martes, 7 de julio de 2026

NUESTRO AMO JUEGA A LA INTERNA, de Diego Valeriano - 1 / 7 / 2026

¿Sabés por qué juegan a la interna?
Porque pueden, porque tienen tiempo, porque no les importa, porque se cubren entre ellos.

¿Total qué les cambia?
Si llegar a fin de mes no es un tema.
No le deben doscientas lucas a Mercado Pago.
No tienen que esperar a que cierre la tarjeta para ir al súper, ni poner cinco palos para renovar el alquiler.
Juegan de lo al pedo que están, de lo resuelto que tienen lo urgente.

O por ahí juegan porque no entienden.
Por ahí es eso, que no entienden cómo la estamos pasando, lo que está pasando.
Cómo se nos escurre la guita de entre los dedos.
Capaz que no entienden porque no tienen amigos que hacen Uber cuando salen del laburo, ni sus hijos tienen amigos haciendo Rappi, ni sus vecinos parecen estar pasándola tan mal en ese barrio cerrado donde viven.
Ni hay hora pico cuando viajan en primera.
Por ahí su preocupación hoy por hoy es que no los agarre la cámara en Miami en el partido de la selección.
Si los para un movilero, ¿van a hablar de la interna?

Antes la militancia hablaba de bajar al barrio, una expresión por demás elitista, de casta, turista.
Pero ya ni eso.
Ni bajan, ni pasan, ni viven.
Ni saben.

Me acuerdo cuando una candidata se filmó hablando con Alberto el día que Cristina anunció su candidatura a presidente.
Decía que estaba en un barrio muy pobre y que podían no haber entendido, pero entendían y estaban contentos.
¿Dónde habrá quedado esa alegría?
Hoy es exactamente al revés.

Podríamos entender las internas, pero no las entendemos y no nos ponen contentos.
Aunque, en el fondo, sí las comprendemos, porque entendemos.
Están en otra.
Otro level.
Otra vida.
Otro flipper.
Otras conversaciones, otras operaciones, otros negocios.


¿Sabés por qué juegan a la interna?
Porque pueden, porque tienen tiempo, porque no les importa, porque se cubren entre ellos.
¿Total qué les cambia?
Si llegar a fin de mes no es un tema.
No le deben doscientas lucas a Mercado Pago

Voy de la cocina, luego al comedor, me muevo para aquí, me muevo para allá, ya pasaron treinta años de la muerte de Norma Plá.

Más del 80% de las familias argentinas vive con menos de un palo por mes.
¿Tan importante es que vaya a visitarla?
¿Tan importante es no ir?
Que si vengo que no voy, que si estoy que me pierdo.
Un depto, un nombre, una consigna.
No es ella, soy yo, pero es ella, son ellos
¿Sueñan los dirigentes con ovejas obedientes?

Todos somos, fuimos o vamos a ser Uber.
No entiendo, pero entiendo. Entiendo, pero aburren.
Uber, Rappi, DiDi, repartidores de Mercado Libre, revendedoras, barberos, manicuristas.
ATR 24/7 se debería llamar la agrupación de los no politizados.

Para entender la interna hay que tener tiempo libre, hay que tener fin de mes, hay que tener ganas.
Y ya casi que ganas no hay, porque no hay tiempo libre, porque no existe fin de mes.
De tanto que le gusta la inflación devalúan las palabras.

Moreno ataca a Kamchatka.
Villarruel le corta con menos diez a Adorni.
Berni y Santilli avanzan dos casilleros.
Patricia tira, porque le toca.
El conurbano como tablero de un T.E.G. invivible.

Una lógica de centro de estudiantes, una pyme que no para de cerrar sucursales desde que la maneja el hijo, unas familias funcionalmente disfuncionales.
Un complejo sistema de herencias, traiciones, internas y lealtades que nadie entiende, que a nadie le importa.
La militancia, el vacío, Bielsa, la hermana, el hijo, el primo, el Mundial.
Por suerte, está el Mundial.
Y la Selección que no juega internas.

EL MALENTENDIDO VIRTUOSO: APUNTES SOBRE LA SOCIEDAD MODIFICADA Y EL PERONISMO POSIBLE, de Santiago Stura - 3/7/2026

1. El péndulo de la frustración

El horizonte de 2027 ya resuena en el almanaque político y lo hace bajo el signo de una sospecha: llegar con la posibilidad de una nueva decepción colectiva.
No hablamos acá de los núcleos duros, de las tribus que habitan los márgenes de la polarización: ni el peronismo/ kirchnerismo, ni el antiperonismo visceral y conservador.
La llave de la próxima encrucijada electoral la tiene ese 35 o 40 por ciento fluctuante, una masa ondulante de ciudadanos que acumula más de una década de promesas rotas y frustraciones en serie.

En ese territorio difuso se cocina el sentido del país que viene.
Lo que ahí crece no es una opción ideológica clásica, sino un malestar espeso, una distancia que no para de ensancharse entre la vida cotidiana y las estructuras del Estado.
Es un divorcio que acumula desconfianza y fatiga.
Ante este paisaje de despolitización y repliegue, la pregunta por el peronismo vuelve a volverse analíticamente inevitable, pero no por nostalgia, sino por su virtud histórica más evidente: su capacidad de interpretar, representar y conectar con el pulso de su época.
En sus momentos más lúcidos, el peronismo no fue una doctrina abstracta, sino una estrategia de modulación, un conjunto de gestos capaces de sintonizar el drama del presente.

