miércoles, 17 de junio de 2026

EL LARGO ADIÓS, de Marcelo Figueras - 14/6/2026

El Indio fue todo esto que digo acá, y además mi mejor amigo


Foto, Gastón Daus. Animación, Silvia Canosa

Existe un árbol pequeño que abunda en Asia y África y se llama Rhus
En otoño, sus hojas adquieren un color sobrenatural. 
Pasan del verde a una tonalidad indescriptible, más propia del coral submarino que de la superficie. 
El Indio tenía tres en su parque, dos crecidos y uno pequeño, su familia en versión arbórea - Virginia, su hijo Bruno y él.

El viernes 5 de junio, cuando murió, los Rhus atravesaban su fase incandescente. La tarde anterior le pidió a Gastón Daus, su asistente todo terreno, que lo fotografiase allí, y se vistió para la ocasión. 
Gastón usó una de las tabletas de Indio, pero además tiró un tirito con su celular.
La imagen lo eterniza allí, de gabán largo y bastón, alzando el pie derecho para dar un paso y salir de cuadro, como si algo lo esperase más allá de los árboles.

Parafraseando a Bioy Casares, que lo dijo respecto de Borges, desde el viernes 5 damos los primeros pasos en un mundo sin el Indio. 
No va a ser fácil. 
Ni para los que lo conocimos ni para la segunda familia que supo crear, esa banda inconsolable que son los millones a quienes iluminó.


Y no va a ser fácil porque parte de lo que nuestro cerebro decodifica como mundo, como realidad, está armado por ladrillitos que el Indio puso ahí. 
El Indio está, y va a seguir estando, en todas partes. 
Sus canciones son el esqueleto de nuestro estado de ánimo. 
Cuando suenan Todo un palo, Esa estrella era mi lujo o Juguetes perdidos -por mencionar tres de centenares que funcionan igual -, empezamos a sentir cosas específicas, que las canciones disparan en el alma. 
Nuestro lenguaje es una co-creación entre Cervantes, el Río de la Plata y Solari: no sabríamos ni hablar si no contásemos con expresiones como mi único héroe en este lío, a brillar mi amor y vamos las bandas
Y mucho de lo que pensamos y defendemos con pasión fue articulado por sus versos, de forma inmejorable. 
Violencia es mentir. Todo preso es político. Si no hay amor, que no haya nada.

Lo sorprendente es que, si nos hubiésemos topado con el Indio cuando tenía 20 años, habríamos creído imposible que ese cuerpo discreto contuviese el poder de crear universos. 
Fue un pibe de clase media baja, hijo de un señor parco pero virtuoso y de una señora chispeante - le gustaba describirla como un cascabel - que lo apañó, sin importar la cagada que se mandase. 
De niño conoció lo bien que se vive cuando no te falta nada, pero también la necesidad y la persecución. 
Su padre, José Solari, hizo carrera en el Correo hasta que, siendo director de una sede, lo echó la Fusiladora. 
El Indio pasó de vivir Navidades en las que recibía Meccanos a otras en las que ligaba medias y gracias. 
En la Pascua, celebraba con huevos de gallina que mamá Chicha pintaba de colores.

Como era un curioso de la vida, eludió las constricciones de la academia y devino lector ecléctico. 
Esa voluntad de vivir a tope, de que - como le gustaba decir - la vida le pagase al contado, lo desmarcó de su generación, que optó en bloque por la militancia política. 
Eligió ser militante de otra cosa, algo más vasto y contenedor. 
Por eso insistió hasta último momento con la idea de que la revolución - una que involucra la conciencia de la especie entera - debería ser lo que hacemos cada día: desde que despertamos, a través de cada acto, por pequeño que parezca.


El ingenio popular no descansa nunca.

El Indio fue un militante del arte, esa expresión de la vida virtuosa a que deberíamos aspirar. 
Lo creía porque le había ocurrido, lo experimentó en carne propia. 
Las canciones indicadas lo transformaron por dentro y lo impulsaron a perseguir una mejor versión de sí mismo. 
Ese es un signo de su generosidad. 
"Un maestro es alguien que decidió pasar su vida encendiendo en otros la chispa que encendieron en él cuando niño; devolver el bien recibido, multiplicándolo", escribí en Kamchatka
Eso fue y será el Indio para millones: el mejor de los maestros. 
(Sorry, Sarmiento. Preferimos a este pelado.)

Tanto creía en evolucionar y así colaborar con la evolución de otros, que no temió pasar privaciones con tal de entregarse a su misión secreta. 
Días atrás, en el cementerio de Lanús, Virginia recordó el primer departamento que compartieron, donde no había cama sino colchón, cajones de manzanas como muebles y se calentaban en invierno encendiendo el horno y dejando su puertita abierta. 
La devoción por el arte se lo comió vivo, hasta el último momento. 
En las horas finales concluyó una letra con la que había luchado meses, por culpa de la dispersión a que lo condenaba su enfermedad. 
¿Qué es esa foto que orquestó el jueves 4, durante las horas postreras, sino una obra más - una imagen que nos trascenderá?


Virginia e Indio: contigo, pan y cebolla.

Los indios estaban cabreros

Todo aquel que encare la quijotesca tarea de definirlo saldrá trasquilado, porque cualquier cosa que digas del Indio será reduccionista. 
Fue cantante, compositor, rocker, tanguero moderno, poeta, escritor, artista visual, maestro de ceremonias de un cabaret político, revolucionario de cafetín, melómano, cinéfilo, humorista (especializado en humor negro, por cierto), combatiente de barricada, chamán, filósofo, líder de masas y mucho más, de esa forma en que el todo resulta más que la suma de las partes. 
Y al mismo tiempo - antes de que el vasco se calase la boina y arremangase, para consumar todo esto - la idea de que ocurriese algo como el fenómeno Indio parecía un delirio. 
¿Quién podía imaginar, antes del Indio, que llegaría a existir alguien - algo - como él?

Años atrás, durante uno de mis intentos de explicar lo inexplicable, apelé a una noción de la física que se llama singularidad
Según los libros, una singularidad es el lugar donde las cantidades que se usan para medir el campo gravitacional escapan de todo cálculo, volviéndose infinitas. En términos más poéticos: singularidad es un fenómeno que se produce a pesar de que su contexto impide preverlo
Aquello que escapa como anguila de la posibilidad de ser previsto y definido. Lo inefable.


El Indio de los comienzos.

Por supuesto que hay ingredientes esenciales al fenómeno. 
Para empezar, la Argentina
El Indio no podría haber llegado a ser quien fue en ningún otro lado. 
Pero además hay que hacerse cargo de la circunstancia histórica. 
La segunda mitad de nuestro siglo XX, reinventada por esa otra singularidad que se llama peronismo. 
La cultura rock de los años '60, que le permitió releer nuestra realidad desde otro lugar: menos provinciano, más transversal. 
El genocidio de los '70, durante el cual fue testigo de la devastación que se cargó a los pibes que frecuentaba. 
(Él se salvó porque lo creyeron un hippie y por lo tanto inocuo, pero aun así se ganó una sesión de picana en la seccional.) 
La explosión cultural de la post-dictadura, desde donde denunció las limitaciones de la tibia democracia con que se conformó Alfonsín. 
Y el escenario original: la ciudad de La Plata, lugar de simetrías borgianas, un núcleo joven y de jóvenes, donde estudiaron Sabato, Pérez Esquivel, Laura Carlotto, Néstor y Cristina.

Pero, por sí solos, esos elementos no explican la reacción química que se produjo. Los Redonditos empezaron como una joda entre amigos. 
Cuando se cimentó el triángulo de la autoridad Indio - Skay - Poli - tres puntos son lo mínimo que necesitás para generar equilibrio -, los Redondos devinieron una banda de culto, una suerte de happening a lo Minujin, pero rockero. 
Esto es relativamente fácil de entender. 
Eran divertidos, estrambóticos, zarpados, arriba del escenario podía irrumpir cualquier cosa, desde una stripper a una momia. 
Pero a medida que la promesa de la democracia-con-la-que-se-come-se-cura-y-se-educa empezó a hacer agua, el público cambió. 
Los pibes del pogo desplazaron a los sommeliers de vanguardias, y el Indio empezó a tomarse en serio el poder de lo que sus canciones podían generar. 
En lugar de ponerse condescendiente con ese público cerril, elevó la vara para ellos, y también para él.

Habían llegado hasta allí presentando algo que se diferenciaba de la oferta promedio. 
El rock-pop local impostaba seriedad en pos de reconocimiento, pero ellos ofrecían humor y delirio. 
Su música y sus letras eran calentonas, hormonales, cuando los rockeros locales no rankeaban como sex-symbols y hacían una música más bien asexuada. 
Y sus shows no eran espectáculos cortesanos, sino bestias quiméricas. 
En los conciertos de otros artistas, uno pagaba entrada, se ubicaba y aplaudía o marcaba el ritmo con la patita. 
Los shows de los Redondos eran experiencias full contact. 
Cualquier cosa podía pasar. 
Que te convirtieras en pelotita humana en medio del pogo, que revolearas - o ligaras - un botellazo, que te apartases para coger con una desconocida en un rincón oscuro. 
El resto de los shows se plegaba a la ficción de la normalidad democrática, eran "el ensayo general para la farsa actual"
En cambio, los shows de los Redondos te recordaban que seguíamos viviendo en peligro... y que eso estaba bien, porque vivir es arriesgarse y nadie que quiera vivir de verdad puede hacerlo dentro de una sandwichera de plástico, como explicó en Olavarría, durante una histórica conferencia de prensa.

El disco Oktubre es de - precisamente - octubre del '86. 
Fue un gesto político de parte del Indio aunque, por supuesto, envuelto en la seda de la ambigüedad poética que era su estilo. 
Oktubre remitía a dos revoluciones, la rusa y la local del '45. 
E instaba a que el pueblo tomase las riendas de su destino en plena desmovilización, que Alfonsín alentaba. 
"La idea - dijo, mientras escribíamos la biografía Recuerdos que mienten un poco - era formular una suerte de llamado a ciertos sectores que parecían querer lo mismo, pero estaban disgregados: los obreros, la nueva izquierda, los estudiantes... Fue un momento clave que no se aprovechó"
Meses más tarde, Alfonsín firmó la capitulación, al desearnos felices Pascuas y pretender que "la casa estaba en orden"
Cosas que pasan, cuando los Presidentes temen más al Círculo Rojo que a la sagrada ira del pueblo.

Aun así, la insurrección que alentaban los Redondos siguió adelante. 
Un baión para el ojo idiota (1988) es la versión musical del Plan revolucionario de operaciones que siempre se atribuyó a Moreno, de Los diez días que sacudieron al mundo de John Reed, de La razón de mi vida de Eva Perón. 
De ese álbum provienen Noticias de ayer - con su denuncia de los medios que siguen envenenando, y nunca más que hoy -; Todo preso es político; Vencedores vencidos (que sugería buscar la verdad donde se expresa sin intermediaciones, en las paredes del barrio desde las que habla el subsuelo de la patria); Vamos las bandas (que alentaba a rajar del cielo de papel maché que vendía el poder real); y Todo un palo, nuestro segundo himno nacional, donde dejó en claro que nunca íbamos a dejar de sentirnos "así" - otra ambigüedad poética, que cada uno interpreta a su saber y entender -, mientras "ese perro" (real o fantástico) siguiese "allí".

Toda esa siembra germinó en los '90, durante el menemismo. 
Fueron tiempos difíciles. 
Los hijos de puta a cargo de la Rosada se forraban de guita, mientras daban vía libre a los negocios del poder real
Lo único que se concedía al pueblo era circo a granel y un chivo expiatorio: los pibes de los barrios, estereotipados a partir de la gorra y las zapatillas, a quienes sindicaron como Enemigo Público Número Uno
(Esta descripción se ajusta a los tiempos actuales. La única diferencia es que el chivo expiatorio de hoy es el kirchnerismo.) 
La gente olvida, pero hasta entonces nadie hablaba de seguridad en la Argentina, no era una obsesión en nuestras vidas. 
Fue una cuña que nos clavaron entonces y ahí quedó, para persuadirnos de que la miseria era culpa de los rateritos, y no de los ladrones a cuatro manos que se apiñan en la cima de la pirámide.

En ese contexto, los shows de los Redondos se convirtieron en algo que excedía lo artístico. 
Eran un experimento socio-político, muy pero muy parecido a una democracia verdadera, de manual. 
Un espacio de libertad - libre del control policial, y más aún después de la tragedia de Walter Bulacio - al que accedían los que podían pagar la entrada y los que no también, sin que nadie se molestase. 
Todo el mundo participaba de los mismos bienes: una fiesta de rico rock and roll, armada en torno a una comunidad que alentaba a cada integrante a disfrutar de la vida. 
Desde el escenario, el Indio ensayaba su pedagogía de hermano mayor: cagándonos a pedos cuando hacía falta, pero insistiendo en que aprendiésemos a cuidarnos entre nosotros, ya que nadie más lo haría desde el Estado menemista. (U hoy mileísta: la misma mierda, con distinto moño.)

En esa Argentina de pobreza devastadora y profunda desmovilización - en los '90 la política era mala palabra, recién dejó de serlo con los Kirchner -, había millones de jóvenes argentinos que no se sentían representados ni contenidos por nadie
¿La excepción? Los Redonditos de Ricota, una banda liderada por el más improbable de los frontmen: un pelado que vestía como alguien que tiene planeado ir a un asado después del show.


