martes, 2 de octubre de 2018

LA MONTAÑA RUSA, de Horacio Verbitzky - 30/9/18

El reformateo del acuerdo stand-by con el Fondo Monetario Internacional procura asegurar al capital financiero internacional y sus socios locales que durante el mandato del presidente Maurizio Macrì la Argentina no declarará una nueva moratoria de su deuda externa ni le faltarán fondos para pagar los compromisos crecientes, que abultan el déficit fiscal que el gobierno se había comprometido a reducir y que en realidad aumentó. Macrì consiguió que se adelantaran para lo que queda de este año y el próximo desembolsos por 18.400 millones de dólares y se agregaran otros 7.100 millones al acuerdo inicial por 50.000.
El problema quedará para quien venga después, ya que para 2020 sólo restará un aporte del FMI por 6.000 millones y no hay la menor certeza de que para entonces los mercados voluntarios reabran sus puertas a la Argentina. 
Con el acuerdo anunciado por su Madame, el Fondo cumple con la obligación central de su rol realmente existente, que es proteger los intereses de los grandes inversores institucionales, tal como hizo en 2001 con el megacanje, el blindaje y los pagarés garantizados con la recaudación impositiva, que dieron tiempo y billetes para el eufemístico vuelo a la calidad, es decir la fuga del espacio nacional.
En cambio, el Estado Nacional incumple con su principal obligación, que es proteger la producción, el empleo, la salud, la educación, la cultura de los argentinos.

Macri al Fondo, Cristina al Poder


Como escribió antes de la firma de la enmienda el analista Kenneth Rapoza en la revista de negocios Forbes, “Macri puede ganarse el corazón y la mente de quienes trabajan para el FMI y tal vez de algunos pocos inversores que busquen garantías de corto plazo de que les pagarán, pero no del argentino promedio. Si la economía claudica, la Argentina enfrentará un fuerte giro a la izquierda.
Los tenedores de bonos están preocupados, como lo indica la caída del precio del bono a un siglo y el creciente riesgo de default, medido por los swaps contra el default”.
Como ninguna de las fracciones peronistas tiene simpatía por el FMI, dice, “no les preocuparán los tenedores de bonos en Nueva York, si tienen que elegir entre pagarles a ellos, a los empleados públicos o mantener las luces encendidas para la clase trabajadora”.
Uno de los gráficos que acompañan la nota se titula: “Tiempo de salir de la Argentina”.

En otro artículo, publicado el viernes 28, luego de una visita a Buenos Aires, Rapoza citó a Fernando Pertini, propietario de Millenia Investment Advisors. “Es difícil ser optimista en la Argentina en este momento. La nueva zona de no intervención del Banco Central es una invitación a los inversores más audaces a apostar en contra. Crecen las posibilidades de que Cristina vuelva al poder”.

Otro empresario, que maneja un fondo de inversión y tiene vínculos con el gobierno, describió tres escenarios posibles:
  • Macri sigue el mismo camino y termina como De la Rúa, con quien también simpatizaban los inversores internacionales. 
  • Trata de encarcelar a Cristina por el caso de los cuadernos, en cuyo caso habría una catarata de protestas por lo que muchos ven como una persecución política. 
  • Un probable ataque especulativo contra la nueva banda, lleva el dólar a más de 50, lo cual derivaría en una completa dolarización. 
Rapoza dice que el broker pidió reserva de su nombre por “razones de seguridad”, y concluye: “Un peso más débil puede ser buenísimo para negocios en dólares como la exportación, los bienes raíces y el turismo, pero la mayoría de los políticos, aún de centro, se opondrían, por la pérdida de soberanía. En el país de Perón, no y no”.

El artículo se titula “Si el FMI fracasa, gana Cristina Kirchner”, pero en el párrafo final ni siquiera habla del fracaso del Fondo. Bastaría con que “no fuera un éxito rotundo” para que Cristina entrara a la Casa Rosada en enero de 2020.

El escándalo de los cuadernos


La hipótesis de la detención de Cristina o de su proscripción electoral formó parte de la columna de Marcelo Bonelli en Clarín el viernes 21. El columnista escribió que la Casa Rosada trabaja en un proyecto de ley para “encapsular el escándalo de los cuadernos” e identificó a los encargados: el Procurador del Tesoro Bernardo Saravia Frías, el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis; el ministro de transporte Guillermo Dietrich y el asesor presidencial Fabián Rodríguez Simón.

Sostuvo que el cuarteto trabaja en la idea de que los involucrados pierdan sus derechos, a continuar al frente de sus compañías los empresarios, a postularse para cargos públicos los políticos. Pero agregó que Jaime Durán Barba y Marcos Peña Braun se oponen a cualquier restricción electoral a Cristina, porque piensan que su candidatura dividiría al peronismo.
Rodríguez Simón fue abogado de Clarín e incluso en 2013 publicó un opúsculo defendiendo la posición del multimedios en el debate por la aplicación de la ley audiovisual, como elemento de presión sobre la Corte Suprema. Sin embargo, no estuvo contento con la publicación de Bonelli. Una de sus principales aliadas dentro de Cambiemos, la cívica libertadora Elisa Carrió, insiste cada vez que puede que la ex Presidente debe ir presa. En noviembre de 2016, Carrió y Rodríguez Simón grabaron un video casero en Uruguay, dedicado irónicamente a Daniel Angelici, Ricardo Lorenzetti y los hermanos Alfredo y Ariel Lijo, “que lo miran por TV”.

Reproductor de video


Rodríguez Simón y Angelici son dos operadores judiciales de Macrì y la competencia entre ellos es abierta, sin excluir la promoción de causas penales recíprocas, por interpósitas personas.

Rodríguez Simón ideó la designación en comisión, por decreto presidencial, como jueces de la Corte Suprema de su íntimo amigo Carlos Fernando Rosenkrantz (de toda la vida, como hermanos, dice) y de Horacio Rosatti. Ahora volcó todas sus influencias para conseguir que a partir del lunes 1°, Rosenkrantz ocupe el lugar de Lorenzetti en la presidencia de la Corte Suprema.
Esto implica lidiar con las estructuras y las alianzas que el ex Presidente tejió durante sus 11 años en el cargo. Entre ellas, el Departamento de Interceptación y Captación de las Comunicaciones (Dicom).

El Poder Ejecutivo dispuso por decreto llevar la pinchadura de los teléfonos de la Procuración General, en tiempos de Alejandra Gils Carbó, a la Corte Suprema. La Corte designó como director al camarista federal Martín Irurzun, uno de los hombres de mayor confianza de Lorenzetti. La información dijo que había sido por sorteo, pero La Nación y Perfil tenían el nombre del titular desde antes del presunto ejercicio del azar, cuya realización no consta en el expediente del traspaso. Irurzun tiene otra función decisiva, como integrante de la sala de la Cámara Federal que actúa como alzada del doctor Glock en la causa del escaneo de los cuadernos. Bonadío procesó a Cristina en ese expediente, pero supeditó a la confirmación del procesamiento por la Cámara, la solicitud de desafuero al Senado, que le permitiría detenerla. Irurzun, además es el autor de una doctrina que quedará para su estudio en las facultades de derecho como ejemplo del extravío de la Justicia en estos tiempos. Según esa doctrina, ex funcionarios como Amado Boudou tendrían un “poder residual” (no sujeto a prueba en cada caso) que les permitiría obstaculizar la investigación si permanecieran en libertad, cosa que no se aplica a los arrepentidos.
La última semana, la Cámara dispuso la libertad del empresario Sergio Taselli, porque recién en 2016 se mudó al edificio en que la fotocopia de los cuadernos le atribuye haber entregado bolsos con dinero en 2013. Lo mismo había ocurrido con el empresario Jorge Rodríguez.

Esto pone en cuestión todo el andamiaje montado por los sargentos Centeno y Bacigalupo, el periodista Diego Cabot, el fiscal Stornelli y el juez Glock y ratifica que el juicio oral será para alquilar balcones.
Sólo Irurzun y Rodríguez Simón podrían contar cuál de estos temas formó parte de la animada conversación que sostuvieron durante la última semana, en el bar Biblos, de Libertad y Santa Fe. Rodríguez Simón admitió ante uno de los líderes del Frente para la Victoria que fue su compañero de estudios, que está trabajando para que los procesamientos de los constructores no frenen las obras por el régimen de Participación Público Privada, pero se ocupó de desmentir que albergara intenciones proscriptivas.


En esta historia sobran las paradojas.

