lunes, 25 de junio de 2018

AHORA LE TOCA A LA LENGUA ESPAÑOLA, de arturo Pérez Reverte - 25/6/18

No me había dado cuenta hasta que hace unos días, mientras lamentaba las incorrecciones ortográficas de una cuenta oficial en Twitter de un ministerio, leí un mensaje que acababan de enviarme y que me causó el efecto de un rayo. De pronto, con un fogonazo de lucidez aterradora, fui consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento.
El mensaje decía, literalmente: «Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él».

No fue la estupidez del concepto lo que me asombró - todos somos estúpidos de vez en cuando, o con cierta frecuencia -, sino la perfecta formulación, por escrito, de algo que hasta entonces me había pasado inadvertido: un fenómeno inquietante y muy peligroso que se produce en España en los últimos tiempos.
En determinados medios, sobre todo redes sociales, empieza a identificarse el correcto uso de la lengua española con un pensamiento reaccionario; con una ideología próxima a lo que aquí llamamos derecha.
A cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda.
Según esta perversa idea, escribir mal, incluso expresarse mal, ya no es algo de lo que haya que avergonzarse.
Al contrario: se disfraza de acto insumiso frente a unas reglas ortográficas o gramaticales que, al ser reglas, sólo pueden ser defendidas por el inmovilismo reaccionario para salvaguardar sus privilegios, sean éstos los que sean.

Ello es, figúrense, muy conveniente para determinados sectores; pues cualquier desharrapado de la lengua puede así justificar sus carencias, su desidia, su rechazo a aprender; de forma que no es extraño que tantos –y de forma preocupante, muchos jóvenes– se apunten a esa coartada o pretexto.
No escribo mal porque no sepa, es el argumento. Lo hago porque es más rompedor y práctico. Más moderno.
Todo eso, que ya por sí es inquietante, se agrava con la utilización interesada que de ello hacen algunos sectores políticos, en esta España tan propensa secularmente a demolerse a sí misma.
Jugando con la incultura, la falta de ganas de aprender y la demagogia de fácil calado, no pocos trileros del cuento chino se apuntan a esa moda, denigrando por activa o pasiva cualquier referencia de autoridad lingüística; a la que, si no se ajusta a sus objetivos políticos inmediatos, no dudan, como digo, en calificar de reaccionaria, derechista e incluso fascista, términos que en España hemos convertido en sinónimos.
Con el añadido de que a menudo son esos mismos actores políticos los que también son incultos, y de este modo pretenden enmascarar sus propias deficiencias, mediocridad y falta de conocimientos.

Otras veces, aunque los interesados saben perfectamente cuáles son las reglas, las vulneran con toda deliberación para ajustar el habla a sus intereses específicos, sin importarles el daño causado.
Tampoco el sector más irresponsable o demagógico del feminismo militante es ajeno al problema.
Resulta de lo más comprensible que el feminismo necesario, inteligente, admirable - el disparatado, analfabeto y folklórico es otra cosa -, se sienta a menudo encorsetado por las limitaciones de una lengua que, como todas las del mundo, ha mantenido a la mujer relegada a segundo plano durante siglos.
Aunque es conveniente recordar que el habla es un mecanismo social vivo y cambiante, pero también forjado a lo largo de esos siglos; y que las academias lo que hacen es registrar el uso que en cada época hacen los hablantes y orientar sobre las reglas necesarias para comunicarse con exactitud y limpieza, así como para entender lo que se lee y se dice, tanto si ha sido dicho o escrito ahora como hace trescientos o quinientos años.
Por eso los diccionarios son una especie de registros notariales de los idiomas y sus usos.

Forzar esos delicados mecanismos, pretender cambiar de golpe lo que a veces lleva centurias sedimentándose en la lengua, no es posible de un día para otro, haciéndolo por simple decreto como algunos pretenden.
Y a veces, incluso con la mejor voluntad, hasta resulta imposible.

Si Cervantes escribió una novela ejemplar llamada La ilustre fregona, ninguna feminista del mundo, culta o inculta, ministra o simple ciudadana, conseguirá que esa palabra cervantina, fregona, pierda su sentido original en los diccionarios.
Se puede aspirar, de acuerdo con las academias, a que quede claro que es un término despectivo y poco usado - cosa que la RAE, en este caso, hace años detalla -, pero jamás podrá conseguir nadie que se modifique el sentido de lo que en su momento, con profunda ironía y de acuerdo con el habla de su tiempo, escribió Cervantes.
Del mismo modo que, yéndonos a Lope de Vega, cualquier hablante debe poder encontrar en un diccionario el sentido de títulos como La dama boba o La villana de Getafe.

Se está llegando así a una situación extremadamente crítica. Del mismo modo que se ha logrado que partidarios o defensores sinceros del feminismo sean tachados de machistas cuando no se pliegan a los disparates extremos del feminismo folklórico, a los defensores de la lengua española, de sus reglas ortográficas y gramaticales, de sus diccionarios y de su correcto uso, se les está colgando también la etiqueta de reaccionarios y derechistas - lo sean o no - por oposición a cierta presunta o discutible izquierda que, ajena a complejos lingüísticos, convierte la mala redacción y la mala expresión en argumentos de lucha contra el encorsetamiento reaccionario de una casta intelectual que - aquí está el principal y más dañino argumento - mantiene reglas elitistas para distanciarse del pueblo que no ha tenido, como ella, el privilegio de acceder a una educación (como si ésta no fuera gratuita y obligatoria en España hasta los dieciséis años).
Del mismo modo que, según marca esta tendencia, quien no se pliega al chantaje del feminismo folklórico es machista y todo machista es inevitablemente de derechas, quien respeta las reglas del idioma es reaccionario, está contra la libertad del pueblo, y por consecuencia es también de derechas. Pues, como todo el mundo sabe, no existen machistas de izquierdas, ni maltratadores de izquierdas, ni taurinos de izquierdas, ni acosadores de izquierdas, ni tampoco cumplidores de las reglas del idioma que lo sean. Resumiendo: como toda norma es imposición reaccionaria y todo acto de libertad es propio de la izquierda, quien defiende las normas básicas de la lengua es un fascista.

En conclusión, todo buen y honrado antifascista debe escribir y hablar como le salga de los cojones. O de los ovarios.
No sé si los españoles somos conscientes - y me temo que no - de la gravedad de lo que está ocurriendo con nuestro idioma común.
Del desprestigio social de la norma y el jalear del disparate, alentados por dos factores básicos: la dejadez e incompetencia de numerosos maestros (algunos ejercicios escolares que me remiten, con preguntas llenas de faltas ortográficas y gramaticales, de atroz sintaxis, son para expulsar de la docencia a sus perpetradores), que tienen a los jóvenes sumidos en el mayor de los desconciertos, y el infame oportunismo de la clase política, que siempre encuentra en la demagogia barata oportunidad de afianzar posiciones.

