lunes, 24 de agosto de 2026

HACHES, de Marcelo Figueras - 23/8/2026

Los más jóvenes, blancos favoritos de las violencias


Juan Diego Botto, el "Martín (Hache)" de la película de Aristarain.


La percepción de una obra de arte cambia, y hasta rotundamente, a medida que uno crece. 
Sonará a verdad de Perogrullo, pero impresiona cada vez que lo experimento. 
Esta semana volví a ver Martín (Hache), noveno largo de Adolfo Aristarain, que data del ’97. 
Eso significa que, cuando me expuse por primera vez a la película, yo estaba más cerca de la edad del protagonista - el Martín hijo del título: el personaje tiene 19 y yo tenía 35 - que del padre interpretado por Federico Luppi, por entonces de 61 años. 
Hoy tengo 64, lo cual significa que ya dejé atrás al Martín de Luppi y que me separa de Martín (Hache) - el joven - una distancia abismal. 
Sin ser del todo consciente de ello, en el ’97 debo haber considerado la historia desde el lugar del hijo, a través del prisma de su mirada. 
Hoy no me queda otra que experimentarla desde mi lugar de padre añoso, como diría el Indio.

En aquel entonces, Martín (Hache) no me pegó como esperaba. 
Yo me consideraba fan de Aristarain, pero de aquel Aristarain del que hablaba el tramo inicial de su filmografía. 
El tipo que dominaba el policial negro como pocos en este país. 
(Lo demostró con La parte del león [1978], Tiempo de revancha [1981] y Últimos días de la víctima [1982]). 
Quien además, a través de Un lugar en el mundo (1992), probó que no tenía nada que envidiarle al John Ford épico y sentimental de Qué verde era mi valle (1941). Por esas razones, lo primero que me inspiró Martín (Hache) fue desconcierto.


No quedaba allí rastro de los géneros que Aristarain había cultivado hasta entonces. 
El film era un drama hecho y derecho. Una historia de cámara, casi teatral, entre cuatro personajes. 
El director de cine exiliado en España que interpreta Luppi. 
Su hijo, el segundo Martín (un jovencísimo Juan Diego Botto), de quien lleva años distanciado. 
Alicia, la montajista que encarna Cecilia Roth y en el presente del relato es compañera sentimental del director. 
Y el actor español Dante, amigo de Martín padre: una fuerza de la naturaleza, a quien le da vida el inolvidable Eusebio Poncela.

La historia es mínima, casi inexistente. 
En Buenos Aires, Martín (Hache) va a parar a un hospital a causa de una sobredosis. 
Se pasa de mambo en el contexto de una decepción amorosa y un festival de rock, del cual participa como guitarrista. (Forma parte de una banda de hardcore, música de agresividad extrema, pero no con intención de dedicarse a eso, sino tan sólo porque disfruta de tocar.) 
Todo el mundo interpreta el hecho como un velado intento de suicidio, aunque él mismo lo niegue. 
Ese diagnóstico es, ante todo, una proyección de la culpa de quienes lo rodean y saben que lo dejaron a la deriva: su madre Blanca (Ana María Picchio), que formó nueva pareja y no encuentra lugar para el hijo-rémora en su flamante vida, y el padre que, cuando la familia se partió en dos en Madrid, decidió quedarse al otro lado del océano y disfrutar de la soledad que considera su estado ideal. 
El film cuenta lo que ocurre cuando, una vez obtenida el alta, Martín padre se lleva a Martín hijo a Madrid y allí interactúan con la novia Alicia y con el amigo Dante.

¿Y qué hacen estos cuatro durante el film? 
Hablan, discuten, beben, se drogan, hablan todavía más, incansablemente. Recuerdo mi pasmo de entonces. 
Yo, que estaba a años luz de amar al cine argentino de esa época porque lo resolvía todo mediante diálogos (diciendo, en lugar de mostrando), no supe cómo reaccionar ante esa verborragia. 
¿Qué había ocurrido? ¿Por qué renunciaba Aristarain a contar mediante acciones, arrimándose a lo que yo consideraba el peor defecto del cine argento? 
Si existía algo que pretendía comunicar a través de Martín (Hache), quedó en segundo plano para el joven de 35 que yo era. 
El único por quien sentí algo parecido a la empatía fue Martín hijo, que asiste a las efusiones y rabietas de los adultos sin entender del todo a qué se deben y por qué insisten en hacerse daño, a pesar de quererse.

Pero, como les digo, volví a verla esta semana. Y esta vez mi experiencia fue otra, casi antitética.



Adolfo Aristarain (1943-2026).

Para empezar, entendí - o creí entender, al menos - la progresión del cine de Aristarain. 
En el film del ’97, el personaje de Luppi comparte por primera vez la profesión del director y muchas de sus circunstancias. 
Se trata de un cineasta exiliado: voluntariamente, sí, pero exiliado al fin
Martín (Hache) es una co-producción con España y la mayoría de su relato transcurre allí. 
El prestigio del que goza Martín padre en el medio cinematográfico español le concede un buen pasar, pero aun así no le permite hacer las películas que querría. Los presupuestos que le ofrecen nunca son los adecuados y por eso, como dice sobre el final, “para hacerlas mal, prefiero no hacerlas”
Martín (Hache) es, ante todo, un film que habla de la impotencia. 
El personaje de Luppi ya no puede nada: no puede filmar, no puede ser padre, no puede ser pareja. Está atascado, yermo. (Tiene su ironía el plano de un bar que muestra al mismísimo Aristarain, con gafas oscuras en plena noche, bebiendo solo, acodado en la barra, la viva imagen de la desolación.) 
Lo que la industria le vende a Martín padre como oportunidad dorada - la posibilidad de trabajar con estrellas de Hollywood - le aporta poco y nada desde el punto de vista creativo, es brillo sin sustancia. (No olvidemos que Adolfo venía de una experiencia con actores estadounidenses, The Stranger [1987], que pasó sin pena ni gloria y debe haberle dejado más quebrantos que alegrías.)

De algún modo Martín padre está considerando la idea de cerrar el sport y llamarse a un silencio definitivo. 
En el viaje de regreso a Madrid que comparte con su hijo, al verlo encarar la lectura de La llave de cristal, le comenta que su autor, Dashiell Hammett - el padre del relato negro -, escribió cinco novelas y se plantó. 
Durante los 27 años siguientes, hasta que lo alcanzó la muerte, no publicó más. 
Y Martín padre intuye que su destino puede ser parecido, ya sea por propia decisión (es lo que cavila) o por sequía creativa (como Hammett).


Alicia (Cecilia Roth), besando a ese cactus que es Martín padre (Federico Luppi).

El personaje de Luppi se la pasa diciéndole a su hijo que haga algo, que no pierda tiempo, que aproveche las posibilidades que derivan de su posición privilegiada. 
No lo advierte, pero antes que a Hache se lo está diciendo a sí mismo. 
Y así como no logra convencer a Hache, tampoco se persuade él de hacerse caso. Por eso la forma del film no es casual ni gratuita, sino esencial a lo que cuenta. 
El único que llevó el consejo al acto fue Aristarain, y por eso se lanzó a hacer lo que podía, con lo que disponía: una película que dramatizaba la circunstancia que lo atenazaba como artista, y que lo llevaba a plantearse la cuestión del legado, que ya había asomado en su película Un lugar en el mundo. 
Cuando uno advierte que ha dado casi todo lo que podía, que probablemente no consiga hacer mucho más, y mira en derredor, la pregunta se impone: ¿qué hiciste con tu tiempo en esta Tierra? ¿Qué le estás dejando a tus hijos, a los jóvenes del mundo? 
¿Hay alguna enseñanza digna de legarles, de rescatar de este naufragio? 
Las primeras opciones que el film contempla no son alentadoras. 
Está la muerte. Está el silencio.

