sábado, 26 de diciembre de 2020

EL PROFESOR VENCIDO, de Arturo Pérez Reverte - 21/12/2020

Me gustaría, dice el profesor cuando se quita la mascarilla y se lleva la cerveza a los labios, hacer eso que tú dices, Reverte: vivir en España como si fueras un inglés en Marruecos.
Te juro que lo intento cada día, añade, pero no lo consigo.
Me duele demasiado, como a ti, y el dolor se filtra por los resquicios de la coraza.
Sufro por mis chicos, compréndelo.
Sé que no es su culpa, aunque pronto también ellos serán culpables de sus vidas chatas y miserables.
Al final, como tú mismo dices, casi cada cual termina mereciendo lo que es, aunque sean otros quienes lo hayan convertido en eso. Incluso acaba teniendo la cara y el aspecto que le corresponde.

Estoy cansado de luchar, ¿comprendes?
La nueva reforma educativa es la puntilla final, el descabello.
Es ya el colmo del cinismo pseudopedagógico y de la palabrería vana del mismo equipo ideológico que vomitó la LOGSE y empezó el desguace de la educación en España.
Transversales, dicen estos hijos de puta. Los conocimientos han de ser transversales.

Por supuesto, la cultura clásica sí aparece, o aparenta hacerlo; pero diluida en una larguísima lista de optativas nacidas en la entrepierna de las consejerías correspondientes.
Que mira tú quién las maneja.

Escucha lo que te digo.
En mi centro de 1.200 alumnos, ni uno sólo estudia griego.
Son analfabetos sensu stricto.
En cuanto al latín, apenas hay 25 en bachillerato y 40 en la ESO.

En mi ciudad, capital autonómica, llevamos doce años sin oposiciones para profesores de latín o griego, y los que seguimos en la brecha pasamos de los 50.
A medida que nos jubilamos, las plazas no se cubren.
La nación que dio tres emperadores a Roma, que alumbró a Séneca, Lucano, Marcial, Quintiliano e Isidoro de Sevilla desdeña el latín hasta amenazar su continuidad.

En la patria que alumbró la Escuela de Traductores de Toledo y ayudó a difundir por la Europa culta los textos llegados de Alejandría, el griego deja de existir.
Muy pronto, en esta España embrutecida nadie sabrá ver las reminiscencias virgilianas en Cervantes, la huella de Horacio en Manrique o Neruda, ni los referentes clásicos que, por instinto y formación, unos pocos escritores aún utilizáis de modo suicida en vuestras obras.
Como tú mismo has recordado y escrito, nox atra cava circumvolat umbra.
Arde Troya a nuestra espalda y ni siquiera sabemos ya qué significa eso.

Pídeme otra cerveza, por favor, que tengo la boca y el alma secas. Llevo 30 años en la enseñanza y con amargura compruebo que me equivoqué de ilusiones y oficio.
A mis alumnos les importa un carajo quiénes fueron Ovidio, Homero y Sófocles. Y no los culpo.
Mientras les llega el momento de convertirse también en verdugos, sólo son víctimas.
Les hemos robado la educación.
Y lo que es peor, les hemos robado incluso la necesidad de tenerla. El sentimiento de echarla de menos.

Escucha: en mi centro escolar, un alumno de 2.º de bachillerato - el antiguo Preu o Cou - dijo que el Quijote lo había parido don Juan Manuel, y otro sostuvo en un examen que Jorge Manrique era autor del Cervantes.
El curso pasado, por imperativo legal de estos mierdagogos que nos gobiernan, tuvimos que titular a un crío que en la primera evaluación tenía ¡sesenta y siete! faltas de ortografía en un solo examen.

Hace una semana, el profesor de arte dijo que antes de empezar con el gótico iban a ver imágenes de la abadía de Cluny, y un alumno se asombró de que George Clooney sea tan famoso que le dediquen iglesias.
Pregúntales sin embargo por Chochita, Kiko, Yoni o cualquiera de las pedorras y pedorros de la Isla de las Felaciones o Sálvame Boniato, y recitarán sus biografías con pelos y señales.

Soy de izquierdas, amigo mío. Muy de izquierdas, y lo sabes.
Pero esto no hay forma de salvarlo, te pongas donde te pongas.
Tan analfabetos son unos como otros.
Además, arrogantes y sin complejos.

Hay necrosis irreversible del tejido cultural.
En mi colegio tuvimos dos amagos recientes de denuncia: un padre nos acusó de enseñar pornografía a su hijo por decirle lo que era un sátiro, y otro de fomentar la zoofilia al explicar a los chicos el rapto de Europa.
Y cuando los profesores de lenguas clásicas nos quejamos con cartas y tuits de la actual situación, todavía hay idiotas pseudoprogresistas que nos responden, en textos llenos de faltas de ortografía, que el griego es una pérdida de tiempo y el latín cosa de curas y de élites con pasta, y que bien muertos están.

Así que dime cómo se hace, Reverte.
Cuéntame, te lo ruego, cómo se consigue ser un inglés en Marruecos, y te juro que me apunto ahora mismo.
Te compro la fórmula.

Dime cómo conseguir que no duela tanto como duele.
Sentirse ajeno, indiferente, a tanta desolación, tanta estupidez y tanta infamia.   

EL AMIGO ITALIANO, de Arturo Pérez Reverte - 14/12/2020

Aquel Madrid de los años 70 era joven, atrevido y libre.
La España del viejo régimen daba el postrer coletazo y el futuro se asentaba, inevitable.
Coincidían dos realidades: una agonizante y en retroceso, representada por tribunales de orden público, grises, que cargaban porra en mano, y guardias que aún vigilaban los parques a la caza de parejas; y otra realidad ya victoriosa, ebria de vida, que estallaba de júbilo y modernidad en lo que tres o cuatro años después se acabó llamando La Movida: bares, discotecas, salas de música y cafés teatro estaban llenos, y Argüelles, Santa Ana, las cavas Alta y Baja o el barrio de Malasaña bullían de juventud, olían a maría y a ketama recién liadas, hablaban la jerga marginal del extrarradio y la delincuencia, bebían, bailaban y se abrazaban desafiantes.

El sexo era la asignatura pendiente que todos queríamos poner al día, y eran el momento y lugar perfectos.
Tener veinte años en Madrid, liberarse de la España timorata y meapilas que dejábamos atrás, era tocar el cielo.

