domingo, 12 de marzo de 2023

EL REVOLTIJO, de Horacio Verbitzky - 26/2/2023

Los nuevos chats de D'Alessandro y la pugna por las candidaturas


Diseño, Alejandro Ros. Animación, Silvia Canosa

Aunque nadie se hizo cargo, la nueva filtración de chats del suspendido ministro de Seguridad de la Capital Federal, Marcelo D’Alessandro, recalentó las disputas entre el gobierno y la oposición, pero también al interior de la alianza cambiante. Una vez más, Clarín, La Nación e Infoemba hicieron silencio sobre esas conversaciones, escritas y con mensajes de voz en la aplicación Telegram, de contenido escandaloso.

Para determinar quién pudo haber sido responsable de su publicación, puede ser útil la expresión latina cui bono: ¿a quién favorece..?

Su circulación ocurrió el jueves al mediodía, con pocos minutos de diferencia de la presentación ante la comisión de juicio político de la Cámara de Diputados del juez federal Sebastián Ramos.

Ramos es el juez que en feria y como subrogante necesitó apenas 24 horas para archivar la causa por la primera filtración de los chats de D’Alessandro, en la que constaba su diálogo con Silvio Robles, el alter ego del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, sobre el fallo que beneficiaría a la Capital en el litigio con la Nación por la trasferencia automática de fondos de coparticipación.

Dijo que lo hizo obligado por el dictamen del fiscal Carlos Stornelli, quien no acusó.
Ahora la Comisión citó al fiscal.

Tanto al prestar juramento de decir verdad, como en el cierre del interrogatorio ante una pregunta específica, Ramos negó cualquier relación sistemática con D’Alessandro.
La simultánea difusión de los chats mostró que no sólo tiene relación, sino que es de amistad, e incluye la entrega de un automóvil Focus del Ministerio al juez, y la promesa de un Toyota más adelante, aparte de favores para policías amigos de Ramos.


El FdT, que impulsó el juicio político, es así el primer sospechoso de la nueva filtración.
Pero no el único, porque la publicación en Internet de los nuevos chats coincidió con el lanzamiento oficial de la candidatura de Horacio Rodríguez Larreta a la presidencia.
Su video contra la grieta, grabado en la provincia de Santa Cruz, también se lanzó al mediodía del jueves, y motivó un áspero comentario de Patricia Bullrich contra “los tibios” que plantean dialogar con el actual oficialismo.
Bullrich ya había figurado en la short list de posibles autores de la primera filtración.
Tenía sus buenos motivos.

Como ministro de Seguridad de Rodríguez Larreta, D’Alessandro hundió al jefe de campaña de Bullrich, Gerardo Milman, mediante la denuncia ante la Cámara de Diputados de uno de sus interlocutores, el fiscal Tuto Troncoso, por el incidente que Milman mantuvo con policías porteños, cuando intervino en forma prepotente en defensa de su novia con más apellidos, María Luz Lanusse Peralta Ramos, retenida cuando conducía sin autorización un auto de lujo cedido a Milman por una empresa proveedora del Ministerio de Seguridad de la Nación, cuando él era el segundo de Patricia Bullrich allí.

D’Alessandro también entregó la grabación de las cámaras de seguridad de la Ciudad en la esquina del Congreso, que derrumbaron la versión de la miss Argentina que asesoraba a Milman en inteligencia criminal, Carolina Gómez Mónaco, de que no había estado con su jefe en el bar Casablanca.
La fecha y la hora en que se los ve entrar a Casablanca coincide con la denuncia de un diputado del FdT, sobre el conocimiento previo que Milman habría tenido del intento de asesinar a la Vicepresidenta CFK.
Bullrich lo dio de baja como jefe de campaña y el PRO lo separó como subjefe del bloque que preside Cristian Ritondo.
Esta semana, los abogados de Cristina solicitaron al fiscal Carlos Rívolo y la jueza María Capuchetti que investigara el comportamiento de D’Alessandro y la policía porteña en los días previos al atentado.

De los últimos chats, lo más significativo está en los diálogos con el juez Sebastián Ramos, ilustrativos de una gran familiaridad.
El juez llama Tano al ministro, quien a su vez lo apela Seba o Amigo.
Combinan para comer “en el club” y se prodigan numerosos abrazos.


Cerca de la medianoche del 22 de enero del año pasado, el magistrado le agradece la entrega de un auto Focus al ministro, quien le responde que más adelante se lo cambiará por un Toyota.
La versión más simple del Toyota Corolla no se consigue por menos de siete millones y medio de pesos.
En la única escueta referencia al chat, La Nación dice que se trata de un auto decomisado, una fantasía que no surge de la conversación.
Más bien parece referirse a una flota de vehículos adquiridos con fondos públicos.

También hay un tráfico de rodados con Juan Bautista Mahiques.
En noviembre de 2016, D’Alessandro le dice: “Ya tengo el auto. No es muy grande pero es un 0 km”.
Luego le aclara que es un VW Voyage.
Al dirigirse a Mahiques lo llama Líder.

En ese momento, Juan Bautista Mahiques representaba al Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura de la Nación y era Subsecretario de Asuntos Penitenciarios y Relaciones con el Poder Judicial y la Comunidad Académica del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

El auto no era para él, sino para su hermano Ignacio, quien en mayo de ese año había sido designado fiscal ad hoc para activar todas las causas contra Cristina que interesaban al Presidente Maurizio Macrì.
Para eso el gobierno desplazó al fiscal a cargo, Eduardo Taiano.

A Mahiques y al también fiscal Gerardo Pollicita apenas les llevó una semana la lectura del voluminoso expediente y la redacción del dictamen en el que pidieron el procesamiento de Cristina, el empresario Lázaro Báez, el ex ministro Julio De Vido y otros 25 ex funcionarios nacionales y de Santa Cruz.
También solicitaron la inhibición de los bienes de CFK, pedido que el juez Julián Ercolini aceptó.
El desparpajo de esos intercambios es asombroso.
D’Alessandro le dice que necesita algún “escritito que me justifique sacar el auto”.

Mahiques le envía una nota firmada por su hermano Ignacio en la que relaciona en forma explícita la solicitud con su desempeño en la causa contra Cristina.


El auto como pago por la persecución a Cristina.



Estos audios y facsímiles ridiculizan la pretensión del ministro, ratificada ayer por Rodríguez Larreta, de que los chats fueron adulterados.

El padre de Juan Bautista e Ignacio (Carlos Coco Mahiques) aparece en la primera filtración de chats de D’Alessandro: él y Ercolini fueron dos de los turistas invitados por el Grupo Clarín a pasar un fin de semana en la mansión de Joseph Lewis en Lago Escondido.
En los nuevos chats vuelve a figurar Ercolini, aunque no está accesible el contenido de la comunicación.


Coco, Juan Bautista e Ignacio Mahiques.