2. La doctrina Mostaza y el asado de los domingos

Conviene volver a 2003 para revisar el manual de operaciones ante las crisis de representación.
Mariana Moyano solía recordar una de las primeras directivas de Néstor Kirchner a su gabinete recién asumido: la política tenía que lograr que los domingos volviera a haber olor a asado en los barrios, que los vecinos ni se supieran los nombres de los ministros y, fundamentalmente, “romperle las pelotas lo menos posible a la gente”.
Había allí un mandato casi franciscano, pero sobre todo una genialidad en el tono.
En tiempos donde se suele confundir intensidad discursiva con compromiso militante, o radicalización de superficie con transformación estructural, aquel ejemplo reubica los términos.
La intensidad de la que hablaba Kirchner no medía el nivel de decibeles de las frases hechas, sino el registro de conversación que la política le proponía a una ciudadanía herida.
Era el paso a paso “a lo Mostaza Merlo”, una artesanía política diseñada para acortar la distancia con una sociedad que venía de eyectar el sistema con el grito del “que se vayan todos”.
Kirchner entendió que para reconstruir los puentes rotos primero había que dejar de aturdir.

¿Quién habla hoy por los endeudados de las aplicaciones de microcréditos?
¿Quién contiene la demanda silenciosa pero feroz de la salud mental en los jóvenes?
¿Dónde entran los mejoristas (de Semán), esos trabajadores precarizados de la formalidad y la informalidad que apuestan a la multiplicación del esfuerzo individual?


Viene a cuento otra coordenada estética y política de nuestro altar: la película Gatica, el mono, de Leonardo Favio.
En una escena fundamental, el protagonista suelta una definición que condensa un tratado de sociología política: “Yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”.
La frase admite múltiples lecturas, pero ilumina la potencia monumental del peronismo para disputar el sentido común.
Esa sustancia esquiva que, por definición teórica, parece ser siempre propiedad de las derechas o de quienes dictan las reglas del juego económico, hubo tiempos en que fue habitada y moldeada por una identidad popular.
Ser peronista, para Gatica, no era un hecho de la cartelería partidaria ni de la orgánica; era la forma natural de estar en el mundo.

3. La sociedad modificada

El problema actual es que el mapa sobre el que se desplegaban verdades históricas ha volado por los aires.
Negar que este mundo profundamente desigual obedece a las dinámicas medulares de la fase actual del capitalismo - a una concentración de la riqueza inédita y a asimetrías estructurales - sería una torpeza analítica.
Pero igual de errado sería creer que ese proceso se desenvuelve de la misma forma que en el siglo XX, o que la sociedad no ha sido radicalmente modificada en sus trayectorias, sus vínculos y sus subjetividades.
Hoy habitamos un escenario cruzado por la aceleración digital, por nuevas formas de habitar el tiempo y la crisis de las instituciones tradicionales, que han perdido su autoridad cognitiva.
El lazo social está mediado por lógicas de inmediatez y brevedad que formatean el malestar.
En esa trama, la política tradicional opera por inercia: busca desesperadamente seguir siendo una máquina dadora de respuestas universales en un tiempo donde cambiaron casi todas las preguntas.
Por eso se vuelve urgente habitar ámbitos que ensayen diagnósticos sobre la sociedad que efectivamente tenemos y dejen de recitar consignas para la sociedad ideal que desearíamos tener.

4. El malentendido virtuoso

El desafío de la época no es sólo gestionar la escasez, sino encontrar las palabras.
Nombrar de nuevas formas desigualdades históricas.
Porque en el acto de renombrar no hay un mero ejercicio estético: es allí donde se ilumina la posibilidad de transformar con herramientas inéditas, abandonando esas narrativas gastadas que dejaron de morder sentido, de interpelar y de representar.
La sociedad argentina actual está fragmentada en demandas y malestares que ya no se aglutinan bajo el viejo orden salarial o sindical.

¿Dónde reside el capital y dónde el trabajo?
¿bajo qué formas?
¿sobre qué tiempo?,
¿cuál es el suelo moral que hace de escenario en estos tiempos?


La época le exige al peronismo un desplazamiento hacia su matriz más movimientista y polisémica, una plasticidad capaz de anudar los pedazos rotos de este presente.

¿Cómo se representa al sujeto del pluriempleo, al que está quemado, saturado, al que le falta el tiempo y vive cansado de correr?

Volver a representar implica, necesariamente, que el peronismo vuelva a sumergirse en ese “malentendido virtuoso” que lo caracterizó cuando estaba pulsional: esa capacidad de contener contradicciones internas en pos de un vector mayor, una síntesis superadora que no clausure las diferencias, sino que las cabalgue.

Donde deje de ser una búsqueda “saldar discusiones”, donde se pueda desburocratizar lo que lleva años burocratizado.
Solo desde ese descentramiento será posible ofrecerle a ese 40% flotante algo más que la administración de la decadencia.
Se trata, al fin y al cabo, de construir las condiciones para que volver a imaginar un horizonte común no sea el síntoma de una ingenuidad, sino el punto de partida de una reconstrucción.

FORMULARIO DE CONTACTO

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

BUSCAR EN ESTE BLOG

SEGUIDORES

NUESTRO AMO JUEGA A LA INTERNA, de Diego Valeriano - 1 / 7 / 2026

¿Sabés por qué juegan a la interna? Porque pueden, porque tienen tiempo, porque no les importa, porque se cubren entre ellos . ¿Total qué le...