Por eso Martín (Hache) - la película - es como es. 
Tiene la forma de la impotencia y de la rabia que esa impotencia genera
Cuando un maestro del relato de acción produce una suerte de no-relato, lo que está haciendo es fabricar tensión - el equivalente cinematográfico de una bomba de tiempo -.

Esperando a la Argentina

Existe un monólogo de Martín padre ante Hache, en un restaurant de Madrid, que me produjo escalofríos como la primera vez. 
Sólo que ahora impactó por razones distintas. 
Lo que Martín padre decía en el ’97 parece describir la Argentina de hoy, nuestra circunstancia presente.

“Cuando uno tiene la chance de irse de Argentina - dice el personaje de Luppi -, la tiene que aprovechar. 
Es un país donde no se puede ni se debe vivir. Te hace mierda. 
Si te lo tomás en serio, si pensás que podés hacer algo para cambiarlo, te hacés mierda. 
Es un país sin futuro, saqueado, depredado, y no va a cambiar. 
Los que se quedan con el botín no van a permitir que cambie… 
La Argentina no es un país, es una trampa… 
La trampa es que te hacen creer que puede cambiar. 
Lo sentís cerca, ves que es posible, que no es una utopía, es ya, mañana… y siempre te cagan. 
Vienen los milicos y matan a 30.000 tipos. 
O viene la democracia y las cuentas no cierran y otra vez a aguantar y a cagarse de hambre y lo único que podés hacer, lo único que podés pensar, es tratar de sobrevivir y no perder lo que tenés. 
El que no se muere, se traiciona o se hace mierda. Y encima te dicen que somos todos culpables. 
Son muy hábiles, los fachos. 
Son unos hijos de puta. Pero hay que reconocer que son inteligentes. 
Saben trabajar a largo plazo”.

Esta parrafada torna inevitables dos consideraciones temporales. 
Una, hacia el pasado del film. 
El personaje de Luppi tiene mucho en común con el Mario que había interpretado en Un lugar en el mundo, cinco años atrás. (Hay más elementos compartidos entre ambos relatos: la pareja romántica interpretada por la Roth, el amigo español que en ese caso fue José Sacristán, el hijo en quien se piensa como depositario de un posible legado.) 
Pero esos años de diferencia parecen haber sido arrasadores para Aristarain, en términos de experiencia - y consecuentemente, de conciencia - humana y política. Me refiero al altísimo costo que parece haber pagado a cambio de soportar cinco años más de menemismo. (Imaginen qué sería de nosotros si tuviésemos que sobrevivir no a uno, sino a cinco años más de Milei - lo que faltaría para que concluyese su aún posible segundo mandato, en 2031. -)

El Luppi - Mario de Un lugar en el mundo - un porteño que se radicó en San Luis con su familia, para ejercer como maestro rural (aquí el exilio es interno) - todavía creía que el cambio era posible, aunque fuese en la pequeña escala de la escuela y de la cooperativa lanera que creó y lidera. 
Es verdad que la decepción final que describe el film es grande, y entraña en Mario la aceptación de que a veces hay que destruir algo - prenderle fuego, literalmente-  para volver a construir sobre mejores bases -. 
Pero el Luppi - Martín ya no cree en la posibilidad de cambio alguno, ni a pequeña escala. 
Sólo cree en la salvación individual y hasta ahí, porque lo único que todavía encuentra viable es la salvación económica, al precio de un grado más o menos tolerable de prostitución del alma. 
Se trata de un hombre que ha perdido toda ilusión, de una amargura casi intolerable hasta para aquellos que lo aman. 
Y como tal es una muestra de la valentía de Luppi como actor, y de su compenetración con Aristarain como autor - artista - alter ego. 
Muy pocos actores de ese nivel aceptarían hacer hoy un papel tan áspero e ingrato, encarnar a una persona así de insufrible, de imposible. 
Luppi sigue siendo uno de los grandes de la actuación en este país, a años luz del resto del pelotón.


Dante (Eusebio Poncela).

En este sentido, Martín (Hache) es casi una velada continuación de Un lugar en el mundo, donde la épica fordiana cede lugar a la más realista de las desolaciones. 
Ni siquiera el arte parece tener sentido en ese páramo: no le quedaría poder transformador alguno, no serviría para nada. 
El Dante de Poncela abandona el escenario en plena representación de El círculo de tiza caucasiano, soltándole al público un discurso digno de Martín padre: “Esto no es un drama, es una farsa… Luego volveréis a vuestras casas y todo seguirá igual. 
Seréis tan corruptos, tan hipócritas y tan mierdas como siempre, pero tendréis la conciencia tranquila, porque habréis aplaudido una obra de izquierdas durísima… 
Me niego a seguir siendo vuestro cómplice”
Con total pertinencia, Martín (Hache) podría haberse llamado Sin lugar en el mundo.

La otra consideración temporal es la que parte del año ’97 en que se estrenó Martín (Hache) - esto es, cuando el país sobrellevaba el octavo año de gobierno menemista -, y remonta el cauce del siglo XXI hasta nuestro presente, casi treinta años después. 
Si repasás el monólogo de Martín padre y te parece, como a mí, que está hablando de hoy, la primera, apresurada conclusión sería, de manera inevitable: pasaron tres décadas y no cambió nada, no mejoró nada, estamos igual de mal que durante la agonía del menemato o aún peor
Martín padre tiene razón: esto es una trampa, un no - lugar - en - el - mundo que te hace mierda, que alienta la ilusión de que podés cambiar algo para mejor - como creímos que había cambiado durante los gobiernos de Néstor y Cristina, creando una base de bienestar por encima de la cual seguiríamos construyendo -, para traicionarte en el acto final y abandonarte a tu suerte, en medio de la desolación más absoluta. 
De la épica fordiana al absurdo beckettiano, en apenas cinco años: En attendent l’Argentine, Esperando a la Argentina, con nosotros como unos Vladimir y Estragón más pobres todavía, porque ya no nos quedaría ni su buen humor.

¿Es así? ¿Estaba en lo cierto Luppi-Martín, y por ende sigue estándolo? 
¿Será que no queda nada más que hacer, que hay que resignarse a la soledad casi absoluta de Martín padre y, como él, emborracharnos y tumbarnos en un sillón, escuchando música con auriculares hasta perder la consciencia? 
¿Es esa nuestra única opción, el solipsismo - encerrarnos en un universo mental de características individuales - donde seguir fingiendo cordura hasta que sobrevenga la muerte?

La última revolución

Mi respuesta sería que no, que el salto evolutivo que necesitamos todavía es posible, es factible. (Recién vi pasar una entrevista a un español actual, Juan Carlos Monedero, donde expresaba esta misma idea pero con más gracia: “Todas las revoluciones fracasan - dijo el politólogo -—, salvo la última”.) 
Pero mi opinión quizás no valga demasiado, porque ustedes ya me conocen - y me padecen— -como un optimista irredento. 
Por eso prefiero que nos atengamos a la opinión de alguien que de optimista ingenuo no tenía nada. 
Me refiero al mismísimo Aristarain.


Alicia (Cecilia Roth), una luz trémula.

Hay algo que Martín padre se pierde en el relato, pero Aristarain no. 
Y esa es la oportunidad que representa Alicia, el personaje al que Cecilia Roth le obsequia una luminosidad y una tristeza igual de insondables. 
Pero ojo, que no me refiero al cliché de la oportunidad romántica, a la fantasía de la posible salvación mediante el amor. 
Lo que Martín padre se pierde es la maravilla del universo femenino, de esa otra forma de percibir la existencia, a la que ni siquiera se permite asomar
Aristarain hace de Martín padre un personaje condenado por su machismo: una condición limitante, capacidad disminuida que lo encierra hasta asfixiarlo, que le impide crecer - un capullo de hierro -.