Uno de los compromisos asumidos con el Fondo es la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, que desde la reelección de Cristina debe promover, “en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. En cambio, intentará regresar a la finalidad establecida durante el gobierno de Carlos Menem y Domingo Cavallo: “Preservar el valor de la moneda”. 
Es decir, aquello que Macrì no supo hacer en tres años de gobierno.
La probabilidad de que esta reforma sea aprobada por el Congreso es baja. Una cosa es que el gobierno sea indiferente al desarrollo y la equidad, otra que lo consigne en las leyes. En teoría, de este modo el Banco Central volvería a ser independiente, un mito del que el prohombre del endeudamiento previo a Cambiemos, Daniel Marx, aconsejó olvidarse en situaciones apuradas como la actual.
La independencia es sólo un escudo contra el populismo. 

El proyecto de ley de presupuesto que el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne defendió en la Cámara de Diputados el 20 de septiembre contempla para 2019 un valor promedio del dólar de 40,10 pesos, que al concluir la gestión de Macrì llegaría a 42. Pero 42 es el número del cierre del viernes 28. El acuerdo firmado en Washington apenas cinco días después del anuncio de Dujovne prevé una banda de flotación de 34 hasta 44 pesos, con ajustes mensuales de 3%, lo que daría 48 pesos a diciembre, no de 2019 sino de 2018.

Para complicar más aún las cosas, el nuevo presidente del Banco Central, Guido Sandleris, designado a sugerencia del FMI, dijo a un grupo de sorprendidos banqueros que el gobierno no tenía ningún compromiso de impedir que el dólar pasara la raya de los 44.

No sólo no tiene compromiso, también carece de los instrumentos para hacerlo si se lo propusiera, ya que el Fondo sólo lo autorizó a vender 150 millones de dólares de las reservas por día, una suma irrisoria frente a los grandes operadores del mercado. Sus predecesores apostaron de a 500 millones por día, que no les bastaron para frenar las corridas. Tanto el inverosímil límite inferior de 34 pesos como la autorización de los 150 millones es pura cosmética para disimular que el FMI pretende que el precio lo fijen la oferta y la demanda, cualesquiera sean las consecuencias sobre la economía real, es decir los seres humanos.

La tasa del 3% mensual por la que se ajustará la banda superior (la inferior es un chiste que ni hace reír) da 42 y monedas anual, es decir la inflación reconocida por el gobierno para 2018, indicio contundente de que no hay perspectivas de un nuevo atraso cambiario como el que se corrigió a los empujones a partir de abril.
Los últimos datos del INDEC, que por contraste con la vandalización previa puede manipular las cifras sin graves consecuencias, miden a qué distancia está el gobierno de su meta publicitaria de Pobreza Cero.

¿Qué haría pensar que cumplirá con las de Déficit Cero o Emisión Monetaria Cero?
Y el propio Macrì admitió que lo peor está por venir, que esos porcentajes seguirán creciendo en lo que falta del año y los comienzos del próximo.
En la era de la información es imposible eludir el cotejo de las jactancias de hoy con los resultados de mañana. Macrì ya sabe que dentro de quince meses, la pobreza y la indigencia serán más elevadas que cuando el Presidente Pinedo le entregó el bastón que simboliza su autoridad.
Esa es la unidad de medida por la que pidió ser juzgado al dejar el gobierno.

En estos días tuvo un anticipo sonoro de ese veredicto cuando, de regreso de Nueva York, abordó un helicóptero oficial para buscar a su hija en el colegio. Algo similar le ocurrió a María Eugenia Vidal durante una visita a Quilmes, un distrito gobernado por PRO, del que huyó en su auto sin responder la interpelación de los vecinos.

La sustentabilidad financiera es dudosa pese al respaldo del Fondo, cuyo timbre es el único que el gobierno puede apretar sin encontrarse con indiferencia u hostilidad.
Con la sustentabilidad social no hay dudas.

Paros y piquetes, la alegría de Macri.

El repudio se ha generalizado, la comida pasó a ser el problema principal para cada vez más gente y la movilización en las calles es constante.

El gobierno se consuela proyectando al conjunto de la sociedad la evaluación de su núcleo duro: cuanto más paros y piquetes hagan, mejor para Macri porque la gente está harta, como escribió Luis En qué te han convertido Majul.

Para alegría de ambos, habrá muchas buenas noticias de ese tipo de aquí a fin de año: actos por el 8 y el 17 de octubre, fechas sagradas de la peronidad; concentraciones feministas; una procesión multisectorial a Luján en cuya organización trabajan Julián Domínguez, el más discreto de los operadores papales, y el Frente Sindical por el Movimiento Nacional que integran las dos CTA; sindicatos afiliados a la CGT (de la Corriente Federal), grandes gremios como SMATA, ATE, CTERA y Camioneros, los movimientos sociales y de la economía popular y numerosas agrupaciones políticas; una concentración frente al Congreso cuando la Cámara de Diputados discuta el presupuesto, acaso un nuevo paro general, más todo lo que un diciembre caliente pueda traer.

Cambia el personal gubernativo, pero se mantiene la misma chapucería. En diciembre de 2017 el presupuesto que contemplaba para este año una inflación del 10% se votó el 27 de diciembre bien entrada la noche; el 28 por la mañana, el jefe de gabinete anunció en conferencia de prensa (el Día de los Inocentes, nada menos) que esa estimación crecía hasta el 15%, es decir tres veces menos de lo que hoy prevé el mismo gobierno.

Al asumir, la propaganda oficial difundió una foto de Macrì y la vicepresidente Gabriela Michetti con los jefes de bloques y los ministros de lo que Macrì llamaba el mejor equipo en 50 años.
De los 24 retratados sonrientes, 14 se perdieron entre la vegetación, sólo quedan 10.

El dólar no se quedará quieto, y es una fantasía que para reducir la inflación bastará con el control de los agregados monetarios (una teoría ortodoxa que ha caído en desuso en el mundo).

El fenómeno que llegó para quedarse es la estanflación, que combina la caída del producto con el incremento de precios, lo peor de cada mundo. Y la clave, como el primer día, es que la Argentina no genera dólares genuinos con sus exportaciones, ni siquiera con la fortísima devaluación, y la opción de obtenerlos por vía del endeudamiento está agotada.
Mientras todos los rubros presupuestados disminuyen (salvo la asistencia urgente a la base de la pirámide social en riesgo de inanición) el pago de intereses de la deuda crece casi 50%, supera el gasto combinado de salud y educación, mientras el total de la deuda pública ya ronda el 90% del Producto Interno Bruto. Sobre los recortes en las Universidades y las Fuerzas Armadas podés leer en esta edición los trabajos de Jorge Aliaga y Sergio Eissa.

La primera vez que comparé el pago de intereses con la inversión en salud y educación, el sitio oficialista Chequeado, dirigido por la pareja del intendente macrista de Pilar, Nicolás Ducoté, dijo que era verdadero pero que lo mismo había ocurrido en cuatro de los doce años del ciclo kirchnerista.

La diferencia, que omitió, fue que aquellos gobiernos pagaron deuda contraída por las administraciones neoliberales previas y dejaron la relación deuda/ producto más baja de la historia argentina, mientras el actual aprovechó esa situación privilegiada para endeudar el país en magnitudes escalofriantes, que recibirá quien lo suceda.
Los ingresos de ese sitio provienen de grandes bancos (Galicia, Hipotecario, HSBC y Supervielle), empresas transnacionales (Coca Cola, Barrick, Chandon, Danone, DirecTV, Google, Gas Natural, LATAM, Metrogas, Pan American Energy, Nidera, Petrobras, Quilmes, Shell, Syngenta), el mayor ingenio del país (Ledesma) y los grupos económicos encuadernados Techint, Mindlin y Roggio.

DDHH vs FMI

Este avance sobre derechos sociales para economizar monedas que se destinan al pago de deudas gigantescas, fue el tema sobre el que debió responder el jueves y el viernes el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, ante el Comité de las Naciones Unidas sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC).
El diálogo se produjo durante la evaluación que realiza el Comité sobre el cumplimiento de la Argentina con el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que tiene rango constitucional.

El CELS, en conjunto con 55 organizaciones, había enviado al Comité seis informes temáticos que dan cuenta del deterioro de las condiciones sociales y laborales y su impacto en los derechos.
El Comité señaló que las decisiones de política económica y financiera no pueden desconocer las obligaciones internacionales del Estado en materia de protección de esos derechos. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional debería haber tenido en cuenta esos compromisos y, en ningún caso, las medidas que se deriven de ese pacto pueden implicar el recorte de políticas que garantizan derechos sociales.

Los miembros del Comité se refirieron específicamente a los recortes en los programas de seguridad social - como la baja de las pensiones por discapacidad - el desempleo - en particular el de las mujeres jóvenes -, la degradación del Ministerio de Trabajo y la persecución a la actividad sindical. También llamaron la atención sobre la represión de las protestas y los desalojos violentos.

En materia de salud, consideraron una oportunidad perdida que el Senado mantuviera la clandestinidad del aborto y preguntaron al Estado por la barreras formales e informales para acceder a los abortos no punibles desde 1921, la objeción de conciencia y el acceso a medicinas esenciales. También se expresaron preocupados por la falta de aplicación de la Ley de Salud Mental y de alternativas a la manicomialización.
En materia económica, el Comité especificó que, además de los programas de protección social dirigidos a la población más vulnerable, el Estado debe garantizar los derechos de la población de ingresos medios.