Al ejecutar la receta del neoliberalismo - la misma que, tajo más o menos, nos desangra ahora - el menemismo convirtió la Argentina en un páramo sin futuro
En ese vacío de sentido, la figura del Indio y los Redondos se agigantó. 
Ellos acogieron a los que el sistema negaba y expulsaba, les dieron bienvenida a un contenedor simbólico - la "misa" ricotera - donde nadie era tratado como un bicho raro. 
Como lo expresaron tantos durante estos días, un show de los Redondos era llegar a casa después de vagar por el desierto. 
En ese abrazo, dejabas de saberte despreciado, perseguido, pobre. 
(Como dice la canción, ahí te sentías "rico, gratis".) 
Ya no eras un paria, sino alguien que por primera vez se integraba a una comunidad que proporcionaba experiencias reparadoras. 
Y así el Indio dejó de ser sólo el cantante de una banda exitosa, para convertirse en algo más: una suerte de guía todoterreno, con autoridad ganada de modo genuino, que aun cuando estaba ocupado despabilándote, te trataba como a un igual
Eso volvió a quedar de manifiesto el domingo 7, en Avellaneda, cuando la gente que desfilaba frente a sus restos le hablaba al cajón, de yo a vos, reciprocando la gentileza de no haberse dirigido nunca a una masa indiscriminada, sino a ellos en particular, íntimamente, al oído.

La línea que se desprendía de la ceremonia ricotera era un mensaje político en sí mismo: Acá hay lugar para todos; acá hay disfrute para todos
Se trataba de un experimento igualitario, inédito en el mundo, que proponía una idea que hoy el establishment consideraría más inquietante que ayer. 
Si en ese espacio podían convivir durante muchas horas 20.000, 100.000, 500.000 personas de las edades y extracciones sociales más variopintas y deponer sus diferencias, para disfrutar de algo que reconocían como un tesoro en común (¡bosteros y gallinas convivían en paz!), ¿por qué no podíamos vivir así el resto de la vida, en cualquier lugar del país?

La que llevó a cabo este experimento no fue una banda que disponía del apoyo de corporaciones, sponsors y medios, operando para difundir su imagen y música a toda hora. 
Se trataba de una banda independiente, que se auto-gestionaba y negaba a ser fotografiada indiscriminadamente y a aparecer en la TV. 
Gente que se marginaba por propia voluntad del gran escaparate comercial, que rehuía las mieles de la exhibición mediática. 
(La forma en que el Indio se negó a explotar en público su dolor por la muerte de Bulacio le valió infinitas críticas, pero aun así no hocicó.)


Los Redondos, tal como los reflejaban los medios de la Argentina.

Esa es la razón por la cual si un extranjero quisiese estudiar a los Redondos a través de su presencia en los medios, encontraría ante todo recortes policiales: bataholas, detenidos, destrozos. 
Una segmentación perversa, debida a la tirria que la corporación periodística sentía por aquellos que se negaban a acatar su juego. 
(Y sigue sintiendo, como dejó en claro estos días, al hacerse cómplice de un intento de embarrar a Bruno. Hay que ser hijo de puta. Bruno no perdió al Indio Solari. Perdió a su papá.) 

Cuando se recuerdan los shows de River en el 2000, lo primero que acude a la memoria es el pibe intoxicado y munido de arma blanca que terminó ajusticiado por la multitud - o sea, la excepción -, en lugar de las escenas más significativas, como la del flaco que, en cueros, corrió a lomos de un caballo robado a la Montada por el barrio de Núñez, postales de un escenario (pre)revolucionario.

Los lugares quedaron chicos, la ciudad capital los expulsó por primera vez - aunque no por última, eso volvió a ocurrir este domingo 7 - y los Redondos empezaron a tocar al aire libre, en distintos puntos del país, alumbrando épicas peregrinaciones en su huella. 
Ya no eran una banda de rock sino un fenómeno cultural, social y político; y Solari ya había sido ungido como Indio el conductor de masas, a pesar de su reluctancia; era un cáliz que no había codiciado.

Perón siempre hizo alarde de su sangre india, que le llegó por vía materna. 
Pero fue el Indio, que compartía tanto con el Viejo - carismáticos ambos, derrochadores de encanto, personalidad arrolladora, bien leídos, máquinas de producir aforismos -, quien convirtió la identidad de los habitantes originarios de este suelo en una bandera popular.

Por su intermediación mágica, cargándose dos siglos de unitarismo y política entreguista, millones de argentinos deseamos volver a ser indios.


Foto: Edgardo Kevorkian.

Santo fumador de La Plata

Mientras se desarrollaba todo esto, el tipo no dejó nunca de ser quien era.

Un noctámbulo. 
El amante de las charlas con interlocutores a la altura de su intelecto, como Willy Crook y Enrique Symns, hasta despuntar la madrugada. 
El degustador de la buena comida, el vino fino y el whisky excepcional. 
(Yo no tomaba whisky hasta que, durante el largo trabajo para sacar adelante sus memorias - cuatro años -, me convenció de que era una opción para el desayuno. Disfrutamos de un single malt que se llama Lagavulin, pero que él prefería llamar Gamaglobulina.) 
Hablo del melómano que, según le soplase el viento, además del rock que amaba - Beatles, Hendrix, Who, Gabriel, Bowie - podía escuchar tango, clásica, étnica o demencias vanguardistas, como el grupo femenino The Shaggs
(La ópera lo dejaba frío, como los musicales. Le disgustaba la gente a la que le daba por cantar cuando había que hablar)

Me refiero también al lector ávido. 
Coleccionista de cómics, a partir del deslumbramiento original por la historieta argentina, con Oesterheld a la cabeza. 
(En Recuerdos hay una foto en la que retoza sobre una alfombra de revistas del género.) 
Durante los años de emisión de mi programa Big Bang, aportó lecturas de sus textos favoritos de ficción: Kerouac, Capote, Artaud, Mailer, Vian, Orwell, Kafka, Marechal. 
(Están colgadas en YouTube, al alcance de todos.) 
Pero como también era fan de los ensayos y las biografías, grabó páginas de Wilhelm Reich, Doris Lessing, James George Frazer y hasta aguafuertes de Arlt. 
A quienes quieran eludir la tristeza en estos días, les recomiendo el audio de un texto que disfrutó mucho, al punto de no poder contener la risa: la lectura de El arte de tirarse pedos, de Salvador Dalí.

Era fan del cine de autor del siglo pasado: Kurosawa, Herzog, Fellini, Lindsay Anderson - días atrás me pidió copia de If... e Hospital Britannia, que me facilitó Marcelo Piñeyro -, la comedia neorrealista italiana - le encantaban La armada Brancaleone de Mario Monicelli y Los monstruos, de Dino Risi - y Ken Russell. Durante años buscamos una copia decente de Los demonios, una de las películas más polémicas y por eso prohibidas de Russell, para verla juntos. 
Semanas atrás le conté que acababan de presentar una copia remasterizada en el festival de Cannes, lo cual sugería que pronto llegaría a alguna plataforma. 
No hubo tiempo. 
Cuando aparezca, me pondré una camperita suya que me regaló, para aplacar la soledad, y procederé a verla como quien le hace a la muerte un corte de mangas.

La revolución cotidiana que practicó desde que despertaba hasta que dormía fue la de vivir bien. 
Lo consideraba un derecho humano esencial, eso de tender a lo que llamaba "el principio ordenador del placer"
Le parecía obvio: existir es enfrentarse a la posibilidad de experimentar estímulos sensuales e intelectuales, las delicias complementarias del sentir y el pensar. 
Otra cosa que amaba era el contacto con otros, fue el más gregario de los seres: adoraba juntarse, conversar, jugar. 
Durante una época le dio por el pool. 
Últimamente jugábamos al sapo con una casetera, dentro de cuya boca abierta embocábamos chapitas de cerveza. 
Tan social era, que casi consiguió hacer de la ostra que soy algo parecido a un ser humano.

Para acometer las cosas que amaba hacer no hizo falta que fuese millonario. 
Ganó su guita de la forma más directa y limpia, gracias a la gente que compraba la música que producía y entradas a los shows. 
Nunca hubo avión privado, ni penthouse en Nueva York. 
Ni celular, tenía. 
Sólo invirtió en su casa, en su estudio, en tecnología para uso personal y en ladrillos. 
Durante los últimos veinte años vivió la vida de un anacoreta, dentro del exiguo espacio de su dormitorio / oficina, de la que apenas salía para ir a grabar a Luzbola (que está a 60 metros), nadar, caminar por el parque y contemplar la gloria de los árboles Rhus en otoño.


Foto: Edgardo Kevorkian.

Pero, a la vez que hacía todas estas cosas de tipo cualunque, fogoneó una transformación de la cultura contemporánea que hoy suena sin par. 
Para encontrar algo parangonable habría que pensar en Borges, por el modo en que permeó nuestro pensar y en consecuencia nuestro decir y nuestra escritura. Pero la popularidad del Indio fue infinitamente superior - no comparo calidades aquí, sólo ascendiente -, con lo cual no queda otra que compararlo con Gardel... o con Eva, que como él comenzó como artista y mutó hasta convertirse en algo inclasificable.

Yo suelo vincularlo a Discepolín y a Leonardo Favio porque, como ellos, salió de las entrañas del pueblo - eran vagos de mil caravanas - pero elevó su arte a excelsas alturas. 
Nunca bajaron la vara para ser comprendidos; al contrario, la elevaron y el pueblo se elevó con ellos.

Días atrás, el profesor de Historia Manuel Becerra difundió la ocurrencia de alguien que en Twitter se hace llamar @Cordeliana, según la cual el Indio era nuestro Shakespeare. 
Argumentó así: "Tiraba Verdades Universales que hacían propias borrachos, fisuras, bohemios, depresivos vomitados y soñadores urbanos"
A mí, que soy un shakespeariano obsesivo, la idea no me disgusta. 
Ambos fueron primordialmente artistas populares. 
Hoy el tío Will suena a cosa elitista, pero en su momento convocaba multitudes, de lo más alto a lo más bajo de la sociedad victoriana. 
Yo sé que el Indio no necesita de esta validación para justificar su estatura. 
Aun así, las analogías entre ambos son estimulantes.

Tanto Shakespeare como el Indio se colaron en el edificio de la cultura por la ventana: uno a través del teatro, cuando los artistas más reputados de su época eran los poetas que recitaban en la corte, y el otro a través del rock. 
Los dos proferían el lenguaje más exquisito cuando cuadraba, y cuando era necesario podían ser los más guarangos del mundo. 
Los dos saltaban del drama a la comedia como la cosa más natural del mundo. 
Los dos pusieron en escena dilemas esenciales y emociones sublimes. 
Los dos crearon lenguaje. 
Shakespeare añadió 1.700 palabras al idioma inglés. 
Todavía no conté las del Indio, pero sus neologismos y combinaciones prodigiosas enriquecieron nuestra verba: bestia pop, superlógico, ñam fi fruli fali fru, criminal mambo, esto está muy Shanghai, semen-up, TV führer, motor psico, gas coreano, híper-fútbol, ojos de Durax, tecno-duque, anarcotizados, toxi-taxi, crono-rock, japolicía, porno-nazi look, shopping disco-zen, higo seco, pajamagia, onambólicos... y siguen las firmas.

Más allá de rimas y pentámetros yámbicos, tanto Shakespeare como el Indio contaban historias, y para eso necesitaban personajes. 
El tío Will alternaba entre reyes y criaturas de albañal. 
El Indio prefirió volar más bajo, entre los atorrantes con pretensiones y aquellos pobrecitos que, como el Rato Molhado y la Virgencita de la murga homónima, nunca pueden comer del queso sin que la trampera los aplaste. 
Por las venas de criaturas como El Zumba y Torito Chas Chas - aquel que decía que "al morir crecemos mucho más que todas las galaxias" - corre la sangre de Falstaff.

Sé que me tiraría de las orejas si, engolosinado con su escritura, dejo de hablar de lo que más le gustaba hacer. 
El Indio era un cantor popular.
Al principio sonaba estridente, un chirriar de frenos, por fuerza de la circunstancia. A comienzos de los '80 no había buen retorno en escena y los cantantes se esmeraban para ser oídos por encima del ruido, por eso arrancó como - así decía - una cruza entre Robert Plant y Ginamaría Hidalgo
Pero cuando mejoraron las condiciones, desplegó la amplitud de su registro. 
Podía jugar al tenor y al barítono. Ser abrasivo y cálido. 
Y aun cuando entonaba melodías endiabladas, no perdía la expresividad de quien te habla. 
No ha existido aquí un cantante como él, en el arenero del rock.


Foto: Edgardo Kevorkian.

Lejos de limitarse a hacerlo en escena y en estudio, cantaba todo el tiempo. 
Lo he escuchado encarar canciones italianas, pasodobles, tangos, jingles, cualquier cosa que aflorase a su jukebox mental. 
La última vez que lo vi se quedó dormido en el sillón, porque venía de pasar malas noches. Pero no se durmió en silencio. 
Aun dormido, cantaba, como si se arrullase a sí mismo.

También amaba boludear con los instrumentos, grabar bocetos y dar forma a ese magma inicial, lo que la ortodoxia llama componer
Las canciones del Indio nunca tuvieron mucho en común con lo que pasaba por rock local. 
Tanto Skay como él chiflaban por el rock en inglés, y eso es lo que más se nota: la tradición de los Beatles, Hendrix, los Who, Roxy Music. 
Pero antes que eso fueron tipos que crecieron escuchando, e incorporando, otras músicas, clásica y tango, para empezar.
La orquestación eléctrica propia del rock suele distraer, pero cuando desarmás las canciones, tanto las melodías como los arreglos revelan que ahí abajo se cocina otro minestrón. 
(Dicho sea de paso, el público del Indio es el único del mundo que, además de la canción, canta todos los arreglos y los solos.)

Si te pesca distraído, hay momentos que pueden sonar al lirismo de Tchaikovsky, a la gravedad de Mahler (dos que le gustaban a Ken Russell, también), a la épica guerrera de Wagner, al Gardel narrador del tango Ladrillo, a Pugliese. 
Ya de solista, el Indio incorporó las texturas de la música electrónica, el rock made in USA de Petty y Mellencamp y el pulso profundo hasta lo underground de una banda como Morphine.

