viernes, 6 de febrero de 2015

MÁS DE CIEN MENTIRAS, de Joaquín Sabina

Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones, 
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un "bisnes" pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.

Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles sin fondos,
ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo,
setas en noviembre, fiebre en primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
que importa, lo siento, hasta siempre, te quiero,
hinchas del Aleti, gángsters de Coppola,
verónica y cuarto de curro Romero. 

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia, el ruido y las nueces.
Tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.

Tenemos Lolitas, tenemos Donjuanes;
Lennon y Mc Cartney, Gardel y Lepera;
tenemos horóscopos, biblias, coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes sin nombre, ni ley, ni rutina.
Tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobres exquisitos, ricos miserables,
Ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma.
Abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

martes, 3 de febrero de 2015

LOS CINCO SENTIDOS, de Javier Krahe

Esa piadosa costumbre de algunas mujeres,
la de alegrar mi vida con emociones mil
y aliviarme las penas
y prepararme cenas,
oiga, la mar de bien,
esa costumbre es muy buena para el organismo.

Cuando me duelen los ojos de ver casi todo
ellas suelen mostrarme su desnudo total,
y mi vista cansada
queda muy refrescada
tras un baño en su piel
y vuelvo a ver casi todo con ojos de niño.

Si se me aburre el oído de oír tantas gaitas
y tantas baterías como las que hay que oír,
ellas me lo recrean,
ellas me tararean,
palabritas de amor
que son un bálsamo para mis trompas de Eustaquio.

Y si metí la nariz en cualquier Dinamarca,
vienen con sus perfumes y su olor corporal
a entregarle fragantes
otros muchos instantes
a este olfato infeliz,
harto de efluvios viciados y de chamusquinas.

Siempre que me trago un sapo por no armar la bronca
luego me paso un lustro sin ganas de almorzar,
ellas cumplen el rito
de abrirme el apetito
con ostras y champán.
Bueno, quizás exagere, pero algo muy rico.

Bien por temor a dejar huellas dactilares
bien por tocar madera con cierta asiduidad,
se anquilosa mi tacto,
pero resurge intacto
y es un tacto sutil
cuando acaricia y conoce o explora y descubre.

Y aún os podría contar de algún sexto sentido,
un séptimo, un octavo, todos van a mejor
mientras me alivian penas
y me preparan cenas,
oiga, la mar de bien,
esa piadosa costumbre de algunas gachís.

SÁBANAS DE SEDA, de Javier Krahe

Tú que has tenido la rara fortuna de conocer
el corazón a la luz de la luna de mi mujer,

tú, que supiste cogerle el tranquillo a sus abrazos,
más de una vez te adivino en el brillo
de sus ojazos.

Aunque el ensueño se vista de seda no me entusiasma
cuando en la noche una sábana enreda y es tu fantasma.

Cuando descubre caricias ajenas sobre mi piel, 
ella, en lugar de cortarse las venas, me es muy infiel,
y aunque a mi lado fielmente regresa porque es muy buena,
puede también darme alguna sorpresa si hay luna llena.

Que si el amante de turno es despierto, y no un capullo,
ella se instala un buen rato en su huerto, mientras yo aúllo.

Si el astro loco preside el paisaje nada es soez,
e igual que a ella le viste de encaje su desnudez
da un espectáculo resplandeciente de un simple falo,
lo magnifica románticamente bajo su halo.

Y ella lo ve cual si fuera una alhaja y lo acaricia
y, pues la luna es de quien la trabaja, se hace justicia.
Pero después viene el cuarto menguante,
quieras que no desmereciendo con ello el amante,
compréndelo, entonces ella me busca por bares 
de cara oculta 
y vuelvo a ser el primus inter pares,
ella me indulta.

Y eso fue todo y se acuesta a mi lado junto a la
lumbre,
al calorcillo del fuego sagrado de la costumbre.

Yo, que de otras no soy el marido, fíjate tú,
echo de menos el tenso latido del "amour fou",
pero ese amor pasa por avatares bastante
extraños,
cuando a pesar de todos los pesares
pasan los años.

Y yo lo tuve, y está en mi cabeza, nunca lo
olvido,
y... para qué voy a hablar de belleza, tú la has
tenido.

Tú la has tenido, la rara fortuna de conocer
el corazón a la luz de la luna de mi mujer,
tú que supiste cogerle el tranquillo a sus
abrazos.
Más de una vez te adivino en el brillo de sus
ojazos.

Cuando en la noche una sábana enreda, y es tu
fantasma,
aunque el ensueño se vista de seda, no me
entusiasma.

LOS SIETE PECADOS CAPITALES, de Javier Krahe

Si me toca cantar cuando los cisnes,
si se acaba esta eterna juventud,
si la Flaca me aparta del show business,
cerrad también el pico al cerrarme el ataúd.


No digáis "se nos fue el mejor de todos",
"malogróse el cumplido cantautor", 
"era bueno y tenía suaves modos",
"sentado esté a la diestra de Dios Nuestro Señor".

Mi conducta, señoras y señores,
no es perfecta, dicho sea inter nos
si palmara en la fe de mis mayores
seguramente no le agradaría verme a Dios.

De los siete pecados capitales
me manejo como un artista en tres,
no hay violetas en mis juegos florales,
soberbia que se precie, o es soberbia o no lo es.

Porque más que tender a vanidoso
soy proclive al desplante de Luzbel
y si Dios, de por Sí, ya es quisquilloso,
figúrate tú el facha del arcángel San Gabriel.

Me pregunto qué tiene la pereza
para ser un pecado capital,
mas lo es y a mí, por naturaleza,
me aburre la hormiguita y la abejita y el panal.

A pesar de que un vago muy notorio
llegó a santo patrón de mi lugar,
yo tendría que hacerme el purgatorio
y eso es poner el alma de nuevo a trabajar.

Si la ira, la gula o la avaricia 
son peccata minuta para mí, 
de la envidia no tengo ni noticia
parece un poco raro, pero es cierto, y es así.

Aún sin ser desbocada mi lujuria,
uno, en fin, se limita a la mujer,
al obseso del papa y a la curia
les jode enormemente cuánto a mí me da placer.

Y me excluyen de sus "ego te absolvo"
y me excluyen de su Jerusalén,
cuando rinda por fin mi último polvo
tendré que decir "¡mierda!" donde hay que decir "amén".