También mencionó con inquietud la concentración de la propiedad de los medios de comunicación, luego de la modificación por decreto de la ley audiovisual.
El Estado respondió sin precisiones, con frases hechas como “en este gobierno pensamos en positivo” e intentó justificar el ajuste y el acuerdo con el FMI como la manera “más barata de corregir el déficit”.

Las observaciones finales del Comité se publicarán en las primeras semanas de octubre.

Una estrella fugaz que deja estela.

El paso de Luis Caputo por el Banco Central fue fugaz, pero sus consecuencias no se extinguirán por mucho tiempo. Durante esos tres meses la economía argentina padeció en la montaña rusa de la timba financiera, con vertiginosas caídas y penosos ascensos, sólo para volver a precipitarse. El país perdió 15.000 millones de dólares de sus reservas, que fueron utilizados para la formación de activos en el exterior, y la tasa de interés trepó hasta un impresionante 60%, aniquilador del crédito para la producción.

Sin embargo, el peso se devaluó casi 70%.
La simultaneidad de los tres fenómenos es la prueba de la mala praxis.
Ante una corrida es posible apelar a la tasa de interés para que la disponibilidad de pesos no alimente la pira cambiaria, o a las reservas, para poner en caja a los operadores privados (como hizo Domingo Cavallo en las vísperas del plan de convertibilidad o Néstor Kirchner después del alzamiento de la Sociedad Rural de 2008). Caputo hizo las dos cosas y no logró el objetivo. Lo mismo le había ocurrido a su antecesor Federico Sturzenegger.
Desde el punto de vista de la responsabilidad (que puede tener una dimensión penal, porque en el ínterin acrecentó su fortuna personal, entrando y saliendo en el momento indicado del subibaja dólar/tasa), Caputo puede decir que el Fondo Monetario Internacional le ató las manos porque no le permitió utilizar todas las reservas que quería para domar la divisa. Pero él fue quien recomendó al presidente Maurizio Macrì recurrir al FMI, luego de que sus contactos en las mesas de dinero de Nueva York le hicieran saber en el remoto mes de febrero de este año que los mercados voluntarios de crédito se habían cerrado para la Argentina de Cambiemos, porque no estaba asegurado el repago de la deuda demencial que el gobierno tomó desde diciembre de 2015.

También pesan en su cuenta los 103 segundos en Facebook en los que Macrì anunció que había acordado con el FMI la ampliación del acuerdo de stand-by, lo que motivó una respuesta furibunda de la Madame del Fondo, quien puntualizó que la negociación aún no había comenzado y que luego de la recomendación del equipo técnico aún faltaría su consideración por el directorio.

Y como no hay dos sin tres, de Caputo fue también la idea de anticipar que el FMI agregaría otros 20.000 millones de dólares a los 50.000 iniciales (de los cuales sólo adelantó 15.000, porque en este toma y daca el prestamista se comporta como un secuestrador).
Ante ese anuncio el dólar volvió a rondar los 38 pesos.
Pero cuando el anuncio oficial consignó que apenas se agregarían 7.100 millones a la suma teórica inicial, saltó hasta los 42.

Es lo que la flamante incorporación como asesor del gobierno, Guillermo Calvo, denomina minicorridas, que deterioran la credibilidad del Banco Central. La aún no anunciada presencia de Calvo en el gobierno, apenas dos semanas después de comentar con interés la propuesta del asesor económico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Larry Kudlow, de dolarizar la economía argenta, es un indicio a tener en cuenta sobre las dudas que el propio gobierno alberga sobre las medidas anunciadas en Washington y en Buenos Aires. Dudas comprensibles, porque la sucesión de pronósticos fallidos es descorazonadora, por más que en público el Presidente reitere sus consignas de autoayuda, con un optimismo bobalicón que cada vez más se le vuelve en contra.

Más allá del rol de cada funcionario, asoma la responsabilidad del Presidente que los designó y los sostuvo mientras pudo. Es difícil encontrar perfiles más opuestos que los del académico Sturzenegger y el especulador en mesas de dinero Caputo.

Esta disparidad es otro indicador de las inconsistencias del equipo oficial. Luego del costoso interregno Caputo, es el turno de otro académico al frente del Banco Central, Guido Sandleris, quien llega con los sellos de calidad del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, de quien era asesor, y del FMI, ante el que fue uno de los negociadores argentinos.

Esto implica reacomodamientos internos, que no parecen haber terminado. Las placas tectónicas se pusieron en movimiento el primer fin de semana de septiembre, cuando la acción coordinada de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta estuvo a punto de arrojar a la nada a Dujovne, en cuyo reemplazo anotaban a Carlos Melconián. El triste final de Caputo y el fortalecimiento de Dujovne es el primer remezón, pero es difícil creer que sea el último, porque el gobierno es un magma ardiente que dista de enfriarse. Peña Braun, que en diciembre maniató a Sturzenegger al modificar las pautas recién anunciadas, ahora debe convivir con Dujovne.

El joven maravilla del macrismo ha debido curtirse.
La realidad se lleva mal con sus anuncios, y la reducción drástica del gabinete sucedió pocos días después de que asegurara que no había ningún fracaso económico ni se analizaba un cambio en el elenco ministerial. 

La sombra bonaerense.

De hecho, la ofensiva de Vidal y Rodríguez Larreta no sólo expresó la preocupación de ambos por la situación económica, ya que desde el territorio perciben sus tremendos efectos, sino también la impresión cada día más firme de que Macri no tiene futuro electoral y que la única chance de eludir el agotamiento del proyecto común reside en el lanzamiento de la candidatura de la gobernadora bonaerense a la presidencia.

El problema de esa combinación es que no tendrían un buen candidato en la provincia, un handicap decisivo.
Salvo que ella quedara allí y el alcalde porteño fuera por el premio mayor, algo más difícil, dado que no es muy conocido fuera de la Capital.

Esto a su vez resuena dentro del gobierno, donde Emilio Monzó y el nieto de Rogelio Frigerio postulan el acercamiento con sectores del Peornismo racional, que podrían acompañar la movida bonaerense.


Si Macri dejara el cargo antes de tiempo, Monzó podría ocuparlo por su lugar en la línea de sucesión presidencial, de modo de organizar las próximas elecciones y robustecer el acercamiento con el opoficialismo peronista.

En público, todos siguen repitiendo que no hay otro candidato que Macri, quien no tuvo empacho en anunciar su postulación en inglés desde Nueva York, donde impetró piedad al sistema financiero global.

Frigerio llegó a decir sin enrojecer que el Presidente era un piloto de tormentas y, junto con Monzó, trata de colectar los votos para que el Presupuesto 2019 sea aprobado por el Congreso.
Hace unas semanas, creían estar holgados. Ahora piensan que tienen los votos muy justos y están dispuestos a reescribir varios artículos, siempre que no pongan en peligro el acuerdo con el FMI, lo cual es improbable, dado que tanto la oposición política como el board del Fondo, se juegan los respectivos futuros en algo que se parece a un juego de suma cero, donde lo que uno gana el otro lo pierde.

Macri intenta simular que todo está muy bien, dice que no piensa abandonar y realiza actividades de campaña, como la visita a la pizzería de dos empleados de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, que fingen sorpresa. Cuando los neopizzeros recibieron críticas en las redes sociales, Macri escribió que la solución es que la sociedad aísle a esas personas envilecidas, una terminología que la ex embajadora en Londres, Alicia Castro, identificó como parte de la biblia del nazismo, el libro Mi Lucha, de Hitler.

Con una foto, de Miguel Pichetto, Sergio Massa, Juan Schiareti y Juan Urtubey, el PAK se presentó en sociedad del jueves 27, con un mensaje directo: ni Macri, que es un fracaso, ni Cristina, que es el pasado.

Decirlo es fácil. Lo que queda por verse es cómo los afecta la discusión legislativa del presupuesto. Si cumplen sus compromisos con el gobierno, sus chances electorales se reducen. Las relaciones entre ellos tampoco son las mejores, como lo indica el video en el que Urtubey califica a Massa.

Especialista en defaults.

Con Guido Sandleris regresa el radicalismo al Banco Central.

El nuevo gerente general que lleva consigo, Nicolás Gadano, era uno de los hombres de mayor confianza de Federico Sturzenegger, quien lo protegió pese a la inquina personal de Macri, originada durante su gestión en el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, cuando Gadano se opuso a refinanciar deudas de empresas de la familia presidencial.
La filiación keynesiana de Sandleris no le servirá de mucho en una gestión que comienza bajo el signo de la ortodoxia monetaria más estricta.

