Duerme tranquilamente que viene un sable
a vigilar tu sueño de gobernante.
América te acuna como una madre,
con un brazo de rabia y otro de sangre.
Duerme con aspavientos, duerme y no mandes,
que ya te están velando los estudiantes.Duerme mientras arriba lloran las aves,
y el lucero trabaja para la cárcel.
Hombres, niños, mujeres, es decir: nadie,
parece que no quieren que tú descanses.
Rozan con penas chicas tu sueño grande.
Cuando no piden casas, pretenden panes.
Gritan junto a tu cuna.
No te levantes aunque su grito diga: «Oíd, mortales».
Duermete oficialmente, sin preocuparte,
que sólo algunas piedras son responsables.
Que ya te están velando los estudiantes
y los lirios del campo no tienen hambre.
Y el lucero trabaja para la cárcel.
Las montañas se abren para que entren la ruta y el río juntos al pueblo, uno de los más lindos de la Argentina, al pie de esa piedra impresionante que es el Fitz Roy. Ese pueblo es EL CHALTÉN, en la patagónica Santa Cruz. Esta página permite mirar el lugar en que subo algunas cosas de mi archivo personal. La mayor parte pertenece a otras gentes; las menos, son propias. Algunas están muy arraigadas en mi vida, con mis afectos. A una parte de ellas algunos talentosos le han puesto música. (rt)
lunes, 11 de febrero de 2019
SERENATA PARA LA TIERRA DE UNO, de María Elena Walsh
Porque me duele si me quedo,
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Por tu decencia de vidala,
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.
Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Por tu decencia de vidala,
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.
Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.
EVA, de María Elena Walsh
Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre,
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto,
y el órgano, por Radio del Estado,
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla,
y los que maldecían por si acaso,
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.
Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "Amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte mas muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras,
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lágrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro,
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, Santa.
Hiena de hielo para los gorilas,
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?
II
Y el pobrerío se quedó sin madre,
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto,
y el órgano, por Radio del Estado,
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla,
y los que maldecían por si acaso,
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.
Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "Amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte mas muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras,
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lágrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro,
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, Santa.
Hiena de hielo para los gorilas,
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?
II
No descanses en paz, alza los brazos,
no para el día del renunciamiento,
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.
No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje,
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas,
y las violadas en los teleteatros,
y las que callan pero no consienten,
arrebatemos la liberación,
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia,
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia,
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta,
aunque nos amordacen con cañones.
no para el día del renunciamiento,
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.
No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje,
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas,
y las violadas en los teleteatros,
y las que callan pero no consienten,
arrebatemos la liberación,
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia,
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia,
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta,
aunque nos amordacen con cañones.
ENTONCES, de María Elena Walsh
Cuando yo no te amaba todavía
-oh, verdad del amor, quien lo creyera...-
para mi sed no había
ninguna preferencia verdadera.
Ya no recuerdo el tiempo de la espera
con esa niebla en la memoria mía:
¿El mundo cómo era,
cuando yo no te amaba todavía?
Total belleza que el amor inventa,
ahora que es tan pura
su navidad, para que yo la sienta.
Y sé que no era cierta la dulzura,
que nunca amanecía,
cuando yo no te amaba todavía.
-oh, verdad del amor, quien lo creyera...-
para mi sed no había
ninguna preferencia verdadera.
Ya no recuerdo el tiempo de la espera
con esa niebla en la memoria mía:
¿El mundo cómo era,
cuando yo no te amaba todavía?
Total belleza que el amor inventa,
ahora que es tan pura
su navidad, para que yo la sienta.
Y sé que no era cierta la dulzura,
que nunca amanecía,
cuando yo no te amaba todavía.
ORACIÓN A LA JUSTICIA, de María Elena Walsh
Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales,
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
que estás en los tribunales,
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.
Actualiza la balanza
y arremete con la espada,
que sin tus buenos oficios
no somos nada.
Lávanos de sangre y tinta,
resucita al inocente,
y haz que los muertos
cuánta mentira.
Actualiza la balanza
y arremete con la espada,
que sin tus buenos oficios
no somos nada.
Lávanos de sangre y tinta,
resucita al inocente,
y haz que los muertos
entierren el expediente.
