (Hache): la juventud a la intemperie.

Hoy hasta el menos avispado puede comprender, y sin necesidad de palabras, que todos nuestros males surgen de la malsana conjunción entre el machismo y su violencia intrínseca, el dinero y el poder tecnológico, y que combatirla nos acercaría sensiblemente a esa revolución a la que Monedero se refería.

Quiero decir, por último, que si volví a ver Martín (Hache) no fue por casualidad. 
Lo hice en el marco de un ciclo de homenaje a Aristarain y a Luis Puenzo, otro grande de nuestro cine que murió este año. 
El ciclo tuvo lugar primero en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, Callao al 200, y en estas semanas se vio en La Plata, gracias a la generosidad del Instituto de Cultura de la misma provincia (este viernes 28 cerramos con la exhibición de La historia oficial, de Puenzo, en el Auditorio Hebe de Bonafini de la Calle 49 entre 4 y 5.) 
Una iniciativa modesta, que por fortuna el público acompañó. 
Surgió de mi rabia al mejor estilo de Martín padre, cuando me impresionó la falta de reacción - periodística, política, cultural - ante la desaparición de estos dos grandes. 
Coherente, eso sí, con el proceso de pelotudización en que nos sumió el milei-macrismo a partir de 2015 (cuando pienso que Aristarain pasó sus últimos 22 años de vida sin filmar - y no por sequía creativa, como Hammett, sino porque le faltaron las condiciones que merecía -, me dan ganas de salir a quemar todo como el Mario de Un lugar en el mundo...)

Las películas de Aristarain no están en las grandes plataformas, sino apenas en copias que algún bienintencionado subió a YouTube, donde nadie se topa con ellas a no ser que las busque específicamente. 
Lo cual desespera, porque deberían formar parte de la currícula educativa. 
Son películas que explican quiénes somos y qué queremos mejor que muchos contenidos formales. 
¿Querés contarle a los pibes cómo se vive cuando el sistema te condena y sólo podés confiar en un golpe de suerte? 
Mostrales La parte del león. 
¿Querés contarles cómo se vive bajo una dictadura que reprime y censura tu expresión? 
Mostrales Tiempo de revancha
¿Querés contarles qué pasa cuando, para sobrevivir, decidís integrarte al sistema represivo? 
Mostrales Últimos días de la víctima
¿Querés ayudar a que entiendan qué ocurre cuando una democracia es secuestrada por el capitalismo? 
Mostrales Un lugar en el mundo
¿Querés confesar que no tenés ninguna riqueza ni seguridad que darles, más allá de la certeza de tu amor incondicional? 
Mostrales Martín (Hache).

Estas películas pertenecen al tesoro espiritual y cultural que este país inspiró y todavía inspira. 
Son parte esencial de esas riquezas que escamotean “los que se quedan con el botín”, como los llama Martín padre, para mantenernos brutos y sojuzgados. 
Que no estén a un click de distancia de los más jóvenes es tan sólo una violencia más de las que permitimos que les inflijan. 
No es la peor que sufren, eso está claro. 
Pero no estamos haciendo nada para protegerlos de la una ni de las otras. 
Mientras sigamos de brazos cruzados, tumbados en un sillón y aislándonos de los gritos que resuenan en cada barrio, la última revolución no habrá de llegar.

EL ORDEN EN DISPUTA, de Lucka Glezer - 23/8/2026

¿Se adelantó la competencia electoral o estamos ante un límite material del modelo?


Milei en el Alvear Palace, buen momento para visitar el bar.

Esta semana salió a la superficie una fractura que venía recorriendo por abajo al establishment argentino. 
Los principales empresarios coinciden en sostener el orden macroeconómico que propone Javier Milei, pero discuten si el propio Presidente sigue siendo capaz de garantizar su continuidad.

