martes, 20 de marzo de 2018

LA JOVEN DEL VIOLÍN, de Arturo Pérez Reverte - 19/3/18

 Sentado en la terraza del bar Laredo de Sevilla, con un libro en las manos – Memorias de un librero, de Héctor Yánover – y una copa de manzanilla sobre la mesa, levanto de vez en cuando la vista para mirar a la gente que pasa.
 De vez en cuando, grupos de turistas desembocan en la plaza de San Francisco viniendo por la calle Sierpes, camino de la Giralda y el Patio de los Naranjos; y otros, que van por libre, se pasean despacio mirando el edificio del Ayuntamiento.
 Es una mañana muy sevillana, luminosa y tranquila. Y para hacerla todavía más agradable, suena música de violín.

 La violinista llegó hace un momento, dejó en el suelo el estuche abierto de su instrumento y empezó a tocar Fascinación. La tengo a unos cinco metros.
 Es joven, gordita y guapa, con el pelo recogido en dos trenzas cortas. Su aspecto es simpático. Tiene los ojos claros y al principio me parece extranjera, pero al rato pasan dos conocidos suyos, deja de tocar un momento y la oigo cambiar unas palabras en perfecto español. Después sigue tocando.
 Mientras desliza el arco sobre las cuerdas, su expresión se torna muy dulce. La observo detenidamente y concluyo que no está fingiendo. Con certeza ama la música que hace, es feliz con el violín encajado en el hueco del hombro y la mandíbula, tocándolo con elegante maestría.
 No sé casi nada de música, pero sí lo bastante para saber cuándo un intérprete es bueno o malo.
 Y ésta es muy buena. 
 No de esos aguafiestas que estás hablando y se te sitúan al lado con un altavoz y un chundarata insoportable, amargándote el aperitivo; y luego, encima, pretenden que les pagues por ello. Nada de eso.
 La chica del violín es una artista de verdad. Una violinista seria.

 Pese a todo, el estuche del suelo sigue vacío. Nadie de los que pasan, y son muchos, deja una moneda.
 Ocurre, además, algo que me desagrada siempre, y que observo a menudo en lugares semejantes: turistas equipados con cámaras o teléfonos móviles, que creen que quienes están en la calle haciendo pompas de jabón, o disfrazados de astronauta, o tocando el violín, están allí para que ellos puedan hacer fotos por la cara, completamente gratis. Que les paga el Ayuntamiento para que alegren el itinerario.
 Gente tacaña, o estúpida, que se acerca, hace la foto o, lo que es peor, pide que la fotografíen junto al artista o personaje de turno, y luego sigue su camino sin dejar nada a cambio.

 Eso es lo que ocurre con la chica del violín. La miran, se paran a su lado, se hacen fotos con ella y nadie deja caer un euro.
 Es más: en la mesa contigua a la mía hay una pareja. Un hombre y una mujer negros, muy bien vestidos. Ella es grandota y abundante; y él, un tipo corpulento con un pesado reloj de oro en la muñeca y un teléfono pegado a la oreja, por el que habla en inglés, a grito pelado, sin importarle la música y quienes la escuchamos.
 Y yo miro a la violinista, su dulce expresión absorta en la música, los ojos claros que entorna a veces como si se sintiera transportada por ella, y me pregunto con tristeza cuántos sueños mueren aquí, frente a esta terraza de un bar de Sevilla, o frente a no importa qué bar del mundo. Cuántas horas de esfuerzo, de practicar, de confiar en poder dedicarse un día a vivir de lo que sin duda era una pasión, y que, tras vaya usted a saber cuántas decepciones, fracasos y amarguras, acaban en un estuche abierto en el suelo, en una melodía que apenas nadie atiende en serio, en una joven con trenzas y ojos claros que, absorta en la música que ama, la ofrece en la calle a fin de ganarse la vida con lo que sabe, como la dejan, como puede.

 La chica toca ahora Moon River; y una vacaburra, acompañada por un animal varón de apariencia aún más grosera que ella, se acerca, se hace una foto al lado y sigue su camino sin mirar siquiera a la chica del violín, que cuando les sonríe lo hace ya al vacío.

 Entonces llego a ese pasaje del libro en el que Yánover habla del cliente que preguntó:
 «¿Tienen Crimen y castigo, de Doctor Jekyll?».
 Y me digo que ya es suficiente, que mi capacidad de tristeza se ha colmado de sobra esta mañana; así que cierro el libro, me levanto, y antes de irme dejo un billete en la funda vacía.   
Al incorporarme, encuentro un destello de agradecimiento en la mirada clara de la joven. Entonces le guiño un ojo y ella hace lo mismo, sin dejar de tocar.

 Y mientras me alejo, cuando dirijo una última mirada a la violinista cuya melodía va quedando a mi espalda, veo que la negra de la mesa se ha levantado y también deja algo en el estuche.

CEDIENDO EL PASO, de Arturo Pérez Reverte - 5/3/18

 Camino por el lado izquierdo de una calle de Lisboa, subiendo del Chiado al barrio Alto: una de ésas que tienen aceras estrechas que sólo permiten el paso de una persona a la vez. Me precede un individuo joven, sobre los treinta y pocos años.
 Un tipo normal, como cualquiera. 
 Un fulano de infantería que camina con las manos en los bolsillos. Podría ser portugués, o inglés, o español; de cualquier sitio. Va razonablemente vestido.
 De frente, por la misma acera, camina hacia nosotros una señora mayor, casi anciana.
 Por reflejo automático, sin pensarlo siquiera, bajo de la acera a la calzada para dejar el paso libre, atento al tráfico, no sea que un coche me lleve por delante.
 Lo hago mientras supongo que el individuo que me precede hará lo mismo; pero éste sigue adelante, impasible, pegado a las fachadas, obligando a la señora a dejar la acera y exponerse al tráfico.

 Cuando la mujer queda atrás, me adelanto un poco para ver la cara de ese cenutrio. Lo miro, me mira él a mí como preguntándose qué diablos miro, y en su estólida expresión, en la forma en que continúa su camino, comprendo que sería inútil recriminarle algo.
 No lo iba a entender aunque se lo cantara en fado y con fondo de guitarras, me digo. No es consciente de lo que ha ocurrido. No ha hecho apartarse a la señora por descuido, ni por deliberación; ni siquiera por no exponerse al tráfico él mismo.
 Es, sencillamente, que no le ha pasado por la cabeza. Que ni le pasa, ni le pasará nunca.
 Y si yo ahora le dijera que es una grosera mala bestia, antes de liarnos a guantazos –ganaría él, porque es mucho más joven– me miraría sorprendido, preguntándose por qué.

 Y ése es el punto, concluyo desolado.
 Que en el mundo de ese fulano, en la forma natural, instintiva, que semejante sujeto tiene de abordar la vida y la relación con los demás – él y los millares y millones que son como él –, ceder el paso o gestos parecidos ya no forman parte de sus reflejos. De su adiestramiento social. De su educación.
 Da lo mismo, a estas alturas, que quien venga por la acera sea mujer, niño, anciano o joven de su mismo sexo y edad.   Lo más elemental del mundo, ceder el paso a cualquiera, al que viene de frente, va a cruzar el umbral de una puerta o te cruzas en un pasillo, resulta para él algo impensable, por completo ajeno a su comprensión y a su forma de mirar el mundo. No existe, y punto.
 Nadie se lo ha enseñado en casa o en el colegio, o nadie le ha insistido en ello. Lo suyo es irreprochable, por tanto.
 Es un grosero honrado, un animal consecuente.
 Una bestia inocente, limpia de polvo y paja.