Pero no pueden tampoco eludir su responsabilidad los medios informativos; sobre todo las televisiones, donde hace tiempo desapareció la indispensable figura del corrector de estilo - un sueldo menos -, y que con tan contumaz descaro difunden y asientan aberraciones lingüísticas que desorientan a los espectadores y destrozan el habla razonablemente culta.
Y más, teniendo en cuenta que el Diccionario de la Lengua Española no lo hace sólo la RAE, sino también las academias de 22 países de habla hispana (de ahí tantas palabras que llaman la atención o indignan a quienes ignoran ese hecho), abarcando el habla no sólo de 50 millones de españoles que nos creemos dueños y árbitros de la lengua, sino de 550 millones de hispanohablantes, muchos de los cuales ven con estupor nuestro disparate suicida y perpetuo.
Tampoco la Real Academia Española, todo hay que decirlo, es ajena a los daños causados y por causar.
En vez de afirmar públicamente su magisterio, explicando con detalle el porqué de la norma y su necesidad, exponiendo cómo se hacen los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, dando referencias útiles y denunciando los malos usos como hace la Academia Francesa, en los últimos tiempos la Española vacila, duda y a menudo se contradice a sí misma, desdiciéndose según los titulares de prensa y las coacciones de la opinión pública y las redes sociales, intentando congraciarse y no meterse en problemas.
Esa pusilanimidad académica que algunos miembros de la institución llevamos denunciando casi una década ante la timorata pasividad de otros compañeros, ese abandono de responsabilidades y competencias, esa renuncia a defender el uso correcto - y a veces hasta el simple uso a secas - de la lengua española, ese no atreverse a ejercer la autoridad indiscutible que la Academia posee, envalentonan a los aventureros de la lengua.
Y crecidas ante esa pasividad y esos complejos, cada día surgen nuevas iniciativas absurdas, a cuál más disparatada, para que la RAE elimine tal acepción de una palabra, modifique otra y se pliegue, en suma, a los intereses particulares y, lo que es peor, a la ignorancia y estupidez de quienes en creciente número, con la osadía de la ignorancia o la mala fe del interés político, se atreven a enmendarle la plana.

Por eso, en el contexto actual, pese a que de las nueve mujeres académicas admitidas en tres siglos seis han ingresado en los últimos ocho años, pese a su formidable e indispensable labor para quienes hablan la lengua española, la Academia es considerada por muchos despistados - basta asomarse a Twitter - una institución reaccionaria, machista, apolillada y autoritaria. Cuando en realidad, gracias a algunos de sus académicos, sólo es una institución acomplejada, indecisa y cobarde.
Y ojo. Aquí no se trata de banderitas y pasiones más o menos nacionales.
Aquí estamos hablando de un patrimonio lingüístico de extraordinaria importancia; un tesoro inmenso de siglos de perfección y cultura.
De algo que además nos da prestigio internacional, negocio, trabajo y dinero.
Hablamos de una lengua, la española, que es utilizada por cientos de millones de hispanohablantes que hasta hoy, gracias precisamente a la Real Academia Española y a sus academias hermanas, manejan la misma Ortografía, la misma Gramática y el mismo Diccionario; cosa que no ocurre con ninguna otra lengua del mundo.

Constituyendo así entre todos, a una y otra orilla del Atlántico, un asombroso milagro panhispánico.
Un espléndido territorio sin fronteras.
Una verdadera patria común, cuya auténtica y noble bandera es El Quijote.

lunes, 18 de junio de 2018

QUE SE JODA ESPAÑA...!!!, de Arturo Pérez Reverte - 11/6/18

Ocurrió el otro día.
Desde hace un par de años, Sevilla es algo más que Semana Santa y Feria de Abril.
El formidable periodista cultural Jesús Vigorra y la Fundación Cajasol han puesto en pie Letras en Sevilla, un experimento de primer orden que vincula el nombre de la ciudad a la cultura de alto nivel, la historia y la literatura.
Yo echo una mano gratis et amore cuando puedo, porque Jesús es muy amigo mío.
Los dos primeros ciclos, Literatura y Guerra Civil y Chaves Nogales, una tragedia española, fueron un éxito espectacular, como lo ha sido la tercera edición, España ¿Mito, o realidad?, por la que pasaron Alfonso Guerra, Julio Anguita, Santiago Muñoz Machado y destacados historiadores, políticos, diplomáticos y escritores, con un conmovedor final de lecturas sobre nuestra Historia a cargo de Juan Echanove y Emilio Buale, que puso al medio millar de personas allí reunido - mañana y tarde durante tres días - la piel de gallina.
Uno de los invitados fue Agustí Colomines, a quien conocí hace casi cuatro décadas en Barcelona cuando él era un joven independentista.
Culto, inteligente, profesor de Historia, arrogante y seguro de sí como buen pijonacionalista, Agustí pertenece a la élite catalana de toda la vida; ésa que en el fondo, y a veces en la forma, desprecia a los Rufianes y demás charnegos útiles. Asesor áulico de Artur Mas y de Puigdemont, Agustí es uno de los cerebros que idearon el proceso separatista hoy en curso.
Y en Sevilla estuvo a la altura de sí mismo.
Desde afirmar que para él Valencia y Baleares son como para los españoles Hispanoamérica, hasta señalar que los españoles no entienden un pimiento y que no hay quien pare el proceso catalán, no se privó de nada.
El público se lo quería comer vivo. No por lo que decía, sino por cómo lo decía.
El historiador Fernando García de Cortázar y el ex alcalde de La Coruña y embajador Paco Vázquez estaban indignados por las maneras despectivas y la suficiencia con que Agustí planteaba las cosas.
Pero aquello no era una tertulia de la tele; así que, cuando el rugido popular acallaba al invitado, tuve que coger el micrófono y recordar que allí habíamos ido a escuchar argumentos de primera mano, sin manipulaciones ni intermediarios, y no a vocear el desagrado con lo que se escuchaba.
«Además - dije - Agustí tiene el valor de estar aquí, pudiendo no estar. Tiene una fe y la defiende. Es coherente con su fe y su combate».
La gente reaccionó admirable y comprensivamente, y todo siguió su curso.
Fue entonces cuando, ya que tenía el micrófono en la mano, le hice a Agustí una pregunta:
«En un Estado sin complejos como Francia o Alemania, ¿habría sido posible el procés?».
Y él fue sincero:
«Probablemente no existiríamos».
Apunté que la Cataluña francesa no existe, y él dijo:
«Allí no hay problema nacional catalán porque lo eliminaron. Y si España no ha eliminado a Cataluña…».
Lo dejó ahí, pero me lo había puesto fácil:
«¿Que se joda?», pregunté.
«Pues sí —respondió, tajante—, que se joda».
No había más que hablar, y allí acabó el debate.
Y ahora, dándole a la tecla, recuerdo ese momento y pienso que nunca estuvo tan claro, tan sinceramente expuesto; y eso es lo que quiero agradecerle a Agustí. 
En vez del hipócrita mamoneo que a diario oímos en Cataluña sobre el proceso independentista, el largo marear la perdiz a que se nos tiene acostumbrados, fue higiénico que alguien como él dijera las cosas tal cual son.
A diferencia de Francia y su Revolución, del jacobinismo implacable que hizo de nuestros vecinos una nación fuerte, culta, unida y respetable, España perdió la ocasión, no sólo en ese momento, sino muchas veces después, incapaz de superarse a sí misma, insolidaria y dispersa.
Siguió en manos de curas y espadones, de monarcas incapaces, de oportunistas periféricos y centrales.
Y nunca tuvo el coraje de enfrentarse a sus difíciles realidades.
Por eso, en mi opinión, la culpa de lo que ocurre en Cataluña no la tiene Agustí Colomines, que desde su arrogancia egoísta e insolidaria lucha por aquello en lo que cree.
La tienen nuestra larga apatía, nuestros complejos y nuestra cobardía: la de un Estado que lleva tres décadas, o más bien tres siglos, dejándose demoler casi con alegría.
La culpa es nuestra: de los españoles en general, que a diferencia de esa Francia donde Cataluña, como dice Agustí, no es un problema porque no existe y donde hay una bandera francesa en cada escuela, merecemos de sobra lo que él dijo en Sevilla. 
«Que se joda España».
Así es, desde luego.
Y lo que todavía se va a joder...

