viernes, 20 de febrero de 2015

WIKISTIUSSO, de Santiago O´Donnell - 24/1/15

A menos de una semana de la muerte de Nisman, sería prematuro avanzar demasiado sobre cómo terminó la vida del magistrado.
Pero alcanza para analizar algunos comportamientos mediáticos alrededor del fiscal y de la causa AMIA y algunas de las opacas zonas fronterizas entre la política, el espionaje y el periodismo.

La fiscalía especial para investigar el atentado a la AMIA fue creada en el 2005 por el entonces presidente Néstor Kirchner, y dotada de significativos recursos humanos y económicos para relanzar una investigación moribunda que diez años más tarde seguía sin condenas y con el juez y los fiscales que habían llevado adelante del caso procesados por encubrimiento.

Desde entonces y hasta hace muy poco tiempo, la investigación de Nisman había estado bajo el amparo de una política de Estado que incluía al gobierno argentino, al juez, a los principales diarios y noticieros del país (tanto k como anti k), a los principales políticos del gobierno y de la oposición, y a los dirigentes de las principales organizaciones de la comunidad judía.
Entre todos ellos regía un acuerdo patriótico de no cuestionar la causa ni plantear objeciones al trabajo del fiscal.
Como le explica un dirigente de la DAIA a diplomáticos estadounidenses en un cable filtrado por el sitio Wikileaks, aunque existían dudas sobre la investigación, eran calladas porque la opinión pública no soportaría otro fracaso en un tema tan sensible.

Después del peor atentado terrorista en la historia argentina, 85 muertos, después del bochorno vergonzoso en el que había terminado la primera investigación, si la segunda investigación iba a ser como la otra, con los mismos acusados, con los mismos testigos entre misteriosos y truchos, básicamente las mismas pruebas endebles, pues entonces por lo menos que no se note.
Busquen los clips de los noticieros en YoutTube, relean las tapas de los diarios. Googleen el declaracionismo. Repasen todas las decisiones de Canicoba Corral y verán que rara vez lo criticaron al fiscal estrella de la causa AMIA, y que nunca le dijeron no.

Todos ellos, funcionarios, dirigentes comunitarios y periodistas que se ocupaban del tema, sabían que la fiscalía de Nisman se nutría básicamente de una fuente. 
Nisman nunca lo ocultó.
Sabían que el peso de la investigación lo llevaba el director de Contrainteligencia de la Secretaría de Inteligencia, alias Jaime Stiusso, y a través de él, los servicios de inteligencia extranjeros, especialmente de Estados Unidos e Israel.
¿Y cómo es que Stiusso se había ganado la confianza de los americanos y los israelíes?
Más allá de su cargo y permanencia, la verdad es que ni idea, no lo conozco, ni siquiera sé si habla inglés, aunque muchos que escribieron sobre él lo describen como una especie de genio de la tecnología especializado en pinchadura.
Si conociera a los manejadores extranjeros de Stiusso me encantaría preguntarles.
La cosa es que todos sabían: Néstor, Cristina, Canicoba, los presidentes de la AMIA y la DAIA, los tres periodistas de La Nación, Clarín y Página 12 que llevan el tema por lo menos desde el 2005, sus editores responsables y unas cuantas personas más.
Yo me enteré en el 2011 cuando Nisman me citó para hablar de los cables de la embajada estadounidense que acababa de publicar en mi libro Argenleaks.

Habia descubierto que los cables decían que Nisman recibía ordenes directas de la embajada estadounidense de no investigar la pista siria y la conexión local, y de dar por cierta la culpabilidad de los iraníes, aunque ningún juicio se había realizado.
Que Nisman le anticipaba sus dictámenes y los fallos del juez Canicoba Corral a la embajada con varios días de anticipación. Que una vez Nisman llevó a la embajada un dictamen de dos carillas y que la embajada lo mandó a corregirlo; entonces Nisman volvió unos días después con un dictamen de nueve carillas que sí fue aprobado por la embajada y recién entonces presentado en la causa.
Y que otra vez Nisman pidió perdón tantas veces por no avisar que pediría la captura de Menem, que los diplomáticos tuvieron que escribir tres cables distintos para dar cuenta de sus sucesivas ampliaciones de sus pedidos de perdón y de sus promesas de que no volvería a suceder.
Todo eso reflejaba una falta de independencia del fiscal nada menos que ante una potencia extranjera, por muy amiga que fuera, y enseguida me pareció que la información era de indudable interés general.
Pero mi diario no quiso publicarla y a medida que los Wikileaks iban pasando de manos, me di cuenta que los demás medios tampoco publicaban ni ponían al aire nada.
Así conocí la pata mediática de la política de Estado con respecto al atentado a la AMIA, una de las razones que me impulsó a escribir los capítulos "AMIA" en Argenleaks y "Nisman" en Politileaks, mis dos libros.

"¿Cómo? ¿No lo conocés a Jaime?" me preguntó Nisman entre extrañado y sorprendido en aquel encuentro del 2011.
Acababa de decirme que en una causa tan compleja, en la que uno básicamente depende de lo que puedan averiguar los servicios de inteligencia extranjeros, su información provenía de Stiusso, ya que Stiusso era el que manejaba la relación con los servicios israelíes y estadounidenses.
Me dijo que su tarea consistía en chequear la inteligencia en bruto que le mandaba el agente, y tratar de confirmar datos para que se puedan judicializar, ya que no todo lo que le mandaba servía. Fue la única vez que lo vi y me lo dijo sin conocerme.
O sea, no era ningún secreto: Stiusso manejaba la investigación.
Y yo no conocía a Stiusso, pero por supuesto que sabía quién era.
Un espía legendario de los tiempos de la dictadura, que había trabajado con Nisman en la bochornosa primera investigación de la AMIA, él como informante, Nisman como fiscal auxiliar.
Un personaje oscuro al que por entonces se le atribuían todo tipo de "carpetazos" (operaciones de prensa) contra distintos personajes del gobierno y la oposición, desde Boudou y De Narváez, hasta Enrique Olivera y el jefe de la bonaerense.
Y sabía, sabíamos quién era porque Stiusso se había hecho famoso, y peor que le puede pasar a un espía es hacerse famoso.
Fue en julio del 2004 cuando el entonces renunciante ministro de Justicia, Gustavo Béliz, mostró una foto del agente en el programa de Mariano Grondona y denunció que Stiusso había montado "un ministerio de seguridad paralelo", al que describió como "una especie de Gestapo."
La denuncia y la exhibición de la foto le costaron años de exilio y una batalla judicial a Béliz y su familia, pero a Nisman ni siquiera lo despeinó.
La fiscalía siguió su trabajo como siempre.

Era como si existiera un Stiuso bueno y un Stiusso malo.
El Stiusso bueno avanzaba con la causa, sobre todo con los pedidos de captura contra los funcionarios y ex funcionarios iraníes acusados de haber planificado el atentado, con un dictamen que sería confirmado primero por el juez y luego por Interpol en el caso de cinco de los ocho requeridos, por votación unánime del directorio. (Esto, luego de un intenso trabajo de cabildeo conjunto secreto entre el Departamento de Estado estadounidense y la cancillería argentina, al filo de la presión política, con distintos países miembros del directorio de Interpol, según consta en una serie de cables filtrados por Wikileaks, a los que se puede acceder en www.cablegatesearch.net,, ponchando el país "Argentina" y la palabra "Nisman".)