Mi amigo se llamaba Alesio.
Era de Turín y músico: tocaba la flauta travesera.
Ser músico en aquella época era tener la mitad del camino hecho; y como además era delgado, moreno y extraordinariamente guapo, las chicas goteaban agua de limón cuando se llevaba la flauta a los labios o las miraba con sus ojos de cervato.

Alesio y yo cazábamos juntos, o nos cazaban - también ellas, arrojado el sujetador por la ventana, protagonizaban deslumbrantes osadías -.

Solíamos faenar en los garitos de música sudamericana, los mesones cercanos a la Plaza Mayor, los bares de Santa Ana y también el museo del Prado, donde mi amigo, por prurito patriótico, se encargaba de explicarles Tiziano a las turistas mientras yo me ocupaba de Goya y Velázquez.
Después íbamos a bailar al Camarote, a cenar en el Schotis, a tomar copas en la Vía Láctea, a oír al Príncipe Gitano en La Trompeta, a Paco España en el Gay Club y a Sabina y Krahe en la Mandrágora, frente a ese Mesón del Segoviano que en pocos meses iba a llamarse Lucio.
O las invitábamos a casa de Inge.

La casa de Inge estaba en la plaza de Santa Ana.
Era una alemana muy grande, estilo valkiria, con un cuerpo asombroso y una absoluta carencia de inhibiciones.
Vivía en un ático grande y luminoso, sin otros muebles que alfombras, cojines y el colchón de una cama enorme puestos en el suelo.
Era hospitalaria, promiscua y muy atrevida.
Frecuentaban la casa otras amigas y algún amigo más, y muchas de las situaciones resultantes habrían afilado el colmillo a cualquier director de cine transgresor.
A la hora de organizar coreografías de grupo, comparado con Inge, Pasolini habría parecido un tímido monaguillo.

En aquella casa, por cuya ventana podía verse la fachada del hotel Victoria, fumé la mayor parte de los ocho o diez canutos que he fumado en mi vida, vi a mi amigo Alesio combatiendo tenaz en varios frentes a la vez y aprendí ciertas cosas interesantes - o empecé a aprenderlas - sobre cómo funciona la cabeza de las mujeres cuando te arrastran a su lado más deliciosamente oscuro.

De todos los episodios con Alesio recuerdo uno muy divertido. 

Bajábamos por el arco de Cuchilleros, y al ver a dos turistas que parecían norteamericanas, mi amigo confió demasiado en sus propios encantos y currículum, tocando suavemente a una en el hombro.
Y entonces, la rubia, revolviéndose de un salto mientras profería un escalofriante grito de pelea, le pegó a Alesio un golpe de kárate con el canto de la mano, en el cuello, que lo hizo derrumbarse como un saco de patatas pochas.
Y mientras las dos guiris seguían su camino tan tranquilas, yo tuve que arrastrar a mi compadre, desvanecido, hasta las Cuevas de Luis Candelas, donde el bandolero de la puerta y los camareros, tronchados de risa, le echaron agua por la cara, dándole una copita de coñac cuando al fin abrió los ojos.
«Es que la he asustado», balbucía el pobre, con su acento italiano.
Claro que sí, lo consolábamos.
La has asustado de cojones.

Varios meses después, mi amigo desapareció.
Desconectaron su teléfono y dejó su casa.
Nadie volvió a saber de él, pues seguramente regresó a Italia.
Hace poco, recordándolo con afecto, busqué en Internet sin resultado: sólo di con una guapa italiana con su apellido, y por la foto pensé que tenía con él cierto parecido.
Podría tratarse de una hija suya, pero no quise ir más allá.

Si todavía vive, Alesio tendrá hoy setenta años.
Y es que las buenas historias no siempre terminan; a veces quedan inacabadas, evitándonos conocer el final.
Eso, precisamente, las convierte en buenas historias.

GANAR AL FÚTBOL ES DE FASCISTAS, de Arturo Pérez Reverte - 7/12/2020

Lo escucho en la radio.
Un entrevistado asegura, con ese aplomo peculiar de los fanáticos y los idiotas, que en los partidos de fútbol infantil no debería haber vencedores y vencidos.
Que los goles no deben contar, pues eso crea frustraciones y destruye la autoestima.
Que al proclamarse unos niños ganadores, dejan a otros atrás.
Que no importa cuánto marque uno u otro equipo, el resultado final debe ser equilibrado solidario, igualitario.
Y yo me quedo esperando que el fulano remate diciendo que vencer en el fútbol también es de fascistas.

Al final no lo dice, pero pienso que todo se andará.
Démosle un poco más de tiempo a su Twitter, a su Facebook.
Hagámoslo diputado, como a esos otros intelectuales que nos adornan la vida desde el Parlamento.
Y de aquí a nada, la sociedad occidental entera clamará por niños jugando al fútbol sin goles, sin penaltis, sin expulsiones, sin trofeos, sin nada.
Construyamos el futuro.
Convirtamos los patios de recreo y los campos de fútbol infantil, incluso los estadios para mayores, en una amable Disneylandia.

Pocas veces he visto, pese a que soy contumaz lector de Historia, fabricar borregos con el entusiasmo de la última década.
Y no hablo sólo de borregos manipulables, sino de carne dócil para el matadero.

De voluntades dispuestas a subirse al tren cuya última y única parada es un lugar donde humean chimeneas simbólicas, o no tan simbólicas.
Donde se queman la inteligencia y el sentido común.
Donde analfabetos borrachos de poder mediático o político liquidan tres mil años de cultura y razón.
Donde, esperando turno, languidecen famélicos, esperando crematorio, Homero, Virgilio, Platón, Sócrates, Kant, Cervantes, Voltaire, Dante, Montaigne, Shakespeare y los demás.
Los que convirtieron Europa en foco de luz, derechos y libertades que iluminaron el mundo.
Esa Europa hoy estéril, caricatura de sí misma, contaminada del estúpido buenismo que arraigó en los campus universitarios norteamericanos hace medio siglo y que ahora, retorcido hasta el disparate, lo contamina todo y nos envenena a todos.

La ventaja de llegar a mi edad, de tener lectores y de que no haya mucho que ganar o perder, es que puedes ponerte apocalíptico sin que pase nada.
Decir lo que piensas sin que importe a quién gusta y a quién no.