En la causa Hotesur - Los Sauces, el automovilista de garrón Ignacio Mahiques también acusó a Máximo y Florencia Kirchner.
Coco Mahiques fue ministro de Justicia de María Vidal en Buenos Aires, y luego trasladado a la Cámara Federal de Casación Penal, desde la cual en septiembre de 2021 declaró prescrita la causa contra Lewis por la compra de más de 10.000 hectáreas en Lago Escondido, zona de frontera donde solo pueden ser propietarias personas de nacionalidad argentina.
Lewis se escondió tras una empresa local.
Una vez obtenida la autorización de la Comisión Nacional de Zonas de Seguridad, las tierras fueron inscriptas a nombre de la empresa del británico.
El delito está probado y sus frutos permanecen en mano del responsable, pero la persecución fue abortada.

Los nuevos chats ratifican que D’Alessandro es el operador judicial de Rodríguez Larreta, encargado del seguimiento de la causa por los fondos de coparticipación. En la primera tanda de chats, dialogaba al respecto con Silvio Robles, en esta con Juan Manuel Olima, secretario de coordinación institucional de la Procuración General, quien el 25 de septiembre de 2020 le adelantó el texto de un dictamen de la procuradora fiscal ante la Corte, Laura Monti, que le reconocía a la Ciudad Autónoma el status provincial que no le concedió la Constitución.

Ese criterio fue adoptado por la Corte, en una decisión pretoriana sin sustento constitucional ni convencional.
Olima agrega que el fiscal general Eduardo Casal, a cargo de la Procuración desde que fue forzada a renunciar Alejandra Gils Carbó, bajo amenaza de detención de sus hijas, le avisó personalmente al presidente de la Corte, que por entonces era Carlos Fernando Rosenkrantz.


Olima, con la gorra de la DEA, que no quiere decir Democracia En Acción.

También hay un breve diálogo con Laura La Torre, subsecretaria de Internacionales de la Corte y esposa de Silvio Robles, combinando un encuentro.
Los diálogos con Cristian Ritondo se refieren a la coordinación entre las policías porteña y bonaerense en operativos antidrogas, ya que ambos eran los responsables de la seguridad en sus jurisdicciones, y muestran una gran intimidad. 
En uno de esos chats combinan para encontrarse a comer con la jueza María Servini (La Tía, en la serie anterior de filtraciones, quien durante años fue la protectora de D’Alessandro).

El otro juez que declaró fue Alejo Ramos Padilla.
Cuando le preguntaron por las generales de la ley, respondió en detalle cómo los jueces de la Corte lo sometieron a un juicio político que lo tuvo durante años en suspenso, por haber sido mencionado en escuchas a políticos presos en la cárcel federal de Ezeiza (bajo la órbita de Juan Bautista Mahiques).
También se refirió a la diputada Paula Oliveto, su ex compañera en Franja Morada, quien en aquel caso defendió el uso de las escuchas que ahora cuestiona.

La Coalición Cívica Libertadora replicó que aquellas intercepciones fueron ordenadas por un juez, lo que es una verdad a medias: el juez federal de Lomas de Zamora Federico Villena (padrino de los hijos de D’Alessandro), ordenó escuchar las conversaciones del llamado Rey de la Efedrina, Mario Segovia.
Las partes que no corresponden a esa causa debían ser destruidas, e incluían las conversaciones personales y con sus abogados de Amado Boudou, Roberto Baratta, Julio de Vido, Carlos Zannini y Cristóbal López, entre otros.
Pero en vez de eso fueron transcriptas en la DaJuDeCO, donde esa tarea la realizaba un hijo del fiscal Stornelli.
Una copia fue recibida por Elisa Carrió, quien envió a su asistente Oliveto a presentarlas ante el juez Claudio Bonadío.
Su divulgación en medios comerciales omitió por completo a Segovia y se concentró en los políticos presos.

La inundación y el chat

Muy provechosos fueron los testimonios ante la Comisión de varios letrados y funcionarios de la Corte.

Cristian Sergio Abrita, ex titular de la Secretaría 5 de la Corte, reveló el trámite irregular de la causa del Consejo de la Magistratura y las irregularidades en la obra social del Poder Judicial.

Abrita, quien se desempeñó en la Corte desde el gobierno del Presidente Raúl Alfonsín, contó que su secretaría envió a todos los ministros los antecedentes de las causas Rizzo y Moner Sanz, en los que la Corte ya había rechazado las denuncias de inconstitucionalidad de la ley del Consejo de la Magistratura, y el pronunciamiento en el mismo sentido del encargado de la Procuración, Eduardo Casal, quien dictaminó así en mayo de 2018.
El expediente circuló por todas las vocalías sin que hubiera un proyecto de mayoría.

El que finalmente se votó, que revivió una ley derogada por el Congreso, fue elaborado en la vocalía de Rosatti cuando éste era parte interesada, ya que presidía la Corte y, en consecuencia, pasó a presidir también el Consejo de la Magistratura.

Adriana Valinotti, secretaria letrada en la vocalía de Rosatti, reveló que luego de la filtración del diálogo de Silvio Robles con D’Alessandro, fue desactivado el chat de la vocalía.
También dijo que los proyectos de resolución se enviaban a la secretaría privada de Rosatti con copia a Robles y a Natalia Munayer.

Sergio Rubén Romero, subdirector de Gestión Interna y Habilitación de la Secretaría de Administración de la Corte, narró que una inundación inutilizó la computadora a Robles.
De este modo se destruyeron todas las constancias de la intervención de quien Rosatti presenta como su hermano en las causas del tribunal.

El desgajamiento del bloque

El desgajamiento del interbloque del FdT en el Senado alejó la posibilidad del quórum y fortaleció la táctica de JxC de paralizar el Congreso mientras dure el juicio político a la Corte.
Luego de la designación de las autoridades de la Cámara, el oficialismo no consiguió el número para sesionar, cosa que con alta probabilidad se repetirá en el año electoral.

Las motivaciones no son nítidas: una cosa es la carta del jujeño Guillermo Snopek que difundió el Senado y otra el comunicado del nuevo bloque federal, que Snopek preside.
Cuñado del gobernador Gerardo Morales, con quien mantiene una abierta enemistad, Snopek escribió que se apartaba del bloque Unidad Ciudadana por “la distancia cada vez mayor que siento respecto al rumbo de gestión del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, alejado - a mi humilde entender - de las prioridades que nuestro pueblo demanda”, y “un carnaval de detenciones a la carta del gobernador Gerardo Morales, a fin de disciplinar y amedrentar a la oposición en vísperas de la campaña electoral.
La indiferente mirada del gobierno nacional, erosiona la esperanza de que los Derechos Humanos puedan volver a ser respetados en Jujuy”.

En cambio, la declaración del bloque se postula como “una alternativa” para “las futuras generaciones, sin grietas, con discusiones que planeen soluciones a corto, mediano y largo plazo para todos los argentinos y argentinas.
Apostamos a la unidad, al respeto y al diálogo en pos de encontrar puntos en común, dejando de lado las retóricas petrificadas y los personalismos que tanto daño nos han hecho como sociedad”.

El mínimo común denominador entre ellos es el reclamo por la inflación, la disparidad en el precio de la energía y el transporte que se paga en sus provincias y en las dos Buenos Aires. Pero no mucho más.
En privado, dicen que el cuestionamiento es contra el ministro de Economía más que contra el Presidente.
Mañana, Sergio Tomás Massa espera traer buenas novedades sobre lo que le concierne.
Durante la reunión del G-20 en la India, habría acordado con el FMI una revisión de las metas de reservas, debido a la sequía y a la guerra en Ucrania.