 Ustedes saben que lo que acabo de contar no es una anécdota casual. Siempre hay justos en Sodoma, claro. Por suerte aún quedan muchos y muy nobles.
 Pero su número decrece, sin duda.
 Basta un trayecto en metro o autobús, un rato en los bancos de espera de una estación de tren de cercanías: jambos o pavas despatarrados en un asiento, dándole al móvil mientras un anciano, una mujer embarazada o quien diablos toque, cualquiera a respetar, están de pie a su lado.  

 Descarados que se ponen delante cuando estás esperando un taxi y le hacen señas primero, en vez de preguntar si lo esperabas tú; brutos que empujan para pasar primero, ignorando que exista algo parecido a una disculpa; cretinos de ambos sexos que permanecen callados mirando al vacío cuando saludas al entrar en una sala de espera; gentuza que no ha pronunciado nunca las palabras ‘por favor’ y ‘gracias’, e ignora lo mucho que esas expresiones facilitan la vida propia y ajena; patanes que, cuando les sostienes la puerta para que no les dé en las narices, pasan por tu lado sin mirarte siquiera, sin un gesto de agradecimiento o una sonrisa.
 Chusma incivil, en suma. Bajuna morralla que ignora, porque ya casi nadie lo impone en ninguna parte, que la educación, la cortesía, las buenas maneras son la única forma de hacer soportable la ingrata promiscuidad a que nos obliga la vida.

 Claro que, a veces, uno también tiene ocasión de tomarse pequeños desquites; como aquella vez en el hotel Colón de Sevilla, cuando mi compadre Juan Eslava Galán y yo entramos en un ascensor, saludando corteses a un individuo que estaba dentro, y éste siguió mirando el vacío sin despegar los labios, tan apático y silencioso como una almeja cruda.
 Entonces Juan, con esa eterna guasa pícara que tiene, se volvió a mirarme, suspiró hondo y dijo con aire contrariado: «Vaya por Dios. Otra vez nos toca subir con un mudo».

lunes, 12 de marzo de 2018

ZAPATOS ROTOS, de Matilde Alba Swann

Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato,
de un zapatito roto, opaco, desclavado.

El patio de la escuela... Apenas tercer grado...
Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado.

Y allí contra una puerta, recostada, mirando,
me invadía el cansancio de ver
cómo corrían los otros por el patio.

Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado,
vencida y diminuta, mi corazón sangrando...

Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos...
Qué anticipo de angustia.
Todavía perdura doliéndome el pasado.
El patio de la escuela y aquel recreo largo...

Mi piececito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.

Un pájaro sin alas tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años.

MUJERES, de Arturo Pérez Reverte - 12/3/18

Acabo de mirar un viejo bloc de notas para confirmar que aquello sucedió en los Balcanes en septiembre de 1991.
El ejército serbio, que todavía era yugoslavo, intentaba aplastar la sublevación nacionalista croata.
Por delante, preparando el terreno, iban los irregulares chetniks, una milicia despiadada para la que el degüello de hombres y la violación de mujeres eran legítimas armas de guerra. 
Aquello dejaba un rastro de pueblos en llamas, casas destruidas, enjambres de moscas zumbando sobre cadáveres tirados por todas partes.
El paisaje de Croacia, como más tarde Bosnia, era idéntico al fondo de El triunfo de la muerte, de Brueghel.
Parecía el mismo lugar y la misma guerra.
En realidad, lo era.

Estábamos allí ganándonos el jornal: Márquez con su cámara
, Jadranka, nuestra intérprete croata, y el arriba firmante.
Aquel día la Armija yugoslava atacaba fuerte en Okučani, y allá nos fuimos temprano, para contarlo en el telediario.
Cuando llegamos el pueblo ardía, y mientras los hombres peleaban al otro lado, intentando contener a los tanques serbios, mujeres, niños y ancianos intentaban escapar por la carretera.
De vez en cuando caía un zambombazo de artillería que aceleraba la desbandada y el pánico.
Dejamos el coche a un lado y nos pusimos a trabajar.
Las imágenes no las describo porque esa misma noche salieron en el telediario.
De pie entre aquella locura, sereno como siempre, el ojo pegado al visor y un cigarrillo en la boca, Márquez lo grababa todo.
Después nos metimos en el pueblo en dirección a donde sonaban los tiros, para completar el curro.
De pronto dejamos de ver gente. Sólo calles desiertas, ruido de tiros y cristales rotos.
Territorio comanche.

Jadranka era alta, tranquila y muy valiente.
Le pagábamos una pasta por trabajar con nosotros, pero lo que hacía no podía pagarse con dinero.
Aquel otoño, en tres meses de combates y sobresaltos, vi su cabello, originalmente oscuro, encanecer por completo. Negro en Petrinja y gris en Vukovar.
En aquella campaña Jadranka nos sacó de muchos apuros; y nosotros a ella, de alguno.
La única vez que Márquez y yo renunciamos a una gran exclusiva fue a causa de Jadranka, para evitar que cayera en manos de los serbios. Pero no me arrepiento, ni Márquez tampoco.
De todas formas, ésa es otra historia.
Aquel día en Okučani estuvo estupenda, como siempre. Y fue ella quien nos señaló al pequeño grupo de gente que corría entre las casas en llamas: dos mujeres jóvenes con niños pequeños, un anciano que apenas podía caminar y una mujer también mayor, enlutada.

Márquez y yo les salimos al paso. Y se asustaron.
Dos tíos con casco y chaleco antibalas que aparecen de pronto entre la humareda y les apuntaban con una cámara, parecida a un arma, no era en absoluto tranquilizador.
Y entonces, de pronto, me di cuenta de que la anciana llevaba en las manos una escopeta de caza, y que al vernos se la echaba a la cara, a bocajarro, dispuesta a mandarnos al otro barrio sin más trámite.
Decidida y mortal.
Alcé las manos y grité «¡Novinar, novinar!» para que supiera que éramos periodistas, pero seguía apuntándonos con el dedo en el gatillo, y si no llega a interponerse Jadranka, largando en croata, la abuela nos limpia el forro.
Pocas veces estuve tan seguro de que nos iban a matar.

Después, mientras los ayudábamos a salir de allí, Jadranka nos fue traduciendo la historia.
Los hombres de la familia combatían en las afueras del pueblo; y el abuelo, descompuesto por la edad y el terror, no servía para nada.
Los chetniks violaban a las mujeres jóvenes, así que era la abuela la que cuidaba de sus nueras, su marido y sus nietos, llevando para protegerlos la vieja escopeta de caza de la familia.
Era una vieja bajita, regordeta, de casi setenta años, con un pañuelo en la cabeza y un hatillo donde llevaba unos mendrugos de pan, tres latas de sardinas y una docena de cartuchos de postas.
Miraba a Márquez con suspicacia y desafío mientras éste la filmaba, sin soltar el arma, con el dedo rozando el guardamonte.
Como si no acabara de fiarse del todo.

Y mientras yo la observaba caminar y volverse de vez en cuando a comprobar que sus nueras, nietos y marido la seguían, y veía a su lado a Jadranka, erguida pese a la fatiga, tiznada de humo y sucia de barro, con aquel pelo que ya agrisaban las primeras canas, pensé que los hombres miramos desde fuera a las mujeres.
Vivimos con ellas, las amamos, halagamos, toleramos y utilizamos.
Creemos conocerlas, pero en realidad no sabemos nada. Absolutamente nada.

Hasta que cualquier día, en Okučani o en donde sea, las forzamos a coger la escopeta y pelear.

