viernes, 17 de abril de 2020

DECEPCIONANDO AL PERSONAL, de Arturo Pérez Reverte - 13/4/2020

Llevo 27 años escribiendo esta página, sin faltar un domingo, y eso hace un total de 1.397 artículos publicados aquí. Escribiendo novelas llevo algo más: 37 años.
Y antes de eso, o solapándose con ello, anduve 21 años como reportero de prensa y televisión.
Convendrán conmigo en que habría que ser muy embustero, maquiavélico e incluso inteligente - punto que estoy lejos de rozar, me temo - para que, con semejante exposición pública, un lector lúcido no advirtiese mis puntos de vista: mi forma de mirar el mundo.
Como dijo no recuerdo quién, se puede engañar a alguien mucho tiempo, se puede engañar a muchos durante algún tiempo, pero es imposible engañar a todos durante todo el tiempo.
Esta introducción viene al hilo de lo que ocurrió hace dos semanas, pero en realidad ha ocurrido otras veces.
Estaba en Twitter con algo que me pareció divertido para pasar el rato: llamar por teléfono a amigos o conocidos para que me contaran lo que en ese momento les pasaba por la cabeza: qué leían, qué hacían, qué pensaban del confinamiento en que estamos.
Lo hice sin que nada tuviera que ver con eso su filiación política, el que la tuviera o tuviese. Preguntando a todos cuyos teléfonos tenía a mano.
La respuesta fue masiva y generosa, y mis seguidores tuiteros y yo mismo pasamos buenos ratos enterándonos de cómo Álex de la Iglesia recomendaba series de televisión, José María García largaba de los políticos, Juan Eslava se las ingeniaba con la parienta, Mario Vargas Llosa hablaba de Galdós y Begoña Villacís cambiaba los pañales de su hija. Cosas así.
Fue simpático. Tres tardes agradables y medio centenar de testimonios.
Pero incluso en ese espacio relajado, diverso, donde lo mismo Juan Carlos Monedero, izquierdista extremo, contaba su tabla de gimnasia que Santiago Abascal, líder de Vox, relataba sus inquietudes de estos días, asomó, como no podía ser de otro modo en este envenenado lugar llamado España, el sectarismo y la mala leche.
Y no de los interrogados, pues todos estuvieron impecables, sino de algunos tuiteros que, al verlos aparecer allí, se lanzaron a controlar con quién podía yo hablar por teléfono y con quién no.
Fue interesante, aunque no inesperada, la visceralidad sectaria con que algunos comunicantes me reprocharon que diese voz, incluso para decir qué película estaban viendo, a alguien de derechas, a alguien de izquierdas, a alguien cuya catadura moral o intelectual cuestionaban. A un rojo, un fascista, cualquiera que no encajara en gustos o ideas.
Hasta a José María García le reprocharon tener pasta y ser bajito.

Pero lo que más me llamó la atención no fue eso, sino el latiguillo que a veces surge cuando en un artículo o tuiteo hago referencia a lo que un indignado no comparte: me ha decepcionado usted, o - aquí se pasa mucho al tuteo - me has decepcionado, Reverte.
Llevo leyéndote toda la vida, tengo todos tus libros, pero al mencionar a ese rojo, a ese fascista, a esa tortillera, a ese corrupto, a ése cuyo mundo no comparto, se me ha caído un mito.
Veo que quieres congraciarte, que has cambiado, que te arrimas tal y cual. Qué decepción, tú antes molabas.
Nada importa que el día anterior la mención a alguien de su gusto, que aplaudió, fuera criticada por quienes piensan lo contrario.
Nada importa, tampoco, que a estas alturas de la vida uno se haya ganado el derecho a telefonear, aludir, elogiar o criticar a quien le dé la gana, con una agenda que desde hace medio siglo - también con eso escribo novelas - concita a toda clase de gente respetable o infame, lo que incluye a políticos, periodistas, asesinos, mercenarios, prostitutas, proxenetas, traficantes…
Con ellos tuve y tengo contacto, conversaciones y en algún caso amistad.
He conocido a narcos y torturadores, policías y ladrones, misioneros y héroes, y todos ellos me ayudaron a enfocar con más nitidez la vida, como debe ser.
Escuchar, dar voz, interesarse por todos, buenos o malos según se mire, no significa aprobar ni compartir.
Les aseguro que si tuviera los teléfonos de Hitler, Stalin, Nerón o la mujer de Putifar también los llamaría de vez en cuando  - sobre todo a la mujer de Putifar - para ver qué opinan del coronavirus o el lucero del alba.
Incluso me tomaría una copa para tirarles de la lengua, como hice en mi vida con tanta gente noble y también con tanto hijo de puta.
Sólo se trata de mirar más allá de lo que las orejeras de la estupidez y el sectarismo limitan; ver que hay otro mundo, aunque no sea el propio - aunque también lo es de alguna forma -, al otro lado de la colina.

Y si después de medio siglo contándolo a alguien se le cae un mito por un tuit de 280 caracteres, lo tengo claro: que enrolle cuidadosamente el mito, se lo introduzca en el ojete y se vaya a hacer puñetas.

jueves, 16 de abril de 2020

ABUELA, de Julio Leandro Fernández Froy

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“Grandmother” te dicen los ingleses, y los yankis. Porque sos grande y sos madre.
“Bobe” los judíos, para pronunciarte fácil, desde pequeños, cuando tus mimos son cercanía, educación, y sobre todo, memoria.
“Nonna” te dicen los tanos, y aquellos que sin serlo casi ya, heredaron de la Italia forjadora la invitación al canto que es la tarantela exorcizante de un Domingo de Ñoquis y remembranzas.
Me confía Google que en Suajili te dicen “Bibi”, en Yoruba “Silá”, en Igbo “Nne Nne”.
Y mirá cómo se me hace que siempre te llaman de forma que salga de la lengua más torpe con gentil dulzura.
No es distinto el niño africano, el hindú, el parsi, o el latinoamericano.
No es más torpe el Zulu que te dice “ugogo”, que el Cebuano de la Oceanía que te llama “Lola”, a este pobre niño argentino que siempre te ha dicho Abu.

Y es que madre de mi madre, dulce compañía de la infancia de mi padre, yo hace tiempo que no te tengo, te fuiste volando cuando mamá era con sus quince años la más grande de cinco niños que anhelaban tus abrazos, y se retorcían de dolor con tus sofoques… y no contaba once años cuando en el portentoso porte de esa jarýi guaraní de a poco te apagaste, olvidando todo, menos el amor que diste y que te dieron.
Pero para mí tuviste muchos otros rostros.
Distintos, silenciosos unas veces, otros bulliciosos.
Siempre amorosos.