Snopek piensa postular su candidatura a la gobernación jujeña, no sólo en desacuerdo con Morales, sino también con el empresario Rubén Rivarola, que preside el justicialismo provincial y que aceptó sin chistar 13 detenciones, la suspensión de la legisladora Alejandra Cejas y el desafuero de Deborah Juárez Orieta, en represalia por la denuncia de su hermana por violación contra uno de los delegados de Morales en el tribunal superior de Justicia.

También termina su mandato este año María Eugenia Catalfamo, aunque sus motivos obedecen a la decisión del gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Sáa, distanciado de CFK desde el acercamiento de su hermano - enemigo, el Senador Adolfo Rodríguez Sáa, a la Vicepresidenta.
El gobernador puntano se reunió hace un mes con su colega cordobés Juan Schiaretti, y acordaron un trabajo político conjunto, que también incluye al ex gobernador de Salta, Juan Urtubey.

La esposa de Schiaretti, Alejandra Vigo, es la quinta integrante del nuevo bloque. Se presume que podría sumarse a ese agrupamiento el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti.
En el kirchnerismo se preguntan si la fractura no contó con el beneplácito presidencial, pero en RPO lo niegan en forma categórica.
Alberto siente que esto lo torna aún más frágil.
De hecho, los proyectos que no se pudieron tratar son los que él envió para las sesiones extraordinarias, no los de Cristina.
En cualquier caso, en la sesión preparatoria del jueves, los unionistas federales pidieron sentarse lejos del interbloque cambiemoso.

«Cristina nunca maltrató a Alberto, siempre lo trató entre algodones», dijo Máximo Kirchner en la entrevista del Cohete con Marcelo Figueras.
Pero no puede decirse lo mismo de todos quienes se cuelgan de sus faldas buscando algún rédito, como el profesor universitario Juan Grabois, quien lo llamó «mediocre, tibio y cobarde».

Una cosa es la crítica a sus decisiones políticas, otra el insulto.
Quienes lo han practicado, como Cantinflas o Santiago Cúneo, nunca han obtenido el respaldo del electorado.
Más razonable pareció Papá Noel, al anunciar que su nuevo partido de los Comunes no tiene candidato a la presidencia.
«Nos une el espanto», dijo.
Esto es relativo, dado que su lugarteniente, el empresario gastronómico Fernando Navarro, se pronunció en Córdoba por la candidatura presidencial del gobernador Schiaretti.

La potencialidad electoral de combinaciones como la de Schiaretti con Rodríguez Saá es también dudosa.
De hecho, en 2019 a la mesa del cordobés y el salteño se sentaban Sergio Massa y Roberto Lavagna, pero a la hora de las decisiones, bastó un movimiento de cejas de Cristina para que archivaran esas aspiraciones.
La diferencia es que, ahora, ella anunció que no será candidata a nada, y todos los reclamos contra su proscripción (indudable a partir del fallo del 6 de diciembre cuyos fundamentos se conocerán el 9 de marzo) chocan con la dificultad de explicar en qué consistiría romperla, dado que no es imaginable que los compañeros de juegos de Macrì que deciden en la Cámara Federal de Casación Penal ni la Corte Suprema de Justicia revoquen ese fallo.

La alternativa sería una abstención revolucionaria, como la que Hipólito Yrigoyen impulsó hace doce décadas y que forzó la reforma de la ley electoral, o la que Perón ordenó luego del golpe de 1955 y la prohibición hasta de decir su nombre. Pero esto no forma parte del repertorio de hipótesis que baraja Cristina.

Tal vez porque, con mayor o menor disimulo, hay un tropel de postulantes dispuestos a aprovechar la vacante que ella deja, comenzando por el Presidente Alberto Fernández, quien llevó su campaña proselitista a la Antártida.
El cambio climático (apenas -2°) le ahorró el ridículo atuendo anaranjado que vistieron allí sus predecesores Raúl Lastiri, Isabel Perón y Carlos Menem.

Fernández no solo insiste con su candidatura, que ya ha motivado el desdoblamiento electoral en 15 provincias, entre justicialistas y aliadas, que lo consideran un lastre irremontable, sino que además impulsa la de Victoria Tolosa Paz a la gobernación bonaerense.
Vencedora inapelable del punto y aparte, la ministra que ya dio de baja más de 100.000 planes sociales la emprende ahora contra el punto y coma, con una temeridad que hay que reconocerle.

Mirá como tiemblo, respondió Axel Kicillof, quien no ve con malos ojos un triunfo resonante en una interna previa a la elección general.
Estos son los límites que impone la realidad.

- Sorprendeme - le pidió una colaboradora a CFK.

- Estoy pensando - fue la seca respuesta.

A la derecha de la derecha

Rodríguez Larreta intenta un delicado equilibrio.
Por un lado, en el spot de lanzamiento de su campaña dijo que “o terminamos con la grieta o la grieta termina con la Argentina”, y que “la gran transformación no la van a hacer un grupo de iluminados o un líder carismático”.
Pero no demoró ni un día en aclarar que “no veo ninguna posibilidad de acordar con Cristina Kirchner” y “no sé qué podría hablar con Alberto Fernández”.

Sus convicciones al respecto no son dudosas, pero la coalición que aspira a conducir protagoniza un giro constante hacia la derecha.
Personajes que en otros lugares del mundo serían considerados neofascistas, como Gerardo Morales, aquí pasan por moderados.
Y algunos de los líderes que Horacio Rodríguez Larreta considera carismáticos o iluminados, como Macrì o Patricia Bullrich, procuran acuerdos con Javier Milei, porque lo prefieren antes que la reelección de Kicillof en Buenos Aires.

Macrì visitó el mismo jueves el local de campaña de María Vidal, que rompió su dependencia de Rodríguez Larreta y se propone disputarle la candidatura y el viernes volvió a reunirse con Bullrich.
El trascendido de prensa que difundieron fue que estaban molestos por el discurso contra la grieta del jefe de gobierno porteño.

Se les sumó la última semana en este desplazamiento hacia la derecha Micky Vainilla, el candidato a la vicepresidencia derrotado junto con Macrì en 2019, quien la emprendió contra las lesbianas (“si el ministerio es de las mujeres, hubieran puesto una mujer”, dijo).
Fue tan brutal que hasta Jony Goldfard (alias “Viale”) lo corrigió.

Como quien acelera mientras tropieza, celebró también la campaña del desierto de Julio Roca, que acabó con la presencia mapuche en la Patagonia.
También denunció al titular del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas por “traición a la patria”, por haber entregado tierras a comunidades mapuches en Mendoza.
La traición a la patria es un delito que sólo puede cometerse durante una guerra por colaborar con el enemigo, lo cual califica la versación jurídica del señor Vainilla.

Cuando intentó exculparse ante las críticas recibidas, dijo que al Ministerio “no le interesa que las mujeres tengan mejor acceso al trabajo, trabaja sobre las minorías intensas que no llegan ni al 1%”.

Esta fue una crítica que se escuchó en 2021 como explicación para la derrota electoral del FdT y que pretende instalar una contradicción imaginaria, como si la denuncia de la violencia por motivos de género excluyera la lucha por la igualdad en el plano laboral, económico y político.