LA CASA QUE NUNCA SERÁ, de Arturo Pérez Reverte - 4/6/18

Hay héroes solitarios, guerreros aislados cuyo tesón admira e incluso enternece: gente que lucha a contracorriente incluso cuando, tarde o temprano, comprueba que la victoria estaba descartada desde el principio, y que lo de verdad necesario era luchar.
Eso es decisivo en el caso de los padres, de los maestros, de todos aquellos que, de una u otra forma, influyen en niños y jóvenes.
En este sentido dije alguna vez – éste es mi artículo 1.300 en XLSemanal, así que casi todo lo he dicho alguna vez – que tal como está el paisaje, incluido el familiar, los buenos maestros son nuestra última esperanza. Y que debería hacerse con éstos una profesión de élite, rigurosamente seleccionada, con buena paga, respetada, mimada por la sociedad a la que sirve y cuyo futuro, en buena parte, de ella depende.
Pienso en eso al recibir carta de un profesor del instituto Mariano José de Larra de Madrid: uno de los que todavía creen que el combate vale la pena.
Me cuenta que hace salidas con los alumnos por el barrio de las Letras de Madrid, lugar mítico donde, en pocas calles, vecinos unos de otros, odiándose como españoles, volcando en filias y fobias su talento y su grandeza, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Calderón, Cervantes y otros autores vivieron y murieron durante el Siglo de Oro, el más fecundo y asombroso de nuestra cultura.
Pasea por tales calles con sus alumnos, cuenta el profesor, mostrándoles todo eso: la casa de Lope, la placa donde estuvo la vivienda que compró Quevedo para echar a Góngora, el convento donde enterraron a Cervantes y la casa en la esquina de la calle del León – o lugar en el que estuvo –, donde vivió sus últimos años y murió el autor de El Quijote.

Llegado a ese punto de su carta, el profesor, como buen héroe solitario y quijotesco, hace una sugerencia deliciosamente ingenua.
Usted que está en la Real Academia y sus compañeros, señor Reverte – dice –, en una formidable institución que en otro tiempo compró y puso a salvo la casa de Lope de Vega, situada en la misma calle, ¿no han pensado hacer lo mismo con la de Cervantes?
En estos tiempos en que tanto se derrocha en gastos efímeros, ¿imagina que en vez de una tienda de calzado, como la que hay en la planta baja, se reconstruyera la vivienda del mayor genio de las letras universales, y pudiera visitarla el público?
Piense usted – prosigue – en la recreación del ambiente en que pasó sus últimos días Cervantes, los interiores, la calle vista desde las ventanas enrejadas.
¡Lope y Cervantes de nuevo cara a cara, frente a frente, en la misma calle en la que vivieron!
¿Imagina lo que harían ingleses, franceses o alemanes si tuvieran eso?…
Y concluye con un párrafo cuyo tierno candor casi llena los ojos de lágrimas.
«¿El dinero? No faltarían mecenas. ¡Qué gran publicidad! Eso quedaría para el futuro».

¿Qué responderle al buen profesor?
¿Que la Real Academia Española, que con las otras 22 academias hermanas – la última, Guinea Ecuatorial – gestiona la delicada diplomacia de la unidad lingüística de 550 millones de hispanohablantes, lucha prácticamente sola, olvidada por el Estado, asfixiada económicamente por la mala voluntad del gobierno de Mariano Rajoy, que en dos legislaturas – a diferencia de sus predecesores – no ha encontrado media hora para visitar el edificio de la calle Felipe IV?

¿Que el poco dinero con que cuenta la RAE se destina a mantener las complejas y caras estructuras, la plantilla de personal contratado y los medios técnicos que hacen posible que un estudiante mexicano, un abogado argentino, un profesor colombiano, un médico cubano, utilicen el mismo Diccionario, la misma Ortografía y la misma Gramática?

¿Que entre españoles capaces de llamar a don Pelayo mito franquista, facha al almirante Cervera o democracia de baja calidad a la que disfrutamos, en este disparate donde cualquier imbécil analfabeto, cualquier pedorra sin cualificar, osan discutirle un concepto a Juan Pablo Fusi, Sánchez Ron, Gregorio Salvador, Javier Marías o Vargas Llosa, o sea, en este antiguo lugar hoy en plena demolición, la casa donde murió Cervantes importa menos que una final de liga o el resultado de Operación Triunfo?

Lo siento, querido profesor, es la respuesta.
Su noble sugerencia sólo conmueve a cuatro gatos, y ninguno tiene medios para llevarla a cabo.
Seguirá usted luchando solo, como aquí es costumbre.
Y cuando lleve a sus alumnos ante el lugar donde murió Cervantes, frente al portal de la zapatería, tendrá que suplir con sus palabras, en la soledad de su voluntad, su lucidez, su imaginación y su coraje, lo que la desidia y la incompetencia dan al olvido en esta España miserable, desmemoriada e ingrata.

lunes, 28 de mayo de 2018

MUJERES Y CAMINOS SOLITARIOS, de Arturo Pérez Reverte - 28/5/18

Olvidamos, tal vez demasiado a menudo, que vivimos en un lugar hostil poblado por elementos peligrosos llamados seres humanos.
Y que en este lugar hay gente bondadosa y solidaria, pero también un elevado porcentaje de malvados.
Basta leer los periódicos, ver la tele o echar un vistazo alrededor, para comprender que fiarlo todo al hola qué tal y al buen rollito es el camino más corto para tener problemas.

Es inútil, incluso peligroso, creer que las buenas intenciones son posibles con sólo desearlas.
Que una simple declaración de principios nos pone a salvo, dando por supuesto que con denunciar el mal, éste dejará de existir.
Por poner un ejemplo tonto pero elocuente, es como si cada vez que un oso blanco se zampara a un fulano en el Polo Norte, los esquimales se concentraran un minuto de silencio en la puerta de sus iglús para protestar contra la violencia y luego se fueran solos y desarmados a cazar focas, pescar y tal.
Pero no lo hacen, claro. Se llevan la escopeta.
Son esquimales, pero no son gilipollas.
Conocen a los osos.

Con esto intento decir que el ser humano puede ser muchas cosas buenas, pero también tan peligroso y despiadado como un oso blanco hambriento.
Olvidarlo trae disgustos.
Por eso conviene considerar que ninguna proclamación de sanos principios, por oportuna que sea y mucho que ayude, resuelve nada si se hace desde lejos o fuera.
Que el horror, el crimen, la maldad, siempre estarán ahí, y no sirve señalarlos como cosa ajena.
Que la lucha eficaz contra el mal empieza por la admisión, la certeza sin complejos, de que ese mal existe, todos formamos parte de él, y también todos, hasta quienes parecen a salvo, vivimos expuestos a él.
Es necesario sentirnos tan víctimas como culpables. Hacer nuestros el peligro, la incertidumbre y el miedo. Saber que incluso por nosotros doblan las campanas.