Fuiste la educación en la empatía de Doña Peti, aunque para mi la nona, la gentil kiosquera de la otra cuadra, que en mi infancia me regalaba caramelos en cada mandado, y que me dejaba jugar en el fondo de su casa para a veces esconderme del momentáneo enojo que mis travesuras causaran a mis viejos.
Y que aún apagada muchas veces de sueños, siempre consentiste los míos, desde aquella vez que, con la sabiduría de todo niño, te enseñé que una fantasía que te mantenga ilusionado vale más que una verdad que en nada te enaltece.

Fuiste la cultura de cuidado de esa genial hamburguesera Mauri, que al día de hoy sostengo, frente a Dios y la humanidad toda, es la que mejores hamburguesas hace bajo todos los cielos de la tierra. Ese poco pan y carne que tanto me sabe a infancia.
Que al recibirme en tu casa me escuchabas recitar de memoria el último libro que hubiera leído, o contar mis mentiras, esa pequeña y primigenia forma de literatura que conocemos los soñadores y poetas.
Que alguna vez lloraste más que yo cuando me dejé un lunar de nacimiento donde en mi brazo cayó el queso derretido y sabrosísimo de una pizza que esperaban los comensales, y que expectante me hacia salivar entonces y aun ahora mismo.
Que hace poco cuando llevé a mi hija a conocerte la tomaste de la mano y como si fuera yo mismo a tu casa, detrás de la cocina la llevaste para llenarla de perfumes y cremas, de caricias, de cariño y de memoria.

Fuiste mi más temprano entendimiento de la valía del aprendizaje por su valor en sí mismo de Doña Velia Ines de Quijano, la que me compró mi inaugural planta la primera vez que me animé a la calle, por la insolente obsesión de ganarme lo que esperaba merecerme.
Y que cada día me esperaba con pan viejo tostado en una olla y un café con leche, para hablar de plantas y poemas.
De tus aventuras juveniles con tu buena amiga, doña Blasia quien también era mi abuela.
Para llevarme a pasear en tu jardín, para enseñarme lo poco o mucho que a la vida le robaste.
Y para decirme lo notablemente parecido que era a mis ancestros, en lo tozudo y bien dispuesto.

Fuiste muchas enseñanzas.
El valor del esfuerzo compartido que me dio esa mujer, la suegra de mi niñera Mary, esa otra madre que la vida me regaló, Ña Carmen Vallejos de Acosta, quien me enseñó que quien quiere torta frita, bueno es que acarree la leña.
Y que en el hogar más pobre y en el más rico han muerto hijos, y se extrañan abuelos.
Y que la solución para casi cualquier dolor es la compañía adecuada con un cocido quemado y un poco de masa frita en una olla que de tanto dar de comer se ha hecho negra como la noche, y aun así parece un brillante faro de esperanza.
De domingo en familia, de Iglesia privada, donde las risas de los niños son las campanadas y la abuela alegre el sacerdote en su esplendor de vestido floreado y perfume frutal.

Y fuiste también la abuela de una de mis fans, Natalia, quien hace poco te perdió, pero que te tiene tan presente en su sonrisa, en su mirada cálida, en su gentil presencia de Jazmín silvestre, que sospecho que un día te verá nacer en el espejo cuando una nieta terrible le saque una sonrisa.
Y sos, desgraciadamente, lo que está pandemia maldita quiere robarnos.
Sos quien siempre ha cuidado de nosotros, y que hoy, en un giro raro y poético, debe ser cuidado. Sos una herencia maravillosa para los más chicos que solo de vos podrían aprender como se conjugan los verbos de amar y poder.

Así que, abuela, bobe, nonna, sos todas estas cosas en mi memoria.
Y tantas otras en la remembranza de aquellos que al leerme lloren por vos que te fuiste o que te estás yendo. Y aún otras que no puedo decir en palabras, pues sólo pueden ser dichas en abrazos que, si entre todos nos cuidamos, aún podrán darse.

Por vos abuela, nonna, bobe, ugogo, bibi, Abu.
Por vos hoy todos nos quedamos en casa.
Por que esos locos bajitos que corren en la casa las necesitan.
Porque son amor, y son memoria.
Y este mundo perdería mucho de su color sin su mirada.

#PorLaNonnaTodosEnCasa

martes, 14 de abril de 2020

DE ALGUNA MANERA, de Luis Eduardo Aute

De alguna manera
tendré que olvidarte,
por mucho que quiera
no es fácil, ya sabes,
me faltan las fuerzas,
ha sido muy tarde
y nada más, y nada más,
apenas nada más.

Las noches te acercan
y enredas el aire,
mis labios se secan
e intento besarte.
Qué fría es la cera
de un beso de nadie
y nada más, y nada más,
apenas nada más.

Las horas de piedra
parecen cansarse
y el tiempo se peina
con gesto de amante.
De alguna manera
tendré que olvidarte
y nada más, y nada más,
apenas nada más.

ANDA, de Luis Eduardo Aute

Anda
quítate el vestido, las flores y las trampas
ponte la desnuda violencia que recatas
y ven a mis brazos dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Anda
deja que descubra los montes de tu mapa
la concupiscencia secreta de tu alma
y ven a mis brazos dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Anda
pídeme que viole las leyes que te encarnan
que no quede intacto ni un poro en la batalla
y ven a mis brazos dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

Anda
dime lo que sientes, no temas si me mata,
que yo solo entiendo tus labios como espadas
y ven a mis brazos dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado

SÓLO ARCO IRIS, de Santiago Feliú (1979)

El cuerpo tiembla y la sonrisa queda muda.
Trepando en arco iris mi timidez y mi pasión,
me vibran frases sin sonidos:
estoy tendido ante tu piel, ante ti.

Suenan las campanas del adiós
y me colma de ansias tu pelo en despedida,
manantial de soles perfumados por la juventud,
hunde más tu boca en esta luna vacía.

Y déjame en capullos tu beso enamorado,
que no duela tu pelo en despedida.
Desátame las bridas, encaja tus pupilas
en medio de mi timidez y mi pasión,
manantial de soles perfumados por la juventud,
hunde más tu boca en esta luna vacía.

AYE Y HOY ENAMORADO, de Santiago Feliú

Pasea redonda la noche,
pasea vagabunda y muda,
y las palomas no se juntan,
y las luciérnagas no hablan.

Es triste tiempo de nevadas
aunque no caiga ni una escarcha,
temblando van los corazones
desamparados en el hambre.

Las calles son leones
devorando portales,
desalojando el sueño,
despidiéndolo del mundo.

Y ahí está el enamorado
pidiéndole a la esperanza
que su pecho no se inunde
con el llanto de su tiempo.

Pasean las noches de enero,
vagabundas y alegres,
se juntan todas las palomas:
parecemos luciérnagas.

Y ahí está el enamorado,
con su luna entre los brazos,
pidiéndole a la esperanza
para todos, para todos.

MOVIMIENTO, de Jorge Drexler

Apenas nos pusimos en dos pies
comenzamos a migrar por la sabana,
siguiendo la manada de bisonte
más allá del horizonte, a nuevas tierras lejanas.