Y tendré que buscarme alternativas
en la nada o en la reencarnación,
ambas dos, aún con cosas negativas
sin tanto ser supremo allí en perpetua exhibición.

No digáis "se nos fue el mejor de todos",
"malogróse el cumplido cantautor",
"era bueno y tenía suaves modos",
"sentado esté a la diestra de Dios Nuestro Señor".

ABAJO EL ALZHEIMER, de Javier Krahe

Sí, que los recuerdo, fueron los mejores,
con muchos detalles y vivos colores
aquí van las cuentas de mis cien amores.
Veamos si tengo o no tengo memoria.


Un amor eterno, otros casi tanto.
De siempre me prenden los cinco en su encanto,
tan sólo por ellas he vertido el llanto.
Peaje de amor, cantidad irrisoria.


Amores de suerte, amores de paso,
amores refugio, amores al raso,
parques del Retiro, museos Picasso.
Incluso una suite en el Waldorf Astoria.


Amores insólitos por lo singulares,
hay reinas del mar por los siete mares.
De amores sin par, unos quince pares.
Y todas tangibles, ninguna ilusoria.

Descuéntame uno y van treinta y cuatro,
el uno que tacho fue puro teatro,
una tontería y no lo idolatro.
Ocurre que es que no tuve escapatoria.

De cinco minutos, de media mañana,
de fin de mi vida, de fin de semana,
por el via amoris de mi real gana.

Cada uno su cruz y hoy la mía es de gloria.

Amores de ida, amores de vuelta,
amores debidos al Ebro y al Delta,
y al imperio ruso y al folclore celta.
También llevo bien geografía e historia.

Van ochenta y casi me olvido
la lluvia mojando los rizos de mi única rubia.
Y a mi diosa blanca. Y a mi esclava nubia.
Y a mis tres Marías, Marías Victorias.

Y a las seis menores aunque muy crecidas.
Sus seis casi estrenos me dieron seis vidas.
Me obligó el espejo a seis despedidas
de seis aplicadas en arte amatoria.

Las ocho que faltan las guardo en secreto,que yo fui Montesco y ellas Capuleto,
y me comprometen o las comprometo.
Mi alegre canción iba a ser mortuoria.

Y ya están las cuentas de mis cien amores,
que claro que sí, fueron los mejores.
Y si queréis más, yo, de mil amores.
Y ruede la rueda y gire la noria.

lunes, 2 de febrero de 2015

LOS ASESINOS PIDEN PAZ Y TOLERANCIA, publicado por la Agencia Rodolfo Walsh

Domingo, 18 de Enero de 2015
Todo esto en un reportaje a J. Petras.

Por James Petras - La Haine
Lo que está atrás de esta movilización es una campaña para limitar la inmigración.
El llamado a la unidad de los líderes europeos en París es por un frente contra los trabajadores: es una campaña para dar cobertura al racismo que está aumentando en Europa.

Efraín Chury Iribarne: Podemos comenzar por la marcha del domingo en París, Francia, con participación de varios mandatarios.

JP: Bien, hay muchos matices que debemos considerar en relación con los incidentes de la semana pasada. Primero, debemos entender que la revista 'Charlie Hebdo' no era para nada progresista, en ningún sentido; y mucho menos tenía orientación de libre expresión.
Era una revista que constantemente, de forma muy vulgar, insultaba a los religiosos musulmanes, empezando por su dios, Alá; haciendo caricaturas, que no eran simples caricaturas, sino que expresaban un racismo profundo y extendido.
Por eso es falso ese slogan de decir 'Je suis Charlie' (yo soy Charlie) y nadie que defienda la democracia se puede solidarizar con esa revista.
Una cosa es criticar a los terroristas que cometieron los crímenes, pero hay que entender que la revista era un detonante para todos los terroristas islamófobos, antiinmigrantes, etc.
Es una revista que trata de detonar acciones represivas contra los islámicos.
Yo no sé de ninguna revista que pudiera publicar esas calumnias contra los judíos o los cristianos y no sufra un proceso judicial.
Es un indicio de que los extremistas de la derecha ahora tienen una fuerza mucho mayor de la que tenían antes.
Debemos reconocer también que los que protestaron contra el acto terrorista son muy selectivos.
Por ejemplo, cuando el gobierno mexicano está involucrado en el asesinato de los 43 normalistas, asesinados por los gobernantes locales, el ejército y los federales, no hubo ninguna protesta masiva a ninguna escala.
Y fueron 43 estudiantes, no 11 o 12.
Cuando los drones atacan y matan familias enteras en Afganistán y otros países y asesinan a cientos de personas inocentes, por parte del gobierno de Washington, no hubo ninguna movilización ni declaración ni protesta de los gobernantes y líderes occidentales que ahora reclaman la unidad contra el terrorismo.
Es terrorismo de Estado, que implica a gobernantes occidentales que han matado miles y miles de musulmanes y no lo registran los grandes medios.
Simplemente están eligiendo este tipo de protesta muy selectiva para lanzar una nueva política, porque lo que está atrás de esta movilización es una campaña para limitar la inmigración, es una campaña para dar cobertura al racismo que está aumentando en Europa.
Además, uno tiene que reconocer que en este momento, hay grandes esfuerzos para imponer nuevos planes de austeridad y restricciones sobre los trabajadores.
Esta política nueva, tanto en Italia, Francia, Inglaterra, necesitaba una distracción porque en ningún caso los gobernantes tenían el apoyo para imponer esta política derechista.
Entonces ese llamado a la unidad de los líderes europeos es para crear un frente contra los trabajadores; utilizar el asesinato como una forma de imponer la unidad contra los trabajadores, contra las exigencias para terminar la crisis, para imponer una política que condene a la miseria y a la desocupación a millones y millones en toda Europa.
Debemos reconocer entonces la función política, las implicaciones.
No tengo duda de que a partir de ahora van a fortalecer el Estado policial, van a justificar las guerras que están lanzando en Siria y en Irak, supuestamente contra los terroristas.
Por otro lado, algunos de los terroristas que cometieron estos crímenes en Francia venían de organizaciones de Medio Oriente que son apoyadas por los gobernantes occidentales. Por ejemplo, uno de los asesinos estuvo en Siria y allí tenía conexiones con las organizaciones que están peleando contra (el gobierno del presidente) Bashar Al Assad.
Entonces, por un lado Francia está estimulando a los terroristas en Siria y por otro lado, cuando los mismos terroristas vuelven a Francia a cometer crímenes, son denunciados.
Esa doble política de apoyar terroristas en el exterior y después protestar y denunciar a los terroristas cuando vuelven a Francia, son dos lados de la misma moneda.
Y nadie habla del hecho de que Francia estaba implicada, y por eso además, no bloquearon la salida de franceses para estos países, pasaron de Francia a Turquía y otros países de OTAN para cometer crímenes en Siria.
Cuando cometen crímenes en Siria contra el gobierno de Bashar Al Assad, no hay ninguna protesta, ninguna denuncia, no hay nada. Simplemente lo pasan como parte de lo que llaman la “oposición democrática”.
¿Cómo pueden ser “oposición democrática” en Siria y “terroristas” en Francia?
Todo este montaje que hemos visto en Francia, la gran movilización, es muy peligroso porque por primera vez los gobernantes en Europa han tenido la capacidad de movilizar dicen que a tres millones de personas.
Entonces, la ideología de la derecha, tanto en el frente económico (la austeridad) y la política anti islámica, anti inmigrante, van a tener una base más firme ahora.
Esta movilización y las nuevas políticas representan un fortalecimiento de la derecha, que estaba muy deteriorada en Europa; y es una forma de utilizar como pretexto esta situación en Francia para fortalecer la guerra en el exterior, los gastos militares; fortalecer el estado policial y eliminar los derechos civiles; e imponer otras medidas contrarias a los intereses democráticos y populares.