Espanta a las aves negras,
aniquila a los gusanos,
y que a tus plantas
Espanta a las aves negras,
aniquila a los gusanos,
y que a tus plantas
los hombres se den la mano.
Ilumina al juez dormido,
apacigua toda guerra,
y hazte reina, para siempre,
de nuestra tierra.
Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza,
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Ilumina al juez dormido,
apacigua toda guerra,
y hazte reina, para siempre,
de nuestra tierra.
Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza,
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.
porque ya es hora.
POEMA QUE MANUEL J. CASTILLA ESCRIBIÓ TRAS EL ASESINATO DE ALBERTO BURNICHON, EDITOR
Vengan, arrímense, vean lo que han hecho.
Antes que se lo lleven mírenlo de perfil en este charco.
Ya le va ahogando el agua poco a poco el cabello
Ya le va ahogando el agua poco a poco el cabello
y la alta frente noble.
Los pastos pequeños afloran entre el agua sangrienta
Los pastos pequeños afloran entre el agua sangrienta
y le tocan el rostro levemente.
Su corazón sin nadie está aguachento con una bala adentro.
Su corazón sin nadie está aguachento con una bala adentro.
¿Miraron ya?
¿Era de mañana, de tarde, de noche que ustedes lo mataron?
¿Se acuerdan cuándo era?
(Los alquilones sólo miran la hora del dinero.)
¿Se acuerdan cuándo era?
(Los alquilones sólo miran la hora del dinero.)
No, no se vayan, oigan esto.
El hombre que ustedes han matado amaba la poesía.
Cuando ustedes aún no habían nacido,
los pies de ese señor iban por todos los pueblos de Argentina
dejando en cada uno la voz de los poetas.
Esos versos llevaban
dejando en cada uno la voz de los poetas.
Esos versos llevaban
sus ganas de justicia y de mostrar belleza.
Ustedes han cobrado dinero por matarlo
Ustedes han cobrado dinero por matarlo
y él jamás cobró nada porque ustedes aprendieran a leer.
Fíjense:
hacía libros de poemas que regalaba a los obreros.
Tenía como ustedes, hijos, mujer y un techo
hacía libros de poemas que regalaba a los obreros.
Tenía como ustedes, hijos, mujer y un techo
que también le han derrumbado
y libros de aprender a ser gente.
Todo eso han destruido,
y libros de aprender a ser gente.
Todo eso han destruido,
¿se dan cuenta?
¿Y ahora?
¿Y ahora?
Ustedes, pobres matadores,
perdonados por él, ya reposados,
piensan conmigo:
perdonados por él, ya reposados,
piensan conmigo:
¿Qué haremos con el muerto?
Yo lo recobro ahora, húmedo en yuyarales.
Mi mano le despeina como a un nido dormido.
Miro su portafolios abierto
en donde caben todas las sorpresas del mundo,
fotos de sus amigos pintores y escultores,
saliendo entre las pruebas de algún libro de versos.
Lo miro apareciendo en cualquier parte
fotos de sus amigos pintores y escultores,
saliendo entre las pruebas de algún libro de versos.
Lo miro apareciendo en cualquier parte
en cuanto lo han nombrado.
Se iba quedando siempre que se iba.
Se iba quedando siempre que se iba.
Por eso estaba con nosotros, ausente.
Nos quería en silencio.
A Wernicke, a Galán, a Lino Spilimbergo y a Alonso.
Luis Víctor Outes, Bustos,
A Wernicke, a Galán, a Lino Spilimbergo y a Alonso.
Luis Víctor Outes, Bustos,
le arrodillaban el corazón
cuando Rolando Valladares triste,
cuando Rolando Valladares triste,
andaba en las vidalas.
Se echaba en la amistad
Se echaba en la amistad
como un vino en las copas
y había que beberlo
hasta la última luz del alba y la alegría.
Va cielo arriba, en Córdoba, solito.
y había que beberlo
hasta la última luz del alba y la alegría.
Va cielo arriba, en Córdoba, solito.
Nosotros, aquí en Salta, lo pensamos.
Y ahora, matadores alquilados:
¿qué hacemos con el muerto?
¿qué hacemos con el muerto?