Todo lo femenino que puede tolerar es aquello que forma parte esencial de su amigo puto, el actor Dante, a quien le permite la honestidad que censura en Alicia. Ni siquiera es misógino, Martín padre: más bien es misófobo, habría que decir. 
No es que odia a las mujeres: es que les tiene pánico, porque representan el mundo que adviene y en cual cree que no tendrá lugar, porque allí naufragará su sistema de creencias, valores y actitudes y no le quedan energías - eso teme, al menos - para empezar a ser otro.

¿Y por qué digo que Martín padre se lo pierde pero Aristarain no? 
En primer término, porque Adolfo escribió los guiones de Un lugar y de Martín (Hache) con Kathy Saavedra, su compañera de toda la vida. 
Y cuando uno (varón) se sienta a crear con otra (mujer), ya está abriéndose a otra perspectiva de las cosas, dándole la bienvenida, alentando la divergencia. (Que es exactamente lo mismo que debería pasar cuando uno asocia su vida entera a una mujer. Lo cual no quita que en muchos casos - como el de Martín padre, sin ir más lejos - eso no ocurra, aunque uno cuente con libreta de matrimonio y cinta de oro en el anular izquierdo.) 
Pero además, creo que no se lo perdió por lo que revela el hecho de que su última película - Roma, de 2004, también co - escrita con Kathy - haya llevado ese título no por la capital italiana, sino porque se llama así la madre del protagonista. Aristarain cerró su filmografía pensando en sus comienzos, y encontró que esa génesis era inseparable de la mujer que lo había parido y que contribuyó a convertirlo en quien fue. 
Lo último a lo que Adolfo consagró su mirada - su última revolución - fue una mina. Esto sugiere que, como mínimo, intuía la riqueza de ese universo que ojalá nos aguarde en el futuro mediato y apenas alcanzó a vislumbrar.


Aristarain, dirigiendo a Botto.

Lo otro, aquello que no se pierden ni Aristarain ni Martín padre - aunque este último lo entienda tarde, y a los golpes - es la oportunidad que representan los jóvenes: siempre, en todo tiempo y lugar. 
Porque Aristarain fue algo así como el cineasta del hombre crepuscular, de la puesta de sol del macho como astro rey: aquel que entiende que su tiempo - que no es tanto su tiempo en términos personales, sino el tiempo del modelo que aceptó representar, encarnar - está llegando al fin. 
Que sufre porque ya no puede emular a sus paradigmas, convertidos en anacronismos de conductas reprochables (Hablo de esos cineastas que encarnaban el arquetipo de la hombría tradicional, muscular: John Ford, John Huston.) 
Y a quien le cuesta - porque le duele - aceptar que no tiene mucho que dejar a la generación que viene, porque casi todo lo que consideraba valiosa herencia se depreció, perdió valor.

El mundo que estamos transfiriéndoles es una verdadera verga, en todas las acepciones del término
Y además los estamos haciendo verga, o consintiendo que los hagan verga aunque más no sea por omisión

La situación de la juventud actual es la peor del último medio siglo
Igual de mala y de terrible que la situación que sufrieron quienes fueron jóvenes durante la dictadura, porque el gobierno de Milei, que los castiga con la miseria y la devastación mental, es la continuación del genocidio de los ’70 por otros medios (El triste récord actual en materia de suicidios no es sino un síntoma que confirma el diagnóstico.)

Y en lo que hace a las infancias, ni les cuento. 
No hay semana en que no me lleguen historias sobre niños y niñas reales y las salvajes condiciones en que sobreviven. 
Y no en un paraje inhóspito de algún rincón argentino, sino en los suburbios de su ciudad capital, gobernada por un tipo que parece no haberse visto nunca en el espejo - cero conciencia de clase - y que encima, pobre, tiene fobia a las paltas. 
Para narrar cómo viven estas criaturas - su situación económica, familiar, de salud física y mental - habría que inventar un género nuevo, porque ni el drama social ni el realismo más crudo alcanzarían. 
Acá Dickens tendría que cambiar de estilo, para aproximarse a Stephen King. 
Lo que bancan a diario la mayoría de los pibes argentinos está más cerca del horror social que de la literatura infantil.

Vuelvo a Martín (Hache), porque viene a cuento. 
En el final, Martín padre termina hallando algo parecido a la esperanza en la incertidumbre que caracteriza a Martín hijo. 
El tipo que tenía todas las respuestas entiende que el heredero debe crear sus propias preguntas. 
En este aspecto la película también es de enorme vigencia. 
Si algo le estamos legando a nuestros hijos, es un mundo que es un ejemplo palmario, inapelable, de todo lo que no hay que hacer. 
Por suerte, crecer rodeados de mierda no los condena necesariamente a repetir conductas de mierda
Conozco muchas personas que provienen de circunstancias que explicarían, y hasta justificarían, su conversión en gente horrible, y que sin embargo no se torcieron, al contrario: se volvieron luminosas. 
Tal vez el hecho de que Occidente haya dejado de esconder su mugre para exhibirla a la vista de todos ayude a las nuevas generaciones.


Martín (Hache): la juventud a la intemperie.

Hoy hasta el menos avispado puede comprender, y sin necesidad de palabras, que todos nuestros males surgen de la malsana conjunción entre el machismo y su violencia intrínseca, el dinero y el poder tecnológico, y que combatirla nos acercaría sensiblemente a esa revolución a la que Monedero se refería.

Quiero decir, por último, que si volví a ver Martín (Hache) no fue por casualidad. 
Lo hice en el marco de un ciclo de homenaje a Aristarain y a Luis Puenzo, otro grande de nuestro cine que murió este año. 
El ciclo tuvo lugar primero en la Casa de la Provincia de Buenos Aires, Callao al 200, y en estas semanas se vio en La Plata, gracias a la generosidad del Instituto de Cultura de la misma provincia (este viernes 28 cerramos con la exhibición de La historia oficial, de Puenzo, en el Auditorio Hebe de Bonafini de la Calle 49 entre 4 y 5.) 
Una iniciativa modesta, que por fortuna el público acompañó. 
Surgió de mi rabia al mejor estilo de Martín padre, cuando me impresionó la falta de reacción - periodística, política, cultural - ante la desaparición de estos dos grandes. 
Coherente, eso sí, con el proceso de pelotudización en que nos sumió el milei-macrismo a partir de 2015 (cuando pienso que Aristarain pasó sus últimos 22 años de vida sin filmar - y no por sequía creativa, como Hammett, sino porque le faltaron las condiciones que merecía -, me dan ganas de salir a quemar todo como el Mario de Un lugar en el mundo...)

Las películas de Aristarain no están en las grandes plataformas, sino apenas en copias que algún bienintencionado subió a YouTube, donde nadie se topa con ellas a no ser que las busque específicamente. 
Lo cual desespera, porque deberían formar parte de la currícula educativa. 
Son películas que explican quiénes somos y qué queremos mejor que muchos contenidos formales. 
¿Querés contarle a los pibes cómo se vive cuando el sistema te condena y sólo podés confiar en un golpe de suerte? 
Mostrales La parte del león. 
¿Querés contarles cómo se vive bajo una dictadura que reprime y censura tu expresión? 
Mostrales Tiempo de revancha
¿Querés contarles qué pasa cuando, para sobrevivir, decidís integrarte al sistema represivo? 
Mostrales Últimos días de la víctima
¿Querés ayudar a que entiendan qué ocurre cuando una democracia es secuestrada por el capitalismo? 
Mostrales Un lugar en el mundo
¿Querés confesar que no tenés ninguna riqueza ni seguridad que darles, más allá de la certeza de tu amor incondicional? 
Mostrales Martín (Hache).