En las ocasiones que, bajo la batuta de Gaspar Benegas - guitarra de los Fundamentalistas -, adaptaron algunas de sus canciones para octeto de cuerdas, quedó de manifiesto que esos arreglos les calzaban como guante. 
La tristeza que rezuman trasciende la del tango, llevándonos a los compositores ruso - europeos del siglo XIX y a los inmigrantes que la trajeron hasta aquí, para recrearla en nuestros arrabales.

Una de las últimas cosas que hicimos juntos fue ver el show que dieron Gaspar, Valentina Cooke y el octeto, cuando la UBA le otorgó al Indio un título honoris causa. 
Alrededor de la melodía principal, las cuerdas construyeron una catedral que hacía que sonasen como mini-sinfonías: elegantes y severas, con vocación de eternidad, casi fúnebres.

Meta Chicha y cascabel

Como las figuras de la cultura argentina que alcanzaron grandeza, el Indio no se limitó a crear una obra. 
Además - como Arlt, Borges, Walsh, Favio - se inscribió a sí mismo en la trama como un personaje más.

El rol que eligió fue el del pícaro que encontró la forma de robar el fuego de los dioses, a lo Prometeo; pero que, una vez que se hizo con el botín, descubrió que no quería usarlo del modo que codiciaban los demás, para acumular poder y comprar impunidad
Esa energía divina le ofreció una oportunidad que no desaprovechó: una vez que entendió que sus canciones, fruto de una búsqueda libre y personal, le hacían bien a la gente, se comprometió a seguir creándolas hasta su último aliento
"La belleza es lo que te da felicidad", canta en Shopping Disco - Zen. 
Y cuando el Indio hablaba de belleza se refería a la estética pero también a la virtud, que consideraba caras de la misma moneda. 
Por eso admiraba a Leonard Cohen
Le gustaban sus canciones y su poesía - siempre dijo que el Nobel de Literatura debió haber sido para él, y no para Dylan -, pero ante todo la gracia con la que vivió. 
Cohen hizo gala de algo que el Indio quería para sí, eso que llamaba "la elegancia del espíritu".


Lo dijo una y mil veces, pero creo que nunca se lo entendió del todo, al menos hasta hoy. 
Que la gente proyectase sobre él toda clase de virtudes lo desafiaba a estar a la altura de esa imagen que el público creó. 
"Siempre fui menos que mi reputación", admitía en La hija del fletero
Pero en lugar de contentarse con fingir virtud, que es lo que hubiesen hecho tantos en su lugar, decidió aprovechar el envión y mejorarse en serio. 
Pocas cosas lo hacían más feliz - pago al contado, taca taca - que sentir que había hecho algo lindo por otra persona, ya fuese firmando un libro, haciendo una chanza por las redes o poniendo el cuerpo por una causa justa.

Cuando mataron a Micaela García - en el '17, era una chica de 21 años: femicidio - su familia se comunicó, tratando de alcanzar al Indio. 
El Indio devolvió el llamado, en pleno velorio. 
La mamá dijo entonces que Micaela había ido a su último concierto pero volvió enojada, porque no había cantado Juguetes perdidos
Y el Indio se la cantó entonces, a capella.

Quizás el gesto de generosidad más grande haya sido la forma en que premió a Los Fundamentalistas
Cuando se desprendió de Los Redondos, lo más lógico hubiese sido presentarse como solista. 
Pero aun así quiso formar una banda. La bautizó y la eligió. 
Y como tuvo el tino de reunir no sólo a músicos de la hostia sino también a buena gente, se enamoró de ella. 
(Eso repetía, textualmente: "Estoy enamorado de la banda".) 
Por eso, cuando el físico no le dio más, se las regaló, del modo más literal. Disfrutaba como un crío de cada uno de sus conciertos. 
¿Conocen a alguna otra estrella que haya hecho algo así con sus músicos?

Aunque sea temprano para hablar del legado del Indio, ya está claro que no será sólo un legado artístico. 
Además de regalarnos melodías, inspiró ideas que llaman a vivir, y a convivir, de un modo que sigue siendo contracultural, en este mundo que no reconoce más valor que la guita. 
Sintetizó esa voluntad en la invocación que solía hacer cuando brindaba: graciosos y valientes
Lo de valientes se explica solo, pero lo de graciosos no se refería al humor sino a la invitación de vivir en estado de gracia. 
Si hoy existe una generación aún joven de militantes aguerridos, es porque - entre otros liderazgos - el Indio los hizo así.

Esa influencia también se percibe en la gente. 
Me llamaron la atención dos anécdotas de estos días. 
Una tuvo lugar en la fila interminable para despedirlo. 
Un vivillo aprovechó la montonera y se pungueó un celular. 
La gente lo corrió, lo agarró, lo llevó en presencia de la víctima y lo conminó a devolver lo robado y a pedir disculpas. 
La otra anécdota la resumió en un posteo alguien que tiene un amigo ciego. Emocionado por la despedida, el ciego contó que, cuando se desorientaba o perdía pero sonaba en las inmediaciones música del Indio, enfilaba hacia allí. 
¿Por qué? 
Porque sabía que quien la escuchase debía ser alguien solidario. 
El Indio no generó melómanos a secas. 
Creó una comunidad de deseantes de un mundo mejor.


Necesito hablar ahora del tipo que se convirtió en mi mejor amigo
Al cabo de años de laburo en el libro, pensé que todo terminaría: taza taza, cada uno a su casa
Pero, jugando un poco a hacernos los boludos, encontramos excusas para seguir viéndonos. 
Las visitas de los miércoles se consagraron como rutina.
A veces había cosas que resolver: pedidos como el de la mamá de Micaela, elegir textos para el show Indio Poeta - que con Gaspar, Valentina y el octeto presentamos en el Teatro Argentino de La Plata en el '24 - o trabajar en el guión de su película biográfica. 
(Mi ilusión era ayudarlo a reencontrarse con su vida en Technicolor, antes de que muriese. Ahora habrá que convertirla en una celebración de su paso por el mundo.) 
Pero otras veces no había más plan que conversar, escuchar maquetas y cagarnos de risa. 
Los miércoles se convirtieron en el recreo de la semana, al cual llegaba yo con cannolis de Gino y del cual volvía renovado, con sonrisa esplendente. 
Me temo que, de aquí en más, sentiré los miércoles como un mutilado siente su miembro fantasma.

He tenido amigos a lo largo de la vida, pero casi todos terminaron por decepcionarme. 
(Del mismo modo, presumo, en que habré decepcionado yo.) 
El Indio no decepcionó nunca. 

Se dice que es mejor no conocer a los ídolos, pero esta fue una excepción a la regla. N
o pretenderé que prefiero al Indio amigo que al artista, pero no renunciaría al amigo ni bajo tortura. 
Durante años, firmé los mails que intercambiábamos como Yáñez, el personaje de Salgari que funge de lugarteniente de Sandokán
Se me ocurre ahora - tarde otra vez - que perdí la oportunidad de firmar como Horacio en relación a su Hamlet.


La gráfica de "Indio Poeta", diseñada por el genial Pablo Serafín.

El tipo grababa videos para mis hijos bajo el disfraz del Payaso Jeringa, un clown políticamente incorrecto. 
(Para ellos era, como había pedido, "el tío Carlitos". Tengo imágenes imborrables del más pequeño, Oli, que a los 2 años, y durante larga temporada, prefirió la peli del concierto en La Plata a cualquiera de Pixar. 
Para él no era el Indio sino Yira, a partir de la cita al Discépolo de Cambalache que forma parte de Juguetes perdidos.) 
También era de chichonear con mi compañera. 
Le enviaba jodas, como una tarjetita de cotillón que decía: "Te invito a mi primer infarto de miocardio, 22/10/23 — ¡No faltes!" 

Supo aconsejar como sensei a mi hijo mayor, que también se llama Bruno y es músico, para que encarrilase su derrotero artístico. 
Hacía listas de música y grababa jingles para mi programa Big Bang
(En uno cantó loas a un geriátrico para rockeros.) 
Recuerdo la angustia del divino Martín Carrizo en el '18, cuando el Indio cedió su quinto álbum con Los Fundamentalistas, El ruiseñor, el amor y la muerte, para que lo estrenásemos. 
El programa salía en un medio pequeño, autogestivo, que se llama La Patriada. Martín sufría porque, como ingeniero de sonido, quería que el disco sonase en una radio top. 
Pero al Indio lo ilusionaba que lo presentase yo y que saliese al mundo a través de un medio alternativo.


Fue muy amiguero, pero perdió a muchos en el camino. 
(Todos oyeron hablar de Luis María, el pibe que murió en el incendio del Pabellón Séptimo. Su apoyo a esta causa judicial fue tan sólo un gesto más de los que prodigó en su generosidad.) 
Y cuando se volvió rico y famoso, se le acercó gente que terminó siendo más falsa que moneda de lata.

A pesar de lo sensible que era, y de la calle que tenía, se comió la curva en más de una oportunidad. 
Hace algunos años, un artista popular que la iba de amigo - lo visitaba y todo - empezó a sacarle el cuero por Twitter, diciendo que yo lo influenciaba políticamente. 
Le respondí que, primero, si era tan amigo y le preocupaba esa situación, lo hablase con el Indio en vez de incendiarlo por las redes y sugerir que era el viejo reblandecido que nunca fue. 
Y segundo, que no hacía falta ser muy listo para entender que a un tipo como el Indio no lo influenciaba nadie. 
En todo caso, me influenció él a mí. 
Yo conocí a Máximo por su intermedio. 
(Me divirtió que Máximo dijese lo mismo de su madre, este miércoles ante Gustavo Sylvestre: "Dicen que yo la manejo a Cristina... ¿A quién se le ocurre que alguien puede manejarla?"
La anécdota termina con el autor de jingles glorificados justificándose por mail, y con el Indio respondiendo: "Sos un pajero"
(Tengo copia del texto. Creo que lo voy a enmarcar.)



Su otro gran amigo, JJ, me envió esta foto hace un par de días. 
El Indio se retrató con una de mis novelas... y yo nunca me enteré.

Los últimos tiempos fueron duros. 
La enfermedad le agarrotaba las piernas, lo llenaba de calambres. 
La medicación que tomaba era heavy y abundante en contraindicaciones. 
Podía producir alucinaciones, por ejemplo. 
(Durante un tiempo, nos divertimos leyendo prospectos.) 
Hubo un período en el cual lo asaltaron, complicando la distinción entre lo real y lo imaginado. 
Uno de esos miércoles me tocó presenciar una escena que no voy a olvidar.

Me recibió como siempre y me ubiqué en mi sillón habitual. 
Lo asaltó una alucinación y se aproximó al equipo de sonido, desde donde se enfrascó en una conversación con gente que no estaba ahí. 
Tardé poco en darme cuenta de que estaba hablando con Skay y con Poli. 
En buenos términos. Tramaban algo juntos. 
Hubo un ida y vuelta con una tercera persona imaginaria, que aparentemente quería lanzar cierto merchandising de Los Redondos, del que el Indio requería precisiones. 
(Porque aun alucinando era incapaz de tomarse esas cosas a la ligera.) 
Permanecí allí en silencio, sin moverme, fascinado. 
Al rato volvió a Tierra, se sentó en su silloncito y prendió otro cigarrillo. 
Le conté lo que acababa de ver. 
Lo tomó con naturalidad, a pesar de que no hablaba con ellos desde la separación de la banda, a comienzos de siglo. 
Sólo quiso saber cómo había sido su diálogo con Skay y Poli. 
Muy amable, respondí. Eso lo dejó satisfecho. 
Desde entonces, me considero testigo del momento en que, aunque más no sea de manera imaginaria, los Redondos se volvieron a juntar.


Su última aparición pública. Foto: Edgardo Kevorkian.

Se me hace que intuyó que el fin estaba cerca. 
Porque en los últimos años había pensado mucho en la muerte, que solía asociar con algo concreto. 
En la canción de amor que le dedicó a Virginia se pregunta: "¿Cómo será andar solito, allá en la muerte?" 
Como el bicho híper - social y franelero que era, lo que menos le gustaba era la idea de quedarse solo. 
En el '16 nos encabronamos feo, cuando dio su última entrevista a la Rolling Stone y los paparulos titularon con esta cita: "Cuando yo muero, mueren todos ustedes"
Sacada de contexto sonaba altanera, parecía indicar que, cuando muriese, los demás dejaríamos de importar. 
¡Cuando era lo contrario! 
Lo que lo estremecía era la noción de que, cuando muriese, dejaríamos de estar ahí para él, porque nos volveríamos inaccesibles.

El último miércoles, mientras le entrábamos a los cannolis, me describió un episodio desagradable al que la enfermedad lo había sometido horas antes. 
Que sufriese así nos angustiaba a todos los que estábamos cerca. 
Poco después, ya en su habitación, sucumbí a la pena, lo abracé sin siquiera avisar y me puse a llorar. 
En esa instancia, me sorprendió. 
Yo soy de moco fácil y él se ablandó en estos años (de lo cual, por supuesto, culpaba a la medicación), razón por la cual lloramos juntos muchas veces. 
Por eso mismo, imaginé que se iba a emocionar también. 
No ocurrió. 
Me abrazó pero se conservó entero, y dijo: "Uno de los dos no tiene que aflojar".
Me cagó. El que no puede aflojar, ahora, soy yo.

Me consuela pensar que lo último que su cuerpo sintió, al caer al agua climatizada, fue la tibieza del seno materno. 
Al ver en las redes la foto ante los Rhus, alguien la asoció con una foto de Chicha que publicamos en el libro. 
Allí se ve a su madre en Leloir, rodeada de flores. 
Poco después, otra persona se tomó el trabajo de matchear ambas fotos. 
El resultado quita el aliento. 
Parece que el Indio avanza en busca de su madre, que está allí, esperándolo. Linda ilusión la de que Chicha vuelva a apañarlo, hasta que nuestros átomos también se reintegren a la trama común del universo.


