sábado, 27 de junio de 2020

DESREGULACIÓN Y FINANCIARIZACIÓN DEL AGRO, de Julia Strada - 21/6/2020

El marco general en que se dio la bancarrota de Vicentin




Kazimir Malévich, campesinos


En estos pocos meses, desde el default del grupo Vicentin, mucho se ha escrito sobre el tamaño de su deuda, los vínculos con el gobierno de Cambiemos (específicamente, el alineamiento de Sergio Nardelli al macrismo y su relación con el ex Presidente Mauricio Macri) y sobre la irresponsable exposición crediticia del Banco Nación en la gestión de Javier González Fraga, violando normas de concentración de riesgo y comprometiendo su capacidad prestable para asistir a un amigo de la política y financista electoral.
Hasta aquí, pareciera solo un caso aislado de sobre endeudamiento - acompañado de serias sospechas de fuga - y posterior default, explicado por decisiones y prácticas de personas concretas que, por un lado, comprometieron los recursos del Estado y, por otro, dejaron un tendal de deudas a miles de productores.
Pero lo que falta desarrollar es el marco o el escenario que permitió que esto ocurriese: cómo funciona la operatoria del comercio de granos y qué rol tuvo la administración financiera de los activos agrícolas en tiempos macristas.
Por otro lado, se habla mucho de los acreedores damnificados pero, ¿a nadie se le ocurrió preguntar cómo (y dónde) están las y los trabajadores de Vicentin?


“Romper el mercado de granos”

Según el PRO, el objetivo del Estado con la intervención de la empresa es romper el mercado de granos.
Todos conocen hasta el cansancio el razonamiento cliché: la aseveración sugiere que el mercado es de perfecto funcionamiento y cualquier intervención pareciera distorsiva, que viene a “romper”.
La realidad es más bien la contraria: funciona tan opacamente que cualquier “testigo” (por caso, una empresa de mayoría accionaria estatal) podría develarlo con sólo tener la posibilidad de echar una mirada.

Más que en la apropiación del valor de la empresa (que tiene patrimonio neto negativo), más que en el real “control” que el Estado pueda tener de las variables clave del agronegocio (que sería interesante pero limitado: no es un nuevo IAPI), lo que de verdad asusta a los dueños de Vicentin y a todos los accionistas sentados en la mesa chica del ecosistema agroexportador es el potencial descubrimiento de las maniobras verdaderamente creativas que se ponen en práctica para evadir al fisco y aumentar rentabilidad.

La operatoria del comercio de granos se da en un mercado agrícola que, lejos de la competencia perfecta y transparencia, está concentrado y tiene una intermediación opaca.
Si bien la oferta está atomizada en cientos de miles de productores, la demanda se encuentra concentrada en menos de 10 compradores, con oligopolización y extranjerización creciente en las últimas décadas.

Los datos a 2018 del ranking exportador del complejo cerealero - oleaginoso muestran que Vicentin está en el sexto lugar, con el 9% de las ventas al exterior.
En el primer puesto está Cargill (13%), seguido por COFCO (ex NIDERA) con 13%, Dreyfus (10%), Bunge (10%) y AGD (9%).
Si se observa sólo el subsegmento de aceites y subproductos, al año 2019, en el procesamiento de soja y girasol Vicentin fue el primero con 7.425.533 toneladas exportadas, superando a AGD, Bunge, Cargill, Dreyfus y COFCO, y concentrando el 20,3% de este mercado de exportación de aceite, en el cual el 98% se circunscribe a las primeras 10.

La integración vertical de los exportadores, desde la década de los ’90 hasta acá, fue generando una creciente pérdida relativa del poder de negociación de los productores en todas las etapas de la comercialización, quedando sólo al amparo - aunque parcial - del aglutinamiento que ofrecen las cooperativas, frecuentemente desplazadas, de la mano de una gran desaparición de acopiadores pequeños y medianos.
Particularmente el diferencial de poder de mercado en el agro se manifiesta en el acaparamiento de las cosechas que hacen grandes exportadores de manera directa, salteando la fase del acopio.
Cargill es exponente de este modelo: penetra con acopios propios en los pueblos.

En muchos casos, los fabricantes y distribuidores de los insumos son las mismas empresas exportadoras, que le facilitan al productor el “paquete tecnológico” de semillas y de agroquímicos, lo que deja al productor comprometido a vender la cosecha a estas empresas.
Esta es una manera de captación de renta central, donde las grandes empresas exportadoras aparecen en el circuito comercial mediante la provisión de insumos y esto les permite tener asegurado su mercado.

Pero, además, la liquidación de la cosecha se caracteriza por otra variable muy poco mencionada: la creciente dependencia de los productores de la administración financiera que se realiza sobre el retorno de la(s) cosecha(s) mientras “esperan” la liquidación, una lógica especulativa que creció con las altas tasas del modelo de valorización financiera del macrismo, y una lógica particularmente riesgosa por la inestabilidad macroeconómica que esas tasas siderales contenían.

Se ha expandido cada vez más el hecho de que el productor pacte un precio con el corredor de granos de manera anticipada a la exportación, con precio a fijar hasta un cierto lapso, porque es la forma de ahorrar en acopios o silobolsas, que cuestan más caros para la espera.
Una vez que se fija precio al productor, ya hay una liquidación emitida que la empresa exportadora se compromete a pagar al corredor - que se queda con una comisión - y al productor, a cambio del activo (la soja).

En los últimos años se puso de moda particularmente en la zona de Rosario, aunque con expansión en la zona núcleo, lo que llaman el “correacopio”.
Es una modalidad que prendió en muchos productores porque combina la fijación del precio de la soja con instrumentos financieros que en tiempos macristas ofrecían tasas jugosas.

La diferencia con el corredor normal es que el correacopio toma posiciones en el mercado, compra y vende mercadería, y el corredor tradicional sólo acerca a las partes (al productor con la exportación).
Ambos conviven y los segundos se despegan de los primeros.
Es común que los productores pongan 2 ó 3 cosechas adentro de este sistema de administración de precio vía corredores, lo que compromete - en muchos casos - la totalidad de su capital de trabajo.

“Un productor puede vender 100 toneladas de soja al correacopio con un contrato forward (es decir a fijar precio a futuro). Esta empresa se la vende al exportador a U$S 250 la tonelada y cobra por eso. Pero al no tener la urgencia de pagarle al chacarero, invierte ese monto en el mercado financiero, en varios instrumentos”, resume el diario rosarino La Capital.
Y continúa:
“Para los agentes más tradicionales, esa modalidad de negocios que muchos califican de diversificada e innovadora, es ‘una estrategia mentirosa’, al punto tal que la comparan con un "esquema Ponzi", un sistema piramidal que está prohibido por la legislación económica en otros lugares del mundo”.