EChI: En efecto, la presencia del presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reafirman esto que mencionabas.

JP: Si. Es surrealista. Netanyahu, que mató más de dos mil civiles palestinos el año pasado, estaba en primera fila con Hollande, Merkel, etc.
El mayor asesino en Medio Oriente, el carnicero de los palestinos, que destruyó más de cincuenta mil casas en Gaza, estuvo participando de la marcha de la unidad…
Es una unidad de asesinos, contra asesinos.
Es la marcha de los terroristas destacados en el último período, contra los asesinos minoristas actuales.
Porque hay terroristas mayoristas, que matan en masa, como Netanyahu; y los terroristas o asesinos minoristas, que matan a pequeña escala.
Ambos son terribles, pero debemos poner las cosas en proporción.
En vez de estar en primera fila en la marcha contra el terrorismo, Netanyahu debería estar en la cárcel, siendo procesado por los crímenes de lesa humanidad contra Palestina, la destrucción de casas, hospitales y escuelas, encarcelando niños menores de 15 años, etc.
Pero en esta mezcla que tenemos ahora hay mucha gente bien intencionada pero que entiende mal para qué sirve la marcha, y por otro lado los asesinos políticos están encabezando e instrumentando estas acciones para su propio uso.
Ahora, hay una cosa más que debemos anotar. ¿Cómo es que estos terroristas supuestamente vigilados por la policía pudieron comprar fusiles automáticos, ametralladoras y demás?
Y supuestamente – como lo describió la Policía - dejaron un documento de identidad en el auto que utilizaron para escapar.
Sospecho que alguien más está involucrado en la acción de los terroristas; creo que tal vez la Policía estaba muy consciente de lo que era la acción.
Y no parece una provocación; porque cualquier asesino lo primero que hace es esconder sus documentos para reservar su identidad y no lo deja en el asiento del auto de escape.
Es poco creíble.
Además, cómo tipos que supuestamente están vigilados por la Policía, consiguen armas pesadas y con capacidad de imponer mucho daño a la sociedad.
Creo que atrás de todo esto hay una intriga, una provocación.
Tenemos que preguntarnos quién se beneficia con todo esto: y la respuesta es los gobernantes, la policía, los militares.
Y a quién perjudica: a los musulmanes, los inmigrantes, los trabajadores y todos quienes están sufriendo la política actual.
Debemos abrir una investigación, o pedir una investigación, pero no al gobierno, porque sabemos que siempre esas investigaciones se utilizan para justificar lo que el gobierno está haciendo.
Debería investigar un comité independiente, para esclarecer cómo es que dejaron un documento de identidad, dónde consiguieron las armas; por qué la policía y las autoridades permitieron a este grupo operar, a este pequeño núcleo, y no evitaron la acción.

EChI: Bien Petras, ¿hay algún otro tema que nos quieras comentar?

JP: Si, el único tema que quiero comentar refiere a las indicaciones que hay en proceso en América Latina, de reconsiderar el proyecto de depender de las exportaciones agro minerales. Los precios han caído, los mercados en Asia han bajado, no es suficiente ahora simplemente exportar productos agrícolas y materias primas. Entonces se está considerando cómo actuar, qué giro hacer en la política.

Los indicios en Brasil son negativos.
Están dando vueltas para traer nuevos capitales especulativos, hay señales de tratar de bajar los beneficios sociales, revertirlos; también en Ecuador hay mayores acuerdos con China pero no son acuerdos que faciliten la diversificación de las industrias sino que están hipotecando el petróleo del futuro.
Lo mismo con Venezuela, no hay nada que indique que se estén desarrollando industrias alimentarias para ser más autosuficientes.
Pero en todo caso, el modelo de los últimos diez años ya no funciona, es la oportunidad de dar la vuelta hacia algo más progresista o a algo más reaccionario, volver al modelo neoliberal; tomar medidas más socializantes o ir hacia el pasado, a las políticas neoliberales de los ’90.
Eso es lo que está en juego.
Mientras tanto en Washington estamos en la misma situación, porque ahora la economía ha mostrado una recuperación, mientras los salarios quedan atrasados y a la baja; las ganancias han crecido enormemente y los recortes sociales se han profundizando.
Entonces, la recuperación en el norte es una forma de aumentar las desigualdades.
Las crisis en el sur, en América Latina, con las materias primas, es una oportunidad para los grandes capitales de entrar y comprar barato grandes extensiones de tierra, minas, petróleo.
Estamos en el cruce de la política, lo que era el progresismo de la última década, donde se podían complementar exportaciones primarias con algunos programas sociales, ha terminado y debemos ahora estar en guardia preparándonos para una nueva ofensiva contra cualquier vuelta hacia el neoliberalismo.

