sábado, 14 de noviembre de 2020

UN VINITO, COMPAÑERO, de Alejandra Dandan - 8/11/2020

El día que Víctor Basterra se fue de la ESMA


Foto: Laura Rivas

Hoy estamos todos un poquito más cerca de la muerte, dice Carlos Muñoz. Vuelve en colectivo. Viene de La Plata.
Estuvo donde nadie se atreve a terminar de decir que estuvo, como si escribirlo terminara de llevárselo de al lado nuestro.
Cuando Víctor estuvo en una de las visitas frecuentes al ahora Museo de la ESMA, habló y habló. Y alguien escribió después que hablaba porque había cien pares de orejas para escucharlo.
Cuando bajó una escalera hacia el Sótano, le dijo algo a Ana Testa. O creo que se lo dijo. O le hablaba y ella no estaba. O ella me lo contó después a mí.
Era sobre los días del secuestro.
Ella estaba dolida, recién trasladada, con el cuerpo que todavía no sabía qué era adentro, qué era afuera, qué es lo que pasaba ahí. Grito. Llanto. La ESMA.
Y entonces, esa noche alguien golpeó la puerta.
Ana estaba en una piecita del Sótano. O al menos creo que era ahí.
Víctor no la conocía.
Entró. Cerró. Y le dijo: ¿un vinito, compañera?
Ese vinito hoy es en honor a él. Para celebrarlo.

Aquí, algo de sus palabras.
Una entrevista. Charla en un bar del bajo.
Lo llamé para pedirle que me explique cómo había hecho para organizar las fotos con los nombres de la ESMA.
Línea a línea. Página a página.
El detrás de escena de ese ahora icónico Informe Basterra con las pruebas más enormes que pusieron caras y nombres al GT 3.3.2 escondidos hasta entonces atrás de los alías.
Y las únicas fotos de los y las desaparecidas.
Para entonces se acercaba el final del juicio de la ESMA Unificado. En ese contexto, apareció este relato del 12 de julio de 2015.
Victor rió.


La historia de las fotos de la ESMA

Víctor Basterra todavía continuaba secuestrado en la Escuela de Mecánica de la Armada, pero esa noche salió, bajo el sistema de salidas vigiladas de los represores de la Armada.
Eran los últimos meses del régimen.
Basterra se sentó en la casa de una compañera. Repensó escenas de los últimos tiempos. Empezó a organizarlas de alguna manera sin saber que iniciaba un trabajo de casi cuarenta años.
“Hay todo un primer desarrollo que se produce mientras yo seguía adentro”, dice.
“Yo comienzo a sistematizar.
Nunca había escrito nada. Todo estaba acá, en la cabeza, pero yo sabía que eso también se podía perder.
Ese día en la casa de esa compañera, que está viva, me quedé toda la noche con un libro: La Dieta Scardale.
Empecé a pasar hoja por hoja, y a pinchar en las letras los nombres de los marinos según sus grados.
Una escala jerárquica que yo tenía en mi cabeza”.

- ¿Por ejemplo, de quiénes?

- Horacio Pedro Estrada era uno de los capos.
Entonces, buscaba, por ejemplo, en una oración que decía: “Se tiene que tomar sopa de arvejas…”.
En la “e” dibujaba un par de pinchitos; después en la “s” y en la “t” de la dieta.
O sea, que si alguien abría el libro completo aparecía una larga lista de nombres que yo tenía en mi cabeza.
Afortunadamente los iba volcando en un lugar, pero tampoco los olvidaba.
Después todo eso sirvió como ayuda memoria, pero en ese momento mi cabeza estaba fresca.

Basterra permaneció secuestrado desde el 10 de agosto de 1979 al 3 de diciembre de 1983 en la ESMA y con controles hasta julio de 1984.
Luego de los primeros meses de tabique en Capucha, hizo trabajo forzado en la imprenta montada por los marinos.
Había sido obrero gráfico y eso le permitió una sobrevida que nunca sabía cuándo podía acabar.
Mientras estuvo en la ESMA, puso en riesgo su vida para empezar a sacar - primero en sus calzoncillos - los negativos de los detenidos desaparecidos tomadas por la Armada y copias de fotos de los represores, que casi cuatro décadas después son parte de las pruebas del megajuicio ESMA Unificado.

Esta semana el juicio entró en etapa de alegatos.
Los fiscales proyectaron algunas de esas fotos en la sala.
Las imágenes simbolizan el trabajo de reconstrucción y memoria de los sobrevivientes.
Esa tarea individual y a la vez colectiva también apareció proyectada en la sala con la reproducción de los primeros listados de víctimas y de represores escritos por los sobrevivientes.
Allí estaban las listas más conocidas.
La primera denuncia pública que molestó a los represores presentada por tres mujeres, Alicia Milia de Pirles, Sara Solarz de Osatinsky y Ana María Martí ante la Asamblea Nacional de Francia en 1979.
O textos manuscritos como el de Cachito Fukman.
Los listados contenían nombres propios o apodos que, como dijo la fiscalía, permitieron con el tiempo “completar, comparar y entrecruzar datos”.

Basterra abre la puerta del café del Centro Cultural Borges.
Llega de La Plata convocado a una de las salas para dar una charla a estudiantes norteamericanos.
El Juicio a las Juntas estuvo lindo, va a decir enseguida.
Jorge Luis Borges escribió la crónica de su declaración.
Basterra sigue conmovido.
Dijo en el diario La Nación que el juicio había sido uno antes y otro después de Basterra.

- ¿Qué pasó entonces con la dieta Scardale?

- Quedó ahí. Si a mí me pasaba algo, esa compañera lo podía presentar en la Justicia.
Por supuesto que la compañera ¡lo perdió! - dice y ríe -. Estratégicamente ella me decía: “Yo voy a tratar de olvidarme de todo”.
Y yo le decía: “Ana, no seas pelotuda. ¡Mirate las piernas, mirate los tobillos!
Ves que todavía tenés marcas de los grilletes y de las ligaduras”.

- ¿Cuándo fue el segundo intento de organizar recuerdos?

- Yo empiezo a las escondidas, siempre obsesivamente, a recordar los nombres.
Conozco a un flaco, arquitecto. Le cuento la historia. La compañera era compañera de laburo de Laura Seoane (su mujer).
Nos hicimos muy amigos, Jorge Gerber, gran tipo, había sido activista y militante del MAS. Ahora está muerto.
Con él empezamos a armar el primer listado que yo iba a presentar en la CONADEP en marzo de 1984, en el lapso que estaba libre pero con controles.
Cada diez días venía un tipo (Jorge Manuel Díaz), Smith o algún otro a controlar, a ver qué carajo hacía.
Yo quería presentar esto en la CONADEP, y en la CONADEP todavía están las hojas que escribí.

- ¿Cómo organizaron esa información? ¿Servía que él fuera arquitecto?

- Lo hacíamos en hojas cuadriculadas: la foto arriba, el nombre, el sosías y el nombre de guerra, que son cosas distintas.
El nombre real por ejemplo, era Oscar Rubén Lanzón (jefe de Inteligencia del GT entre 1980 y 1981).
El nombre de guerra, Horacio Gurati. Y sosías, en ese caso no tenía.
El sosías era el nombre falso que usaban en los documentos. “Fafá”, por ejemplo, era un nombre de guerra. El sosías era Roberto Mario Erhardt. Y el nombre real, Claudio Pittana.
Y, además, había un desarrollo de las cosas que yo más o menos les había visto hacer o sabía.
Así organizamos cada hoja.

Basterra rescató sobre todo dos tipos de fotografías.
Negativos de los detenidos desaparecidos. Fotos hechas por los marinos durante la tortura.
Una serie del período previo al que estuvo él, de 1977, y otra en la que estaban él y sus compañeros tomada a los veinte días de llegar a la ESMA.
Documentos visuales que son los únicos que existen de los desaparecidos. Y otra serie de imágenes que no son negativos, sino copias en papel de los represores de la ESMA.
Fotografías tomadas por él, que permitieron tempranamente ponerles cara a los represores.
Entre ellas está, por ejemplo, la foto del marino Alfredo Astiz. Víctor le sacó la foto en 1982.
El Angel de la Muerte aparece con la cara demacrada.
Dice Víctor que volvía de la guerra de Malvinas donde había estado detenido por los ingleses.
Bien miradas, entonces, esas no son fotos todas iguales.
Él hacía cuatro fotos para ellos, y se quedaba con una quinta.