El escenario donde esa discusión dejó de ser subterránea fue la 23° edición del Council of the Americas. 
Desde hace más de dos décadas, una vez por año el poder económico ocupa el Alvear Palace y escucha desfilar a ministros, gobernadores, Presidentes y empresarios.

La agenda ofrecía una pista sobre la nueva jerarquía empresaria
Petróleo, gas, minería y energía tuvieron un protagonismo difícil de encontrar en ediciones anteriores. 
Hablaron ejecutivos de Glencore, Newmont, CGC y Southern Energy LNG. 
Era la vidriera de la Argentina que exporta recursos naturales y espera dólares. Pero detrás de esa vidriera también caminaron industriales, constructores, automotrices y banqueros que miran el mismo programa desde un lugar bastante menos confortable.
Entre los primeros se ubicó Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, anfitrión junto con Susan Segal, presidenta y CEO de Americas Society y el Council of the Americas. 
Segal conduce la organización estadounidense y Grinman su contraparte local, la CAC.


Segal y Grinman con la criatura.

El encuentro anual del Council no es solamente una conferencia empresarial. 
Es una de esas instituciones que el establishment construye como plataforma de interlocución con el poder político. 
Los empresarios fijan sus prioridades, los funcionarios explican qué hicieron y qué piensan hacer, y de ese intercambio salen señales bastante precisas sobre los límites de la cancha.

Alrededor de Grinman se mueve además una trama empresarial en la que tienen enorme peso Alejandro y Bettina Bulgheroni. 
Bettina es prosecretaria de la propia CAC y dirigente del CICyP, otro de los grandes espacios de articulación del poder económico. 
En esa constelación también se mueve José Luis Manzano, que mantiene desde hace años una estrecha relación con los Bulgheroni y comparte con ellos una agenda cada vez más concentrada en energía y recursos naturales.

“Las bases estructurales del optimismo”, definió un consultor que participó del encuentro. 
La frase sintetiza bastante bien el clima entre los sectores favorecidos por el nuevo esquema: equilibrio fiscal, desregulación, apertura, explotación de recursos naturales y condiciones especiales para las grandes inversiones. 
El optimismo existe. El problema es cuánto territorio económico queda afuera de esas bases.

Bettina Bulgheroni no necesitó subir al escenario para ocupar un lugar central. Sentada adelante, pasó buena parte de la jornada recibiendo y conversando con funcionarios, gobernadores y empresarios. 
La representación institucional del capital con asistencia perfecta: todo el Grupo de los Seis pasó por el Alvear.
El Grupo de los Seis reúne a la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Sociedad Rural Argentina y ADEBA, que representa a los bancos privados de capital nacional. Industria, comercio, construcción, mercado de capitales, campo y bancos.

Pero en esa mesa falta una silla. 
El petróleo y el gas no tienen representación propia, aunque Vaca Muerta convirtió a la energía en el segundo gran complejo exportador argentino y en la principal apuesta para generar los dólares de los próximos años. 
La institucionalidad del establishment conserva todavía la arquitectura de una dinámica económica anterior.

Eduardo Elsztain, titular del grupo IRSA, se dejó ver durante un rato. 
Ricardo Markous, presidente de Tecpetrol, el brazo petrolero del grupo Techint, escuchó las exposiciones junto a David Uriburu, vicepresidente de la UIA y hombre estrechamente ligado al holding de Paolo Rocca.
El salón permitía recorrer en pocos metros las distintas fracciones del capital argentino.
Algunas tienen motivos para celebrar. 
Otras hacen números y encuentran cada vez menos razones.

Dos lados en un mismo lado

La fractura quedó expuesta desde el discurso de bienvenida. 
“¿De qué lado vas a estar?”, interpeló Grinman. 
Antes había contrapuesto el esquema actual con el regreso de un “Estado omnipresente, que todo lo regulaba, que todo lo controlaba, que todo lo decidía”
También reconoció que la mayor libertad económica tiene costos y sostuvo que el sector privado debe asumir más responsabilidades.