Estas películas pertenecen al tesoro espiritual y cultural que este país inspiró y todavía inspira. 
Son parte esencial de esas riquezas que escamotean “los que se quedan con el botín”, como los llama Martín padre, para mantenernos brutos y sojuzgados. 
Que no estén a un click de distancia de los más jóvenes es tan sólo una violencia más de las que permitimos que les inflijan. 
No es la peor que sufren, eso está claro. 
Pero no estamos haciendo nada para protegerlos de la una ni de las otras. 
Mientras sigamos de brazos cruzados, tumbados en un sillón y aislándonos de los gritos que resuenan en cada barrio, la última revolución no habrá de llegar.

EL ORDEN EN DISPUTA, de Lucka Glezer - 23/8/2026

¿Se adelantó la competencia electoral o estamos ante un límite material del modelo?


Milei en el Alvear Palace, buen momento para visitar el bar.

Esta semana salió a la superficie una fractura que venía recorriendo por abajo al establishment argentino. 
Los principales empresarios coinciden en sostener el orden macroeconómico que propone Javier Milei, pero discuten si el propio Presidente sigue siendo capaz de garantizar su continuidad.

El escenario donde esa discusión dejó de ser subterránea fue la 23° edición del Council of the Americas. 
Desde hace más de dos décadas, una vez por año el poder económico ocupa el Alvear Palace y escucha desfilar a ministros, gobernadores, Presidentes y empresarios.

La agenda ofrecía una pista sobre la nueva jerarquía empresaria
Petróleo, gas, minería y energía tuvieron un protagonismo difícil de encontrar en ediciones anteriores. 
Hablaron ejecutivos de Glencore, Newmont, CGC y Southern Energy LNG. 
Era la vidriera de la Argentina que exporta recursos naturales y espera dólares. Pero detrás de esa vidriera también caminaron industriales, constructores, automotrices y banqueros que miran el mismo programa desde un lugar bastante menos confortable.
Entre los primeros se ubicó Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, anfitrión junto con Susan Segal, presidenta y CEO de Americas Society y el Council of the Americas. 
Segal conduce la organización estadounidense y Grinman su contraparte local, la CAC.


Segal y Grinman con la criatura.

El encuentro anual del Council no es solamente una conferencia empresarial. 
Es una de esas instituciones que el establishment construye como plataforma de interlocución con el poder político. 
Los empresarios fijan sus prioridades, los funcionarios explican qué hicieron y qué piensan hacer, y de ese intercambio salen señales bastante precisas sobre los límites de la cancha.

Alrededor de Grinman se mueve además una trama empresarial en la que tienen enorme peso Alejandro y Bettina Bulgheroni. 
Bettina es prosecretaria de la propia CAC y dirigente del CICyP, otro de los grandes espacios de articulación del poder económico. 
En esa constelación también se mueve José Luis Manzano, que mantiene desde hace años una estrecha relación con los Bulgheroni y comparte con ellos una agenda cada vez más concentrada en energía y recursos naturales.

“Las bases estructurales del optimismo”, definió un consultor que participó del encuentro. 
La frase sintetiza bastante bien el clima entre los sectores favorecidos por el nuevo esquema: equilibrio fiscal, desregulación, apertura, explotación de recursos naturales y condiciones especiales para las grandes inversiones. 
El optimismo existe. El problema es cuánto territorio económico queda afuera de esas bases.

Bettina Bulgheroni no necesitó subir al escenario para ocupar un lugar central. Sentada adelante, pasó buena parte de la jornada recibiendo y conversando con funcionarios, gobernadores y empresarios. 
La representación institucional del capital con asistencia perfecta: todo el Grupo de los Seis pasó por el Alvear.
El Grupo de los Seis reúne a la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Sociedad Rural Argentina y ADEBA, que representa a los bancos privados de capital nacional. Industria, comercio, construcción, mercado de capitales, campo y bancos.

Pero en esa mesa falta una silla. 
El petróleo y el gas no tienen representación propia, aunque Vaca Muerta convirtió a la energía en el segundo gran complejo exportador argentino y en la principal apuesta para generar los dólares de los próximos años. 
La institucionalidad del establishment conserva todavía la arquitectura de una dinámica económica anterior.

Eduardo Elsztain, titular del grupo IRSA, se dejó ver durante un rato. 
Ricardo Markous, presidente de Tecpetrol, el brazo petrolero del grupo Techint, escuchó las exposiciones junto a David Uriburu, vicepresidente de la UIA y hombre estrechamente ligado al holding de Paolo Rocca.
El salón permitía recorrer en pocos metros las distintas fracciones del capital argentino.
Algunas tienen motivos para celebrar. 
Otras hacen números y encuentran cada vez menos razones.

Dos lados en un mismo lado

La fractura quedó expuesta desde el discurso de bienvenida. 
“¿De qué lado vas a estar?”, interpeló Grinman. 
Antes había contrapuesto el esquema actual con el regreso de un “Estado omnipresente, que todo lo regulaba, que todo lo controlaba, que todo lo decidía”
También reconoció que la mayor libertad económica tiene costos y sostuvo que el sector privado debe asumir más responsabilidades.

Una primera lectura de la interpelación de Grinman remite a una frontera conocida: Milei o el regreso del populismo y de aquel Estado omnipresente que acababa de describir
Pero en el Alvear había dos lados dentro del mismo lado.

Nadie discute el equilibrio fiscal, la apertura, la desregulación o la necesidad de preservar el orden macroeconómico. 
La diferencia es política. 
Una parte del establishment todavía considera que Milei es el mejor garante de ese orden. 
Otra se pregunta si hace falta construir una alternativa capaz de preservar ese orden. Si acaso no es Milei el que lo pone en riesgo.

La discusión, entonces, no es sobre el modelo sino sobre quién puede levantar el dique político que garantice su continuidad si el deterioro de la actividad, los ingresos y las condiciones de vida terminan convirtiendo a Milei en un riesgo para aquello que debía custodiar.

La preocupación tiene dos niveles. El primero es económico. 
Una actividad debilitada reduce la recaudación y mete presión sobre el resultado fiscal, precisamente uno de los pilares de esas “bases estructurales del optimismo”.

“El empresariado está de acuerdo en que la macro tiene que estar ordenada. Dicho eso, cuando hablamos de la micro, tengo ciertas diferencias con el gobierno”, dijo Gustavo Weiss, uno de los rostros visibles de la construcción, un sector que cayó alrededor del 25% desde 2023 y acumula 120.000 empleos perdidos. 
Después completó la idea: “Si esto sigue así, volvemos al péndulo. Creo que el riesgo K existe si no se presta atención, la gente vota con el bolsillo”.

La declaración de Weiss es muy elocuente en términos políticos, pero en términos económicos esa separación entre macro y micro no existe. 
La micro está agujereando el ancla fiscal desde la recaudación.

El resultado fiscal perdió holgura. 
En julio el gobierno obtuvo un superávit primario de 2,96 billones de pesos y, después de pagar 2,71 billones de intereses, quedaron apenas 244.897 millones de superávit financiero.
En los primeros siete meses del año el resultado primario acumuló alrededor del 0,9% del PBI, cuando a esta altura del año pasado llegaba al 1,1%. 
El resultado financiero se angostó todavía más: pasó de aproximadamente 0,3% a 0,1% del PBI.