Pensé en eso ayer por la noche, paseando a mis perros.
Iba por un camino solitario y mal iluminado cuando a mi espalda oí el motor de una motocicleta.
Al cabo de un momento la moto me adelantó, yendo a detenerse unos pasos más allá.
La conducía un hombre con casco, y me pregunté qué hacía allí parado y si me estaba esperando a mí, lo que parecía probable.
Seguí caminando tranquilo. Tal vez quiere preguntar algo, me dije.
Al pasar a su altura, vi que sólo se había detenido a mirar su teléfono. Seguramente buscaba orientarse por el GPS.
Nos miramos un momento, dije buenas noches y seguí mi camino.

Qué diferente, me dije, si yo hubiera sido mujer.
Intenté considerar lo ocurrido desde ese punto de vista, y el panorama cambió por completo.
Lo que puede ser una situación normal para mí, concluí, no suele serlo para ellas. Imaginé la inquietud de una mujer con la moto acercándose, la incertidumbre al verla delante, en el paraje nocturno.
Y sin duda, excepto en caso de ser una irresponsable, el miedo.
Un hombre con una moto en tu camino, como al acecho, y tú avanzando hacia él sin saber cuáles son sus intenciones, segura de que no hay cerca quien te socorra.
De ser así y no llevar los perros, incluso con ellos, seguramente habría dado la vuelta, huyendo de allí.
Qué distinta, en fin, puede verse la misma escena, idéntica situación, con los ojos de un hombre y con los de una mujer.

Ése es tal vez, concluí, el principal problema. Dos formas de ver el mundo, la misma realidad.
Una, con la tranquilidad – engañosa, pero frecuente – del hombre que durante siglos ha hecho las reglas y está habituado a manejarse con ellas, a sentirse a salvo entre iguales, donde puede medirse con las mismas fuerzas.
Otra visión, sin embargo, es la de la mujer, que durante esos mismos siglos ha sido botín de guerra, objetivo a depredar, parte socialmente débil y con frecuencia indefensa de la trama, y a la que titulares de prensa y telediarios confirman aún hoy, cada día, como ser vulnerable, parte amenazada, víctima fácil.
Objeto de caza.

Los hombres, concluí, en vez de tanto inútil minuto de silencio con el que creemos lavar nuestra conciencia, deberíamos ponernos más a menudo en el lugar de una mujer.
Acostumbrarnos a mirar el mundo con sus ojos.
Caminar por donde las mujeres caminan y hacerlo a su manera, no a la nuestra, sintiéndonos indefensos como cada día ellas se sienten.
Porque sólo adquiriendo esa mirada suya, educándonos en ella – niños, parejas, jueces –, podemos aspirar a ayudarlas lo suficiente para que, cuando caminen por un paraje solitario, ninguna de ellas tenga que darse la vuelta.
O la den, si no hay más remedio, en el mismo punto donde la daríamos nosotros.

TAVERNAS DE SEVILLA, de Arturo Pérez Reverte - 21/5/18

He escrito alguna vez, me parece, que a Europa no la liquidará el terrorismo, ni la inmigración, ni los desastres naturales.
Le dará el tiro de gracia el turismo de masas descontrolado que arroja, sobre ciudades hechas para otra clase de vida, a decenas de miles de personas – incluidos ustedes y yo – que como plaga de langosta lo arrasan todo a su paso, vomitados a diario por cruceros, transportes colectivos y viajes aéreos baratos.
Es lo que hay y habrá en el futuro, y no queda sino asumirlo como es.
Antes sólo ocurría en ciudades emblemáticas como París, Roma o Venecia, pero ya nada escapa la marabunta: Lisboa es cada vez menos antigua y señorial, el centro de Madrid se vuelve intransitable, y Sevilla es un delirio callejero donde cada comercio tradicional que cierra, y cada vez son más, reabre en forma de restaurante para guiris, tienda de recuerdos o bar de copas.

Pienso en eso paseando por mis lugares habituales de esa ciudad, Sevilla. 
Pocas me producen tanta felicidad, aún más intensa ahora por sus calles que huelen a azahar y a primavera.
El Ayuntamiento, que tantos disparates perpetra y permite, se ha cargado mi apostadero de siempre al prohibir los veladores en La Campana, esquina a Sierpes; pero todavía me quedan sitios donde ir desde el hotel Colón, que es mi casa: desayuno en Las Piletas, librería San Pablo, Becerra, El Rinconcillo, Robles, Casa Román.
Y por supuesto, Las Teresas: la joya de mi corazón sevillano.
Entro, como siempre, igual que a una iglesia; santiguándome por el milagro de que todo siga igual en esa vieja y querida esquina mágica de Santa Cruz, entre fotos de vírgenes y toreros, tapas en la barra, turistas y sobre todo sevillanos de verdad, vecinos, matrimonios que todavía vienen paseando tranquilos para tomarse aquí el aperitivo.
Mientras lugares como éste sobrevivan, me digo, hay esperanza.

En sitios así me encanta tender la oreja, escuchar conversaciones y observar a la gente.
De ese modo, mientras despacho unas papas aliñadas y una manzanilla, registro a mi izquierda el diálogo de dos anglosajones corpulentos, grandes como armarios y algo puestos en copas, con los camareros del otro lado de la barra.
«¿Tú, de Espania?», pregunta uno de los guiris; a lo que el camarero, muy torero y metido en guasa, responde:
«De donde yo soy es de Marchena».
Vacila el anglo y dice «Drink, drink».
Entonces el camarero señala a otro y apunta:
«Aquí el que habla idiomas es mi colega, que es moro».
Y el segundo camarero, que es moro de verdad, se dirige al turista en inglés y francés impecables, recita de corrido en ambas lenguas la lista de bebidas y tapas, que le lleva minuto y medio, y se lo queda mirando.
Entonces el armario, con la expresión de una vaca rumiando o un sargento de marines mascando chicle –que son idénticas–, parpadea y dice:
«Vino».
Tras lo cual, volviéndose hacia el otro camarero, el de Marchena dice:
«Acabas de salvar el negocio, compadre».

Pero lo más divertido lo tengo a la derecha, donde mientras una pareja rubia y joven, de franceses, despacha una ración de jamón y unas cervezas, a su lado viene a situarse uno de esos matrimonios sevillanos de toda la vida, vestidos para salir, corbata él, de peluquería ella.
Sin que tengan que pedirlo, a los recién llegados les sirven lo de siempre, unos finos y tapita de jamón, y en el acto pegan la hebra con los gabachos como si los conocieran también de toda la vida, con esa naturalidad que sólo es posible en Andalucía.
Y la señora, con el mismo desparpajo que si estuviera en la plaza charlando con una vecina, empieza preguntándoles cómo está el jamón, y luego si les gusta Sevilla; y después interviene el marido para contarles que hizo la mili en Ceuta y que allí aprendió cinco palabras en francés, y se las dice todas: oui, non, bonjour, bonsoir y comantalevú.
Y a los cinco minutos están hablándoles de su hija menor, que estudia Magisterio, y del hijo que es abogado en Madrid, y de la nuera, que les ha salido buena chica.
Y los franceses asienten entre amistosos y desconcertados, porque todo eso se lo están contando en español y ellos no hablan una palabra del idioma.
Y al fin, tras media hora de tertulia unilateral, al despedirse con calurosa efusión como si ya se conocieran de hace años, dice la señora:
«Ah. Y no se vayan sin ir a Triana».