Una primera lectura de la interpelación de Grinman remite a una frontera conocida: Milei o el regreso del populismo y de aquel Estado omnipresente que acababa de describir
Pero en el Alvear había dos lados dentro del mismo lado.

Nadie discute el equilibrio fiscal, la apertura, la desregulación o la necesidad de preservar el orden macroeconómico. 
La diferencia es política. 
Una parte del establishment todavía considera que Milei es el mejor garante de ese orden. 
Otra se pregunta si hace falta construir una alternativa capaz de preservar ese orden. Si acaso no es Milei el que lo pone en riesgo.

La discusión, entonces, no es sobre el modelo sino sobre quién puede levantar el dique político que garantice su continuidad si el deterioro de la actividad, los ingresos y las condiciones de vida terminan convirtiendo a Milei en un riesgo para aquello que debía custodiar.

La preocupación tiene dos niveles. El primero es económico. 
Una actividad debilitada reduce la recaudación y mete presión sobre el resultado fiscal, precisamente uno de los pilares de esas “bases estructurales del optimismo”.

“El empresariado está de acuerdo en que la macro tiene que estar ordenada. Dicho eso, cuando hablamos de la micro, tengo ciertas diferencias con el gobierno”, dijo Gustavo Weiss, uno de los rostros visibles de la construcción, un sector que cayó alrededor del 25% desde 2023 y acumula 120.000 empleos perdidos. 
Después completó la idea: “Si esto sigue así, volvemos al péndulo. Creo que el riesgo K existe si no se presta atención, la gente vota con el bolsillo”.

La declaración de Weiss es muy elocuente en términos políticos, pero en términos económicos esa separación entre macro y micro no existe. 
La micro está agujereando el ancla fiscal desde la recaudación.

El resultado fiscal perdió holgura. 
En julio el gobierno obtuvo un superávit primario de 2,96 billones de pesos y, después de pagar 2,71 billones de intereses, quedaron apenas 244.897 millones de superávit financiero.
En los primeros siete meses del año el resultado primario acumuló alrededor del 0,9% del PBI, cuando a esta altura del año pasado llegaba al 1,1%. 
El resultado financiero se angostó todavía más: pasó de aproximadamente 0,3% a 0,1% del PBI.

Hay además una pequeña trampilla contable que señaló el propio Fondo Monetario. 
El resultado financiero que publica el gobierno está medido base caja y no contabiliza como gasto corriente los intereses de los bonos cupón cero que se capitalizan y recién se pagan al vencimiento. 
El staff del FMI lo dejó escrito en una nota al pie de su último informe: si se incorporara por encima de la línea el componente real de esos intereses capitalizados, el resultado fiscal que el Fondo calculó para 2025 pasaría de equilibrio a un déficit de alrededor del 0,8% del PBI
No es una diferencia menor para un programa que convirtió el déficit cero en certificado de buena conducta.


La deuda también deja cuentas esperando en otra ventanilla.

A junio, la Administración Pública Nacional acumulaba 3,9 billones de pesos de deuda flotante: gasto ya devengado que todavía no había sido pagado. Representaba el 7,3% de todo el gasto devengado durante el semestre, frente al 6,9% de un año antes.

El atraso creció especialmente en transferencias corrientes, donde pasó del 6,9% al 8,3% del gasto devengado, y en gastos de capital, del 13,7% al 16,6%. 
Una parte de esas transferencias está asociada a subsidios. 
Sólo en julio Economía informó 1,18 billones de pesos de subsidios económicos, de los cuales 874.568 millones correspondieron a energía. 
Patear un pago no elimina el gasto. Solamente permite que llegue más tarde a la caja.

Pero el problema más difícil de esconder está del otro lado de la cuenta. 
Los ingresos totales de julio aumentaron 30,4% interanual y los tributarios 29,6%, por debajo de la inflación. 
La debilidad ya venía siendo advertida por el propio Fondo: hasta abril la recaudación acumulaba una caída real interanual del 7%. 
El IVA, particularmente sensible al movimiento del consumo y la actividad, explica una parte importante del deterioro.