Guido Sandleris, en su primera conferencia de prensa.

Formado en la cátedra de Roberto Frenkel, Sandleris fue jefe de asesores de la Secretaría de Finanzas del ministerio de Economía durante la gestión de José Luis Machinea, al comenzar el gobierno de la Primera Alianza, que culminó dos años después con el mayor default soberano de la historia. Pasó en forma fugaz por el gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal, hasta que recaló junto a su amigo Dujovne en Hacienda. En la Academia, Sandleris se especializó en el estudio de los defaults soberanos.

“¿Por qué tanto afán por evitar el default? ¿Cuáles son sus costos para un gobierno soberano?”, se preguntó en uno de esos papers, titulado “Los costos de los defaults soberanos”.
La curiosidad de Sandleris no se dirigió a las razones por las que los gobiernos incurren en default, sino todo lo contrario: ¿Por qué les repagan a los acreedores externos, si los gobiernos nacionales no quiebran y los acreedores no tienen derecho a embargar activos como una Embajada o las reservas del Banco Central? 

En busca de la respuesta repasó las principales hipótesis de la literatura académica:

  • exclusión de los mercados de crédito
  • peores condiciones de acceso al mercado en el futuro
  • sanciones comerciales o de otro tipo
  • expectativas adversas acerca del tipo de gobierno o la situación económica
  • incapacidad de discriminar (los mismos bonos tienen tenedores domésticos y extranjeros), con lo cual “un default afecta a agentes domésticos que sí entran en función de bienestar del gobierno.
La evidencia empírica que Sandleris revisó acerca de cada hipótesis, indicó que los gobiernos que defaultean vuelven a acceder a los mercados de crédito internacionales apenas cuatro años después; en cerca de 400 eventos de default soberanos de las últimas décadas, no hubo un solo caso de represalias comerciales y si el volumen del comercio internacional después del default decayó, esto le parece atribuible a las expectativas adversas sobre el gobierno. Aunque tampoco encontró estudios empíricos que analicen sistemáticamente los costos de defaults asociados con la incapacidad de discriminar entre tenedores domésticos y externos, escribió que “la evidencia anecdótica (Argentina 2001 por ejemplo) indica que estos parecen ser altos. Esto sucede especialmente cuando los tenedores domésticos de los bonos públicos son bancos, ya que, en ese caso, un default soberano puede desencadenar una crisis bancaria”. 

A propósito, cuando se reveló que Dujovne tenía el grueso de su patrimonio en el exterior (cosa que también ocurre con la mitad de los activos de Sandleris), el ministro explicó que el 80% estaba “invertido en activos argentinos, como bonos de la Nación, de provincias y de empresas”. Claramente esta no fue una preocupación del anterior gobierno durante las tensas negociaciones posteriores al default de 2001.

Pero Sandleris también afirma que “los costos de un default soberano en más de una ocasión han hecho caer gobiernos”, razón por la cual “no es infrecuente observar que los gobiernos hacen default demasiado tarde”, lo cual lo vuelve “mucho más costoso”.

El análisis de costos y beneficios para la sociedad puede llevar a que sea conveniente el default. Sin embargo, el gobierno sabe que en tal caso deberá abandonar el poder. “Si mantenerse en el poder es un componente importante de su función objetiva, el gobierno intentará postergar el default apostando a la llegada de un shock positivo que lo salve (betting for resurrection, apostando por la resurrección) aún cuando sea conveniente no postergarlo para la sociedad. Al postergar el default y ante dificultades para renovar la deuda que va venciendo, el gobierno presionará a agentes domésticos (bancos) para que compren deuda pública. Finalmente, cuando el shock positivo no ocurre el costo de hacer default se ha vuelto mucho mayor, pero el default ya es inevitable”.

Es recomendable tener a mano estas definiciones y cotejarlas con los hechos que se sucederán de ahora en más.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

PAÍS DE ENEMIGOS, de Graciana Peñafort - 23/9/18

Para Bonadío, Cristina es la primera jefa ad honorem de una asociación ilícita

Una de las partes más tristes de perder a alguien que querés y con quien conviviste, es ese momento espantoso en el cual no tenés mas opción que reacomodar y deshacerte de las cosas que dejó ese otro tan querido como ausente.
Nunca estás más solo que en ese momento en que sos el único que toma decisiones en un espacio que supo ser común. Y que ya no lo es.
Cuando abrís un cajón para vaciarlo y todo tiene un olor que reconoces como cotidiano y que sabes va a desaparecer con el correr de los días. 
Doblar la ropa de otro que ya no va a usar. Seleccionar qué conservar y qué no, entre papeles y objetos que aun guardan el rastro de esas otras manos.
El dolor infinito de desarmar lo cotidiano.

Recuerdo la última vez que me separé.
Recuerdo con especial dolor el momento en que tuve que sacar de la mesa de luz los libros de él, que habían quedado ahí. Fue lo último que hice. Pasé meses sin poder tocar esa mesa de luz ni los libros que ahí estaban. Dormía de espaldas a esa mesa de luz hasta que pude hacerlo.
Y cuando conseguí juntar fuerzas, valor y resignación y sacar esos libros, lloré desconsoladamente durante horas. Y yo era afortunada. Solo era una separación.
Sabía - y sé - que sólo se trataba de un desarmar un mundo de dos que se había acabado.
Pero que en el mundo aun estábamos los dos, intentando volver a ser felices. Cada uno por su lado.
Me consoló saber que estábamos vivos. Que ese final, por doloroso que fuese, era también un principio.
Cuánto más terrible y triste de modo irremediable si hubiese tenido que hacer todo esto en el contexto de una muerte.

Yo no sé si CFK es una sentimental. Pero el fin de semana pasado me acordé del dolor de sacar los libros de la mesa de luz, cuando ella mostró lo que Bonadío había hecho en su casa de Calafate. Porque recordé que en esa casa es donde Néstor murió. Deseo fuertemente que CFK no haya tenido las memorias de su cotidianeidad con Néstor ahí, a merced de Bonadío. O que no le tenga apego a ese tipo de cosas. Que lo que hizo ese juez, por el modo en que lo hizo, sólo haya sido un ultraje a la propiedad y no a la memoria.

Esta semana como pocas quedaron de manifiesto las múltiples facetas del Poder Judicial. En Mendoza se dictó sentencia por los delitos de lesa humanidad cometidos contra 86 víctimas de la última dictadura militar. Fue el Tribunal Oral Federal Nº 1. Mientras tanto, la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza tuvo una efímera secretaria, cuya designación fue tan dura y públicamente cuestionada en virtud de carecer de los antecedentes y la experiencia mínimos para ser designada en ese cargo, que finalmente renunció a su sorprendente promoción.

Más lejos de las montañas azules con las que crecí y que extraño, la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Py está a punto de recibir a su más flamante miembro. Tampoco concursó para ocupar ese lugar, sino que fue trasladado por el Consejo de la Magistratura. Que en estos días parece más una agencia de turismo interno de jueces que el órgano que constitucionalmente tiene a su cargo seleccionar mediante concursos públicos postulantes a las magistraturas. Y no es que los concursos sean una maravilla, a decir verdad, pero parecen un poquito menos caprichosos que estos traslados a dedo, sin mayores justificativos que la voluntad política de colonizar instancias judiciales.

El flamante miembro de la Cámara de Apelaciones de Comodoro Py será uno de los jueces que deberá resolver las apelaciones que como catarata cayeron sobre la resolución del doctor Claudio Bonadío, que ordenó los procesamientos de muchos en la causa de la fotocopias del cuaderno de Centeno, el chófer con aspiraciones literarias.

Las 551 páginas de la resolución de Bonadío son claro ejemplo de dos cosas: de lo mal que funciona una parte de la justicia federal sin controles y sin límites constitucionales y de las muchas veces que escribo Bonadío en esta computadora, tantas que al olvidarme del acento, me aparece el corrector señalándome que está mal escrita la palabra Bonadío. La coincidencia, puedo afirmar, no es casual.

Sé que muchos no han podido leer la resolución.
Entre otras cosas porque estuvo sólo un breve lapso disponible en la página del Centro de Información Judicial de la Corte Suprema. Señalan los que conocen los pasillos de la Corte que es eso una consecuencia del pequeño golpe de estado que sufrió Lorenzetti y que impactó también en la conducción del CIJ.
He sido siempre muy crítica con el funcionamiento del CIJ pero señalo que en cualquier caso, la publicación de las sentencias es un aporte imprescindible al ejercicio del derecho a la información de la sociedad.
Prefiero que exista el CIJ a que no exista. Y prefiero que publique las sentencias a que no las publique.