Los niños a la espalda y expectantes,
los ojos en alerta, todo oídos,
olfateando aquel desconcertante
paisaje nuevo, desconocido.

Somos una especie en viaje,
no tenemos pertenencias sino equipaje;
vamos con el polen en el viento,
estamos vivos por que estamos en movimiento.

Nunca estamos quietos,
somos trashumantes, somos
padres, hijos, nietos y biznietos de inmigrantes;
es más mío lo que sueño que lo que toco.

Yo no soy de aquí pero tu tampoco,
yo no soy de aquí pero tu tampoco,
de ningún lado, de todo, y de todos
lados un poco.

Atravesamos desierto, glaciares, continentes;
el mundo entero de extremo a extremo;
empecinados, supervivientes,
el ojo en el viento y en las corrientes,
la mano firme en el remo.

Cargamos con nuestras guerra,
nuestras canciones de cuna,
nuestro rumbo hecho de versos
de migraciones, de hambrunas.

Así ha sido desde siempre, desde el infinito
fuimos la gota de agua viajando en el meteorito;
cruzamos galaxias, vacíos, milenios,
buscamos oxigeno, encontramos sueños.


Apenas nos pusimos en dos pies
y vivimos en la sombra de la hoguera,
escuchamos la voz del desafío,
siempre miramos al río, pensando en la otra ribera.

Somos una especie en viaje,
no tenemos pertenencias sino equipaje;
nunca estamos quietos, somos trashumantes;
somos padres, hijos, nietos y biznietos de inmigrantes.
es más mio lo que sueño, que lo que toco.

Yo no soy de aquí pero tu tampoco,
yo no soy de aquí pero tu tampoco;
de ningún lado, de todo y, de todos
lados un poco.


Los mismo con las canciones,
los pájaros, los alfabetos;
si quieres que algo se muera
déjalo quieto.

domingo, 12 de abril de 2020

DEMASIADOS HOMBRES DE LA BOLSA, de Graciana Peñafort - 12/4/20


Todos aquellos que, ante la opción entre "la bolsa o la vida", eligieron quedarse con la bolsa, terminaron mal


Una de las desventajas de leer un poco en soledad es que te puede llevar un tiempo entender ciertas expresiones.
Una de ellas, en mi caso, es la expresión: “La bolsa o la vida”.
Fue con la TV y con una peli de Robin Hood que entendí que la bolsa refería a la bolsita donde en la Antigüedad se guardaban las monedas. Las billeteras de antes… de antes de los billetes, además.
En pocas palabras, la frase de asaltantes de caminos ponía al viajero en la disyuntiva de entregar la bolsita con monedas o perder la vida. Con la certeza que, si se resistía a entregar la mentada bolsita, la perdería de todas formas y no viviría para contar cómo la perdió.
Muchísimos años después aprendí en una de las materias que más me gustó de la carrera de abogacía - Títulos de Crédito -, que los billetes, los cheques.

Los títulos de crédito y el concepto de cuenta bancaria habían sido estrategias de los sufridos comerciantes que debían recorrer los caminos sin el peso de la moneda acuñada en pesados metales y sin el riesgo de tropezar con señores que les pusieran por delante la disyuntiva de elegir entre la bolsa y la vida.
Aún cuando asumo que cronológicamente no existe una relación exacta, asocio todo eso a los viajeros medievales, a las cruzadas, a Ricardo Corazón de León y a un mundo antiguo y algo mágico.
Aún hoy, en las pocas oportunidades que emito un cheque, nunca me falta el momento íntimo de pensar que estoy reiterando un atávico ritual nacido entre armaduras y misterios.

Y sin duda uno de los mayores misterios es el valor de las cosas, entre ellas del dinero.
Son extrañas las razones por las cuales consideramos valiosas ciertas cosas.
Entiendo que seis huevos cuesten menos que la gallina y que una tela teñida de púrpura cueste más que un lienzo basto.
Es claro que las cosas no cuestan lo mismo si consideramos el tiempo de producción, la dificultad de producirla, la escasez o abundancia de la materia prima e incluso el valor simbólico que una cosa puede tener para la sociedad.
Supongo que en el pasado, una piel de oso era más valiosa que una piel de cordero.
Pero entender por qué algunas cosas tienen en estos días un valor inexplicable me parece un misterio.

Y aunque estudie en economía política los acuerdos de Bretton Woods, aun hoy me parece un poco cosa de Mandinga que el valor del dinero esté determinado por cuentitas en balances y no por metales o piedras preciosas; que sea una mera componenda entre señores muy aseñorados el valor de un barril de petróleo o de un kilo de soja, y que no exista en el mundo un billete que corresponda exactamente a ese barril o a ese kilo de soja.

Mi amigo Ivan Hein, a quien tanto se extraña siempre, solía explicarme en charlas que podría titular “economía para estúpidos”, que imaginara que en el mundo existían solo 100 monedas de oro. Y salvo que pasara algo increíble, tipo el «descubrimiento» de América - es decir, algo que generara bienes nuevos no tenidos en cuenta al emitir las 100 monedas de oro -, en el mundo toda la economía se manejaría con esas 100 monedas, que representarían todo cuanto se podía comprar.
Iván decía que si un banco prestaba 2 de esas monedas a alguien, ese alguien podía usarlas para comprar y producir algo. Eso sí, luego debía devolver dos monedas y media.Pero antes de que pagase el crédito el banco ya prestaba 2 monedas y media a otro, y eso implicaba que ya existían en forma de balance 100 monedas y media.
La suma de todos esos valores en expectativa - esas medias monedas - creaba dinero, o sea otras monedas, que no existían más que en la contabilidad de los bancos.
Sé que la explicación es bastante más compleja, pero lo que contaba Iván me servía para entender que el dinero o una buena parte de él sólo existe en la convención de las sociedades que compran y venden con dinero que realmente no existe, o cuanto menos solo representa un valor esperado y futuro.

Cuando vino la crisis de Lehman Brothers, básicamente entendí que algunos señores les habían prestado a muchísimas personas dinero con una tasa muy pero muy alta: digamos una moneda por cada dos monedas prestadas.
Y que de pronto muchísimas personas dejaron de poder pagar la moneda extra comprometida.
Pero esas monedas que no se podían devolver habían circulado como papelitos entre un montón de gente que había entregado esos papelitos diciendo que valían tres monedas cuando en la realidad solo existían las 2 monedas originales.
¿Y eso, por qué?
Porque los papelitos que daban derecho a cobrar tres monedas eran mucho más valiosos, aparentemente, que los papelitos que solo daban derecho a cobrar 2 monedas y media.
Más valiosos pero menos reales, claro. Y lo real como categoría también existe.