El Stiuso bueno tenía la cara del fiscal Nisman, que seducía a los periodistas con su promesas de exclusivas de documentos secretos con revelaciones explosivas que nunca terminaban de estallar.
Funcionaba así: cada vez que iba a hacer una presentación judicial avisaba a sus contactos mediáticos, generaba expectativa.
Después, el día de la presentación, entregaba un resumen de diez o quince páginas, como hizo con la denuncia contra la presidenta.
Con eso, los diarios hacían sus tapas y echaban a rodar el ciclo informativo.
El resto era material clasificado, sensible, que debía permanecer bajo estricto secreto de sumario, porque estaba en juego la vida de agentes secretos.
Cuando se terminaba de filtrar el escrito completo resultaba ser una zaraza de los servicios que no terminaba de probar nada, pero el ciclo informativo ya había pasado hacía varios días, y a nadie le interesaba demasiado si las pruebas era endebles o secretas porque el juez bancaba, el gobierno bancaba, la opo bancaba, la AMIA bancaba y había que meterle para adelante.

Pasó con el supuesto chofer del coche bomba que habría volado la sede mutual judía, Ibrahim Berro.
Cuando Nisman anunció el 2005 que sus hermanos en Michigan habían confesado que Ibrahim era el atacante suicida, el resumen de diez páginas de una presentación judicial de cientos de páginas que Nisman había entregado a los medios, fue tapa de todos los diarios y cabeza de todos los noticieros.
Pero cuando se conoció la transcripción de la entrevista a los hermanos de Berro semanas más tarde, se supo que los hermanos habían negado que Irahim tuviera algo que ver con el atentado. Entonces Nisman dijo que los hermanos mentían, y a partir de ahí los grandes diarios y noticieros dieron por hecho en innumerables noticias que Ibrahim Berro era el atacante suicida.

Había excepciones, claro, sobre todo algunos familiares de las víctimas y periodistas rebeldes.
Los autores de los tres libros de investigación más importantes que se hicieron sobre el atentado, Salinas, Levinas y Lanata - Goldman, rechazaron la hipótesis central de Nisman.
Esto es, que fue un atentado con coche bomba y conductor suicida llevado adelante por una célula de Herzbolá, con apoyo logístico desde la Triple Frontera, por orden de la entonces cúpula del gobierno iraní.
Los cuatro autores hoy aseguran que el coche bomba no existió, dato a partir del cual descreen de toda la historia.
Pero el apoyo para Nisman era tan sólido que hasta parecía abrumador.

El juez confirmaba, la prensa avalaba, el gobierno financiaba, la opo otorgaba, las fuerzas vivas de la comunidad acompañaban.
Algunas críticas aquí y allá cerca del aniversario como para no perder la costumbre, sí, pero con crédito abierto para el fiscal especial y para el Stiusso bueno.

El Stiusso malo no tenía cara y era un personaje oscuro y poderoso que metía mucho miedo. Aparece en un cable del 9 de julio del 2008, en el que Julio y Fernán Saguier, dos de los dueños del diario La Nación, según describe el título del despacho, van a la embajada estadounidense a quejarse de las "presiones" del gobierno contra el diario.
En el párrafo siete, el cable dice así:
"La cobertura investigativa de La Nación en los días previos había implicado a Jaime Stiuso, Director General de Operaciones en la agencia de inteligencia del Gob. de Arg. (SIDE) en el caso Antonini Wilson. Los Saguier consideran a Stiuso una figura ponzoñosa ("noxious") que usa información, presumiblemente del Gob. de Arg., en contra de Argentinos con varios propósitos. Explicaron que La Nación publicó registros que mostraron que Stiuso había estado en contacto con el ex funcionario Argentino Claudio Uberti, poco tiempo después del descubrimiento de u$s 800.000 en un aeropuerto de Buenos Aires en una valija que llevaba Antonini Wilson .
El artículo rastrea muchas llamadas hechas por Uberti a la residencia presidencial en el suburbio de Olivos, y otros inmediatamente después de la incautación de la valija con u$s 800.000 hecha por agentes de Migraciones en el aeropuerto. Stiuso habría hecho tres llamadas a Uberti tres días después del descubrimiento.
Los Saguier le mostraron al embajador un artículo posterior que había salido en el diario pro gobierno BAE sobre otro caso que involucraba a Stiuso, en el que el ex Ministro de Justicia Béliz está siendo juzgado por haber revelado la identidad de Stiuso por televisión.
El artículo dice que La Nación es un apoyo posible para la defensa de Béliz.
Los Saguier se lo tomaron como una advertencia sutil."
Y más abajo, en el párrafo nueve:
"Julio dijo que estaba seguro que los teléfonos y las computadoras del diario habían sido pinchados y hackeados. El propio Fernán había sufrido un "secuestro virtual" la semana anterior. Mientras tomaba café con alguien, su esposa recibió una llamada diciendo que había sido secuestrado. Los que llamaban tenían detalles precisos sobre el el auto que estaba usando en ese momento. Su esposa no podía localizarlo porque su celular estaba apagado.
Todo transcurrió en un par de horas.
Cuando la policía le dijo que probablemente se trató de un hecho policial común, tuvo serias dudas.
Otro crimen contra el staff del diario fue el robo en la casa de Obarrio (el periodista de La Nación acreditado en la casa Rosada), hace más o menos un año, el mismo día en que tenía una suma importante de efectivo para comprarse un departamento nuevo.
Los ladrones tenían algún tipo de conocimiento previo, ellos creen, basado en evidencias de que su teléfono habían sido pinchados y que aparentemente habían entrado usando llaves. (Obarrio luego, le dijo al agregado de prensa que había presentado una querella criminal y que los abogados de La Nación estaban empujando a los fiscales para que investiguen.)
También se habló del publicitado robo esa semana al popular periodista radial Chiche Gelblung.

Aún así, el diario nunca dejó de apoyar las investigaciones de el tándem Nisman - Stiusso. Con honrosas excepciones, hasta el día de hoy sigue siendo uno de los más entusiastas seguidores de la última obra del dúo, la canción de despedida, la denuncia de un complot encabezado por la presidenta para garantizar la impunidad de los asesinos que bombardearon la AMIA.

Como ya es público y notorio, a esta altura del partido la política de Estado para proteger la investigación Nisman - Stiusso se empezó a romper hace dos años cuando el gobierno argentino firmó un memorándum de entendimiento con el gobierno iraní para que una Comisión de la Verdad, compuesta por juristas propuestos por ambos países, determine la culpabilidad o no de los acusados iraníes, eje de un brusco giro geopolítico que emprendió el gobierno en la segunda parte de la presidencia de Cristina.
Se rompió todavía más el mes pasado cuando el gobierno echó a Stiusso de la Secretaría de Inteligencia, y se terminó de romper del todo hace diez días cuando Nisman denunció a la presidenta.