Salta,
16 de abril de 1976
PASTOR DE NUBES, de Manuel J. Castilla y Fernando Portal
Ese que
canta es Barboza,
pastorcito tastileño.
Apenas se lo divisa,
cuando llovizna en el cerro.
Cada cardón de la falda
se le parece por dentro.
Un poco por las espinas,
pero más por el silencio.
La florcita amarilla
de tu sombrero,
pastora, dámela en Pascua,
que es tiempo de andar queriendo.
Mirando pasar las nubes,
encima 'el cerro me quedo,
y de golpe me parece
que soy yo el que se está yendo.
Pastores como Barboza,
puede ser que estén habiendo.
Pero ninguno como él,
que de amor ande muriendo.
Apenas se lo divisa,
cuando llovizna en el cerro.
Cada cardón de la falda
se le parece por dentro.
Un poco por las espinas,
pero más por el silencio.
La florcita amarilla
de tu sombrero,
pastora, dámela en Pascua,
que es tiempo de andar queriendo.
Mirando pasar las nubes,
encima 'el cerro me quedo,
y de golpe me parece
que soy yo el que se está yendo.
Pastores como Barboza,
puede ser que estén habiendo.
Pero ninguno como él,
que de amor ande muriendo.
LA POMEÑA, de Manuel J. Castilla y Gustavo Cuchi Leguizamón
Eulogia Tapia, en La Poma,
al aire da su ternura.
Si pasa sobre la arena,
y va pisando la luna.
El trigo que va cortando
madura por su cintura.
Mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan.
El sauce de tu casa
está llorando.
Porqué te roban Eulogia,
carnavaleando.
La cara se le enharina,
la sombra se le enarena.
Cantando y desencantando,
se le entreverán las penas.
Viene en un caballo blanco,
la caja en sus manos tiembla.
Y cuando se hunde en la noche
es una dalia morena.
al aire da su ternura.
Si pasa sobre la arena,
y va pisando la luna.
El trigo que va cortando
madura por su cintura.
Mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan.
El sauce de tu casa
está llorando.
Porqué te roban Eulogia,
carnavaleando.
La cara se le enharina,
la sombra se le enarena.
Cantando y desencantando,
se le entreverán las penas.
Viene en un caballo blanco,
la caja en sus manos tiembla.
Y cuando se hunde en la noche
es una dalia morena.
BALDERRAMA, de manuel J. Castilla y Gustavo Cuchi Leguizamón
A orillitas del canal,
cuando llega la mañana,
sale cantando la noche
desde lo de Balderrama
Adentro puro temblor,
el bombo con la baguala.
Y se alborota quemando
dele chispear la guitarra
Lucero, solito,
brote del alba.
Dónde iremos a parar
si se apaga Balderrama.
Si uno se pone a cantar,
un cochero lo acompaña,
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba.
Zamba del amanecer,
arrullo de Balderrama,
canta por la medianoche,
cuando llega la mañana,
sale cantando la noche
desde lo de Balderrama
Adentro puro temblor,
el bombo con la baguala.
Y se alborota quemando
dele chispear la guitarra
Lucero, solito,
brote del alba.
Dónde iremos a parar
si se apaga Balderrama.
Si uno se pone a cantar,
un cochero lo acompaña,
y en cada vaso de vino
tiembla el lucero del alba.
Zamba del amanecer,
arrullo de Balderrama,
canta por la medianoche,
llora por la madrugada.
GENTE EN LOS SUEÑOS, de Manuel J. Castilla
Los sueños tienen gente.
Y uno, dormido,
es como una casa
que de golpe se llena de personas.
Hay veces que ellas y uno, todos,
caminamos y hablamos
y nos oímos apenas
como si conversáramos desde lejos.
Uno habla con los amigos muertos.
Y cuando se recuerda,
se hunde en un espejo, de espaldas,
las manos llenas de ademanes vacíos.
Y un día brillante queda lejos y solo.
Y uno, dormido,
es como una casa
que de golpe se llena de personas.
Hay veces que ellas y uno, todos,
caminamos y hablamos
y nos oímos apenas
como si conversáramos desde lejos.
Uno habla con los amigos muertos.
Y cuando se recuerda,
se hunde en un espejo, de espaldas,
las manos llenas de ademanes vacíos.
Y un día brillante queda lejos y solo.
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