La directora del CIJ explicó que son los jueces de primera instancia quienes deciden qué sentencias se publican en la pagina del CIJ y cuáles no. La breve publicación de la sentencia me hizo sospechar, en un arranque de optimismo carente de fundamento, que Bonadío tuvo un atisbo de vergüenza por lo que había escrito y por eso prefirió que nadie más lo pudiera leer. Sé que no fue así.
Bonadío sabe que su sentencia es un verdadero mamarracho y que la única forma de validarla es que las personas no la puedan leer y sólo pueda leer lo que otros dicen de esa sentencia. Va una última reflexión estúpidamente optimista. Bonadío tiene más confianza en los múltiples house organs que en la solidez de sus escritos como juez. Ante esa falta de confianza, la solución del poder fue nombrar jueces de apelaciones que estén dispuestos a olvidar lo que saben de derecho y convalidar los disparates. El “hacete amigo del juez” del propio juez.

La moraleja es tan clara que asusta.
Mientras en la superestructura del poder - y de los poderes del Estado - están en guerra con el Derecho y la Constitución, a la que vienen derrotando por goleada, lo primero que se pierde es el derecho de los ciudadanos a conocer la verdad sin editorialización.
“La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad” sigue siendo una reflexión insoportablemente válida en estos días de Lawfare.

Lo primero que me llamó la atención en la resolución de Bonadío fue el tono llamativamente panfletario de la introducción. Y me hizo reír. Tuve que recordar que esa insólita - e impostada - indignación moral del magistrado sólo intenta fundar - y encubrir un proceso arbitrario, gente presa sin sentencia y sin justicia. Y una jugada política cuya orfandad probatoria se intenta subsanar con adjetivos.
Cuando el juez intenta ingresar en lo que es su trabajo como juez, esto es lo que jurídicamente es relevante y que sería su trabajo específico, empieza a renquear.

El juez tiene que describir conductas y calificarlas. Ese es su trabajo. No parece muy promisorio que sea el propio magistrado el que dice que las conductas las conoce “más o menos”.
La sentencia dice: “Esta mecánica funcionaba más o menos así”. Entonces… ¿las personas involucrada están “más o menos” procesadas? Y los hechos, ¿están “más o menos” probados?

Cualquier procesamiento es de carácter provisorio y refiere a la calificación del o los hechos de que se trate. Delimita los límites fácticos y los limites de derecho de la acusación.
En el caso de las fotocopias, los límites: ¿están más o menos delimitados?
Una condena requiere un grado de certeza que se encuentra sujeto a la existencia de elementos que de modo indudable destruyan la presunción de inocencia. Un procesamiento requiere un juicio de probabilidad. Un procesamiento de Bonadío parece solo requerir una charla de café.
Hay una diferencia de grado insalvable entre juicio de probabilidad y la ligera e irresponsable apreciación de un “más o menos”. Esa diferencia de grado es la misma que existe entre la Justicia y la Injusticia. Sin más. Sin menos.

Otro aspecto que llama poderosamente la atención es la ausencia de elementos materiales que respalden los testimonios que fundan la acusación.
Un claro ejemplo es lo que sucede con el testimonio de José López que cambia por cuarta vez sus dichos para poder acusar a CFK.
Esta vez la versión que da López es que los bolsos con dinero que llevó al convento se los había dado el ex secretario de CFK el 13 de Junio. Y que recibió la orden de llevarlos al convento.
En forma previa y en otra causa que investigó el fiscal Delgado, López afirmó que el dinero había estado en su casa, oculto debajo de un tanque de agua por un periodo de meses. Y que eso explicaba porque los billetes estaban mojados.

Bonadío debió cuanto menos confrontar esa versión con el ex secretario de CFK. Chequear la información para tenerla por válida. Mínimamente. 
No lo hizo.
Y por cierto, ya conocido el procesamiento, Fabián Gutiérrez, el ex secretario señalado por López, se presentó ante el juez y negó lo dicho por López.
¿Quién miente y quien dice la verdad? ¿Mintió López con Delgado? ¿Mintió López con Bonadío? ¿Mintió Gutiérrez con Bonadío?
Desconozco la respuesta. Lo único cierto es que los billetes estaban mojados.

No forma parte del procesamiento, pero sí es necesario contar que jamás vamos a saber qué dijo López realmente. ¡Porque en un inverosímil raid televisivo que hizo el fiscal de la causa, contó que no consignó en el acta de declaración todo lo que contó López… a pedido del propio López!
José López

Repreguntado por el periodista que lo entrevistaba, el fiscal señaló que no iba a violar la confianza depositada en él por López. 
Mire, doctor Stornelli: usted es el fiscal de la causa, no un amigo de José López.
Si en estos tiempos se hicieron amigos, entonces debería apartarse. Su obligación es con la causa. Y no la ha cumplido. Y ha declarado ante la prensa argentina cómo adulteró un documento público que da cuenta de lo que sucedió en una confesión. A pedido de un imputado. Y eso es una conducta con consecuencias penales y procesales.

Sobre pruebas, es extraño que Bonadío - que con tanto interés busco en la casa de CFK el dinero y las bóvedas que podrían haberlo contenido, buscando el destino final de ese dinero - no haya investigado mínimamente algo mas fácil de buscar, que es el origen del dinero.
¿Investigó siquiera los balances de las empresas de donde salieron esas sumas millonarias? No, no lo hizo.
Y procesó igual, aun sin pruebas materiales.

Un punto particularmente ridículo es lo que refiere a CFK en cuanto claramente dice que no tiene dudas de que la destinataria final del dinero es CFK aun cuando señala que no ha podido constatar que CFK haya recibido el dinero. Creo que estamos frente a la primera jefa de una asociación ilícita ad honorem de la historia.
Bueno, después de todo a CFK, ¡Comodoro Py la acusa de dirigir cuatro asociaciones ilícitas! Se ve que creen que la ex Presidenta tiene una irrefrenable vocación por dirigirlas. ¡Tanto que a esta asociación la dirigía sin recibir ni un centavo, por amor a la asociación ilícita nomás!
Otro punto a resaltar es el grosero y desigual tratamiento de los procesados entre sí.
Veamos un caso. Calcaterra se presentó “espontáneamente” y se “arrepintió”. Otro arrepentido lo desmintió. Wagner. Ambos están libres.
Y el principio de no contradicción indica que no pueden haber dicho la verdad ambos.

Otro ejemplo es el gerente de Calcaterra, Sánchez Caballero, quien recibió una falta de mérito. Aunque entregó dinero.
Centeno, que llevaba personas a buscar ese dinero negro, quedó procesado. Tanto Sánchez Caballero como Centeno fueron funcionales a la supuesta asociación ilícita. El porqué del trato tan diferente es cuanto menos inexplicable.
O demasiado explicable, tal vez.

Más inexplicable es el arrepentimiento de Luis Betnaza, gerente de Techint, que declaró como arrepentido y cuya declaración determinó la falta de mérito de Zabaleta, otro gerente del mismo holding, quien figura entregando dinero en las fotocopias.
Gerentes como Betnaza no abundan, sin duda. Porque asumió las culpas de todo y al juez no se le ocurrió siquiera llamar a declarar a Paolo Rocca, dueño de la empresa, quien confesó su participación en los hechos en un evento de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y ante las cámaras de TV.
Paolo Rocca no, Luis Betnaza sí.

Tampoco se le ocurrió a Bonadío requerir las cámaras que contó Javier Fernández tiene instaladas en su casa y que podrían probar si los dichos del imputado sobre quienes iban a su casa y para qué son ciertos. Parece una prueba cuanto menos fácil de producir, ¿no?
Señala en su declaración Javier que muchos funcionarios del anterior gobierno y del actual también, son o han sido visitantes de su domicilio. Suena a apriete nada sutil. Son afortunados los miembros del anterior gobierno y del actual gobierno, porque Bonadío, el juez que se inventó una guerra, en este punto carece de imaginación… o de ganas.

Quiero ser clara en esto. Gran parte de los house organs hablan de la abundancia de pruebas. A decir verdad, pruebas, lo que se dice pruebas, es precisamente de lo que carecen esta causa y este procesamiento. Porque lo que hay son testimonios de arrepentidos, que no pueden ser los elementos utilizados para condenar.
La ley es clara en cuanto a que “el órgano judicial no podrá dictar sentencia condenatoria fundada únicamente en las manifestaciones efectuadas por el imputado arrepentido.
La materialidad de un hecho delictivo no podrá probarse únicamente sobre la base de esas manifestaciones”.
Es cierto que estamos frente a un procesamiento y no ante una condena. Va de suyo que con los elementos reseñados por Bonadío no se podría obtener una condena. De todos modos la ausencia de elementos que comprueben mínimamente la materialidad del hecho delictivo que se investiga es cuanto menos llamativa. Incluso para procesar.

Como es llamativa la confusión para nada accidental que hace Bonadío entre condena y procesamiento.
Bonadío requiere la prisión de CFK y posterga su pedido de desafuero a la confirmación del procesamiento. Como si la confirmación de dicho procesamiento significara algo más que la confirmación de un estado que NO destruye la presunción de inocencia.
El intento de fabricar una nueva categoría de cosa juzgada sin condena es hasta hilarante. Si no fuese creación de un juez, claro.