Y lo que pienso es que esto se ha terminado.
No ahora mismo, por supuesto.
Las épocas tardan en pasar, y los imperios, siglos en caer.
Pero la Europa en cuyo respeto fui educado, el mundo cultural e intelectual del que se nutren mi vida y mi trabajo, está sentenciado a muerte.
Este lugar que fue luz del mundo, cuna de ideas, humanismo y cultura, es hoy una payasada grotesca, remedo de lo que él mismo generó y que, devuelto tras la manipulación del tiempo y la estupidez, lo enfrenta a su propia caricatura.

Hay un futuro, naturalmente. Siempre lo hay.
Un futuro inevitable, resultado de la dinámica de la historia.
Pero aquella Europa no tiene sitio en ese futuro.

Vendrá otra mejor o peor, regida por nuevas reglas cuando los corderos, que hoy criamos incapaces de defenderse física e intelectualmente, sean comidos a dentelladas por lobos totalitarios de todo signo.
Cuando nuestros hijos y nietos, convertidos por nosotros en víctimas vocacionales, aplaudan e incluso comprendan a sus verdugos y sus nuevos amos.
Sobre ese caos mestizo fraguará un futuro imperio en el que a Europa le corresponderá hacer de amo o de siervo: ignoro si mejor o peor, aunque no me importa gran cosa, pues no estaré aquí para disfrutar sus ventajas ni sufrir sus inconvenientes.
Yo me extingo despacio con el mundo del que procedo, como debe ser.
Los imperios pasan y la Historia enseña a aceptarlo con naturalidad, sin aspavientos; con la estoica certeza de que, una vez más, ocurre lo que ocurrió siempre.
Como el príncipe Salina cuando, al final de El Gatopardo, deja atrás las luces y la música sabiendo que no volverá a bailar con Angélica porque ésta y su espléndida juventud corresponden al guapo y prometedor sobrino Tancredi.

Y, bueno. Equivocado o no, es lo que pienso.

En esa grisura triste que ensombrece el horizonte, los libros, la ciencia lúcida, la cultura, los pequeños núcleos de resistencia que puntean la batalla perdida, serán - lo son ya para muchos - como los antiguos monasterios que pusieron a salvo parte del mundo que desaparecía, preservándolo así para el futuro.
En ellos, conscientes de la imposible victoria, se refugiarán unos pocos mientras afuera cabalgan y vociferan los bárbaros.

Y ahí se reconocerán entre ellos con sonrisa cómplice, como monjes medievales, dándose calor unos a otros en el duro invierno que se avecina.

LA AGONÍA DE UN TRAIDOR, de Ernesto Mallo - 20/12/2020

Está en nosotros impedir que vuelvan Menem, Macri o Videla
 

No son nunca los fuertes, sino los débiles los que aspiran al poder, y lo alcanzan mediante el efecto combinado de la astucia y el delirio.

Emile Cioran, La Caída en el Tiempo.

En una película épica, un personaje que ha traicionado a su antiguo amo es confrontado por su nuevo amo, el emperador, pues ahora también lo ha traicionado a él.
El emperador va a condenarlo a muerte pero no alcanza a comprender por qué lo hizo ya que siempre pensó que lo amaba.

Le pido perdón, señor - dice el reo - no ha sido por falta de amor hacia su majestad, es que nací traidor, es mi naturaleza.

He olvidado el título del film, los actores y la trama, pero esa frase no me abandonó nunca.
Lo que expresa es que el temperamento de los hombres no cambia.
Algo que las mujeres golpeadas harían bien en tener siempre en cuenta.

Carlos Menem agoniza, parece probable que no llegue a 2021. Zulemita, su hija, suelta mensajes esperanzadores pero se encomienda al altísimo.
Con noventa años de una vida azarosa, no le quedan muchas posibilidades.

Carlos, Calito, Calo es el epítome del traidor.

Traicionó todas y cada una de sus promesas electorales, se apoyó en las Fuerzas Armadas, obsequió indulto a los militares que no habían sido beneficiados por la obediencia debida, pero les quitó el servicio militar obligatorio y, por lógica, una gran tajada al presupuesto.
Traicionó a la clase trabajadora, a los peronistas que lo acompañaron, a sus propios ministros, con Domingo Cavallo a la cabeza.
Se dice que a Pablo Escobar le prometió un puerto libre en la zona de Ensenada a cambio de una generosa contribución a la campaña electoral.
Una hipótesis sostiene que esa traición le costó la vida a su hijo Carlos Jr., en un acto de venganza típico de los narcos colombianos.
Traicionó a Pino Solanas, recientemente fallecido en París, que había colaborado con la campaña con la promesa de que le daría las Galerías Pacífico para fundar un centro cultural, cosa que nunca llevó a cabo.
El cineasta se volvió un furioso antimenemista.
Unos desconocidos encabezados por un hombre con nariz de payaso lo balearon una madrugada poco después de ratificar sus declaraciones en los tribunales.
Traicionó a sus paisanos del mundo árabe aliándose con Estados Unidos para la guerra del Golfo, cosa que otra hipótesis sostiene provocó los ataques dinamiteros contra la embajada de Israel (22 muertos y 250 heridos) y contra la AMIA (85 muertos y más de 300 heridos).
Traicionó ambas investigaciones para asegurarse de que la verdad no emergiera del pozo de la vergüenza.
Traicionó a la industria nacional abriendo la importación de bienes de consumo determinando una caída brutal del aparato productivo. Impulsó las leyes de flexibilidad laboral más lesivas de la historia para los trabajadores, traicionando la tendencia al reparto que caracterizó a todos los gobiernos peronistas.
Traicionó a Zulema, su esposa, haciéndose notar con cuanta vedetonga o trepadora le pasó cerca, hasta que ella terminó plantándolo. Tuvo que expulsarla de la quinta presidencial por las fuerza, valiéndose para tan noble propósito de varios agentes y funcionarios con el jefe de la Casa Militar, con el brigadier Andrés Antonietti a la cabeza.
Bajo su gobierno, la política argentina estuvo signada por muertes dudosas, en causas de un altísimo impacto.
El tráfico de armas, la explosión de Río Tercero, la muerte de su hijo y algunos otros hechos resonantes de corrupción son los que más testigos o involucrados fallecidos produjeron.

Su apogeo fue en los ’90, la época del éxtasis, del alcohol como medio de aplacar los arrestos revolucionarios de la juventud.
Nadie mejor que Menem para presidir la década más frívola de que se tenga memoria.