El viernes a la noche, cuando ya se lo velaba, Máximo y yo quisimos despedirnos de la habitación donde compartimos tanto. 
Máximo se dio cuenta de que el Indio había dejado encendido el Marshall que amplificaba sus guitarras. 
Al toque, pensé que lo mismo debía ocurrir con su equipo de sonido. 
En efecto, seguía encendido. 
Siempre fue un tipo atento a los detalles. 
Si hizo eso, fue porque confiaba en que la música siguiese sonando, aún cuando él ya no estuviera.

Para nuestros nietos, será lo que Gardel fue para nuestros padres y más aún, porque no sólo cantará cada día mejor: también pensará, y nos expresará cada día mejor. 
De aquí en adelante, como dijo célebremente, el asunto estará en nuestras manos.
Ahora hay que decidir qué haremos con la brasa que encendió: si soplaremos hasta que arda o, al igual que en los '80, desaprovecharemos el momento clave. Como me dijo en el 2000: ojalá pase algo, y pronto, que lo conmueva todo.

El tesoro de los inocentes presenta un ultimátum: "Si no hay amor, que no haya nada"
Como siempre fue un pillo - decía que su lema era: ambigüedad y confusión -, planteó el asunto por la negativa. 
Lo que dice allí es que la nada es preferible al desamor. 
¿Pero qué pasa cuando lo que tiene lugar no es el desamor sino todo lo contrario: la efusión, la abundancia de amor, al punto de sincronizar millones de corazones para que latan al unísono?

Lo predecible sería cerrar esta semblanza con una frase suya. 
Prefiero acudir a los versos de aquellos que fueron para él lo mismo que él fue para nosotros. 
En la canción The End, los Beatles dicen: "Y al final, el amor que recibas será tanto como el amor que hayas creado".

Mirá alrededor. Vaya si creaste amor, viejo.

Como toda expresión de la vida sobre el planeta, el esplendor de los Rhus en otoño fue efímero. 
Es viernes 12 - transcurrió una semana, apenas, de tu muerte -, pero sus ramas ya están desnudas. 
Para que retorne la melena coral habrá que esperar al otoño que viene. 
Se nos va a hacer fácil, ahora que tenemos algo más en qué entretenernos.

Porque además de vivir y de luchar para que el amor prime sobre la nada, seguiremos pensando en vos, siempre. 
Siempre extrañándote.

"Decir adiós es morir un poco", escribió Raymond Chandler en The Long Goodbye. Tal vez lo que convenga ahora, dulce príncipe, sea hacer silencio.

MUCHO GUSTO, SEÑOR XI, de Rodolfo Terragno - 17/6/2026

Xi Jinping es mal conocido en Occidente.
Se dice que ha renegado del socialismo.
En verdad, el modelo de Xi autoriza la propiedad privada en ciertas áreas, pero sólo admite a empresas comprometidas con los objetivos estratégicos del Partido Comunista.
Xi ama la planificación y la tecnología.
Tiene buenas ideas, desvirtuadas por el culto de la personalidad y la violación de los derechos humanos.
Hasta el día de hoy, “no existe otra teoría en la historia intelectual de la humanidad que iguale al marxismo en términos de cientificidad, veracidad, alcance e influencia”.
Quien afirma esto es el líder de la China actual, Xi Jinping.

Para muchos, un dictador disfrazado de comunista; para los comunistas ortodoxos, un traidor.
En verdad es el artífice del marxismo chino, que consiste en cierto grado de capitalismo, sujeto a una férrea planificación y control del Partido Comunista.

El marxismo chino de Xi Jinping no difiere demasiado de una iniciativa de Lenin, uno de los indiscutibles padres del comunismo, que gobernó la Rusia soviética desde su origen en 1917 hasta que un accidente cerebral le quitó la vida.
Lenin implantó en 1921 la llamada “Nueva Política Económica”, que permitía la economía de mercado siempre que los negocios beneficiarios se ajustaran a los objetivos estratégicos y la fiscalización del Partido Comunista soviético.

Sin embargo, hay una diferencia: la Nueva Política Económica sólo permitía la propiedad privada de pequeñas explotaciones agrarias, comercios y Pymes.
Xi es más ambicioso: quiere atraer tecnología, innovación y eficiencia, lo cual lo lleva a admitir la radicación de empresas internacionales, a condición de que se ajusten a los objetivos estratégicos y la fiscalización del Partido Comunista chino.

Aparte de replicar el modelo de Lenin, Xi Jinping pretende una actualización del marxismo y su adaptación a la cultura china.
Lo definió así en un repetitivo discurso ante la Asamblea Popular Nacional, en 2018:
“El socialismo con características chinas es, en esencia, socialismo.
No es una ideología separada.
No se pueden abandonar los principios rectores del socialismo científico.
Nuestro Partido siempre ha enfatizado la importancia de adherirse a los principios básicos del socialismo científico, adaptados a las condiciones únicas de China.
Esto significa que el socialismo con características chinas es, reitero, socialismo, no una doctrina diferente.
El marxismo - leninismo y el pensamiento de Mao Zedong guiaron al pueblo chino fuera de la larga noche y establecieron una Nueva China. 
Fue el socialismo con características chinas el que logró el rápido desarrollo de China.
Por lo tanto, no se pueden abandonar los principios rectores del socialismo, que no es una doctrina diferente”
.

Es difícil vincular estas vaguedades con los precisos conceptos de Marx, como la “plusvalía” - responsable de la inequidad social - o la “lucha de clases”, destinada a terminar con ella.
A su manera, sin nombrar la “plusvalía” o la “lucha de clases”, Xi reconoció que en China existe una “contradicción principal”, que radica en el “desarrollo desequilibrado e insuficiente frente a las crecientes demandas del pueblo de una vida mejor”.
Para abordar este desequilibrio, Xi propone la adopción de nuevas políticas, basadas en la ciencia, para un “desarrollo innovador, coordinado, ecológico, abierto y compartido”.

Su interés por el mundo digital es comparable al que tuvieron los fundadores del marxismo por los medios de producción.
La Revolución Industrial (máquinas de vapor, motores de combustión interna) los había multiplicado y ello incrementó increíblemente la productividad, pero requería constelaciones de trabajadores “dispuestos a hacer sacrificados esfuerzos”.

Xi, optimista, cree que - con la ayuda de la inteligencia artificial y una educación superior de gran calidad - China alcanzará la autonomía tecnológica en 2030.
Desde que él asumió el poder el producto bruto interno per cápita aumentó 48 por ciento.
El poder adquisitivo - ajustable por inflación - es actualmente de 31.600 dólares por año.
El modelo es económicamente exitoso pero tiene un alto costo social.
Human Rights en China y otras cinco organizaciones internacionales han coincidido en denunciar la violación sistemática de los derechos humanos (comprendidas las libertades de expresión y reunión), tanto como las severas restricciones a los sindicatos de trabajadores.
También denunciaron la persecución de minorías étnicas y grupos religiosos (incluidos cristianos, musulmanes, budistas, tibetanos, uigures y fieles de Falun Gung).

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, ha ratificado la existencia en China de “patrones de tortura o malos tratos, incluidos los tratamientos médicos forzados, así como las condiciones adversas de detención, incidentes de violencia sexual y de género”.
Amnistía Internacional agrega que se reprime a los miembros de organizaciones internacionales que postulan la igualdad de género.
A eso se añade un ostensible culto de la personalidad.
Los discursos de Xi han sido incorporados a la Constitución y son materia obligatoria en la educación a todos los niveles.

En política internacional, Xi es pacífico.
Está formando un imperio sin disparar ni un solo tiro.
No suma países con misiles o drones sino con poder económico.
Hay más de 150 empresas chinas en el mundo, de las cuales las más importantes son: 4 en África, 4 en Oceanía, 4 en Europa, 3 en América del Norte y 3 en América Latina.
Operan en sectores clave: represas hidroeléctricas, ferrocarriles, infraestructura vial o minería.

El modelo económico chino no requiere fatalmente una dictadura.
Necesita, sí, un organismo democrático que fije prioridades y controle su cumplimiento, si se pudiera aplicar el modelo económico exento de las medidas dictatoriales.

Rodolfo Terragno es político, diplomático y periodista. Contacto : terragnoweb@gmail.com

miércoles, 27 de mayo de 2026

NORMALIZACIÓN Y ANONADAMIENTO, de Raúl Zaffaroni

La reiteración de algo anormal, sea un hecho o una conducta humana, puede hacer que dejemos de reparar en su anormalidad, fenómeno que usualmente se denomina normalización, que otros llaman naturalización.
Según algunas opiniones bastante difundidas, en la Argentina caemos con mucha frecuencia en la normalización, en especial en la política.
Sin embargo, si analizamos con un poquito más de atención lo que nos sucede en los últimos años, veremos que no se trata de una auténtica normalización, sino de algo muy diferente: se suceden hechos anormales por completo distintos, haciéndolo tan vertiginosamente que la anormalidad de los posteriores impide detenerse lo suficiente en la de los precedentes.
No se trata de un habitual proceso de normalización, sino de anonadamiento: lo que se normaliza es precisamente el estado de anonadamiento que padecemos.

Estar anonadado es estar cerca de la nada, que Sartre – discutiendo con Heidegger – decía que era la negación de la plenitud del ser, pero sin perdernos en mayores honduras ontológicas, es claro que se trata de algo que al menos buena parte de los argentinos vivenciamos.

El vértigo hace imposible seguir el curso de los hechos anormales, pero el primero que salta a la vista por ser único en nuestra historia es el del presidente de la Nación con sus frecuentísimas crisis de insultos groseros, de elevado contenido sexual y escatológico, contra todo lo que al parecer le molesta, sea oposición, periodistas, artistas y meras opiniones divergentes de la suya.

Esto nunca había sucedido en nuestra historia, pero lo grave no es sólo el modo y el lenguaje, que al fin todos conocemos, sino que la crispación con que lo hace denota un serio desequilibrio emocional, una suerte de descontrol contra cualquier molestia.
Además, proporciona datos que no son ciertos, como los variables millones de habitantes que dice haber sacado de la pobreza.

Respecto de estas y otras afirmaciones obviamente contrarias a los datos incluso oficiales y a las vivencias, suele decirse que el Presidente miente, aunque eso sería menos preocupante que si realmente creyese en lo que dice, es decir, si no se tratase de mentiras, sino de una alienación de la realidad.

Los pibes del barrio dirían que está chapita, pero esto no podemos tomarlo a broma pues, aunque no nos guste, nuestro sistema es presidencialista, el Ejecutivo es una única persona, un individuo, que es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la administración general del país (art. 99, inc. 1º CN) y además es comandante el jefe de todas las fuerzas armadas de la Nación (art. 99, inc. 12 CN).
Sin embargo, la sucesión de hechos anormales no nos da tiempo y quedamos anonadados.
Y no es para menos, cuando escuchamos de labios del ministro de Salud que el costo del sistema sanitario es muy alto porque hay ahora muchas personas de la tercera edad y unas 6.000 que incluso superan los cien años.
Es posible que eso sea verdad, pero si la respuesta es reducir el presupuesto y los medicamentos incluso oncológicos, no puedo llegar a otra conclusión que la de Binding - Hoche en 1919: hay vidas sin valor vital en las cuales no vale la pena invertir recursos.
Este texto, veinte años más tarde de su publicación, fue retomado y su tesis la llevó a la práctica el nazismo con el asesinato de enfermos y discapacitados, aunque Hitler impartió la orden verbalmente, porque no se animó a dejar constancia escrita.

Aquí parece que hoy ni siquiera se toma ese cuidado.
Aquí ponen las firmas: reducen el presupuesto, las jubilaciones y las pensiones a discapacitados y todavía mandan a la policía a golpear a jubilados y discapacitados, sin inmutarse ni temor alguno a que algún día los llamen a rendir cuentas.

Pero no podemos detenernos en eso cuando, entre las afirmaciones gratuitas del Presidente, surge su particular dogma de que el aborto baja la natalidad, porque nadie le explicó que desde siempre se sabe que ese fenómeno tiene lugar en tiempos de recesión económica.
Y como si esto fuera poco, ante una manifestación masiva contra el desfinanciamiento de las universidades y de la investigación, responde desafiando con insultos y la reafirmación de no dar cumplimiento a la ley del Congreso.

En una de sus frecuentes crisis afirma que es una simple manifestación opositora.
El colmo es que uno de los escasos comunicadores que todavía lo apoya, con un caradurismo sin par, retorció como trapo de piso un argumento sensible: los universitarios son privilegiados que pagamos nosotros, porque hay muchos pibes que viven en lugares lejanos que no pueden acceder a los estudios.
¿No te das cuenta que subestimás al público, que lo considerás idiota?
¿Solo alguien separado de la realidad – idiota – puede ignorar que el acceso a la universidad se amplió en las décadas anteriores y que debe seguirse ampliando y no limitarlo?
¿Porque todavía no alcanza a todos, la solución es acabar con la universidad? ¿Privar de su derecho a la movilidad vertical a través del conocimiento a todos? ¿Querés volver a antes de la Reforma de 1918?
Solo un enorme papanatas puede por esta vía llegar a sostener que un derecho que todavía no alcanza a todos debe ser suprimido porque los que ya lo ejercen son privilegiados.
Aquí parece que no hay un cortocircuito neuronal, sino falta de jugadores.

Todo esto está adornado por el caso Adorni que, si bien es escandaloso, no pasa de ser un enriquecimiento ilícito de un glotón que ni siquiera aprendió nada de cualquier ladrón común, que sabe que no puede ponerse a gastar su botín de inmediato porque llama la atención.
Se trata del vocero que siempre fue antipático, sobrador, langa, es decir con las condiciones más negativas para la función; comparémoslo, por ejemplo, con la habilidad del Corach de Menem, que hacía bromas y repartía facturas, y tendremos la contracara.
Sin embargo, fue elevado a jefe de gabinete de ministros que, entre otras funciones, tiene la de ejercer la administración general del país (art. 100 inc. 1º CN).