La segunda preocupación es política. 
Parte del círculo rojo observa el deterioro de las condiciones de vida de las clases medias y teme que ese malestar termine acumulándose detrás de una alternativa opositora que vuelva a poner en discusión las reglas de juego que hoy consideran favorables para sus negocios.

Los que más corcovean son, naturalmente, los perdedores. 
La diferencia de temperatura se hizo visible cuando José Luis Daza defendió la sustentabilidad del programa. 
Mientras el chileno viceministro de economía explicaba desde el escenario que el modelo es sustentable porque responde a las reglas que enseñan los libros que él estudió; Martín Rappallini, de la UIA, y Weiss, de la Construcción, cuchicheaban y sonreían entre ellos
Dos sectores que conocen otra bibliografía: balances, despidos, plantas trabajando por debajo de su capacidad y obras detenidas.

La distancia se volvió todavía menos protocolar cuando llegó Milei. 
Rappallini decidió que era un buen momento para tomar un café en el bar del Alvear. 
No estaba solo. Cerca suyo, ejecutivos automotores repasaban una caída del 20% de las ventas y del 15% de la producción
Repetían además una cifra con cierta obstinación: habían invertido alrededor de 2.500 millones de dólares sin pasar por la ventanilla del RIGI.

La disputa ya había dejado otras marcas antes del Council. 
La pelea del gobierno con Paolo Rocca, la confrontación con Clarín y Héctor Magnetto y las críticas crecientes de la UIA forman parte de la misma reorganización. 

Techint conserva una gravitación decisiva sobre la central industrial. 
Rappallini prepara para el Día de la Industria un mensaje crítico sobre el rumbo económico. 
El acto tendrá además una escenografía particular: será en una planta del grupo de Hugo Sigman.

En medio de este clima, no parece casual que el Banco Macro propiedad de Jorge Brito y Ezequiel Carballo pusiera sobre la mesa la discusión por la llamada “mora importada”: las normas del Banco Central pueden obligar a una entidad a empeorar la calificación de un cliente por incumplimientos registrados en otro banco o proveedor de crédito, aunque con ella continúe pagando.

La protesta regulatoria existe, pero detrás hay algo que ninguna recalificación puede explicar. 
Según los datos recientes publicados por el CEPA, la mora bancaria total llegó al 7,6%, contra apenas 1,5% en octubre de 2024. 
Entre las familias trepó del 2,5% al 12,8% en ese mismo período y entre las empresas, del 0,7% al 3,5%. 
En los préstamos personales la irregularidad llegó al 15,9% y en tarjetas al 13,1%.

El problema es todavía más profundo fuera de los bancos. 
La mora con billeteras y proveedores no financieros llegó al 30,1%. 
Casi 21 millones de personas tenían algún tipo de deuda y alrededor de 5,9 millones registraban atrasos.

La incomodidad cruza las puertas del Alvear.

En Nueva York, algunos inversores salieron poco entusiasmados de una reunión en la que Daza volvió a asegurar que la Argentina no buscará financiamiento adicional en el mercado internacional.
El Presidente contó con los dólares de afuera desde el minuto uno. 
Antes de asumir, en una entrevista televisiva, Alejandro Fantino le preguntó si los tenía asegurados. 
Milei levantó el teléfono y respondió: “Los tengo acá. ¿Querés ver?”
Era la promesa de que los contactos, la confianza del mercado y el cambio de régimen alcanzarían para abrir Wall Street. 
La puerta nunca se abrió.