Pero, en marzo de 1995, con las elecciones de mayo viniéndosele encima, Carlos Menem no las tenía todas consigo.
El mundo estaba de fiesta, el muro de Berlín ya era la lápida de la Guerra Fría.
Estados Unidos le había ganado a los rusos una pulseada que duró más de cuarenta y cinco años.
Los humanos sentían el alivio de que les hubieran quitado la bomba atómica que pendía sobre sus cabezas.
El planeta se preparaba para reverenciar a los nuevos héroes, que ya no serían sudorosos guerreros cubiertos con el fango de las batallas, sino atractivos millonarios, perfumados y vestidos por Hugo Boss, el sastre de las SS.

Por la tarde, en una escuela del norte, Carlos debía dar el discurso de apertura del ciclo lectivo.
No quería hacerlo.
Una lánguida depresión se había apoderado de él.
Su mandato terminaba.
La realidad inmediata estaba haciendo polvo su sueño de convertirse en un estadista internacional, en uno de los líderes del glamoroso futuro.
Eduardo Duhalde estaba esperando su oportunidad para caerle encima, nunca le perdonó que lo hubiera desplazado del gobierno central, aún cuando le regaló la provincia más rica.
Había estado recopilando información y reclutando alcahuetes con el indudable propósito de procesarlo y mandarlo preso ni bien perdiera los atributos de su cargo.
No era el único que ambicionaba el puesto y la venganza.
El ministro Cavallo, a quien obligó a renunciar, ahora en el llano, se candidateaba para reemplazarlo, un hombre que sabía muchas cosas, demasiadas cosas.
Si llegaba a hacer una alianza con Duhalde, Carlos estaría perdido.
Menem conocía de sobra a sus colaboradores como para albergar alguna duda sobre cuál sería su actitud en caso de que lo sentaran en el banquillo.
De boca a boca circulaba el chiste en el que lo llaman damajuana, porque en cuanto perdiera la manija lo agarrarían del cogote.

Poderosos empresarios judíos no dejaban de escandalizar al mundo haciéndolo responsable de los atentados contra la comunidad.
El paso deliberadamente lento, torpe e inepto de la investigación judicial, descarriado por los senderos de la corrupción, cuyos entresijos lo comprometían y no quería ni podía revelar, encrespaba más aún los ánimos.

Necesitaba por lo menos un término más para limpiar toda huella que pudiera incriminarlo.
Tenía que hacer campaña, comprar la voluntad y el apoyo de caudillos provinciales y sindicales, operar sobre diputados y senadores, poner la prensa a favor, contratar publicidad y medios.
Eso significaba mucho dinero.

La dilatada disputa con el ministro había estancado una economía basada en la mala venta de bienes del Estado y efímeros préstamos para el consumo de bienes importados que terminaron por destruir el aparato productivo.
Las reservas estaban agotadas.
Como resultado de la concentración del capital en los grupos empresarios más poderosos, habían crecido el desempleo y la pobreza, el índice de la mortalidad infantil había trepado al quince por mil, había muertos de hambre en Catamarca, Santiago del Estero y quién sabe dónde más.
El país estaba asolado por una epidemia directamente relacionada con la miseria: el cólera.
Y cólera es lo que sentían todos aquellos a quienes sedujo para que lo siguieran, esos a los que prometió que no defraudaría.

Su popularidad había bajado a niveles alarmantes y en su ánimo campeaba la culpa por la muerte de su hijo varón.
Zulema no dejaba de repetir, a todo quien quisiera escucharla, y hacer público, que Carlitos fue asesinado por culpa de él.
Para colmo, por todas partes se corría la bola de que era yeta, los hombres se tocan un testículo al oír su nombre que muchos evitan siquiera pronunciar. Su mente repetía una palabra como un mantra ominoso: desastre, desastre, desastre.

Arrollado como un feto en la habitación principal de la quinta, añoraba aquellos tiempos cuando en su provincia invocaba la figura de Facundo Quiroga en quien buscó inspiración y a cuya imagen y semejanza se había construido a sí mismo.

Las palabras de Domingo Faustino Sarmiento parecen redactadas a la medida de Menem.

«Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo.
Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!
Diez años aún después de tu trágica muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos al tomar diversos senderos en el desierto, decían:
‘¡No; no ha muerto! ¡Vive aún! ¡El vendrá!’

¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas».

Y vino, vaya si vino.
Recuerda las noches en que salía al patio gritando y, elevando los brazos, pedía que el espíritu de Facundo entrase en su cuerpo.
Y entró, claro que entró.
Las multitudes lo siguieron hasta colocarlo en el trono.

Carlos superó al maestro, íntimamente convencido de que estaba predestinado a convertirse en el líder indiscutido de la patria.
Pero ahora que lo sobrepasó, el Caudillo ya no tiene los atributos mágicos de entonces.
Carlos transformó su imagen de gaucho bravo por la de un tycoon del primer mundo, trocando la melena renegrida por el tranquilizador entretejido, el poncho colorado por el civilizado traje de ejecutivo.

Lo que entonces necesitaba era una nueva figura a quien emular, capaz de inocularle al pueblo un sueño que quisiera alcanzar y que viera en él al único que podía concretarlo.
Alguien a quien creerle la promesa de un futuro preñado de riqueza, moderno y con cientos de juguetes tecnológicos que los harían felices para siempre.
Pero no tenía una fuente en la que inspirarse, sentía que la inventiva se le había secado, que el olfato de perro con el que detectaba dónde estaba el poder para ponerse de su lado se había extinguido, y que su emperifollada cabeza era incapaz de segregar una idea pasable.
Interpretó como una señal que en esa hora le trajeran el Rolex de su hijo, ése que no se detuvo en el minuto de su muerte y que quizás estuviera marcando los que quedaban para su propia muerte. 

Prendió la tele. Estaban pasando un documental de Kennedy.
Allí estaba Jack: elegante, cristianísimo, blanco y estadista, tras el atril de la Rice University, ante una distinguida concurrencia de alumnos, catedráticos y estudiosos.
A Carlos le fascinaba la seguridad con la que se dirigía a su público…

- Hemos elegido ir a la Luna.
Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas, no porque sea fácil, sino porque es difícil, porque ese objetivo nos servirá para organizar y medir nuestras energías y nuestras capacidades, porque es un desafío que tenemos la voluntad de afrontar, que no estamos dispuestos a posponer, un desafío que nos proponemos ganar…

¡Lo había encontrado!
Repentinamente se carga de energía, en su mente se organiza todo, tiene la imagen, el sueño, el talismán y, en pocas horas, el podio desde donde comenzar a propalarlo a una población hambrienta de esperanzas

Por la tarde, un Carlos renovado, seguro y atildado se ubica en el atril, todas las miradas convergen en su rostro sonriente.
Ave fénix, campeón de la seducción, blandiendo en su muñeca el famoso reloj de su hijo muerto, para que las cámaras vuelvan a captarlo y conmuevan la piedad de los votantes, con la seguridad de un ganador, se larga con el discurso que da comienzo a su campaña por la re - reelección.