Los casos de las corredoras granarias y bursátiles que quebraron por crisis financieras, Guardati Torti y BLD, convulsionaron muy fuertemente a toda la región.
Esta práctica es típica en la operatoria de Vicentin y a una escala significativamente mayor, ofreciendo un plus a la tonelada de soja para atraer productores, basado en el negocio financiero de la administración de la plata de los productores.

Precisamente, en el caso de Vicentin, el 90% de la captación de cosecha es a través de corredores (a la inversa que Cargill), que quedaron hoy doblemente colgados: con la deuda de sus comisiones y con la plata de los activos de sus productores.
El productor que opera con Vicentin vía corredores había elegido la entrega de la cosecha anticipada para “despejar” su campo para otra siembra y para ahorrarse los costos de silobolsa.
Por estos días ya no lo eligen más.


¿Qué hizo Vicentin?

Vendió la soja en su poder sin pagar siquiera lo emitido, es decir, la soja con precio ya fijado.
Vendían el activo, lo cobraban, pero no lo pagaban.
Más aún: Vicentin salía a captar productores para ganarle a sus competidores, Cargill y Dreyfus, endulzando la fijación de precio del grano con estos commodities financieros.

Otra maniobra para obtener más rendimientos con la plata de los productores es la postergación de la carga en los puertos, sobrecargando los cupos, lo que permite a las grandes exportadoras quedarse por más tiempo con el dinero de los productores en un contexto de altas tasas.
En 2018 hubo quejas de estas maniobras denunciadas por el Centro de Corredores de Cereales de Rosario, la Sociedad Gremial de Acopiadores y la mismísima Sociedad Rural de Rosario.

En este marco, la devaluación del dólar el 12 de agosto a $ 60 (que generó una brecha con la venta del activo a $ 40 que se realizó antes) y el reperfilamiento de deuda en pesos de Hernán Lacunza, fueron el combo explosivo para complicar el repago a los productores.
Se combinó dramáticamente un modelo de negocios típico de la etapa económica - apalancado en tasa elevada vía instrumentos financieros rendidores como Letes y Lecaps, que luego fueron reperfilados - con un desmanejo empresarial de Vicentin, que estafó a miles de productores.

A la ya existente asimetría de poder en el agro, donde los productores tienen menos poder relativo de negociación tanto en la esfera de la producción como de la comercialización, se suma la reaparición de la valorización financiera que introdujo la obtención de una renta financiera como un elemento común en la transacción de los activos agrícolas.
Vicentin hizo de este tipo de funcionamiento su bandera.

“La soja no está más y la plata tampoco”, resume un muy conocido corredor de granos rosarino.
La fuerte sospecha de fuga pareciera ser la única explicación racional a este resultado, y para nada descabellada en este caso, considerando que la empresa Vicentin ya aparecía en el año 2001 en el puesto 36 en el listado de fuga de capitales, con demanda para atesoramiento por U$S 131.118.755.

Después del “stress financiero” del 5 de diciembre, Vicentín dejó de pagar a todos sus acreedores, pero guardó dinero para algo importante: abonar en tiempo y forma a los transportistas que contrató para realizar durante varias noches hasta el 10 de diciembre la carga de cereales en el puerto de San Lorenzo que aún restaba embarcar.
Corredores de cereales tradicionales, estafados por Vicentin, relatan que muy llamativamente la empresa se había puesto exigente con los plazos de entrega de mercadería luego de las elecciones de octubre de 2019: pedía que no haya demoras.
“Entregué cosechas enteras de trigo a Vicentin hasta el mismo 4 de diciembre. Hasta hoy nunca lo cobré”, se indigna un corredor rosarino.

Por otro lado, el respaldo con el que contó Vicentin de parte de una de las principales instituciones financieras de la región es absolutamente relevante para que nunca se encendieran las alarmas sobre esta situación.
Se trata del ex titular de la Bolsa de Comercio de Rosario, Alberto Padoán (2015-2019), accionista individual de Vicentin, cuyos hijos son además integrantes del directorio de la empresa.

  
Soja paraguaya

En 2016 el macrismo eliminó las trabas para la importación temporaria de soja a través de la Resolución de AFIP 3868, régimen que Echegaray había prohibido en 2009.
Una de las investigaciones en marcha reside en indagar qué ocurre con los precios de transferencia de la soja que proviene de Paraguay, vía importación temporal.

La hipótesis es que la soja proveniente de Vicentin Paraguay está documentada a valores más altos de manera intencionada, porque su valor se descuenta en la reexportación del subproducto.
Es que al ser importada temporalmente para su reexportación, no está gravada con derechos de exportación (que solamente se aplican en la destinación definitiva para consumo).
También permite reducir la base imponible sobre la que se aplica el Impuesto a las Ganancias por el descuento de los insumos de aceites y harinas.
A través de la triangulación, Vicentin neutralizaría la base imponible.

Al respecto, la UIF ha denunciado que “resulta llamativo el hecho de que Vicentin SAIC haya asumido semejante volumen de deuda mientras que las grandes operaciones de exportación, el grupo las canalizara mediante las firmas Renova S.A. o Vicentin Paraguay S.A.”.
Y agrega: 
“En el caso de Vicentin Paraguay S.A., la firma - según fuentes periodísticas - manejaría el 15% de la exportación sojera de Paraguay beneficiándose de las exenciones impositivas que allí existen pero no tendría allí ni activos ni fábricas, y casi no tendría oficinas.
A su vez, siendo la Argentina el principal comprador de soja paraguaya, esa producción ingresaría (o reingresaría) al país para ser procesada en molinos argentinos.
Aquí es donde toma intervención la firma Renova S.A. - que resulta ser la principal productora de biodiesel del país, pero también una gran productora de harinas y aceites de soja - en la cual el grupo Vicentin se encuentra asociado con la firma Glencore.
Renova siguiendo aquellas investigaciones periodísticas, habría remitido al exterior parte de sus dividendos, dejando a Vicentin SAIC con las pérdidas y fugando las ganancias”.

En el gráfico se observa el gran aumento de la importación de soja de Paraguay por parte de Vicentin SAIC, a partir de 2016 y hasta 2019.
Los datos previos de 2008 y 2009 vislumbran que la práctica de la importación temporal era previa y había sido interrumpida por la resolución de AFIP, que abrió un periodo de nula importación (2010-2015).
La tendencia de las importaciones totales de soja es la misma y la protagonizan el mismo puñado de firmas aceiteras con molienda local: AGD, Bunge, Cargill, LDC, Nidera, Oleaginosa Moreno y Vicentin.






La restitución de la figura de importación temporal no es una decisión aislada del macrismo, sino que se enmarca en una serie de desregulaciones del mercado de granos que ocurrieron al compás de la desregulación del Mercado Único y Libre de Cambios.