Y entonces te hielan la sangre.

martes, 6 de marzo de 2018

INFILTRADOS E INFILTRADAS, de Arturo Pérez Reverte - 19/2/18

Se me acaba de caer otro mito, oigan. Uno más.
El asunto, esta vez, es que en mi acrisolada ingenuidad tenía la convicción de que infiltrar policías en bandas de atracadores, traficantes, terroristas y gente así, era un asunto que se llevaba en el más absoluto secreto. Estrictamente confidencial, vamos.
Lo pensaba no por haberlo visto en el cine, que también, sino por experiencia propia. En mis tiempos de reportero tuve ocasión de conocer a varios de esos serpicos. Recuerdo a uno que estuvo dentro de una peligrosa banda de atracadores, jugándose el pescuezo, hasta que los trincaron a todos en un atraco en el que él conducía el coche.
Y de otro que, en un final muy a la española, estuvo dentro de un comando de ETA hasta que lo llamó su jefe a las cuatro de la mañana para decirle: 
«Pírate de ahí ciscando leches, porque mañana sale tu nombre y tu foto en un reportaje de Interviú».

Creía, como digo, que eso de infiltrar maderos o picoletos entre los malos era una cosa delicada, que por razones obvias se llevaba a cabo con discreción extrema. Siempre supuse que un comisario, tras observar el comportamiento y condiciones humanas de uno de sus elementos o elementas –también conocí a una infiltrada que trabajó en Melilla y tenía más ovarios que el caballo de Espartero–, le echaba el ojo y lo preparaba para el asunto, o éste se presentaba voluntario porque le iba la adrenalina, la marcha o la pasta a cobrar. 
En cualquier caso, que todo se llevaba a cabo con la clandestina opacidad necesaria.
Sin embargo, me equivocaba. Errado andaba.
Porque esto es España, oigan. La del telediario.
El paraíso de los ministros de Interior bocazas y de los tontos del ciruelo.

¿Adivinan ustedes cómo se recluta en España a policías para infiltrarlos entre delincuentes y terroristas?
Pues sí, lo han adivinado: mediante convocatorias públicas que además salen en los periódicos.
«Interior selecciona a 40 policías para infiltrarlos en grupos criminales», titulaba sin complejos un diario hace un par de semanas.
A continuación exponía los criterios de selección –idiomas, pruebas psicotécnicas y psicológicas– y luego, eso es lo más bonito, detallaba en qué iba a consistir la tarea de quienes superasen tales pruebas: identidades falsas, negocios y empresas pantalla, vehículos con matrículas chungas y cosas así.
Y para rematar, señalaba objetivos concretos: tráfico de órganos, trata de seres humanos, secuestro, prostitución, narcotráfico, pederastia en Internet, terrorismo y otros palos. Todo un programa de infiltración, como ven. Bien desmenuzado, a fin de que no haya dudas.
Un alarde admirable de transparencia informativa, para que luego no vayan diciendo que en España no lo sometemos todo a la luz y el escrutinio públicos.
Aunque si uno rasca, siempre encuentra algún resabio fascista por ahí; como cuando, para completar tan necesaria información, uno de los diarios que publicaron la noticia preguntó a la Policía cuántos agentes encubiertos hay en activo –los ciudadanos y ciudadanas españoles y españolas tienen derecho y derecha a saber–, pero el portavoz policial, en un censurable acto de oscurantismo predemocrático franquista, se negó a dar esa información.
Por lo menos, ahora sabemos que habrá cuarenta más de los que hay. Algo es algo.

Dicho lo cual, no sé a qué esperan los políticos.
A qué aguardan los cancerberos de nuestra integridad moral para entablar un debate parlamentario sobre el asunto.
Para preguntar cómo y por qué, en flagrantes usos policiales del pasado, se infiltra pasma encubierta en grupos malevos; para pedir una lista de sus nombres y apellidos y comprobar si cumple el concepto de igualdad, con tantos infiltrados como infiltradas; para establecer hasta qué punto eso no atenta contra los derechos de los que, aunque nos pese, también deben gozar los delincuentes, a los que –buscando siempre su reinserción y nunca la venganza social, que es mala, Pascuala– debemos combatir cara a cara y a la luz del día, con limpias prácticas democráticas y no con tenebrosos subterfugios y engaños propios de otras épocas.
No sé a qué esperan, insisto, para tener allí largando al ministro Zoido, que con ese verbo ágil que tanto bien hace siempre a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado a los que dirige y representa, nos tranquilice al respecto, el artista.
Porque infiltrados, sí, vale. De acuerdo.
Pero con convocatoria oficial, luz y taquígrafos, y dentro de un orden.

Creo haberlo escrito ya alguna vez; pero, con su permiso, vuelvo a escribirlo ahora: en España llevamos mucho tiempo siendo gilipollas por encima de nuestras posibilidades.

domingo, 18 de febrero de 2018

TRABAJO NEGRO - CORRUPCIÓN BLANCA, de Juan Carlos Tealdi - 18/2/18

La primacía de los intereses sobre los valores éticos vacía a las normas de sentido.

El campo y la minería son temas que el actual gobierno ha puesto en el debate político y social desde el inicio, para beneficio de los empresarios y perjuicio de los trabajadores. Así lo ha hecho al quitarle las retenciones impositivas a los exportadores; asociarse a un dirigente cuyo sindicato protegía la reducción a servidumbre y el trabajo esclavo de los peones rurales; nombrar como ministro de Agricultura a quien era hasta entonces presidente de la Sociedad Rural y tenía acusaciones de estafa, evasión tributaria y conflicto de intereses; y en estos días despedir a casi quinientos trabajadores de la mina estatal de Río Turbio con una amenaza de cierre de la misma.

Todo eso en el contexto de un gobierno desbordante de manipulación y engaños que tiene a un empleador de trabajo en negro como ministro de Trabajo.

En simultáneo con esos movimientos, al presidente Macri y a varios de sus funcionarios y familiares les fueron descubiertas cuentas y empresas en paraísos de la inocencia previa a la tentación; y a otros tantos ministros y secretarios se les señalaron los intereses particulares que defendían sin conflicto alguno desde sus cargos en el Estado.
Para salvar sospechas y eludir castigos, el gobierno propuso una caritativa ley de blanqueo de capitales que fue modificada por decreto presidencial para permitir que el beneficio alcanzara a sus familiares.
La denuncia de esta transgresión despertó la ira soberana y movió a la persecución de quien se había atrevido a informar de los hechos.

Hay que señalar el hecho, sin embargo, de que el dinero de la corrupción blanca tiene su origen en la expoliación que impone el sistema económico, político y mediático - judicial del capitalismo en su versión neoliberal, y que acaso por el despliegue incesante de tropelías gubernamentales, esa inmaculada corrupción suele ser vista como un puñado de islas inconexas en el inabarcable archipiélago de males cuya extensión nunca se alcanza a divisar.
La tarea crítica, pese a todo, está obligada a abrir líneas de comunicación y sentido entre esas mónadas insulares.

La vida y el vivir humano

En la casona de aire familiar en la que ingresamos a mi madre cuando por su fragilidad se hizo necesario un cuidado permanente, convivían con ella seis mujeres mayores.
Cada vez que iba al pueblo me gustaba escuchar sus historias de vida y disfrutaba al compartir ese momento fugaz de sus vivencias.
Entre aquellos relatos hay uno entre otros que no olvido:
“Yo me crié en una estancia del campo y desde chiquita le ayudaba a mi mamá.
La quería tanto…
Iba con ella cuando le daba de comer a las gallinas y a los animales, limpiaba la casa, lavaba la ropa y la tendíamos en la soga al sol para secarse…
Planchaba y acomodábamos cada camisa y cada par de medias porque yo había aprendido a doblar las camisas y a envolver las medias como un bollo.
Y también me gustaba cuando hacía la comida y me iba hablando de la cocina.
A veces el patrón nos dejaba sentarnos a la mesa.
Me acuerdo que una vez me miró y se dio cuenta que lo estaba mirando, y me dijo:
¿Qué querés? ¿Tenés ganas de comer carne?
Y me pasó unos huesitos pelados de lo que ya había comido”.

Eran y son los campos más fértiles y ricos del país.
Esa también es parte de su historia.