- Se va a licitar un sistema de vuelos espaciales mediante el cual, desde una plataforma que quizás se instale en la provincia de Córdoba, esas naves espaciales van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratosfera, y desde ahí elegir el lugar adonde quieran ir.
De tal forma que en una hora y media podemos estar desde Argentina en Japón, en Corea o en cualquier parte del mundo.
Y, por supuesto, los vuelos a otro planeta, el día en que se detecte que en otros planetas haya vida.

No pocas voces criticaron el disparate, se burlaron y le dedicaron los epítetos más vergonzosos.
Pero lo cierto es que todo el mundo estuvo hablando de él.

El 14 de mayo ganó las elecciones nacionales con casi el 50 por ciento de los votos.
El zorro riojano lo había hecho nuevamente.
Pero su mandato, que duró diez años, no se debió solamente a la combinación de astucia y delirio a que hacía referencia Cioran en el epígrafe de este texto.
Sino también al apoyo sostenido de los empresarios y factores políticos adeptos al neoliberalismo que vuelven una y otra vez y a la clase media pendular, a la cual es fácil convencer de que son ricos.

La política económica de Menem fue la continuación de la política económica de la dictadura de Videla y sus secuaces.

La política de Macri fue la continuación post Menem.

Los neoliberales siempre harán lo mismo, siempre estarán dispuestos a hacer un esfuerzo más para robarnos algo más.
El pueblo es para ellos como la mujer golpeada.
Los maltratadores volverán con sus promesas almibaradas y sus bombones envenenados para que los perdonen.
Pero, como decíamos al principio, el temperamento no cambia, volverán a maltratarnos.
Los ciudadanos debemos tenerlo siempre muy en cuenta.

Tal vez esa sea la mejor, si no la única, lección que pueda dejarnos.
Carlos Menem, una vez que sea puesto a buen resguardo bajo tierra.

En ese momento, los que engordaron bajo su régimen de prebendas, los socios que robaban para la corona, descorcharán el champán, brindarán a su salud y quedarán a la espera de su regreso.
Está en nosotros impedirlo y, llegado el caso, resistirlo.

SONRÍA, LO SEGUIMOS FILMANDO, de Horacio Verbitzky - 20/12/2020


Mientras en diversos juzgados federales se tramitan causas por el espionaje ilegal del gobierno de Maurizio Macrì sobre organizaciones y dirigentes políticos y sociales, esa práctica sigue vigente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, gobernada por Horacio Rodríguez Larreta.
No es este el punto de discrepancia entre los líderes de las principales facciones del PRO.
Pruebas al canto, en esta nota.


Líneas cromáticas

El jueves 17, las tres comisiones del Senado alcanzaron el dictamen favorable a la ley que deroga la clandestinidad del aborto, que habilitará su tratamiento en el recinto el 29 de diciembre.
Esta vez la fractura no sigue líneas partidarias sino cromáticas.
Los presidentes de los principales bloques disienten con las respectivas posiciones partidarias: el cambiemoso Luis Naidenoff es verde como Alberto Fernández y CFK, y José Mayans se pinta de celeste, como la mayoría del macrismo.

Las posturas en ambas cámaras fueron respetuosas, y las únicas salidas de tono fueron de algunos de los expertos invitados.
Hubo desbarres desopilantes, como el del asistente de fertilización Eduardo Young, quien confundió dos proyectos y dijo que nadie le había explicado por qué a la Interrupción Voluntaria del Embarazo se le pone como fecha mil días.
Y testimonios conmovedores, como el de la médica tucumana Cecilia Ousset, una objetora de conciencia que aun así asistió a la interrupción del embarazo de una nena de 11 años, todavía con dientes de leche, violada por el concubino de su abuela.
Ousset y su esposo, también médico, están procesados por ello.

De torcer voluntades en contra del proyecto se encargan los operadores confesionales, sobre todo en el interior.
El Papa Bergoglio ha elegido un perfil bajo, aunque no puede descartarse un aldabonazo de último momento, como su carta convocando a la guerra de Dios contra la igualdad matrimonial, y sus repetidoras locales amenazan con el enturbiamiento de las relaciones.
No es demasiado creíble, dado que una ruptura con el gobierno de su país en plena negociación con el FMI, le haría más daño a la credibilidad apostólica que al oficialismo.
Una construcción de imagen que insumió ocho años de intenso activismo (incluyendo el pesebre Dada de esta Navidad) podría desmoronarse en un minuto.


El Pesebre Dadá. No lo instaló George Grosz sino Jorge Bergoglio.


Germani lo sabía


Gino Germani

Otra línea de fractura separa a las grandes ciudades y sus conurbanos, que son verdes, de las pequeñas poblaciones, celestes, según el esquema que el sociólogo italiano Gino Germani estableció en el segundo tercio del siglo pasado al postular la transición de la sociedad tradicional a la de masas, en un trabajo fundante de la moderna sociología argentina.

También operan algunas figuras de JxC que no razonan sobre la ley sino acerca de la victoria que su sanción significaría para el oficialismo y que preferirían impedir.
Entre ellos, el ex Presidente Macrì, quien en 2018 practicó el doble juego de propiciar a un tiempo el debate y el rechazo del proyecto.

Desde el oficialismo, el seguimiento voto por voto corre por cuenta de dos ministras del Poder Ejecutivo (Elizabeth Gómez Alcorta y Vilma Ibarra) y de la operadora vicepresidencial Anabel Fernández Sagasti, la tría más mentada.
El propio Presidente Fernández se ha comunicado con varios gobernadores y senadoras para reclamar su apoyo.


Eli, Vilma y Anabel, la tría más mentada.

En Diputados la sesión fue presencial, en el Senado será remota, lo cual favorece las presiones sobre los legisladores y las legisladoras que participarán desde sus domicilios.
Los cálculos al cierre de esta edición eran optimistas sobre la aprobación del proyecto, pero nueve días son una eternidad.
No es recomendable tomar al pie de la letra ninguna de las especulaciones previas porque de un lado y de otro se aplican tácticas para tomar al adversario con la guardia baja, al estilo de Locomotora Castro, que se hacía el groggy para noquear mejor.