Por cierto, se trata de un escándalo que raya en el ridículo, pero como ya el departamento, la cascada y otras cosas van cansando, reaparece la figura de Espert, elevado de sus alas de angelito inocente por el Presidente, que ignora – o pretende ignorar – que la negociación o plea bargaining de los gringos (que aquí llamamos juicio abreviado) no es lo mismo que un sobreseimiento ni una absolución.

Pero mientras este hecho anormal se difunde, no nos da tiempo a barajar hechos anormales de mucha mayor gravedad, como afectar al Servicio Meteorológico Nacional, con la consecuencia de poner en riesgo la seguridad aeronáutica.
Tampoco reparamos lo suficiente en la tentativa de privatizar nuestra energía nuclear, dándole el control de nuestras centrales nucleares a empresas extranjeras, para lo cual ya se les habilita el acceso a aspectos que hacen a la seguridad nacional.
¿Qué garantías puede ofrecer una empresa privada extranjera, naturalmente movida por el interés pecuniario, porque ninguna es Santa Isabel de Hungría, sobre la seguridad de las centrales nucleares argentinas?

Tampoco nos damos cuenta de algo de mucho mayor volumen desde el punto de vista del patrimonio estatal: se está a punto de privatizar AySA y la Hidrovía (el rio Paraná) nada menos que por tres décadas.
Ya tuvimos la experiencia de AySA privatizada con los franceses que sólo se ocuparon de mandar los dólares a París – no lo olvidemos – y, en cuanto al Paraná (ahora llamada Hidrovía, en cuyas barrancas Belgrano alzó nuestra bandera), sin hacerme cargo de la versión, se dice que podría ser la salida de droga por el Atlántico, mientras el jovencito de mirada perdida de la oligarquía bananera guayaquileña que preside Ecuador se encargaría de exportar bananas rellenas por el Pacífico y su país alcanza la mayor tasa de homicidios del continente.

De todas formas, es verdad que cuando algún amigo o colega de América o Europa me habla no deja de mencionar a nuestro Presidente, por lo menos para tomarme el poco pelo que me queda, de modo que puede ser verdad que sea uno de los tres personajes más famosos del mundo, aunque siempre cabe preguntarse ¿fama de qué?

Es obvio que alguien que pronuncie discursos con la intención de que le otorguen el premio Nobel en economía y no pierda la oportunidad de asistir a cualquier invitación de reaccionarios concentrados o dispersos, llama la atención.
Mucho más cuando Trump se encuentra un tanto en baja, incluso ante los gobiernos europeos de derecha sin vueltas (como Metz o Meloni) y nuestro Presidente le rinde la mayor pleitesía y va a Israel y nos compromete verbalmente en una guerra en la que no tenemos nada que ver, todo sin anuencia del Congreso y rompiendo la tradición argentina de neutralidad activa, sostenida históricamente por conservadores, radicales y peronistas.

Si de actos anormales se trata, es más que obvio que no puede dejar de hacerse famoso quien pretende salir de la Organización Mundial de la Salud en el preciso momento de riesgos sobre los que se advierte al mundo en las últimas semanas.
Pero como quiere hacerlo sin la aprobación del Congreso, se cuenta que su canciller forzó a su asesor jurídico a dictaminar que era posible y, además, con muy particular tacto diplomático, mandó un cable secretísimo a todos nuestros embajadores para que hiciesen gestiones ante todos los gobiernos para que no objetasen la salida de la Argentina de la OMS en función del trumpismo extremo de nuestro ejecutivo.
Por supuesto, como era de esperar, el cable secreto se publicó aquí en los diarios.

Es un hecho normal en nuestra política que los vicepresidentes se lleven o acaben a las patadas con los presidentes (González con Alvear, Martínez con Yrigoyen, Castillo con Ortíz, Teisaire con Perón, Gómez con Frondizi, Álvarez con De la Rua, Cristina con Alberto), pero la actual vicepresidenta lo acusa nada menos que de debilitar la Defensa Nacional y maltratar a las Fuerzas Armadas, lo que tiene toda la cara de verdad.
Esto se remonta a Luis Petri, el compañero de fórmula de la cambiante Patricia, que hoy toma distancia del ejecutivo emocionalmente inestable y en su trepada sin límite mira con cariño la banda presidencial.
Este ministro, que le había tomado el gusto a la ropa de fajina, antes había contribuido decididamente a destrozar el código penal como legislador, con el voto de quienes siempre hacen creer que todo se resuelve con alaridos de borracho en la madrugada de un café de barrio (¡El que la hace la paga!) y también de los que temen perder votos que no saben conservar de mejor manera.

Ahora hay algunos proyectos de quitarles el uso del celular a 50.000 presos, porque los usaron algunos para cometer unas 300 estafas.
En lugar de hacer lo normal en el caso – controlar el uso ilícito – hacen lo anormal, que rompería el precario equilibrio de las cárceles provocando motines y muertos, es decir, un juego criminal de cadáveres que puede ser útil al gobierno o a cualquier interna.

No lo de las Fuerzas Armadas, pero todo esto último, lo podría enmendar en buena parte la Corte Suprema.
Pero allí nos encontramos con el triángulo institucional de las Bermudas, fuente de otra larga y numerosa serie de hechos anormales, como elevar a un tribunal local a alzada de jueces nacionales, a sostener que la condena a la presidenta del principal partido opositor no tiene trascendencia institucional, a devolver vigencia e inmediata eficacia a un texto legal derogado por el Congreso, sin contar con las públicas rencillas de poder de los tres miembros del triunvirato, ninguno de los cuales había sido juez con anterioridad.
Tenemos algo único en el mundo: en el derecho constitucional comparado sólo en nuestro país hay una Corte o Tribunal Supremo con tres miembros que, además, parecen provenir del planeta Krypton (el de los comics, se acuerdan?), pues emiten una decisión cada veinte minutos, sin dormir e incluyendo sábados, domingos y feriados y sobre cualquier materia jurídica.
Como si todo esto fuese muy poco anormal, se hace pública la carta de un suicida frustrado acusando de su muerte no sobreviniente a Rosatti.

Simultáneamente otro miembro del triunvirato en una declaración periodística manifiesta que para él sería un sacrificio personal ser presidente de la Nación.
Hace mucho que se prohibieron las llamadas declaraciones espontáneas en las comisarías y los jueces no toman indagatorias en dependencias policiales, justamente para evitar que los detenidos sean coaccionados a declararse culpables, pero como de actos anormales se trata, ahora resulta que veintisiete personas han sido coaccionadas por un juez y un fiscal federales para declararse autores de delitos en los tribunales.
Esto surge en medio de un juicio oral en que la acusada también es la presidenta del principal partido opositor y los jueces no extraen testimonios para remitirlos al ministerio público para que se investigue el concurso de delitos que implica por parte de los funcionarios intervinientes.

Podríamos seguir con la imparable andanada de anormalidades fuera de toda institucionalidad, hasta llenar muchas páginas de hechos que nos anonadan, en un mundo que tampoco se queda muy atrás, con un alucinado por el poder que amenaza con borrar un país del mapa, niega el cambio climático que puede acabar con nuestra especie y tiene al alcance de sus dedos el pianito nuclear, no se priva de groserías en sus discursos y en alguna estampita hereje de IA aparece como sanador, pese a lo cual nuestro crispado Presidente no deja de rendirle pleitesía.
De cualquier modo, no todos se anonadan y una de las voces más fuertes y nada anonadada es la del Papa León XIV, que le recalca que no le tiene miedo porque no hace más que cumplir con el mandato cristiano.

Pero volviendo a nuestra aldea sudamericana, cabe preguntarnos si aquí acaso es tan difícil superar el anonadamiento.
En realidad, es bastante sencillo, porque si bien el anonadamiento es continuo, no es acumulativo: basta con desconectar el televisor y la radio, apagar el celular y – para los que todavía leen – cerrar el diario, es decir, vencer la curiosidad o la tentación de conocer las anormalidades que siguen sobreviniendo.
Como toda nueva práctica, requiere a veces cierto esfuerzo, porque es necesario neutralizar la inercia que produce la previa sucesión vertiginosa, para lo cual es necesario algo así como la reversa de empuje de los aviones para frenar y, sin embargo, los aviones aterrizan, o sea que nosotros también podemos aterrizar.
Cuando unos cuantos logren aterrizar, se irán alejando de la nada y recuperando el ser, las anormalidades se irán ralentizando hasta que podamos sacarnos de encima a los anormales y dimensionar el enorme daño que han hecho.

(*Nota publicada en La Tecl@ EÑE)

viernes, 15 de mayo de 2026

MUJERES ENMASCARADAS, de Arturo Pérez Reverte - 7/5/2026

Vivimos tiempos de charlatanes y falsos profetas, entre palabras tan manoseadas que pierden el sentido original.
Libertad es una de ellas, sobre todo cuando se la utiliza, paradójicamente, para justificar la sumisión.

Ahí tenemos el debate siempre aplazado, siempre incómodo, sobre el burka y el niqab: prendas que cubren por completo el cuerpo y el rostro de algunas mujeres musulmanas - el hiyab es otra cosa, simple pañuelo en torno a la cabeza -.
Y que, según notables idiotas con voz pública, son expresión legítima de identidad y autonomía.

Pero eso es mentira.
Burka y niqab no son símbolos culturales, sino lamentables imposiciones religiosas - viví en países árabes tiempo de sobra para saberlo -: responden a una concepción masculina de la moral sexual donde el cuerpo de la mujer es motivo de tentación y debe taparse en favor del orden social.

Quienes defienden aquí su uso suelen apoyarse en argumentos básicos: si una mujer decide libremente llevarlas, ¿cómo prohibírselo?…
El problema es que la palabra decidir se mueve en terreno equívoco.
Porque a menudo la libertad depende del entorno; y una elección realizada bajo presión constante, marginación, violencia o imposición asumida desde la infancia, no es libre en absoluto.

El Islam extremo inculca a las mujeres, desde niñas, que su cuerpo despierta turbios instintos en los hombres, y que la virtud consiste en ser invisibles excepto en casa para el esposo y la familia.
Aquí la frontera entre convicción e imposición se vuelve difusa: portavoces del feminismo y la izquierda radical que denuncian el control del cuerpo femenino en otros ámbitos - presión estética, cosificación, explotación sexual -, sostienen que prohibir el burka o el niqab es un atentado contra la libertad de esas mujeres.

Pero el feminismo surgió, entre otras cosas, para cuestionar a quienes imponen cómo vestir, comportarse o mostrarse.
Defender esas prendas, por tanto, es admitir la desigualdad según la identidad

Algunas voces de la más imbécil supuesta izquierda española sostienen que una prohibición de estas prendas sería islamófoba y racista, confundiendo así la crítica a una práctica indigna con el rechazo a una religión o una comunidad.

Ninguna libertad es absoluta.
Europa no permite la mutilación genital femenina aunque haya quienes la defiendan como tradición, ni acepta el matrimonio forzado aunque se invoque la cultura.
El límite está en la dignidad y los derechos fundamentales de la persona.
Y ni el burka ni el niqab respetan eso.
Es cierto que en España el número de mujeres que los lleva todavía es reducido; pero también lo es que en Francia, Bélgica, norte de Italia, algunas zonas del Reino Unido o de Alemania, su uso va cada vez a más en comunidades donde las interpretaciones rigoristas del Islam ganan terreno.
Pensar que España es inmune a eso resulta ingenuo.

Un argumento habitual es que prohibir estas prendas en espacios públicos castiga a las mujeres, dejándolas más aisladas.
Eso esquiva la cuestión: qué mensaje transmite una sociedad cuando acepta que parte de ella viva cubierta, invisible, sometida a normas religiosas.

No es casual que, en países donde el burka o el niqab son obligatorios, las mujeres también tengan prohibido el acceso a la educación, el trabajo o la participación política.

Se da, por tanto, una evidente incongruencia en ciertos discursos feministas extremos: al mismo tiempo que reivindican la visibilidad de las mujeres, defienden su invisibilidad física.
En Europa, debido al auge del radicalismo religioso en la creciente - e irreversible - población musulmana, hay demasiadas mujeres atrapadas en estructuras de poder complejas, donde la presión no siempre es violencia explícita: miradas reprobadoras, defensa del honor, miedo a qué dirán el imán o los vecinos.
Además, cada una de esas prendas transmite un mensaje a las niñas que miran, musulmanas o no.
Les dice que es posible - y tal vez deseable - que la mujer se cubra mientras el hombre lleva el rostro descubierto.

Quienes rechazan una limitación legal argumentan que el Estado no debe decidir sobre la vestimenta.
En realidad el Estado ya regula aspectos de la indumentaria, por seguridad, por identificación, por neutralidad en determinados espacios.

La cuestión es con qué criterio hacerlo y para proteger qué valores.
Urge desmontar los argumentos de quienes, por miedo a coincidir con la derecha radical, sostienen lo insostenible: una postura, ésta, muy estúpida y muy española.

Pero desde cualquier punto de vista, el burka y el niqab son sumisión a una teocracia extrema, repugnante, oscura y siniestra; y decirlo en voz alta es simple higiene moral.
A Europa le costó siglos y sangre librarse de sacerdotes y tiranos, y es intolerable que nos los traigan de nuevo.

UN PISO EN PALOMERAS, de Arturo Pérez Reverte - 14/5/2026

Hay un subgénero cinematográfico - a estas alturas, género consagrado.. - que narra la redención inmobiliaria del urbanita desencantado de la vida.
Trama común: él, ejecutivo con barba de tres días, o ella, editora neoyorquina con trauma afectivo y agenda hasta las trancas, hereda, o se tropieza, con una casa en ruinas en algún lugar donde el tiempo quedó detenido porque así es la vida.
La Toscana, por supuesto.
O como alternativa, un viñedo francés o una casa portuguesa.
El patrón es fijo: protagonista roto, cansado, divorciado o traicionado, descubre que su vida anterior era una estafa piramidal emocional.
Y entonces aparece la casa.