“Los marinos se hacían cuatro fotos para un juego de documentos básico  - dice -, DNI, cédula de identidad, registro  de conductor y credencial de policía. Todos con nombres falsos. Las dos primeras fotos eran de frente y las otras dos, de tres cuartos perfil derecho.
Yo, como fotógrafo, lo tengo que saber. Entonces, yo hacía una quinta foto. Sencillo: es la que escondí”.
Los documentos formaban parte de los que usaba el Grupo de Tareas para moverse. Cuando hacían un procedimiento en la calle, paraban un coche y mostraban la credencial amarilla de la Policía. “‘¡Córranse!’, le decían a la gente - cuenta Víctor -, y en esa época nadie decía nada.
Subían al coche y se iban a la mierda. Te afanaban el coche.
Y así obtenían los coches para los operativos”.

Los documentos se hacían a nombre del sosías que, en general, dice Basterra, lo tomaban de un nombre real. 
“Si vos viajabas a Uruguay, los registros de Buquebús iban a Prefectura o Policía Federal. Y luego eso iba a la ESMA. Entonces se hacía un documento en función de la edad del tipo real.
Y el tipo funcionaba con el documento de una persona viva”.


Un Monje negro

Basterra dice que sus fotos son como el comienzo de una historia, sobre la que continuará escribiéndose años más tarde.
Una de sus fotos muestra a un hombre de frente, un muchacho, camisa blanca, corbata.
Víctor escribió unas pocas líneas:
“Ramón Antonio Monje. Cabo ARA, nombre de guerra: Carlitos (Foto 1983)”
Según dichos, fue asistente del capitán Acosta en 1978.
Apareció nuevamente en 1982, con desequilibrios mentales muy evidentes: intentó suicidarse estando en el pabellón COY, pegándose un tiro en el pecho con la pistola del capitán Peyón.

A través de la desclasificación y análisis de archivos del Ministerio de Defensa, hoy se sabe algo más de esa historia. 
“¿Señores jueces, ustedes saben quién era en realidad Monje?”, preguntó la fiscal Mercedes Soiza Reilly el lunes pasado a la sala.

Monje había sido uno de los estudiantes de la Escuela de Mecánica que ocupaba el predio de la ESMA.
Por sus buenas calificaciones, en 1978 quedó en el Grupo de Tareas 3.3.2: el director de la ESMA, Rubén Jacinto Chamorro, premiaba con ese “ascenso” a los estudiantes con promedio igual o mayor a siete.
Monje era señalero, pero comenzó a destacarse a poco de entrar. Entre el 13 de febrero y el 15 de noviembre de 1978 estuvo en la UT y a fin de año, Néstor Savio, el Tigre Acosta y Jorge Vildoza lo calificaron con un “sobresaliente”.
Savio dijo: 
“Condiciones personales y profesionales no comunes para su grado, jerarquía y edad. Considero que se trata de uno de los casos excepcionales dentro de la institución”.
Acosta le dedicó un infrecuente párrafo especial.
Monje le resultaba “sumamente discreto y callado. Es un ejemplo como cabo segundo ante todo lo que sea cumplir órdenes con total dedicación y criterio. Debe ser tenido en cuenta para formar el escalafón inteligencia. Muy inteligente, sabe adaptarse a cada una de las circunstancias con un tacto totalmente inusual para su edad. Ha superado problemas que le son derivadas de su propia familia”.

Más tarde, pasó a Sudáfrica con Acosta.
Volvió. En 1982, lo internaron en el pabellón psiquiátrico de Río Santiago con cuadros de delirios.
Permaneció ahí hasta que Ricardo Cavallo se lo llevó sin tener siquiera el alta médica.
Y es ahí cuando, aparentemente, Basterra vuelve a verlo en la ESMA.
Un año más tarde, volvieron a internarlo y en 1983 la Armada lo desvinculó con la baja y lo indemnizó.
Hoy se sabe que estuvo medicado durante los años siguientes y que debería estar en juicio pero está exceptuado por un cuadro de salud.

“La noche esa me pegué un cagazo bárbaro”, dice Basterra.
“Yo estaba dormido. Dormía en el COY, el pabellón ubicado frente a la Enfermería donde se había trasladado el Grupo de Tareas para la época.
De pronto siento un tiro. ¡Ton! Gente que corre.
Abro la puerta. ¿Qué pasó? Corrían todos.
‘¡Se pegó un tiro Carlitos!’, me dice uno. Pero se pegó mal el tiro, porque quedó herido.
Y cuando lo van a auxiliar decía: ‘¡Fue el otro, fue el otro!’.
El pibe tenía un proceso esquizofrénico. Y yo pensaba: a ver si estos hijos de puta piensan que el otro soy yo”.


Vía Conadep

- ¿Cómo siguió el camino de los negativos y las copias?

- Bien, eso se presentó en la CONADEP con la condición de que no se dé a conocer, sino que sirva como archivo para el futuro. Ellos me pagaron el pasaje a Neuquén para llevar a mi familia. Me acuerdo de mi hija menor, Soledad, que tenía 4 años y decía: ¿Cuándo adanca (sic) este colectivo? y en realidad íbamos a diez mil metros de altura.
Yo viajé para tenerlas lejos a ellas. Cosa que me di cuenta que fue importante tiempo después.
En el mientras tanto, me contacto con el CELS y empezamos a organizar la información de otra forma, más ordenada y sistemática.
Cada foto estaba en una hoja oficio. Luego venía el desarrollo.

Con esa información Basterra hizo una presentación judicial en agosto de 1984 en el Juzgado de Instrucción 30, a cargo de Juan Cardinali.
El CELS hizo una síntesis del material en un informe de difusión.
Salió una primera versión y luego una segunda edición con breve presentación del estado judicial del Informe con la firma de Emilio Mignone, hoy conocido como Informe Basterra.
“Si vos mirás el Informe, vas a ver que las historias están muy achicadas pero con cosas muy puntuales, porque fueron una síntesis de lo que se escribió.
El librito o Informe agarra una parte de las fotos. El todo es mucho más grande.
Eso quedó en el CELS completo y en la CONADEP.
Y luego está el original que se entregó por primera vez en el Juzgado 30, del doctor Cardinali, Secretaría de Adrián César Giménez.
Eso fue a las 10 de la mañana. Y a las 12 hice una conferencia de prensa.
El único medio que aportó fue La Voz. Que agotó sus ediciones en un rato porque había mucha hambre de conocimiento de estas cosas.
Cuando di la conferencia de prensa allanaron la casa donde yo había estado viviendo en José C. Paz.
¡Pobre Tano! Lo fui a ver al Tano ese: le rompieron toda la casa.”

- ¿Estaba con miedo?

- No, cuando salgo, salgo. Ya está.

- ¿Por qué organizan la información tal como quedó?

- La foto sola no dice nada. Tenés que tener información.
Si no la conocés, no sabés quién es.
Te hago una breve descripción, y con eso más o menos tenés una idea.
Si hay un testimonio y otro y otro, eso se va agrandando como el inicio de una historia.

- Una historia que, como la de Monje, se termina 40 años después.

- ¡Qué te parece!
Un día vino un compañero, Marcelo. Le había dado la dirección en la que yo vivía, ahí en José C. Paz a dos madres. Para que me entrevisten. Era principios de 1983.
Y viene Adela Gard de Antokoletz y otra más.
Entonces estaban conmocionadas. Porque veían todo eso.
Yo contaba, y ellas eran las madres. Gente sufriente.
Las movía el dolor y la esperanza.
Y bueno, fui lo más llano con ellas y en un momento me dijeron si quería, me ofrecían sacarme del país.
Yo les dije: “No. ¡Tengo que terminar el laburo!”.
Y claro: me quedaban un montón de cosas adentro. ¿Cómo hacía para sacarlas si me iba?
No me quise ir del país porque si no, no se terminaba la cosa.
Si no estos 20 ó 30 que están siendo juzgados por las fotos que se aportaron en su momento, no hubieran estado.
Nadie los hubiese conocido.

martes, 10 de noviembre de 2020

TEXTO DE LUIS PESCETTI

Hace unas dos horas que me parece que entrará mi padre
por la puerta del taller,
a buscar algo en la casa o a lavarse las manos en el patio.