Desde entonces, Luis Caputo fue construyendo puentes colgantes. 
Primero fue la devaluación y la ventaja cambiaria inicial para acelerar la liquidación del agro. 
Después llegaron el blanqueo, los desembolsos de los organismos internacionales, el regreso al Fondo Monetario, los repos con bancos, los préstamos garantizados y hasta las operaciones con el oro del Banco Central como respaldo para conseguir liquidez. 
Cada puente permitió llegar hasta el siguiente. 
Ninguno consiguió abrir Wall Street.

Esta semana el riesgo país llegó a 532 puntos básicos, su máximo en tres meses, después de 14 ruedas consecutivas de suba y de acumular alrededor del 24% en agosto. 
Cada punto que sube aleja a la Argentina de ese paraíso prometido.

La dificultad argentina coincide, además, con una tormenta en el centro del sistema. 
Scott Bessent desembolsó 4.000 millones de dólares para la recompra de bonos largos del Tesoro para intentar contener las tasas, pero el alivio duró poco. 
El rendimiento del Treasury a diez años volvió al 4,69% y el de treinta años superó el 5%. 
El costo del financiamiento de Occidente está en su nivel más alto en dos décadas.

Entonces, si el “orden macroeconómico” consiste en equilibrio fiscal y deuda sostenible, no sobra demasiado orden en la economía que debe financiar al resto del mundo para sostener su hegemonía. 
Estados Unidos proyecta para 2026 un déficit de 1,9 billones de dólares, equivalente al 5,8% del PBI, frente a un promedio de 3,8% durante los últimos cincuenta años. 
La deuda en manos del público ya equivale al 101% del PBI y los intereses netos restan otro 3,3% del producto.

Un significante vacío

El “orden macroeconómico” aparece, sin embargo, como lo único que nadie discute. 
Aunque nadie termine de explicar qué significa. 
No parece ser un dólar inmóvil, porque los mismos empresarios reclaman competitividad cambiaria. 
Tampoco alcanza con el superávit fiscal, porque industriales y constructores piden obra pública, actividad y una recuperación de la demanda que, entre otras cosas, vuelva a alimentar la recaudación del IVA. 
Ni siquiera puede reducirse al acceso al crédito, porque Wall Street continúa cerrado. 
La expresión funciona mejor cuanto menos se la define
Es un significante vacío que permite reunir intereses distintos y hasta contradictorios bajo una misma bandera. 
Quizás por eso la discusión sobre su contenido permanece blindada: orden macroeconómico termina llamándose al modelo capaz de garantizar los negocios de quienes tienen capacidad para definir qué significa el orden.

Desde ese mismo establishment que blinda la discusión respecto a qué es el orden macroeconómico, predomina una interpretación: se adelantó la conversación electoral
El mercado, sostienen, comenzó a incorporar el riesgo político de 2027 y a preguntarse por la continuidad del programa.

Pero existe otra lectura posible, más concreta. 
Lo que se está achicando es el flujo de divisas que permitió sostener el modelo económico.
Pasó el grueso de la cosecha y una parte de los granos que permanecen en silobolsas espera mejores precios, lo que también quiere decir un tipo de cambio más conveniente.
Perdió además fuerza el impulso extraordinario del petróleo. 
El barril retrocedió hacia la zona de los 90 dólares después de haber tocado los 115, un precio que había multiplicado el ingreso de divisas por las exportaciones energéticas.
A eso se suma que los dólares financieros y del endeudamiento privado entran con menor intensidad.

Del otro lado, la demanda se mantiene extraordinariamente alta. 
En seis meses sumaron casi 16.900 millones de dólares. 
La cobertura crece. Y la pregunta es: ¿se adelantó la disputa electoral o estamos ante un límite material del modelo?

 

FORMULARIO DE CONTACTO

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

BUSCAR EN ESTE BLOG

SEGUIDORES

LA ESTAFA, de Horacio Verbitzky - 30/8/2026

Joan Miró: El carnaval del Arlequín, 1938.  Intervenido por Navaja, animado por Silvia Canosa No pudo legalizar la extranjerización de tier...