Treinta años antes, en la provincia española de León, uno de los mineros de la empresa en la que trabajaba como médico, al contarme su historia personal de salud y enfermedad recordó:
“Yo empecé a trabajar en la mina desde que era chaval.
Fue después de la guerra y había hambre.
Me levantaba temprano, cuando todavía estaba oscuro, y salía caminando la montaña para la mina.
No había nada para comer.
Mi madre me acariciaba antes de salir y en el morral me ponía una cebolla.
Si había suerte sacábamos algunas raíces”.

El nudo de esas dos historias es el mismo: el amor, el trabajo y el hambre.
Y el desprecio como contracara.
Son tres pinceladas universales con las que esas personas contaron sus vidas.
Las tres nunca dejan de ir juntas y es por eso que desde el trabajo siempre llegamos al amor o el desprecio, a la saciedad o el hambre.

En el socavón de los mineros

La primera vez que ví el carbón fue cuando mi padre, maquinista del ferrocarril Mitre allá en el sur, me hizo conocer de niño a ese todopoderoso prodigio maravillante que era la máquina de vapor que conducía.
No ha habido otro artefacto que haya logrado nunca causarme tal conmoción.
Y en esa suerte de mochila siamesa que era su carbonera, descubrí a esas piedras brillosas y más negras que la noche paleadas hacia la boca de fuego de aquella criatura.
Esa fue mi escena originaria de carbón y trabajo.
Una escena propia, si se quiere, de la primera Revolución Industrial.

Muchos años después, ahora en España, en las minas leonesas de carbón, cuidando la salud de mil mineros que día a día entraban a las apretadas entrañas de aquellas galerías que cada año endurecían de fibrosis a los pulmones de cincuenta de ellos y con sus accidentes terminaban con la vida de otros dos, tuve entonces una nueva imagen del carbón y el trabajo.
 Y me dediqué entonces a investigar miles de casos de quienes habían sufrido aquellas enfermedades.
Recuerdo el de un minero del wólfram o tungsteno (metal para aleación de material bélico que en la Segunda Guerra alcanzó un muy alto precio) que en sólo diez meses de entrar a la mina sufrió una fibrosis pulmonar masiva que a sus 30 años lo dejó al borde de la muerte.
Recuerdo también al que empezó a trabajar a los 17 años y seis años después sufría el mismo destino.
Eran historias que se repetían en narrar el daño que algunos hombres les hacen a otros hombres.

Al volver a Argentina con esas experiencias, el estado nacional me encomendó un plan de salud para los trabajadores de la mina de Río Turbio. 
Allí fui para poder hacerlo, a conocer el pueblo, la mina y sus trabajadores y familias.
Un mundo inconmensurable para quienes no hayan compartido las vivencias de la comunidad minera.
Un mundo que ahora se ordena derribar como si fuera un castillo de naipes, una maqueta en la que no hay ni nunca ha habido una historia de vida y de vivir humanos, sino tan sólo una planilla de cálculos de malos empresarios y políticos.

Quienes aprendimos algo de la minería de carbón sabemos de muchas diferencias productivas: la calidad energética de distintos carbones, su porcentaje de cenizas, los sistemas de explotación en vetas estrechas y de altísima pendiente y profundidad como las españolas, o poco profundas y de frente muy alto de explotación con el uso más cómodo de grandes maquinarias como en Río Turbio, o la explotación a cielo abierto en China con su alto volumen de producción y sus costos de extracción sin competencia internacional.
Pero lo que nos mueve a discusión no son esos aspectos que hacen a la política económica del carbón, sino aquellos que hacen a la política social del mismo con ese impiadoso cuadro minimalista de despidos y hambre con que el gobierno ha elegido tratar el tema.

La corrupción como desprecio del vivir de los otros

Una política social se construye sobre el reconocimiento de la dignidad en la vida y el vivir de toda persona, la protección de su derecho a trazar un proyecto de vida, y la modificación de las realidades sociales que impiden que las personas realicen esos proyectos.
Pero la corrupción de un colectivo gubernamental es la degradación ético normativa de la vida en democracia.
En perspectiva kantiana puede afirmarse que su origen es la mercantilización de los sujetos autónomos por sus relaciones con uno u otro tipo de poder, a través de la conversión en precio de aquello que tenía dignidad.
Esta es la esencia de la corrupción: la destrucción de la dignidad de la libre voluntad allí donde se trazan los proyectos de vida, para convertir todo sujeto en cosa que puede ser utilizada como medio para satisfacer los intereses egoístas de personas con un determinado poder, sea éste el que se ejerce desde la fuerza de las corporaciones o desde el mismo Estado.

Por eso es que la corrupción de un individuo disociado de otros es distinta de la corrupción blanca, colectiva y sistematizada por el poder económico-político.
Hegel decía que “El Estado es la realidad de la idea ética” o el momento de la eticidad que trata del bien común para superar la dialéctica entre el amo que corrompe y el ciudadano esclavizado.
Pero, ¿qué ética puede quedar si la corrupción alcanza al mismo Estado?
Aunque la coalición gobernante ha logrado instalar mediáticamente el “se robaron todo” en relación al gobierno anterior, lo cierto es que la recreación hollywoodense del investigador federal que pega en la pared las fotos de la pirámide mafiosa del poder, llamando a ese entramado asociación ilícita por los jueces que cavan en búsqueda de la cueva de Alí Babá o el tesoro de Atreo, es de una película clase B que no logra reunir evidencias fácticas que vayan más allá de las corrupciones individuales.
Sin embargo, el dinero de las cuentas en el exterior, el blanqueo de capitales a familiares y el conflicto de intereses evidencian un modo colectivo de actuación propio de los empresarios que integran el gobierno.

Por eso es que la corrupción es la conducta que no respeta a los valores y las normas éticas que una comunidad se da para vivir en justicia y bienestar, y elude deliberadamente la posibilidad de someterse al juicio de terceros.

En ese sentido, la corrupción es uno de los modos de la actuación perversa generalizada que se caracteriza por la transgresión de las normas sociales, el daño a terceros para el beneficio propio y el encubrimiento con expectativa de impunidad para sus acciones.

En perspectiva moral, la sujeción a normas derivadas de valores éticos y la transparencia en la palabra y los actos son principios de las sociedades auténticamente democráticas en su diferencia con dictaduras, imperialismos y toda forma explícita o velada de manipulación y control social.
Son principios que aspiran a la justicia y la equidad, como contrarios a los supuestos que definen a la corrupción, porque nos sitúan responsablemente ante la visión, el juicio y la voluntad de los otros con quienes convivimos.
Pero si observamos a la actual Oficina Anticorrupción y sus actuaciones, comprobamos que lo que se evita desde ella es precisamente la responsabilidad sujeta a normas de los actos de gobierno.

Cuarenta años después de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la globalización neoliberal comenzó a pujar por minimizar el espacio normativo de los estados para imponer sobre ellos las reglas del comercio según el canon de las corporaciones.
En ese movimiento que continúa creciendo, la corrupción ha sido y es una herramienta para la destrucción del consenso ético - jurídico de los derechos humanos, y ha abierto paso a la primacía de los intereses sobre los valores éticos convirtiendo a las normas en meros procedimientos instrumentales para la eficacia en el funcionamiento del mercado.

En este escenario se multiplican las inequidades de todo tipo.

Es la concentración del capital que aumenta las grietas del desempleo, las desigualdades, la pobreza, el hambre y el desprecio del vivir humano, en una línea persistente y creciente de vasos comunicantes entre corrupción blanca y trabajo en negro.

DOS AÑOS Y AL POZO, de Horacio Verbitzky - 18/2/18

Sólo la deuda crece; los demás indicadores caen.

