UNA SOCIEDAD QUE SE ASFIXIA CON EL HUMO TÓXICO DE LAS REDES POR EL MUNDIAL Y POR EL INTENTO DEL GOBIERNO DE APROBAR LEYES QUE DAN VERGÜENZA MIENTRAS PREPARA SU REELECCIÓN
Una nube tóxica de virtualidad perturbó a los argentinos cuando una horda planetaria ilusoria los juzgó por racistas.
Arrastrados en esa vorágine hubo periodistas llevados a la abyección por el ejercicio virtual de la mentira contra el titular de la AFA y la selección.
Detrás de esa mugre, en el mundo real, los gobernadores aliados al oficialismo se hicieron los difíciles para aprobar dos propuestas de ley del país de burundanga que quiere el gobierno: la inocencia fiscal y la inviolabilidad de la propiedad o de extranjerización de la tierra.
Volverán al Congreso y lo que el oficialismo ya empezó a negociar al mismo tiempo con ellos es la reelección de Javier Milei.
Esa debilidad de los argentinos ante la mirada del extranjero es el rasgo de un país que se siente lejano, inseguro y pequeño.
No es un rasgo de narcisismo sino todo lo contrario.
Así quedaron vulnerables ante la tormenta que desató en las redes el juego de la selección de fútbol y de la que se colgaron otros intereses.
Millones y millones de menciones en las redes que duplicaron incluso al Brasil de su mejor momento fueron aprovechados por poderosos anónimos como propaganda gratuita.
Para colgarse de ese flujo infinito y no desaparecer, hay que tomarlo, pero en contra.
Uno a favor era uno más.
Para sobresalir hay que putear, odiar, humillar al núcleo del mensaje.
Putear a los argentinos se convirtió en una herramienta eficaz para aprovechar el poderoso impulso.
Hubo marcas comerciales que dijeron que una marca de la competencia había comprado el Mundial para que lo gane la selección que auspiciaba.
Hubo intereses políticos que buscaron demostrar que la oposición detestaba a la selección y a Messi y quisieron convertirlo en ícono de la derecha.
El director de La derecha diario persiguió al jugador hasta que consiguió una foto con él y la hizo circular masivamente por las redes y los medios.
Lo más probable es que Messi no supiera quién era el fulano.
Todo fue bien hasta que Messi fue solidario con la bandera de Malvinas y le dedicó el triunfo sobre Inglaterra a la “gente trabajadora que la está pasando mal en Argentina” y “les cuesta llegar a fin de mes”.
Los privatizadores del fútbol argentino estaban interesados en la derrota de la selección para debilitar al Chiqui Tapia, titular de la AFA.
Como no podían expresarlo públicamente usaron una enorme noticia falsa para demostrar que la derrota ante España era responsabilidad de Tapia, que resiste el negocio de privatizar los clubes.
Hubo un video previo al partido que mostró a los jugadores en apariencia desmotivados.
Messi los alentaba.
La noticia falsa decía que el FBI estaba por meter preso a Tapia y que le habían retirado el pasaporte por una denuncia en Estados Unidos por eso, los jugadores salieron decaídos al campo de juego.
Otra decía que habían sido amenazadas las familias de los jugadores para que pierdan.
La polarización a través del insulto, la mentira o la difamación es la lógica que domina el lenguaje de las redes sociales sobre el que se montan casas de apuestas, intereses comerciales y políticos, con campañas de bots y falsas cuentas, que generan millones de mensajes.
Ese flujo indujo también intervenciones genuinas que son arrastradas por ese sentido común manipulado y masivo.
Ellas también buscan publicidad.
Los famosos quieren seguir siéndolo.
Tienen especialistas que trabajan sobre las redes.
Una sopa de mentiras, de noticias falsas que fueron amplificadas por supuestos periodistas profesionales.
Un país enfurecido por un clima irreal de mentiras virtuales, incomprobables y miserables.
Las sociedades deberán aprender a relacionarse con las redes y los gobiernos deberán regular su funcionamiento.
La estupidez humana llevada a un grado extremo.
Por fuera de esa selva imaginaria, el gobierno tenía problemas para conseguir votos de sus aliados para la “inocencia fiscal”, un proyecto de ley para premiar la evasión y el narcotráfico; y el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada que busca la extranjerización de la tierra en zonas fronterizas, en nacientes de agua, en zonas mineras y en general en áreas estratégicas.
Sus aliados tradicionales se pusieron los moños.
Les piden demasiado.
Normas como ésas no existen en ninguna parte.
El nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, está a pleno en ese negocio.
Porque la regla que se ha instalado en algunas provincias, es que sus votos están a la venta, incluso cuando se trata de temas tan degradantes.
Terminó el Mundial y empezará el año electoral.