Primero fue una sensación vaga; luego, definida.
Tiene la presencia de un sonido cuando termina, casi lo veo.
Siento aquella puerta, oigo cómo trabaja en el taller,
del otro lado; pero estoy en mi casa de hoy.

¿El hijo que fui oye esos ruidos,
confundido y atento a señales que se me escapan?

Es tan común decir que los adultos
estamos más adormecidos que los niños, sin embargo
ahí está.
Creo descifrar lo que me dice: que no he crecido.

Agregué capas y capas de experiencias.
Sufrí unos golpes tan brutales: juré no ser ingenuo.
Me cubrí con telas, finas y telones.
No sale un rayo de mi luz,
ni deseo de jugar, ni de sentirme bienvenido.

Pero eso es tan poderoso, que lo heredé,
asoma en mis hijos el estallido feliz, desprevenido.
¿Debería protegerlos de mí mismo?
Y, en ese caso, ¿qué consejo darles?
No sean así, serán heridos.

O lo que cantan estos ruidos del taller
y el patio, y las plantas y el aljibe,
y él mismo, que nunca tuvo las palabras
pero no dejaba de decirme:
no se traicionen, sean siempre así, hijos míos.

viernes, 6 de noviembre de 2020

LA IMPROPIEDAD, de Graziana Peñafort - 1/11/220

Donde se contraponen derechos de igual jerarquía, el Poder Judicial debería balancearlos


Fuente: Télam

“…respeto irrestricto al derecho de propiedad”.
La frasecita recorrió miles y miles de kilómetros medidos en notas, declaraciones, zócalos.
Es una de esas frases que a priori suena bien y con la cual, sin meditar demasiado, uno podría estar de acuerdo.

A los que con el párrafo anterior ya están convencidos de que lo que sigue es una diatriba contra la propiedad privada, típica de anarco -  archi - kernerista, lamento decirles que no será el caso.
Como peronista que soy, creo en el Estado y difícil que alguien pueda convencerme de movidas anarquistas.

Para desilusionarlos del todo diré entonces que la propiedad es un derecho humano, como lo son la libertad, la vida y la salud por dar un par de ejemplos.
Cualquier enciclopedia jurídica definirá propiedad como el “derecho de gozar y disponer de una cosa sin más limitaciones que las establecidas por las leyes” y agregará que como derecho real, de decir derecho de las cosas, la propiedad es grado máximo de poder sobre una cosa de la que se es titular.

De lo dicho se desprenden dos o tres cuestiones trascendentales, la primera es que la propiedad es un derecho de las personas, que ese derecho implica un amplio poder sobre las cosas de quien es su titular y que su ejercicio admite limitaciones impuestas por la ley.
Porque el derecho de propiedad, según el concepto moderno de ese derecho, admite restricciones impuestas por la ley y no es que la ley se haya vuelto comunista o cosa similar.

En las viejas épocas en que regía en Occidente el Derecho Romano, la propiedad era un derecho absoluto.
Su dueño podía hacer con la cosa lo que quisiera, incluso destruirlo.
Concepto bastante preocupante si recordamos que los esclavos eran cosas… y lo seguían siendo más de mil años después.
Verán entonces que los derechos a la libertad y a la vida eran mucho menos absolutos que el derecho a la propiedad.

La sociedad evolucionó y ello llevó a valorizar el derecho a la vida y a la libertad y poner ciertas restricciones a otros derechos, como el de propiedad.
Al concepto de la función social de la propiedad, es decir que su utilización debe ser de acuerdo a no perjudicar a quienes viven en la misma sociedad, surgió el curioso concepto acerca que la propiedad privada no da derecho a abusar de ese derecho.

En la facu daban un ejemplo simpatiquísimo, un precedente francés llamado “Caso Coquerel c. Clément-Bayard”.
Bayard era un fabricante de autos, aviones y globos dirigibles.
Su vecino, monsieur Coquerel, montó una estructura altísima de postes al lado de lote donde Bayard hacia las pruebas con sus globos dirigibles, de modo tal que ponía en riesgo los globos ante un viento fuerte, por ejemplo, ya que los postes de Coquerel podían - y de hecho lo hicieron en una oportunidad - dañar los globos al ser desviados y colisionar con los postes.

La versión de Coquerel es que estaba harto de que su lote se viese invadido por curiosos que iban a observar las maniobras de los globos.
La verdadera historia dice que Coquerel era un especulador que pretendía que Bayard le comprara el terreno.
Como sea, Bayard demando a Coquerel y este alegó que montar esos postes era parte de su derecho absoluto de propiedad sobre su lote.
El Poder Judicial francés consideró que no le asistía razón a Coquerel y que su conducta importaba un ejercicio abusivo del derecho de propiedad.

Verán entonces que la propiedad como derecho importa reglas que condicionan el modo de ejercicio de ese derecho, que sin lugar a dudas no es absoluto.
Por lo cual a la frasecita “respeto irrestricto al derecho de propiedad” habría que agregarle: dentro de los límites y condiciones establecidas por las normas legales.

Esto a colación de quienes, por ejemplo, entienden que linchar a un pibito que te roba el celular en la calle es un ejercicio de defensa del derecho de propiedad.
Básicamente no lo es.
Porque está claro que en las sociedades modernas el derecho de propiedad no está por encima del derecho a la vida.

El derecho de propiedad sobre lotes, es decir sobre porciones de terreno, se defiende judicialmente frente a las perturbaciones de su goce.
En materia penal, esa protección está consagrada en el artículo 181 de Código Penal que establece: 
“Será reprimido con prisión de seis meses a tres años: 
1º) el que por violencia, amenazas, engaños, abusos de confianza o clandestinidad despojare a otro, total o parcialmente, de la posesión o tenencia de un inmueble o del ejercicio de un derecho real constituido sobre él, sea que el despojo se produzca invadiendo el inmueble, manteniéndose en él o expulsando a los ocupantes;
2º) el que, para apoderarse de todo o parte de un inmueble, destruyere o alterare los términos o límites del mismo;
3º) el que, con violencias o amenazas, turbare la posesión o tenencia de un inmueble”.

Cada vez que toma estado publico la toma de tierras, los abogados recordamos la figura de la usurpación.
Pero la toma de tierras en forma colectiva es bastante más que un tema penal.

Primero es un problema social, de larga data en nuestro país.
Hay enormes sectores de la sociedad que están excluidos de adquirir la propiedad sobre la tierra por motivos económicos.
Básicamente son pobres y no pueden comprarla ni acceder a su uso legal mediante el pago de un alquiler.

La ocupación de tierras del Estado muchas veces ha sido la solución para esos sectores de excluidos.

También están los sectores de población que reivindican para sí la propiedad de tierras - sean públicas o privadas -, en virtud de su uso por centenares de años, y una suerte de desconocimiento de los títulos de propiedad de esas tierras emitidos sin considerar la voluntad - y la existencia - de quienes vivían allí al momento de emitirse los títulos.

Cualquiera sea la causa, el país está lleno de terrenos ocupados.
Y periódicamente esos reiterados conflictos toman estado público.
Sean las comunidades originarias o grupos vulnerables de sectores más urbanos.

La reiteración de conflictos ha enseñado formas de solución.
En su inmensa mayoría mediante la participación del Estado, aun cuando se trate de tierras privadas.
Esa participación estatal podrá ser pacífica o no, en cuyo caso requerirá del auxilio de las fuerzas de seguridad.

Es innecesario decirlo pero lo voy a decir igual: claramente estoy en contra de la solución de las tomas por métodos violentos.
Porque en mi escala de valores, entre pedazo de tierra y vida, gana vida.
Entre pedazo de tierra e integridad física, gana integridad física.
Lo que en derecho llamamos precisamente “conflictos de derechos”, es decir donde se contraponen varios derechos de igual jerarquía y la decisión debe balancearlos.

Y los conflictos de derechos en nuestro país están en manos de Poder Judicial.
Que debe equilibrar, balancear y encontrar soluciones que no provoquen daños difícilmente reparables.