Al cumplirse la mitad del mandato presidencial de Maurizio Macrì todos los datos económicos señalan hacia abajo, con la solitaria excepción del endeudamiento externo e interno que no cesa de crecer.
El lunes 19 y el martes 20 pararán por 48 horas los bancarios, en rechazo al aumento del 9% sin cláusula gatillo propuesto por los paritarios patronales, que considerando la inflación proyectada por el Banco Central de 19,4% implica una pérdida de 63.000 pesos por año para cada uno de los 108.000 bancarios, casi 7.000 millones de pesos.
También los docentes bonaerenses rechazaron el ofrecimiento del 15% en tres cuotas, sin gatillo y con un bono por presentismo que propone redistribuir recursos dentro mismo de los docentes.
El miércoles 21 se movilizarán sobre la avenida 9 de julio las dos CTA, una fracción de la CGT encabezada por el triunviro Juan Carlos Schmid, el sindicato de camioneros de Hugo Moyano, la Corriente Federal en la que milita el bancario Sergio Palazzo y los movimientos sociales que ya se manifestaron en la Plaza de Mayo y en La Plata la semana anterior.
El gobierno está empleando sus mejores armas y sus peores artes para disgregar el frente gremial con la idea de presentar la cuestión como un problema de Moyano y mostrarlo aislado.
Aún así prevé una asistencia enorme y se consuela con que no tenga conducción política ni proyección estratégica.

Los indicadores negativos de la economía y sus consecuencias sociales explican por qué el gobierno nacional intenta desviar la atención hacia debates ficticios instalados por sus agentes de distracción, como un pueril reportaje al juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Raúl Zaffaroni, sobre el que intentan montar un escándalo internacional, o la hipótesis de aflojar todo control sobre el uso de la fuerza por parte de las diversas policías e implantar la pena de muerte.

La locuacidad de Zaffaroni suple para los fines del gobierno la discreción con que se está manejando la ex presidente CFK, lo que permitió que se manifestaran otras voces, que incomodan al gobierno porque levantan el velo publicitario y llevan la mirada hacia el callejón económico social sin salida en el que el gobierno se siente atrapado.
No es que esos temas carezcan de importancia, porque entre otras cosas definen la índole de la democracia realmente existente. 
Pero sirven a los propósitos oficiales como lubricante para la penetración del ajuste.

Esta operación no contó con los jueces de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal Rodolfo Pociello Argerich, Mariano González Palazzo y Marcelo Lucini que confirmaron la prisión preventiva del policía modelo de Macrì, aunque modificaron su calificación.
Su resolución es muy cauta pero no traspasa los límites de la legalidad sobre los que el presidente quisiera pasar con la misma ligereza con la que trasegaba autopartes y vehículos armados entre Uruguay y la Argentina, eludiendo algunos impuestos y cobrando ciertos reembolsos.

El propio Macrì tomó la palabra para comunicar algo tan ostensible como que no entiende a los jueces y algo tan esquemático y falaz como que los policías debían “defendernos a nosotros y no a los asesinos”.
También minimizó la proliferación de casos de corrupción que estallan cada semana en su entorno, pretendió que la Oficina Anticorrupción investigaría con independencia al Ejecutivo del que depende y desvanecería esas versiones falsas y se postuló a sí mismo como modelo de transparencia.
Nada menos.

La asociación de temas es sugestiva.
Mejor creer esas inverosímiles afirmaciones presidenciales, no sea cosa que acuda en su auxilio el hombre de Salta radicado en La Boca Luis Chocobar, como diría Osvaldo Principi, o por qué no los enmascarados de la inteligencia ilegal que por medio del secretario de gobierno de Vicente López, Enio Vittorini, consiguieron una orden judicial en Morón para levantar el secreto fiscal y bancario de la esposa de Hugo Moyano y de los dos hijos de la mujer.
En Vicente López gobierna el primo inteligente del presidente, Jorge Macrì.
Leyes como la de inteligencia, que prohíbe practicarla sobre los ciudadanos por razones políticas o gremiales en ausencia de un requerimiento judicial, no podían pretender más respeto que los principios generales del derecho, las convenciones internacionales de Derechos Humanos y la Constitución Nacional, avasallados en el caso Chocobar.
Lo mejor es permitir que el viento se lleve los globos y apreciar el panorama que dejan a la vista.

El balance de medio término

El lunes 19, el Centro CIFRA creado por Eduardo Basualdo en la CTA, difundirá un balance de la primera mitad del gobierno de Cambiemos según el cual se agravaron los desequilibrios macroeconómicos, se avanzó en la redistribución del ingreso en detrimento de los sectores populares (en especial, por la caída del salario real y el empleo) y se consumió una buena parte del desendeudamiento alcanzado en la década anterior.

Bajo estas circunstancias, la economía se torna más dependiente del ciclo de endeudamiento externo que puso en marcha el actual gobierno y mucho más vulnerable frente a las volatilidades internacionales en un escenario mundial complejo.

El equipo de investigación integrado por Mariano Barrera, Ana Laura Fernández, Mariana González y Pablo Manzanelli constata que tras la caída del Producto Interno Bruto en 2016 y el rebote en 2017, el nivel de actividad económica se ubicó en el mismo lugar que en 2015, pero con una tasa de desempleo superior (del 6,5% al 8,7%), una inflación más elevada (27,2% contra 26,5%, medida según el índice que CIFRA compila con información del INDEC y de las provincias) y salarios reales inferiores.
En diciembre de 2017 los salarios reales de los trabajadores del sector privado fueron 4,2% menores a los del mismo mes de 2015, en tanto que los del sector público cayeron 6,3% en el mismo período.

Al mismo tiempo, se acentuó considerablemente la brecha externa.
El déficit de cuenta corriente trepó a un máximo de 4,9% del PIB, superior al 2,8% del 2015 y a los registros del decenio de 1990.
Este drenaje de divisas fue inducido por la avalancha importadora y la fuga de capitales.
La combinación de apertura comercial y apreciación cambiaria elevó el déficit de comercio exterior a 8.472 millones de dólares, el más elevado en los últimos 40 años con la única excepción de 1994 (9.510 millones de dólares a valores actuales).
La fuga de capitales alcanzó a 19.410 millones de dólares, más del doble de 2015 y arañando los picos de 2008 y 2011, mientras la tasa de inversión cayó del 15,8% al 14,9% entre 2015 y 2017.
Este abultado déficit externo no se cubrió con inversiones extranjeras (que fueron escasas en cuanto al ingreso de divisas) sino por el abultado endeudamiento externo del sector público, que llegó al 24,4% del PIB en 2017.

Esto es apenas 8 puntos menos que en el momento de la catástrofe de 2001.

La falta de suficientes dólares genuinos, generados por la producción local, es el cuello de botella que desencadenó todas las crisis, desde 1952 en adelante.

CIFRA también señala que a pesar del ajuste en el gasto público el déficit fiscal creció, sea cual fuere la metodología utilizada para calcularlo.
Con la vigente hasta 2015 el déficit primario entre 2015 y 2017 se incrementó del 1,8% al 2,5% del PIB y el déficit financiero del 3,9% al 5,5%.
En 2017, el Ministerio de Hacienda adoptó una nueva metodología que no respeta las recomendaciones internacionales.
Aún así, entre 2015 y 2017 el déficit primario ascendió levemente del 3,8% al 3,9% del PIB, pero el déficit financiero se incrementó del 5,2% al 6,1% del PIB, debido al peso de los intereses de la deuda.
Esto muestra que el achicamiento en el gasto primario no sólo no compensa el incremento del pago de los intereses, sino tampoco la pérdida de ingresos generada por la reducción de impuestos (retenciones a las exportaciones, disminuciones en el impuesto a las ganancias y a los bienes personales) en un contexto de ingresos extraordinarios por el blanqueo de capitales.
“En suma, concluye el informe, no sólo no se resuelven sino que se agravaron los problemas heredados y las causas de ello guardan estrecha relación con la valorización financiera que puso en marcha el gobierno de Cambiemos.
La deuda externa y la fuga de capitales son variables intrínsecas a ella, y la vigencia de altas tasas de interés una condición del modelo de la que no se puede salir sin grandes sobresaltos.
Es una encerrona auto inducida y que le pone límites estrechos al gobierno en un escenario signado por la activación de los sectores populares, la cual alcanzó un punto muy alto en la oposición al ajuste previsional, que implicó un cambio del estado de ánimo post electoral.
El próximo round será la movilización sindical del miércoles 21 y las negociaciones paritarias que se expresarán en el marco de esa relación de fuerzas sociales y de las presiones gubernamentales a la dirigencia sindical.
Evidentemente, se trata de una batalla con varios frentes abiertos en un modelo que no cierra”.