Después el matrimonio paga su consumición, saluda a los camareros y se marcha del brazo, mientras el francés y la francesa – que no han abierto la boca en todo el rato – se miran, desconcertados.
Y luego, obedientes, buenos chicos, despliegan sobre el mostrador manchado de vino un plano de la ciudad y se ponen con el dedo a buscar Triana.

"TE SALUDAN, MUY MOLESTOS, TUS PADRES", de Arturo Pérez Reverte - 14/5/18

Dirán algunos de ustedes que quienes ya somos algo mayores, o estamos en una edad en la que se mira atrás con perspectiva de varias décadas, damos mucho la brasa con que antes las cosas eran tal y cual.
Y es posible, en efecto, que a veces se nos vaya un poco la mano.
Pero tampoco eso es malo, supongo, siempre que no se trate de un ejercicio cascarrabias y derrotista, sino como simple anotación de lo que fue y ya no es.
Un ejercicio, éste, que tiene una doble utilidad: le permite a uno hacer memoria, recordando –en mi caso, fijando por escrito, o intentándolo– cosas que el tiempo amenaza con borrar del archivo, y sirve también para que gente más joven y con buena voluntad se haga con referencias útiles de tiempos y mundos que ya no existen, o se extinguen, y que en cualquier caso es bueno conocer para interpretar mejor cada tiempo presente.

Todo este ladrillo inicial, prólogo o proemio, viene al hilo de algo que un amigo me ha hecho llegar, tras encontrarlo entre fotos antiguas de su madre.
Se trata de una tarjeta postal fechada el 22 de octubre de 1960, remitida por el abuelo de mi amigo a su hija – que más tarde sería madre de ese amigo –, que vivía en Cartagena.
La destinataria de la postal tenía entonces trece años y era una niña traviesa; desobediente, como se decía entonces.
Según la reconstrucción familiar de los hechos, el padre y la madre estaban pasando unos días en Madrid, y cuando llamaron desde allí por teléfono – con una conferencia, como también solía decirse, y que además era un medio de comunicación bastante caro – para comprobar qué tal iban las cosas en casa, la jovencita fue irrespetuosa y contestó a sus padres con malos modos.
Como también se decía entonces, lo hizo de mala manera.
Y eso dio lugar a que tras la conversación, disgustados con su hija, los padres le enviaran a ésta la tarjeta postal cuyo delicioso contenido fue el siguiente:

Tenemos mucho disgusto por tu actitud en la conferencia de esta tarde. Supongo que te arrepentirás de tu proceder. Pero no tienes enmienda. Te saludan, muy molestos, tus padres. 22/X/1960.

Es difícil, en mi opinión, resumir tan bien, en sólo unas breves líneas, todo un modo de entender las relaciones familiares, la educación y la vida.
Los modos de una época.
Y más cuando, como cuenta mi amigo, su abuelo no tenía título universitario ni nada semejante, sino que había hecho su vida a partir de la educación primaria del primer tercio del siglo.
Era dueño de una confitería, aficionado a la lectura y hombre, como su esposa, de trato cortés, educado en la certeza de que los buenos modales y el respeto a los semejantes hacían la vida más útil y agradable.
A los trece años de edad, su hija compartía o conocía al menos esos códigos, pues nunca se habría dirigido un mensaje semejante a una chica incapaz de entender el tono en que estaba escrito.
Traviesa y respondona, o lo que fuera, esa niña sabía lo que era una educación; y, confiando en ello, sus padres le recriminaban su conducta en la esperanza de que, con la reprimenda, esa misma educación la hiciera recapacitar.

Había y hay muchas formas de reprender a un hijo.
Pocas he visto tan perfectas y mesuradas, reflejo de épocas en que ciertas cosas se hacían de otro modo y en otro tono; de tiempos – peores en muchas cosas, pero también mejores en otras que nunca se debieron perder – donde los buenos modales, que procuraban practicar tanto la gente de condición social humilde como la más afortunada o mejor situada, cuidar las formas, en fin, eran fundamentales dentro y fuera del ámbito familiar.
Pero es que, además, a esas buenas maneras se añadía con frecuencia, como en el caso que nos ocupa, una lección de elegancia, estilo y amor por las palabras y su correcta expresión.
Demostrando así que todo eso, buena educación, respeto, lecturas que adiestren las actitudes, no sólo hacen a la gente más admirable en lo social, sino que también la convierten, con frecuencia, en mejores ciudadanos y mejores personas.
Y ahora, para tener a punto el contraste, comparen ustedes la postal del abuelo a la madre de mi amigo con lo que hoy solemos escuchar a nuestro alrededor:
«Ven pacá, Manolín, que te voy a reventar la cabeza», «Te voy a dar un palo en el culo, jodío niño, que se te van a saltar los dientes» o «Me se quema la sangre de ver al hijoputa de mi hijo».
Y así, claro, a menudo tenemos los hijos y los nietos que nos merecemos. Más o menos.
Y por supuesto, unos más que otros.

CARTA DEL Dr. OSCAR TROTTA CUANDO LO ECHARON DEL HOSPITAL GARRAHAM.

El Dr OSCAR TROTTA fue desplazado de su cargo en el Hospital Garrahanpor el Gobierno Nacional, y queremos recordar el mensaje que nos dejó:

“No se me informa por qué. No se me acusa de nada.
Es verdad que no tengo el perfil que define a los funcionarios del actual gobierno
Mi patrimonio personal no me permiten pertenecer a ese selecto grupo.

Pero estoy seguro que mi “peor” referencia, para este gobierno, es haber salido de mi despacho para llevar la asistencia medica, la vacunación y los programas de promotores sociosanitarios, a los que menos tienen, a las villas y los barrios; acercarme a las Abuelas o defender públicamente el presupuesto para el Garrahan.

Lo voy a seguir haciendo junto a mis compañeros.
Solo me han sacado el cargo.

Poca cosa.
Me quedo con lo mejor de este lugar que me toca abandonar.

Sueños de niños dolientes hechos realidad por manos mágicas y bondadosas.
Artesanos de milagros que abrazan a los retoños sufrientes de esta tierra.

Me quedo con el amor que calma el grito silencioso del niño que padece.

Me quedo con la ternura de aquellos que caminan por los pasillos del hospital junto a los invisibles.
Me quedo con los ojos negros y la sonrisa linda del ángel que envuelve entre sus manos a los náufragos de una sociedad que les da la espalda.

Me sacan atributos y mandatos, pero me quedo con lo mejor.
Me quedo con los abrazos de los compañeros trabajadores a los que no logré darles todo lo que se merecen y con la convicción de que vamos a volver mejores.

ESO NO ME LO PUEDEN SACAR.”

viernes, 25 de mayo de 2018

DIGO LA MAZAMORRA, de Peteco Carabajal

La mazamorra, sabes, es el pan de los pobres,
y leche de las madres con los senos vacíos.
Yo le beso las manos al Inca Viracocha,
porque inventó el maíz y enseñó su cultivo.
En una arteza viene para unir la familia,
saludada por viejos, festejada por niños.
All donde las cabras remontan en silencio
y el hambre es una nube con las alas de trigo.

Todo es hermoso en ella: la mazorca madura
que degranan en noches de vientos campesinos;
el mortero y la moza con trenzas sobre el hombro,
que entre los granos, mezcla rubores y suspiros.
Si la quieres perfecta, busca un cuenco de barro,
y espésala con leves ademanes prolijos
del mecedor cortado de rama de la higuera,
que a la siesta da sombra, venteveos e higos.