Hay además una pequeña trampilla contable que señaló el propio Fondo Monetario. 
El resultado financiero que publica el gobierno está medido base caja y no contabiliza como gasto corriente los intereses de los bonos cupón cero que se capitalizan y recién se pagan al vencimiento. 
El staff del FMI lo dejó escrito en una nota al pie de su último informe: si se incorporara por encima de la línea el componente real de esos intereses capitalizados, el resultado fiscal que el Fondo calculó para 2025 pasaría de equilibrio a un déficit de alrededor del 0,8% del PBI
No es una diferencia menor para un programa que convirtió el déficit cero en certificado de buena conducta.


La deuda también deja cuentas esperando en otra ventanilla.

A junio, la Administración Pública Nacional acumulaba 3,9 billones de pesos de deuda flotante: gasto ya devengado que todavía no había sido pagado. Representaba el 7,3% de todo el gasto devengado durante el semestre, frente al 6,9% de un año antes.

El atraso creció especialmente en transferencias corrientes, donde pasó del 6,9% al 8,3% del gasto devengado, y en gastos de capital, del 13,7% al 16,6%. 
Una parte de esas transferencias está asociada a subsidios. 
Sólo en julio Economía informó 1,18 billones de pesos de subsidios económicos, de los cuales 874.568 millones correspondieron a energía. 
Patear un pago no elimina el gasto. Solamente permite que llegue más tarde a la caja.

Pero el problema más difícil de esconder está del otro lado de la cuenta. 
Los ingresos totales de julio aumentaron 30,4% interanual y los tributarios 29,6%, por debajo de la inflación. 
La debilidad ya venía siendo advertida por el propio Fondo: hasta abril la recaudación acumulaba una caída real interanual del 7%. 
El IVA, particularmente sensible al movimiento del consumo y la actividad, explica una parte importante del deterioro.

La segunda preocupación es política. 
Parte del círculo rojo observa el deterioro de las condiciones de vida de las clases medias y teme que ese malestar termine acumulándose detrás de una alternativa opositora que vuelva a poner en discusión las reglas de juego que hoy consideran favorables para sus negocios.

Los que más corcovean son, naturalmente, los perdedores. 
La diferencia de temperatura se hizo visible cuando José Luis Daza defendió la sustentabilidad del programa. 
Mientras el chileno viceministro de economía explicaba desde el escenario que el modelo es sustentable porque responde a las reglas que enseñan los libros que él estudió; Martín Rappallini, de la UIA, y Weiss, de la Construcción, cuchicheaban y sonreían entre ellos
Dos sectores que conocen otra bibliografía: balances, despidos, plantas trabajando por debajo de su capacidad y obras detenidas.

La distancia se volvió todavía menos protocolar cuando llegó Milei. 
Rappallini decidió que era un buen momento para tomar un café en el bar del Alvear. 
No estaba solo. Cerca suyo, ejecutivos automotores repasaban una caída del 20% de las ventas y del 15% de la producción
Repetían además una cifra con cierta obstinación: habían invertido alrededor de 2.500 millones de dólares sin pasar por la ventanilla del RIGI.

La disputa ya había dejado otras marcas antes del Council. 
La pelea del gobierno con Paolo Rocca, la confrontación con Clarín y Héctor Magnetto y las críticas crecientes de la UIA forman parte de la misma reorganización. 

Techint conserva una gravitación decisiva sobre la central industrial. 
Rappallini prepara para el Día de la Industria un mensaje crítico sobre el rumbo económico. 
El acto tendrá además una escenografía particular: será en una planta del grupo de Hugo Sigman.

En medio de este clima, no parece casual que el Banco Macro propiedad de Jorge Brito y Ezequiel Carballo pusiera sobre la mesa la discusión por la llamada “mora importada”: las normas del Banco Central pueden obligar a una entidad a empeorar la calificación de un cliente por incumplimientos registrados en otro banco o proveedor de crédito, aunque con ella continúe pagando.

La protesta regulatoria existe, pero detrás hay algo que ninguna recalificación puede explicar. 
Según los datos recientes publicados por el CEPA, la mora bancaria total llegó al 7,6%, contra apenas 1,5% en octubre de 2024. 
Entre las familias trepó del 2,5% al 12,8% en ese mismo período y entre las empresas, del 0,7% al 3,5%. 
En los préstamos personales la irregularidad llegó al 15,9% y en tarjetas al 13,1%.

El problema es todavía más profundo fuera de los bancos. 
La mora con billeteras y proveedores no financieros llegó al 30,1%. 
Casi 21 millones de personas tenían algún tipo de deuda y alrededor de 5,9 millones registraban atrasos.

La incomodidad cruza las puertas del Alvear.

En Nueva York, algunos inversores salieron poco entusiasmados de una reunión en la que Daza volvió a asegurar que la Argentina no buscará financiamiento adicional en el mercado internacional.
El Presidente contó con los dólares de afuera desde el minuto uno. 
Antes de asumir, en una entrevista televisiva, Alejandro Fantino le preguntó si los tenía asegurados. 
Milei levantó el teléfono y respondió: “Los tengo acá. ¿Querés ver?”
Era la promesa de que los contactos, la confianza del mercado y el cambio de régimen alcanzarían para abrir Wall Street. 
La puerta nunca se abrió.

Desde entonces, Luis Caputo fue construyendo puentes colgantes. 
Primero fue la devaluación y la ventaja cambiaria inicial para acelerar la liquidación del agro. 
Después llegaron el blanqueo, los desembolsos de los organismos internacionales, el regreso al Fondo Monetario, los repos con bancos, los préstamos garantizados y hasta las operaciones con el oro del Banco Central como respaldo para conseguir liquidez. 
Cada puente permitió llegar hasta el siguiente. 
Ninguno consiguió abrir Wall Street.

Esta semana el riesgo país llegó a 532 puntos básicos, su máximo en tres meses, después de 14 ruedas consecutivas de suba y de acumular alrededor del 24% en agosto. 
Cada punto que sube aleja a la Argentina de ese paraíso prometido.

La dificultad argentina coincide, además, con una tormenta en el centro del sistema. 
Scott Bessent desembolsó 4.000 millones de dólares para la recompra de bonos largos del Tesoro para intentar contener las tasas, pero el alivio duró poco. 
El rendimiento del Treasury a diez años volvió al 4,69% y el de treinta años superó el 5%. 
El costo del financiamiento de Occidente está en su nivel más alto en dos décadas.

Entonces, si el “orden macroeconómico” consiste en equilibrio fiscal y deuda sostenible, no sobra demasiado orden en la economía que debe financiar al resto del mundo para sostener su hegemonía. 
Estados Unidos proyecta para 2026 un déficit de 1,9 billones de dólares, equivalente al 5,8% del PBI, frente a un promedio de 3,8% durante los últimos cincuenta años. 
La deuda en manos del público ya equivale al 101% del PBI y los intereses netos restan otro 3,3% del producto.

Un significante vacío

El “orden macroeconómico” aparece, sin embargo, como lo único que nadie discute. 
Aunque nadie termine de explicar qué significa. 
No parece ser un dólar inmóvil, porque los mismos empresarios reclaman competitividad cambiaria. 
Tampoco alcanza con el superávit fiscal, porque industriales y constructores piden obra pública, actividad y una recuperación de la demanda que, entre otras cosas, vuelva a alimentar la recaudación del IVA. 
Ni siquiera puede reducirse al acceso al crédito, porque Wall Street continúa cerrado. 
La expresión funciona mejor cuanto menos se la define
Es un significante vacío que permite reunir intereses distintos y hasta contradictorios bajo una misma bandera. 
Quizás por eso la discusión sobre su contenido permanece blindada: orden macroeconómico termina llamándose al modelo capaz de garantizar los negocios de quienes tienen capacidad para definir qué significa el orden.