Con cámara y handy

Mientras duró el debate de las comisiones, militantes de los dos bandos acamparon en la plaza frente al Congreso.
La faena legislativa concluyó alrededor de las tres de la tarde, aunque la burocrática protocolización de las firmas se extendió hasta bien entrada la noche, dado que la reunión fue remota y cada integrante de las comisiones estaba en un lugar distinto.

Un efectivo de la policía porteña, con su uniforme de chaleco celeste, se cubría en la parada de colectivos más alejada del Congreso, casi en la esquina de Entre Ríos e Hipólito Yrigoyen, y con una cámara apoyada sobre un soporte monopié, enfocaba a los grupos verdes que aún permanecían en la plaza.
Además, estaba comunicado con su jefatura mediante un handy.
Con toda claridad se escuchó la modulación, señalándole:

- Individualizar a la referente del Movimiento Evita.

El hombre estaba tan concentrado en su tarea, que ni advirtió cuando me acerqué y le tomé esta fotografía.
La cámara y el soporte aparecen semicubiertos por la estructura tubular de la parada de colectivos pero alcanzan a divisarse con nitidez.


El efectivo de la policìa porteña espiando la movilizaciòn verde.

El mes pasado, durante las exequias de Maradona, la policía porteña gaseó y baleó con proyectiles de caucho a manifestantes pacíficos que esperaban bajo el sol desde hacía horas, para despedir a su ídolo.
En retrospectiva, carece de importancia si la interrupción de la fila fue a pedido del gobierno nacional o por propia iniciativa. En cualquier caso, los efectivos exhibieron su conocido modus operandi del garrotazo preventivo.
Sólo el despliegue fáctico y retórico de Patricia Bullrich durante los cuatro años previos pudo valerle a Horacio Rodríguez Larreta chapa de moderado.

Lo más llamativo en ambos casos es la naturalidad con que los efectivos (y sus autoridades superiores) encaran tareas que forman parte de las prácticas consuetudinarias del Estado pero que colisionan con la legalidad vigente.
Horacio Rodríguez Larreta fue víctima de esa práctica, cuando los espías de Macrì se interesaron en pormenores de su vida matrimonial, que en estos días han ganado notoriedad.
Hasta ahora no hay indicios de que HRL revuelva sábanas ajenas, lo cual marcaría la principal diferencia entre ambos.

Macrì hizo espiar a sus hermanas Sandra y Florencia, con el argumento de que desconfiaba de sus respectivas parejas.
Pero la actuación de la policía porteña espiando en el espacio público no deja de ser ilegal.
El artículo 4 de la Ley de Inteligencia Nacional, promulgada por Fernando De la Rúa en 2001 con el número 25.520, es explícito:

“Ningún organismo de inteligencia podrá:
  • Realizar tareas represivas, poseer facultades compulsivas, cumplir, por sí, funciones policiales ni de investigación criminal, salvo ante requerimiento específico realizado por autoridad judicial competente en el marco de una causa concreta sometida a su jurisdicción, o que se encuentre, para ello, autorizado por ley.
  • Obtener información, producir inteligencia o almacenar datos sobre personas, por el solo hecho de su raza, fe religiosa, acciones privadas, u opinión política, o de adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias, cooperativas, asistenciales, culturales o laborales, así como por la actividad lícita que desarrollen en cualquier esfera de acción.
  • Influir de cualquier modo en la situación institucional, política, militar, policial, social y económica del país, en su política exterior, en la vida interna de los partidos políticos legalmente constituidos, en la opinión pública, en personas, en medios de difusión o en asociaciones o agrupaciones legales de cualquier tipo.
  • Revelar o divulgar cualquier tipo de información adquirida en ejercicio de sus funciones relativa a cualquier habitante o a personas jurídicas, ya sean públicas o privadas, salvo que mediare orden o dispensa judicial”.

Alberto Fernández fue aún más restrictivo con el rol de los organismos de inteligencia, ya que ahora ni siquiera por orden de un juez pueden realizar investigación criminal.


Alerta temprana

Esta es una buena oportunidad para la modesta sección Yo te lo dije.
El 3 de enero de 2016, cuando poca gente fuera de los interesados estaba atenta a las noticias políticas, advertí que comenzaba la ofensiva del nuevo gobierno contra la ex Presidenta CFK.
Macrì asumió la presidencia procesado por las escuchas ilegales, pero pocos días después fue sobreseído.

Aquella nota contaba que los camaristas de apelación Jorge Ballestero y Eduardo Freiler habían confirmado el procesamiento de Macrì en esa causa y anunciaba: “el tiempo de la venganza. 
Ballestero y Freiler recibieron un ultimátum de Macrì, quien empleó al más insólito mandadero para solicitarles la renuncia: el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti.
La intimación también abarcó a los jueces Norberto Oyarbide (el primero que procesó a Macrì por las escuchas) y Rodolfo Canicoba Corral.
Oyarbide decidió apurar su jubilación, Canicoba se encargó de que trascendiera la operación conjunta ejecutivo - judicial (…)
Ahora es el turno de Cristina, a quien el gobierno desea ver presa por traición a la patria, nada menos”.

Si te tienta ver la nota entera, aquí está.

Anticipa lo que estaba por ocurrir y menciona a varios de los guacamayos que se encargan de repetir las consignas presidenciales: Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Luis Majul, Jorge Lanata.
Las confabulaciones que inventaron entonces sobreviven hasta ahora, gracias a un sistema de justicia cooptado por el poder y el dinero.


Dos confirmaciones

La semana pasada, los jueces de la Cámara Federal de Mar del Plata Rafael Oscar Julián, Alejandro Osvaldo Taza y Eduardo Pablo Jiménez confirmaron el procesamiento del fiscal Carlos Stornelli dispuesto por el juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla, como instigador de la “producción de inteligencia ilegal sobre personas, sea por sus acciones privadas o por la actividad lícita que desarrollen en cualquier esfera de acción”, en los casos de Jorge Castañón, exposo de la pareja sentimental de Stornelli, a quien analizaba la posibilidad de colocarle drogas prohibidas en el equipaje, y José Manuel Ubeira, el abogado al que Stornelli quería filmar en forma clandestina, porque dijo tener pruebas de que algunos de los arrepentidos de la Encuadernadora Glock habían sido extorsionados.