Recitado


Y si quieres, agrégale una pizca de ceniza de jume,
esa planta que resume los desiertos salinos,
y deja que la llama le transmita su fuerza,
hasta que adquiera un tinte levemente ambarino.
Cuando la comes, sientes que el pueblo te acompaña
a lo largo de valles o recodos de ríos.
Cuando la comes, sientes que la tierra es tu madre,
más que la anciana triste, que espera en el camino
tu regreso del campo. Es madre de tu madre,
y su rostro es una piedra trabajada por siglos.

Hay ciudades que ignoran su gusto americano,
y muchos que olvidaron su sabor argentino,
pero ella es siempre lo que fue para el Inca:
nodriza de los pobres en el páramo andino.
La noche que fusilen poetas y canciones,
por haber traicionado, por haber corrompido,
la música y el pólen, los pájaros y el fuego,
quizás a mí me salven estos versos que dijo.

SUBE, SUBE, SUBE...!!, de Víctor Heredia

Sube, sube, sube, 

Bandera del amor, pequeño corazón, 
y brilla como el sol, y canta como el mar.
Canta como el viento peinador de trigo
canta como el río, canta pueblo mío.

Sí, los pueblos que cantan
siempre tendrán futuro.

Dame tu esperanza América india
Dame tu sonrisa América negra
Dame tu poema América nueva,
América nueva, América nueva...

Volará tu cóndor y el viento del Sur
soplará las alas de América azul.
Todo el Sur, como un corazón, como un pan,
subirá al cielo de un amanecer sin dolor...

Sube, sube, sube,

Bandera del amor, pequeño corazón,
y brilla como el sol, y canta como el mar.
Canta por las voces de los que soñaron
canta por las bocas de los que lloraron.

Canta...
Canta por los bellos días que se han ido,
canta por mañana, canta buen amigo.
Canta...

miércoles, 16 de mayo de 2018

HACIA DÓNDE CONDUCE A LA SOCIEDAD ESTE HATO DE INÚTILES Y DESCARADOS..?, de Horacio Verbitzky - 13/5/18

Maurizio Macrì es el primer Presidente post dictatorial que asumió sin una crisis social o financiera, con la deuda externa más baja desde el empréstito Baring Brothers de hace dos siglos y a la vez una de las menores del mundo en relación al Producto, con una desocupación casi friccional y con una red de protección social para los más necesitados.

Pero a solo dos años no pudo frenar una corrida que en menos de dos semanas consumió el 12% de las reservas sin impedir por ello una devaluación próxima al 20%.
Sería fácil compilar la serie de frases con que Macrì y sus colaboradores adormecieron durante estos años a una parte de la sociedad intoxicada por una publicidad hipnótica que logró imponerse sobre la experiencia personal de muchas víctimas, cotejarlas con los duros hechos que recién ahora esa gente puede empezar a percibir y burlarse del ilusionista al que han dejado de salirle los trucos.
Pero es mejor que esa tarea necesaria la realicen académicos y políticos mientras desde la estratosfera tratamos de discernir qué es lo que salió mal y hacia dónde conduce a la sociedad este hato de inútiles y descarados.
El precipitado recurso al Fondo Monetario Internacional a pocas horas del supermartes 15 en el que vencen LEBACs por cerca de 30.000 millones de dólares, revela un nivel de incompetencia tan insólito que brotan las teorías conspirativas para explicarlo.


Dos colaboradores hicieron llegar sus interpretaciones a El Cohete a la Luna, no sin advertir de las dudas que sienten sobre sus propias elucubraciones.
Como se conocen casos de paranoicos a los que los persiguen, los tomamos muy en serio y consultamos con algunos columnistas confiables.

Los paranoicos
El primer colaborador cita un artículo del 16 de enero de 2018 publicado en el portal en español de Bloomberg (https://www.bloomberg.com/ latam/blog/seis-senales- anticipan-el-final-para- lebacs-de-argentina/), donde el columnista Ignacio Olivera Doll detalla seis señales claras que recibía el mercado para desprenderse de las LEBACs:

1) El BCRA tienta a los bancos con LELIQ (títulos de deuda a siete días) con una tasa superior en un cortísimo tiempo y sin pagar impuestos.

2) El Ministerio de Finanzas emite LETES (letras del Tesoro) con rendimientos más atractivos que las LEBACs y por el mismo plazo.

3) Se grava con el 5% la renta de los tenedores extranjeros de LEBACs.

4) Se prohíbe a las aseguradoras invertir en LEBACs.

5) Se le otorga mayor rendimiento a las LEBACs de plazos cortos que largos.

6) Se emite un cronograma de vencimientos de LEBACs que por primera vez no abarca todo el año sino sólo hasta junio de 2018.

Este es un mensaje claro a los operadores del mercado de que junio es el último plazo para desprenderse de las LEBACs, a cuyos tenedores se les asegura hasta entonces la máxima rentabilidad posible, planchando el dólar hasta límites que no tienen relación con la macroeconomía y aumentando la tasa de interés.

“O el gobierno está sobreactuando o la corrida fue inducida o planificada desde el Banco Central y el Ministerio de Finanzas, como un golpe de estado financiero, cuyas consecuencias se intentarán cargar una vez más al peronismo”, concluye el Paranoico 1, quien supone que un poderosísimo sector económico internacional está en connivencia con el ala dura de los neoliberales argentinos, que recelan de Macri “por ser lo que sabían que era, un pelele que ya no les es útil y que no hace lo que le pidieron que hiciera”.

El Paranoico 2 se pregunta si “el retorno al FMI no es un proyecto de Macrì & Cia. desde el principio, y toda la corrida del dólar, LEBACs y la polvareda aledaña no son más que una puesta en escena destinada a justificar ese retorno y, tal vez, paralelamente sostener el desbande inflacionario, el dólar futuro, etc”.

Esto es lo que obtuvimos en la ronda de consultas con los hombres sabios que escriben en El Cohete a la Luna.

Eduardo Basualdo
El Paranoico 1 está equivocado en algunas cosas pero no es tonto.
La fundamental: que no es un golpe contra Macri sino que él está en esta jugada.
Desde mi punto de vista, en todo caso están recorriendo un camino que quieren que culmine con la dolarización de la economía pero no para excluir a Macri sino con Macri, donde efectivamente tiene un papel fundamental el Banco Central.
Un economista que fundamentó por qué esta política no tenía salida, se sorprendió con la respuesta de un directivo de una de las grandes petroleras que actúan en el país:
Sí tiene una salida: la dolarización..!

En mi opinión, están en una política de hechos consumados hacia ese final.
Ninguno de los economistas con los que hablé están de acuerdo, lo cual es un pequeño indicio de que puede ocurrir.
El antecedente es que ésta era la propuesta de los dolarizadores en 2001, entre los que se contaba no sólo el Banco Mundial sino también Sturzenegger.

Esto no quiere decir que necesariamente sea ahora.

Sebastián Soler
No creo que haya sido orquestado.
Sturzenegger quería subir las tasas hace rato, no bajarlas, y no lo dejaron hasta que se les vino encima la corrida y entraron en pánico.
Eso no quiere decir que no haya habido jugadores de adentro y afuera con acceso a información privilegiada que les permitió hacer diferencias.

Ricardo Aronskind
El BCRA armó una pelota gigantesca con las LEBACs y las medidas descriptas por Bloomberg apuntan a desinflarla.