A partir del acuerdo con Irán, el caso AMIA cayó en la grieta: para los medios anti k Nisman, fue más que nunca un valiente fiscal de la patria, mientras que para los medios k pasó a ser una mezcla entre demonio, inepto y vende humo.
El gobierno quedó de un lado, la oposición del otro, y las organizaciones judías en el medio, tironeadas desde los dos costados.
Primero apoyaron el acuerdo en una conferencia de prensa conjunta con el canciller Timerman. Después cambiaron de parecer y se pronunciaron en favor del rechazo antes de que el Congreso aprobara el acuerdo.
Después jugaron más fuerte: fueron a la justicia y consiguieron que un tribunal lo declare inconstitucional.
Pero cuando el fiscal denunció a la presidente, dudaron y terminaron retaceándole el apoyo ante la certeza de que Nisman se presentaría en el Congreso, digámoslo así, como de costumbre, con mucho entusiasmo y convicción, pero bastante flojo de papeles.
Para entender cómo las líneas editoriales de las dos grandes corporaciones mediáticas, atraviesan la causa AMIA tanto como las operaciones de inteligencia y los intereses geopolíticos para generar una gran ensalada que termina obturando la búsqueda de la verdad, tal vez convenga detenerse en el cruce informativo que protagonizaron los dos periodistas más importantes de la Argentina.

Por un lado Jorge Lanata, el editor más creativo y el mejor formador de equipos periodísticos del país, legítimo heredero de Natalio Botana y Jacobo Timerman.
Desde de que escribió su libro "Cortinas de humo" meses después del atentado y durante años, Lanata se la pasó denunciando, muchas veces en soledad, que la causa AMIA era una truchada, y que Nisman era un trucho.
En un video de Día D se lo ve a Lanata diciendo que la causa AMIA es miles y miles de páginas de "nada".
Pero ya con la camiseta de grupo Clarín, cuando el fiscal denunció a la presidenta, Lanata decidió que la denuncia de Nisman era tan seria, que ameritaba dejar en suspenso todo lo anterior.
Desde entonces es uno de los fogoneros de la línea Clarín: a Nisman lo mataron o lo suicidaron para callarlo por la gravedad de lo que iba a denunciar.

Por el otro lado Horacio Verbitsky, el mejor periodista de investigación de la Argentina, legítimo heredero de Rodolfo Walsh.
La semana pasada, después de la denuncia de Nisman contra la presidenta, Verbitzky escribió en el diario oficialista Página 12: 
"La gravísima denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidente CFK, intenta apuntalar la versión sobre el atentado a la sede de la DAIA que acordaron hace más de veinte años los gobiernos de Israel y la Argentina, con el respaldo de Estados Unidos, cuando aún no había terminado la remoción de los escombros: acusar a Irán y no investigar la participación de Siria, pese a que las condiciones internacionales han cambiado. El problema es que en la causa no abundan elementos que lo sostengan, por lo cual ese relato descansa en recursos políticos y publicitarios. Mientras, nada se ha avanzado en el caudaloso expediente judicial."
El artículo dice que el mismo Verbitsky ya les había advertido a sus lectores en el 2004, esto es, antes de que Néstor les creara a Stiusso y Nisman la fiscalía especial, que se trataba de una investigación trucha, digitada de antemano. También recuerda que en 2005 informó sobre la necesidad de reformar los servicios de inteligencia, tras un acuerdo amistoso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entre el gobierno argentino y la entidad de familiares de víctimas Memoria Activa, con representación legal del CELS el organismo derechos humanos que preside Verbitsky.
La referencia a sus añejos escritos del 2004 - 2005 parecen reflejar que durante la década kirchnerista Verbitsky se fumó a la dupla Nisman - Stiuso, priorizando en sus investigaciones periodísticas otros temas de indudable interés público y político.

O sea, cuando Verbistsky empezó a atacar a Nisman y Stiuso en sintonía con la nueva línea editorial del gobierno, Lanata, que siempre los había atacado, empezó a defenderlos en sintonía con la línea editorial de Clarìn, su nuevo empleador.

Entramos en la era del posperioidsmo.
Los medios se han convertido en extremos de corporaciones, y los periodistas giramos alrededor de ellas como satélites, algunos más cerca del eje, otros buscando más distancia, como intentando resisitir ese centro de gravedad que se representa en el metamensaje de la corporación.
Yo, como editor de Pagina 12 y director de la Maestría de Periodismo de la UBA, prestigioso cargo al que accedí durante este final de década kirchnerista, junto con el colega Verbitsky, parto de la corporación estatal.
Lanata, parte de una corporación que no es ningún monopolio, pero que ejerce (o ejercía hasta la ley de medios) un posición dominante en prácticamente todos los mercados infocomunicacionales de país, superando en el análisis comparativo a gigantes como la red Globo de Brasil o Televisa de México, según documentó la investigación de Mastrini y Becerra, Periodistas y Magnates. (Prometeo)

Entramos en una era en que las corporaciones y los actores comunican directamente y sin intermediarios. O que comunican a través de voceros que venden y compran de los dos lados del mostrador, fingiendo que se trata una novedad para poder llamarla noticia.

Entonces, ¿qué hacemos con la causa Nisman y con la causa AMIA?
En la causa Nisman esperar y dejar que la fiscal y la jueza trabajen tranquilas.
Yo sé que esto puede sonar kirchnerista y que no es lo que piensa la gran mayoría de los argentinos, porque las conspiraciones siempre son seductoras y porque estamos en un año electoral.
Pero hasta ahora las evidencias que se conocen apuntan a un suicidio. Mejor dicho no apareció hasta ahora ni una prueba sólida que apunte a un asesinato.
Que Nisman le dijo a su personal trainer no cuenta como prueba.
Casi lo único que se sabe a ciencia cierta es que un colaborador de su máxima confianza le llevó un revolver, se fue, y a la mañana siguiente encontraron a Nisman con un balazo en la cabeza, tirado en el baño de su custodiado departamento en un edificio inteligente.
Con respecto a que lo suicidaron, hay presiones y presiones, y hay que investigarlas a todas.
Pero si Nisman tenía una custodia de diez personas, no una ni dos, hay que dar por bueno que ya lo habían amenazado de las formas posibles y en todos los idiomas.
Por eso conviene ser prudentes y esperar. Revisar todo y estar muy atentos, como pide Lanata, reformar la ley de inteligencia y transparentar el accionar los servicios, como pide Verbitsky.

Con respecto a la causa AMIA, un volver a empezar puede sonar doloroso, pero qué más decir: el camino se hace al andar.
Pero no empezaremos de cero.
Que la pista iraní no se haya probado no quiere decir que haya que dejarla. Al contrario.
Dato por dato, folio por folio, los iraníes siguen siendo los principales sospechosos.
Aunque todo debe ser revisado con ojos frescos, insospechados y debidamente consensuados, los principales proponentes tanto la pista siria (Escudé) como pista la narco (Salinas), ni hablar de la pista del autoatentado (Petrosino), hoy por hoy lejos están de producir las pruebas que puedan convencer a una opinión pública comprometida y a una justicia independiente, como va a hacer falta para esclarecer el atentado. 
Mientras tanto, por ahora, esto es lo que hay. Tenemos a Stiusso en nuestras pesadillas, tenemos a un país entero conmovido por la muerte de un fiscal.
Tenemos medios cruzados y operetas de espías. Tenemos a los iraníes con pedido de captura como principales sospechosos, aunque sin demasiadas pruebas de un crimen atroz que ya cumplió 20 años de impunidad.