Caída y rebote

El discurso oficial machacó con pocos conceptos, como el de la bomba a punto de estallar y la economía argentina que no creció en los cuatro años previos a la ola amarilla.
Es cierto que entre 2011 y 2015 la tasa anual de crecimiento fue de apenas el 0,4%. Pero aún así supera al 0,1% anual en los dos primeros años de administración macrista.
Esta economía prácticamente estancada entre 2011 y 2017, contrasta con las altas tasas de expansión del período anterior 2003-2011 (6% anual acumulativo).

La lluvia de inversiones

La inversión medida en precios constantes registró un crecimiento relevante en 2017, pero la tasa de inversión sobre el Producto Interno Bruto se mantuvo en el mismo nivel que 2016: por debajo del 15% del PIB en precios corrientes, cuando entre 2012 y 2015 se ubicaba en torno al 16%.
El componente que explica esta caída de la tasa de inversión es la construcción, que cayó del 9,7% al 8,7% del PIB entre 2015 y 2017. 
En cambio, la inversión en equipo durable se mantiene casi en el mismo nivel.
Si sólo se observa 2017, creció la inversión en construcción y cayó la de equipo durable.
La excepción fue la inversión en equipo de transporte importado (34,3% interanual), en donde la compra de trenes y vehículos automotores tiene un peso preponderante.

La destrucción de empleo

En 2015 el desempleo fue el más bajo de las última tres décadas: 6,5% de desocupación.
Ya con Macrì en 2016 trepó al 8,5% y a pesar de la reactivación del último año llegó al 8,7% en 2017, con 1,1 millones de desocupados en el total de grandes aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares, y 1,8 millones cuando se proyecta la cifra al total del país.
Lo mismo ocurrió con la tasa de subocupación, que en el promedio anual de 2016 y 2017 llegó al 10,6%, con 1,3 millones de personas subocupadas en los grandes aglomerados urbanos y 2,1 millones en el total del país.
Un dato significativo que señala CIFRA es que esto obedeció casi exclusivamente a una caída en el empleo.
La tasa de empleo en 2015 era equivalente al 53,9% y descendió al 52,6% en 2016 y 2017, regresando al nivel que tuvo en 2004, doce años antes.

Entre 2015 y 2017 se deberían haber creado unos 440.000 empleos sólo para mantener la tasa de ocupación y evitar su caída, dado el crecimiento demográfico y por ende de la población económicamente activa.
Sin embargo, la expansión de los datos al total nacional indica que entre 2015 y 2016 se destruyeron aproximadamente 220.000 empleos y que en 2017 se generó un número apenas menor a esa cifra.

No solo se reduce el empleo sino que también crece la proporción de asalariados no registrados: del 32,7% al 33,8% entre 2015 y 2017.
En el tercer trimestre de 2017 trepó al 34,4%, con creciente deterioro en el tipo de ocupaciones.
Otra nota en esta edición, de Victoria Basualdo, Julia Strada y Hernán Letcher, analiza la propuesta oficial ante este problema, que consiste en reducir contribuciones patronales, lo cual implica nuevas transferencias de ingresos de los trabajadores a las empresas.

El delito de Rivolión

Este panorama explica la preocupación gubernativa ante la resistencia social manifiesta en las calles y el sesgo represivo del que participan con entusiasmo sectores de la justicia y del Ministerio Público.
Con su oposición activa a los despidos, topes paritarios, eliminación de programas, las organizaciones gremiales, sociales y políticas han forzado al gobierno a ir más lento y a obtener resultados más pobres de los que se proponía.
Esto es en parte consecuencia del fracaso de los intentos previos por provocar un final caótico del gobierno anterior, como ocurrió con la dictadura, con el alfonsinismo y con la primera alianza y que obró como anestésico para las brutales transferencias de ingresos con el ajuste posterior.
El kirchnerismo resistió y las menciones oficiales a la pesada herencia no pasan de un recurso retórico cada día menos efectivo porque la comparación no favorece a Cambiemos.

De ahí el acento de los dispositivos de acción psicológica sobre otras cuestiones en las cuales el empobrecimiento y la desigualdad pueden ser utilizados como justificación de respuestas represivas, cual sucedáneo simbólico de las mejoras económicas prometidas y defraudadas a los sectores populares.
También nuevas formas de estigmatización del gobierno anterior y algunas de sus figuras más conocidas pero menos sutiles en sus manifestaciones políticas, como Bonafini, Moreno, D’Elía o Zaffaroni.

Los debates accesorios que promueve el gobierno.

Tanto el fiscal de primera instancia Carlos Rívolo como el de Cámara, Germán Moldes, solicitaron a la Cámara Federal que revocara la excarcelación de dos militantes de izquierda, Dimas Ponce y César Arakaki, detenidos durante las protestas del 18 de diciembre en los alrededores del Congreso.
Rívolo mantiene las formas de un requerimiento fiscal, Moldes se desborda en un torrente de adjetivos, propios de una diatriba política.
Pero ambos solicitan un cambio de calificación, de modo de aplicar a ambos manifestantes el artículo 226 del Código Penal, que tipifica la rebelión y reprime con prisión de cinco a quince años a “los que se alzaren en armas [es decir es un delito plural] para cambiar la Constitución, deponer alguno de los poderes públicos del gobierno nacional, arrancarle alguna medida o concesión o impedir, aunque sea temporariamente, el libre ejercicio de sus facultades”.

La doctrina sentada por la Corte Suprema de Justicia (Fallos 54:432) dice sin ambigüedad que el alzamiento en armas “supone una actividad grupal relativamente organizada que implique una irrupción violenta con uso de la fuerza, por ejemplo ocupación de lugares o edificios, apoderamiento de armas, actos de destrucción o disponiendo de armas aunque no lleguen a emplearse y debe tratarse de una actividad con idoneidad para oponerse a las fuerzas que gobiernan en hostilidad abierta”.

Es ostensible su inaplicabilidad a los hechos del 18 de diciembre, por violenta que haya sido la conducta de los imputados.
Por salvar este obstáculo, el fiscal Moldes no pudo disimular su enemistad de larga data con el derecho, tal como le había ocurrido a su colega Ricardo Sáenz en el caso Chocobar.
La Cámara del Crimen lo interrumpió ya que no había apelado el fallo de primera instancia y sólo estaba dando una opinión personal sobre el rol policial.
Moldes no tendrá la misma restricción ya que la sala que tratará el caso de Ponce y Arakaki es la segunda de la Cámara Federal, cuna de la pintoresca doctrina Irurzun por la cual ministros actuales o parientes de los más altos magistrados, como Aranguren, Etchevehere o el primo Angelo Testaferra, no tienen contactos ni poder para obstaculizar una investigación y un ex funcionario técnico como Carlos Zannini sí los tiene y por eso debe estar preso, aunque la máxima pena para el delito que le reprochan es de cumplimiento condicional.
Con esta tranquilidad, Rívolo afirmó sin aportar un solo dato para avalarlo que los manifestantes intentaron impedir la sesión del Congreso y Moldes llamó a los imputados “cuadros o tropa de una disciplinada y belicosa milicia dotada de estructura y organización semi-militarizada”. También atribuyó a esa “agresiva caterva”, el “auxilio y la participación orgánica de socorristas, profesionales, comunicadores y supuestas ‘organizaciones sociales’ prevenidas al efecto”, con lo cual abre el abanico acusatorio con la máxima amplitud, bien al estilo del amigo del amigo del amigo que aparecía en una agenda cuando quienes tiraban piedras eran Bullrich y Moldes.