La Cámara aceptó la defensa de Stornelli, avalada por el fiscal Juan Manuel Pettigiani, de que el espía inorgánico Marcelo Sebastián D’Alessio, que era un particular, engañó a Stornelli y que sólo los agentes públicos pueden cometer el delito de espionaje ilegal.
Omitió así el artículo 11 de la ley de inteligencia, que también prohíbe “la creación, conformación y funcionamiento de asociaciones, instituciones, redes y grupos de personas físicas o jurídicas, que planifiquen y/o ejecuten funciones y actividades de inteligencia, en cualquiera de sus etapas, asignadas por la presente ley a los organismos integrantes del Sistema de Inteligencia Nacional”. 

También resolvió que debe profundizarse la investigación sobre el operador judicial del Grupo Clarín, Daniel Pedro Santoro, quien no quedó al margen de la causa, en la que sigue procesado por asociación ilícita y extorsión.

Al mismo tiempo, Ramos Padilla procesó a los jefes de la AFI, Arribas y Majdalani y a los responsables de las bases de inteligencia instaladas en nueve partidos del Gran Buenos Aires, por la realización de espionaje ilegal sobre 18 partidos políticos, 46 organizaciones sociales y de derechos humanos y 61 sindicatos, 13 de ellos docentes.
La mayoría de ellos son policías retirados de la Bonaerense, como los comisarios Anìbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk, pero también hay militares que atentaron contra el sistema constitucional.

Estos son los antecedentes de algunos de ellos:
El comisario Daniel Alejandro Salcedo, fue jefe de la policía bonaerense cuando su ministro de Seguridad era Stornelli.


El apoyo de Salcedo a Stornelli.

El comisario Vicente Antonio Melito fue sumariado por falso testimonio y falsedad ideológica en instrumento público, cuando desapareció el libro de guardia de la comisaría de Morón a su cargo.

Alicia Susana Nocquet
quien inició su carrera en investigaciones en 1977, a las órdenes de Miguel Etchecolatz cuando el jefe de la policía era Ramón Camps.


El capitán del Ejército Andrés Máximo Maisano, quien en 1987 fue detenido y procesado por su participación en el alzamiento carapintada de Aldo Rico y recuperó la libertad dos años después gracias al indulto de Carlos Menem.

El comisario Gustavo Carreiras fue separado de la custodia del ministro de Seguridad Juan José Álvarez, a raíz de las amenazas recibidas cuando comenzaron las investigaciones sobre corrupción.

Entre las actividades ilegales reseñadas figura una charla pública del autor de esta nota y de Elizabeth Gómez Alcorta en el centro cultural Bartolina de Morón.
La actual ministra era entonces la defensora de Milagro Sala, y colaboró conmigo en el libro La Libertad no es un Milagro.

Con pocas horas de diferencia los camaristas federales de La Plata Roberto Agustín Lemos Arias y César Álvarez confirmaron el procesamiento de los mismos Arribas y Majdalani y del operador Alan Ruiz, dictada por el juez federal de Lomas de Zamora, Juan Pablo Augé, por el espionaje ilegal al domicilio de CFK y al Instituto Patria.
Arribas y Majdalani dieron las órdenes, que Ruiz ejecutó, pocos días después de que se hiciera pública la actuación de la Encuadernadora Glock.
Los agentes enviados a ambos domicilios declararon que debían informar si había movimiento de bolsos (sic).
El pretexto falso que usaron, avalado por el ex juez de Lomas Federico Villena, fue que se investigaban posibles delitos de terrorismo, narcotráfico y trata de personas (sic).


Quoque te AFIP

También la AFIP y Vialidad Nacional fueron puestas a realizar tareas ilegales de inteligencia, como se ventila en los juicios por el armado de causas apuntadas una vez más contra Cristina.
La denuncia de la Administradora de Ingresos Públicos Mercedes Marcó del Pont contra sus ex predecesores Alberto Abad y Leandro Cuccioli, por abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público y asociación ilícita, indica que entre los años 2016 y 2019 “se desplegaron en la AFIP acciones ilegales (de) hostigamiento fiscal (…) cumplidas con una finalidad de persecución contra la principal oponente política del entonces oficialismo, con una eventual afectación de derechos de difícil - sino imposible - reparación, tanto para ella como para sus hijos”.

La presentación describe esas prácticas ilegales:
  • Irregularidades en el análisis de la situación patrimonial y formulación de cargos inexactos contra Cristina, Máximo y Florencia Kirchner.
  • Fiscalización por funcionarios de la DGI distintos de aquellos que resultaban competentes.
  • Miles de consultas en el sistema sobre información fiscal de la Vicepresidenta y sus dos hijos, sin fundamento legal siquiera aparente, a cargo de un nutrido grupo de agentes del organismo y eliminación de rastros informáticos sobre otras consultas ilegales, efectuadas al margen de procedimientos reglados, que constituyen un atropello institucional.
  • Funcionarios de la AFIP, como Jaime Mecikovsky, actuaron en causas judiciales del doctor Glock invocando representación del organismo. Actuó como “auxiliar de justicia” sin contar con autorización de las autoridades respectivas y sin haberse siquiera informado formalmente al organismo”.
  • Se crearon grupos de trabajo para analizar la situación de ciertos contribuyentes, como Cristóbal López, Fabián de Sousa y Lázaro Baez y de sus empresas, “cuya integración fue determinada por las autoridades políticas de ese momento”.
  • Se verificó una actuación coordinada con juzgados y fiscalías federales, diferentes de las estrictamente institucionales, así como también vías de comunicación alternativas. Tal coordinación de acciones entre funcionarios del Organismo e integrantes del Poder Judicial y del Ministerio Público, “excedió la colaboración que la administración presta - en el marco de su competencia - a la judicatura”.

Estos delitos se analizan en las causas de Vialidad, contra Lázaro Baez, y de Oil Combustibles, que fue empujada de modo deliberado a la quiebra mediante afirmaciones falsas, con el propósito de apoderarse de los medios del Grupo Indalo, como la señal de noticias C5N y la radio Diez, que rehusaron sumarse a la operación contra Cristina.

En la causa de Vialidad, un testigo tras otro demuelen la acusación en favor de la cual fueron citados: la auditoría que Javier Iguacel ordenó en cuanto asumió no encontró obras sin terminar, mala calidad de los trabajos ni sobreprecios.
Tampoco es desproporcionado que una provincia cuya extensión es el 10,5% del territorio nacional concentre el 11,2% del presupuesto de rutas, tal como lo dispuso el Congreso.