UNA HISTORIA DE ESPAÑA XXXVIII, de Arturo Pérez Reverte - 2/2/15

Además de convertir Madrid y otros lugares en sitios bastante bonitos, dentro de lo que cabe, Carlos III fue un rey simpático.
No en lo personal - contando chistes, aquel Borbón no era nada del otro mundo - sino de intenciones y maneras.
Venía de Nápoles, de donde por esos chanchullos dinásticos de entonces había sido rey, y traía de allí aficiones, ideas y maneras que lo acercaban mucho a la modernidad.
En España, claro, aquello chocaba con la oscuridad tradicional de los rectores más reaccionarios, que seguían tirando para el otro lado.
Pero aun así, en veintinueve años de reinado, ese monarca de buenas intenciones hizo lo que pudo.
Fue un rey ilustrado que procuró rodearse de gente competente.
Si en una hemeroteca consultamos la Gazeta de Madrid correspondiente a su reinado, nos quedaremos de pasta de boniato, admirados de la cantidad de leyes justas y oportunas con la que aquel muy decente Borbón intentó abrir las ventanas y airear el olor a cerrado y sacristía que enrarecía este putiferio.
Hubo apoyo a la investigación y la ciencia, repoblación con inmigrantes de regiones abandonadas, y leyes eficaces que hacían justicia a los desfavorecidos, rompían el inmovilismo de gremios y corporaciones de talante medieval, permitían ejercer oficios honorables a los hijos ilegítimos y abrían a las mujeres la posibilidad de ejercer oficios que hasta entonces les estaban vedados.
Parecía, resumiendo la cosa, que otra España era posible; y lo cierto es que esa otra España se asentó bastante, apuntando esperanzas que ya no iban a perderse nunca.
Pero no todo fueron alegrías.
La cosa bélica, por ejemplo, ruló bastante mal. Los pactos de familia con Francia y el apoyo a las colonias rebeldes de Norteamérica en su guerra de independencia (como unos linces, apoyamos a quienes luego nos despojarían de todo) nos zambulleron en un par de guerras con Inglaterra de las que, como siempre, pagamos los platos rotos y el total de la factura, perdiendo unas posesiones y recuperando otras, pero sin conseguir nunca echarle el guante a Gibraltar.
Por la parte eclesiástica, los reformadores e ilustrados cercanos a Carlos III seguían empeñados en recortar las alas de la Iglesia católica, que seguía siendo el gallo del corral, y educar al pueblo para apartarlo de supersticiones y barroquismos inmovilistas.
En ese momento, la poderosa Compañía de Jesús representaba cuanto aquellos ilustrados detestaban: potencia intelectual, apoyo del papa, vasta red de colegios donde se educaban los nobles y los millonetis, influencia como confesores de reyes y reinas, y otros etcéteras.
Así que, con el pretexto de un motín popular contra el ministro reformista Squillace (un italiano que no sabía en qué país se jugaba los cuartos y el pescuezo), motín al que los jesuitas no fueron del todo ajenos, Carlos III decretó su expulsión de España. Sin embargo, la Iglesia católica - las otras órdenes religiosas, españolas al fin, estaban encantadas con que se cepillaran a los competidores ignacianos - siguió atrincherada en sus privilegios, púlpitos y confesonarios, y la Inquisición se apuntó un tanto demoledor con la detención y proceso del ministro Olavide, empapelado por progresista y por ejecutar reformas que el rey le había encargado, y al que luego, cuando los cuervos negros le cayeron encima, dejaron todos, rey incluido - en eso cae algo menos simpático Carlos III -, tirado como una puta colilla.
El escarmiento de Olavide acojonó bastante a la peña, y los reformistas, aunque sin renunciar a lo suyo, se anduvieron en adelante con más cuidado.
Por eso buena parte de las reformas se quedaron en parches o arreglos parciales, cuando no bajadas de calzón en toda regla.
Hubo ahí un intento interesante, que fue convertir el teatro, que era la diversión popular más estimada - lo que hoy es la tele -, en vehículo de educación, reforma de costumbres y ejemplo de patriotismo laborioso y bien entendido, mostrando modelos de buenos ciudadanos, de jueces incorruptibles, de burgueses trabajadores, de artesanos honrados, de prudentes padres de familia.
Pero, como era de esperar - España eterna, igual que la de ahora -, eso fue valorado sólo por algunos.
Los grandes éxitos seguían siendo sainetes bajunos, episodios chocarreros que encajaban más con el gusto, no sólo del pueblo resignado e inculto, sino también de una nobleza frívola y a veces analfabeta: aquella aristocracia castiza de misa y trono, que prefería las modas y maneras del populacho de Lavapiés o la gitanería del Sacromonte a las luces de la razón, el progreso y el buen gusto que ya estaban iluminando Europa.
[Continuará].

lunes, 26 de enero de 2015

CUBA y EEUU: la acción histórica de Obama, por Noam Chomsky

El establecimiento de vínculos diplomáticos entre Estados Unidos y Cuba ha sido ensalzado en el mundo como un suceso de importancia histórica. El corresponsal John Lee Anderson, quien ha escrito con perspicacia acerca de la región, sintetiza una reacción general entre los intelectuales liberales cuando escribe, en The New Yorker:
"Barack Obama ha mostrado que puede actuar como estadista de altura histórica. Y también, en este momento, Raúl Castro. Para los cubanos, este momento será emocionalmente catártico e históricamente transformacional. Durante 50 años su relación con su rico y poderoso vecino norteamericano se ha mantenido congelada en la década de 1960. Hasta un grado surrealista, sus destinos también se congelaron. Para los estadounidenses el suceso es importante también. La paz con Cuba nos devuelve momentáneamente a aquella era dorada en la que Estados Unidos era una nación amada en todo el mundo, cuando un joven y apuesto presidente JFK estaba en el cargo… Antes de Vietnam, de Allende, de Irak y de todas las miserias, y nos permite sentirnos orgullosos de nosotros mismos por hacer lo correcto".