Así se hacen las cosas entre amigos, se trata de inducir amablemente.

También circularon rumores sobre un posible canje compulsivo por algún bono atractivo pero de más largo plazo.
Eso es más hostil desde la mirada de los financistas, pero más sensato para evitar una huida masiva al dólar.
Hoy las reservas están en 55.500 millones de dólares pero parte de ese monto es de los ahorristas.
Según el informe monetario del BCRA hay 30.000 millones de dólares en depósitos en dólares en los bancos. Quedarían entonces 25.500 propios para afrontar el vencimiento de 31.000 del martes 15 de mayo.
Un canje compulsivo previo podría evitar una catástrofe, dado el clima de altísima volatilidad.
Todo lo que vino pasando fue anunciado y criticado públicamente por los que estamos en contra, que advertimos los riesgos.
Que J. P. Morgan haya decidido salir de la Argentina es parte de sus movimientos internacionales, no creo que sea un golpe contra sus amigos, como tampoco los confusos movimientos de Sturzenegger, que han sido pésimos para las reservas, y también para las expectativas.
Golpe de estado sería si hubiera una fracción ajustadora constituida que quisiera forzar medidas que el gobierno prudentemente no ha tomado.
Por empezar porque no hay espacio social para un gran ajuste de desempleo y miseria, si quieren ganar las elecciones y seguir cambiando el país.
Creo que muchos episodios históricos son carambolas (como la llegada de Kirchner), aunque siempre haya un contexto estructural que favorece determinadas situaciones más que otras.
Puede haber una conjunción de pobreza intelectual, negocios y soberbia de financistas periféricos.
En el artículo de El Cohete sobre el dólar a 20 o a 30 yo evalué estas situaciones.
El péndulo se movió un poquito hacia 30, pero aún sigue siendo un dólar inviable económicamente y de fuerte desequilibrio externo.
El tema es que ahora se agregan otros elementos.

El Experto que lo ha Visto Casi Todo
El ala dura de los neoliberales presiona a Macri, aunque no hasta el punto de voltearlo porque no tienen estructura política, y una dictadura abierta sería inviable.

Están convencidos de que lograrán su objetivo, porque todo va a empeorar y Macri y Dujovne no saben qué hacer.
Cavallo y el CEMA forman parte de esa estructura.
Sturzenegger obedece; esta especie de golpe no lo fabrica él, lo transmite.

Intelectualmente no tiene otra manera de analizar y está resentido por la manera en que el equipo político del mismo gobierno lo relegó el 28 de diciembre al obligarlo a bajar las tasas.
Macri terminará haciendo lo que le mandan.
Es cierto que tratan de desprenderse de las LEBACs, pero no creo que como una corrida planeada.
El grupo en las sombras y el poder financiero internacional quieren ajustar más, privatizar, resguardar al Banco Central como vehículo de esta política y endeudar al Tesoro.
El mismo sentido tiene la Ley de Mercado de capitales.

Es la ofensiva del capital financiero (los grandes bancos, los fondos de inversión), un capital improductivo que saquea el producto logrado por la economía productiva.

Llamándolo neoliberalismo parece más una política y una cultura, que también lo es, pero se oculta lo que lo genera.
Con la crisis el capital productivo rinde poco, dado que la ampliación del mercado eleva los salarios o los mantiene altos y eso baja la tasa de ganancia.
Con el capital productivo el excedente social se reparte más y es posible pensar en una renta internacional futura generalizada a repartir, sobre todo con la automatización, pero el capital financiero absorbería esta posible renta internacional y transformaría virtualmente en esclavos al resto de la humanidad.
Y no se va imponiendo como golpe directo, sino por la fuerza de las cosas y la falta de horizonte político, tal como sucedió con el nazismo en Alemania.
No lo digo por casualidad sino porque éste es un proceso parecido a escala internacional y como resultado de la crisis del capitalismo.

Macri y Dujovne no entienden nada, Sturzenegger sólo atina a manejar el monetarismo y Caputo es la mano de los grandes bancos y de los fondos de inversión, porque son sus clientes, su operador de confianza.
Él facilitó esta situación
.

Por agrandar su negocio y el de sus clientes preparó el terreno para una corrida, y en eso fue acompañado por igual intención de Aranguren en el terreno de las tarifas y Clarín con las comunicaciones.
Estos son los que saben dónde están.
Caputo y Aranguren están haciendo un gran negocio
.

Los otros no midieron la imposibilidad de que la inflación bajara con las tasas de interés ni supieron escuchar todos los alertas del deterioro que se proyectan sobre la posible debacle política de Macri.

Ahora son llevados por la corriente aunque Sturzenegger sea una mano ejecutora a través del BCRA porque no sabe hacer otra cosa, y la consecuencia es que por seguir haciendo sus negocios van a terminar sonándolo a Macri, quien va a perder también con su equipo de amigos en los negocios, porque con este desbarranque y la suba del dólar los contratos PPP, dónde estaba una parte de sus negocios específicos, también se van al diablo.

La mayoría de los inversores que tengan LEBACs van a tratar de desprenderse de ellas y el resultado será que el dólar siga subiendo, pero no porque se pusieron de acuerdo sino porque cada uno por su cuenta calcula que lo mejor que puede hacer es huir.

Enrique Aschieri
Como Marx, no creo en la conspiración como causa de las crisis. La propia dinámica de las contradicciones del sistema las explica.
Son impersonales, objetivas.

Lo que está en crisis en todos lados es la teoría económica, sin que la clase política argentina tenga la menor noticia.

Mientras un sector del gobierno se jugaba a ingresar al índice mundial de mercados emergentes (MSCI) con las nuevas AFJP y los 16.000 millones de dólares que prometían, Sturzenegger y Dujovne confiaban en el disciplinamiento del FMI y un dólar alto.
Coincidía con ellos el consejero estratégico presidencial Eduardo Levy Yeyati, para quien al país le conviene un tipo de cambio alto, que ‘por un tiempo’ seguiría por encima de 22 pesos por dólar [Pero el FMI ya deja saber que debería llegar a 25,50, Cristiano Rattazzi no se conforma con menos de 26 y la semana comienza con un piso de entre 24 y 25, con las inevitables consecuencias en los precios].

A juicio de Levy Yeyati sólo el temor a la inflación desaconsejaría permitir que llegara a 30.
La secuencia de Olivera Doll es un simple cambio en la política financiera de tipos que no sabían ni saben para qué lado agarrar, en busca del Santo Grial MSCI.
Y con fuertes contradicciones internas en cómo matar a la Argentina del 17 de octubre.
Ricardo Arriazu, la eminencia gris de la AEA y el principal (no único) canal de información del FMI, da por liquidada esta etapa.
La T en la frente que tiene estampada Sergio Massa, obedece a la misma visión de Paolo [Rocca].
El núcleo dirigente que llevó a este estado de cosas, por la propia dinámica del proceso, más temprano que tarde se agota.

El objetivo de cobrar la deuda necesita un orden político que lo asegure, sin que la situación se desmadre o se desmadre lo menos posible.

Si el núcleo dirigente en trance de agotarse resiste en vez de organizar la retirada, y encima el reemplazo no se termina de consolidar, es de manual que los factores externos lo agoten imponiéndole condiciones de máxima imposibles de cumplir, sí logra el necesario espacio político para los reemplazantes.
Gobernabilidad es tiempo que viene, no que se terminó.
La macroeconomía de la transición tendrá que lidiar por varios trimestres con una considerable tasa de desempleo.
Los mecanismos constitucionales - democráticos encuadran las naturales disputas agónicas en el reemplazo.