La negociación de Pichetto

Cuando le preguntaron por qué no había asistido al encuentro de la unidad peronista realizado en la UMET, el jefe opoficialista Miguel Pichetto respondió que no lo habían invitado.
La misma respuesta dio Hugo Cachorro Godoy, caudillo nacional de ATE, ante una pregunta por su asistencia a la marcha del miércoles 21.
Varios gremios de la CTA, incluyendo ATE Capital que desplazó a la conducción de Godoy en la ciudad autónoma, le dedicaron un spot en el que militantes y dirigentes exhiben carteles y recitan o cantan “Yo te invito, Cachorro”.
Otro que se borró de la movilización del 21 es Víctor Santamaría, hostigado como Moyano por el gobierno que investiga las cuentas de su sindicato, de sus proveedores y de su familia.
Santamaría además edita el diario Página/12¸que la semana pasada ubicó en su tapa un reportaje al jefe de gabinete Marcos Braun Peña, quien repitió los tópicos de la PROpaganda oficial sin admitir repreguntas.

El fiscal general Raúl Plee se reunió con la Defensora General Stella Maris Martínez y en nombre de Pichetto le solicitó la renuncia.
Según el experto en lavado de dinero Plee, el líder opoficialista necesita el cargo en abril para negociar un paquete conjunto que incluya la Procuración General, vacante desde la forzada renuncia de Alejandra Gils Carbó, la Defensoría del Pueblo de la Nación, que está a cargo de un subsecretario interino desde 2009 y la Defensoría General que Martínez desempeña con seriedad desde 2006. Ante el reclamo de Plee, Martínez respondió que no renunciaría, que tal vez volviera a pensarlo a fin del año.
La gestión de Plee sugiere que se considera en la lista de candidatos a la Procuración.

Otras fuentes del gobierno dicen que el gobierno de las multinacionales nunca dejaría ese cargo en manos de un Pleebeyo y que el candidato saldrá de entre los amigos del Procurador del Tesoro Bernardo Saravia Frías, ex abogado del Grupo Macri e integrante del Colegio de Abogados de la City of Buenos Aires.

viernes, 16 de febrero de 2018

DE LILIANA BODOC

.No hay texto alternativo automático disponible.

DIOS o NATURALEZA, de Baruch Spinoza

Dios hubiera dicho:

"Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. 

Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría.
Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...
¡No me encontrarás en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?

Deja de tenerme tanto miedo.
Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo.
Yo soy puro amor.

Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar.
Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias... de libre albedrío
¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti?
¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice?
¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios puede hacer eso?

Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; ésas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.
Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. 
Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso.
Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera.
Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.

Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.
Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar 
¿Te gustó?... ¿Te divertiste?
¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...

Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar.
Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo.
¿Te sientes mirado, sobrecogido?... ¡Expresa tu alegría!
Esa es la forma de alabarme.

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.
Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
¿Para qué necesitas más milagros?
¿Para qué tantas explicaciones?
No me busques afuera, no me encontrarás.
Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti".

martes, 13 de febrero de 2018

REY, QUERIDO, EL INTI ESTÁ CONTIGO - 13/2/18

Tecnalia y Repsol como ariete de las multinacionales.

Tal vez el origen de todo esto haya que buscarlo en las celebraciones de julio de 2016, cuando Mauricio Macri le dijo al “querido rey Juan Carlos” que los patriotas “claramente deberían tener angustia de tomar la decisión de la independencia”.

Poco después, aquí y ahora, la angustia acabó. Los despidos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) parecen explicarlo.
El conflicto estalló cuando los trabajadores accedieron informalmente a la lista de 250 despidos, en el contexto de un megaplan de reforma, llave en mano, impulsado por la mayor corporación tecnológica española y entre las cinco europeas.
Hasta aquí se conocieron aspectos del plan con propuesta de fusión de centros de investigación, venta de bienes patrimoniales para generar ingresos y un modelo que piensa la relación del Instituto con la industria en términos de unidades de negocios.
Pero hasta ahora no se conocía qué es Tecnalia Corporación Tecnológica ni la escala de lo que significa dejar en sus manos nada menos que la elaboración del modelo de política productiva de país: desarrollo, innovación tecnológica y soberanía industrial.

Tecnalia Corporación Tecnológica no es sólo una consultora: es un gigantesco conglomerado de centros de innovación tecnológica conducidos por la industria. Con sede madre en el país vasco, está gobernada por un patronato de 44 integrantes, 75 por ciento de los cuales pertenece al sector privado. 
Entre los capitales hay multinacionales de energía y del sector financiero.
El presidente es de Petronor, filial de Repsol en la zona norte de España y el tercer lugar de la compañía está en cabeza de Kutxabank, un banco originado por la fusión de tres cajas vascas: BBK, Kutxa y Vital. Durante su existencia —cuyo origen data de 1955—, la corporación recogió denuncias de robo de patentes y en 2017, en espejo con Argentina, “con un plan de ajuste y despidos que incluyó un millón de euros en indemnizaciones en 2015″, la situación financiera en Tecnalia arrojó un saldo positivo después de años perdiendo dinero”, según publicó Gananzia.com.

El desembarco de Tecnalia en el INTI puede actualizar fantasmas del saqueo menemista pero en realidad se parece a la segunda parte de una serie recargada.
En el mundo de la innovación tecnológica, Tecnalia es vista como un emergente de una tendencia global muy opuesta al paradigma del desarrollo de las instituciones de los estados nacionales como el INTI. Se trata de la nueva manera en la que se mueven los Estados neoliberales en su relación con los centros de investigación y la industria.
Un mundo donde los gobiernos ponen representantes de las empresas privadas en los centros de investigación, gente con capacidad de lobby en temas muy delicados como energía, transporte y alimentos.
Los centros de investigación de la era Tecnalia pueden tomar a cargo nada menos que el diseño estratégico de las políticas productivas de un país (Argentina), pueden direccionar líneas de desarrollo en un modelo de mundo-maquila (soja y trasporte de soja) y por lo general buscan, además, líneas de subsidios y financiamientos millonarios aplicando a programas como en la Unión Europea.
Uno de sus principales saberes parece ser buscar subsidios por sobre todas las cosas. Saben vincular laboratorios con empresas, la industria española tiene un nivel de necesidades más alta que la argentina.

A diferencia del INTI que es una institución pública nacida para promover el desarrollo industrial argentino, Tecnalia nació como empresa. El INTI se creó en 1957. Tecnalia, en 1955 a partir de un centro de investigación llamado Labein Tecnalia creado “con una clara orientación empresarial”, según la web oficial.
A lo largo del tiempo, la compañía tuvo distintos momentos. Uno de los saltos de crecimiento importante ocurrió en 2010 con la creación del nombre Fundación Tecnalia Research & Innovation (TRI) a partir de la fusión de ocho centros de investigación: Labein Tecnalia, Robotiker, Fatronik, Cidemco, ESI (European Software Institute), Inasmet, Euve (European Virtual Engineering) y LEIA.
Hoy la Fundación Tecnalia Research & Innovation es además parte de la Corporación Tecnalia integrada por otros dos centros tecnológicos: Azti, Neiker.