El pasado no es tan idílico como lo retrata la persistente imagen de Camelot. JFK no fue "antes de Vietnam" o ni siquiera de Allende o Irak, pero dejemos eso a un lado. En Vietnam, cuando JFK asumió el cargo, la brutalidad del régimen de Diem impuesto por Washington había finalmente provocado una resistencia nacional que no pudo enfrentar. Kennedy se vio confrontado por lo que llamó un "asalto desde adentro","agresión interna", según la interesante frase favorecida por su embajador ante la ONU, Adlai Stevenson.
En consecuencia, Kennedy aumentó de inmediato la intervención estadounidense a la escala de una agresión, ordenando a la Fuerza Aérea bombardear Vietnam del Sur (según límites survietnamitas, que no engañaban a nadie), autorizando la guerra química y con napalm para destruir cultivos y ganado, y lanzando programas para llevar a los campesinos a virtuales campos de concentración para "protegerlos" de los guerrilleros, a quienes Washington sabía que la mayoría de ellos apoyaban.
Hacia 1963, los informes desde el terreno parecían indicar que la guerra de Kennedy triunfaba, pero surgió un grave problema. En agosto, la Casa Blanca se enteró de que el gobierno de Diem buscaba negociaciones con el Norte para poner fin al conflicto.
Si JFK tenía la menor intención de retirarse, eso le habría dado una oportunidad perfecta para hacerlo graciosamente, sin costo político, e incluso afirmando, en el estilo acostumbrado, que fue la fortaleza estaodunidense y la defensa de la libertad lo que obligó a los norvietnamitas a rendirse. En cambio, Washington respaldó un golpe militar para instalar halcones militares, más apegados a los compromisos reales de JFK; el presidente Diem y su hermano fueron asesinados en el proceso. Con la victoria en apariencia a la vista, Kennedy aceptó a regañadientes una propuesta del secretario de Defensa Robert Mc Namara de comenzar el retiro de tropas (NSAM 263), pero con una condición crucial: después de la victoria. Kennedy mantuvo con insistencia esa demanda hasta su asesinato, unas semanas después. Muchas ilusiones se han tejido en torno a esos sucesos, pero se derrumban con rapidez ante el peso del rico registro documental.
La historia en otras partes no fue tan idílica como las leyendas de Camelot. Una de las decisiones de Kennedy que tuvieron mayores consecuencias se dio en 1962, cuando cambió en los hechos la misión de los militares latinoamericanos de la"defensa hemisférica" –remanente de la Segunda Guerra Mundial– a la"seguridad interna", eufemismo para nombrar la guerra contra el enemigo interno, la población. Los resultados fueron descritos por Charles Maechling, quien dirigió la contrainsurgencia 
estaodunidense y la planificación de la defensa interior de 1961 a 1966.
La decisión de Kennedy, escribió, llevó la política estadounidense de la tolerancia "a la rapacidad y crueldad de los militares latinoamericanos" a la"complicidad directa" en sus crímenes, al apoyo de los "métodos de los escuadrones de exterminio de Heinrich Himmler". Quienes no prefieren lo que el especialista en relaciones internacionales Michael Glennon llamó "ignorancia intencional" pueden con facilidad aportar los detalles.
En Cuba, Kennedy heredó la política de Eisenhower de bloqueo y planes formales de derrocar al régimen, y con rapidez los intensificó con la invasión de Bahía de Cochinos. El fracaso de la incursión causó algo cercano a la histeria en Washington. En la primera reunión de gabinete después de la fallida invasión, la atmósfera era "casi salvaje", observó en privado el subsecretario de Estado Chester Bowles: "Hubo una reacción casi frenética a un programa de acción". Kennedy expresó la histeria en sus declaraciones públicas: “Las sociedades complacientes y blandas están a punto de ser eliminadas junto con los desechos de la historia. Sólo los fuertes… tienen la posibilidad de sobrevivir”, dijo a la nación, aunque estaba consciente, según admitió en privado, de que los aliados "creen que estamos un poco dementes" por el tema de Cuba. No sin razón.
Las acciones de Kennedy eran acordes con sus palabras. Lanzó una campaña terrorista asesina, diseñada para "llevar los terrores de la Tierra" a Cuba, según la frase de su consejero, el historiador Arthur Schlesinger, en referencia al proyecto asignado por el presidente a su hermano Robert como su más alta prioridad. Aparte de dar muerte a miles de personas junto con una destrucción en gran escala, los terrores de la Tierra fueron un factor principal en poner al mundo al borde de una guerra mundial terminal, como revela un estudio reciente. El gobierno reanudó los ataques terroristas tan pronto como la crisis de los misiles se desactivó.
Una forma común de evadir los temas desagradables es limitarse a las conjuras de la CIA para asesinar a Castro, ridiculizar su absurdo. Existieron, sí, pero fueron apenas un pie de página a la guerra terrorista lanzada por los hermanos Kennedy luego del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, guerra a la que es difícil encontrar parangón en los anales del terrorismo internacional.
Hoy día existe mucho debate sobre si Cuba debe ser retirada de la lista de países que apoyan el terrorismo. Sólo puedo traer a la mente las palabras de Tácito de que "el crimen una vez expuesto sólo tiene refugio en la audacia". Excepto que no está expuesto, gracias a la "traición de los intelectuales".
Al asumir la presidencia luego del asesinato, Lyndon B. Johnson relajó el terrorismo, que sin embargo continuó durante la década de 1990. Pero no permitió que Cuba viviera en paz. Explicó al senador Fulbright que si bien no iba a entrar "en ninguna operación de Bahía de Cochinos", quería asesoría sobre "cómo debemos pincharles las bolas más de lo que lo estamos haciendo". En su comentario, el historiador sobre América Latina Lars Schoultz observa que "pinchar las bolas ha sido la política estadounidense desde entonces".
Algunos, sin duda, han sentido que tales métodos delicados no bastan, por ejemplo Alexander Haig, miembro del gabinete de Richard Nixon, quien pidió a ese presidente: "Usted ordene y convierto esa pinche isla en estacionamiento".
Su elocuencia captura con vividez la prolongada frustración de los líderes estadounidenses con "esa infernal pequeña república cubana", frase de Theodore Roosevelt al desahogar su furia por la resistencia de Cuba a aceptar graciosamente la invasión de 1898 para bloquear su liberación ante España y convertirla en una colonia virtual. Sin duda su valerosa incursión en la colina de San Juan había sido una noble causa (por lo regular se pasa por alto que esos batallones africano-estadounidenses fueron en gran medida responsables de conquistar la colina).
El historiador cubano Louis Pérez escribe que la intervención estadounidense, ensalzada en Estados Unidos como una intervención humanitaria para liberar a Cuba, logró sus objetivos verdaderos: "Una guerra cubana de liberación se transformó en una guerra estadounidense de conquista", la "guerra entre Estados Unidos y España" en la nomenclatura imperial, diseñada para oscurecer la victoria cubana, que fue absorbida rápidamente por la invasión. El desenlace alivió las ansiedades estadounidenses acerca de "lo que era anatema para todos los responsables de las políticas estadounidenses desde Thomas Jefferson: la independencia de Cuba".
Cómo han cambiado las cosas en dos siglos.
Ha habido esfuerzos tentativos por mejorar las relaciones en los pasados 50 años, revisados en detalle por William LeoGrande y Peter Kornbluh en su reciente estudio integral, Back Channel to Cuba. Es debatible que debamos sentirnos "orgullosos de nosotros" por los pasos que Obama ha dado, pero sí son "lo correcto", aunque el aplastante bloqueo siga en vigor en desafío a todo el mundo (excepto Israel) y el turismo aún esté prohibido. En su mensaje a la nación en el que anunciaba la nueva política, el presidente dejó en claro que también en otros aspectos el castigo a Cuba por no plegarse a la voluntad y a la violencia de Washington continuará, repitiendo pretextos que son demasiado ridículos para comentarlos.
Sin embargo, son dignas de atención las palabras del presidente, tales como las siguientes: “Orgullosamente, Estados Unidos ha apoyado la democracia y los derechos humanos en Cuba a lo largo de cinco décadas. Lo hemos hecho sobre todo mediante políticas que apuntan a aislar la isla, evitando los viajes y el comercio más básicos que los estadounidenses pueden disfrutar en cualquier otro lugar. Y aunque esta política ha estado fincada en la mejor de las intenciones, ninguna otra nación nos secunda en imponer estas sanciones y ha tenido poco efecto más allá de dar al gobierno cubano una justificación para imponer restricciones a su pueblo… Hoy, les soy sincero: nunca podemos borrar la historia entre nosotros”.