¿Se referirá Vainilla al programa Registradas, por el que el Estado paga hasta el 50% del sueldo de las trabajadoras de casas particulares, a cambio de que sus empleadores formalicen su contratación, las incluyan en el sistema previsional y el seguro por desempleo..?
¿O estaba tan ocupado visitando programas de televisión para despotricar contra lesbianas y mapuches que ni se enteró..?

sábado, 11 de febrero de 2023

NO TIENEN LÍMITES, de Hernán Patiño Mayer - 5/2/2023

Los dueños del poder real defienden sus intereses sin ningún escrúpulo


La doctrina que hasta hoy difunde La Nación apoyó cuanta dictadura se instaló en el país.


“Si para llegar es necesario envolver la impostura
con los pasaportes de la verdad, se embrolla;
si es necesario mentir a la posteridad, se miente,
y se engaña a los vivos y a los muertos, según dice Maquiavelo.
Los hombres son generalmente gobernados por ilusiones,
como las llamas de los indios por hilos colorados.” (1)

Así trataba de aplacar Salvador María del Carril (2) los débiles escrúpulos y los justificados remordimientos que le provocaba “a la espada sin cabeza” (3) el asesinato de su camarada de armas, Manuel Dorrego (4).

Allí se puso en negro sobre blanco quiénes estaban y están aún hoy en los despachos donde administran sus intereses y alimentan la lucha fratricida de exterminio, a la que hoy los “meritócratas” llaman con falsa moderación “la grieta”.

Estas líneas están escritas luego de leer la nota firmada por el director de El Cohete a la Luna el último domingo, titulada "Un mímite".
Allí se demuestra la falsedad de un editorial de La Nación que pretende desacreditar a uno de los más prestigiosos organismos de derechos humanos argentinos, reconocido y respetado internacionalmente.

No pretendo defender a Horacio Verbitsky, que se defiende solo y con probada solvencia, y menos al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) (5), que desde su fundación por parte de Emilio Mignone hace más de cuatro décadas evidencia su integridad y compromiso con la defensa y promoción de los derechos humanos.

Con la cita del comienzo quiero, en cambio, demostrar que como lo ratifica la historia de nuestra Patria y de muchas naciones de nuestra América Mestiza, los dueños del poder real que no sostienen los pueblos, sino el dinero que roban las minorías oligárquicas y homicidas, no reconocen límites cuando de defender sus intereses se trata.
Exhiben, además, una pertinaz continuidad desde los primeros años de nuestra emancipación.

Esa cita siniestra por su cinismo y perversión explica de qué se nutre la autodenominada “prensa independiente” y los supuestos defensores de la República.
Se alimentan de la mentira y el odio y se expresan con el fuego de las armas que hacen empuñar a otros para intentar vanamente seguir “gobernando con ilusiones”, sin hacerse nunca cargo de los crímenes que provocan.
Estos intereses resisten hoy y amenazan con retornar.

Me gustaría creer que esto no puede continuar ni repetirse.
Que el Nunca Más es posible.
Que gracias a los Juicios a las Juntas Militares durante la presidencia de Raúl Alfonsín, a la lucha de los organismos de derechos humanos, a las medidas tomadas por Néstor y Cristina Kirchner, el consenso mayoritario logrado a favor de la democracia es inamovible y que no hay retroceso posible.
Y, sin embargo, la cita transcripta está ahí y La Nación existe.

Y Patricia Bullrich, con su pasado por todos conocido, aparece hoy transformada en candidata a Presidente restauradora del orden autoritario.
También está aquí, ratificando sin pudor que la mutación de algunos políticos no tiene límites.
Y que para el odio y el delirio siempre puede haber una nueva oportunidad.
¿O no existe también Javier Milei?

El caso de La Nación es francamente paradigmático.
La “tribuna de doctrina”, como la denominó su fundador - responsable de la Guerra de la Triple Infamia contra nuestros hermanos paraguayos - se ha transformado en el buque insignia de un periodismo incalificable.

Es histórica la profética proclama de Bartolomé Mitre: “En veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, y en tres meses en Asunción”.
Frase propia de un irresponsable, que según dicen, como general nunca ganó una batalla y que le costó al país cinco años de guerra, 500 millones de pesos y 50.000 muertos, sin contar las víctimas de la fiebre amarilla que trajeron los soldados que regresaron al país (6).
Leopoldo Galtieri no alcanzó a igualar tanta soberbia.

La doctrina que hasta hoy difunde esa tribuna apoyó cuanta dictadura se instaló en el país para restablecer el orden conservador y reprimir sin miramientos cualquier manifestación de reacción popular.
Entre ellas se incluye la dictadura genocida que inició en 1976 el proceso de violación de los derechos humanos más siniestro de nuestra historia y que con el secuestro de recién nacidos y la desaparición de miles de personas llevó al Estado terrorista a la cúspide del desprecio por la dignidad humana.
En medio de ese siniestro proceso, La Nación se hizo, por muy cuestionados procedimientos, de parte de la propiedad de Papel Prensa.

Contra todo esto sólo hay un límite, y ese límite en democracia no está ni puede estar nada más que en la voluntad de nuestro pueblo y en la lealtad y capacidad de nuestros gobernantes.
Que así sea depende de cada uno de nosotros.

*El autor es integrante del CELS.

(1) Citada por María Kodama y Claudia Farías G. en La divisa punzó.
(2) Integrante del Partido Unitario, miembro de la Corte Suprema de Justicia y Vicepresidente de la República antes del voto universal y obligatorio.
(3) Fusilado por orden del general Juan Lavalle, instigado por Del Carril, Florencio Varela, Agüero y otros unitarios.
(4) Imposible no reconocer la similitud entre el crimen ocurrido en Navarro con el fusilamiento del general Juan José Valle por orden de Pedro Eugenio Aramburu, su compañero de promoción, luego de haberse comprometido a respetar su vida.
(5) Mi agradecimiento personal al CELS por haber aceptado mi adhesión varios años atrás.
(6) Felipe Pigna, “La Guerra de la Triple Alianza”, El Historiador.

DE TERROR, de Horacio Verbitzky - 5/2/2023

Los mitos derribados por la tercera detención de Jones Huala


La tercera detención de Facundo Jones Huala, esta vez en Río Negro, tiene características distintas a las anteriores: no fue consecuencia de tareas de inteligencia sino del llamado de una vecina, quejosa porque alguien gritaba y golpeaba la puerta de su casa.
El patrullero demoró lo suficiente como para que el activista mapuche tuviera tiempo de ingresar al patio de la vivienda y echarse a dormir en un quincho sobre un montón de ropa.
A los policías les costó despertarlo.
Recién cuatro horas después le realizaron la prueba del alcoholímetro: aún tenía 1,31 miligramos de alcohol por cada litro de aire espirado.
En las ciudades y países donde aún no rige la tolerancia cero, está prohibido conducir desde una medición de 0,25 mg/l, cinco veces menor.
A ambos lados de la cordillera, los medios comerciales señalaron que Jones Huala estaba borracho.
El Mercurio agregó: y tirado.