DETRÁS DE NISMAN, de Santiago O´Donnell - 18/1/15

Allá por enero del 2011, cuando Julian Assange, editor del sitio Wikileaks, me entregara un pen drive con más de 2500 cables diplomáticos estadounidenses referidos a la Argentina, lo que más me llamó la atención fue la información referida al atentado en contra de la AMIA y al fiscal de la causa, Alberto Nisman.

Los cables reflejan una y otra vez la falta de independencia del fiscal respecto de la embajada de Estados Unidos en la investigación del atentado, tal como documenté en mis libros Argenleaks (2011) y Politileaks (2014).

Dicha conducta incluye el adelantarle a la embajada medidas judiciales tanto de la fiscalía como del juzgado que entiende la causa AMIA, llevar borradores de resoluciones a la embajada para ser corregidos hasta conseguir la aprobación de la sede diplomática, y disculparse reiteradamente cuando no se dio preaviso de alguna medida judicial del caso a los diplomáticos y agentes de dicha embajada estadounidense. Los cables reflejan también que importantes referentes de las principales organizaciones de la comunidad judía, de la cancillería argentina y hasta de los propios expertos estadounidenses que le daban letra a Nisman, expresaban en privado serias dudas acerca de la marcha del expediente, pero que evitaban que esas dudas se hicieran públicas para no debilitar la causa.

Más allá de esta información, de claro interés público, me llamó la atención que el periódico español El País y el diario francés Le Monde, que venían publicando artículos sobre Argentina basados en los cables de Wikileaks desde noviembre del 2010, hasta entonces no habían publicado ni una palabra sobre los 196 cables referidos a la AMIA, muchos de ellos clasificados como "secreto" o "clasificado."

También me llamó la atención que menos de una semana después de que Assange me confiara los cables de Argentina, El País publicó por primera y única vez un artículo referido a los cables que hablan del atentado a la mutual judía de 1994. Pero lejos de poner al descubierto la connivencia del fiscal con la embajada, el artículo se dedica a ventilar algo que ya era de público conocimiento: la entonces cercanía de Nisman con el gobierno, que había empezado cuando Néstor Kirchner creó una fiscalía especial para investigar el atentado en el 2005 y nombró a Nisman para liderarla.

Titulado "EEUU sospechaba que la reapertura del caso AMIA respondía al oportunismo del gobierno argentino", el artículo arranca así:

"La embajada de Estados Unidos en Buenos Aires sospechó que el oportunismo del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y la ambición del fiscal especial Alberto Nisman determinaron, probablemente, la reactivación hace tres años de las investigaciones sobre el atentado terrorista que, en 1994, destruyó la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina en la capital argentina y causó 85 muertos y 300 heridos."

Esa misma semana redacté el artículo que terminaría siendo un año después, casi palabra por palabra, el capítulo "AMIA" de Argenleaks, con la intención de publicarlo inmediatamente en mi diario, Página/12, del cual sigo siendo jefe de la sección El Mundo, tal como habíamos convenido con Assange y también con Ernesto Tiffenberg, director del diario.

Sin embargo, Tiffenberg me comunicó que no publicaría mi texto sobre Nisman y la AMIA, así como los referidos al grupo Clarín, terrorismo en la Triple Frontera y otros que dejaban mal parados a funcionarios del gobierno, incluyendo uno sobre el vicepresidente Amado Boudou.
Pero mientras los demás textos fueron suprimidos hasta que salieron mis libros, en el caso de Nisman - AMIA Tiffenberg le entregó uno de mis cables (en ese momento tenía la exclusividad para la Argentina, según un convenio que yo mismo había firmado con Assange, con el aval de Página/12) al periodista Raúl Kollman y me informó que Kollman se encargaría de escribir sobre la AMIA porque era el experto del diario en el tema.
Entonces me ofrecí a trabajar con Kollman, pero Tiffenberg no dio lugar a mi sugerencia.

Poco tiempo después, el 27 de febrero del 2011, bajo la firma de Kollman, Página/12 publicó en su tapa del domingo "Un ayudita a los amigos para acusar a Irán"
.
El artículo descalifica a las fuentes que aparecen en los cables poniendo en duda la investigación de Nisman y dice que los cuestionamientos a la investigación del fiscal provienen de ex funcionarios judiciales procesados por encubrimiento:

"En los últimos días, el diario El País, seguido luego por La Nación y Clarín, interpretaron que el cable del 27 de mayo señalaba que, según la opinión norteamericana, Nisman, en combinación con Néstor y Cristina Kirchner, pretendieron tapar, con el pedido de detención de Menem y los demás, el problema que por entonces estaba en el centro de la escena: el conflicto con las entidades del campo. En el cable del día 22 queda claro quién sostiene esa hipótesis: los propios Menem y Galeano. Ambos dijeron públicamente que la acusación en su contra era una maniobra política. Sin embargo, todo fue confirmado en las dos instancias judiciales superiores, el juez y la Cámara. Los otros dos que abonan esa teoría del desvío de atención fueron Neuburger y González. Los cables traducen esas opiniones y, sobre el final, Wayne más bien expresa sus dudas."

También cita al propio Nisman para desmentir su cercanía con el gobierno, relación que por entonces era archiconocida: "Página/12 consultó a Nisman sobre una frase del 'garganta profunda´ de la Embajada: 'Nisman está totalmente dominado por el jefe de Gabinete Alberto Fernández. Obedece sus ordenes sin discusión y no descarto que todo sea una maniobra política de Alberto Fernández".
El fiscal respondió brevemente a Página/12. 
“Vi a Alberto Fernández dos veces en mi vida. Ambas en 2005, cuando se estableció la fiscalía especial para el caso AMIA. En ese momento gestioné ante el jefe de Gabinete la compra del sistema Excalibur de entrecruzamiento de llamadas. El presupuesto dependía de él y por ello lo fui a ver. Nunca más lo vi.”
De obsecuencia, de falta de independencia, de recibir órdenes de la embajada, ni una palabra.
Cuando leí el artículo le dije a Tiffenberg que me llamaba la atención que Página /12 siguiera la misma línea editorial de los grandes medios argentinos y extranjeros de proteger a Nisman y salvaguardar la investigación, pese a las dudas y presuntas inconductas que surgían de los cables de Wikileaks.
Me contestó que no, que La Nación y Clarín apoyaban la línea Galeano -Mullen - Barbaccia - Nisman, mientras que Página/12 sólo apoyaba lo que hacía Nisman, que era muy distinto a lo de sus antecesores, (por más que Nisman había trabajado con los fiscales procesados e identificado a los mismos presuntos culpables).

Un mes más tarde, en marzo del 2011, un colaborador de Wikileaks le entregó una copia de los cables de Argentina al periodista de La Nación, Hugo Alconada Mon, y tres meses más tarde los cables se hicieron públicos.
Sin embargo, nada se publicó hasta la salida de Argenleaks sobre la relación entre Nisman y la embajada.