Ese equilibrio que debe encontrar el Poder Judicial fue precisamente lo que no sucedió con las tomas de Guernica.
El gobierno de la provincia desarrolló una enorme actividad respecto a quienes habían participado en la toma.
No solo a los fines de resolver urgencias, tales como falta de alimentos, sino además en procura de soluciones habitacionales y asistencia económica.

Pese a la resistencia, la desconfianza y la utilización política de la situación, para el jueves 29 de octubre de 2020 se había desalojado la toma en un 80 %. Solo quedaba un 20% para convencer y el gobierno provincial estaba abocado a esa tarea.
Por eso solicitó el gobierno una nueva postergación del desalojo por la fuerza pública. Mostrando y acreditando resultados concretos.

Pero el Poder Judicial hizo oídos sordos.
Escuchó la frasecita “respeto irrestricto de la propiedad privada” y llevó adelante el desalojo.

Ni la dignidad ni la humanidad de saber que esas topadoras avanzando contra las precarias casillas eran historias de vida truncas.
El Poder Judicial se sacó una selfie sonriendo, mientras muchos lloraban.
¿Cinismo? ¿Indiferencia?
¿Hijaputez pura y dura de quien no conoce - ni comprende - el frío, el hambre, la carencia de todo salvo la propia vida y tres chapas?

Algunos festejaban, como si eso fuese la normalidad.
Normal no es que haya gente que no tenga dónde vivir.
Normal no es festejar topadoras.
Normal no es gorritas con slogans.

Para muchos, entre los que me cuento, quedó la imagen horrible de un montaje televisivo.
Una construcción violenta de significantes en torno a la frasecita “respeto irrestricto de la propiedad privada”. Y la certeza de que eso podría haberse evitado.
Solo se trataba de un poco más de tiempo.
De permitir que el gobierno provincial avanzara con las negociaciones. De no tomar la tragedia como oportunidad de hacer un show.

Hace ya muchos años, un amigo me dijo algo que me dejo pensando.
Propietario de una enorme cantidad de tierra, que había heredado, me dijo que se daba cuenta de que algo estaba mal y desbalanceado si hacía tres años que no visitaba sus campos y los cuidaban personas, que ni por casualidad llegarían a tener una mínima fracción de tierra.
“Cuidan como si fuera propio lo que es mío y no de ellos. Cuidan como si fuese propio lo que no van a tener ni ellos ni sus hijos. Y conocen los alambrados y tranqueras mejor que yo”.
En efecto, algo está mal, si asumimos como derecho una injusta distribución de los recursos.

Somos muchos los que defendemos la propiedad privada, como defendemos todos los derechos que tiene las personas en este país.
Pero no es irrestricta esa defensa, porque no puede haber derechos más importantes que las propias personas.
También debería recordarlo el Poder Judicial. Porque las razones de la fuerza - y de las topadoras - tal vez no sean razones válidas.

Y el cinismo de la selfie tal vez está desnudando otros cinismos mas graves y aberrantes.
Y tal vez este tapando el hambre, el frío y la desolación de quienes tienen solo su vida y tres chapas.

Para el hambre, el frío y la desolación, no hay selfies ni razones.
Y al parecer tampoco resguardo de los derechos, que recuerdo poseen aun sin título de propiedad.

HABLAR CON PROPIEDAD, de Horacio Verbitzky - 1/11/2020


Una investigación académica en curso en una de las universidades nacionales del Conurbano bonaerense revela que tres decenas de compañías financieras, energéticas y prestadoras de servicios públicos acumularon el 70% de las ganancias obtenidas el año pasado por la cúpula empresarial de la Argentina.
Este es el selecto núcleo de quienes presionan al alza de las distintas variantes del dólar paralelo, con el propósito de forzar una devaluación e imponer un plan económico de ajuste y concentración.

Más allá de matices, sostienen esa propuesta la Asociación Empresarial AEA, la Unión Industrial, el Consejo Agroindustrial y la Mesa Chica de la CGT de Azopardo.

Las financieras comprenden bancos, compañías de seguros y desarrolladores inmobiliarios.
Entre los bancos se cuentan Macro, Galicia, Citi, BBVA, Santander, ICBC, Patagonia, HSBC, Credicoop, Ciudad de Buenos Aires, San Juan, Nación, Santa Fe, Santiago del Estero, Provincia de Buenos Aires.
Las aseguradoras de la lista son Federación Patronal, Prevención ART, Provincia ART, Caja de Seguros Generales, Asociart ART, Experta ART y San Cristóbal Seguros.

Las prestadoras de servicios de gas y electricidad y productoras de petróleo, beneficiadas por los tarifazos y la dolarización de sus ingresos, son Pampa Energía, Transportadora de Gas del Sur, Edesur, Central Puerto y Panamerican Energy.

Las desarrolladoras inmobiliarias son dos empresas de IRSA.

Una sola empresa industrial forma parte de este exclusivo club: Ternium, de la transnacional italo - luxemburguesa Techint.

El cuadro que sigue consigna las utilidades que cada una de ellas obtuvo en 2019, en millones de pesos de ese año, el porcentaje de participación en las ganancias totales de las 150 de mayores ganancias entre las 1.000 de mayores ventas del país, y los porcentajes acumulados.

Esta es una nítida radiografía del modelo que imperó entre 2015 y 2019, de inocultable similitud con la del anterior experimento sobre seres vivos, en la década de 1990, cuando el Presidente neoliberal era Carlos Menem, mientras Maurizio Macrì comenzaba a manejar los negocios del holding familiar.
Es útil tener este cuadro a mano, cuando se discute sobre la propiedad, acerca de quienes la poseen y de quienes han sido privados de ella.


Pase de gol

El martes 27, un colega me preguntó qué me había parecido la carta de la Vicepresidenta, difundida al cumplirse diez años de la muerte de Néstor Kirchner y uno de la victoria electoral del Frente de Todos sobre Juntos por el Cambio.
Cristina es como Gago o Riquelme, que con dos toques limpian una situación confusa y dejan a un compañero en posición de gol, le respondí.
Lo contó en un programa político por televisión.
Otro colega dijo: “Mejor como Nacho Fernández y Enzo Pérez”, con lo cual se logró una inusual coincidencia entre hinchas de Boca y de River, algo parecido a lo que propone la ex Presidenta, que sigue siendo distinta a todo y todos.

La carta con la que anunció que no concurriría al acto del gobierno en el Centro Cultural que lleva el nombre de quien fue su compañero político y sentimental fue tan inesperada como el video del 18 de mayo de 2019, en el que anunció que cedería a su ex jefe de gabinete la candidatura presidencial.
El gobierno oscila entre celebrarla como un apoyo y responder de modo críptico a los señalamientos que contiene.
Como en los tiempos del hermetismo informativo de la guerra fría, se ha vuelto de moda la interpretación de gestos y fotos.
Esto da lugar a graciosas pifiadas, como la de una columna de Infoemba que confundió a Carlos Zannini con Fernando Navarro, porque a los dos los llaman Chino.


Cristina enuncia tres certezas:
  • que los enardecidos cuestionamientos a su gestión no se debían a sus modos, sino a la intolerancia ante el peronismo y su modelo de desarrollo nacional con inclusión social, dado que los poderes fácticos maltratan del mismo modo al Presidente Alberto Fernández, que es tan distinto a ella;
  • que sólo el Presidente decide las políticas que se ponen en práctica, que Alberto no es el chirolita de la Vicepresidenta, como ella no lo fue de Kirchner ni Kirchner del estadista de Lomas de Zamora que hoy predica el caos donde lo dejan asomar su notoria cabeza;
  • que los problemas económicos, que ella eligió sintetizar como consecuencias de la economía bimonetaria, no tienen solución sin un gran acuerdo que comprenda al gobierno y a la oposición, a los poderes fácticos y a los medios de comunicación, a patrones y trabajadores, ocupados y sin empleo.
Entre las primeras reacciones opositoras se señaló la contradicción entre ese convite a los sectores económicos y la crítica que Cristina les formula en la propia carta (por los agravios al Presidente que aceptó dialogar con ellos como visitante).
El gobierno tuvo una lectura menos superficial: los conflictos más graves, entre naciones y al interior de cada una, se pueden destrabar negociando con los antagonistas, no encerrándose en la zona propia de confort.


Gancho al hígado

Como un boxeador alcanzado por un gancho al hígado, toda la escena política tardó en acusar el golpe.
La reacción fue en cámara lenta, pero no por eso menos impresionante.