Jones Huala es el líder de una comunidad mapuche, que reclama como su propiedad ancestral un predio de Cushamen, ocupado por la trasnacional italiana Benetton.
El ex Presidente Maurizio Macrì y su ministra de seguridad Patricia Bullrich le atribuyeron actividades terroristas y la conducción de una denominada Resistencia Ancestral Mapuche.

La primera detención de Jones Huala, realizada por el segundo jefe de la División de Investigaciones de Esquel, oficial principal de la policía de Chubut Pablo Carrizo, se produjo el 25 de mayo de 2016.
Lo logró luego de los apremios o torturas aplicados en la comisaría de Gualjaina al detenido sin orden judicial ni abogado defensor Gonzalo Cabrera.
“Alcoholizado yo rompí vidrios y entré a robar a una estación de servicio, me detuvieron y tuve que declarar todo”, dijo Cabrera, porque lo golpearon.

Si no incriminaba a Facundo, le dijo la policía, “me iban a echar la culpa a mí”. En esas condiciones, Cabrera reveló que alojaba a Facundo Jones Huala en casa de su madre de crianza.
Luego de declarar lo que le exigían le concedieron la detención domiciliaria.
Un video de la detención de Cabrera lo muestra con un ojo en compota, igual que Jones Huala ahora.
Por esa razón, el juez federal Guido Otranto negó la extradición solicitada por Chile, que antes de la detención no había pedido su captura.
Cabrera contó “muerto de miedo" en el juicio de extradición, “cómo fue golpeado cuando lo subieron al patrullero y luego en la comisaría, cómo lo hicieron firmar un acta falsa, cómo fue obligado, coaccionado, golpeado”.
Resultaron procesados el policía y un agente de la AFI que realizó tareas ilegales de inteligencia sobre la comunidad mapuche y su líder.

La segunda detención de Jones Huala ocurrió en Bariloche el 27 de junio de 2017, cuatro horas después de que el entonces Presidente Maurizio Macrì concluyera su visita a Santiago, donde se entrevistó con su colega chilena Michelle Bachelet.
La Gendarmería lo interceptó en la ruta 40, pese a que, igual que la primera vez, no había orden de captura en su contra.
Esta vez la extradición fue concedida y Jones Huala condenado a nueve años de prisión por el incendio de un fundo en el sur de Chile.
Como la sentencia no estaba firme, quedó en libertad, pero se fugó y recién se supo de él esta semana, con su tercera detención.

Ahora la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, dijo que su policía “estaba con fuertes operativos y logró dar con su paradero y pudo detenerlo”.
El ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, atribuyó la detención a “un trabajo conjunto con la Policía de Río Negro” y se declaró "muy satisfecho con el trabajo que hicimos; con seriedad, optimismo y ganas.
No tuvimos ningún tipo de complicaciones, no hemos lastimado a nadie y los resultados están a la vista: está detenido”.

No hay palabras que puedan vestir con colores épicos una detención cuyas circunstancias desmienten la mitología proyectada sobre un desharrapado fugitivo y en cambio ratifican la realidad verificada en los allanamientos que Bullrich difundió en 2017 para construir un enemigo funcional a sus objetivos de control social, sobre cuya base construye ahora su candidatura a la presidencia.

En diciembre de aquel año acusó a la evanescente Resistencia Ancestral Mapuche, de cuya mera existencia no hay hasta hoy pruebas irrefutables, de “promover una lucha insurreccional contra el Estado argentino y la propiedad privada de la tierra”.
Sería una réplica de una análoga organización chilena (la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco Malleco, CAM), o Coordinadora Arauco Malleco, y ambas desconocen “la legitimidad de la frontera internacional argentino-chilena”.

Usando la analogía que el derecho penal veda, Bullrich dijo que la justicia chilena caracteriza la CAM como terrorista y extendió ese mote a la presunta filial argentina.
Sin temor al ridículo, el informe mostró las “armas utilizadas” por el enemigo así creado: un par de carabinas, botellas presuntamente usadas para causar incendios en pozos petroleros, una pistola, un revólver, balas de fusil Mauser de 1907, destornilladores, cuchillos, un machete, serruchos oxidados, una hoz y varios martillos (!) un rollo de alambre, un taladro, una motosierra, dos teléfonos celulares de los ’90, pintadas en paredes, reclamos por la libertad de Jones Huala, un libro de la Biblioteca del Círculo Militar de 1987, panfletos sobre “Dos mundos opuestos: Mapuche vs Capitalismo”, un afiche que llama usurpador a Benetton, presuntos comunicados reivindicando “actos de resistencia” y numerosas fotografías de los mapuche perseguidos por la Gendarmería el 1º de agosto de ese año, en el operativo ilegal que le costó la vida a Santiago Maldonado.
También incluye un ingenuo “Informativo para la Defensa, Resistencia y Recuperación”, para crear una “situación de alarma” que atraiga al periodismo. Recomienda ocultarse detrás de la sombra de árboles y edificios (sic).


El tremendo arsenal mapuche.

Entre tantas otras cosas que Bullrich ignoró estaba la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que en el caso Norin Catriman, del 19 de mayo de 2014, condenó a Chile por aplicar la legislación antiterrorista a ocho comuneros mapuche y señaló que debía adecuar su legislación interna para compatibilizarla con el principio de legalidad del artículo 9 de la Convención Americana.
El 16 de mayo de 2019 la Corte Suprema de Chile afirmó que el Poder Judicial está sometido a la Convención Americana de Derechos Humanos, por lo que no podía incumplir lo ordenado por la justicia internacional.
El gobierno chileno indemnizó a los mapuches, se borraron sus antecedentes penales y dejó sin efecto las condenas.


El mapuche chileno Norin Catriman.

Incluso en la Argentina, la Corte Suprema de Justicia, ocho meses antes del informe de Bullrich, ya había rechazado la aplicación de la ley antiterrorista a la causa que se instruía contra Martiniano Jones Huala y otros representantes mapuches.
Votaron en ese sentido los jueces Ricardo Lorenzetti, Elena Highton y Juan Carlos Maqueda dado que no se advierten en el caso los fines previstos en el artículo 41 qinquies de “aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”.
Tampoco encerrarían “algún tipo de conflictividad de la clase contemplada en los instrumentos internacionales sobre prevención y sanción del terrorismo”. Por el contrario, “están enmarcados en una protesta llevada adelante en reclamo de derechos sociales”.
Esa salvedad fue introducida en la ley por CFK a solicitud del CELS.


Hace un siglo y medio, Juan Bautista Alberdi escribió en «Facundo y su biógrafo”, que integra sus Escritos Póstumos: “No es terrorista todo el que quiere serlo. Sólo aterra en realidad el que tiene el poder efectivo de infligir el mal impunemente”.

EL CRÁTER Y LOS ENANOS, de Horacio Verbitzky - 5/2/2023

La exclusión de Cristina puso todos los problemas sobre la mesa



Ilustración de Alejandro Ros. Animación de Silvia Canosa.


La reunión de Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa en la quinta La Colonial de Merlo con una veintena de intendentes de la 1ª y de la 3ª sección electoral de la provincia de Buenos Aires transmitió un mensaje claro, que el Presidente Alberto Fernández tardó sólo un día en decodificar: la convocatoria a una mesa nacional del Frente de Todos que coordine la estrategia para las elecciones de este año no es opcional sino obligatoria, porque de otro modo se establecería igual, sin su presencia.
“Pero sin operaciones de prensa”, advirtió la operadora de prensa de la Casa Rosada, Gabriela Cerruti.