No es una casa cualquiera, claro.
Está hecha polvo, pero tiene su puntito de glamour. 
Ruinas con encanto.
Y ahí viene el detalle: nadie en estas pelis es mensaka de Amazon o reponedora de Carrefour.
Siempre hay viruta, arquitecto bohemio, indígena simpático, cuadrilla de obreros salidos de un casting de perfume italiano.
Y, por supuesto, mucho tiempo para contemplar la puesta de sol con una copa de vino en la mano mientras se seca el yeso.

Y así, entre azulejos y buganvillas, el o la protagonista entienden que su vida anterior, la ciudad, el estrés, el tráfico, las cenas de compromiso, era un error.
Lo suyo es elegir baldosas, discutir con un albañil búlgaro que cita a Platón y, sobre todo, enamorarse.
Porque siempre hay amor, eso no falla.
Aparece en forma de vecino taciturno, viticultor melancólico, profesora local o cultivadora de tomates.
Al principio una y otro se caen mal, pero luego no.
Y entre andamios, espaguetis, fuagrás o bacalao, nace una pasión madura, serena, feliz hasta que llega la primera inspección de Hacienda.

Me extraña que el cine español no trabaje ese registro.
Imaginen lo que daría de sí una casa en Orejilla del Huevo: abogado madrileño que, tras heredar una casa en el pueblo de su abuela - once habitantes y un bar -, descubre el sentido de la vida mientras rehabilita la choza y se enamora de una pastora de cabras extremeña.
O mejor aún, que la vivienda la herede en la Euskadi profunda: caserío, lluvia, con el protagonista que buscando paz interior encuentra amigos entrañables, acogedores con los forasteros, junto a los que aprende que la verdadera felicidad consiste en cortar leña, recoger setas, rolex o lo que se tercie, decir todo el rato «aivá la hostia» y aplaudir a los heroicos gudaris y gudaras cuando el estado represor les permite volver a casa.

Tampoco estaría mal la versión andaluza: una casa en primera línea de playa de la desembocadura del Guadalquivir, donde mientras la protagonista - catedrática de Filosofía, solterona y con pocas ilusiones en la vida - rehabilita la vivienda con currantes rumanos a los que paga en negro, traba amistad con Mohamed, apuesto piloto de narcolanchas que la lleva a dar románticos paseos marítimos y a masacrar impunemente a guardias civiles mientras florece el amor.

Aunque otra bonita posibilidad es que la cosa transcurra en Cataluña: por ejemplo, que un funcionario del ayuntamiento de Murcia herede una masía en Lérida y acuda allí para venderla, pero acabe descubriendo que su verdadera vocación es hacer butifarra, bailar sardanas, votar a Junts y colocar cada Navidad un caganer en el belén de la iglesia del pueblo.

No todo deben ser variantes rurales, claro.
También una casa en lugares amontonados puede dar juego.
Imaginen que un empleado de banca de Orense hereda de un tío suyo un piso en Magaluf, corre como una flecha para librarse de él lo antes posible, pero una vez allí descubre que la felicidad consiste en respirar cada amanecer el aroma a vómitos y meados que asciende de la calle, y en observar regocijado cómo los anglosajones borrachos se estrellan cada noche al querer saltar, los hijoputas, de los balcones a la piscina, contabilizándolos con rayitas de tiza en la pared.

Objetarán ustedes que eso no es igual que la Toscana, Provenza o el Algarve.
Que no hay glamour en una gotera española, en el fontanero que no se encuentra, en discutir con funcionarios, en aprender utilísimas lenguas vernáculas para que te atiendan en el ayuntamiento.
Aun así, reconozco que me gustan esas películas: tienen mucho de mentira piadosa, de consuelo elegante.
Uno las ve y cree que todavía está a tiempo de comprar una casa en ruinas y descubrir, entre escombros y plantas trepadoras, una versión mejor de sí mismo. 

Me recuerdan aquel anuncio que oía mucho en la radio cuando era jovencito: 
Qué bonito es el amor cuando se quiere de veras
Qué bonito es el amor con un piso en Palomeras.

AGUAS ABAJO, de Horacio Verbitzky - 10/5/2026


Diseño, Alejandro Ros. Animación, Silvia canosa

La exacerbación del Presidente Javier Milei y el matiz depresivo que se insinúa en su hermana corren paralelos a la dificultad del jefe de gabinete Manuel Adorni por dejar en reposo la máquina de empeorarlo todo, sin por ello perder el tono de superioridad que vuelca contra quienes suponía que acudirían en su rescate.


Tricota.

La agresión de su amigo Marcelo Grandío contra la secretaria de la línea aérea privada en que los Adorni volaron a Punta del Este, porque se negó a destruir la documentación del viaje, está en línea con el maltrato habitual que el jefe de gabinete dedica a los periodistas en sus conferencias de prensa.
También con la declaración de las dos jubiladas que dijeron no conocer a Adorni y sin embargo le vendieron un departamento por el que sólo les entregó 30.000 dólares, y restan 70.000 en una hipoteca, que vencerá en noviembre.

El contratista Matías Tabar le facturó obras y servicios por 245.000 dólares, para remodelar otro departamento, que según Adorni le costó 120.000 dólares. Los fue cobrando en cuotas pero al contado y sin dejar registro.
Que la hipoteca otorgada por el vendedor triplique el efectivo entregado por el comprador, y que el gasto en las refacciones insuma el doble que la propiedad, son desproporciones inusuales, sobre todo si la deuda no está documentada, como afirman.
¿O tal vez proviene de un origen aún menos confesable?

Adorni llamó al contratista para condicionar su declaración pero Tabar lo rechazó, porque le habían advertido que, de mentir bajo juramento, podía terminar en la cárcel.
Es decir, amigos que sabían que la versión oficial era falsa.

El fiscal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo fueron escépticos desde el primer día con las afirmaciones del jefe de gabinete, pidieron todo tipo de documentos, levantaron el secreto fiscal y bancario del matrimonio Adorni, encararon la reconstrucción del patrimonio previo a su ingreso a la función pública, y examinan las variaciones patrimoniales antes y después de ese hito.
Pero recién llegarían a la indagatoria y eventual procesamiento luego de un peritaje contable del que surgiera una contradicción ostensible entre ingresos y gastos y/ o entre testimonios y documentos.
Todo depende de la calidad del dibujo.

La diligencia del fiscal y el juez guardan relación con la voluntad de Lijo de cobrarse la humillación a la que fue sometido con su candidatura a la Corte Suprema de Justicia, que no alcanzó los votos necesarios.

Lo que no está claro todavía es si Lijo persigue una simple venganza, o si su juego es más complejo: de ser así, cuando ya haya ceñido el nudo en torno del cuello de Adorni podrá negociar aflojarlo a cambio de su designación como Procurador General de la Nación, un cargo que también apetece el actual Ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.

La secuencia descripta sugiere que el caso está atrancado en el barro, lo cual repercute sobre todo el gobierno.
Pocas cosas enfurecen más a Milei que una pregunta sobre las líneas internas en su gobierno.
Cuando terminó de entender que no podría evitarlas comenzó a responder que la diversidad de puntos de vista amplía el conocimiento.
Pero diversidad con balas dum dum no es la munición más adecuada para un diálogo cordial.
Hasta Tchouameni y Federico Valverde son más precavidos cuando discuten en el vestuario del Madrid.

Además, el lanzamiento de la criptomoneda y el consiguiente tironeo de alfombra le sirvieron a Milei como un curso rápido de carrera de obstáculos, equilibrando el Código Penal sobre la cabeza.
Si en esa causa, donde centenares de personas de distintos lugares del mundo perdieron en unos minutos centenares de millones de dólares, a nadie le tocaron un pelo pese a las filmaciones y grabaciones que documentan los hechos, no es tan irracional la empecinada defensa de Adorni por los Hermanos Milei.



¿Internas? Nada que ver, basuras.

Al fin y al cabo estamos en la Argentina, donde sobran los antecedentes.
Por ejemplo, en 1987, el Presidente Raúl Alfonsín despidió a su subsecretario de cultura, el médico y novelista cordobés Marcos Aguinis, porque el secretario, Carlos Gorostiza, le informó que Aguinis utilizaba el auto oficial para los menesteres domésticos de su esposa.
Aguinis me amenazó con un juicio, pero Gorostiza confirmó el episodio y Aguinis eligió otra venganza: puso a otro resentido en contacto con medios sedientos de escándalo, para que desacreditara a quien dio la noticia.
Nadie les creyó, como les ocurre hoy a los Hermanos Milei y su tropa.

Hoy un juramento

Patio Bullrich es quien dispara con más persistencia sobre Adorni, tanto en conversaciones privadas con el Presidente como en declaraciones públicas.
La última semana dijo que debía presentar ya mismo su declaración jurada de bienes.
Desde Estados Unidos, Milei dijo que Patio Bullrich espoileaba el acto de Adorni, una forma de ocultar que la senadora obligó a adelantar esa prueba.
Y el aludido recurrió a su mejor sonrisa para decir que Bullrich es "una fenómena".
¿De algún circo?

Desde el primer momento, Adorni se excusó en que tenía tiempo hasta el vencimiento del plazo para presentar la declaración jurada, a fin de julio.
Pero nunca intentó explicar cuál era la ventaja de esperar hasta el último día, con la fuerte erosión que el episodio atrae sobre todo el gobierno.
A 17 meses de la elección presidencial está por verse el efecto sobre el electorado que tendrá tanto estrépito y tal cantidad de dólares que circulan por donde no deben.

Una porción creciente de LLA ya dice sin reparos que la ofensiva bullrrichonista apunta directamente contra la Zarina.
Y él decodifica: si vienen por mi hermana, después vienen por mí.
Todo un razonamiento.
En la reunión de gabinete del viernes, con asistencia de Adorni, Milei refutó las observaciones, pero también los temores, de sus colaboradores: "No lo voy a liquidar por ganar una elección".
Esto indica que los secretos del vocero son más graves de lo que creemos.
Vamos a indagar en ellos, ya que por preservarlos no importa perder la elección.
¡Outsiders nunca más!

Ante los primeros episodios (ANDIS, Calvete, $Libra, los laboratorios medicinales), Milei confiaba en la aprobación a sus políticas por parte de los gobiernos y los grandes capitales del primer mundo
Lo decía irónicamente, con la frase "Fenómeno Barrial", que es como otras fuerzas políticas lo llamaban para tranquilizarse cuando comenzó a crecer en las encuestas.
La grabación sobre "el 3% es para Karina" comenzó a inquietarlo y la letra especial para la Guantamera inauguró una nueva etapa.

El 5 de mayo la revista de economía más antigua del mundo, The Economist, varió el enfoque y el tono hacia Milei.
Hasta entonces, todo era encomio.
Pero la semana pasada mutó hacia la advertencia, desde el título, Javier Milei está en serios problemas.
También dijo: La aprobación neta de Milei se ha desplomado recientemente. No llega a 30 puntos, la peor desde que llegó al gobierno.
Los escándalos de corrupción proliferan en una economía en dificultades.
Milei arremetió furioso contra periodistas…


Ya es tarde

Tal vez ahora Milei preferiría retornar al casillero de fenómeno barrial.
Pero ya es tarde.

La Argentina, y específicamente Milei, tienen un lugar prevaleciente en un nuevo plan de intervencionismo de Estados Unidos en la región, que Trump puso en práctica desde que regresó a la presidencia: sus amenazas a Panamá, Groenlandia y Canadá, a las que se sumó el secuestro de Nicolás Maduro de su residencia blindada en un cuartel de Caracas.
La guerra con Irán puede demorar los siguientes pasos e incluso frustrar el plan estadounidense, dado el poder militar persa, su solidez ideológica, el apoyo que le brindan China y Rusia y el temor de los países del golfo a la generalización de la guerra que agote sus recursos.
Si esto no ocurre así, o si Estados Unidos supera el obstáculo y apura los pasos siguientes, los próximos blancos designados son Colombia y México, con una escala posterior en Brasil, si es que Bolsonaro (jr) no recuperara el poder por medios más o menos legítimos en las próximas elecciones.
Y cuando Trump considere conveniente, prepararía el zarpazo contra Cuba, que apenas tiene combustible para unas pocas funciones vitales de su economía, pero que no tendría cómo poner al país en pie de combate para resistir a la superpotencia.

Ante semejante desigualdad, el desenlace depende del frente interno estadounidense.
El heroísmo de los cubanos ante la invasión en Bahía de los Cochinos en abril de 1961, y la resistencia de Vietnam hasta el retiro de Estados Unidos en 1975, levantaron un fuerte malestar al interior del país, en especial entre jóvenes y afro - estadounidenses, con Muhammad Ali como símbolo.
Sólo un tímido reflejo de eso se ha producido ahora con las guerras que Trump se atribuye terminar.
Esa locura tiene su lógica.
Sabe tan bien como el resto del mundo que el pueblo estadounidense puede ser indiferente a una guerra e incluso apoyarla, siempre que no implique que sus botas pisen el suelo, y desde aquellos conflictos del siglo pasado, la tecnología ha reemplazado el aporte humano, de modo que sólo haya bajas del otro bando.
La guerra con Irán sólo produjo 13 muertes estadounidenses.
La jactancia de Trump, quien dice que en La Habana lo harán Presidente de Cuba, su imagen como Cristo y disparates por el estilo, tienden a reforzar su convicción de que el mundo lo ama.



Trump reencarna en Castro, IA GPT.