Desde ese mismo establishment que blinda la discusión respecto a qué es el orden macroeconómico, predomina una interpretación: se adelantó la conversación electoral
El mercado, sostienen, comenzó a incorporar el riesgo político de 2027 y a preguntarse por la continuidad del programa.

Pero existe otra lectura posible, más concreta. 
Lo que se está achicando es el flujo de divisas que permitió sostener el modelo económico.
Pasó el grueso de la cosecha y una parte de los granos que permanecen en silobolsas espera mejores precios, lo que también quiere decir un tipo de cambio más conveniente.
Perdió además fuerza el impulso extraordinario del petróleo. 
El barril retrocedió hacia la zona de los 90 dólares después de haber tocado los 115, un precio que había multiplicado el ingreso de divisas por las exportaciones energéticas.
A eso se suma que los dólares financieros y del endeudamiento privado entran con menor intensidad.

Del otro lado, la demanda se mantiene extraordinariamente alta. 
En seis meses sumaron casi 16.900 millones de dólares. 
La cobertura crece. Y la pregunta es: ¿se adelantó la disputa electoral o estamos ante un límite material del modelo?

 

LA PIEDRA DE LA LOCURA, de Horacio Verbitzky - 23/8/2026


El Bosco: Extracción de la piedra de la Locura (1475-1480).
Intervenido por Navaja, animado por Silvia Canosa

La idea no es nueva.
Desde que Javier Milei asumió la presidencia, ronda la sospecha de que sus facultades intelectuales no están alineadas como corresponde.
Pero a medida que se aproxima el último año de su mandato de cuatro, esas conjeturas se parecen cada vez más a convicciones y se pronuncian en voz más alta y en ámbitos más significativos, como contamos la semana pasada.
Como un mal de época, esto ocurre también en Estados Unidos con el Presidente Donald Trump.
En 2011 el director escocés David Mackenzie dirigió la película Perfect Sense, en la que la humanidad va perdiendo uno por uno los sentidos del olfato, el gusto, el oído y la vista, y cada pérdida va precedida por una crisis física o emocional colectiva.
Pero luego la humanidad se adapta y sigue viviendo con el resto de los sentidos.
El último que se pierde es la vista, de modo que la película (y se supone la vida en el planeta) transcurre en la más completa oscuridad. 
Sólo subsiste el tacto.

Todo parece indicar que ni en Estados Unidos ni en la Argentina el proceso de adaptación a una modificación tan insoportable llegará a ese punto.
Antes, las respectivas sociedades extraerán la piedra de la locura del cráneo de sus gobernantes.
Ese es el tema y el título del cuadro que El Bosco pintó entre 1475 y 1480 en los Países Bajos, aunque hoy se exhibe en el Museo del Prado de Madrid.
Es el que Navaja intervino y Silvia Canosa animó e ilustra la portada de esta edición de El Cohete a la Luna.

En ambos países, ambas sociedades lo están intentando. 
Aquí comenzaron con la gigantesca movilización de 60 cuadras, en una cola que comenzaba frente al ataúd del Indio Solari en Villa Domínico y terminaba en la Ciudad de Buenos Aires.
Continuó con una operación parecida a la de El Bosco, con la extracción de los dos títulos fundamentales del proyecto de ley de los Hermanos Milei que hubieran consagrado la extranjerización de tierras y las condiciones para el manejo de aquellas consumidas por el fuego.
Y hubo un rebrote nacionalista en torno de las islas Malvinas.
La diputada Agustina Propato se negó a ocultar una remera con el perfil de las islas, como exigió la embajadora británica, con el apoyo de varios legisladores argentos.
El torpe castigo impuesto a la AFA por la FIFA contribuye a mantener esa tensión.

En Estados Unidos el primer aviso fue la elección como intendente de Manhattan de Zohran Mamdani, un socialista democrático que es el primer alcalde musulmán de la Gran Manzana, y prosiguió con una sucesión de derrotas de los precandidatos preferidos por Trump en las primarias republicanas, tanto en estados gobernados por los republicanos cuanto por los demócratas.
Los socialistas han comenzado a mencionar una posible candidatura presidencial para suceder a Trump de la legisladora más joven de la historia, Alexandria Ocasio - Cortez, de 35 años.
Esta ex camarera de origen portorriqueño sería la heredera perfecta de Bernie Sanders.
Esto ha hecho crecer el temor de que Trump falsee los resultados en la elección de noviembre, tal como intentó en 2020.

Allí sólo faltan tres meses para la próxima cita a las urnas, pero en la Argentina eso recién ocurrirá avanzado el año próximo.
La fecha exacta dependerá de la eliminación o el mantenimiento de las PASO.
Suprimirlas, o al menos suspenderlas por la próxima contienda, es el objetivo principal al que dedica todos sus esfuerzos la Zarina en la mesa política que comparte con libertarios y PROcaces.
Sin embargo, aquí también es ostensible que la campaña ha comenzado, y con ella las especulaciones sobre una hipotética remoción del Presidente, por aplicación de la Doctrina El Bosco.

Milei no cesa de acumular contratiempos.

El más reciente fue la detención en Bolivia de su operador Fernando Cerimedo, en prisión preventiva por al menos seis meses, por el intento de feminicidio de su pareja, la abogada Nadia Beller, baleada por dos sicarios disfrazados de repartidores de comida, en una dirección a la que fue enviada por Cerimedo a buscar documentos probatorios de un presunto abuso sexual de Evo Morales contra una chiquita de 13 años.

Una acusación similar se lanzó contra Evo en 2020, por estupro agravado y trata/ tráfico de personas, del que había nacido una criatura, pero la fiscalía no sostuvo la denuncia porque no halló pruebas.
Cerimedo forma parte de una red de ultraderecha.
Se jacta de haber participado en las acciones para conseguir las victorias de los partidos extremistas en la Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Honduras y estar trabajando en el mismo sentido contra Lula en Brasil y Claudia Sheinbaum en México. 
Sheinbaum lo reveló en una de sus mañaneras de esta semana, con una sonrisa irónica.

Nadia Beller ha concedido entrevistas desde el hospital donde fue internada en Santa Cruz de la Sierra.
Entre otras cosas, contó que estaba embarazada de Cerimedo, quien es asesor del Presidente boliviano Rodrigo Paz.
También dijo que Cerimedo le contó que la hermana de Milei estaba involucrada en casos de corrupción.
Pero también le mostró un cajón repleto de dinero que, dijo, debía entregarle a la Zarina, con lo cual él sería parte de lo que denunciaba.

Según Beller, Cerimedo y su pareja estable, Natalia Basil, fueron quienes filtraron los audios de Diego Spagnuolo, sobre el 3% de Andis para la Guantanamera. 
Basil renunció a la dirección de Apoyos y Asignaciones Económicas de la Agencia Nacional de Discapacidad en noviembre de 2024, cuatro meses después de que se grabaran esos audios (en julio de 2024) y diez meses antes de que se difundieran (en agosto de 2025).
Esto parece avalar que Milei no tiene contacto con Cerimedo desde hace más de un año, como afirma el entorno presidencial.
El creador de La Derecha Diario se desplazó a Bolivia para trabajar con Rodrigo Paz.
Otro aspecto llamativo de esta turbia historia es que las dos fotos que se difundieron de Beller, una en la cama del hospital, y otra bien pintada y vestida, son muy distintas.
La nariz de la segunda parece de otra persona, posterior a una cirugía, una secuencia imposible.