En diciembre de 2015 se canceló el uso de los ROE (Registro de Operaciones de Exportación) como barrera a las exportaciones de productos agrícolas, el llamado “cepo a los embarques de granos”, en una resolución firmada conjuntamente por Alfonso Prat Gay, Francisco Cabrera y Ricardo Buryaile.
Con esta normativa, los precios internos del maíz y el trigo se acomodaron a los internacionales.
Y dio la posibilidad a muchos exportadores, mediante la “DJVE - 45” de prorrogar la tributación por 45 días.
De tal manera los mismos subieron generando inflación en el precio de alimentos como panificados, harinas y aceites.

En la misma fecha se publicó el ya conocido Decreto 1343/16 de reducción progresiva de las retenciones.

En 2016 se promulgó el decreto 820 que modificó la Ley 26.737, y desde ese año flexibilizó la venta de tierras rurales con el objetivo de «favorecer la inversión extranjera”.
Cambió la legislación al considerar como titular extranjero a quien posea más del 51% del capital social de una persona jurídica (antes era a partir del 25%).

En 2017 se sancionó el Decreto 893/2017 que eliminó la obligación de liquidar en el mercado de cambios las divisas provenientes de exportaciones de bienes, servicios y materias primas.
La disposición eliminó el artículo 1° del decreto 2581/64, por el que “el contravalor en divisas de la exportación de productos nacionales debe ingresarse al país y negociarse en el mercado único de cambio dentro de los plazos establecidos”.

Ese mismo año, el Decreto 444 estableció un nuevo sistema de cuota Hilton.
El Gobierno le puso fin a la anterior Unidad de Coordinación y Evaluación de Subsidios al Consumo Interno (Ucesci) que controlaba el comercio exterior y distribuía subsidios.
El organismo tomaba parte también del reparto de la cuota Hilton. Esto dio pie al aumento en el precio interno de la carne.

En 2017 se eliminó la Secretaria de Agricultura Familiar del entonces Ministerio de Agroindustria, lo que fue un golpe a los agricultores familiares junto con la eliminación del RENATEA y la reimplantación del RENATRE anterior.

En 2018 se redujo el rango de Ministerio a Secretaria.


¿Y las y los trabajadores de Vicentin?

El viernes 29 de noviembre del 2019, en el salón del colegio Santa Rosa de la localidad de San Lorenzo en Santa Fe, se celebró la fiesta de fin de año de Vicentin, con todo su personal y trabajadores/as invitados.
Durante los festejos, Vicentin proyectó un video donde mostraba su fenomenal crecimiento en poco tiempo. 
“Parecíamos los campeones del mundo”, resume un delegado aceitero que estuvo en el evento.
Exactamente 6 días después, en un comunicado dirigido a sus clientes, la empresa reconoció que inició “un proceso de reestructuración de pagos a partir de una situación de stress financiero”.

Los trabajadores de Vicentin en las localidades de San Lorenzo y Ricardone - que ascienden a más de 1.000 bajo relación directa y otros 2.000 son tercerizados y contratados temporalmente - cuentan a través de sus delegados que la noticia fue doblemente chocante (“nos fuimos a la B”), porque “si estaba planificado, lo disimularon muy bien”.

San Lorenzo está muy lejos del foco de conflicto al que apuntan las cámaras de televisión, en la localidad de Avellaneda al norte provincial.
Las y los trabajadores de Vicentin están a 475 kilómetros de la sede administrativa de la empresa, en las 3 plantas ubicadas en las localidades de San Lorenzo y Ricardone, bajo la egida del Sindicato Aceitero de San Lorenzo que conduce Pablo Reguera.

La coordinación sindical en esta parte de la provincia, que es el cordón industrial que va desde Puerto General San Martin en dirección sur hasta Rosario, es altísima: papeleros, químicos, petroquímicos, municipales de Festram, trabajadores/as de peaje y  -algunos años atrás - metalúrgicos de Villa, supieron conformar núcleos duros de resistencia a los despidos y a las bajas salariales durante el macrismo.

Parte de estas alianzas se recrean hoy en el MOS (Movimiento Sindical Rosarino) y en la Corriente Federal de los Trabajadores de Rosario.
Hay base firme ahí, en el territorio específicamente fabril donde opera Vicentin, para apoyar una eventual expropiación.
Hoy las plantas de la empresa están paralizadas y los que garantizan que los activos se preserven son los propios trabajadores.

La planta más grande que se ubica cerca de Ricardone, muele girasol y soja y está parada desde septiembre de 2019.
Se trataba de la típica parada de mantenimiento (que tiene toda industria de proceso continuo, como la aceitera o la siderúrgica) para recibir luego la semilla de girasol.
Pero nunca más volvió a arrancar.

Las otras dos plantas están en San Lorenzo, contra el río Paraná, y continuaron trabajando hasta el “stress financiero” cuando también se frenaron.
Una de ellas volvió a entrar en actividad hace poco, trabajando a façon (moliendo para terceros), pero con débil actividad.
A pesar de haber sido invitados a una fiesta fastuosa, las y los trabajadores de Vicentin no cobraron la gratificación de fin de año.
Cada día 15 del mes se preguntan si habrá cobro salarial, los llevaron a sucesivas reuniones “pantalla” que sostienen los gerentes de Recursos Humanos de la empresa ante los delegados para “patear el conflicto”, y vieron cómo mes a mes fue mermando la cantidad de tercerizados y contratistas.

La inactividad actual de la empresa afecta a todo el entramado productivo: a los trabajadores, a los productores (en su acreencia y en la propia disponibilidad de recursos para seguir produciendo), a los corredores tradicionales damnificados, a los accionistas pequeños y al Estado Nacional por su enorme deuda con tres bancos públicos.
Vicentin alega haber vendido una parte de Renova para la cancelación de deudas, pero eso no ocurrió.

La concreción de una expropiación estatal no sólo sería una decisión estratégica en un sector poco transparente y concentrado y con un modelo de negocios financiarizado: sería la única solución para evitar la pérdida de activos, sostener puestos de trabajo y repagar deudas.

PARIENDO VASCOS. Leyenda popular de Euskadi.

Cuentan las antiguas voces de Euskal Herria, que en el principio de los tiempos, las emakumeak, parían de pié, porque solo de pié se puede engendrar algo digno.

Durante nueve lunas, las panzas crecen, las caderas se ensanchan, y la vida, resultante del amor, se hace presente de arriba hacia abajo, como acercándose a besar la tierra que es la madre de todos los vascos.
Así lo había enseñado Amalur.

Los hijos se paren con cierto dolor, pero es un dolor que no importa que duela, porque es consecuencia de un acto de amor, y preludio de una gran felicidad, porque se logra la continuidad de la vida.

La vasca, mujer simple, fuerte, generadora de gizonak de bien, y emakumeak laboriosas, mientras pare, le va contando a la sorguina que oficia de partera, todas las ilusiones que guarda en su corazón para ese txiki que trae al mundo que Amalur creó para él.