Uno tiene que admirar la asombrosa audacia de esta declaración, que nuevamente hace evocar las palabras de Tácito. Obama sin duda está consciente de la historia verdadera, que no sólo abarca la asesina guerra terrorista y el escandaloso bloqueo económico, sino también la ocupación militar del sureste de Cuba durante más de un siglo, incluyendo su puerto más grande, pese a solicitudes de su gobierno desde la independencia de devolver el territorio robado a punta de pistola, política justificada sólo por la adhesión fanática a bloquear el desarrollo económico de la isla. En comparación, la ilegal anexión de Crimea por Putin parece hasta benigna. La dedicación a la venganza contra los cubanos impúdicos que resisten el dominio estadounidense ha sido tan extrema que incluso se ha contrapuesto a los deseos de normalización de la comunidad de negocios –empresas farmacéuticas, agronegocios, energéticas–, algo inusitado en la política exterior estadounidense. La cruel y vengativa política de Washington ha aislado prácticamente a Estados Unidos en el hemisferio y atraído el desprecio y el ridículo en todo el mundo. A Washington y sus acólitos les gusta fingir que han "aislado" a Cuba, como Obama expresó, pero la historia muestra con claridad que es Estados Unidos el que está siendo aislado, lo que es probablemente la principal razón de este cambio parcial de curso.
Sin duda, la opinión interna es otro factor en la "histórica acción" de Obama, aunque el público ha estado durante mucho tiempo en favor de la normalización sin que tenga relevancia. Una encuesta de CNN de 2014 mostró que sólo uno de cada cuatro estadounidenses considera hoy día a Cuba una amenaza seria a Estados Unidos, en comparación con más de dos tercios hace 30 años, cuando Ronald Reagan advertía sobre la grave amenaza a nuestras vidas planteada por la capital de la nuez moscada en el mundo (Granada) y por el ejército nicaragüense, a sólo dos días de marcha de Texas. Ahora que los miedos se han abatido un poco, tal vez podamos relajar ligeramente nuestra vigilancia.
En los extensos comentarios a la decisión de Obama, un tema dominante ha sido que los esfuerzos benignos de Washington por llevar la democracia y los derechos humanos a los sufridos cubanos, manchados sólo por infantiloides rufianes de la CIA, han sido un fracaso. Nuestros nobles objetivos no se alcanzaron, así que se impone un cambio de orden, aun sin desearlo.
¿Fueron un fracaso las políticas? Depende de cuál fuera el objetivo. La respuesta es clara en el registro documental. La amenaza cubana era la ya conocida que aparece en toda la historia de la guerra fría, con muchos precedentes. Fue explicitada con claridad por el gobierno de Kennedy. La preocupación primordial era que Cuba pudiera ser un "virus" que"esparciera el contagio", para tomar prestados los términos de Kissinger sobre el tema de costumbre, en relación con Chile en la era de Allende. Eso se reconoció de inmediato.
Con la intención de enfocar la atención en América Latina, antes de asumir el cargo Kennedy estableció una misión latinoamericana, encabezada por Arthur Schlesinger, quien informó las conclusiones al presidente entrante. La misión advertía sobre la susceptibilidad de los latinoamericanos a la "idea de Castro de tomar las cosas en sus propias manos", serio peligro, explicó Schlesinger más adelante, cuando “la distribución de la tierra y otras formas de riqueza nacional favorecen grandemente a las clases propietarias… (y) Los pobres y menos privilegiados, estimulados por el ejemplo de la revolución cubana, demandan ahora oportunidades de una vida decente”.
Schlesinger reiteraba los lamentos del secretario de Estado John Foster Dulles, quien se quejaba al presidente Eisenhower de los peligros representados por los "comunistas"dentro del mismo Estados Unidos, que eran capaces "de ganar control de los movimientos de masas", ventaja injusta que "no tenemos capacidad de duplicar".
La razón es que "los pobres son a los que convocan, y ellos siempre han querido despojar a los ricos". Es difícil convencer a gente atrasada e ignorante de seguir nuestro principio de que los ricos deben despojar a los pobres.
Otros elaboraron sobre las advertencias de Schlesinger. En julio de 1961, la CIA informó que “la extensa influencia del castrismo no es función del poderío cubano… La sombra de Castro se engrandece porque las condiciones sociales y económicas a lo largo de América Latina invitan a oponerse a la autoridad gobernante y alientan la agitación por el cambio radical”, del cual la Cuba de Castro es un modelo. El Consejo de Planificación de Políticas del Departamento de Estado explicó que “el peligro primordial que enfrentamos con Castro reside… en el impacto que la mera existencia de su régimen ha dejado en muchos países latinoamericanos… El hecho simple es que Castro representa un desafío triunfal a Estados Unidos, una negación de toda nuestra política hemisférica de casi siglo y medio”, desde que la Doctrina Monroe declaró que la intención estadounidense de dominar el hemisferio. Para expresarlo en términos simples, observa el historiador Thomas Paterson, "Cuba, como símbolo y realidad, desafió la hegemonía de Estados Unidos en América Latina".
La forma de tratar con un virus que podría extender el contagio es acabar con él e inocular a las víctimas potenciales. Esa razonable política es precisamente la que aplicó Washington, y en términos de sus objetivos primordiales, ha sido muy exitosa. Cuba ha sobrevivido, pero sin la capacidad de alcanzar su temido potencial. Y la región fue "inoculada"con perversas dictaduras militares para prevenir el contagio, empezando por el golpe militar inspirado por Kennedy que estableció un régimen de Seguridad Nacional de terror y tortura en Brasil poco después del asesinato del presidente estadounidense, régimen al que Washington dio entusiasta bienvenida. Los generales habían llevado a cabo una "rebelión democrática", telegrafió el embajador estadounidense Lincoln Gordon. La revolución fue "una gran victoria para el mundo libre", que evitó una"pérdida total para Occidente de todas las repúblicas sudamericanas", y debía"crear un clima grandemente mejorado para las inversiones privadas". Esta revolución democrática fue "la victoria más decisiva para la libertad de mediados del siglo XX", sostuvo Gordon, "uno de los mayores puntos de quiebre de la historia mundial" en ese periodo, que eliminó lo que Washington veía como un clon de Castro.
La plaga se extendió luego por el continente, y culminó en la guerra terrorista de Reagan en Centroamérica y finalmente en el asesinato de seis destacados intelectuales latinoamericanos, sacerdotes jesuitas, por un batallón salvadoreño de élite, recién desempacado del entrenamiento en la Escuela de Guerra Especializada JFK en Fort Bragg, siguiendo órdenes del alto mando de asesinarlos junto con cualquier testigo, su ama de llaves y la hija de ella. El 25 aniversario del asesinato acaba de pasar, y fue conmemorado con el silencio que se considera apropiado para nuestros crímenes.
Mucho de esto se aplica asimismo a la guerra de Vietnam, también considerada un fracaso y una derrota. Vietnam en sí no era causa de ninguna inquietud, pero, como revela el registro documental, Washington se preocupaba de que un desarrollo independiente exitoso extendiera el contagio en toda la región y llegara a Indonesia, rica en recursos, y quizá hasta Japón: el "super dominó", como lo describió el historiador asiático John Dower, que se pudiera adaptar a un este de Asia independiente y se convirtiera en su centro industrial y tecnológico, al margen del control estadounidense, que construyera un nuevo orden en Asia. Estados Unidos no estaba preparado para perder la fase del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial a principios de la década de 1950, así que se dispuso con rapidez a apoyar la guerra de Francia para reconquistar su antigua colonia, y luego los horrores que siguieron, los cuales se intensificaron cuando Kennedy asumió el cargo, y más tarde sus sucesores.
Vietnam quedó prácticamente destruido: ya no sería modelo para nadie. Y la región fue protegida con la instalación de dictaduras asesinas, muy al modo de América Latina en los mismos años: no es innatural que la política imperial siga líneas similares en diferentes partes del mundo. El caso más importante fue Indonesia, protegida del contagio por el golpe de Suharto de 1965, un "pavoroso asesinato en masa", como lo describió con exactitud el New York Times, aunque se unió a la euforia general por"un rayo de luz en Asia" (el columnista liberal James Reston). En retrospectiva, el consejero de seguridad nacional de Kennedy y Johnson Mc George Bundy reconoció que "nuestro esfuerzo" en Vietnam fue"excesivo" después de 1965, ya con Indonesia fácilmente inoculada.
La guerra de Vietnam es descrita como un fracaso, una derrota estadounidense. En realidad fue una victoria parcial. Estados Unidos no logró su máximo objetivo de convertir a Vietnam en Filipinas, pero las principales preocupaciones fueron superadas, al igual que en Cuba. Tales desenlaces, por tanto, cuentan como derrota, fracaso, decisiones terribles.
La mentalidad imperial es asombrosa de contemplar. Apenas si pasa un día sin nuevas ilustraciones. Podemos añadir el estilo del nuevo"movimiento histórico" en Cuba, y su recepción, a esa distinguida lista.