Nadia después del atentado.


Nadia y Cerimedo.

En el celular del detenido se encontró la grabación de un diálogo en el que Cerimedo dice: "O la eliminamos ya o estamos jodidos. ¿Conoces a alguien que pueda hacer el trabajo?”

Ella le había anticipado que iba a hacer público todo lo que sabía sobre los negocios de Cerimedo con los Hermanos Milei, porque él la había golpeado pese a saber que estaba encinta.
Luego de un ataque de llanto, en el que reclamaba ver a sus hijos, la declaración indagatoria de Cerimedo se postergó para el viernes 21.
Al comienzo de una audiencia de siete horas, el juez Wilson Espada rechazó todas las nulidades articuladas por la defensa de Cerimedo, y terminó por aceptar la solicitud de la fiscalía: 180 días hábiles de prisión preventiva en la cárcel de alta seguridad de Palmasola.

Cherchez la femme

El gobierno argentino se lanzó a una apasionada defensa de Cerimedo, implicando a Nadia Beller en un autoatentado, pese a que los médicos bolivianos certificaron la extracción de varios proyectiles de su cuerpo y lesiones en el tórax, el brazo derecho, el cuello y el hombro izquierdo.
También le colocaron una placa metálica y clavos para iniciar la reconstrucción del hombro destruido.
La decisión de Beller de incriminar a la Zarina en el cobro de coimas y de involucrar a Cerimedo en esas revelaciones, ¿es la represalia de la mujer por los golpes que le propinó Cerimedo y su intento de abandonarla para dirigirse a Buenos Aires, donde tenía otra pareja femenina?

Otro mensaje recibido por Cerimedo dice: "Hermano, en este momento le dispararon...".
A diferencia de las actuaciones de la Justicia argentina en casos equivalentes, los jueces y fiscales de Santa Cruz de la Sierra actuaron con rapidez en la investigación y la recolección de pruebas, accedieron al contenido de los teléfonos de los protagonistas e impidieron la fuga de Cerimedo cuando ya había embarcado rumbo a Buenos Aires, donde fue ostensible la protección con que contaba.
Aunque lo extrajeron de la máquina que ya carreteaba, Cerimedo dejó una carta manuscrita en la que niega haber intentado fugarse de Bolivia.
La diputada maquilladora Lilia Lemoine posteó que "los sicarios estudiaron en la academia para copitos Montiel".

De este modo comenzó la operación para desdeñar lo sucedido, tal como hicieron hace cuatro años cuando no salió la bala percutida por Sabag Montiel a centímetros del rostro de CFK.
Milei reposteó los textos de Lilia Lemoine, aunque no tiene forma de negar su relación estrecha con Cerimedo, de quien se afirma que se desprendió del paquete accionario de La Derecha Diario.
La continuidad o no de Milei en un segundo mandato fue el tema principal en los corrillos del encuentro de la Sociedad de las Américas, que presidió la adiestradora de presidentes Susan Segal. 
Milei no la reconoció y siguió de largo sin saludarla.


Susan Segal. Condenados al éxito.


En otra nota de esta edición, Lucka Glezer te ofrece todos los detalles de lo que se trató y qué posición sostuvo cada asistente.
Ni siquiera se privaron de decir que estaban "hartos" de Milei
Ya sin Corona a la q­ue rendir cuentas, o detrás de la cual escudar sus negocios, José Luis Manzano va en camino de convertirse en uno de los empresarios más poderosos del país.
El Presidente contribuyó con una nueva ronda de destratos a los industriales metalúrgicos, que están entre los más castigados por las políticas de su gobierno y que no piensan en nada con más insistencia que en su reemplazo dentro de un año.
Luego de mencionar a Paolo Rocca y a Javier Madanes Quintanilla, espetó: "Los prebendarios hijos de puta tienen que quebrar".

En una deriva errática, pasó de la economía al descenso de la natalidad, que atribuyó a una de sus obsesiones.
"La Argentina paga muy cara la locura de los pañuelitos verdes", dijo.

Quien le respondió fue Kirchner, durante una extensa entrevista con Facundo Pedrini, que es uno de los directivos de Crónica Televisión, un periodista joven que pregunta bien en medios audiovisuales, aunque no siempre tiene la información correcta sobre cada tema.
Kirchner respondió: "El aborto fue sancionado en 2020 y la tasa de natalidad viene decreciendo desde 2015.
O sea, el Presidente está diciendo algo que es mentira para tratar de dividir más, pivotar sobre esa cosa celeste - verde que fue muy maniquea".

En el lenguaje de Milei, Cerimedo estaría haciendo pagar cara a la Argentina la locura de las balas celestes con las que intentó eliminar a su pareja embarazada.
La participación de Susan Segal en un foro en el que se discute con tanta franqueza el futuro de Milei se explica por el disgusto de una parte significativa del poder económico estadounidense con el Presidente Donald Trump.
El Council of Americas, fundado en 1963 por el banquero David Rockefeller, nieto del CEO de la Standard Oil, y la Sociedad de las Américas, creada dos años después, defienden los intereses de las grandes empresas estadounidenses en Centro y Sub América y no necesariamente las políticas coyunturales de un determinado gobernante de su país.

Trump es el primer mandatario que intentó, y sigue intentando, llevarse por delante el sistema de controles fijado por la Constitución.
Su actitud imperial no es del agrado de los emperadores tradicionales que, de todos modos, agradecen la rebaja de impuestos, habitual entre los republicanos.
Además, el poder de Trump coincide con el crecimiento de una nueva élite tecnocrática, del mismo estilo del Presidente, como Elon Musk, Peter Thiel, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Tim Cook, Sundar Pichai y Sam Altman.

Además de la reforma electoral, Milei está empeñado en reemplazar la ley de sociedades 19.550, de 1972.
Es uno de los proyectos que Sturzenegger había elaborado para Patio Bullrich en 2023.
Ingresó al Senado el 1° de junio de 2026 y permanece en la Comisión de Legislación General, que ha convocado a especialistas de distintas tendencias.
La mayor discusión giró en torno a las denominadas sociedades automatizadas, manejadas por algoritmos, sin socios humanos.
Ante el caudal de críticas, el gobierno se muestra dispuesto a corregir ese punto.
De sancionarse, se incrementaría la autonomía de los socios y el estatuto prevalecería sobre la ley, cuyas normas pasarían a ser supletorias.
Es un esquema vigente en Estados Unidos, que la jueza Loretta Preska aplicó en el caso por la expropiación de YPF, pero que la Cámara de Apelaciones de Wall Street revirtió, porque la jueza tomó en cuenta el estatuto de Repsol-YPF y no la ley argentina de expropiación.

Paralelo al proyecto de ley de sociedades, el gobierno también intenta que el Congreso sancione el de patentes, que es uno de los rubros en los que la industria argentina compite con las de Estados Unidos y Europa: la de medicamentos.
La Cámara que las agrupa (CILFA) objetó el título II del proyecto transcripto por El Coloso, al paladar del Big Pharma.
Por lo que se escuchó en el Council of Americas, los laboratorios locales, que importan los principios activos de la India entre otros países, y con ellos producen aquí los medicamentos, consiguieron que ese modus operandi no sea afectado por la nueva ley.


Eduardo Basualdo.

Por su parte la ex Presidenta CFK está trabajando en varios borradores con los que confrontará al gobierno de los Hermanos Milei en los próximos meses.
Por un lado, se propone institucionalizar a los grupos económicos dentro de la ley de sociedades.
El pionero en esa materia fue el economista e historiador Eduardo Basualdo, que trabajó el tema junto con Daniel Azpiazu, Miguel Khavisse y Pablo Manzanelli, entre otros.
Fallecido en 2024 a los 79 años, también avanzó con borradores de un proyecto de ley, que es el material sobre el que está trabajando Cristina.
Es el intelectual orgánico que mayores aportes hizo en el último medio siglo para entender los desafíos que enfrenta el pueblo argentino.
Creó y dirigió el área de Economía y Tecnología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

La idea es modernizar la legislación.