Me acordé mucho de Iván en estos días, porque no tenía a quien preguntarle cuando salió el tema de los precios de los fideos que había comprado tan caro el Ministerio de Desarrollo Social.
El Estado decidió que producir ciertos fideos y aceite cuesta, digamos, media moneda de oro. Y que quienes fabrican eso pueden quedarse con media moneda más como ganancia.
Lo que se llaman precios máximos, digamos.
Pero los que fabrican o mejor dicho los que venden los fideos y el aceite decidieron que al Estado le iban a vender los productos a una moneda y media.
La escasez por un lado, sumada a la urgencia del Estado en comprar porque hay gente que está pasando hambre y no tiene tiempo de esperar largas negociaciones para tener fideos y aceite.

Los señores que venden se plantaron y dijeron: “Si querés fideos y aceite, me los vas a comprar a este precio”. Y el Estado, torpemente, decidió pagarlos.
Lo extraño es que todos putearon a los funcionarios torpes que compraron por encima del precio máximo, pero no a los especuladores que pusieron el precio y no negociaron.
Enorme lección de humildad a quienes señalaron con el dedo a muchos que tampoco podían poner muchas condiciones porque los que vendían estaban cartelizados.
Bienvenidos al mundo real, señores. Bienvenidos.

Contó Horacio Verbitsky que el resultado de la operación tan torpemente hecha fue su anulación, pero el otro resultado, el que nadie ve ni enuncia salvo Horacio, fue que un montón de personas con hambre dejaron de recibir los fideos y el aceite.
Y nadie parece escandalizado por eso.
Por el hambre.

Y digo esto con enojo, porque de los miserables que de todo quieren sacar tajada económica o política, estoy hasta la coronilla.
A ver si van dejando al menos un poquito de ser hijos de puta.
Porque pasa que, para salir de esta que es bien fea, tenemos que estar todos.
También ustedes, manga de atorrantes. También ustedes.

Por estos días surgió además la idea de cobrar un impuesto extraordinario a la riqueza.
Algunos decían que deberían pagar ese impuesto quienes participaron de los sucesivos blanqueos de capitales.
Veamos rápido qué es un blanqueo de capitales.

Todos cuantos ganamos dinero en este país pagamos diversos impuestos, en base a lo que ganamos.
Hay algunos que en lugar de pagar lo que corresponde de impuestos sacan ese dinero, es decir no pagan los impuestos que deberían pagar.
Eso básicamente es evadir impuestos.
Y según la modalidad y el monto evadido, es delito.
Y cuando digo que sacan es que lo ponen en cuentas de bancos en el extranjero o compran cosas en el exterior.

Cada tanto el Estado decide por ley perdonar las sanciones que corresponden por no haber declarado ese dinero y por no haber pagado los impuestos a cambio de que declaren el dinero y los bienes que están afuera.
Y como si fuese una venta de indulgencias, te cobra un poco de dinero por perdonarte el incumplimiento.
En resumidas cuentas, quienes blanquearon capitales son señores que antes de blanquear, incumplieron la ley. Lo cual los hace bastante reprochables a priori. Aunque nadie se avergüenza realmente.
Solo piden que nadie se entere.

Entiendo que es inviable crear un impuesto cuyo hecho imponible, esto es la conducta que da lugar a que el Estado pueda cobrar impuestos, sea retroactivo, es decir que esté antedatado, que haya pasado antes de que el impuesto existiera.
Violaría uno de los principios básicos del derecho tributario, y es que no existen impuestos retroactivos.
Hay quienes me dicen que quienes blanquearon violaron la obligación de pagar impuestos, y tiene razón. Pero eso no da derecho a que el Estado viole las normas constitucionales.

Y el tema de los impuestos es tan importante que la Constitución le prestó especial interés al regularlo. Por ejemplo, decidió que sobre los impuestos directos, esto es aquellos que tienen en cuenta la realidad de las personas, por ejemplo, cuánto dinero tiene, no lo piensen quienes representan entidades estatales sino quienes representan al pueblo, esto es la cámara de los comunes, en nuestro país la Cámara de Diputados.
Y es bastante lógico, porque los impuestos directos y las personas que van a prestar servicios militares son siempre los comunes, el pueblo.
Es el pueblo quien paga los impuestos y quien pone las personas que van a la guerra.
Y por eso la Constitución decidió que sean el pueblo, o mejor dicho sus representantes sentaditos en la Cámara de Diputados, quienes decidan sobre ellos en primera instancia.
Pero esos señores sentados no pueden violar la ley ni la Constitución.
Y uno de los principios legales por excelencia es que no puede haber impuestos sobre hechos imponibles que no estaban alcanzados por un impuesto a la fecha que se materializaron.

Pero no todas son malas noticias sobre lo que no se puede hacer.
Resulta que la mayoría de los que blanquearon son gente que tiene mucho dinero. Hay algún perejil que blanqueó una casita en Uruguay en un lugar que no es de moda y que construyó durante 10 años.
Pero son los menos.
En general blanquearon personas con mucho dinero. Y como el último blanqueo no exigía que trajeran el dinero a la Argentina, muchos de ellos lo mantuvieron en dólares o euros en el extranjero.
Lo cual implica que, en atención a la devaluación del valor de peso, quien tiene un millón de dólares -quién pudiera - hoy tiene 64 millones de pesos al valor del dólar oficial.

¿Hay que cobrarles a todos los que tienen un millón de dólares o más en el extranjero?
Creo que la base de cálculo debe ser superior, pero sin duda, podría fijarse un impuesto extraordinario a quienes tienen mucho dinero y poner una suerte de bonus track del impuesto a quienes tienen el dinero en el exterior.
La ley permite poner impuestos a la riqueza, y permite diferenciar supuestos entre quienes están en diferentes condiciones frente a esa riqueza.
Y la situación de emergencia, que es pública, permitiría establecer un impuesto extraordinario en condiciones de legalidad sobre los muy ricos del país. Y parece más justo y más legal que retrotraer hechos imponibles.
Porque no solo se trata de aprobar una ley y cobrar un impuesto, sino que se trata además de que la ley sea constitucional.
Porque, señores, tengamos claro que a muchos de los jueces de este país los conmueven más los argumentos de las personas muy ricas que los argumentos de los que están muertos de hambre.
Y el impuesto extraordinario es un impuesto cuya argumentación corresponde al hambre de muchos y no a la abundancia de unos pocos.

Y agrego, podría establecerse que el dinero usado para mantener fuentes de trabajo se descontase del impuesto, como para que los muy ricos se den cuenta de que les sale más barato mantener a cada obrero trabajando que despedirlo.
Porque yo no olvido que Techint, uno de los grandes blanqueadores, despidió personal en plena emergencia y cuando estaba prohibido.
Y la ley tampoco tiene que olvidarse.