Nobleza obliga, más allá del generoso espacio que me dieron algunos medios radiales para hablar del tema, empezando por Víctor Hugo Morales, el primer medio gráfico que publicó algo referido a mi capítulo de Argenleaks sobre la connivencia entre Nisman y la embajada fue Clarín.
Con la firma de Daniel Santoro, el 29 de agosto del 2011, pocos días después de la salida a la venta de Argenleaks, Santoro escribió "Insólito pedido de disculpas de un fiscal a EEUU", referido al profuso pedido de disculpas que Nisman le hicera a distintos funcionarios de la embajada por no anticiparles que pediría la captura de Menem y de otros funcionarios políticos y judiciales por presunto encubrimiento del atentado.
(Nobleza obliga también, esta semana vi a mi estimado y respetado colega Santoro en el canal de noticias del Grupo Clarín defender a capa y espada la acusación de Nisman contra la presidenta Cristina Kirchner, el canciller Héctor Timerman y otras personas, dando por cierta una conspiración que me resulta tan inverosimil como oportunista, políticamente motivada y de difícil comprobación, más allá de la opinión que me merezca el actual gobierno.)

Poco tiempo después Nisman me citó en su despacho a través de su publicista para hablar del libro, invitación que acepté de buena gana como suelo hacer cuando alguien sobre quien escribí quiere comentar lo que dije.
En esa reunión Nisman me dijo que si bien puede ser cierto que la embajada le decía esto y aquello, él no siempre le hacía caso y que continuaba investigando pistas alternativas mal que le pesara a la embajada y que la prueba está en el expediente y en que la acusación contra los encubridores de la "conexión local" fue elevado a juicio. (Esta semana el juez de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, cercano al gobierno, lo contradijo diciendo que muchas veces le pidió a Nisman que ampliara su investigación más allá de los iraníes pero que el fiscal no le hizo caso.)
Nisman también me contó que prácticamente toda su información provenía del agente de la Secretaría de Inteligencia Jamie Stiusso, ya que Stiusso tenía la confianza de los servicios secretos estadounidenses e israelíes.
Me comentó que Stiusso le pasaba información en bruto y lo que él podía corroborar lo llevaba al expediente.

Desde entonces la información sobre Nisman y la embajada desapareció de los medios hasta la firma del convenio con Irán para investigar el atentado en enero del 2013.
Era como si existiera una política de Estado que atravesaba gobierno y oposición, medios k y anti k, y los principales representantes de la comunidad judía, de que la causa no se toca y el trabajo de Nisman tampoco.

El convenio con Irán rompió el pacto de silencio y reavivó el interés en mi trabajo con los cables de la AMIA. El 17 de febrero del 2013, a horas de que se discutiera el convenio en el Congreso, publiqué en Página/12 la columna "AMIA.doc.", la que sería la base del capítulo "Nisman" de Politileaks.
Más allá de que pensara que el convenio representaba un cambio de política exterior demasiado brusco y arriesgado para el país y la causa AMIA, aún sabiendo que la información sería utilizada por el gobierno para avalar su decisión, me pareció importante compartir con los legisladores lo que decían los cables, a favor y en contra, antes de que tomaran una decisión tan importante.
Salvo la parte donde señalo que los cables muestran que durante su presidencia Néstor Kirchner había rechazado un convenio muy similar al que luego firmaría su esposa, que debí negociar con Tiffenberg palabra por palabra, el resto del texto, que documenta la falta de independencia de Nisman con respecto a la embajada, no mereció ningún reparo.
Los tiempos habían cambiado.

Ahora vuelve todo con la denuncia de Nisman y el interés de los medios k en los cables de Wikileaks sobre el fiscal.
Pos supuesto que me llamó la atención que esto ocurriera apenas días después del desplazamiento del poderoso y otrora intocable agente Stiusso.
Y sí, claro que puedo estar equivocado, pero la movida de Nisman me huele a carpetazo de los servicios.
Aún así, no quiero ser un peón en la batalla política entre el gobierno y la oposición ni avalar conductas de unos u otros que no comparto. Hablé en varias radios pero no quise salir en televisión por miedo a que mi imagen en determinado canal sea entendida como un apoyo a un lado de la grieta.
Sin tomar partido en cuestiones que me exceden largamente y sin ser un experto en el tema AMIA, entre otras razones porque cuando ocurrió yo vivía en Estados Unidos, quería decir que me duelen las manipulaciones políticas a los familiares de las víctimas que se vienen sucediendo desde que ocurrió el atentado, y la falta de Verdad y Justicia en un tema tan sensible y doloroso para todos los argentinos.