Las anteriores habían sido, en apenas un par de días:
  • Un trascendido según el cual Fernández no convocaría a esa mesa, como el domingo volvió a reclamarle Máximo Kirchner en una entrevista con Marcelo Figueras publicada aquí, porque lo primero que le reclamarían en ese espacio es que renunciara a su proyecto reeleccionario. Según los días, Alberto afirma que confía en su victoria o que dilatará todo lo posible el desistimiento para evitar el síndrome del pato rengo.
  • La versión de que el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, representó en Merlo al Presidente, quien le encomendó preservar la unidad para ganar las elecciones, con reglas claras en las que nadie habla mal de un compañero. Los asistentes afirman que Katopodis participó a título personal y que nadie habló allí de Fernández.
  • Que Alberto condicionaba la convocatoria al compromiso de que no hubiera objeciones a su candidatura ni a la gestión de su gobierno.
La biógrafa de Carlos Menem y Maurizio Macrì es una peronista genética (su padre fue durante años el chofer de Antonio Cafiero) y una experta comunicadora, que ha mejorado en forma ostensible los mensajes presidenciales.
Es menos conocido que su incorporación fue sugerida al Presidente por Máximo Kirchner, cuando las relaciones aún no se habían agriado.
La semana pasada, durante el hartante vodevil Alberto, Wado y los códigos, Cerruti le envió un mensaje que sólo decía “Los machos del off the record”.
Kirchner no respondió.

En su última pieza audiovisual, Alberto dice que “esto no es un spot de campaña”, inmejorable forma de confirmar que está en campaña.
También hay excesos que sugieren una valoración ingenua del carácter performativo del lenguaje: no basta que Alberto y Gabriela digan que el Presidente designó a Sergio Massa y se refiera al ministro de Economía en la primera persona del plural, cuando todos saben, comenzando por el propio Massa, que llegó al gabinete en línea recta desde el Congreso, y no del lado de la Cámara que presidía.


It’s the economy, stupid

En 2019, por primera vez en la Argentina post - dictatorial un Presidente en ejercicio perdió la elección en la que buscaba un segundo mandato.
Este año podría ver un fenómeno aún más curioso: el de un Presidente derrotado en una elección interna de su propio partido.
Más allá de cualquier otra cosa, ni Macrì ni Fernández quedan exentos de la doctrina Clinton.

El Poder Ejecutivo celebra que la economía haya recuperado la caída fruto de la pandemia, y acumule una expansión real de +3,5% en relación a la primera parte de 2019.
También que la tasa de desocupación haya caído por debajo del 7%, nivel mínimo desde fines de 2015, con un fuerte crecimiento en la población ocupada.


Crece el producto y disminuye la desocupación.

Pero este crecimiento en el empleo estuvo liderado por las formas más precarias de contratación (asalariados informales y trabajadores por cuenta propia, incluyendo el monotributo social).
Hasta el salario real del sector privado registrado (que cuenta con el mayor nivel de protección) sigue un 20% por debajo del nivel de 2017 y casi un 4% por debajo de la primera parte de 2019, según los datos del instituto que creó Carlos Tomada en la Universidad Nacional de San Martín (Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo).


El poder adquisitivo del salario en el tobogán.

Las paritarias que se realizan según la ley de contratos de trabajo (LCT) evitan mayores caídas del salario real, pero aun así los precios siguen ganando la carrera.


Aún los mejores salarios pierden con los precios.

En este regresivo patrón de crecimiento, que deteriora la calidad del empleo y el poder adquisitivo del trabajo, en la comparación con 2019 el salario perdió 2,2 puntos del PIB, mientras que las ganancias empresariales treparon 3,5 puntos.


Cae el salario, suben las ganancias.

En una visión de más largo plazo, la participación asalariada, que durante la década kirchnerista superó el 50%, retrocedió a los niveles de 2011, consolidando el ajuste iniciado durante el macrismo.
El salario no fue en este período causante de la inflación por presión de costos, sino por el contrario la variable de ajuste para el modelo económico.


La participación del capital y el trabajo.

Un dato notable es que el producto se estancó durante el segundo mandato de Cristina, que no pudo evadir la crisis mundial, y sin embargo la participación del salario siguió creciendo.
Pocas cosas dejan más en evidencia que el nivel salarial es una decisión política. 

Los salarios reales y en dólares (incluso al tipo de cambio oficial) son los más bajos en la última década, y para encontrar algo peor (pero no tanto) hay que retroceder hasta la crisis de 2001, cuando el hit del verano no era Muchachos sino Que se vayan todos.


En poder adquisitivo y en dólares, el salario más bajo en dos décadas.

Con tan marcada aceleración inflacionaria y en este contexto distributivo, un programa de estabilización integral debería poner el foco central en reducir las ganancias de las empresas.
Cristina lo haría.
¿Alguien más se animaría?


Las historias de la historia

Las anécdotas que saturan medios y redes antisociales oscurecen que los conflictos del Presidente con su Vice se remontan a dos décadas atrás.
Alberto recuerda con frecuencia que él impulsó a Néstor Kirchner a lanzar su candidatura presidencial, durante el interinato a cargo del Poder Ejecutivo del Senador bonaerense Eduardo Duhalde, a lo que Cristina se oponía.
En coincidencia parcial, ella cuenta que por un flash de noticias supo que su compañero había adelantado en varios años el proyecto que ambos compartían. De allí a colegir que el verdadero fundador del kirchnerismo es Alberto Fernández hay una distancia que explica muchos malentendidos.

También se considera miembro fundador el empresario gastronómico Fernando Navarro, El Chino masoquista que ahora promueve la candidatura presidencial del gobernador cordobés Juan Schiaretti, como si no hubiera escarmentado con su aventura de 2017 con Florencio Randazzo.
Coincidió con él en la señal de noticias del Grupo Clarín la pensadora Beatriz Sarlo, que gracias a Dios milita en la oposición.

A esos desentendimientos se refería Andrés Larroque cuando dijo que Alberto “confundió cuál debía ser su rol con Cristina”.
Pero, aunque hoy todos idealicen al ausente, el conflicto del jefe de gabinete de ambos Presidentes Kirchner no fue con ella, sino con él.
Durante el conflicto con las patronales agropecuarias amplificado por los medios del Grupo Clarín, Alberto refunfuñaba que Cristina aceptaba sus propuestas diurnas en Balcarce 50, pero que a la mañana siguiente había cambiado de parecer, luego de pernoctar con su compañero en Olivos.


Alberto con Cristina y Néstor. Sus conflictos fueron con él, no con ella.

Sin necesidad de entrar en detalles irritantes, vale la pena recordar que en la década posterior a su renuncia las constantes apariciones mediáticas de Alberto presentaron a Cristina como una persona cuya irracionalidad e incompetencia en materia económica puso en peligro los logros del kirchnerismo, “los que obtuvimos con Néstor”.
Sus primeros mensajes presidenciales fueron que él sabía cómo salir de esta crisis, porque ya lo había hecho con Néstor.
(Si Cristina no interfiere, era el subtexto.)