Se trata básicamente de un Estado que además de estar en emergencia sea lo bastante inteligente como para administrar una crisis como nunca vimos.
Lo que pasó en Desarrollo Social habla de un Estado bastante torpe. Porque entre otras cosas existen herramientas legales que permiten al Estado accionar contra los especuladores.
Y en particular contra los que especulan con el hambre de la gente y con su salud.
Hay normas expresas que van desde la Ley de Abastecimiento hasta la ley de Defensa de Competencia que permiten ordenar el mercado.
Sea quien sea el mercado y su mano invisible, que nunca lo es tanto, a decir verdad.
Y también está el Código Penal cuando vemos clarito de quién es la mano tramposa o especuladora.

Indudablemente, si aplican las normas no llegarán los regalos de fin de año que los empresarios envían a los funcionarios con los que se llevan bien - por simpatía o conveniencia -, pero para miles de personas de este país significará que hay menos hambre y menos necesidad.
Y aún el más liberal de los liberales no podrá desconocer que, como señalara hace siglos John Stuart Mill, lo moralmente bueno es aquello que resulta útil para la mayoría.
Y el hambre y la necesidad son mayoría.
Porque en estas épocas vuelve a presentarse el dilema de la bolsa o la vida. De modo dramático.
Y de modo tremendo muchos de los que tenemos el privilegio de no tener hambre, para salvar nuestras vidas no solo le estamos tocando la bolsa a los muy ricos, sino que les estamos tocando la bolsa a muchos que no están en peores condiciones que nosotros.
Y eso no es justo.

Para mantener esta cuarentena, que es la única forma comprobada de paliar la pandemia, hay un montón de gente que no está pudiendo trabajar. Porque no puede salir de sus casas.
Y el Estado está asistiendo a esas personas con dinero y en muchos casos con comida.
Un Estado solidario que debe contar con los recursos para asistir a todos.
Para curarlos. (Curarnos.) Y para salvarlos. (Salvarnos.)
Y el Estado argentino, ante los poderosos que le gritan “la bolsa o la vida», sigue eligiendo la vida.
Y yo lo celebro al punto de que si tengo que pagar un impuesto extraordinario para que quienes viven acá coman, se curen y se salven, lo voy a pagar con gusto.
No soy una millonaria, diría que estoy bastante lejos de serlo, vivo de mi sueldo y de lo que gano como abogada. No me alcanzó nunca para comprarme mi propia casa y alquilo.
Pero aun así, y si me ponen como sujeto obligado de un impuesto, lo voy a pagar.
Como he hecho siempre.
Lo más cerca que he estado de un blanqueo es con la manipulación de lavandina de estos días.
Pero lo voy a pagar igual.

Porque quiero un Estado inteligente, fuerte y solidario.
Un Estado que, entre la bolsa y la vida, siga eligiendo la vida.
La de todos.
Porque finalmente quienes eligieron la bolsa… no vivieron para contarlo.

QUIÉN PONE..?, de Horacio Verbitzky - 12/4/20



La decisión presidencial de prorrogar la cuarentena por lo menos hasta fines de abril salvará entre 80.000 y 120.000 vidas, según el cálculo que realiza en esta edición de El Cohete Esteban Lifschitz, investigador del Instituto de Medicina para la Seguridad Social y Evaluación Tecnológica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
En la conferencia del viernes, el Presidente Alberto Fernández dijo que de no haberse dispuesto la cuarentena hoy habría 45.000 infectados (en realidad sólo hay 1975).


Otra tabla que presentó indica que en la Argentina la letalidad es del 4,2%.


Lo que no hizo es cruzar ambos datos.
El 4,2% de 45.000 es 1.890. Esa es la cantidad de muertos que tendríamos al viernes 10, en vez de los 82 reales.
Los gráficos comparativos con las situaciones de Estados Unidos, Italia, España, Brasil y Chile demuestran el acierto de las decisiones adoptadas en cuanto el virus fue detectado dentro del país, antes de lo que el Ministro de Salud Ginés González García esperaba.
Sin embargo, el Presidente estuvo lejos de jactarse.
Dijo que era un logro de la sociedad, que se hizo protagonista voluntaria de la cuarentena, agradeció a los intendentes propios y de la oposición pero advirtió que aún no había llegado el pico de la pandemia y que sólo se había ganado tiempo para poner en mejores condiciones el maltrecho sistema de salud recibido en diciembre de 2019, luego de años de desinversión e indiferencia.



Binomios


Esto dimensiona en una moneda más dura que el dólar o el bitcoin la frase que tanto irrita a quienes prefieren el otro término de la ecuación: “Entre la economía y la vida, elijo la vida”.
Es una expresión tan simple como lo fue el anuncio de que su gobierno distribuiría gratis todos los medicamentos que consumen todxs los jubiladxs, porque entre lxs jubiladxs y la especulación financiera estaba con lxs jubiladxs.
Esas frases fueron su verdadero despegue como candidato, un primer atisbo de la capacidad de liderazgo por la que Cristina lo eligió para encabezar esta etapa y que hoy son evidentes hasta para Jaime Durán Barba, cuyos esfuerzos por distanciarse de Maurizio Ya fue Macrì lo dicen todo.En aquel momento Fernández no sabía cómo hacer realidad su promesa.
Desde antes aún de asumir la presidencia, Luana Volnovich se ajetreó buscando de qué modo despejar la incógnita y así honrar la palabra empeñada. Otro tanto ocurre con el segundo binomio, el que reúne y opone dos términos complementarios.
Ni Fernández ni nadie conocen la hoja de ruta precisa para privilegiar la vida sin al mismo tiempo colapsar la economía. Este es el mismo dilema que enfrentan todos los jefes de Estado o de gobierno del mundo, desde los más poderosos hasta aquellos cuyo horizonte nunca fue más allá de la supervivencia, pero es difícil saber si esa simultaneidad es un atenuante o un agravante.



Por un lado, alivia saber que no se están pagando las consecuencias de errores propios (el único imperdonable habría sido reelegir en 2019 al desastroso anterior gobierno) sino de una hecatombe universal que hace el mal sin mirar a quien.
Por otro, es angustiosa la idea de que no hay a quien recurrir, porque a nadie le sobra nada. Por supuesto, hay grados y matices.
El gobierno de Alemania protestó por la política salvaje de Estados Unidos, cuyos agentes llegan al pie de la bodega de los aviones para apoderarse de insumos críticos a punto de despegar hacia otro destino.
Y mientras rapiña donde puede respiradores y barbijos, su Presidente Donald Trump despliega una flota sobre Venezuela y firma un decreto autorizando a empresas de su país la exploración y explotación de minerales… en la Luna.
Trump rechaza el acuerdo internacional de 1979 por el cual 18 naciones declararon a la luna como un bien común de la humanidad.


Imagen, La brújula verde.


El problema no es el gasto 

No obstante, Alberto reiteró que el Estado llegaría con la ayuda necesaria a todos quienes la necesiten.
“El problema mío en este momento no es el gasto público sino la salud de los argentinos”.
Esta es una frase que hasta febrero hubiera desatado un vendaval de críticas al populismo.
Hoy es apenas una armonización con lo que están haciendo las mayores potencias occidentales: Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, el resto de Europa, y también lo que plantean los organismos internacionales como la CEPAL, el Fondo Monetario y el Banco Mundial.

