martes, 14 de junio de 2022

CHÉ, de Mario Benedetti



Lo han cubierto de afiches,
de pancartas,
de voces en los muros,
de agravios retroactivos,
de honores a destiempo,

Lo han transformado
en pieza de consumo,
en memoria trivial,
en ayer sin retorno,
en rabia embalsamada.

Han decidido usarlo como epílogo,
como última thule de la inocencia vana,
como anejo arquetipo de santo o satanás.

Y quizás han resuelto
que la única forma
es desprenderse de él,
o dejarlo al garete.

Es vaciarlo de lumbre,
convertirlo en un héroe,
de mármol o de yeso,
y por lo tanto inmóvil.

O mejor como mito,
o silueta, o fantasma,
del pasado pisado.

Sin embargo los ojos incerrables del Che
miran como si no pudieran no mirar,
asombrados tal vez de que el mando no entienda
que treinta años después sigue bregando,
dulce y tenaz, por la dicha del hombre.

Un día como hoy, pero en 1928, nacía Ernesto Guevara.

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