La carta de Cristina, junto con las impactantes movilizaciones del 17 y del 27 de octubre, fortalecieron al gobierno y desconcertaron a la oposición.
La sarta de tonterías que se han dicho y escrito sobre la carta y que ni merecen ser repetidas, no alcanza a ocultar que de la noche a la mañana todos y todas hablan de la búsqueda del acuerdo, sus posibilidades y condiciones.
La visión estratégica de Cristina produjo un nuevo cambio de pantalla, que nadie puede ignorar:
  • Alberto Fernández habló en una cita convocada por el Ministerio Político de la Iglesia Católica. El Presidente dijo que “tenemos que sentarnos a dialogar y construir un nuevo pacto social”, cosa que viene planteando desde que asumió, pero que hoy parece más viable.
  • Elisa Carrió dijo que la oposición debía apoyar a Fernández y votar la designación de Daniel Rafecas como Procurador. Para Carrió, Rafecas pasa a ser el mal menor. Cada día más en modo Luis Juez, agregó que de otro modo se corre el riesgo de que “Madura tome el poder”. También sentenció que “Macri tiene que decidir si quiere una justicia independiente o quiere ir preso. Yo no soy amiga de Alberto Fernández, pero es mi Presidente. Si uno es republicano no es golpista”. Sentenció que “Macrì ya fue” y que su candidato era Horacio Rodríguez Larreta.
  • Diego Santilli dijo que estaba de acuerdo con Carrió.
  • Cristian Ritondo elogió a Rafecas.
  • Horacio Rodríguez Larreta y el Hada Buena visitaron a Carrió en su casa de Exaltación de la Cruz y también apoyarían la postulación de Rafecas. A diferencia de la CCL, el PRO tiene ocho senadores.
  • Micky Vainilla dijo que el país necesita de acuerdos y de políticas de Estado como propone Cristina, para garantizar la paz social.
  • Roberto Lavagna dijo que el diálogo y el consenso son indispensables para construir un futuro mejor, “proponer, coincidir o disentir dentro de los márgenes del respeto y teniendo el objetivo del bien común».
  • Sergio Massa anunció al inaugurar la escuela de gobierno de su Frente Renovador la voluntad de “construir ese gran acuerdo que la Argentina necesita”.
  • Domingo Cavallo dijo que “la oposición debe ayudar a Fernández a salir adelante y no apostar que fracasará o se irá”.
  • Macrì condicionó el diálogo a dar de baja “el embate a la Justicia, al procurador, a la Corte y a la propiedad privada”, y a promover “la generación de empleo y de la producción, abiertos al mundo de una manera inteligente» y con la Constitución sobre la mesa (sic). Pero nadie le presta demasiada atención porque se ha convertido en el campeón de la abstracción sin sustancia y es la imagen misma del fracaso.

Qué y con quiénes

Se sabe con quiénes, la cuestión es en qué términos se negocia.
Por ejemplo, Alberto invitó a su mesa a Paolo Rocca, pero el presupuesto para 2021 dio de baja dos artículos del proyecto inicial que destinaban casi 30.000 millones de pesos a compensar a las gasíferas por la devaluación entre abril de 2018 y 2019, uno de los reclamos de Techint.

Los contactos oficiales con estos sectores no son nuevos.
En junio de este año, El Cohete dio la primicia de un encuentro entre tres dirigentes de primera línea del oficialismo y cinco capitostes del empresariado, en el que se abordaron con franqueza las perspectivas de la relación entre el peronismo en el gobierno y el patronato.
Otros colegas revelaron luego quienes fueron los protagonistas: Wado de Pedro, Sergio Tomás Massa y Máximo Kirchner por el Estado, Miguel Acevedo, Jorge Brito, Marcos Bulgheroni, Hugo Dragonetti y Marcelo Mindlin por el mercado.
Kirchner dijo que el gobierno necesita empresas privadas fuertes, que contribuyan al crecimiento y a la creación de empleo, pero que los hombres de negocios necesitan de un Estado fuerte que fije y haga cumplir reglas del juego.

Uno de los asistentes del otro bando expresó entre cuatro paredes la preocupación que el macrismo ya vociferaba en público.

- Si tuviéramos vocación por avanzar sobre la propiedad privada hubiéramos planteado la expropiación de Cargill, no de Vicentin, que es un agujero negro de deudas y estafas -, fue la respuesta de Kirchner.

Entre los cinco hombres de negocios que asistieron estaban el primero, el segundo y el vigésimo en la lista de los grandes triunfadores del cuatrienio macrista: Jorge Brito, Marcelo Mindlin y Marcos Bulgheroni.

El 27 de octubre, Cristina difundió su carta.
El 28, Alberto pidió que el Congreso sancionara este mes la creación del Consejo Económico Social, que ya ha mantenido encuentros informales, el último hace pocos días bajo la conducción del jefe de gabinete Santiago Cafiero.
Su creación legal se demoró porque el gobierno esperaba una respuesta positiva de Lavagna para encabezarlo.


Si quieren pelea

La semana pasada, durante un acto de entrega de viviendas que estaban casi terminadas pero el gobierno anterior congeló, Alberto Fernández respondió a quienes pujan por forzar la devaluación.
Los caracterizó como aquellas minorías que «quieren que uno responda a sus intereses y se olvide de lo que todos estos argentinos están necesitando. Recuerden lo que pasó cuando llevaron el dólar de 9 pesos a 15. Devaluar es muy fácil pero es una máquina de generar pobreza. Nosotros queremos una Argentina que crezca, que se desarrolle, que dé trabajo, que produzca y exporte. Así queremos conseguir los dólares, no porque lo pusimos al precio que algunos poderosos necesitan. Si quieren dar pelea, daremos pelea, porque para eso llegamos al gobierno, no para cruzarnos de brazos ni para obedecerles”.

En ese punto no hay discrepancias en el FdT: devaluar es un suicidio.
Las discusiones comienzan cuando se trata de decidir el camino para evitar ese abismo.

No fue sólo un discurso: al mismo tiempo el Banco Central vendió por medio de terceros bonos de los obtenidos en la renegociación con los acreedores privados, y la Comisión Nacional de Valores pidió a las sociedades de bolsa que no operaran en contado con liqui. Durante toda la semana, las cotizaciones cayeron y la brecha se achicó a menos del 100%, que aún es grande, menguando las hipótesis devaluatorias.
No obstante, las reservas siguieron cayendo, ahora por retiro de depósitos, y tanto el ministro de Economía Martín Guzmán como el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, tienen claro que el telefonazo es un recurso de emergencia a usar en momentos críticos y no una herramienta permanente, porque produce el patético efecto Guillermo Moreno.


Tierra arrasada

En el desalojo de los cuatro barrios asentados con casillas de palo y nylon en 100 hectáreas del tercer cordón del Conurbano bonaerense se superponen distintas problemáticas.
La principal es el pavoroso problema del acceso a la tierra para los sectores subordinados de la sociedad.
La extensa negociación con los ministerios de Desarrollo de la Comunidad, Salud, Justicia, Gobierno, las Mujeres y Seguridad, más el apoyo de dos ministerios nacionales, ocho municipios y organismos como la Ansés, el Renaper y Migraciones, estaba bien encaminada.
La coordinación encomendada a Teresa García es la decisión más inteligente.
Llegaron a firmarse actas de compromiso con más de 700 familias. 

El CELS, que junto con el Serpaj actuó como veedor en la realización de un censo que arrojó la presencia de 1400 familias, objetó que las propuestas estuvieran destinadas a soluciones individuales acotadas, por ejemplo, un subsidio, alternativa de acceso a materiales para la realizaciones de algunas ampliaciones en viviendas de familiares, o repuesta de productos para el hogar y que no implicaran relocalizaciones colectivas.
Cuando faltaban algunos detalles, en el gobierno de Axel Kicillof se daba prioridad a la búsqueda de soluciones de fondo acordadas de modo pacífico.
No obstante, Sergio Berni preparaba un megaoperativo de desalojo.

Desde la gobernación se afirma que el enorme despliegue de efectivos y material era la única manera de garantizar que no hubiera muertos ni heridos, pero sectores internos sostienen que el cirujano que se cree militar se salía de la vaina por entrar en acción, porque intenta construir una carrera política con la imagen del hombre duro que no vacila en usar la fuerza para hacer cumplir la ley (al menos la que protege la propiedad).