lunes, 16 de febrero de 2015

MENOS OLAS, MARINERO, de Arturo Pérez Reverte - 16/2/15

Hoy me van a disculpar ustedes la frivolidad, pero voy a destripar una vieja canción.
De José Luis Perales, por más señas.
Cuando yo era todavía jovencito, una canción suya me gustaba mucho.
Se titulaba: Un velero llamado Libertad, y me ponía bastante. Me daba marcha.
Por aquel tiempo, guerras aparte - llevaba cinco o seis años dando tumbos por el mundo como reportero, con una mochila al hombro -, yo consideraba ya el mar como una solución para muchas cosas.
Y esta canción que hablaba de navegar y de amor, por ese orden, tenía su puntito.
La escuché muchas veces, quedándome de ella con la cosa náutico - poética, y luego la olvidé, como tantos otros olvidos.
Y así estuvo, aparcada durante casi cuarenta años, hasta que el otro día, por casualidad, volví a escucharla.
Ustedes la conocen mejor que yo, sin duda. Tiene una letra muy bonita, con un irresistible toque aventurero:
"Ayer se fue / tomó sus cosas y se puso a navegar".
El protagonista del asunto, un chico joven e intrépido, coge una camisa y un pantalón vaquero y se pira de casa, o de donde esté.
"Dónde irá", dice la letra.
Dónde irá.
Admirado, el oyente que hace cuatro décadas era yo se enteraba, a continuación, de que el osado mozo "decidió batirse duelo con el mar / y recorrer el mundo en su velero / y navegar, na, na, na / y navegar".
Con un par, oigan.
Recorrer el mundo en un velero no era cualquier cosa, y sigue sin serlo.
Yo también, pensaba, cuando esté hasta el cimbel de hoteles con agujeros, animales con escopeta, cebollazos y sobresaltos, quiero irme con mi pantalón vaquero y hacer lo mismo.
Pintar estelas en el mar y toda la parafernalia marinera, o sea.
Y navegar, na, na, na. Y navegar.
Ésa, sobre todo, es la parte de la canción que yo recordaba más.
Pero el otro día, como digo, escuchándola de nuevo después de tanto tiempo, caí en la cuenta de que el fondo de la historia peralesca se me había escapado por completo.
También es verdad, dicho sea en mi descargo, que ahora llevo veintidós años navegando en un velero, aunque éste no se llame Libertad sino de otra manera, y sé de qué va la cosa.
Para qué les digo que no, si sí.
Por eso empecé a mosquearme en la siguiente estrofa:
"Su corazón / buscó una forma diferente de vivir / pero las olas le gritaron: vete / con los demás, na, na, na, / con los demás".
Porque vamos a ver, concluí después de pensarlo un rato.
El pavo se larga a dar la vuelta al mundo en su velero, dispuesto a pintar estelas en el mar y a descubrir en el cielo gaviotas, na, na, na, y en cuanto sale del puerto y el velero empieza a cabecear con la marejada, y el viento y la mar empiezan a darle por saco, como a todo el mundo, descubre que las olas tienen muy mala leche y que allí se está incómodo, y la escala de Douglas le recomienda personalmente que se vaya con los demás, o sea, a tierra firme, na, na, na.
Y que deje de hacer el panoli.
Mal vamos, chaval, concluyo en ese punto de la canción, cada vez más atento a la letra.
Pero supongo que ahora, decidido a batirte en duelo con el mar como ibas, con toda una vuelta al mundo por delante, le echarás huevos al asunto, tomarás rizos a la mayor e izarás la trinquetilla.
Sin embargo, estupefacto, compruebo que, según Perales, lo que hace el muy irresponsable es bajar a la camareta y echarse a dormir:
"Y se durmió / y la noche le gritó: dónde vas."
Y claro.
No me extraña que la noche le gritara eso, dónde vas, Tomás, a un tonto del ciruelo que sale a navegar sin tener ni idea, se jiña por la pata abajo con las primeras olas, y la primera noche, o sea, todavía cerca de la costa, con todo el tráfico de mercantes tripulados por pakistaníes y rusos borrachos que hay por allí, que lo tienen a uno de guardia hasta el alba con el "I call to the motor vessel in my port" en la boca, el tío pone el piloto automático, se echa a sobar y se desentiende del asunto.
Así que la siguiente estrofa ya no me pilla desprevenido.
No me extraña en absoluto que Perales, a continuación, nos informe de que:
"En sus sueños dibujó gaviotas / y pensó: hoy debo regresar."
Porque entonces va y regresa, el tío.
Y apenas pisa tierra, una voz - supongo que de cachondeo - le pregunta
¿Cómo estás?.
Y claro. ¿Cómo va a estar ese imbécil?, concluyes.
Pues acojonado.
Un pavo que decide batirse en duelo con el mar y dar la vuelta al mundo, pero se asusta con las olas, se echa a dormir la primera noche y a la mañana siguiente da media vuelta.
Como mucho, calculas, habrá hecho treinta millas. El hijoputa.
Y entonces va Perales y le hace una canción, por la cara.
No me digan ustedes que ese intrépido navegante, que iba a comerse las olas sin pelar, no les recuerda a muchos políticos españoles.
Y sus programas.

viernes, 13 de febrero de 2015

CONTIGO, de Joaquín Sabina

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá.
Yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros,
yo no quiero sembrar ni compartir.
Yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas,
yo no quiero que elijas mi champú.
Yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta, brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde,
yo no quiero columpio en el jardín.
Lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas,
y matarme contigo si te mueres.
Porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes.
Yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana, sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero,

yo no quiero besar tu cicatriz.
Yo no quiero París con aguacero,
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado,
no me digas volvamos a empezar.
Yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti.
Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

martes, 10 de febrero de 2015

QUIÉN BLOQUEA A QUIÉN..? CUBA E INTERNET, de Atilio Borón en revista Rebelión - 10/2/15

La accesibilidad sin restricciones a la red continúa tropezando con los grilletes del bloqueo. La «ciberguerra» que Washington le ha declarado a Cuba, un país que sigue estando escandalosamente incluido en la lista de los «patrocinadores del terrorismo», continúa su curso.
El nerviosismo que se ha apoderado de la derecha latinoamericana con la «normalización» de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ha desatado una serie de manifestaciones que asombran por la impunidad con que se desfigura la realidad.
Un ejemplo lo ofrece la columna de Andrés Oppenheimer en La Nación, del martes 2 de febrero, cuyo título lo dice todo: 
«La clave de la libertad en Cuba es el acceso a Internet».
El articulista, conocido por su visceral rechazo a toda la obra de la Revolución Cubana, se pregunta si «el régimen cubano aceptará la ayuda estadounidense para expandir el acceso a Internet».
Poco más adelante recuerda que en su discurso del 17 de diciembre del 2014 Obama dijo que «Washington eliminará varias regulaciones que impedían a las empresas estadounidenses exportar teléfonos inteligentes, software de Internet y otros equipos de telecomunicaciones, pero a juzgar por lo que me dicen varios visitantes que acaban de regresar de la isla, hay buenas razones para ser escépticos respecto de que el régimen cubano lo permita».
El remate de su artículo es de antología: «Washington debería centrarse en Internet. Y si Cuba no quiere hablar del tema, Estados Unidos y los países latinoamericanos deberían denunciar al régimen cubano por lo que es: una dictadura militar a la que ya se le acabaron las excusas para seguir prohibiendo el acceso a Internet en la isla».
Prefiero no perder tiempo en rebatir la inaudita caracterización de Cuba como una dictadura militar, que en un examen de Introducción a la Ciencia Política merecería el fulminante aplazo del estudiante que osara manifestar una ocurrencia (que no es lo mismo que una idea, más respeto a Hegel, ¡por favor!) de ese tipo.
Oppenheimer no es uno de los energúmenos que pululan en la televisión norteamericana, violadores seriales de las más elementales normas del oficio periodístico.
Pero el nerviosismo y la desesperación que se ha apoderado de los grupos anticastristas de Miami - cada vez más reducidos y desprestigiados - lo deben haber contagiado e impulsado a escribir una nota pletórica de falsedades.
Me limitaré a señalar tres.
Primero, no puede ignorar que a causa del bloqueo Cuba ingresó parcial y tardíamente al ciberespacio, y cuando se produjo la vertiginosa expansión de la banda ancha y de la Internet la Casa Blanca presionó brutalmente a quienes le ofrecían esos servicios a la isla para que los interrumpieran de inmediato, orden que por supuesto no pudo ser desobedecida por los pequeños países de la cuenca del Caribe.
Por eso, hasta la llegada del cable submarino procedente de Venezuela, hace poco más de un año, la conexión de Internet en Cuba se hacía exclusivamente por satélite.
Ahora existe ese enlace físico, pero desgraciadamente el grueso del creciente tráfico cubano todavía debe transitar a través de lentos y muy costosos enlaces satelitales, y con un ancho de banda absolutamente insuficiente. Problemas que no se deben a una decisión de La Habana sino a la obcecación de Washington.
Segundo, antes de preguntarse si La Habana aceptará la ayuda que promete Obama convendría que Oppenheimer averiguase si Washington aceptará poner fin al cerco informático dispuesto en contra de Cuba.
Su argumento parece salido de una canción para niños de María E. Walsh: «El reino del revés».
No fue Cuba quien ante el advenimiento de la revolución de las comunicaciones decidió hacerse un harakiri informático, sino que fue el imperio quien, consciente de la importancia de esas nuevas tecnologías, extendió los alcances de su criminal bloqueo para incluir también a la Internet.
Cualquiera que haya visitado ese país sabe que no se puede acceder a muchísimos sitios de la red, ni disponer de los principales instrumentos de navegación en el ciberespacio.
Si lo intenta, casi invariablemente aparecerá un fatídico mensaje de «Error 403» diciendo algo así como «Desde el lugar en que se encuentra no podrá acceder a este URL» u otro más elocuente: «El país en el que se encuentra tiene prohibido acceder a esta página».
No se puede utilizar el Google Earth, o las plataformas de desarrollo colaborativo Google Code y Source Force, o descargar libremente las aplicaciones del Android.
Y cuando se puede, el reducido ancho de banda hace prácticamente imposible trabajar con un mínimo de rapidez y eficiencia.
Todo esto, ¿por culpa del Gobierno cubano?
A mediados del año pasado el CEO de Google, Eric Schmidt, encabezó una delegación que visitó a Cuba como respuesta a las acusaciones de que el gigante informático bloqueaba el acceso a sus servicios.
Después de comprobar que varios productos de Google no estaban disponibles, Schmidt señaló oblicuamente al responsable al decir que «las sanciones estadounidenses en contra de Cuba desafiaban a la razón».
Tercero, tal vez Oppenheimer tiene razón en su escepticismo, pero no por causa de Cuba sino de Estados Unidos.
Porque, ¿cómo olvidar que a comienzos de su primer mandato Obama ya había prometido lo que volvió a prometer hace poco más de un mes: «suavizar» algunas sanciones contempladas para las empresas informáticas que tengan negocios con Cuba?
¿Qué fue lo que ocurrió? Poco y nada.
Ojalá que ahora sea diferente.
La Ley Torricelli, de 1992, había permitido la conexión a Internet por vía satelital pero con una decisiva restricción: que cada prestación fuese contratada con empresas norteamericanas o sus subsidiarias, previa aprobación del Departamento del Tesoro.
Este impuso estrictos límites y estableció sanciones extraordinarias - por ejemplo, multas de 50 000 dólares por cada violación - para quienes favorecieran, dentro o fuera de los Estados Unidos, el acceso de los cubanos a la red.
Lo que hizo Obama, en marzo del 2010, fue eliminar algunas de estas sanciones, especialmente para las empresas que faciliten gratuitamente aplicaciones de correo electrónico, chat y similares.
Pese a ello, en 2012 la sucursal en Panamá de la compañía Ericsson tuvo que pagar una multa de casi dos millones de dólares al Departamento de Comercio de Estados Unidos por violar las restricciones de exportación de equipos de comunicación a Cuba.
Como siempre: una de cal, otra de arena.
Por eso la accesibilidad sin restricciones a la red continúa tropezando con los grilletes del bloqueo. La «ciberguerra» que Washington le ha declarado a Cuba, un país que sigue estando escandalosamente incluido en la lista de los «patrocinadores del terrorismo», continúa su curso.
¿Cumplirá esta vez Obama con su promesa?¿Quién es el que «prohíbe» el acceso a la Internet en Cuba?