En octubre de 2010, cuando el ex Presidente murió en Santa Cruz, Randazzo transmitió el deseo de Fernández de ingresar al velorio.
“De los tres Kirchner, el único que lo apreciaba ya no está”, fue la cáustica respuesta que recibió.
La reconciliación de 2018 y la candidatura compartida el año siguiente fue un acuerdo de mutua conveniencia, que unificó al peronismo y aseguró una victoria que poco antes parecía por lo menos improbable.
Pero no borró esa disidencia básica sobre el rol de cada uno en la construcción política común.

Hace un año, El Cohete reveló que cuando el Presidente trató de convencerlo de las bondades del acuerdo con el FMI, Máximo le dijo: “Yo no estuve de acuerdo con tu candidatura así como no apruebo ahora esta negociación” .


¿Quién emergerá del cráter?

Del encuentro de La Colonial no participaron los gurkas del antikirchnerismo, como el automovilista Juan Horacio Zabaleta y la enemiga jurada del punto aparte, Victoria Tolosa Paz, quien no puede dejar de sonreír ni cuando anuncia catástrofes, como si la hubiera picado Miguel Angel Broda.


Tolosa y Broda: ¿de qué se ríen?

Una de las afirmaciones que se escucharon allí fue que el anuncio de Cristina de que no será candidata dejó un enorme cráter y que en su ausencia el resto de los aspirantes son enanos, de modo que nadie prevalece sobre el resto y las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias definirán quién emergerá del cráter alzando el estandarte del FdT.
Si ella no va, yo puedo, se atribuyó al jefe de Estado.
Otro de los aspirantes, el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, dijo en una entrevista que si el Presidente era candidato, no podían enfrentarlo su jefe de gabinete y su ministro de Economía.
Necesitó siete tuits para enmendarse:



En 2019, Alberto lanzó su consigna Sin Cristina no se puede, sólo con Cristina no alcanza.
Kilómetros de texto y horas de audio repiten ahora que el Frente de Todos debe preservar a cualquier precio la unidad, hasta que duela.
Pero dentro del kirchnerismo comienza a circular una reversión de aquella sentencia: Sin Cristina no se puede, con la unidad no alcanza.

El 27 de diciembre Cristina resignificó su anuncio del 6 de diciembre de que no sería candidata. No es una renuncia, sino una proscripción, dijo, contra la que instó a rebelarse.
Pero también desalentó una respuesta espasmódica a su condena anunciada: el 17 de noviembre en el estadio Maradona de La Plata había protagonizado la mayor movilización política en años, y no tenía sentido menoscabarla con respuestas emocionales pero incomparables en magnitud y organización, en medio de los festejos por el campeonato de fútbol que ganó la Argentina en tierras árabes y en vísperas de Navidad, Año Nuevo y vacaciones.

Las fechas inmediatas para el proyecto que se denomina “Romper la proscripción” son el 9 de marzo, cuando el tribunal que la inhabilitó dará a conocer sus fundamentos (en el aniversario del decreto 4161/56 que criminalizó el mero nombre de Perón y de todos los símbolos gráficos o sonoros de su movimiento) y el 24 de marzo, la fecha tradicional del movimiento en defensa de los derechos humanos.
Entre ambas, está el 24 de febrero, cuando se cumplirán 77 años de la primera elección presidencial de Perón.
Tal vez Alberto use la fecha para la instalación formal de la mesa.


Se dobla pero no se rompe

La acumulación de fuerzas es un principio básico que se pone en juego en el intento.
La palabra mágica la pronunció Martín Insaurralde: “El peronismo no puede pensar en candidaturas hasta no romper la proscripción a Cristina”, escribió hace dos semanas en una red antisocial.
Al mismo tiempo así negaba que Axel tuviera ya asegurada la candidatura a su reelección.

El kirchnerismo, que impuso al alcalde de Lomas en la jefatura de gabinete provincial, en algún momento también pensó en postularlo en La Plata, al tiempo que Axel disputaría la presidencia, porque es el dirigente con mayor capacidad de retención del voto por Cristina.
Pero un año después esos vientos han amainado, y no por imposición de La Cámpora.
Son los otros intendentes de peso los que no aceptan el predominio del lomense: entre ellos el matancero Fernando Espinosa, el jefe de Avellaneda Jorge Ferraresi y el propio Kato.
Recién a fines de febrero, en el encuentro en Santa Teresita, se arribaría a la decisión formal, pero es improbable que de allí surja algo distinto a la reelección de Kicillof.
No obstante, el gobernador recita que es parte de un proyecto colectivo y que hará lo que su jefa decida, como si ella no hubiera propiciado el juego de los bastonazos [de cada mariscal].

Mientras, el problema es que nadie sabe muy bien en qué consiste romper la proscripción, dado que es inimaginable que la Casación de Hornos y Borinsky y/ o la Corte de los cuatro supremos, sometidos ahora a juicio político, revoque la condena y su accesoria política.
Pero mientras no quede firme no se aplica, por lo cual Cristina podría ejercer sus derechos políticos.
En casos de alto impacto la Corte Suprema ha dejado correr una década o hasta dos antes de cerrar una causa con un fallo definitivo e inapelable.
Pero también puede hacer lo contrario, porque no tiene plazos.

Máximo le dijo a Marcelo Figueras que “con la Justicia que tenemos, si Cristina quisiese presentarse a las elecciones le sacan la condena firme en cinco minutos”.
Axel Kicillof agrega que la condena está escrita y que romper la proscripción sería conseguir que los mandamases de Talcahuano 550 no se animen a firmar ese fallo que ya está escrito.
Con la polarización vigente, es difícil saber hasta qué punto esta lectura está o llegará a estar instalada en la sociedad.
En tal caso, Cristina decidiría qué hacer o a quién apoyar.


Bisagras

Cuatro décadas transcurrieron desde la sorprendente victoria de Raúl Alfonsín en 1983.
Cinco años después, la única interna en las ocho décadas de existencia del peronismo consagró la unidad detrás de Carlos Menem, quien le arrebató la candidatura al gobernador bonaerense Antonio Cafiero.
Esto le permitió recuperar la presidencia perdida ante la UCR renovada, reformar la Constitución y ser reelecto, hasta gobernar diez años y medio seguidos.
Pero esa unidad se forjó sobre el abandono del programa de la revolución productiva y el salariazo con el que Menem batió al candidato del lápiz rojo, el radical conservador César Angeloz.
La única disidencia significativa en esa década fue el Grupo de los Ocho, que derivó en el Frepaso, y la CTA.

La unidad del peronismo no le bastó a Duhalde para convertir sus críticas a Menem en una opción electoral.
En cambio beneficiaron a la Primera Alianza, que se ofreció como continuidad pero sin Ferraris ni Zulemas.
Con similitudes y diferencias, esas dos primeras décadas fueron de democracia tutelada por los grupos económicos locales y por los acreedores representados en el sistema financiero internacional, y cada año fueron creciendo los niveles de exclusión.