La orden de no prorrogar más los plazos y ejecutar el lanzamiento fue dada por el fiscal Juan Cruz Condomí Alcorta, con el respaldo del Procurador designado por el Hada Buena, Julio Conte Grand, y del fiscal general de La Plata, Marcelo Romero, cuya biblia es el Código Penal.
El gobierno, que había solicitado otra extensión de los plazos, reclamó que los fiscales que la negaron estuvieran presentes durante el operativo que ordenaron.
Ese es el origen de la vergonzosa foto de Condomí con el enmascarado Romero y Lisandro Damonte, sonrientes en el terreno ya despejado por la tropa berniana, como cazadores que exhiben su trofeo.
Mientras la coordinación ministerial negociaba con los ocupantes, Condomí Alcorta le dijo a Sergio Berni que era su ídolo.

Un subsecretario del ministerio de Seguridad lo contó en una reunión de intendentes convocada para analizar el alojamiento de los sin techo y así se conoció en todo el gobierno.
Cuando el Poder Ejecutivo presentó el último pedido de prórroga, Condomí lo negó.

- ¿Y si te lo pide tu ídolo, Berni?, le preguntó el funcionario.

-¿Cómo sabés? - se sobresaltó Condomí.

- Vos se lo dijiste...

–Pero no era para repetirlo.


La risa de las hienas: Lisandro Damonte, Juan Cruz Condomí, Marcelo Romero

El periodista platense Sebastián Salgado contó en Radio Leaks que en la década de 1990, Condomí participó en un programa de intercambio estudiantil con la Sudáfrica del apartheid, de donde fue expulsado por abandonar los cursos donde debía interactuar con estudiantes negros y realizar manifestaciones racistas en la casa de familia donde se alojaba.

En 2013, durante la terrible inundación en La Plata, Condomí coordinó con el alcaide Ricardo Casal, interventor penitenciario en el ministerio de Justicia, el ocultamiento de la verdadera cifra de muertes, lo cual fue denunciado por el juez Luis Federico Arias y el defensor Julián Axat.
Esto dio lugar a un pedido de juicio político, que los sucesivos procuradores María Falbo y Julio Conte Grand cajonearon.

Esta justicia racista y clasista, acicateada por medios de prensa y sectores de poder que solo conocen los artículos de la Constitución que protegen a la clase propietaria, impidió que las negociaciones concluyeran en paz.
Si los gobiernos de Kicillof y Alberto Fernández, no hubieran estado bajo la presión mediática que intenta presentarlos como auspiciantes de las ocupaciones ilegales, habrían podido demorar la intervención armada, e incluso denunciar la provocación de los fiscales.

El CELS y el Serpaj lo intentaron ante el juez Martín Rizzo, que rechazó la presentación y luego denunciaron el uso excesivo de la fuerza.
Del otro lado, alguna organización derrotada en la interna troskista cascoteó la solución, figurativa y literalmente, que es lo que necesitaba Berni para farolear como un Rommel del tercer cordón. 
De los 38 detenidos, que fueron rápidamente liberados, sólo ocho estaban registrados entre los ocupantes.



Bellacos

El gobernador también incidió en forma indirecta, al señalar que un alto número de barrios privados no cumplen con la legislación vigente, o no están declarados como tales, o no pagan los impuestos correspondientes, o no han entregado el 10% de la tierra o su equivalente en dinero dispuesto por la ley bonaerense 14.449 de Acceso Justo al Hábitat, que creó instrumentos de gestión urbana para generar oferta de suelo accesible.
La ley es de 2012 y su reglamentación en el municipio de Presidente Perón de 2015.
Esa ordenanza 1082 estableció que lo recaudado en tierra o en dinero debía ser destinado a un fondo para financiar la mejora del hábitat, pero no se cumplió.
La intendenta Blanca Cantero es la esposa del dirigente de la CGT Carlos Acuña.

Según la evaluación del CELS, desde que se aprobó la ordenanza hasta la toma de Guernica, por los menos cinco barrios cerrados empezaron a construirse en el municipio, que “no exigió la cesión de tierra o dinero que correspondía», recursos genuinos que debían destinarse a mejorar las condiciones habitacionales de quienes quedan excluidos de los barrios cerrados.
«Esta decisión política está en el origen del problema. La ocupación se convierte en la única alternativa posible de los sectores populares para acceder a la tierra» y el Estado queda «en un lugar de debilidad para resolver los conflictos territoriales, ya que uno de los principales obstáculos que tuvo la negociación entre la provincia y las organizaciones fue la dificultad del gobierno para ofrecer tierra suficiente para que todas las familias pudieran contar con un lote donde vivir».

Una de esas empresas que no cumplen con la ley es la propietaria de parte de las tierras que habían sido ocupadas en Guernica, la sociedad anónima Campos de Bellaco, que se proponía erigir allí un barrio privado para el club San Cirano.
Según la Academia española de la lengua, una persona o un comportamiento bellaco significa «que es malo moralmente y ruin; en especial, que comete delitos».
Los bellacos de Guernica son también titulares de los barrios privados que lindan con las hectáreas ocupadas.
Uno de los propietarios y representante legal es Gervasio Pérez Pesado, quien heredó esa posición de su padre fallecido en 2013, César Emilio Pérez Pesado (a) Copete, quien hacía honor a su segundo apellido: fue asesor personal de Jorge Videla (a quien acompañó en su visita a China), miembro de la Comisión de Asesoramiento Legislativo.
Luego de la dictadura fue abogado defensor del colaborador de José López Rega y chofer del general Ramón Camps, Norberto Cozzani, en las causas por los crímenes del terrorismo de Estado.
El socio de Copete en el estudio que heredó su hijo es Abel Blas Román, quien fue el último intendente de facto de La Plata, desde el 1° de junio de 1981, con quien Pérez Pesado colaboró.
Esto ayuda a entender la actitud de los fiscales.


El Copete Pérez Pesado, hasta su muerte presidente de los bellacos.

El Bellaco no paga el impuesto inmobiliario desde 2018 y tiene una deuda de un millón de pesos con ARBA.
Tiene el dominio de una pequeña porción de los terrenos en conflicto y ocupa de hecho el resto.
Kicillof intimó a la empresa a regularizar la situación y le exigió que se haga cargo de alambrar y dar seguridad a sus terrenos, porque la provincia no puede destinar a ello sus escasos recursos.
Pero también podría expropiar la porción de dominio impreciso para construir allí un barrio popular.
El problema es el desinterés municipal, que prefiere los barrios cerrados y los clubes de campo.
¿Por qué, sino, las topadoras municipales cumplieron la repugnante tarea de derrumbar las precarias casillas con los pocos enseres abandonados en la precipitada fuga por sus transitorios ocupantes, cosa que hubiera correspondido a los pretenciosos propietarios?
Esto podría configurar una malversación de fondos públicos.
La jactancia posterior de Berni es demasiado.

Esas imágenes no se olvidarán fácilmente, sobre todo entre la militancia juvenil, que nació a la vida política escuchando que donde hay una necesidad surge un derecho, y espera otra cosa de su gobierno.


Más Estado que mercado

Desde hace años la provincia de Buenos Aires tampoco cumplió con su responsabilidad de generar un marco normativo que oriente su desarrollo territorial y la implementación de políticas para garantizar el derecho a la vivienda y a la tierra, en articulación con los municipios, afirma el CELS.
“El Plan Bonaerense de Suelo, Vivienda y Hábitat, como complemento operativo de la ley 14.449, incluye la construcción de viviendas sociales, la generación de lotes con servicios, la regularización dominial, el mejoramiento habitacional de viviendas ya construidas y la urbanización de barrios.
También se ha anunciado la creación de un registro de suelo urbano y un registro de demanda habitacional como instrumentos que permitirán mejorar el diseño de las intervenciones.
Todas estas líneas de intervención son necesarias para responder a las necesidades habitacionales de quienes viven en la provincia, y se vuelven urgentes en el actual contexto de crisis».

Los instrumentos de gestión territorial previstos en la ley de acceso justo al hábitat, permiten a la provincia y a los municipios «captar tierra, recursos monetarios, evitar procesos especulativos que elevan los precios del suelo».