lunes, 9 de febrero de 2015

ESOS DELFINES VIOLADORES, de Arturo Pérez Reverte - 9/2/15

Hace un par de semanas escribí en esta página, parafraseando un antiguo dicho, que una ardilla podría recorrer España saltando de gilipollas en gilipollas sin tocar el suelo.
Y hay quien se ha mosqueado, claro.
Ya está el Reverte insultando.
Pero lo blanco y en tetrabrik suele ser leche.
Asumámoslo.
En España, por alguna razón que tiene que ver con nuestra triste historia, con nuestra tradicional, voluntaria y gozosa incultura trufada de complejos y con ese toque de demagogia oportunista que algunos, a falta de otra ocupación decente, han convertido en medio de vida, los extremos de gilipollez nacional pueden ser formidables.
Y si a los cantamañanas natos, vocacionales o simples aficionados, añades los simples tontos de infantería - otrosí llamados tontos de baba o tontos del culo -, el número de unos y otros, coincidiendo a menudo en maneras y objetivos, se hace infinito, en plan muchedumbre tan apretada que en cuanto nazcamos unos pocos más acabaremos cayéndonos al agua.
Como suele decir Carlos Herrera, que conoce a la peña hasta por las tapas, aquí hay más tontos que botellines de cerveza.
Como el espacio de que dispongo no es mucho, voy a poner sólo dos ejemplos recientes. Pero estoy seguro de que cada uno de ustedes podría aportar su buena docena y media.
O más.
Uno lo escuché en la radio y otro en la tele.
El de la radio fue en boca de una presunta señora que, indignada, reprochaba a un novelista que éste hubiera mencionado la famosa frase de Alejandro Dumas referida a sus propias novelas:
«Es lícito violar la Historia, pero a condición de hacerle hermosas criaturas».
Como habrán ustedes adivinado, la señora ponía de vuelta y media no sólo al autor de El conde de Montecristo y Los tres mosqueteros, al que calificó de machista sin escrúpulos, sino también al infeliz juntaletras que se había atrevido a citar la frase.
El uso del verbo violar ya era una agresión a la mujer, sostenía la señora.
Hasta decir «violar la correspondencia» o «violar la intimidad» lo era, sostuvo, del mismo modo que decir «el terrorismo es el cáncer de la sociedad moderna», como se había dicho un rato antes en el mismo programa, era insultar a todos los enfermos de cáncer.
Pero es que, además, según la antedicha dama, el resto de la cita dumasiana justificaba la violación y la presentaba como algo positivo y hasta lícito, lo que ya era el colmo.
De ahí pasó a mencionar las violaciones y el genocidio en Bosnia y Ruanda, asegurando que de unas cosas vienen otras, y acabó afirmando con rotundidad:
«Nunca leeré una novela de ese Dumas».
Pero lo más simpático fue que el novelista que estaba siendo entrevistado, en vez de tomárselo a cachondeo, hablar de contextos socioculturales distintos entre Dumas y lo de ahora, o recomendar a la señora que leyese a Belén Esteban, que habría sido una forma elegante de mandarla a hacer puñetas, se disculpó casi balbuciente, dándole la razón y prometiendo enmendarse en el futuro.
El muy tiñalpa.
La otra fue más bonita, si cabe.
Más zoológicamente universal.
Porque hablando de la imagen simpática que suele tenerse de los delfines, un pavo - esta vez era varón, mi primo - dijo muy serio en la tele que de simpáticos nada; pues ahí donde los ven, con su sonrisa indeleble, los machos son crueles porque «acosan a las hembras y las obligan a mantener relaciones sexuales».
A tal afirmación siguió entre los contertulios un silencio, ignoro si horrorizado o desconcertado, que duró unos segundos, antes de pasar a hablar de otra cosa, mariposa.
Y ahí, lo confieso malevo, sí eché en falta a alguien que, como la señora indignada con Dumas, se solidarizara con las pobres delfinas, forzadas por los malvados delfinos a tener relaciones sexuales contra su voluntad.
Forzadas impunemente por esos fasciomachistas con aletas en la profundidad de los mares.
Y ya puestos a ser consecuentes, que denunciara también, exigiendo soluciones urgentes, la triste situación sumisa de leonas, focas, cebras, lobas, conejas, gallinas, palomas mensajeras o sin mensaje, escarabajas peloteras, osas panda, patas azulonas, rinocerontas, tigresas de Ranchipur, urracas, murciélagas, grullas, cernícalas lagartijeras, perras salchicha, canguras australianas e hipopótamas del río Congo, entre infinidad de otras hembras oprimidas y por oprimir.
Que, todas ellas, todavía en este siglo XXI, siguen siendo forzadas al sexo con intolerable desconsideración por los machos de su especie, que van al asunto con salvaje brutalidad animal en vez de acercarse a ellas con el debido respeto y la pregunta previa de si están de humor, prenda mía, o les duele la cabeza.

viernes, 6 de febrero de 2015

MÁS DE CIEN MENTIRAS, de Joaquín Sabina

Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones, 
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un "bisnes" pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.

Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles sin fondos,
ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo,
setas en noviembre, fiebre en primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
que importa, lo siento, hasta siempre, te quiero,
hinchas del Aleti, gángsters de Coppola,
verónica y cuarto de curro Romero. 

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia, el ruido y las nueces.
Tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.

Tenemos Lolitas, tenemos Donjuanes;
Lennon y Mc Cartney, Gardel y Lepera;
tenemos horóscopos, biblias, coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes sin nombre, ni ley, ni rutina.
Tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobres exquisitos, ricos miserables,
Ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma.
Abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

martes, 3 de febrero de 2015

LOS CINCO SENTIDOS, de Javier Krahe

Esa piadosa costumbre de algunas mujeres,
la de alegrar mi vida con emociones mil
y aliviarme las penas
y prepararme cenas,
oiga, la mar de bien,
esa costumbre es muy buena para el organismo.

Cuando me duelen los ojos de ver casi todo
ellas suelen mostrarme su desnudo total,
y mi vista cansada
queda muy refrescada
tras un baño en su piel
y vuelvo a ver casi todo con ojos de niño.

Si se me aburre el oído de oír tantas gaitas
y tantas baterías como las que hay que oír,
ellas me lo recrean,
ellas me tararean,
palabritas de amor
que son un bálsamo para mis trompas de Eustaquio.

Y si metí la nariz en cualquier Dinamarca,
vienen con sus perfumes y su olor corporal
a entregarle fragantes
otros muchos instantes
a este olfato infeliz,
harto de efluvios viciados y de chamusquinas.

Siempre que me trago un sapo por no armar la bronca
luego me paso un lustro sin ganas de almorzar,
ellas cumplen el rito
de abrirme el apetito
con ostras y champán.
Bueno, quizás exagere, pero algo muy rico.

Bien por temor a dejar huellas dactilares
bien por tocar madera con cierta asiduidad,
se anquilosa mi tacto,
pero resurge intacto
y es un tacto sutil
cuando acaricia y conoce o explora y descubre.

Y aún os podría contar de algún sexto sentido,
un séptimo, un octavo, todos van a mejor
mientras me alivian penas
y me preparan cenas,
oiga, la mar de bien,
esa piadosa costumbre de algunas gachís.

SÁBANAS DE SEDA, de Javier Krahe

Tú que has tenido la rara fortuna de conocer
el corazón a la luz de la luna de mi mujer,

tú, que supiste cogerle el tranquillo a sus abrazos,
más de una vez te adivino en el brillo
de sus ojazos.

Aunque el ensueño se vista de seda no me entusiasma
cuando en la noche una sábana enreda y es tu fantasma.

Cuando descubre caricias ajenas sobre mi piel, 
ella, en lugar de cortarse las venas, me es muy infiel,
y aunque a mi lado fielmente regresa porque es muy buena,
puede también darme alguna sorpresa si hay luna llena.

Que si el amante de turno es despierto, y no un capullo,
ella se instala un buen rato en su huerto, mientras yo aúllo.

Si el astro loco preside el paisaje nada es soez,
e igual que a ella le viste de encaje su desnudez
da un espectáculo resplandeciente de un simple falo,
lo magnifica románticamente bajo su halo.

Y ella lo ve cual si fuera una alhaja y lo acaricia
y, pues la luna es de quien la trabaja, se hace justicia.
Pero después viene el cuarto menguante,
quieras que no desmereciendo con ello el amante,
compréndelo, entonces ella me busca por bares 
de cara oculta 
y vuelvo a ser el primus inter pares,
ella me indulta.

Y eso fue todo y se acuesta a mi lado junto a la
lumbre,
al calorcillo del fuego sagrado de la costumbre.

Yo, que de otras no soy el marido, fíjate tú,
echo de menos el tenso latido del "amour fou",
pero ese amor pasa por avatares bastante
extraños,
cuando a pesar de todos los pesares
pasan los años.

Y yo lo tuve, y está en mi cabeza, nunca lo
olvido,
y... para qué voy a hablar de belleza, tú la has
tenido.

Tú la has tenido, la rara fortuna de conocer
el corazón a la luz de la luna de mi mujer,
tú que supiste cogerle el tranquillo a sus
abrazos.
Más de una vez te adivino en el brillo de sus
ojazos.

Cuando en la noche una sábana enreda, y es tu
fantasma,
aunque el ensueño se vista de seda, no me
entusiasma.

LOS SIETE PECADOS CAPITALES, de Javier Krahe

Si me toca cantar cuando los cisnes,
si se acaba esta eterna juventud,
si la Flaca me aparta del show business,
cerrad también el pico al cerrarme el ataúd.


No digáis "se nos fue el mejor de todos",
"malogróse el cumplido cantautor", 
"era bueno y tenía suaves modos",
"sentado esté a la diestra de Dios Nuestro Señor".

Mi conducta, señoras y señores,
no es perfecta, dicho sea inter nos
si palmara en la fe de mis mayores
seguramente no le agradaría verme a Dios.

De los siete pecados capitales
me manejo como un artista en tres,
no hay violetas en mis juegos florales,
soberbia que se precie, o es soberbia o no lo es.

Porque más que tender a vanidoso
soy proclive al desplante de Luzbel
y si Dios, de por Sí, ya es quisquilloso,
figúrate tú el facha del arcángel San Gabriel.

Me pregunto qué tiene la pereza
para ser un pecado capital,
mas lo es y a mí, por naturaleza,
me aburre la hormiguita y la abejita y el panal.

A pesar de que un vago muy notorio
llegó a santo patrón de mi lugar,
yo tendría que hacerme el purgatorio
y eso es poner el alma de nuevo a trabajar.

Si la ira, la gula o la avaricia 
son peccata minuta para mí, 
de la envidia no tengo ni noticia
parece un poco raro, pero es cierto, y es así.

Aún sin ser desbocada mi lujuria,
uno, en fin, se limita a la mujer,
al obseso del papa y a la curia
les jode enormemente cuánto a mí me da placer.

Y me excluyen de sus "ego te absolvo"
y me excluyen de su Jerusalén,
cuando rinda por fin mi último polvo
tendré que decir "¡mierda!" donde hay que decir "amén".

Y tendré que buscarme alternativas
en la nada o en la reencarnación,
ambas dos, aún con cosas negativas
sin tanto ser supremo allí en perpetua exhibición.

No digáis "se nos fue el mejor de todos",
"malogróse el cumplido cantautor",
"era bueno y tenía suaves modos",
"sentado esté a la diestra de Dios Nuestro Señor".

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