Nadie pone límites a la magnitud de la impresión de dinero para mantener en pie lo que se pueda de las respectivas economías.Estados Unidos aprobó un paquete de 2 billones de dólares (trillions) y ya está considerando otro aún mayor.
Por cierto, la pandemia no suspende las triquiñuelas políticas.
Los demócratas pusieron como condición para votar el paquete que se creara un comité independiente de supervisión de su uso. Trump lo aceptó y de inmediato despidió al supervisor para reemplazarlo con uno de sus abogados.
Una de las publicaciones más sofisticadas para inversores, Zerohedge, sostiene que el jueves 9 la Reserva Federal «nacionalizó el mercado de valores».
Hacía dos semanas que estaba comprando bonos corporativos de empresas calificadas como investment grade, pero ahora también bonos basura, fondos de inversión y hasta emisiones municipales.
Sólo le falta adquirir acciones, y comenzará a hacerlo después del próximo crash.

El Tesoro Británico tenía una línea de descubiertos por 420 millones de euros en el Banco de Inglaterra, que en la crisis de 2008 se amplió a 22.000 millones.

Ahora se anunció que no tendrá límite alguno, es decir lisa y llana emisión sin respaldo.

El Fondo Monetario y el Banco Mundial están abogando por un perdón de las deudas insostenibles de muchos países, que hoy parecen cambio chico en comparación con los temidos defaults corporativos.
El virus no ha hecho más que poner en tensión la burbuja que se infló desde la crisis de 2008 y que hoy amenaza incluso la posición del dólar como reserva de valor.

El Fondo reconoce que el mundo ha ingresado en una recesión igual o peor que la de 2009, cuya recuperación prevista para el año próximo dependerá tanto de la contención del virus como de las medidas aplicadas “para ayudar a que hogares y empresas se mantengan a flote e impedir que un problema de liquidez se convierta en uno de solvencia”.

El FMI ya recibió más de 90 pedidos de financiamiento de emergencia, de los cuales el 40% provienen de mercados emergentes (la categoría en que la jerga ubica a nuestro país); calcula que esos pedidos ascenderán a 100.000 millones de dólares, de los cuales ya está en trámite la mitad, y declara tener una capacidad de respuesta de hasta diez veces más, un billón de dólares (trillions), para asistir a los países golpeados por la pandemia.

En un informe inusualmente detallado estima que los países más poderosos implementaron medidas fiscales por 8.000 billones, entre las que destaca “como una guía útil para otros” transferencias directas de dinero a hogares y empresas afectadas por interrupciones en el suministro y caída en la demanda; subsidios salariales y desgravaciones; extensión y refuerzo de los seguros de desempleo; licencias pagas por enfermedad.

El FMI también encomió el rápido relajamiento de la política monetaria dispuesto por muchos bancos centrales, proveyendo de liquidez a los bancos y financieras que prestan a pymes y sugiere que los gobiernos ofrezcan garantías para las necesidades crediticias de esas firmas. Del mismo modo, los reguladores financieros pueden alentar la prórroga de vencimiento de los créditos.

Todo eso es lo que está haciendo el gobierno argentino.

“El ritmo de la recuperación económica dependerá de las políticas que se adopten durante la crisis. Si esas políticas aseguran que los trabajadores no pierdan sus empleos, que los propietarios e inquilinos no sean desalojados, que las empresas no quiebren y que se preserven las redes comerciales, la recuperación ocurrirá antes y con menos daños. El Fondo está listo para ayudar a los países que no tengan capacidad fiscal para respaldar esas medidas”, dice el informe.

Si bien la Argentina no está entre “los países más pobres del mundo”, a los que debería suspenderse el cobro, se mantiene la definición previa de insustentabilidad de la deuda argentina, lo cual habilita además de la postergación de los pagos, la recepción de ayuda de emergencia.

El gobierno estima que podría recibir unos 3.500 millones de dólares en Derechos especiales de Giro del FMI.


Reformas radicales


Ante este certamen internacional de una rama tan especializada de la industria gráfica, la diferencia entre dólares, euros, libras esterlinas y pesos es accesoria.
Los pesos no sirven para pagar importaciones, pero sí para todo lo demás.
Si los experimentos del macrismo sobre seres vivos acabaron con uno de los mitos de la ortodoxia, la actual emergencia pone a prueba su reverso.
Entre 2016 y 2019 se redujo la base monetaria en términos nominales y esa astringencia, en vez de controlar la inflación, la impulsó a su nivel más alto en tres décadas.

La caída vertical de los tres componentes de la demanda agregada (consumo, inversión y exportaciones) debería permitir ahora la absorción de los nuevos pesos sin un rebrote inflacionario, salvo por los aumentos de precios que el Presidente consideró infundados y que con ayuda de gobernaciones y municipios tratará de controlar.


Los mercados locales nunca fueron perfectos, y el gobierno habla con frecuencia de la cartelización de la oferta. La cuarentena suma una nueva grave distorsión: si sólo está permitido abastecerse en el barrio de cada quien, la competencia por precios se torna utópica.

Está pendiente además la resolución del conflicto por los sobreprecios que Desarrollo Social pagó a intermediarios comerciales para aprovisionarse de azúcar y aceite.

Si bien ratificó su confianza en el ministro Daniel Arroyo, a quien colocó por encima de cualquier sospecha de corrupción, el Poder Ejecutivo anuló la compra y fijó nuevas reglas que aún no se han puesto a prueba: si los proveedores siguen plantándose, según la gráfica expresión arroyina, el Estado debería recurrir a la expropiación del producto.

Desde Londres, nada menos que el Financial Times anunció que la dirección política que prevaleció en las últimas cuatro décadas, es decir desde los años de Maggie y Dutch, como se llamaban en la intimidad la señora Thatcher y Ronald Reagan, requiere «reformas radicales”, lo cual no guarda relación con el partido conservador que en la Argentina se denomina radical.

El celoso guardián periodístico de la ortodoxia hace gala de pragmatismo al advertir que “los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía”.
Esto implica “ver los servicios públicos como inversiones y no como pasivos, y buscar formas de hacer que los mercados laborales sean menos inseguros".
Hasta planteó la redistribución de la riqueza, con “impuestos sobre la renta y el patrimonio” y un ingreso básico universal.
Al mismo tiempo, desde la otra costa del Atlántico Norte, el Washington Post también defendió el establecimiento de un Ingreso Básico Universal, con un cheque para cada ciudadano a fin de mes.

El propio diario dice qué cambió para que el sentido común de la sociedad dejara penetrar esta idea que hasta hace un año era privativa de algunos académicos libertarios, del activismo de extrema izquierda o un experimento en una pequeña comunidad finlandesa.