Como parte de ese plan, la última semana la fiscalía federal de Wall Street, que la Argentina conoce bien, dictó orden de arresto y pidió la extradición del gobernador, del senador y de ocho funcionarios del Estado mexicano de Sinaloa, el del Chapo Guzmán.
Las denuncias contra Rubén Rocha Moya comenzaron durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.
El secuestro de Maduro en Caracas anticipó la intención de Estados Unidos de detener a gobernantes en funciones.
La actual Presidenta Claudia Sheinbaum leyó en una de sus conferencias diarias la respuesta de México.
Declara su acatamiento al marco legal vigente, pero afirma que para su aplicación hacen falta pruebas, que aquí faltan, por lo cual no se concederá la extradición solicitada.
Este es uno de los momentos más difíciles en la siempre compleja relación de México con su vecino que en la guerra del siglo XIX le arrebató más de la mitad de su territorio.
Ese 55% de superficie comprende 2,1 millones de km2, en los actuales estados estadounidenses de Texas, California, Nevada, Utah y grandes partes de Arizona, Nuevo México, Wyoming, Colorado, Kansas y Oklahoma.

Desde los últimos días de abril las plataformas Diario Red / Canal Red América Latina, vinculadas al líder político español Pablo Iglesias, y Hondurasgate.ch, un sitio suizo creado ad hoc, está publicando 37 grabaciones y documentación asociada que incluyen una conversación entre el Presidente de Honduras, Nasry Asfura, y el ex Presidente Juan Orlando Hernández.
Asfura se impuso por un mínimo margen, con el explícito apoyo de Trump, denuncias de fraude y el indulto al ex Presidente Juan Orlando Hernández, quien cumplía una pena a 45 años de prisión por narcotráfico y que tendrá un rol central en el sabotaje y la desestabilización de los movimientos antiimperialistas.
Hernández cuenta en uno de los audios que Trump lo indultó, con dinero aportado por una junta de rabinos respaldada por Benjamín Netanyahu.
También le informa que se ha reunido con Milei, quien le prometió apoyo económico para montar una base de trolls, que serán operados desde Estados Unidos por técnicos aportados por Trump, para que no sea evidente que transmiten desde Honduras, donde están preparando una operación contra los ex Presidentes Mel Zelaya y Xiomara Castro.
El aporte sería de 350.000 dólares.

La Argentina, Estados Unidos y Honduras han mantenido una estrecha relación con sectores aliados y adversarios, desde tiempos de la dictadura argentina, cuando el Ejército entrenó a los contras en distintos países de Centroamérica, con apoyo del Ejército de Estados Unidos y la CIA, a espaldas del Presidente James Carter.
Mel Zelaya y Xiomara Castro han sido después de la guerra interna una pareja gobernante nacional y popular, como los Kirchner aquí.
Zelaya fue derrocado de la presidencia en 2009.
Cristina, que llevaba dos años de su primer mandato, exigió su restitución al poder y apoyó las movilizaciones encabezadas por Xiomara con el mismo fin.
Llegó a organizar su viaje para acompañar el intento de regreso de Zelaya, pero lo canceló por razones de seguridad.
En una cumbre del Mercosur y en la OEA Cristina señaló lo sucedido en Honduras como una regresión democrática e instó a no permitir la reaparición de los golpes en la región.
En 2013, Xiomara perdió la elección presidencial con Juan Orlando Hernández, con lo que también comenzaron a entrecruzarse los personajes de derecha y de izquierda (el zelayismo tiene puntos en común con el peronismo). Hernández fue reelecto en 2017 (42,9% vs 41,4%).

Acusado de fraude, Hernández enfrentó protestas masivas, encabezadas por Xiomara.
Hernández fue extraditado a Estados Unidos y condenado por narcotráfico y Xiomara llegó a la presidencia en 2022.
Uno de sus primeros anuncios al asumir fue que las familias más pobres no pagarían más de 150Kw mensuales de electricidad.

En 2026 la sucedió Asfura.
Lo primero que hizo fue volar a Mar-A-Lago para reunirse con Trump.
Y la semana pasada estuvo en el foro del Instituto Milken, que reúne a fondos de inversión, grandes empresarios, tecnócratas y operadores globales de influencia.
Su origen es turbio.
Lo creó Michael Milken, un especulador con bonos basura que en 1990 fue condenado a 10 años de prisión, pero sólo pasó 22 meses detenido.
Al ser indultado se dedicó a la filantropía para limpiar su imagen.
En 2020, Trump anuló las últimas consecuencias de su condena, porque sostenía que el castigo fue excesivo.

En su diálogo con Asfura, el ex Presidente Hernández se congratula por el excelente resultado de su encuentro con Milei.
Así se supo a qué había viajado esta vez el Presidente argentino.
Otros de los audios, que además de Asfura y Hernández incluyen a la Vicepresidenta María Antonieta Mejía, también revelan el ofrecimiento de una nueva base militar a Estados Unidos, un canal interoceánico para General Electric y legislación favorable a las empresas del mismo origen que trabajan en inteligencia artificial.
Con el aspecto de una killer de un filme de James Bond, la Vicepresidenta María Antonieta habla como una killer de una película de James Bond y postula asesinatos y represión para impedir el regreso al poder de los comunistas, pese a que dice que hicieron un buen gobierno.
Otra de las tareas es "meterle lo contrario en la cabeza a la gente".

La gangrena se extiende

Las peleas al interior del gobierno se multiplican.
La semana pasada renunció el presidente de la Obra Social del Ejército, general Sergio Maldonado, a quien reemplazó en forma transitoria el vicepresidente, general Oscar Domínguez.
El clima interno es denso.

La Obra Social tenía hace tres años un déficit de 18.000 millones de pesos, que en dos años se quintuplicó, llevó al relevo de dos sucesivos directores y a un cambio de estructura de funcionamiento y de nombre.
El año pasado un suboficial intentó suicidarse por falta de atención para un cáncer y para una infección en el cerebro, pero el disparo no afectó ningún órgano y sobrevivió.
Dejó una nota para el Presidente Milei y grabó un video, luego de lo cual reincidió, esta vez con éxito.


El vaciamiento de la Obra Social se produjo durante la gestión del ex ministro de Defensa Luis Petri, quien esta semana quedó involucrado en el escándalo de Adorni.
Uno de quienes objetaron la situación fue el general Carlos Alberto Presti, quien llegó a reemplazar a Petri, primer militar que ocupa el Ministerio de Defensa en más de medio siglo, pero ahora en actividad, cuando esa era una posición desde la que socavar las posiciones del secretario de guerra y del Comandante en jefe del Ejército.
La esposa de Petri, María Cristina Pérez, cuestionó en La Nación+ al jefe de gabinete y presentó un informe sobre sus gastos y movimientos.
Adorni le respondió desde el streaming de Fantino, quien hizo todo lo posible para que el jefe de gabinete no identificara de quién hablaba, más allá de su profesión.
Dijo que se sentía traicionado por ella y concluyó que ella y su esposo iban a viajar con él y con Angeletti, como parejas amigas.
Y después se horrorizó al aire.
Pérez respondió desde su noticiero que eran amigos, pero ella ante todo cumple su deber periodístico.
Se quejó de que se hubiera referido a ella pero no a Eduardo Feinmann, "que lo echó".
Y sentenció que "si hablás de traición, mucha gente que te votó y creyó también se siente traicionada".
Fin.

EL CASO NISMAN Y EL VERGONZOSO PROCESAMIENTO DE LA FISCAL FEIN, de Raúl Kollmann - 15/5/2026

DESESPERADOS POR SOSTENER,DÉSPUES DE 11 AÑOS, QUE AL FISCAL LO MATARON , COMODORO PY INVENTO EL ENCUBRIMIENTO UNA ACUSACIÒN TAN DISPARATADA COMO FLOJA DE PAPELES.

El tándem del fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini dispuso este martes el procesamiento de la fiscal (jubilada) Viviana Fein por el delito de encubrimiento agravado en el caso de la muerte de Alberto Nisman.

El magistrado le achaca centralmente no haber preservado la escena, pero al configurar el delito de encubrimiento está presumiendo una intencionalidad, que tuvo conocimiento y voluntad de tapar un supuesto delito - el homicidio del fiscal -, algo totalmente disparatado, más todavía cuando todo Comodoro Py, incluyendo el fiscal Taiano y el juez Ercolini, saben que Fein fue una funcionaria super - honesta que, además, ni siquiera era directa responsabilidad en algunas cuestiones técnicas de la preservación de la escena.

Por ejemplo, le imputan de no haber tomado la temperatura del baño donde apareció el cuerpo o que no detectó un ventiluz del aire acondicionado por donde podía haber entrado o salido una persona, algo que luego se comprobó que no ocurrió.

El procesamiento de Fein, transcurridos 11 años de la muerte de Nisman, exhibe la desesperación de Taiano - Ercolini por reafirmar la hipótesis del homicidio, de la que no encontraron ni una sola prueba en más de una década.

Por ejemplo, no obtuvieron ni el menor indicio de que alguien haya entrado o salido del complejo Le Parc, del departamento cerrado por dentro del piso 13 y menos todavía del baño.

No hay ni el menor rastro de una pelea o que algo haya cambiado de lugar, teniendo fotos del lugar de trabajo de Nisman del día anterior.

Pero como el caso sirve para la persecución política, se utiliza lo que sea - ahora la actuación de Fein - para seguir imputándole la muerte del fiscal a un ilusorio “comando iraní - venezolano - kirchnerista”.

La base del procesamiento dictado por Ercolini es la siguiente:

*Que Fein no preservó toda la escena sino únicamente el departamento. Debió evitar que las personas sigan circulando por el complejo Le Parc.

*Que tardó casi una hora y media en llegar. La realidad es que a la fiscal le avisaron a las 00.15 de un domingo y llego a las 1.40. Ella ni siquiera tenía obligación de ir y, según coincidieron varios funcionarios judiciales consultados por Página/12, no es irrazonable que a esa hora tardara ese tiempo para vestirse y trasladarse a Puerto Madero.

*Al llegar no adoptó medidas para revertir la situación de descontrol.
 
Cuando Fein llegó, ya hacía una hora que estaba el juez, que no dispuso ningún cambio de nada. Y habían transcurrido casi 4 horas desde que la madre de Nisman, Sara Garfunkel, lograra entrar al departamento después de aportar llaves de la puerta de servicio y que un cerrajero abriera esa misma puerta. La Prefectura tenía el control del lugar y se supone que tenía técnicamente el conocimiento de cómo se preserva una escena. También intervinieron peritos de la Policía Federal.

*Ingresó a la escena sin la ropa adecuada. No se recuerda un reproche similar a ningún fiscal.
A Fein le cuestionaron - estuvo 9 horas en el lugar - que se sentara en la cama.

*Permitió que circularan personas que carecían de roles asignados. Efectivamente fue un hecho muy conmocionante y había prefectos, policías y, por períodos breves, funcionarios de Seguridad.

*Permitió la manipulación de elementos probatorios sin la debida autorización. Hay referencias al arma, por ejemplo, que fue desactivada por un balístico de la Federal para evitar cualquier accidente y que corrió la sangre con el dedo para ver la numeración y tratar de rastrear la pistola rápidamente.
Se le achaca la responsabilidad a Fein.

*No recopiló ni advirtió la existencia de elementos de prueba esenciales. 
Lo que se puntualiza es que no detectó que había una especie de pasadizo del aire acondicionado que conectaba con la otra unidad del piso, alquilada por un ejecutivo de la empresa japonesa NEC.
Se comprobó luego que por ahí no salió ni entró nadie.

*En alguna parte de las 114 páginas del procesamiento se cuestionó a Fein porque no se tomó la temperatura del baño, algo que debían hacer o no hacer los técnicos de la Policía Federal que actuaron esa noche en el levantamiento del cuerpo, los rastros, las huellas.

Lo real es que el lugar esencial, el baño, se filmó y fotografió antes que ingresara cualquier persona y que todas las partes - incluyendo los peritos de la familia Nisman - usaron las manchas de sangre para sostener su hipótesis de homicidio. 

Lo mismo hizo la Gendarmería, el Cuerpo Médico Forense, la junta médica y la junta de criminalistas, la mayoría sosteniendo tácitamente que el fiscal se disparó a sí mismo.

Es más, los criminalistas dictaminaron que no había nadie en el baño en el momento del disparo.
Más allá de las conclusiones, no existieron cuestionamientos o sospechas de que se alteró la escena.

Lo más grave del texto de Ercolini es que describe el delito de la siguiente manera: “será reprimido con prisión de 6 meses a 3 años el que, tras la comisión de un delito ejecutado por otro, en el que no hubiera participado, ocultare, alterare o hiciere desaparecer los rastros, pruebas o instrumentos del delito." 
Todos los juristas consideran el encubrimiento como un delito doloso, intencional, o sea, borrar pruebas para tapar el delito anterior. 

“Conocimiento, voluntad, intención de beneficiar al que cometió el ilícito”, le explicó un jurista a este diario.
La realidad es que la fiscal Fein no buscó tapar nada e incluso su actuación ni siquiera fue cuestionada por el juez que estaba allí presente.

Transcurridos más de 11 años de aquel 18 de enero de 2015 la partitura es siempre la misma: utilizar cualquier caso para la política, aunque no aparezca ninguna prueba.
En esta ocasión apuntan - nuevamente - contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Y, para eso, se lanzan contra una funcionaria, Fein, que toda la comunidad judicial considera, aun cuando le pudieran plantear discrepancias, una fiscal intachable que siempre actuó de manera honesta y hoy vive normalmente de su jubilación.

Fein, asistida por el abogado Lucio Simonetti, obviamente va a apelar la decisión de Ercolini.
Tendrá la palabra la Sala II de la Cámara Federal.

jueves, 7 de mayo de 2026

LA JUSTICIA PERDIÓ EL JUICIO (vergüenza de tener esta "justicia"), de Irina Hauser -

CAUSA CUADERNOS: VEINTISIETE “ARREPENTIDOS” RELATARON LAS COACCIONES SUFRIDAS PARA INVOLUCRAR A CRISTINA KIRCHNER

UNA PERSECUCIÓN POLÍTICA EJECUTADA CON APRIETES JUDICIALES

Nada menos que 27 de los “arrepentidos” en la causa Cuadernos denunciaron que fueron coaccionados por el fiscal Stornelli y el juez Bonadío para involucrar a Cristina Kirchner. Ante semejante despliegue en directo de la corrupción de Comodoro Py, el tribunal intenta salvar el juicio bloqueando la investigación de ese escándalo y hasta puso en veremos la transmisión en vivo de las audiencias.