Bonadío hasta ahora investigó - o no investigó - con completa libertad y sin obstáculos, salvo los que pusieron Centeno al quemar los cuadernos, Calcaterra y Wagner al contradecirse entre sí y Stornelli al no hacer constar la totalidad de la declaración de López en el acta.
Este último ejemplo daría cuenta de los riesgos procesales de tener vinculaciones con medios de comunicación, creo.
Como sea, no hay justificación legal que dé fundamento al pedido de detención y desafuero de CFK.
Y va una salvedad importante: ¿alguien me puede explicar de qué manera se puede incidir en la investigación mediante los vínculos con medios de comunicación?
Bonadío lo consigna, pero no lo hace.
Creo que ese tipo de argumentos, además de un disparate, son un riesgo cierto a la libertad de expresión. Me extraña que los periodistas y dueños de medios no hayan salido a denunciarlo. Un día el monstruo se los puede querer comer también a ellos. Esas cosas no deben dejarse pasar.

El procesamiento es un verdadero disparate. No he leído muchas cosas iguales. Su confirmación, que doy por sentada, no tendrá siquiera el vestigio último de racionalidad que tuvo la confirmación del procesamiento que no confirmó la guerra imaginaria de Bonadío.

Me avergüenzan dos cosas. Una es que un grupo de personas hayan circulado cantidades descomunales de dinero negro e influencias. Y quiero que el Poder Judicial investigue y condene a los responsables de eso aunque algunos hayan integrado el gobierno al que yo pertenecí y del cual estoy orgullosa.

La otra cosa que me avergüenza es la cantidad de abogados, jueces y fiscales que guardan silencio casi cómplice respecto a esta persecución desaforada y sin reglas donde están violando todo lo que aprendimos, militamos y defendemos sobre procesos judiciales, garantías constitucionales y rol de los jueces, fiscales y defensores.
La defensa del Estado de Derecho no es negociable, ni claudicable ni está sujeta a conveniencias políticas. No puede serlo jamás. Porque nunca la corrupción se mejoró con mas corrupción. Porque nunca la injusticia se corrigió con mas injusticia.

Y porque la única esperanza cierta de vivir en una sociedad civilizada es defender las garantías y derechos que están consagrados en nuestra Constitución.
No podemos aceptar el Derecho Penal del Enemigo.
Porque ante la ley no puede haber amigos y enemigos. Porque ante todo debe haber ley.
Un país sin ley es un país de fuertes que todo lo pueden y de débiles que no pueden defenderse.
Es un país de enemigos. Y un país de enemigos no es un país. Solo es un territorio hostil donde nadie, pero nadie está a salvo.

martes, 11 de septiembre de 2018

TONTOS PELIGROSOS, de Arturo Pérez Reverte - 10/9/18

Estaba en Segovia con mi compadre José Manuel Sánchez Ron, científico honrado y valiente, amicus usque ad aras al que hace años dediqué El asedio; y bajo el acueducto, mirando hacia arriba admirados, comentábamos lo sorprendente de que nadie exija todavía su demolición por ser vestigio del imperialismo romano que crucificaba hispanos, imponía el latín y perpetraba genocidios como el de Numancia.
Eso nos hizo hablar de tontos, materia extensa.
«A los tontos hay que ignorarlos», dijo José Manuel.
Pero no estuve de acuerdo. Eso, respondí, los hace más peligrosos. Un tonto fuera de control es letal. Se empeñan en estar ahí aunque los ignores, tropezando en tus piernas. Con ellos no hay cordón sanitario posible, pues no hay tonto sin alguna habilidad. Hasta en la RAE tenemos alguno.
El caso es que la vida acaba poniéndotelos delante. Y como dije alguna vez, juntas a un malvado con mil tontos y tienes en el acto mil y un malvados.

Después, mientras despachábamos un cochinillo en Casa Duque, José Manuel y yo estuvimos analizando clases de tonto y peligrosidades potenciales.
Hay tontos inofensivos, concluimos, que están ahí y no pasa nada. Incluso hay tontos adorables a los que coges cariño. Que son buena gente.
En su mayor parte no tienen la culpa de serlo, aunque muchos lo trabajan y mejoran cada día con admirable tesón. Basta con ver el telediario: de todos ellos, la variante de tonto con voz pública o parcela de poder es vitriolo puro.
En un abrir y cerrar de ojos pasan a ser peligrosos, y pueden destrozar un país, la convivencia, la vida. No por maldad, sino por el lugar que ocupan y las decisiones que toman.
En política, por ejemplo, hacen más daño que los malos. Ahí está Rodríguez Zapatero - ahora lo tenemos arreglando Venezuela - que, necesitado de tensión electoral, nos devolvió, desenterrada y fresquita para las nuevas generaciones que la habían olvidado, la Guerra Civil.

Por eso no me fío de los tontos, por inofensivos que parezcan. Tengo canas en la barba y sé a dónde te llevan o van ellos mismos.
Durante veintiún años viví en países en guerra; y allí aprendí que, aunque los tontos suelen morir primero, también hacen morir a los demás. Pisan donde no deben, se asoman a la calle, encienden cigarrillos de noche. Te ponen en peligro.
Y cuando les dan un cebollazo, eso despeja el paisaje, pero no acaba con todos.
Por mucho que palmen en la guerra o en la paz, como especie los tontos nunca mueren.

Al hilo de esto recuerdo un caso, ahora divertido pero que entonces no me hizo ninguna gracia.
Cuando trabajaba para la tele solía ir con gente dura, fiable, cámaras de élite sin los que mi trabajo no habría valido nada: Márquez, Custodio y alguno más.
Pero no siempre estaban disponibles, y una vez regresé a los Balcanes con otro compañero. Era buen profesional y excelente persona, pero tenía la complejidad intelectual del mecanismo de un sonajero.
Cruzábamos varias líneas de frente con puestos de control a menudo enemigos entre sí: cascos azules, croatas, serbios, bosnios. Era su primera guerra, y le dije que se metiera las tarjetas de acreditación de cada bando en un bolsillo diferente, y que no se equivocara al sacarlas porque nos podían cortar los huevos. 
«Tranquilo», recuerdo perfectamente que me dijo.
«No soy tonto».

Cruzar líneas en guerra es una cabronada. El peor momento para un reportero.
Habíamos dejado atrás un control croata y nos pararon los serbios que bombardeaban Sarajevo, mataban a mujeres y niños y lo llenaban todo de fosas comunes.
Imaginen a una docena de esos hijos de puta pidiendo documentos, y a mi colega el cámara sacando con la acreditación serbia, cuidadosamente enganchadas por el clip unas a otras, cuantas llevaba encima, incluidas las de los enemigos: un rosario de tarjetas que dejó a los serbios boquiabiertos, preguntándose si se les cachondeaba en la cara.
Así que, desesperado, no vi otra salida que quitárselas de un manotazo, hacerle a los serbios un ademán con el dedo en la sien como si a mi compañero se le hubiera ido un tornillo, y decirles:
«Es que es tonto».
Glupan, fue la palabra serbocroata que usé.
Entonces aquellos animales se echaron a reír y nos dejaron irnos.

Mi colega estuvo los siguientes tres kilómetros en silencio, fruncido el ceño, rumiando la cosa.
Yo conducía; y al fin, cuando ya íbamos a toda pastilla por Sniper Alley esquivando coches reventados, se volvió a mirarme, muy serio.
«Me has llamado tonto», dijo.
Y yo le respondí que no. Que eran figuraciones suyas.

NO PASA NADA, SE PUEDE, de Arturo Pérez Reverte - 27/8/18

No se llama Asun, pero da igual. O a lo mejor es verdad que se llama Asun. Podría llamarse de cualquier modo.
Nació en un pueblo de Extremadura. Es morena, con el pelo largo. Muy eficaz en su trabajo.
A los diecipocos, sin demasiados estudios ni perspectiva laboral alguna, se casó con un hijo de puta que a los pocos meses, cuando quedó embarazada de su primer hijo, empezó a pegarle. Todo fue a más con el paso del tiempo: palizas, maltrato verbal, reproches que ella encajaba con sumisa resignación.
Qué otra cosa podía hacer, me cuenta. Estaba educada para eso. Para aceptar que él tenía razón porque traía el dinero a casa, y yo no era nadie: la que cocinaba, planchaba y paría hijos. En plural, pues ya teníamos el segundo. La que lo necesitaba a él para vivir, y le estaba obligada en todo. ¿Dónde iba a ir, si no? Sin él no era nada.
Eso era lo que yo misma me decía mientras soportaba aquello. Él me daba un hogar, y sin él no era nada.