Se trata de que mediante la intervención del Estado «el desarrollo urbano sea socialmente inclusivo y genere oferta de suelo accesible para todos los sectores, y superar una lógica de intervención estatal que busca compensar los efectos negativos de un proceso de producción urbana solamente guiado por el mercado».

La aplicación de estas herramientas «es esencial para evitar que miles de familias tengan que depender de la ocupación de tierra, y de la precariedad en las condiciones de vida que supone, como única alternativa que el Estado ofrece a los sectores populares para tener un lugar donde vivir”.

Cristina dejó al presidente en posición de gol.
De él dependerá sacudir la red o mandarla a las nubes, como Palacios en la última final contra Alemania.

sábado, 31 de octubre de 2020

ADIOS, HERMANO CRUEL, de Horacio Verbitzky - 25/10/2020


La torrencial confesión de Mariano Macrì sobre la trama de poder, política, negocios y familia detrás del hombre de negocios dudosos con el Estado y desde el Estado, Maurizio Macrì, confirma buena parte de las constataciones a las que habían llegado investigaciones periodísticas y judiciales, pero ahora con el sello de calidad que le confiere el testimonio de un protagonista.
Rebosante de chimentos, el libro se lee como una edición especial de Hola, con sus páginas pringosas de estafas, traiciones, venganzas y lamentos.

El capítulo final narra el último encuentro entre los hermanos, el 18 de marzo de este año, un día antes de que Mariano comenzara a derramar su catarsis sobre el teléfono de su viejo conocido de Washington, Santiago O’Donnell, el hijo de GOD.
Es decir que se trata de un fast book, que careció del tiempo necesario para el ordenamiento y el chequeo de las introducciones a cada declaración grabada, a lo largo de 17 horas, por el menor de los hijos varones de Franco Macrì y Alicia Blanco Villegas.
Por eso se repiten errores como el muy común que afirma que el hermano Presidente autorizó a que el hermano testaferro, Gianfranco Macrì, blanqueara 35,5 millones de dólares, por un decreto que eliminó las restricciones de la ley que lo impedían.
En verdad, la ley sólo prohibió que blanquearan padres, madres, cónyuges, e hijos de los funcionarios públicos, pero no hermanos.
El decreto interpretativo permitió que también las categorías prohibidas pudieran hacerlo, si conseguían demostrar que los activos transparentados ingresaron a su patrimonio antes de que el familiar accediera al cargo público.
Como el dinero es fungible, esta cláusula es tramposa.

Esa limitación editorial se salva por la cita de los trabajos periodísticos más serios sobre los negocios de la famiglia, entre los que se destacan El Pibe y su actualización una vez que el protagonista accedió a la presidencia, Big Macrì, ambos de Gabriela Cerruti.
Ella es quien cuenta que Jaime Durán Barba planteó que la carrera política de Maurizio requería matar al padre y convertir a Maurizio en el Macrì bueno, y a Franco en el Macrì malo, algo que Néstor Kirchner supo o intuyó cuando instaló la consigna Maurizio, que es Macrì.
A sugerencia de Durán Barba intentaron colocar a la madre en el centro de la escena, pero sus incontenibles elogios a Videla y su aversión a pobres y homosexuales lo disuadieron.

Mariano no le perdona a su hermano que dos semanas después de la muerte del padre, Maurizio instaló que Franco pertenecía a un sistema extorsivo, mafioso. 
“Se lo dijo a Luis Majul, que ni siquiera se lo había preguntado”.


Mariano y Maurizio: teléfono descompuesto.


La mirada impávida de ojos celestes

En las páginas finales se destila lo esencial del retrato de un hombre frío, falso, incapaz de sentir empatía aún por las personas más próximas y vulnerables, como su padre anciano o su sobrinita enferma de cáncer: Maurizio repite un libreto en el que nunca tiene nada que ver, y se queda callado, mientras mira impávido al interlocutor con sus ojos celestes. 
“Siempre tratando de borrarse, de eximirse. Lo tiene realmente muy incorporado, hasta se cree la película. Y siempre hay un fusible para despedir cuando las cosas no salen”.

Mariano afirma que en el delirio en que se cree el salvador de la Patria y del mundo, Maurizio le da vuelo a un costado insensible y destructor “que tanto daño le hizo a toda la familia y a toda la Argentina”.
A lo largo de 234 páginas, Mariano Macri no se esfuerza por ocultar el odio que siente por el primogénito de la familia, con quien ostensiblemente compite por el favor del padre.
En razón del alineamiento con Maurizio en la guerra intestina, ese resentimiento también alcanza a Gianfranco.

“Me imagino que para una persona que se maneja con ese nivel de impunidad y de creerse dueño de la verdad, la única oportunidad de reflexionar y hacer un repaso por su vida, sería estando privada de su libertad. O sufriendo un golpe fuerte en la vida”, como el propio Mariano, quien revela que tiene un tumor en el cerebro y una de cuyas hijas contrajo cáncer.

Con el típico psicologismo porteño, sugiere que desahogarse en un libro lo curará.
“No es que yo tenga intención de que vaya en cana”, agrega.
Pero “si funcionaran las cosas en nuestro país, si tuviésemos un país que nos diera tranquilidad para nuestros hijos y nuestros nietos y fuera más justo, una persona con determinadas conductas tendría que ir presa y pagar con su libertad.
Podés querer que a alguien que hizo daño le peguen un tiro. (…)
Si puedo hacer algo por mi hermano, quisiera hacerlo desechar toda esa locura en la que se ha metido y tratar de revertir el daño que hizo. Lamentablemente siempre es tarde.
Cuando esos tipos pasan por la máxima expresión de poder y de responsabilidad y tienen la oportunidad de hacer un bien, sacan lo peor de sí mismos y terminan haciéndoles un mal a todos.
Lo más probable es que necesite un poco de encierro en la cárcel para darse cuenta”.

Mariano recuerda que Maurizio “en vez de ser afectuoso era siempre provocador, hiriente.
Haciendo un repaso por mi vida, pensé: ‘Pero este tipo en la puta vida fue cariñoso conmigo’. 
Sólo cuando empezó en la política se puso a ensayar, y tan exageradamente que me agarraba la mano, me franeleaba (…)
Mientras pensaba cómo era posible que fuese tan frío, tan hijo de puta, me fui dando cuenta de que (…) nunca tuvo la capacidad de amar.
En muchos aspectos era realmente un psicópata”.

En sus poluciones de rencor Mariano también revela el odio de la rama materna, los Blanco Villegas.
Franco Macrì se casó a los 18 años con Alicia Blanco Villegas, de 15, la acaudalada heredera de una de las mayores extensiones de tierras productivas del país.
Con 26.381 hectáreas en la provincia de Buenos Aires, el Grupo Agropecuario Blanco Villegas integra la cúpula de los mayores propietarios del país.
Los accionistas del grupo eran la última vez que escribí sobre el tema, cuando Maurizio fue electo Presidente, su madre, su tía Lía Esther Blanco Villegas, su hermano Gianfranco Macrì, su tío Jorge Alberto Blanco Villegas, su esposa Argentina Cinque y Julio H. D’Hers.
Alicia nunca pudo superar que Franco la dejara “después de ella darle sus mejores años (sic).
Estaba despechada. Y no se recuperó nunca.
Lo puteaba permanentemente, pero en la puteada se notaba también la admiración.
En esto de patinar y quedar atrapada en esa lógica y no poder sobreponerse, se parece un poco a mí y a lo que me pasa con toda esta confrontación.
No logro independizarme y cortar este mal vínculo con los hermanos.
A mis 12 años se separaron y, en cierto modo, desde entonces la vieja me usa como paño de lágrimas y no para de insultarlo y de hablarme mal de él.
Yo creo que el viejo buscó en mi madre un modelo que tuviera semejanzas con su propia madre, una mujer muy distante con quien casi no tuvo relación”.


El ex Presidente con su madre, Alicia Blanco Villegas.