El tribunal decidió no transmitir las audiencias luego de que en las últimas indagatorias se revelaran presiones del fiscal Carlos Stornelli y el exjuez Claudio Bonadio. Oscar Centeno y Ernesto Clarens, claves en sostener el caso, se negaron a declarar.

Arrepentidos que se arrepienten de haberse arrepentido.
Empresarios que ahora denuncian aprietes judiciales.
Están los que mintieron para no quedar presos y fueron liberados.
Pero también los que se negaron a decir lo que el fiscal y el juez pretendían y fueron a la cárcel.
Amenazas, robos, seguimientos y advertencias para “involucrar a De Vido y a Cristina”.
Hombres de la obra pública que blanquearon lo que era un secreto a voces: que fueron a escribanías a dejar asentadas las irregularidades.

Fueron 27, entre ex funcionarios y empresarios, los que relataron presiones sufridas dentro y fuera de tribunales cuando comenzaba la causa “Cuadernos”, y que en las últimas semanas durante las indagatorias destaparon esta olla en el juicio oral.
En paralelo, los principales arrepentidos - como el chofer Oscar Centeno y el financista Ernesto Clarens -, cuyos relatos sostienen la causa, optaron por no declarar, se negaron, o sea que no dijeron ni una palabra de lo que ya habían relatado al aceptar ser colaboradores o delatores siete años cuando acusaron a otros para salvarse.
Después de todo esto, el Tribunal Oral Federal 7 (TOF7) decidió que las audiencias no se transmitan más por Youtube desde el martes próximo, cuando comience el desfile de testigos.

La medida fue cuestionada por la defensa del ex subsecretario del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta, a cargo de Marcos Aldazabal y Elizabeth Gómez Alcorta, y enseguida se sumaron otras.
Hasta la fiscal Fabiana León se alineó.
“Debe ser la primera vez que coincidimos en algo”, bromeaban los abogados.
Los jueces - Enrique Méndez Signori, Germán Castelli y Fernando Canero - tienen que decidir esta semana si dan marcha atrás o sostienen la nueva restricción.
Son tantas las anomalías que brotan a borbotones que los planteos de las defensas no cesan.
¿Por qué los arrepentidos pueden no declarar?
¿Cómo se defienden los acusados por ellos?
¿Qué otras pruebas hay?
¿Por qué no declaran los encargados de detenciones humillantes?
¿Y los escribanos que labraron actas del desaguisado que ocurría en Comodoro Py?
Si fuera por el sentido común, todo esto debería conmover el desarrollo del juicio. Habrá que ver si los jueces mantienen la tónica de seguir pateando las decisiones para el final, que podría ser en un año o dos.

Entre los primeros testimonios están citados el periodista de La Nación Diego Cabot, quien recibió las fotocopias de los cuadernos de Oscar Centeno que dieron origen al expediente, y más de un año después alguien le dio seis originales; la ex esposa de Centeno, Hilda Horovitz, quien durante la etapa de instrucción relató que sabía que el chofer escribía los cuadernos y que planeaba entregarlos (no sabe a quién) “en caso de que Baratta, al terminar la gestión en el Ministerio, no lo ubique en otro trabajo”; la ex secretaria de Néstor Kirchner Miriam Quiroga, famosa por haber instalado la leyenda de bolsos llevados a Olivos a Santa Cruz en una denuncia que fue cerrada por inexistencia de delito; el policía retirado Jorge Bacigalupo, quien guardó los cuadernos y les hizo enmiendas; y el arrepentido de “la ruta del dinero K” Leonardo Fariña.
Es solo el comienzo: serán más de 600.

SILENCIOS, MENTIRAS Y DENUNCIAS

En la lista de los arrepentidos que por ahora decidieron callar, Centeno y Clarens no fueron actores de reparto: los cuadernos del remisero, las listas del financista (de quienes dijo que le entregaban dinero que recaudaba) y sus relatos de 2018 ante el fallecido juez Claudio Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli, determinaron la acusación contra una cadena de dueños y CEOs de la obra pública y funcionarios, que - a la vez - si no se arrepentían quedaban privados de la libertad.

Guardaron silencio también en el juicio ciertos empresarios que habían asumido el papel de imputados colaboradores: desde Angelo Calcaterra y su mano derecha Javier Sánchez Caballero (IECSA), Aldo Roggio (Grupo Roggio), Marcela Sztenberg (Equimac), Miguel Aznar (Vialco S.A y Decavial), Gerardo Cartellone, Gabriel Romero, Gabriel Losi hasta Patricio Gerbi, entre otros.

Otros empresarios introdujeron matices.
Juan Carlos De Goycochea, de la española Isolux, rectificó lo dicho como colaborador: reconoció pagos, pero dijo que eran aportes de campaña, que no habían sido 17 sino siete, y que Centeno le adjudica entregas en fechas en las que estaba de viaje.
Sobre el chofer, que había declarado en España, señaló: “Centeno dijo que no tenía idea de qué era Isolux, quién era, quiénes éramos, qué montos pagábamos y no conocía siquiera si los domicilios eran de Isolux”.

Carlos Mundin, el dueño de la constructora BTU, recordó que lo pasearon esposado ante periodistas a modo de “humillación”, aseguró que “jamás” entregó dinero “bajo ningún concepto” y que le ofrecieron arrepentirse pero no iba a mentir.

Gerardo Ferreyra, de Electroingeniería, uno de los pocos que ya había detallado los aprietes, volvió a compartir ese relato.
Le decían que su familia lo esperaba en el pasillo y si colaboraba se podía ir con ellos en libertad.
Cuando él preguntó “¿arrepentirme de qué?” la respuesta fue “de haber colaborado con estos mugrientos” (mientras señalaba a la Casa Rosada).
No aceptó y quedó más de un año preso.

La mayor sorpresa llegó en los relatos de empresarios, algunos arrepentidos, que admitieron que mintieron para no perder la libertad.
“Me vi obligado a reconocer pagos en una situación de coacción psicológica. Nunca, bajo ningún concepto entregué dinero.
Pero si no lo aceptaba, me detenían”, declaró Mario Rovella, dueño de la constructora Rovella - Carranza, una de las más grandes del país.
Rovella informó que el día previo a su declaración fue a una escribanía y dejó asentado que iba a mentir para mantener la libertad.

El dueño de Cleanosol Argentina, dedicada a la señalización de rutas, Oscar Sansiseña relató lo mismo: adelantó en una escribanía que mentiría en la declaración y aseguró que nunca pagó nada.

El director y gerente de la firma, Guillermo Escolar, hizo lo propio.
Daniel Pitón, de José Eleuterio Pitón S.A también dijo que armó un relato para evitar la cárcel. 
“A Clarens no le entregué ni un peso, ni a Clarens ni a nadie”, se despachó. 

Rodolfo Perales, de Perales Aguiar S.A, empresa de ingeniería vial y civil, fue breve y contundente: “Lo que dije de entregar dinero a Clarens, no fue. La declaración que hice fue por miedo de quedar detenido si no lo hacía”.

En algunos casos fueron los defensores de los empresarios quienes asumieron el relato.
El defensor de Carlos Wagner, extitular de la Cámara de la Construcción - cuyo relato como arrepentido llevó a otras detenciones - aseveró: “Wagner hubiera confesado que integraba la banda del Gordo Valor, Wagner hubiera confesado que hizo el túnel en su calidad de ingeniero para robar el Banco Río en Acassuso, el tema era gozar de la libertad”.

El letrado de Roggio, Jorge Valerga Aráoz (hijo) repasó que cuando Bonadío quería que dijera que había pagado retornos a cambio de subsidios para Metrovías, dijo dos veces que no había pagado nada. 
“¿Por qué no lo piensa?”, le aconsejó el juez en tono de amenaza. “El que avisa no traiciona”, agregó el juez.
El abogado dijo que sabían que si no decía lo que Bonadío quería escuchar, iban a detenerlo.

Cristóbal López y Fabián de Sousa - del Grupo Indalo - sorprendieron con un dato: fueron involucrados cuando Clarens, bajo amenaza de quedar detenido tras seis declaraciones, cambió su relato original, en el que había involucrado al Grupo Petersen en pagos ilegales que él recaudaba pero de pronto dijo que se había confundido una sigla: que no era PTC (Petersen, Thiele & Cruz de la familia Eskenazi) sino CPC, la constructora de Indalo.
López y De Sousa dicen que no conocen a Clarens y que el punto es que Bonadio era amigo de Sebastián Eskenazi.

LOS EX FUNCIONARIOS TAMBIÉN

Entre los exfuncionarios indagados, el exsecretario de Obras Públicas, José López, aseguró: “Nunca vi a Cristina Kirchner como organizadora o jefa de una asociación ilícita, tampoco lo vi en ese sentido a Julio de Vido”.

Hubo una indagatoria en particular, la de Juan Pablo Schiavi, ex secretario de Transporte, que evidenció el mecanismo con el que iban “cayendo” los funcionarios implicados, en base a lo que decían “arrepentidos” cuyos relatos al día de hoy no tienen evidencia que los respalden, con el problema agregado de que se niegan a declarar.
¿Vale la sola palabra de ellos?

Gabriel Romero, en su caso, declaró para evitar la cárcel que “había visto en los medios que Roggio manifestó en el marco de un acuerdo de colaboración que su empresa debía pagar a los funcionarios del gobierno anterior un 5% de los subsidios que cobraba. Esto es cierto, lo puedo confirmar”.
Schiavi explicó que no respondería preguntas si sus abogados no pueden interrogarle a Romero, pero se tomó un buen rato para refutar la acusación y explicar por qué es imposible que le endilguen asociación ilícita y cohecho.

El ex asesor legal de Planificación, Rafael Llorens, relató que Stornelli “me intentó hacer confesar cosas que no quería confesar ni que pensaba confesar y que tampoco habían pasado”.
A su esposa le hacían llegar mensajes para que se arrepintiera.
Estuvo ocho meses detenido.
En un día de visitas en la cárcel, que fue el 17 de octubre, a un amigo que había ido a verlo le robaron la camioneta en la puerta del penal, y esa misma tarde a su esposa se le metieron en su vehículo en Banfield y le quitaron solo el celular

Baratta contó que cuando estaban por detenerlo en un caso vinculado, conocido como GNL, lo pararon en la calle y le dijeron que la única forma de evitarlo “era que involucre a Julio De Vido y a Cristina Kirchner” y cuando lo arrestaron el propio Stornelli le dijo lo mismo a su esposa.

Oscar Thomas, ex director de Yacyretá, recordó que su abogado, José Manuel Ubeira, le reprodujo lo que Stornelli decía: “había sortijas para pocos”.
Él decidió afrontar la detención.

Más de un ex funcionario se vio en la situación de ponerse a explicar que tanto la fiscalía como la Unidad de Información Financiera ponen sospechas en cuestiones que son mecanismos habituales.
Nelson Periotti, extitular de la Dirección de Vialidad, lo señaló respecto de las redeterminaciones de precios, que son habituales en contextos inflacionarios y con insumos dolarizados.
Tampoco serían per se delictivos los pagos de certificados de obras y los llamados entre empresarios y funcionarios.

DILEMAS DEL JUICIO

El martes 14 de abril, ningún arrepentido quiso declarar.
Así, sobre las “confesiones” de 2018 de esos imputados colaboradores, ningún defensor puede preguntar.
“Hay imposibilidad de contrainterrogar” y así se “vulnera el derecho a defensa del señor Julio de Vido”, advirtieron los abogados del ex ministro de Planificación, Maximiliano Rusconi y Gabriel Palmeiro.
La mayoría de las defensas comparten la postura.

La del ex funcionario de Vialidad, Sandro Férgola, por caso, dijo que el silencio de los arrepentidos impide “otorgarle cualquier tipo de valoración” como prueba a su relato y que el acuerdo de colaboración “se tornaría estéril”.
¿El único apoyo documental son los cuadernos de Centeno y las listas de Clarens?
El reclamo es que el tribunal oral reconsidere el beneficio otorgado a los arrepentidos (hablan a cambio de una pena morigerada) si callan y no hay forma de verificar lo que dijeron, tal como exige la ley.

Junto con eso, dice Rusconi, “el devenir de las audiencias está llevando a un lugar insostenible la decisión de la fiscal de no investigar el contexto profundamente inmoral, antijurídico, violatorio del estado de derecho donde nació esta investigación”.
Por ahora, los pedidos de extraer testimonios para denunciar y que se investiguen los aprietes denunciados en las audiencias, fueron rechazados por los jueces, que dijeron que al final del juicio lo van a considerar.

MEDIDAS PEDIDAS

El martes último, Carlos Beraldi - abogado de CFK - hizo una extensa presentación ante el tribunal, donde recopila los casi 30 relatos de aprietes e irregularidades escuchados en las últimas semanas en el juicio.
Con eso pidió, con adhesión de otras defensas, una serie de medidas: la nómina de agentes del Servicio Penitenciario, Policía Federal y Gendarmería que participaron en traslados de los detenidos para que declaren; que testifiquen los escribanos que protocolizaron los relatos de empresarios que dejaron constancias de anomalías y coacción y que se rastree (vía Colegio de Escribanos) la posible intervención de otros escribanos; testimonios de familiares de Baratta y Llorens; se certifiquen causas contra el hijo de Bonadio (que explicaría la aparición de Sebastián Eskenazi respaldándolo con un mutuo) y que la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (DAJuDeCO) informe contactos de Esquenazi y/o el Grupo Petersen con Bonadío.

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