La sorguina va diciendo los conjuros del amor para que se cumplan los deseos de la amatxo, y de vez en cuando sacude una bolsa que contiene unos pequeños guijarros para que el niño conozca su pequeñez en el universo y no lo afecte la soberbia.

También a su alrededor deben colocarse cosas que deben ser las primeras en sentirse, para que comience de inmediato su aprendizaje: plumas de halcón peregrino, para que su espíritu se eleve imitándolo, porque usa el viento en contra, para ascender y puede planear hacia arriba.

A un lado se pone un rulo de lana, para que sepa que nunca le faltará el abrigo de su familia, al otro se colocan algunas semillas, para que sepa que el pan se obtiene luego de morir el grano para crear el trigo vivo que crecerá y traerá mucha cosecha.

Un lauburu para que lo proteja siempre y un nudito hecho con los cabellos del aita y la ama, como sello de la promesa de amor que se han hecho.

A veces se ponía una pequeña eguzki lore, para que nunca le falte la luz del sol, protectora contra los males del mundo, y un poco de tierra, para que al tiempo de nacer, tenga ese lazo indestructible con la sangre y el sudor de los ancestros que la regaron generosamente.

En una cáscara de nuez se colocaba miel, para que la amargura no llegue nunca a su corazón.

Cuando el niño nacía, no se lo palmeaba, sino que se lo agitaba hasta que el llanto avisaba a la sorguina que era tiempo de reconocer a su madre, que luego de parir se recostaba, entonces se colocaba al recién nacido sobre su pecho, para que nunca mas olvidara el olor y el calor de su ama.

Cuando se expulsaba la placenta, ésta era enterrada en los campos de sembradíos para hacerlos mas fecundos.

Cuando este bebé, ya hombre hubiera cumplido su ciclo y su cuerpo muriera, también se lo cremaría y sus cenizas serían arrojadas al viento para que Amalur lo llevase donde la tierra necesita ser mas fértil, porque de la Madre Tierra venimos y a ella algún día volveremos.

domingo, 21 de junio de 2020

JUEGO DE ESPÍAS, de Horacio Verbitzky - 21/6/2020


Las investigaciones que avanzan en distintos juzgados y en la Comisión Bicameral Permanente de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia apuntan a Susana Martinengo, una persona de quien nada se sabía hasta ahora, pero cuya estrecha relación con el ex Presidente Maurizio Macrì la convierte en un eslabón importante de una cadena que ciñe con fuerza a la alianza que gobernó entre 2015 y 2019.
Además, ayer por la tarde fue detenido en su domicilio de Merlo el director de Operaciones Especiales de la AFI de Macrì, Alan Flavio Ruiz, quien por directivas de Silvia Majdalani montó una operación de espionaje ilegal sobre Cristina Fernández de Kirchner en 2018.
Martinengo remite a Macrì; Ruiz a Silvia Majdalani y Patricia Bullrich.
Esta es la indagatoria a los agentes de la AFI y el pedido de detención del responsable, Alan Flavio Ruiz.


Alan Flavio Ruiz




Ruiz, izquierda, en actitud desafiante




Ruiz, muy divertido, con el zapatófono del Super Agente 86. Más trágico que cómico.

La respuesta de los dirigentes de PRO es forzar la confrontación con el gobierno nacional, acelerando la operación de acoso y derribo que se describió aquí el 10 de mayo.

Contribuye a ese objetivo la insuficiente abogacía con que el gobierno dispuso la intervención de Vicentin, a cuenta de una expropiación cuyo proyecto no se había presentado, la ausencia de articulación política, gremial y empresarial en apoyo de la medida y la falta de una estrategia de comunicación, que favorecieron la decisión del juez provincial de reponer a los administradores del concurso y limitar a la intervención al rol de veedores controladores.

Por otra parte, mientras el impuesto a las grandes fortunas cuenta con el apoyo de un 70% de la población, el planteo inicial sobre la cerealera santafesina reproducía aproximadamente los porcentajes de la elección presidencial de 2019.
La épica de la derrota digna no es lo más aconsejable en el día 90 de la cuarentena.



Hacer bandera, en Córdoba.


Los argumentos del magistrado son simétricos a los del Poder Ejecutivo: tanto el gobierno nacional como el juez Fabián Lorenzini se declaran interesados en la preservación de la empresa en crisis, de su patrimonio, su continuidad operativa y de los intereses de acreedores, proveedores y empleados. Pero difieren sobre cuál es la forma de garantizarlo.
La inconstitucionalidad del decreto presidencial reclamada por los Nardelli y Alberto Padoan, y sobre la que Lorenzini se declaró incompetente por tratarse de materia federal, se ha convertido en una cuestión abstracta, ya que la simultánea medida cautelar concedida por el juez ratifica al directorio desplazado por el Poder Ejecutivo.
Lorenzini no explicita cuál es la norma que le permitiría tomar esa decisión.

El gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, acudió al rescate del Presidente Alberto Fernández con un pedido de la Inspección Santafesina de Personas Jurídicas al juez Lorenzini, para que la intervención sea designada en su expediente concursal y que no dure dos meses sino hasta la finalización del concurso de acreedores.
Además de los dos interventores designados por el gobierno nacional, Perotti agregó un tercero, de la zona.
El gobernador reveló desde Olivos que trabajó este proyecto junto con «el equipo del Presidente», en respuesta al pedido que Fernández había hecho hace diez días, de que le presentaran una propuesta superadora, distinta a la expropiación pero que excluya a la actual administración de Nardelli y Padoan, cuyo único diálogo posible es con un juez penal.
El propio Fernández narró ese proceso ayer, en una entrevista con Roberto Navarro en El Destape.

El gobierno tuvo la flexibilidad necesaria para no empantanarse en una batalla sin destino.
Quedan tres años y medio del primer mandato presidencial para planificar, con tiempo y conocimientos por parte de especialistas, las imprescindibles reformas al comercio interno e internacional de granos, la producción de alimentos y la correcta liquidación de las exportaciones, asuntos demasiado serios para tratarlos a los trompicones.

La solicitada que firmaron los dirigentes de todas las centrales y agrupamientos sindicales, por primera vez juntos en varias décadas, muestra un apoyo a la decisión del gobierno muy superior a la oposición del ridículo banderazo, en defensa de la propiedad privada (que los Nardelli y Padoan saquearon) y en contra de la cuarentena (mientras Brasil superó el millón de infectados y ronda los 50.000 muertos). Pero no implica verdadera organización popular.