El gobierno negocia el respaldo para esos proyectos tan deshonrosos y al mismo tiempo busca el apoyo de los gobernadores para su reelección.
Dejó trascender que ya tiene los votos para el Congreso y falta anudar detalles para las campañas.
Todo eso cuesta plata.
No se trata de convencer, sino de pagar y cobrar.
Por ese mostrador de miserables se va la suerte de un país.
El toma y daca entre el gobierno nacional y los gobernadores se naturalizó como un aspecto de la “habilidad política”.
Un gobernador puede exhibir con orgullo que le dieron la posibilidad de mejorar una ruta que le corresponde a un gobierno nacional que la abandonó.
Una ruta, por ejemplo, que une a los puertos por donde mercadea el narcotráfico que será beneficiado por el voto a favor de la inocencia fiscal.
Hasta ahora el gobierno cumplió a medias las promesas que hizo para comprar votos.
Como ministro del Interior, Santilli se mostró como el funcionario de mano más abierta, el interlocutor que buscan los gobernadores.
En el ambiente se da por hecho que el superávit fiscal no correrá para el gasto electoral.
Los gobernadores lo saben, se pusieron los moños y atascaron los dos proyectos de ley a la espera de una disposición más generosa por parte de la Casa Rosada.
Los gobernadores de Tierra del Fuego, Formosa, Buenos Aires, La Pampa, Santiago del Estero y La Rioja, enrolados en la opositora Unión por la Patria, mantuvieron distancia de ese mecanismo que corrompió la relación federal del gobierno nacional con las provincias.
La ley que promueve la extranjerización del territorio se presentará nuevamente el 6 de agosto.
El fracaso anterior de Patricia Bullrich en el Senado, que coincidió con su intento de diferenciarse del gobierno, tuvo un costo para la senadora frente a la hermana Karina Milei.
Bullrich dijo que ahora tiene los votos.
Por su parte, la oposición convocó a un acto en la Plaza de los Congresos para frenar esas leyes y recuperar, de alguna manera, el clima de defensa del interés nacional que se extendió cuando la selección mostró el cartel sobre Malvinas.
El miércoles, la CGT movilizó con los jubilados, con las dos CTA y con los movimientos sociales.
No fue una movilización tan masiva, pero hubo represión en el puente Pueyrredón.
Son tres sectores que quedaron contra la pared.
Una conducción muy moderada de la CGT reconoció que no hubo ni una sola medida o ley que favoreciera a los trabajadores.
En una realidad tan incierta, algunas consultoras se animaron a predecir que si consigue frenar la inflación, mantener el dólar y aumentar la capacidad adquisitiva del salario, Milei tiene una posibilidad de ser reelecto.
La realidad es incierta, nadie puede adivinar quién ganará las elecciones.
Lo seguro es que difícilmente se cumplirán esas metas.
Como ministro del Interior, Santilli se mostró como el funcionario de mano más abierta, el interlocutor que buscan los gobernadores.
En el ambiente se da por hecho que el superávit fiscal no correrá para el gasto electoral.
Los gobernadores lo saben, se pusieron los moños y atascaron los dos proyectos de ley a la espera de una disposición más generosa por parte de la Casa Rosada.
Los gobernadores de Tierra del Fuego, Formosa, Buenos Aires, La Pampa, Santiago del Estero y La Rioja, enrolados en la opositora Unión por la Patria, mantuvieron distancia de ese mecanismo que corrompió la relación federal del gobierno nacional con las provincias.
La ley que promueve la extranjerización del territorio se presentará nuevamente el 6 de agosto.
El fracaso anterior de Patricia Bullrich en el Senado, que coincidió con su intento de diferenciarse del gobierno, tuvo un costo para la senadora frente a la hermana Karina Milei.
Bullrich dijo que ahora tiene los votos.
Por su parte, la oposición convocó a un acto en la Plaza de los Congresos para frenar esas leyes y recuperar, de alguna manera, el clima de defensa del interés nacional que se extendió cuando la selección mostró el cartel sobre Malvinas.
El miércoles, la CGT movilizó con los jubilados, con las dos CTA y con los movimientos sociales.
No fue una movilización tan masiva, pero hubo represión en el puente Pueyrredón.
Son tres sectores que quedaron contra la pared.
Una conducción muy moderada de la CGT reconoció que no hubo ni una sola medida o ley que favoreciera a los trabajadores.
En una realidad tan incierta, algunas consultoras se animaron a predecir que si consigue frenar la inflación, mantener el dólar y aumentar la capacidad adquisitiva del salario, Milei tiene una posibilidad de ser reelecto.
La realidad es incierta, nadie puede adivinar quién ganará las elecciones.
Lo seguro es que difícilmente se cumplirán esas metas.
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