ESAS JÓVENES HIJAS DE PUTA, de Arturo Pérez Reverte - 26/1/15

Supongo que a muchos se les habrá olvidado ya, si es que se enteraron. Por eso voy a hacer de aguafiestas, y recordarlo.
Entre otras cosas, y más a menudo que muchas, el ser humano es cruel y es cobarde. Pero, por razones de conveniencia, tiene memoria flaca y sólo se acuerda de su propia crueldad y su cobardía cuando le interesa.
Quizá debido a eso, la palabra remordimiento es de las menos complacientes que el hombre conoce, cuando la conoce.
De las menos compatibles con su egoísmo y su bajeza moral.
Por eso es la que menos consulta en el diccionario.
La que menos utiliza. La que menos pronuncia.
Hace dos años, Carla Díaz Magnien, una adolescente desesperada, acosada de manera infame por dos compañeras de clase, se suicidó tirándose por un acantilado en Gijón.
Y hace ahora unas semanas, un juez condenó a las dos acosadoras a la estúpida pena - no por estupidez del juez, que ahí no me meto, sino de las leyes vigentes en este disparatado país - de cuatro meses de trabajos socioeducativos.
Ésas son todas las plumas que ambas pájaras dejan en este episodio.
Detrás, una chica muerta, una familia destrozada, una madre enloquecida por el dolor y la injusticia, y unos vecinos, colegio y sociedad que, como de costumbre, tras las condolencias de oficio, dejan atrás el asunto y siguen tranquilos su vida.
Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen.
Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo: - «Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio» - a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos.
Desde niños.
Que se lo pregunten, si no, a los miles de homosexuales que todavía, pese al buen rollo que todos tenemos ahora, o decimos tener, aún sufren desprecio y acoso en el colegio.
O a los gorditos, a los torpes, a los tímidos, a los cuatro ojos que no tienen los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia.
Y a eso, claro, a la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto: la cobardía, el lavarse las manos.
La indiferencia de los compañeros de clase, testigos del acoso pero dejando - anuncio de los muy miserables ciudadanos que serán en el futuro - que las cosas siguieran su curso.
El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos.
Y el colegio, claro.
Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes.
Los que vieron lo que ocurría y miraron a otro lado, argumentando lo de siempre:
«Son cosas de crías». Líos de niñas.
Y mientras, Carla, pidiendo a su hermana mayor que la acompañara a la puerta del colegio.
La pobre. Para protegerla.
Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales.
El territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune.
Allí, la crucifixión de Carla fue completa.
Insultos, calumnias, coro de divertidos tuiteros que, como tiburones, acudieron al olor de la sangre. Más bromas, más mofas. Más ojos bizcos, más bollera.
Y los que sabían, y los que no saben, que son la mayor parte, pero se lo pasan de cine con la masacre, riendo a costa del asunto.
La habitual risa de las ratas.
Hasta que, incapaz de soportarlo, con el mundo encima, tal como puede caerte cuando tienes catorce años, Carla no pudo más, caminó hasta el borde de un acantilado y se arrojó por él.
Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio.
Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez. Pero, en fin.
Ya que hay sentencia de por medio, espero que, con ella en la mano, la madre de Carla le saque ahora, por vía judicial, los tuétanos a ese colegio miserable que fue cómplice pasivo de la canallada cometida con su hija.
Porque al final, ni escozores ni arrepentimientos ni gaitas en vinagre.
En este mundo de mierda, lo único que de verdad duele, de verdad castiga, de verdad remuerde, es que te saquen la pasta.