Nadie de ninguna línea interna del gobierno participó en su génesis, que recayó en la iniciativa de algunos líderes, como Héctor Daer, de la CGT, o Hugo Yasky, de la CTA, que superaron muchos recelos con otras centrales y otros dirigentes en función de un propósito superior.
Entre los hombres de negocios hay algunos reproches hacia la Unión Industrial por no pronunciarse con mayor virulencia en contra del gobierno.
Pero de aquí tampoco se desprenden conclusiones alentadoras: ocurre que el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, es directivo de Aceitera General Deheza (AGD), y cuñado de su principal accionista, el ex senador del Frente de Todos, Roberto Urquía.
Desde hace tres años, alertada por los desmanejos de los Nardelli y Padoan, AGD vigila los balances de Vicentin, al acecho de rapiñar parte de los escombros del derrumbe anunciado.

El nexo entre las investigaciones sobre el espionaje, la intervención a Vicentin y la compleja negociación con los acreedores externos es inocultable.
Incluso, el más duro de los fondos de inversión que negocian con el Ministerio de Economía, BlackRock, tiene interés directo en Vicentin, a través de Glencore, socio mayoritario de la cerealera local en Renova.
Tampoco es casual que quien planteó convertir la resistencia a la expropiación de Vicentin en una 126 haya sido Patricia Bullrich, cuya situación es muy comprometida en las investigaciones por el espionaje.


La persona de confianza

Desde 2007, Susana Martinengo ha sido una de las personas más próximas a Macrì y de su mayor confianza. Entre 2018 y 2019 quedaron registradas doce audiencias que concedió en la Casa Rosada a tres agentes de la policía porteña asignados a la AFI, que son investigados por el espionaje ilegal (Leandro Araque, Jorge Sáez y Facundo Melo).
Ellos admitieron que además de esas visitas a la sede presidencial, donde a veces se quedaron a almorzar, se encontraban con ella en otros sitios e incluso en el domicilio de la funcionaria.

Ella misma explica la índole de su relación con Macrì en unos audios, tomados de una complaciente entrevista que le realizó el 15 de marzo de 2019 una radio en internet con pocos centenares de seguidores. Sus afirmaciones no dejan duda sobre la relación institucional con Macrì y la confianza política que él le dispensa.
El entrevistador es José Luis Merlino, quien se presenta como amigo de Martinengo.
Ella se refiere con admiración y afecto a Macrì, a Juliana Awada, Carolina Stanley y María E. Vidal.

Entre otras cosas, la mujer dice:

  • "Sobre todo tenemos mucho cuidado en aquello que le tiene que llegar al Presidente.
  • Es un trabajo que vengo haciendo desde 2007, como jefa de despacho cuando el Presidente era jefe de gobierno.
  • Es un honor acompañarlo, nos deja libertad para trabajar, pero después tenés que rendir examen. Es un gran estadista, que te marca y te controla. Todo tiene un informe. Yo mensualmente le hago una estadística de lo que pasa.
  • Todo lo que hago es a pedido de él. Cuando él me da una directiva, hay que cumplirla.
  • Es una persona que te deja trabajar con total libertad, pero es muy exigente.
  • El Secretario General Fernando de Andreis anualmente me pide a mí como a todas las direcciones que dependen de él, un informe de lo que ha sucedido. Yo recibo todos los mails que llegan a presidencia por las distintas áreas.
  • Para mí es un placer que confíen, porque vos tenés que tener personas de confianza a tu alrededor.
  • Es un honor, creo en este proyecto, creo en el Presidente. Es un estadista.
  • Voy a defender más que nada al Presidente, porque lo conozco, sé quién es, su don de gente. A veces uno lo ve, cansado, canoso, y conociendo todo lo que se conoce de su vida, uno dice: ¿para qué lo hace? Tiene pasión por hacer.
  • Yo fui en otras gestiones la primera mujer directora de seguridad en la provincia de Buenos Aires. En un rol social. Si bien trabajaba con la policía de la provincia, con la Federal, el mío fue un rol más desde lo social, en el municipio. Eso me enseñó muchísimo.
  • Yo acompaño al Presidente. Donde el Presidente considere que soy útil, voy a estar. Todos estamos acompañando un proceso. Acá el único es el Presidente. Lo que él decida se va a hacer y los demás vamos a acompañarlo.


Susana Martinengo con Jorge Macri


Semana non sancta

De 65 años, Martinengo estuvo casada con el capitán del Ejército Juan Jorge Ferreyra, uno de los alzados con Aldo Rico contra el gobierno de Raúl Alfonsín en la Semana Santa de 1987.
Ambos fueron militantes del MODIN, el partido de Rico, del que Ferreyra se alejó en 1996 denunciando “personalismos arcaicos y retrocesos ideológicos», y se acercó al PJ por medio de Octavio Frigerio, hijo y padre de Rogelio Frigerio. El desempeño de Martinengo en Seguridad fue en el municipio de San Martín, con el intendente vecinalista de origen radical Ricardo Ivoskus.

La relación de los espías de la AFI con Susana Martinengo no fue revelada por ninguno de ellos, sino por el abogado defensor de CFK, Alberto Beraldi, quien a su vez fue secretario de seguridad bonaerense durante la gestión ministerial de Carlos Arslanian.
Araque y Facundo Melo fueron identificados por el juez federal de Lomas de Zamora, Federico Villena, a partir de las declaraciones del narco de la zona sur del conurbano Verdura Rodríguez.
En el teléfono celular de Araque, el juez encontró mensajes, grabaciones, fotos y videos que dan cuenta de las tareas ilegales de espionaje que se realizaban desde la AFI.

Araque, Melo y Jorge Sáez declararon ante la Comisión Bicameral. El juez Villena les negó la eximición de prisión que habían pedido.
También lo recusaron, pero el juez rechazó la presentación, sobre la que ahora debe decidir la Cámara Federal de La Plata.
En el otro juzgado federal de Lomas se tramita una causa paralela por espionaje a periodistas y académicos en ocasión de la cumbre del G20 en Buenos Aires.
Villena se excusó de llevarla, porque él fue quien ordenó la investigación, que la AFI usó como pretexto para espiar a CFK y el Instituto Patria.
Se hizo cargo entonces el juez interino Juan Pablo Augé, quien delegó la instrucción en la fiscal Cecilia Incardona, quien el viernes tomó declaración a los agentes de la AFI que desde un auto vigilaban los movimientos de Cristina, cuya identidad fue reservada, y ayer solicitó la detención de Alan Ruiz, quien dependía en forma directa de Silvia Majdalani, la subjefa de la AFI.

El jefe, Gustavo Arribas, quien reportaba al entonces Presidente Maurizio Macrì, estaba al tanto de la ilegalidad del procedimiento.
La directiva que recibieron los agentes era detectar si había movimientos de bolsos, valijas o dinero en el Instituto Patria y en el domicilio de la ex Presidenta, mientras lo que se informó a la comisión bicameral y a la justicia es que se trataba de prevenir posibles atentados en ocasión de la reunión del G20 y los juegos olímpicos de la juventud.