Debido a la cuarentena por la pandemia, la Organización Mundial de Comercio advirtió que la caída del comercio global puede significar una nueva Gran Depresión (que es lo que ocurrió hace 90 años).

En apenas cuatro semanas, 17 millones de estadounidenses perdieron el empleo, una cifra alucinante y sin precedentes.
La organización humanitaria Oxfam advirtió, también desde Londres, que si los gobiernos no toman medidas urgentes, 500 millones de personas caerían en la pobreza en todo el mundo.

Durante la conferencia de prensa del viernes, una pregunta se dirigió hacia una posible rebaja impositiva.
Fernández dijo que la caída de la recaudación lo hacía imposible (según datos extraoficiales, esa merma de ingresos es del 30% para el gobierno nacional, del 40% para las provincias y del 50% para los municipios).
De modo que la búsqueda de recursos genuinos para sostener los distintos programas de alivio iniciados adquiere una alta prioridad.
Alberto reiteró que conoce el proyecto de Máximo Kirchner. En realidad, conoce la idea general, porque el texto aún está en elaboración, que centraliza el diputado y banquero cooperativo Carlos Heller.


Un impuesto extraordinario


Uno de los aportes más sólidos que recibió fue presentado por la CTA, cuyo secretario general, Hugo Yasky, integra el bloque de diputados del oficialismo, que encabeza Kirchner.



El presidente Fernández, entre Yasky y Kirchner.

En su elaboración participaron los economistas de CIFRA, el Centro de Investigación y Formación de la central. Redactado en forma simple y clara, calcula que el esfuerzo fiscal asumido por el gobierno para proteger la salud, el empleo y los ingresos de la población asciende a un 2% del Producto Interno Bruto.
Señala que la emergencia sanitaria se produce en el contexto de una profunda crisis económica - tres de los últimos cuatro años fueron recesivos, profundizándose la contracción a partir de 2018 -, lo cual agrava las condiciones de vida de un sector amplio de la población cuyo sustento diario se dificulta en el marco del aislamiento social, y precisa que según datos oficiales del INDEC en el segundo semestre de 2019 la pobreza ensombrecía la vida del 35,5% de las personas, porcentaje idéntico al de “la cantidad de asalariados sin descuento jubilatorio - es decir, volcados a la informalidad laboral -”.

En consecuencia, propone “un gravamen extraordinario a quienes tienen mayor capacidad contributiva”, en una sociedad que es “profundamente desigual”: según el INDEC "el 10% de la población con mayores ingresos individuales se apropió del 31% de los ingresos totales en el cuarto trimestre de 2019. Ello a pesar de la subdeclaración que caracteriza a los sectores de más altos ingresos”.
También destaca que según el listado de la revista Forbes, el patrimonio de las 50 personas más ricas de la Argentina estaba valuado hace dos años en 70.000 millones de dólares.

Durante el gobierno anterior, la crisis económica no fue igual para el conjunto de la sociedad y para los sectores dominantes.

“Según datos del INDEC, las 500 empresas de mayores ventas del país acumularon 67.300 millones de dólares de ganancias netas en el período 2016-2018 si suman las utilidades no distribuidas (51.298 millones) y las distribuidas como dividendos (16.002 millones). Asimismo, en el marco de la devaluación y la crisis, la rentabilidad aumentó del 8,5% al 11,7% del valor de producción entre 2017 y 2018. Sin embargo, la tasa de inversión neta - descontadas las amortizaciones - cayó del 8,5% al 2,2% del valor de producción en ese período. Se trata, por consiguiente, de sectores que no solo acumularon importantes ganancias sino que, al no volcarlas a la inversión, las mantuvieron en reservas dolarizadas que se podrían constituir en una ayuda importante en el marco de la crisis que profundizó la pandemia del coronavirus”.

El breve articulado, que Yasky entregó a Kirchner, crea un impuesto extraordinario y por única vez que se aplicará en todo el territorio de la Nación, sobre los bienes existentes al 31 de diciembre de 2019, situados en el país y en el exterior, que se encuentren declarados ante la Administración Federal de Ingresos Públicos a través del Impuesto sobre los Bienes Personales.

El impuesto sólo alcanzará a las 200 personas de mayor valuación de bienes personales, domiciliadas en el país o en el exterior.
La alícuota del gravamen será del 1,5% sobre los bienes declarados.
Esta formulación subsana los riesgos de inconstitucionalidad que pesaban sobre la idea originaria de gravar a quienes participaron en el blanqueo de 2017, como la familia y la línea gerencial de Paolo Rocca y el hermano, las cuñadas y la suegra de Maurizio Macrì.
Pero además permite capturar también con un “impuesto extraordinario y por única vez que se aplicará en todo el territorio de la Nación” a las 200 personas jurídicas “de mayores ventas netas del país, siempre y cuando hayan tenido un resultado contable positivo”.
La alícuota del gravamen será del 1% de sus ventas netas declaradas ante la Administración Federal de Ingresos Públicos en los estados contables correspondientes al ejercicio cerrado a junio 2019.
La recaudación se aplicará “a paliar los alcances de la crisis sanitaria, económica y social generada por la pandemia”.
El Poder Ejecutivo Nacional determinará la forma de cumplimiento de la ley y las autoridades de aplicación.
Las iniciativas que está conciliando Kirchner contemplan que los recursos obtenidos ingresen a un Fondo con Asignación Específica dirigido, por un lado, al fortalecimiento del Sistema de Salud en todos los niveles, y por otro al sostenimiento de la política social y de ingresos.
El recurso sería Coparticipable, y se convocaría a una Comisión Bicameral para que el Congreso realice el seguimiento y control de su administración.


Lo pasado, pisado


La prensa comercial fustiga casi sin excepciones estas iniciativas y en cambio postula el auxilio estatal a todas las empresas, sin distinguir entre grandes, medianas y pequeñas, ni revisar cómo le fue a cada una en los últimos años. Sin decirlo, expresan la idea de un presente perpetuo.
Si hoy caen la producción y las ventas, el Estado debe hacerse cargo. Los resultados anteriores no cuentan, tampoco las cuentas en el exterior.
Ya son parte del derecho de propiedad. Lo pasado, pisado.

Además de la prensa, se suman a esta línea algunos personajes con especial vocación por el jetoneo mediático. El ex presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, amigo personal de Maurizio Macrì, a quien dio clases de economía, dijo en una entrevista con una de las radios del Grupo Clarín que “hay que salvar las empresas para salvar a los trabajadores, no jodan con nuevos impuestos”.

También postuló alcanzar “consensos políticos de acá a la China. Déjense de embromar con la grieta porque viene un período de no grieta”.

Consensos políticos fue la expresión de orden que a partir de la finalización de la dictadura se empleó para desalentar cualquier expresión de conflicto social que implicara limitar la concentración y las superganancias corporativas
.