La hoja de ruta de ese trayecto fue expuesta por Roberto Pedro Verrier, quien fue ministro de Hacienda por apenas dos meses, desde enero a marzo de 1957.
Pero le bastaron para acuñar una definición fundamental: dijo que la Argentina era un país espléndido al que le sobraban cinco millones de habitantes.
La pugna por el destino de ese sobrante iluminó las dos décadas que pasaron desde ese golpe hasta el de la Junta de Comandantes de 1976.

Entre uno y otro mediaron avances y retrocesos de las opuestas coaliciones agroexportadora - financiera e industrial - laboral, en lo que Juan Carlos Portantiero llamó “el empate hegemónico”.
Uno de los indicadores empíricos de esta lid es la participación de los trabajadores en el ingreso, que tendía a crecer con los Presidentes electos (aún en condiciones precarias, como los radicales Arturo Frondizi y Arturo Illia) y a mermar con cada irrupción militar.
El ’76 fue el perfeccionamiento castrense del ’55.
Verrier rendía cuentas al dictador Aramburu y José Alfredo Martínez de Hoz (h) se entendía con el dictador Jorge Videla: no había prensa libre, sindicatos legales, justicia independiente ni Parlamento.
Se gobernaba por decreto y no había límites para el sufrimiento que podía infligírsele a los disidentes.

La idea fue que no hubiera marcha atrás posible.
El miedo instilado en la sociedad por la práctica brutal de la dictadura disciplinó a los gobiernos electos que sucedieron a la masacre.
Hacia 1980, el economista Aldo Ferrer estimó que en el país diseñado por Martínez de Hoz ya no había lugar para 15 millones de personas.
El número de excluidos necesarios para que funcionara el plan no cesó de crecer y cuando comenzó a morder los talones de la clase media con capacidad de ahorro dio lugar al estallido de 2001.

La segunda bisagra la colocó el kirchnerismo en 2003, cuando retomó la lógica histórica del peronismo y los asalariados volvieron a imponerse en la distribución de los frutos del esfuerzo colectivo.
Pero no pudo construir una sucesión consecuente, de modo que el peronismo conservador le impuso a Daniel Scioli en 2015, y no encontró nada más potable que el actual Presidente en 2019.
El discurso de Fernández es impecable, se sacaría una buena nota en el examen de Veinte Verdades Peronistas, pero sólo a veces es corroborado por los duros datos de su gestión.

No es casual que el liderazgo del PRO atribuya todos los males del país a los 70 años en los que cree que gobernó el peronismo, mientras se codea con Miguel Pichetto, Ramón Puerta, Cristian Ritondo, Eduardo Amadeo, Diego Santilli o Emilio Monzó, que no brotaron de un repollo liberal.

Por eso, a pesar del carácter avasallador de Cristina, de su tedio por la rosca entre dirigentes, a la hora de lo que en una época se llamaba recuento globular y en otra poroteo, hasta Pablo Moyano le pide que haga un esfuerzo más y revea su decisión.
La segunda parte de la oración varía, según quien la enuncie, pero la primera es inamovible: Sin Cristina no se puede.


La mesa

En los primeros años del FdT Alberto presidió una mesa, que todas las semanas se reunía en Olivos, con participación del kirchnerismo y del FR de Sergio Massa. La coordinaba el jefe de gabinete Santiago Cafiero.
Se mantuvo hasta las elecciones de 2021.
En julio de ese año, Cristina y Alberto analizaron las candidaturas bonaerenses en RPO, junto con Axel Kicillof, Sergio Massa, Wado de Pedro, Máximo Kirchner y Gabriel Katopodis.
Kirchner mostró un estudio detallado sobre las elecciones legislativas de las últimas dos décadas, en el que se apreciaba que los allí reunidos representaban en forma estable la mitad del electorado provincial, en configuraciones distintas cada vez y formuló una propuesta para la lista de diputados, expresiva de ese universo oficial:
  • Santiago Cafiero, en nombre de Alberto,
  • Luana Volnovich, por La Cámpora,
  • Carlos Bianco, en representación de Axel, y
  • Malena Galmarini, compañera en la política y en la vida de Sergio Massa, quien había prestado su acuerdo para ello.
En tal caso, Kirchner cedería a Cafiero su cargo en la Cámara de Diputados. 

Alberto y Axel recelaron que querían correrles a sus jefes de gabinete.
Por eso Kirchner sugirió también una alternativa: Sergio Massa y Luana Volnovich. 

Nadie hizo ningún comentario y a través de Clarín se enteraron que Alberto dispuso por sí y ante sí que las listas en Buenos Aires y Capital Federal fueran encabezadas por sus amigos Tolosa Paz y Leandro Santoro, dos personas estudiosas y trabajadoras pero sin grandes antecedentes de construcción colectiva e inserción territorial.

Ese muletto del FdT perdió cuatro millones de votos respecto de 2019, de lo que ninguno de ellos se hizo cargo.
La catástrofe no fue peor porque no los capitalizó Juntos por el Cambio, que también padeció la deserción de un millón de votantes.
Alberto celebró la derrota como una victoria, porque entre las PASO y las generales se achicaron sus márgenes.


El Espejo

También ahora el principal activo del oficialismo es el recuerdo de los sufrimientos que causó el gobierno anterior y su promesa de amplificarlos si pudiera. Contribuyen al estado caótico de la oposición la ambigüedad de Macrì sobre qué hará, la pugna cada día más enardecida entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta y los conflictos entre el PRO y la UCR.

Macrì y su ex jefe de gabinete en la Capital Federal tienen fortalezas cruzadas.
Si Macrì decidiera ir por su segundo tiempo, podría imponerse en la elección interna, pero es más que dudoso cómo le iría en la elección general.
Rodríguez Larreta, en cambio, tendría mejor desempeño contra el Frente de Todos, pero le costaría más llegar a la candidatura de su coalición.

Su pugna con Bullrich no escatima golpes bajos: su (¿ex..?) Ministro de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, acabó con la carrera política del jefe de campaña de Bullrich, Gerardo Milman, haciendo trascender la denuncia sobre el auto cedido a Jerry por una empresa contratista de la Nación, que manejaba una amante del diputado procaz.


Milman, en el balneario CR de Pinamar. Unas largas vacaciones.

La ahora colaboradora de Rodríguez Larreta, Florencia Arietto, enrostró a Bullrich las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel en operativos de las fuerzas federales que conducía la entonces ministra, de quien era asesora.
Después se arrepintió y pidió disculpas, pero la guerra nuclear ya se había iniciado.

La ex diputada radical Silvana Giudici le recordó cuando Arietto planteó que a la provincia de Buenos Aires sólo se podía entrar con metra y que debía enviarse el Ejército a Villa Mascardi, mientras el pitbull de JxC, Fernando Iglesias, la llamó hija de puta.
En un mensaje privado, por supuesto, que ella difundió porque, dicen, no tiene códigos (salvo el penal).
Bullrich aprovechó el brulote para facturárselo a Rodríguez Larreta, frente al que reivindicó su propia presunta dureza, que es lo que le ofrece al país.

Además insistió en reformar las leyes de defensa nacional y seguridad interior para enviar al Ejército a combatir el narcotráfico en Rosario, el tipo de decisión por el que México y Colombia todavía están pagando las consecuencias, con la autonomización de una parte de sus militares, la corrupción de otra y una enorme cantidad de muertos por completo ajenos a la cuestión.

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