Asun recuerda todo eso por algo que ocurrió hace unos días. Y para entenderlo hay que saber lo que le pasó antes.
Yo sé lo que pasó, pues la conozco hace veinticinco años, así que no necesito que me lo cuente otra vez.
Sé del infierno que vivió atemorizada, indecisa, atrapada en la trampa sin poder, o creyendo que no podía, valerse por sí misma. Denunciar a un marido, en aquel tiempo y en su ambiente, era algo impensable. O dejarlo.
Ni se le pasaba por la cabeza.
Incluso creía, de buena fe, ser culpable de cuanto ocurría.
Hasta que al fin, después de otra paliza, incapaz de soportar más, cogió a sus dos hijos pequeños y se fue. Primero al pueblo, con sus padres. Después buscó una casa y un trabajo. Algo humilde, claro, pues a los veintiocho años no tenía preparación para nada, o eso creía ella.

Hizo un poco de todo. Fregó suelos, lavó platos, sirvió en cafeterías, pintó paredes. Poco a poco fue pagando el alquiler, la luz, el agua, las cosas de los críos. Empezó a salir adelante. 
Llegaba a casa destrozada a las tantas, y entonces se ocupaba de lavar, planchar, cocinar para sus hijos.
Los ratos que tenía libres, agotada, se sentaba a ver Sálvame o uno de esos programas frívolos.
Era una mujer curiosa, sin embargo. No le interesaba la política, no votaba, pero leía algunos libros, novelas sencillas que iba alineando en los estantes de su casa.
Trabajo, televisión, algún libro.
Los críos crecieron, empezaron a ser ellos mismos. También Asun creció y fue ella misma. Afirmó sus ideas, su visión del mundo. Aprendió a gozar de la soledad tanto como de la compañía. Tuvo un novio, buena persona, que quería casarse, o vivir juntos, pero ella se negó. Había aprendido. Descubría libertades insospechadas, y estaba a gusto con ellas.
Nada de volver atrás.

Al fin, su trabajo se estabilizó. A fuerza de constancia, competencia y honradez, consiguió seguridad social y salario fijo. Una situación razonable, primero, y estable al fin, que le dio la tranquilidad necesaria.
Los hijos volaron solos. Siguió con su tele los fines de semana, con sus novelas - románticas, históricas - de vez en cuando, siempre que no fueran muy pesadas.
Pudo ahorrar y viajó un poco. Y un día, al mirarse al espejo, se estudió con extraña curiosidad, cayendo en la cuenta de que aquella joven tímida y asustada, la que creyó depender de un hombre para toda la vida, hacía tiempo que se había desvanecido para dejar sitio a la que ahora la contemplaba desde el espejo.
Una mujer distinta. Madura, serena. Libre.

Y me cuenta, al fin, lo del otro día.
Cuando estaba en su coche esperando a su hija y observó que en otro aparcado cerca un hombre le pegaba a una mujer joven. Discutían y él le pegaba.
De pronto se vio allí otra vez, treinta años atrás. Salió del coche sin pensarlo. Salió, me cuenta, corriendo hacia ellos. El hombre la vio venir, arrancó el automóvil y se fue con la mujer a la que maltrataba.
Y recordándolo, Asun se queda pensativa y al fin encoge los hombros.
No iba a hacerles nada, dice. Sólo quería contarle algo a ella, a la mujer. Asomarme a la ventanilla y decirle:
«No pasa nada, vete. No tienes por qué aguantar. Te aseguro que no pasa nada, de verdad. Si de verdad quieres, puedes irte. Yo lo hice, y te juro que se puede».

Tras contármelo, Asun encoge otra vez los hombros. 
Siente no haber llegado a tiempo para decir eso a la mujer:

«No pasa nada, chiquilla, se puede. No es el fin del mundo, sino el principio del mundo».
Después me mira y mueve la cabeza.
«Lo mismo puedes escribirlo tú, ¿no?… Puede que así lo lea ella, o alguna otra. Quizá de esa manera oigan lo que quise decir».

Y bueno. Aquí me tienen ustedes. Escribiéndolo.

QUE TODOS QUEDEN ATRÁS, de Arturo Pérez Reverte - 20/8/18

Me lo comenta Javier Marías después de cenar, cuando se fuma el segundo cigarrillo en la terraza del bar Torre del Oro, en la Plaza Mayor de Madrid. Estamos sentados, disfrutando de la noche, cuando me habla del artículo que tiene previsto escribir uno de estos días.
¿Te has dado cuenta - dice - de que en los últimos tiempos está de moda destruir la imagen de cuantos hombres ilustres tenemos en la memoria?
Pienso un poco en ello y le doy la razón. Pero no sólo en España, respondo. Ocurre en toda Europa, o más bien en lo que aún llamamos Occidente.
Destruir a quienes fueron respetables o respetados. Derribar estatuas y bailar sobre los escombros.
Es como una necesidad reciente. Como una urgencia.

Javier menciona nombres. No se trata ahora tanto, dice, de reivindicar a las muchas mujeres a las que la historia dejó en la oscuridad, ni de atacar a las conocidas, pues con ellas se atreven menos - aunque les llegará el turno -, como de ensombrecer biografías masculinas.
Alfred Hitchcock, indiscutible genio del cine, pasó hace poco por eso: misógino, sádico, despótico. La película con Anthony Hopkins lo dejaba, además, como un idiota.
De Gaulle tuvo lo suyo hace unos años, y ahora le toca a Churchill. El más brillante político de la Segunda Guerra Mundial, el que hizo posible que Europa resistiera a los nazis, aparece como un cretino en las películas que se han hecho sobre él.

Mientras damos un paseo antes de despedirnos, le paso revista a España.
No se trata ya de Churchill, Hitchcock o De Gaulle, pues no los tuvimos; pero sí de quienes destacaron por sus actos o talla intelectual.
Cierto es que en demoler reputaciones aquí tenemos solera: Olavide, Moratín, Jovellanos, Blasco Ibáñez, Unamuno, Chaves Nogales y tantos más.
Incluso quienes fueron decisivos en la historia reciente: Suárez, Fraga, Carrillo, González.
Pocos escapan a la máquina de picar carne, la necesidad de restar méritos, de rebajarlos según la tendencia, como dice Javier, de no admirar nunca a nadie.
No se trata tanto de desmitificar como de destruir.
Nada existe que no pueda ser violado, como decía Cicerón. Nadie merece ya respeto por su inteligencia o biografía. Cualquier analfabeto apesebrado en una formación política, cualquier cantamañanas nacido ayer, cualquier director de cine o periodista ágrafos hasta el disparate, cualquier tarugo con Twitter, cuestiona sin complejos a quienes ni podría rozar en talento, honradez o prestigio.
Y acto seguido, centenares de imbéciles, tan ignorantes como él, asienten con la estólida gravedad de los tontos solemnes.

Tengo una teoría personal sobre eso. Y digo personal, así que no hagan responsable a Javier - en bastantes líos lo meto ya -, sino a mí.
Del mismo modo que antes se admiraba a hombres y mujeres por su mérito, ahora unos y otros molestan.
El talento incomoda como nunca.
Los mediocres, los acomplejados, los bobos, necesitan que la vida descienda hasta su nivel para sentirse cómodos, y es destruyendo la inteligencia y ensalzando la mediocridad como están a gusto.
En España, el talento real está penalizado. Convierte a quien lo posee en automáticamente sospechoso.
De ahí a la nefasta palabra élite, tan odiada, sólo media un paso, claro. Y la palabra fascista está a la vuelta de la esquina.

¿Creen que exagero?… Echen un vistazo a los colegios, a los niños.
Lo he escrito alguna vez: todo el sistema educativo actual está basado en aplastar la individualidad, la inteligencia, la iniciativa, el coraje y la independencia.
En destruir a los mejores, con reproches incluidos a los padres: Luisa no habla con sus compañeras y prefiere leer, Alberto levanta demasiado la mano, Juan no juega al fútbol ni se integra en trabajos de equipo. Etcétera. Todo se orienta a rebajarlos al nivel de los más torpes, convirtiéndolos en rebaño sin substancia.
No se busca ya que nadie quede atrás, sino que todos queden atrás.

Ganarán los mediocres, no cabe duda. Suyo es el futuro, y se nota mucho.
A ellos pertenece un mundo que los imbéciles - ni siquiera hay malvados en esto -, asistidos por sus cómplices los cobardes, fabrican a su imagen y semejanza.
Por eso es tan admirable el tesón de quienes resisten: chicos, profesores, padres.
Los que se mantienen erguidos y libres en estos tiempos de sumisión, rodillas en tierra y cabeza baja.
Los que siguen necesitando referentes a los que admirar, nutrirse de libros, cine, ciencia, historia, literatura y cuanto sirva para obtener vitaminas con las que sobrevivir en el paisaje hostil que se avecina.
Lecciones inolvidables de inteligencia y de vida.