Alan Ruiz es otro personaje clave en esta historia. Colaborador del Ministerio de Seguridad, Patricia Bullrich hizo que lo designaran en la AFI para encargarse de las tareas ilegales sobre dirigentes políticos de la oposición de entonces, pero también sobre líneas internas del oficialismo que no eran de la plena confianza de Macrì (como Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli, María Eugenia Vidal, Emilio Monzó, Nicolás Massot y Cristian Ritondo).
En el celular de Araque constan horas de audios en los que Ruiz habla con asombroso desenfado de esas tareas, que lo incriminan.
Sus tareas y relaciones parecen un calco de las de Marcelo Sebastián D’Alessio, otro alfil de la dama del PRO.

Martinengo también aparece mencionada en la investigación del juez federal de Lomas de Zamora, Federico Villena, sobre el espionaje al obispo Jorge Lugones y al ex intendente de La Plata Pablo Bruera, quien es sobrino del eclesiástico.
Araque le informa al encargado de municipios de la provincia de Buenos Aires, Alex Campbell, que estuvo con Susana y trataron temas que pueden interesarle.
Y luego ambos juntos viajan a La Plata para transmitirle la información de modo directo a Campbell:




Los legisladores del oficialismo en la Bicameral (Leopoldo Moreau, Eduardo Valdés, Martin Doñate, Rodo Tailhade) inquirieron a los espías por su relación con Martinengo.
El representante del PRO, Cristian Ritondo, orientó los interrogatorios a establecer que los agentes no habían recibido directivas de Macrì, de Gustavo Arribas ni de Silvia Majdalani, como si la línea de ilegalidades se cortara en Alan Ruiz.
Araque dijo que le enviaban informes a la secretaria de documentación presidencial, en algunos casos realizados a pedido de la propia Martinengo, en otros por indicación de Alan Ruiz. Cuando se reunían con Martinengo hablaban de política, agregó.

Moreau le preguntó si ella dejó entrever que esos informes eran para Macrì. Araque asintió.
“Dijo que a él podían interesarle”.
Fue más vago cuando dijo que Susana Martinengo estaba al tanto de que “había problemas internos entre Macrì y Santilli”.

Facundo Melo dijo que sólo había visto un par de veces a Martinengo, quien era amiga personal de Sáez y de su esposa.
En cambio, abundó en detalles sobre la relación de Alan Ruiz con Silvia Majdalani, que era su superior directa, y con Patricia Bullrich, quien lo hizo entrar en la AFI.

También contó que le hicieron escuchar a Santilli el audio en el que Alan Ruiz se refiere a su manejo de dinero, a la infiltración de una persona en la casa de su suegra y al seguimiento que le realizaron.
El vicejefe de gobierno agradeció, porque de no contar con elementos de prueba, Majdalani, Arribas o Macrì negarían los hechos sin que él pudiera argüir nada.
El nexo entre Santilli y Melo fue Daniel Llermanos, el abogado de Pablo y Hugo Moyano.
Melo perdió su empleo en la AFI cuando denunció que Alan Ruiz le había pedido que orientara la declaración de uno de sus clientes, barra brava de Independiente, en contra de los camioneros.
No sólo se negó, sino que lo denunció a la Justicia.

El más elusivo del trío acerca de Martinengo fue Sáez.
Pretendió que las constantes visitas a la Casa de Gobierno sólo obedecían a su amistad personal con ella y que nunca se habló de nada importante.
Pero respecto de Santilli contó que Alan Ruiz ordenó seguirlo «porque es un narcotraficante” y agregó que habia gastado 200 lucas en una comida en Miami.
Añadió que Ruiz era amigo del exposo de la mujer de Santilli, Martín Terra.
Es ostensible la semejanza entre este episodio y el que protagonizó D’Alessio, investigando a pedido de Carlos Stornelli al piloto peruano-estadounidense Jorge Christian Castañón, porque era el exposo de la pareja del fiscal.

Sáez también sostuvo que la orden de seguir al entonces ministro de Seguridad porteño se la dio Majdalani porque «dijo que a Santilli le había bajado el pulgar el uno, que para él era Macri; el Cinco, que era Gustavo Arribas; y la Ocho», es decir Majdalani.
Afirmó que Ruiz tenía preparadas las celdas para Hugo y Pablo Moyano y que les pidió que le hicieran contacto con Omar Pérez, Manguera, quien esperaba que asumiera la conducción de Camioneros luego de la detención de los Moyano.
Ruiz planteó que él, Majdalani, Arribas y Marcos Peña se reunirían con Manguera Pérez, a quien ”le vamos a ofrecer todo para que no nos paren todas las rutas y no nos bloqueen todos los puentes. A él lo vamos a empoderar y el día de mañana lo tenemos debajo de nuestro brazo”.

Esto coincide con la denuncia del juez Luis Carzoglio, en abril de 2019, de que recibió la visita de los jefes de Legales y de Finanzas de la AFI, Juan Sebastián De Stéfano y Fernando Di Pasquale, quienes le dijeron que Macri ordenaba la detención de los Moyano y luego le hicieron llegar la orden de detención ya redactada.
También es congruente con las declaraciones del Presidente en junio contra lo que llamó «la patota del transporte», que elevaba el costo de la logística y resentía la competitividad de la economía.



Pablo Moyano y Omar Manguera Pérez, debajo del camión.




Stornelli, Santilli & Cia. Bajas pasiones.




Florencia Macri y Salvatore Pica, salpicaduras.

Tanto Melo como Sáez refirieron el espionaje que debieron realizar a la hermana del Presidente, Florencia Macrì, y su pareja, Salvador Pica.
Ambos señalaron la preocupación directa del Presidente, quien temía ser salpicado por una causa que los involucraba. Por contrabando, dijo Melo. Por narcotráfico, corrigió Sáez.

No hubo preguntas sobre la relación de estos espías con el doctor Glock, quien los utilizó como fuerza de prevención para el allanamiento a la casa de Cristina en Calafate, donde no corresponde que actúe la Policía porteña a la que pertenecían.


Líneas internas

Algo que se delinea con nitidez es la confrontación entre opuestas líneas internas en la agencia de espionaje, que explican la hiperactividad de algunas personas, tanto entre los funcionarios como por parte del personal judicial que les daba cobertura.
Los espías que apuntan contra Alan Ruiz presentan como contracara a Diego Dalmau Pereyra, quien sucedió al ingeniero Antonio Horacio Stiuso al frente de Contrainteligencia.
Dalmau, dicen, no admitía el espionaje político que reclamaba Gustavo Arribas y por eso salió del país.
Al mismo tiempo, Marcelo Sebastián D’Alessio comenzó a direccionar su tarea hacia causas de corrupción, que derivan en la Encuadernadora Glock, a partir de la causa del Gas Natural Licuado.