Alemania sancionó una ley similar en 1975, que fue seguida por Portugal, Italia, Suiza, España, Noruega, Francia, Brasil, México, Colombia y Chile, entre otros.
La institucionalización de los grupos económicos debería disminuir los elevados niveles de elusión, evasión y fuga de dólares al exterior y reorientar el excedente a la inversión productiva para el desarrollo.
Desde el golpe de 1976 hasta el año pasado se fugaron 436.000 millones de dólares. Esto equivale a un PBI y medio. 
En proporción al tamaño de las respectivas economías, esto es el triple que en Brasil.

Esta ley aminoraría la restricción externa de la economía bimonetaria que caracteriza al país, agravada por el crecimiento exponencial del endeudamiento externo, desde el macrismo en adelante.
Esto podría lograrse sin crear nuevos impuestos ni incrementar los existentes.
Así se interrumpiría el círculo vicioso de evasión, fuga, crisis y endeudamiento.
Si el proyecto de Sturzenegger reduciría los controles y la regulación estatal, el de Basualdo incrementaría la fiscalización y delimitaría la actividad de las sociedades offshore constituidas en guaridas fiscales.

Los grupos son inexistentes para la ley, pero fundamentales en el funcionamiento de la economía.
Su incorporación en la ley general de sociedades permitiría regular las maniobras de evasión y elusión fiscal, las triangulaciones de comercio exterior entre empresas vinculadas, la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones, con la consecuente manipulación de precios de transferencia.
Los sistemas de control y justicia adquirían así nuevos instrumentos, para reforzar la capacidad fiscal y equilibrar las cuentas públicas.
Así se alivianaría la carga sobre las pymes, la clase media y el conjunto de los trabajadores.

Desde que asumió Milei cerraron más de 30.000 pymes.

Un dato que siempre asombra es que la Argentina está entre los cinco países que tienen la mayor cantidad de dólares en guaridas fiscales del mundo.
Como lo que se fuga no es el consumo de los propietarios de las mayores empresas, sino la inversión, esto limita la capacidad de desarrollo productivo y genera las tensiones cambiarias que disparan la inflación.
Investigaciones globales, como los Pandora Papers, muestran que nueve de las diez familias más ricas del país figuran en esos documentos con sociedades y fideicomisos offshore.
Un dato que requerirá amplia difusión para salir al paso de las previsibles campañas de desinformación, como ya ocurrió con el impuesto extraordinario a las grandes fortunas que presentó el diputado Máximo Kirchner, sólo afectará al 3% de las empresas argentinas
Son las que más ganan y menos pagan.

LA TRIPA FÉTIDA DEL FASCISMO, por Sandra Russo, Página 12, 22 de agosto de 2026

Nada podría sintetizar mejor la locura criminal que traen los tecnofachos que el episodio Cerimedo.
Ninguno de los Chucky que promueven y hacen ganar en la región de modo sucio puede gobernar sin la ayuda de algún Cerimedo en la oficina de al lado.
Están desplegando justo ahora su pseudogramsciana “batalla cultural”.

El escándalo también hace trizas esa idea de un Gramsci que nunca estuvo a su alcance: no concibió a los intelectuales orgánicos como matones ni corruptos hasta la médula ni estafadores.
El fascismo no puede argumentar ni crear porque su lenguaje es falso, es un pobre rejunte de falacias, números falsos, operaciones de cancelación y gente de mierda.

El caso Cerimedo trae también la problemática de género como telón de fondo. Esa con la que la ultraderecha se está metiendo para eliminar todas las conquistas y devolvernos al centro del hogar, porque los varones y mujeres - patriarcado 2.0 full full - que la encarnan necesitan infancias a su disposición.
El detalle es que sus políticas de hambre en todos los países que cayeron en su red impiden que haya varones proveedores.

Una vez más, además de crueldad con las mujeres, locura y perversión.
Como en Chile, donde Kast quiere que las mujeres violadas sean obligadas a escuchar los latidos de feto antes de abortar.
Que se lo cuenten a Cerimedo.

Van por la derogación de las leyes de interrupción voluntaria del embarazo, la educación sexual integral, y la baja de la figura de femicidio en todos los países donde meten la bota, que ahora se llama algoritmo.
Tomo este eje aunque podría tomar cualquier otro, en los que están funcionando como una motosierra institucional y vital.
Lo tomo por el síntoma Cerimedo.

Es el principal operador de la ultraderecha en la región desde que comenzó el proyecto de la internacional fascista.
El que fundó junto a su mujer - que él llama “su mentora” - La Derecha diario en plena pandemia, cuando Milei hacía sketches idiotas en televisión.
El que responde al norte, al que Cristina decía que había que mirar si le pasaba algo.
Trabaja en todas partes, como en Honduras, intentando crear una realidad paralela de noticias falsas para abortar - eso sí les cabe - cualquier intento de gobierno popular en el patio de atrás.

Organizó miles de cuentas falsas que llamaron a los bolsonaristas a intentar el golpe de enero de 2023.
Ahora mismo se encontraron en su casa boliviana gran cantidad de boots a favor de Milei.

Y de pronto, azarosamente, porque Nadia Beller sobrevivió por milímetros y el húmero fracturado le protegió el pulmón, la verdad de su propia naturaleza criminal está expuesta.
Y no solo la suya: expone la tripa fétida del fascismo, que contiene lo peor de la condición humana.
Cerimedo es una de las herramientas indispensables para construir lo que estos pervertidos llaman “gobernabilidad”.

¿Cómo se defiende?
“Un autoatentado”. Como dijeron de Cristina.

Se repiten. Están gastados.
Repitiendo gansada tras gansada, porque ahora del otro lado no los escucha una masa alienada de pelotudos, sino un pueblo desesperado que está podrido de que este tipo tenga en mente hacer otro recital.
La gente se muere y él piensa en él.

Cerimedo, el tipo que hace ganar elecciones a los presidentes “celestes”, manda a matar a su pareja embarazada.
No más palabras, ¿no?

El rey ya estaba desnudo, no sólo por sus debilidades evidentes y su inferioridad ética y estética.
Milei es como todos los demás engendros.
Pero el episodio Cerimedo, en esta etapa que comenzó con su propia detención y siguió con las explosivas declaraciones de su víctima frustrada, lo que deja ver no es la desnudez de la ultraderecha global, sino su tripa: y está podrida.

Milei es el que vimos con los ojos estallados.
Nada le cierra y ofende con su ensimismamiento, burlándose de los millones de personas que no llegan a fin de mes.
Todo se le cae.
Thiel se le borró de la cumbre.
Lo resiente que exista gente de carne y hueso.
Gente que es del mal, porque quieren que haya un Estado que regule, que ampare, que se ponga del lado suyo y no del de su verdugo.
Que exijamos vivir y pensar y comer nos hace “malditos”.

Milei está chocando de frente contra la verdad, porque nunca hubo posverdad. Hubo manipulación y encubrimiento.
Eso es Cerimedo además de un femicida, o mejor dicho de un feminicida, porque nada menos que el Jefe de la Policía boliviana fue su cómplice.

La verdad sigue viva y presente en los estómagos y el desánimo de la buena gente que ya no tiene ganas de vivir.
Y está viva y arde en la ira que sentimos.

Es el momento de aullar.

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