viernes, 23 de enero de 2015

EL HOMBRE QUE AMÓ A SHARON STONE, de Arturo Pérez Reverte - 19/1/15

Algunos de ustedes lo conocieron.
Era pequeñito y leal, con patillas que se le juntaban con el bigote.
Y pintor. Y narrador.
Y un poeta magnífico, tan generoso que dejaba de lado su propia obra para estudiar y dar a conocer la de otros.
Durante muchos años, con Juan Eslava Galán y conmigo, se estuvo sentando ante una botella de algo para hablar de literatura, de amistad o de mujeres, su tema favorito.
De joven era capaz de levantarle un ligue a un colega en tres minutos con su labia simpática y su simpatía arrolladora.
Y de mayor coqueteaba hasta con mi hija, el canalla. Con todo cuanto se movía.
No en vano había estado casado o emparejado siete veces, siempre con extranjeras soberbias, que se le enamoraban como perras, hasta que al fin una española, Natalia, y una hija preciosa e inteligente le pusieron los puntos sobre las íes.
Se llamaba Rafael de Cózar Sievert, Fito para los compadres, y murió en Bormujos, Sevilla, cuando se le pegó fuego a la casa, intentando salvar su biblioteca.
Borgianamente fiel a sí mismo, hasta el final.
Era catedrático de Literatura, pero no se le notaba.
Nacido en Tetuán, recastado en Cádiz, cuajado en Sevilla, estaba santificado con el don de la guasa permanente, el humor rápido, el disparate surrealista.
En veinticinco años de amistad jamás lo vi malhumorado, ni lo oí hablar mal de nadie. Nunca tuvo un enemigo. No conocía la maldad, ni la envidia, ni la deslealtad.
Tampoco conocía la vergüenza.
Una vez, estando con Juan Eslava ante un millar de personas en el Teatro Español de Madrid, cuando comenté que yo había cumplido cincuenta y cinco, bebió un sorbo de su copa, me miró con cachondeo y dijo, en voz alta y clara: «Pues en el culo te la hinco».
Era una autoridad en el estudio de la experimentación barroca, las vanguardias del siglo XX y el postismo español de la postguerra, sobre lo que trabajaba con un rigor y una seriedad prusianas; pero eso parecía importarle un carajo cuando estaba, que era casi siempre, con un pitillo en la boca, una copa en la mano y unos amigos alrededor.
Cuando nos hizo la faena de palmar, lo lloramos un millar de hermanos y cinco mil camareros de bar.
Su entierro fue digno de él. Surrealista como si el propio Fito hubiera escrito el guión.
Estábamos todos en el tanatorio donde no cabía un alma, con gente amontonada hasta en la calle para despedirlo, y por alguna razón que ignoro le hicieron un oficio religioso, a él, que siempre se proclamó «ateo por la gracia de Dios».
Lo interpreté como el último chiste que nos brindaba a los compadres.
Jesús Vigorra, el cuarto mosquetero, leyó unos versos de Fito que parecían anunciar su muerte en aquel diciembre: un hermoso balance de su vida. Y el páter estuvo magnífico, recordando sus charlas con el difunto en el bar de Bormujos.
De vez en cuando, en mitad del responso, el cura no podía aguantar la risa.
«Perdonen -decía- pero es que me estoy acordando de cuando me dijo...».
Y así todo el rato.
La familia alternaba las carcajadas con las lágrimas.
Fito Cózar parecía estar allí sentado entre nosotros, con su copa y su cigarrito en la mano, cachondeándose de todo.
Y el momento cumbre llegó cuando el páter, en mitad de un gorigori, inclinó el rostro hacia el altar, partiéndose otra vez de risa.
«Perdónenme -dijo-, pero acabo de darme cuenta de que he traicionado a Rafael... Me hizo jurar un día de copas que cuando muriera, en vez de agua bendita en el hisopo, le pondría vino».
Se fue como un señor.
Tras habérselo bebido, habérselo fumado, habérselo fumigado todo, haberse reído de todo, con mujeres guapas y amigos fieles llorando por él.
En un momento determinado, entre la gente, en una mujer vestida de negro y con pamela, me pareció reconocer de lejos a Sharon Stone.
No puedo afirmarlo, claro.
Pero no me habría sorprendido que fuera ella, porque «Charon», como Fito la llamaba con mucha familiaridad, era su mujer fetiche.
En aquellas noches interminables de humo y alcohol, en las que podía pasarse horas contando chistes, solía mencionarla mucho.
Y siempre nos contaba el día glorioso, inolvidable, en que la conoció:
«Yo, aquí donde me veis, estuve con Sharon Stone, y esa mujer marcó mi vida.
Nunca pude olvidarla.
La vi en Nueva York, en una fiesta, hablando con gente, y conseguí que me la presentaran. Yo iba que me temblaban las piernas de emoción.
Me acercó a ella un amigo y dijo:
'Éste es el profesor Cózar'.
Ella se volvió a mirarme durante tres segundos, dijo:
«Nice to meet you»
-encantada de saludarlo-, pasó de mí y siguió hablando con los otros.
Y como os digo, esos tres segundos con Charon marcaron mi vida».

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