Oficial del Ejército, hoy de 54 años, Dalmau fue el egresado con el mejor promedio de la Escuela de Inteligencia de Ejército. Como premio, lo enviaron por dos años a perfeccionarse en la Escuela de Inteligencia de Colombia.
Pero no llegó a viajar.
Según su propio relato, mientras esperaba para viajar a Bogotá, lo destinaron al edificio de la calle Viamonte, al lado del entonces Batallón de Inteligencia 601, donde funcionaba el espionaje interno prohibido por la ley.
“Si sigo y me voy, cuando vuelva me van a hacer hacer cosas ilegales y terminaré preso», dice que pensó.
Por eso pidió el retiro, estudió comunicación y consiguió entrar a la SIDE.

Stiuso lo tenía entre ojos y lo mandó a guardar por años a la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), como profesor de Inteligencia Estratégica.
Tanto sus compañeros en la ENI como en la Escuela de Defensa Nacional (EDENA) afirman que era brillante.
Un ex profesor de la EDENA afirma que deslumbró a todo el curso con una descripción de la plurinacionalidad boliviana.
Odiado por Stiuso, fue protegido desde la Comisión Bicameral de Inteligencia por Silvia Majdalani, quien al asumir como subdirectora en 2016, lo convocó para suplantar a Stiuso.

Su salida de allí contradice tantas loas.
Dalmau fue remitido a la embajada argentina en Chile como delegado de inteligencia a raíz del fracaso de la operación para que Ibar Pérez Corradi incriminara a Aníbal Fernández en el tráfico de efedrina y el triple crimen de General Rodríguez, que no es una tarea muy limpia.
En una entrevista telefónica desde la cárcel de Marcos Paz, con Carla Pelliza de El Destape, Pérez Corradi dijo que Dalmau Pereyra fue el enviado por el gobierno nacional a Asunción, donde estaba detenido, para negociar las condiciones de su extradición.
A cambio de beneficios en su lugar de detención en la Argentina debía incriminar a Fernández, con datos que le suministraría la AFI.

Es posible que Alan Ruiz fuera menos escrupuloso que Dalmau y que emprendiera con mayor entusiasmo las tareas ilegales que Bullrich le indicaba, tanto a él como a Marcelo Sebastián D’Alessio.
Bullrich propuso la transacción que rechazó Pérez Corradi, quien se negó a incriminar a Fernández, y en su lugar mencionó al artífice de PRO, el radical Ernesto Sáenz.
El rol de Dalmau Pereyra en este caso fue similar al de D’Alessio en el del ejecutivo uruguayo de Pedevesa, Gonzalo Brusa Dovat, y explicita la cara oculta de un gobierno que pregonaba transparencia desde las cloacas.

Por entonces, Bullrich también se encargó de poner en caja por cuenta de Macrì a su antigua aliada Elisa Carrió, quien presentó una denuncia ante el doctor Glock, por la consulta que la Policía Federal hizo vía Interpol con las autoridades mexicanas en febrero de 2019 acerca de la presunta detención de un hijo de la heroína cívica libertadora en México, con armas y drogas.
Luego del chequeo oficial, con participación del entonces canciller Jorge Faurie, la conclusión fue que no había ninguna causa contra el hijo de la diputada y que no había sido detenido.

La misma versión había circulado por internet a principios de 2017.
En abril de ese año, en un programa de la actriz Mirtha Legrand, Carrió había acusado por ello a Ritondo, al entonces diputado de PRO Mauricio Longin Dalessandro y al editor del sitio de extorsiones SEPRIN, Héctor Alderete. Según Carrió, eso ocurrió en represalia por haber denunciado que el jefe de la policía bonaerense Pablo Bressi protegía al narcotráfico.
El Hada Buena lo respaldó, pero al mes siguiente de la aparición televisiva de Carrió, lo cesanteó.

En aquel programa le preguntaron por qué Macrì no la defendía.

- Esa es la pregunta del millón -, respondió Carrió ante el estupor de sus contertulios.

Añadió que se había cansado de que los que había mencionado se beneficiaran por la imagen de lucha contra la corrupción que ella había instalado, y que ella se quedara sola ante denuncias en su contra, que atribuyó a represalias de monseñor Lorenzetti y del ministro Garavano.

En otra aparición fulgurante, en octubre de 2018, Carrió agregó durante un acto en la Universidad de Derecho de Corrientes que Macrì debía elegir entre ella y Angelici.

Angelici “son los barrabravas, los contenedores, el arreglo con los jueces, los equipos de fútbol, Fútbol para Todos, Moyano, Nosiglia. Yo defiendo la gobernabilidad”.
Si no elige, Macrì cae, porque “la Argentina va a luchar”.

También dijo que había perdido la confianza en que Macrì luchara contra la corrupción, frase bastante más comprensible que otra que solía repetir, que apoyaba a Macrì para luchar contra la corrupción.

JUEGO DE ESPÍAS, de Horacio Verbitzky - 21-6-2020


lunes, 15 de junio de 2020

EMPRESA CÓMPLICE DE LA DICTADURA, de Javier Gatti - 14/6/2020

Entre las elecciones de 2015, 2017 y 2019, Vicentin aportó al macrismo 24 millones de pesos


Dietrich, Nardelli, Lifschitz, Macri, Sica y Corral, en tiempos mejores

Entre el anuncio presidencial de la intervención por decreto y expropiación por ley de las empresas del Grupo Vicentin y el cierre de esta nota, se desató una maraña de operaciones previsibles encabezadas por el Foro de Convergencia Empresarial, la Bolsa de Comercio, sus mandaderos de Juntos por la Fuga y socios de la empresa en la estafa al Banco Nación y otros, un intendente radical santafesino y unos cientos de pobladores que fueron presentados como “una pueblada en defensa de sus orígenes”.

En estos intensos días dos binomios fueron los más pronunciados desde el espacio del Frente de Todos: “soberanía alimentaria” y “empresa testigo”.

Lo segundo explica tanta histeria: Vicentin SAIC es testigo y protagonista de la complicidad civil empresaria con la dictadura militar, de la evasión impositiva y fuga de divisas en los últimos 40 años, potenciadas en el ciclo cambiemita y de las mañas del sector agropecuario que es la Patria pero no pone un dólar.
Y que pide tregua.

Vicentin ha sido intervenida en los términos del Decreto 522/20 del Poder Ejecutivo y su expropiación está sujeta a una Ley que no hace más que desatar dos revueltas completamente previsibles y que pueden diferir y hasta frustar - más allá del anuncio presidencial - la declaración de utilidad pública y posterior expropiación.

Una externa, liderada por Juntos por el Cambio, el principal socio del Grupo en la estafa a la banca pública, productores, acopiadores y sus mandaderos aglutinados en las centrales empresarias (AEA, ADEBA y otres).
La otra revuelta es interna y justifica un recordatorio elemental ante los cruces internos entre socios menores y mayores del Frente de Todes y que generaron tensiones y angustias.
Gobierna una coalición que integra 19 espacios políticos, sindicales y de militancia territorial que coincidieron en la necesidad de salvar al país del desastre económico y social provocado por Cambiemos (coincidencia primaria) pero con un núcleo escueto de coincidencias básicas.
O mejor dicho con un amplio abanico de contradicciones secundarias diferidas en campaña para el momento en que iban a empezar a notarse: durante la gestión en el poder.
Ahí el Frente iba a crujir y Alberto tendría que dar la talla para contener las disputas internas y conducirlo.