PIZZÁMIDE CUATRO KEOPS, de Arturo Pérez Reverte - 6/8/18

He escrito alguna vez que hay cosas que te reconcilian con el mundo en el que vives. Y son muchas.
A ver quién soporta, si no, la que está cayendo y la que va a caer.
Así que hoy quiero compartir con ustedes uno de esos analgésicos.
Nada tiene mío, pues pertenece por derecho propio a los alumnos, chicos y chicas de 11 a 12 años, que el curso pasado hicieron 6º de Primaria en el colegio Rufino Blanco de Madrid.
Y se debe a su profesor de lengua, que se llama Jesús Huertas y que, a principios de curso, para familiarizarlos con los diccionarios y las definiciones, tuvo la estupenda idea de que sus alumnos hicieran lo que llamó Díccese: un diccionario ilustrado a base de definiciones propias.
Lamento no poder incluir las ilustraciones aquí, porque son magníficas, ni todos los ingeniosos resultados, pero sí algunos de ellos. Lo que demuestra, una vez más, que mientras haya buenos maestros capaces de estimular la inteligencia de sus alumnos seguirá habiendo esperanza.

Pala delta: díccese del deporte extremo que se practica con una herramienta de jardín.
Camarrón de la Isla: díccese del cantante flamenco adicto al ron.
Móbil Dick: díccese del teléfono que usan las ballenas para comunicarse entre ellas.
Antonio Manchado: díccese del poeta que por su ímpetu en la escritura siempre acaba sucio de tinta.
Regordimiento: díccese de cuando has comido demasiado y te arrepientes al subir a la báscula.
Pedito caliente: díccese del último perrito caliente que te comerías.
La Dama y el Nauseabundo: díccese de la película sobre una hermosa perrita y un perro que da náuseas.
Las meninas del rey Salomón: díccese de las doncellas del famoso rey de África.
Arthur Coñac Doble: díccese del escritor que por no matar a Sherlock Holmes se tuvo que refugiar en el licor.
El Llavero Solitario: díccese del llavero que llevan los cowboys para no perder las llaves del rancho cuando están totalmente solos.
Vacabunda: díccese del mamífero que vive en la calle.
Julio Verde: díccese del escritor francés principalmente conocido por su inmadurez.
Limón-hada: díccese del cítrico al que le gusta conceder deseos.
El Recorte Inglés: díccese del nombre con el que se conoce el Brexit en España.
Logopedo: díccese del psicólogo que te ayuda a expulsar gases.
Dora la Explotadora: díccese de la estrella de la televisión que maltrata a sus amigos.
Truco de Mafia: díccese del acto criminal que realiza un mago.
Raperro: díccese del can que sabe rimar y ladrar con mucho estilo.
Helado Oscuro: díccese del helado abducido al lado oscuro de la fuerza.
Barbiería: díccese del sitio donde van nuestras muñecas a depilarse.
Matamáticas: díccese de la asignatura que se estudia en los colegios de asesinos.
Campeste: díccese de la persona que vive en la naturaleza y no se ducha porque no tiene mamá.
Ostragodo: díccese del molusco que invadía Italia peleando por su patria.
Berengenio: díccese del fruto de color morado no comestible por su mal carácter.
Aguasiestas: díccese de quien te despierta a las horas más inoportunas.
Buenas viboraciones: díccese de lo que siente la víbora cuando va a morder a alguien.
El perro de Basketville: díccese de la mascota de origen inglés de un equipo de la NBA.
Pitrufo: díccese del hombrecito azul al que la trufa se le sube a la cabeza.
Mosquiteros: díccese de los mosquitos que luchan por la paz de la ciudad.
Azupena: díccese de la flor que siempre está triste.
Maní-pulador: díccese del fruto seco de origen argentino que controla o manipula los actos de la gente.
Caperucita Coja: díccese del personaje al que el lobo ha devorado una pierna.
La vuelta al mundo con 80 tías: díccese del viaje que se hace con 80 hermanas de tus padres.
Pizzámide Cuatro Keops: díccese de la pizza favorita de Marco Antonio y Cleopatra.

EL HOMBRE QUE ME HIZO AMAR ITALIA, de Arturo Pérez Reverte - 30/7/18

Veo con frecuencia películas de Alberto Sordi, pues tengo muchas en casa. No las doscientas que protagonizó, pero sí medio centenar largo. La mayor parte son deuvedés comprados durante muchos años en Italia, con la ventaja de que se pueden escuchar en versión original y con subtítulos también en ese idioma, que es buena forma de disfrutarlo, aprenderlo y mejorarlo.
Las veo a menudo, como digo, pues ese actor y sus películas me provocan un estado próximo a la felicidad.
Y no sólo porque muchas de esas historias dirigidas por Monicelli, Fellini, Risi, Zampa, Steno y otros sean obras maestras, sino porque con el tiempo, gracias a ellas y a su intérprete, comprendí mejor Italia y a los italianos. Mi amor por ese país, mi afecto por sus gentes, mi envidia por sus virtudes y mi indulgencia ante muchos de sus defectos, también se los debo a ellas.
No exagero si digo que Alberto Sordi me hizo amar Italia.

Hace poco vi por sexta o séptima vez mi película favorita entre las suyas: Una vita difficile (1961). Y unos días antes dediqué una tarde a un magnífico programa doble, Il marchese del Grillo (1982) y Tutti a casa (1960), que rematé por la noche con L’arte di arrangiarsi (1955).
Y no es sólo que Sordi, con su voz prodigiosa, con su extraordinaria capacidad para protagonizar desde la más hilarante comedia - Il vedovo (1959) - hasta la tragedia más sobrecogedora - Un borghese piccolo piccolo (1977) -, sea un actor inmenso, sino que conjugó como nadie el peculiar verbo ser italiano.
Albertone, así lo llamaban cariñosamente sus compatriotas - su muerte hace quince años fue un duelo nacional -, interpretaba con naturalidad, a veces en un mismo personaje, lo más admirable y también lo más detestable de su patria.
Sus vicios y sus virtudes.
Podía asquear y conmover de una secuencia a otra, arrancar carcajadas o lágrimas.
Y es significativo que, en una famosa encuesta sobre cine y actores, los italianos dijesen que querrían parecerse a Mastroianni, Gassman y De Sica; pero que, a la hora de la verdad, con quien se identificaban de verdad era con Alberto Sordi, que los había encarnado como nadie.
Por algo la biografía que le escribió Giancarlo Governi se tituló simplemente L’ Italiano.

Conozco también el cine español del tiempo en que Sordi hizo sus mejores películas, y eso acrecienta mi admiración por él y por quienes lo dirigieron en la pantalla.
Durante esos años, en España tuvimos grandes actores: Fernán Gómez, José Luis Ozores, Tony Leblanc, Manolo Morán, Mayo, Closas, López Vázquez, Alfredo Landa y otros que encarnaron, a su manera, al español de entonces.
La diferencia es que ese español, por divertido y tierno que fuese - pocas veces fue trágico -, era más falso que un duro de plomo, filtrado siempre por el franquismo y su censura.
Aquel compatriota nuestro interpretado en el cine apenas tenía que ver con la realidad; y la pareja encarnada por cualquiera de esos buenos actores con Concha Velasco - quizá la más enorme y versátil de nuestras actrices - o alguna otra chica de la Cruz Roja, con su pisito y su casta vida de novios con final feliz, nada tenía que ver con la realidad de una España que sólo apuntaba su verdadero rostro gracias al talento y sutileza de unos pocos directores, en obras maestras como Atraco a las tres (1962), La caza (1966) o Calle Mayor (1956).
De modo que, a diferencia de aquella Italia con su cine ácido y libre, capaz de burlarse de sí misma con audacia y talento, al verdadero español sólo era posible vislumbrarlo en esa época muy de lejos, leyendo entre líneas, en la blanda picaresca - tolerada por políticamente inofensiva - de Antonio Garisa, Gómez Bur, Pepe Isbert o el gran Tony Leblanc de El tigre de Chamberí (1957) o Los tramposos (1959).

Por eso, cuando hay cosas que llegan a niveles poco soportables - lo que con los años ocurre a menudo -, a veces busco analgésicos en las viejas películas y recurro a Alberto Sordi: me reconcilia con el ser humano la extraordinaria secuencia final de La grande guerra (1959), repaso una y otra vez la escena de Una vita difficile en la que se aleja de su mujer escupiendo entre los coches, y cada vez pienso que los españoles, tan firmes en nuestros fanatismos, tan tenaces en nuestros odios, seríamos mejores personas de haber tenido un cine que, como a los italianos, nos hubiera hecho compartir risas y lágrimas, mostrándonos sin complejos lo que somos y lo que podríamos ser. Enseñándonos, sobre todo, l’arte di arrangiarsi.
El arte de, frente a un Estado casi siempre infame, arreglárnoslas con humanidad entre nosotros.

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