En la presentación oficial, se describen como un centro tecnológico privado vasco creado para contribuir al desarrollo científico y tecnológico de las empresas y de la sociedad. Su estrategia de fusión ha sido aunar masa crítica para ser más competitiva en el mercado de la tecnología global, señalan. Y en la actualidad cuenta con 1.437 empleados e ingresos de 121 millones de euros anuales, es la primera entidad de España en retornos del FP7 y cuenta con un millón de euros de ingresos por licencias.
El gobierno del TRI está dirigido por un Patronato de 44 miembros: 33 (75%) representantes de entidades privadas (26 de empresas y 7 personas relevantes); 6 del Gobierno Vasco; 3 de las diputaciones; uno de la Administración del Estado y uno de la Universidad del País Vasco.

Aquí, algunos de esos perfiles:

1) Desde 2016, el presidente de Tecnalia es Emiliano López Atxurra, directivo de Petronor, la refinería más grande de España, cuestionada por numerosos hechos de contaminación. Petróleos del Norte S.A. fue constituida en Bilbao en 1968. Tras diferentes modificaciones de su composición accionarial, los socios que la componen en la actualidad son: Repsol (85,98%) y Bilbao Bizkaia Kutxa-BBK (14,02%). Los archivos de la web recuerdan cuando Petronor decidió patrocinar a los jugadores del Athletic Club de Bilbao.
“Desconozco si con renovadas energías (cambioclimáticas) bajo el mentón el mítico club de fútbol vasco meterá más goles, pero lo que es seguro es que en Muskiz, población de la comarca del Gran Bilbao, la institución deportiva va a perder unos cuantos aficionados. Esta localidad soporta desde hace muchos lustros las actividades de una refinería de petróleos de Petronor y en breve puede que se amplíe con una planta de producción de coque; los conspiradores tóxicos tienen la máquina a tope para que así sea”, escribió en su blog, el periodista Miguel Jara.

2) La vicepresidencia de Tecnalia está a cargo de un ejecutivo de Ingeteam, otra empresa con problemas.
En marzo del año pasado, trabajadores de la compañía ocuparon la sede de Bizkaia en protesta por la venta por tercera vez desde 2008 sin que ninguno de los compradores, dijeron, “haya sido capaz de encontrar el rumbo”.
Según relató el diario El Correo de Bizkaia, “como resultado de esta deriva, Ingeteam se encuentra en una delicada situación, lo que le llevó a iniciar un proceso de venta de alguna parte de sus empresas.
Operaciones que comenzaron con el traspaso de la empresa alavesa Ingeteam Power Plants a un grupo industrial chino”.

3) La secretaría de Tecnalia está en manos de Kutxabank: “El 1 de enero de 2012 inicia la actividad Kutxabank, un banco que surge del proceso de integración de las tres Cajas Vascas —BBK, Kutxa y Vital—, las tres únicas accionistas de la nueva entidad, a la que traspasan su negocio financiero.”

Un rápido paseo de noticias del mundo muestra otras dos situaciones complicadas. El 9 de octubre de 2015, quince ingenieros involucrados en el desarrollo de un coche eléctrico vasco denunciaron a Tecnalia por robo de patente. La edición del diario El Mundo de ese día señalaba que los “trabajadores afectados por el fracaso del proyecto de coche eléctrico vasco Hiriko, que se tragó unos 18 millones de euros en ayudas públicas de los Gobiernos central y autonómico, han denunciado que Tecnalia y AIC ‘copian’ la tecnología desarrollada en Hiriko al presentar una ‘motorrueda’ que guarda muchas similitudes tecnológicas con la ‘roborrueda'”.

El otro dato es una situación en espejo con Argentina. El sitio vasco de negocios Gananzia.com señaló que “ la situación financiera en Tecnalia parece haberse estabilizado en 2017.
Tras seis años perdiendo dinero, las cuentas de los últimos doce meses han arrojado un saldo positivo, según ha adelantado la corporación tecnológica.
Ajustes, despidos incluidos (en 2015 se gastó un millón de euros en indemnizaciones por ceses), y un incremento de la facturación están detrás de esta mejora de los resultados en los países vascos”.

Algo de esto es lo que se puso en escena en las últimas asambleas dentro del predio de Migueletes.
Julián Beviglia es experto en adhesivos del Centro especializado de Caucho, y desarrolla la patente de un adhesivo para la industria maderera, alternativo al formaldehido, prohibido por cancerígeno en la Unión Europea y Estados Unidos. Es uno de los despedidos.
En una asamblea resumió el modelo Tecnalia en dos líneas: “Los intereses de ellos chocan de lleno con las necesidades de nuestro pueblo que necesita un INTI abierto a la comunidad”, dijo. “Esto que están haciendo no es un descuido porque Tecnalia viene a hacer lobby por las empresas que importan estos equipos desde la Unión Europea.
Hacen lobby para que no hagamos esos equipos en el país, para que los compremos importados y para que desarrollemos aún más la primarización de la economía porque ellos solo quieren desarrollar la biotecnología para el campo y el transporte para sacar la soja del país”.

Tecnalia aparece en varios proyectos de la Unión Europea, a veces como un laboratorio de la red europea y a veces como coordinador de proyectos.
Quienes trabajan en esas redes, señalan que los programas de la Unión Europea vinculados a Ciencia y Técnica están cada vez más dirigidos a experiencias aplicadas.
Por esta razón, cada vez es más necesario armar consorcios de laboratorios y/o empresas.
En ese esquema, Tecnalia aparece como una gran consultora de tecnología asociada a empresas y laboratorios o en nombre propio en un mapa que la muestra con bastante penetración europea.

Enrique Martínez fue director del INTI entre 2002 y 2011. Dice que esta convocatoria es una locura que no ocurrió nunca teniendo en cuenta los 60 años de historia que generaron la creación del INTI, INTA y Conicet: “Desprenderse del Instituto de Tecnología es desprenderse de la política productiva”, dice.
Y señala entre los problemas del masterplan el que piensa la relación del INTI con la industria como unidad de negocios y evaluaciones en términos inmediatos y de corto plazo, cuando la investigación y desarrollo se hizo en todos los lugares con resultados tremendamente positivos pero que llevaron más de una década.
“Y es muy relevante advertir todo lo que implica esto para lo verdaderamente estructural: porque con este modelo lo periférico y lo pequeño latinoamericano queda afuera absolutamente de foco. Es decir, nosotros estábamos trabajando con organizaciones del Impenetrable chaqueño, del este salteño, del interior de Misiones, situaciones con la agricultura familiar, y con comunidades rurales del norte de Santa Fe, eso ni siquiera está escrito en el masterplan de Tecnalia. No se les ocurre que eso exista. Por eso, estoy absolutamente estupefacto. ¡Como se puede desarrollar un programa de cooperación con Tecnalia como si fuésemos un país desarrollado! Acá se trata de millones de personas que tienen que pensarse en términos más eficientes desde el punto de vista productivo. Y esa lógica de organización eficiente que resuelve todos los problemas acá no sirve. A Tecnalia lo podría contratar un condado alemán o alguno de Francia, pero no la Argentina. Acá no estamos hablando de optimizar variables de un sistema que ya existe, esto es un sistema que hay que crear”.
La certificación de productos y procesos que hace el INTI para empresas y artículos importados o exportables, es otro de los ejes que Martínez pone en foco.
Y con el desarrollo también hace hincapié en las líneas de investigación o innovación cuyas cabezas directrices van a estar en otra parte.

En tanto el miércoles 14 será un día clave en el Instituto.
La presidencia anunció que reabrirá las puertas.
Los trabajadores están decididos a continuar con el paro hasta tanto no se resuelvan los despidos.

FORMULARIO DE CONTACTO

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

BUSCAR EN ESTE BLOG

SEGUIDORES

Próspera tendrá su calibana Por Rocco Carbone

En 1969 Gillo Pontecorvo – director de La batalla de Argel – estrenó Queimada , con Marlon Brando en el papel de William Walker, un “ingl...