El peronismo ha sido históricamente frentista y la cohesión interna en la gestión siempre dependió de la habilidad y potencia política de sus conductores históricos (de Perón a Alberto Fernández e incluyendo a Menem).
Ninguna novedad pero particularmente notable en estos momentos en que Lavagna es Lavagna, Duhalde es Duhalde y algunos gobernadores pierden ministros o retacean diputados para darle la media sanción no garantizada al proyecto de declaración de utilidad pública y expropiación de una empresa que “no debería ser estatal”, según neomenemistas de todo pelaje, pero fue un “completo fracaso” bajo gestión privada, es decir en sus propios términos.

Pero digamos todo. 
Completo fracaso es otra fórmula compuesta que encubre una realidad perfectamente aplicable al macrismo, porque Vicentin es Cambiemos y en realidad no fracasaron sino que hicieron lo que saben y quisieron hacer: acumular para enriquecerse corporativamente, evadir impuestos, fugar dividendos y préstamos que jamás pagarían a través de empresas offshore.
En síntesis, negocios privados ilegales con la complicidad del Estado, asociándolo, vaciándolo o extorsionándolo.
Dicho esto podríamos repasar una foto varias veces publicada pero que merece una lectura adicional, como Las Meninas de Velázquez, aunque menos profunda y desafiante que la de Foucault sobre esa pintura.

Primero la foto conocida:


¿Qué tenían ante sí Alberto y los funcionarios en el cónclave de Olivos?
Pues bien, una delegación de empresarios encabezados por el Nardelli “limpio” y que fueron cómplices de Alberto Padoán y Gustavo Nardelli (acusados por la UIF de lavado de activos y por la AFIP por fuga de capitales y evasión fiscal).

Que además pidieron por el honor y buen nombre de sus familias y al mismo tiempo intentaron convencer al Presidente de que había excepcionales opciones de compra privada o gestión mixta sin expropiación.

¿Pero qué más había a la derecha del Presidente de la Nación?
Una representación de otra de las empresas que conforma el poder real y permanente en este país y que fue cómplice civil del terrorismo de Estado, del genocidio planificado y sistemático de la última dictadura cívico, clerical y militar y que jamás se arrepintió públicamente ni abrió sus archivos ante las requisitorias de las fiscalías federales de Santa Fe y Reconquista que los investigaron.

Vicentin SAIC entregó a 22 trabajadores y delegados de sección que fueron secuestrados entre el 2 y el 4 de noviembre de 1976 en el predio de la aceitera o camino al trabajo, los trasladaron a Santa Fe capital, los torturaron y los encarcelaron mientras Vicentin los intimaba vía sendos telegramas por abandono de tareas y los despedía “con justa causa”.

Uno de los trabajadores que sobrevivieron y aportaron su testimonio, Heraldo Salvador Sánchez, recuerda: 
«Una tarde me llegó el telegrama de despido y esa noche me sacaron de mi casa, me encapucharon y me tiraron en una camioneta. De la Jefatura de Reconquista me llevaron a la Base Aérea, donde me torturaron por días, después a la GIR (Guardia de Infantería Reforzada), había muchos obreros de Vicentin ahí… Al mes me largaron».


Efren Venturini y Oscar Zarza.

Oscar Cacho Zarza recuerda que «esta detención vino de adentro de la fábrica, nos llevaron a la Jefatura de Reconquista, de ahí a la Brigada Aérea y esa noche, junto con otras 40 personas - hombres y mujeres - nos metieron a patadas y bastonazos en un colectivo que, previa parada en la comisaría de San Justo, nos dejó en la Guardia de Infantería Reforzada (GIR) de Santa Fe, nos golpearon mucho y algunos compañeros quedaron mal por las torturas. Estuvimos 15 días desaparecidos y después nos largaron».

El testimonio ante la CONADEP del trabajador y delegado gremial Efrén Venturini puede servir para justipreciar las manifestaciones de unos cientos en Avellaneda, en el norte santafesino donde la dictadura se ensañó con las Ligas Agrarias. 
“En Avellaneda los Vicentin son los dueños el pueblo, los dueños de todo y los que sacan y ponen intendentes”.

Por esa misma razón y pese a que señaló la responsabilidad de Roberto y Máximo Vicentin en los secuestros, era escéptico sobre la posibilidad de que se hiciera justicia.
Y lamentablemente tuvo razón.


A propósito de genocidios

El Senador por Santa Fe Roberto Mirabella utilizó una frase sonora y evocativa para reflejar el dramatismo que se vive en el norte santafesino ante el quebranto del Grupo Vicentin: “Tenemos que evitar que se repita un genocidio de empresas estratégicas argentinas”.

Algo que precisamente sucedió durante los 7 años de dictadura, con 37.000 establecimientos fabriles y 30.000 personas desaparecides.
Un industricidio con 24.500 empresas cerradas pero sin simulacros de fusilamientos ni cuerpos cayendo al Río de la Plata ocurrió precisamente entre 2015 y 2019, en los que Vicentin recibió de CAMBIEMOS U$S 200 millones en los dos últimos meses de gobierno y a razón de casi uno por día.

¿Hace falta decir que los Macri (SOCMA) fueron cómplices y beneficiarios directos también de la última dictadura?

La historia nos regala estas dolorosas persistencias que sería una pena no señalar en estos días de ímpetus, fragores y recálculos; para saber con quiénes estamos negociando.
Y en los que pese al cuidado de los equilibrios y la justeza para no generalizar, diremos como Gilles Deleuze: 
“Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo”.

Tampoco nada nuevo, este es un comportamiento arraigado en el sector agroindustrial productivo exportador que además acopia su producción especulando con una suba incesante del tipo de cambio y luego retacea los pocos dólares genuinos que obtiene en un país con una estructura industrial altamente extranjerizada y demandante de dólares en fases expansivas.
Lo que regula esos procesos, condiciona a los populismos que pretenden desarrollarse y repartir mejor las riquezas y los ahoga para garantizar que la Argentina siempre sea (y el resto de América Latina) un país primarizado atado a esos dólares que nunca llegan ni en cantidad suficiente ni en tiempo.

FORMULARIO DE CONTACTO

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

BUSCAR EN ESTE BLOG

SEGUIDORES

Próspera tendrá su calibana Por Rocco Carbone

En 1969 Gillo Pontecorvo – director de La batalla de Argel – estrenó Queimada , con Marlon Brando en el papel de William Walker, un “ingl...