Con la mayor naturalidad, Mariano narra el enfrentamiento entre su madre y Gianfranco por la división de un terreno en el Buenos Aires Golf. 
“Gianfranco le quiso pisar una parte del terreno de ella porque en el proyecto figuraba como parte de otro lote.
Mamá le dijo: ‘Yo nunca te cedí ese terreno, me estás quitando un triángulo que es mío. No corresponde’.
Y el otro, para que no se le cayera la venta y para no perder su negocio, se le plantó y la llevó a la Justicia. La enfrentó y se lo pisó nomás”.
En varias notas conté cuántas otras cosas menos privadas pisaron en ese emprendimiento.
Gianfranco también dispuso que los guardias de seguridad le prohibieran la entrada a las oficinas de Socma a su padre, quien había donado la empresa a los cinco hijos. 

La relación fue violenta desde la infancia. 
“Gianfranco era medio incontrolable. Mamá lo ataba a los radiadores. Ella y el viejo lo surtían mucho”.
También “mamá ha sido muy maltratadora de mi hermana Sandra. Le decía que no quería llevarla a ningún lado porque le daba vergüenza que fuera gorda”.

A Mauricio lo castigaba por su mala pronunciación en inglés (los celos por la perfección de Adolfo de Prat Gay, tanto en inglés como en francés, incidieron en su pronta salida del gabinete).


Sandra con Franco, el día de su casamiento con Néstor Leonardo.
Mariano con el tío Jorge Blanco Villegas.


Mariano también cuenta cómo Maurizio, junto con su tío Jorge Blanco Villegas y el gerente Ricardo Mansueto Zinn, aprovecharon un infarto de Franco para viajar a Italia e intentar desplazarlo de la conducción de Sevel, la automotriz que fabricaba los vehículos Fiat y Peugeot.
Durante la dictadura cívico - militar, Fiat le había cedido la conducción a los Macrì para que cerraran varias plantas y despidieran a 15.000 trabajadores, cosa que los italianos por razones políticas no podían hacer, dice.
Cuando Sevel salió a la bolsa, en 1992, Maurizio manejó todo el proceso porque venía de trabajar en la City. 
“El viejo dijo que el tío le había hecho deprimir el precio de la acción. Había salido en 15 y terminó en 3. Debe haber habido un manejo en el que seguramente Maurizio tuvo algo que ver”.

Mariano consigna que su familia se caracteriza por una “falta total de comunicación”.
En 1995 Alicia Blanco Villegas invitó a todos sus hijos y nietos a pasar las fiestas en Italia. 
“Pero Maurizio dijo: ‘Con esta familia de mierda yo no voy a ningún lado’. Y no fue”.

No eran mejores las relaciones con las respectivas parejas de la progenie de Franco y Alicia.
Isabel Menditeguy, cansada de las infidelidades ostentosas de Maurizio, bajó de su computadora información sensible sobre los negocios turbios en Boca Juniors y así consiguió un divorcio subsidiado con 8 millones de dólares.

Cuando el esposo de Sandra denunció a Maurizio porque la espiaba, el entonces jefe de gobierno le exigió de desistiera de la causa. 
Como ella no pudo incidir en las decisiones de su pareja, Maurizio dejó de hablarle, hasta su muerte.

Mariano se casó a los 22 años con Marie France Peña Luque, de 27, “una rubia potente que estaba más fuerte que un búfalo”, con quien tuvo dos hijos “en muchos años de relación tortuosa 
(…) ella salía con flacos porque quería pincharme, se hacía la femme fatale 
(…) esas cosas la mujer siempre las maneja 
(…) Al compartir un hijo y una hija, quedé pegado para toda la vida. El acuerdo de divorcio fue difícil porque ella pedía cualquier cosa. Pensó que yo tenía derecho a 200 millones de dólares, un delirio que hacía imposible cualquier diálogo”.
Transaron por muchos millones menos.


Isabel Menditeguy, Marie France Peña Luque.


Grupo de familia

El hábito de desligarse de sus responsabilidades también describe a Mariano Macrì, quien tampoco asume las implicancias de haber sido parte de las empresas offshore conocidas a partir de los Panama Papers, como Fleg Trading, y los Paradise Papers.
En su rol de ingenuo benjamín de la familia, Mariano dice que “hace quince años pude haber firmado algo que me pidió el viejo.
Yo lo hacía sin preguntar y, además, no entendía muy bien estas cosas de las offshore.
Por eso pude haber firmado la constitución en ese tiempo; pero después, si hubo movimientos en la cuenta, no firmé ninguno. (…) En un momento Gianfranco me planteó: ‘Hemos decidido que lo que vamos a hacer es blanquear, porque al blanquear se hace un tapón fiscal y, con eso, no hay averiguación de origen de fondos’.
No querían que se descubriera el origen de una cuenta que supo tener, según dice la causa, más de quince palos [verdes].
‘Podés blanquear vos, puedo blanquear yo o podemos blanquear los dos’.
Yo le dije: ‘Ni en pedo me meto en las pelotudeces que ustedes hacen’.
(…) Esta reunión se hizo en Socma y no estaba Maurizio. Maurizio hace muy bien su papel de no figurar.
(…) Durante muchos años quise entender si el grupo se había manejado en negro, quise que se me explicase, y nunca terminaron de explicarme nada ni de mostrarme ningún asiento.
El hecho de que no hubiese una mesa de diálogo ni discusiones abiertas, fuertes, sanas, fue parte de la gran rivalidad que tuve con Maurizio.
Fui muy ingenuo y tomé las cosas como venían”, dice Mariano.


Gianfranco, con modelo Valeria Mazza y su señor.
Foto Roberto Almeida Aveledo.


Este rasgo del Yonofuismo común a ambos hermanos también caracterizaba al padre.
A principios de la década de 1990, cuando publiqué mi libro Robo para la Corona, sobre el remate a precio vil del capital social acumulado por generaciones de argentinos en las empresas públicas, Franco me pidió una entrevista, que mantuvimos a solas en mi oficina.
Allí intentó convencerme de que las renegociaciones de contratos para abultar la cuenta con rubros excluidos adrede en los pliegos de la licitación era una práctica de otras compañías, pero no de las suyas.
En su simpático cocoliche, este gran seductor me dijo: 
“No se equivoque Horacio, nosotros no pagamos abogados, sólo tenemos ingenieros”.
Sentado en la misma silla Maurizio me pediría años después al iniciar su carrera política que lo juzgara por él y no por su padre.

Otra vez, en la torre vidriada de Puerto Madero desde la que conducía el grupo, Franco me juró que ellos no tenían un aparato de inteligencia para escuchar a sus competidores, como el que le permitió al Grupo Soldati ganarles la licitación de Obras Sanitarias, presentando una oferta con pocos centavos de diferencia con la de las Sociedades Macrì.
Sólo se distrajo unos segundos para mimar a una nena de bucles rubios a lo Shirley Temple, que entró como una tromba y le desordenó el escritorio ante su sonrisa embobada.
Era su hermana, Florencia, un cuarto de siglo menor que Maurizio, quien cuando fue Presidente la mandó espiar por el aparato de inteligencia estatal, que ahora minimiza como cuentapropistas.

El libro suministra indicios sobre los motivos de ese seguimiento: Florencia y la otra hermana, Sandra, acordaron sindicar sus acciones con las de Mariano para desalojar de la conducción del holding a Maurizio y Gianfranco, desafío del que luego desistieron por decisión del padre padrone.

El desconocimiento que Mariano alega de todas las trapisondas es poco creíble, dado que durante años se encargó de llevar las actas y los registros de cada reunión del grupo, directivos y gerentes.

Otro tanto puede decirse de la visión idealizada de su padre, pese a que cuenta su participación en la compra de la Banca Nazionale del Lavoro [continuador en la Argentina del Banco Ambrosiano, que se derrumbó estrepitosamente en Italia en 1982, en una trama que involucró al Vaticano, la mafia y la P2]. 
(…) Pero su manera de vivir y desenvolverse para mí era suficiente carta de presentación para no tener ninguna duda de que no era un mafioso. 
(…) El viejo era una persona muy solvente, un empresario italiano migrado a la Argentina, asociado con los Agnelli, y fue desarrollando una relación con [el primer ministro italiano Bettino] Craxi (quien le decía): 
‘No hay ningún gobierno que pueda tener éxito si no tiene por lo menos tres de los cinco poderes transversales de su lado como socios’. ¿Y cuáles son esos cinco poderes transversales?. ‘La plata de las armas, la plata de la droga, los sindicatos, la Iglesia [Católica] y el poder económico’”.

Como diría Charly García, familia muy normal.

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