Melconian no se opone a la intervención estatal. Por eso dice que “más vale que las ideas liberales no intervencionistas se corran y se dejen de joder”.
Su preocupación es direccionar esa intervención.
Por eso agrega: “Más vale que las ideas heterodoxas inventores de la pólvora, creadores de impuestos y de creer que se trata de un salvataje de empresarios y banqueros que se dejen de joder. Que no jodan con cuestiones ideológicas”.
Como si aún gobernara su amigo, señaló que “el Presidente tiene que liderar el proceso, echar a todos los loquitos que atentan contra la inversión. Que se dejen de joder con más impuestos”.

En la misma línea, el ex senador Eduardo Duhalde, como corresponde también en una señal de cable del Grupo Clarín, hizo la apología de los grandes empresarios, que a su juicio son los que sacarán adelante al país.

Cada vez que tiene un micrófono cerca, el ex jefe de la democracia cristiana de Lomas de Zamora reclama acuerdos como el pacto español de la Moncloa, que es otra forma de aludir a los consensos antiobreros.
Si bien evoca sus acuerdos con Raúl Alfonsín, lo que postula ahora es la apertura del gabinete de Alberto Fernández a dirigentes del PRO, una idea que el Presidente rechaza por ausencia de un piso común de acuerdos que lo permita.
Como modelo de empresarios exaltó nada menos que a Franco Macrì y Amalia Lacroze de Fortabat, dos especialistas en la extracción de recursos del Estado y la elusión impositiva, es decir aquellas prácticas que antes de la pandemia llevaron al país a una crisis sin precedentes.


Amalia Lacroze, Kissinger, Duhalde, Maurizio Macrì. Modelo para desarmar. 

Sacar, siempre. Poner, nunca.
Es la consigna de este sector que hará todo lo posible por abortar el proyecto de ley de Kirchner y Yasky.

jueves, 9 de abril de 2020

RECUERDA QUE ERES MORTAL, de Arturo Pérez Reverte - 30/3/20

Tal vez este tiempo difícil que estamos viviendo nos sirva de lección, aunque no estoy seguro.
Tarde o temprano, por duras que sean las clases magistrales que la vida ofrece, o impone, el ser humano acaba teniendo mala memoria.
Deseando, incluso, que acabe la pesadilla para hacer de nuevo lo que, a menudo, fue causa de ésta.
Ha ocurrido y seguirá ocurriendo.
A veces sucede en un plazo breve y otras en años, o generaciones. No soy optimista en eso, sobre todo porque además de leerlo en libros lo he visto yo mismo.
Cuando vives lo suficiente y en los lugares adecuados, hay cosas que no necesitas que nadie te cuente. Las tienes de primera mano, porque forman parte de tu biografía.
Las posees y las recuerdas.
Hay una pequeña tienda en el Madrid viejo en la que de vez en cuando compro una pequeña semiesfera de cristal, de ésas que al agitarlas producen un efecto de nieve, que tiene en su interior un iceberg y un Titanic a medio hundirse.
Suelo regalárselo a los amigos a quienes la vida coloca en situaciones de privilegio, o de éxito. A los que viven un momento dulce personal o profesional.
Era un prodigio de la técnica moderna, digo al entregarlo.

Era un buque insumergible, o las 2.228 personas embarcadas en él creían que lo era.
Y creer eso, a bordo de un monstruo de acero de 45.000 toneladas lanzado a 22 nudos de velocidad por un mar lleno de icebergs, costó la vida de 1.513 pasajeros. Ocurrió hace 108 años, pero el principio básico sigue siendo el mismo.

Acuérdate de eso por muy bien que te vayan las cosas, o en especial cuando vayan bien las cosas.
Ten presente, siempre, que cuando un general romano obtenía una gran victoria y desfilaba en triunfo por la capital, en la cuadriga, tras él, iba un esclavo público que sostenía sobre su cabeza una corona de oro, repitiéndole una y otra vez al oído: «Recuerda que sólo eres un hombre».
Recuerda que eres mortal.

También yo tengo cerca uno de esos Titanic, en el lugar de la biblioteca donde trabajo. Puedo verlo mientras tecleo.
Y más de una vez, en los casi treinta años que llevo escribiendo esta página, he recordado aquí ese barco y lo que, en mi opinión, simboliza. Y no es sólo que cada progreso técnico, cada paso hacia lo nuevo, lleve incluida su propia disfunción, su fallo particular, su accidente específico. 

Es que también, y sobre todo, nuestro olvido de ese principio elemental aumenta el peligro. Intensifica los riesgos, pues cuando el fallo minuciosamente reglamentado por el azar del cosmos - hay azares que, paradójicamente, son reglas inmutables - sitúa el iceberg correspondiente en el lugar exacto de la carta náutica por la que nuestro alegre barco navega, se cumplen de modo inexorable las viejas y eternas leyes.

Olvidamos con frecuencia que el mundo es un lugar peligroso: un paisaje hostil.
Y por cada olvido, cuando llega el inevitable recordatorio a corto, medio o largo plazo, pagamos precios muy altos.
Cada despertar de nuestra modorra irresponsable, del engaño en que preferimos vivir, nos cuesta los mil y pico muertos de un transatlántico, los cinco mil de unas Torres Gemelas, los cincuenta mil de una Pompeya, los cien mil de un tsunami, los millones de una gran epidemia o una guerra mundial.
Nuestros bisabuelos o tatarabuelos, que estaban más acostumbrados a lo real, lo sabían perfectamente. Conocían la fragilidad de sus vidas y actuaban, o intentaban hacerlo, con arreglo a esa lucidez.

Las lecciones que extraían de cada golpe, de cada burla malvada del cosmos o de los dioses, eran más firmes y duraderas. Vivían sabiendo que iban a morir y que ese camino tenía innumerables atajos.
Hoy, sin embargo, hemos decidido vivir como si no fuéramos a morir nunca.
Cual si estuviéramos a salvo, vamos por el mundo fingiendo ser inmortales, y eso nos hace imprevisores; incluso tacaños a la hora de llevar en el bolsillo la moneda que tarde o temprano nos exigirá Caronte, el que transporta a los muertos a la otra orilla del río Estigia. Nos sorprendemos y protestamos, indignados, a la hora de pagar la factura del barquero; y creo que es un error.

No se trata de vivir angustiados viendo la existencia como un drama, sino de caminar con naturalidad por un paisaje lleno de cosas hermosas y también de lugares turbios y peligrosos.
Moverse entre los icebergs con la saludable incertidumbre del buen marino, preparados para ocupar los botes salvavidas o incluso para cederlos a quienes más los merecen.

Se trata, en resumen, de asumir con sencillez las reglas.
De escuchar atentos, serenos, lúcidos, conscientes, las palabras del esclavo que nos susurra al oído que somos mortales.
Y sólo esa certeza nos hará mejores de lo que somos.

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