Conclusiones

Macrì, el jefe de gabinete Marcos Peña Braun, la heroína radical Elisa Carrió, los ministros Caputo y Dujovne piden y/o recomiendan calma, porque no hay nada de qué preocuparse, lo cual optimiza la distancia entre el discurso y la realidad.

Nada más aterrador que Carrió anunciando que podemos despreocuparnos porque ella realiza inteligencia financiera.

Caputo dijo que habían decidido no emitir más deuda y que lo importante es recurrir al Fondo cuando no hay problemas, lo cual no ayuda a entender los vuelos de apuro a Washington, la cara de patíbulo de la primera línea del gobierno, las reuniones incesantes de la mesa chica en las dos sedes presidenciales y los domicilios particulares de sus integrantes y las convocatorias de fin de semana a los grandes patrones.
Para el ministro de Endeudamiento y Comisiones, el FMI fue un chivo expiatorio de las culpas del populismo y “los inversores tomaron mal la actitud de la oposición que ellos consideraban racional en relación a un posible freno al tema tarifario”.

En realidad, desde febrero se sabe que los prestamistas le anunciaron que no habría más para la Argentina y no por temor al populismo sino por la errática gestión de un equipo con plan de negocios.

Dujovne guardó los cartelitos que mostraba como columnista de Pagni pregonando "No volver al Fondo", para explicar que es el prestamista más conveniente y barato, cuando en realidad es el único, porque las demás ventanillas fueron clausuradas con ladrillo hueco y cemento.
También informó que no hay nada que temer del FMI porque no es el mismo de antes.
No obstante, los informes que sus enviados produjeron sobre la Argentina repiten la conocida monserga de abrir la economía a las importaciones, desregular el mercado de trabajo, aumentar la edad jubilatoria, recortar prestaciones sociales, bajar impuestos, contener salarios.
Puede ser, conceden, pero ahora se preocupa por los planes sociales, que el acuerdo en ciernes permitirá mantener.
Para Caputo “la gente puede estar absolutamente tranquila a partir de ahora de que está garantizado el gradualismo hacia el equilibrio fiscal y la plata para pagar las jubilaciones, las asignaciones universales, la obra pública”.

Dar buenas noticias es lindo. Si además fueran ciertas sería maravilloso.

La crítica a la desigualdad y a la débil presión impositiva sobre los más ricos tampoco es una innovación de Christine Lagarde.

Hace 30 años ésa era la respuesta de su predecesor en el FMI, el también francés Michel Camdessus, ante los reparos de los sucesivos gobiernos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem por las políticas de ajuste que reclamaba el organismo.
El 18 de enero de 1990, en un reportaje concedido a O Estado de Sao Paulo, Camdessus encomió los esfuerzos de Menem, dijo que no había ajuste indoloro, pero aclaró que “no hay ninguna razón particular para que el precio del ajuste económico recaiga más sobre los pobres. Cuando esto sucede es porque el gobierno lo permite. El gobierno debe pedir más a los privilegiados de la sociedad, porque proteger a los más pobres es la clave del éxito”.

En marzo de 1988 pasó un fin de semana reunido con el presidente y su ministro Juan Sourrouille, sin anunciarlo al país.
Venía a convencerlos de que de acuerdo con el innovador diseño de Henry Kissinger debían combinar la privatización de empresas con la capitalización de deuda, algo que recién aceptó Menem al año siguiente, espantado por el final apocalíptico de Alfonsín.
Ahora es Lagarde la que de casualidad pasa por Buenos Aires, ve luz y sube.
Nicolás le cae de maravillas...

En las primeras semanas de la presidencia de Néstor Kirchner, su gobierno se dividió respecto de las tarifas de los servicios privatizados.
Lavagna proponía conceder aumentos a cuenta de una renegociación posterior.
De Vido invertía el orden: primero la renegociación, y si correspondían, los aumentos, después de analizar las inversiones reales efectuadas por cada concesionario y la rentabilidad que obtuvieron.
Varios entes de consumidores y usuarios y el CELS hicieron una presentación ante la Oficina Independiente de Evaluación del Fondo, objetando a sus directivos por presionar al gobierno por el aumento de tarifas, sin tener en cuenta el impacto en la distribución de los ingresos, el interés de los usuarios y la accesibilidad de los servicios. Lavagna narró que los enviados del FMI “nos dijeron que había que buscar un consenso. Nosotros les dijimos que sí, si se entendía que el consenso incluía a los consumidores. Esto obviamente provocó ciertas sonrisas del lado del FMI, porque estaban pensando no en un consenso sino en un acuerdo con las empresas, que no es lo mismo”.
Las organizaciones de la sociedad civil dijeron que el Fondo impuso al gobierno argentino una suba en las tarifas “con el fin de satisfacer los intereses de las empresas privadas cuyos accionistas, en muchos casos, son empresas públicas europeas”.
Esto “no se compadece con ninguno de los fines establecidos en el Convenio Constitutivo del FMI (cooperación monetaria, expansión del comercio, lo cual mejoraría los niveles de ocupación e ingresos en todos los países, corrección de los desequilibrios en la balanza de pagos".
En cambio, el pedido de aumento de tarifas sólo respondía “a la protección de los intereses empresarios”.
Cuando “se confunden las cuentas públicas con las privadas es evidente que existe una extralimitación de las facultades del FMI”.

Quince años después no ha perdido vigencia, porque el FMI vuelve con el mismo discurso.
El CELS impugnó esta concepción, ahora ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, durante su periodo de sesiones que acaba de concluir en Santo Domingo.
Junto con una docena de organizaciones regionales presentó documentación mostrando que las políticas fiscales regresivas, que benefician a los sectores privilegiados y castigan a la población de ingresos medios y bajos, acentúan la pobreza y la desigualdad, con grave impacto en los derechos humanos ya que el primer recorte es el gasto social.

En la Argentina, el Estado recorta el presupuesto de los programas sociales básicos mientras implementa reformas tributarias regresivas y sostiene privilegios fiscales.

También hay un desfase entre los precios del suelo y el cobro del impuesto inmobiliario.

Los precios del suelo de los terrenos urbanos baldíos se multiplicaron por 26 entre 2006 y 2016, mientras el impuesto inmobiliario creció apenas 8 veces.

La disminución del peso relativo de ese impuesto alienta los procesos especulativos con la tierra, lesiona la capacidad estatal de prestación de servicios y de inversión pública y afecta directamente el derecho a un hábitat digno de los sectores más vulnerables de la población.
Se puede leer el resumen ejecutivo de la presentación conjunta entregada a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos http://www.cesr.org/sites/default/files/ExSumm%20Esp%20FINAL.pdf

El sol del 25

Además de estos planteos, el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, anunció un paro general si Macrì veta la ley que retrotrae las tarifas a noviembre pasado, y ata su aumento posterior al de los salarios.
Participarían las dos CTA, gremios de la CGT y movimientos sociales, que el 25 de mayo se movilizarán al Obelisco para un acto sobre la Avenida 9 de Julio con la sola consigna La Patria está en Peligro.
No habrá discursos y sólo se leerá un documento de pocos puntos en repudio a las políticas en aplicación y en reclamo de su modificación.

La realidad de los cuerpos toma el lugar de la fantasía de los globos.

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