En La Nación, el columnista Alejandro Carrió defendió la ley del arrepentido como un “instrumento indispensable contra la corrupción”.
Carrió se presenta allí como “abogado, especialista en derecho constitucional”. 
Hay un desliz semántico.
Eso fue su padre, Genaro Carrió, defensor de Jacobo Timerman durante la dictadura y juez de la Corte Suprema designado por Alfonsín.
El hijo es abogado defensor y lobbista del Grupo Clarín, de Maurizio Macrì, de su primo Angelo Calcaterra y de su gerente Javier Sánchez Caballero, datos fundamentales que Carrió no menciona.
La AFIP lo contrató para preparar a los testigos en el juicio oral contra Oil Combustibles, como contó uno de ellos en la audiencia.

En la etapa de instrucción cumplió el mismo rol Ricardo Gil Lavedra, quien también malversa el prestigio obtenido como camarista en el juicio a Videla, Massera & Cia en las peores causas: las falsedades en que se basó la detención preventiva de López y De Sousa y los juicios de Gerardo Morales contra Milagro Sala.

Igual que Carrió, es virtuoso en el manejo del doble mensaje: luego de conseguir el encarcelamiento de los titulares del Grupo Indalo, cuestionó como si fuera un académico neutral el uso de la prisión preventiva; en la causa de Morales contra Milagro, no puso su firma, sino la de un abogado junior de su estudio, Federico Wagner, quien coordinó con la presidente del Superior Tribunal Jujeño y con el área de derechos humanos de la Cancillería de Macrì, la presentación de testigos amañados ante la CIDH, para que no le concedieran la prisión domiciliaria a Milagro.

Algo similar hizo hace dos décadas: cuando le pregunté cómo era posible que el ministro de Justicia del gabinete en las sombras de la primera Alianza fuera abogado de Telecom contra los reclamos de los usuarios, aceptó que era incompatible y que renunciaría a esa defensa.
Entonces delegó la tarea en una poco conocida abogada de su estudio.

Ascendió la ladera del prestigio defendiendo los derechos humanos.
La desciende como defensor de los poderosos que violan esos derechos, e intenta blanquearse con los argumentos en favor de la ley IVE en el Congreso, donde habla por boca ajena.

Un acabado ejemplo de perversión.

sábado, 19 de diciembre de 2020

ATAQUE AL SISTEMA DEMOCRÁTICO

Cristina desnuda la contradicción entre sistema republicano y democracia


El columnista del diario La Nación y predicador del programa Odisea Argentina, Carlos Pagni, caracterizó la carta de la Vicepresidenta de la Nación y lideresa del Frente de Todos, Cristina Fernández de Kirchner, como un ataque al sistema republicano.
El autor del artículo Ataque al sistema republicano, en La Nación del 10 de diciembre de 2020, comienza caracterizando que “la esencia del sistema republicano radica en la necesidad de limitar al poder”, continúa diciendo que “la sociedad se protege de la posibilidad de ser avasallada por la política a través de dos dispositivos principales, la independencia judicial y la libertad de prensa”.
Los posicionamientos políticos adquieren su sentido en condiciones histórico - concretas y no como resultado de generalidades pretenciosas de vigencia eterna.

Valorando el momento en que Pagni formula esas aseveraciones, no pueden ser entendidas más que como construcción teórica de defensa del lawfare.

Defiende a la Corte Suprema como una institución inmaculada, ajena a sus comportamientos y características actuales, justamente las que Cristina Fernández se encarga de describir enumerando los comportamientos irregulares de ese cuerpo y de la mayoría de sus integrantes.
Finaliza el párrafo, aseverando que la “independencia judicial” unida a la “libertad de prensa”, que en este contexto no es otra cosa que la de los conglomerados comunicacionales concentrados que reúnen medios escritos y audiovisuales, conforman la hermandad imprescindible para defender a la sociedad del avasallamiento de la política.

Nótese la elección de la palabra, no se refiere como lo hacen los liberales tradicionales al Estado, si no a la política.

Sigue así los lineamientos de las innovaciones del liberalismo neo respecto del liberalismo clásico.
Son Milton Friedman y Hayek quienes insinuaron esa sustitución lingüística, popularizada hoy por los economistas «libertarios”.
Ese cambio introduce una contradicción entre República y política, cuya conciliación se transita mediante el vaciamiento de esta última.

La esencia de la República que evoca Pagni no se originó en la democracia ateniense sino en el feudalismo europeo, que devino en el capitalismo liberal.

Comenta Ellen Meiksins Wood en Democracia contra Capitalismo (siglo XXI, 1995) que dos de sus principales hitos fueron la Carta Magna inglesa y la Revolución de 1688 (año en que se impuso el fin del absolutismo y el predominio del Parlamento sobre la monarquía), acontecimiento que provoca el ascenso de las clases con propiedades.
Ese republicanismo no fue de campesinos que “se liberan del dominio político de sus señores, sino de los señores mismos que afirman sus poderes independientes frente al poder de la monarquía.
Este es el origen de los modernos principios constitucionales, las ideas del gobierno limitado, la separación de poderes y demás, principios que han desplazado las implicaciones sociales del ‘gobierno del demos’ - como equilibrio entre ricos y pobres - como criterio central de la democracia”.

El concepto de democracia antiguo provino de una experiencia histórica que le dio un status ciudadano a las clases subordinadas, en cambio en lugar del ciudadano campesino, el antiabsolutismo de la limitación de poderes constituye el drama histórico de la ciudadanía limitada al barón feudal wigh.

La tradición republicana reivindicada por Pagni proviene de una época de cambios en que el concepto de pueblo y ciudadanía calificaba para los estratos propietarios y excluía a las mayorías populares.

La raíz del pensamiento republicano plutocrática se devela en el predicador de Odisea cuando escribe sobre la Vicepresidenta que, “mientras estuvo al frente de la Casa Rosada propuso una reforma cuyo propósito principal era subordinar el Consejo de la Magistratura a los resultados electorales para, de esa manera, someter a los jueces a los vaivenes de las urnas”.

Este periodista de la derecha argentina no se priva de designar al veredicto popular con el mote de “vaivenes de las urnas”.
Proteger a la “justicia” y la “prensa” de la política, alejar la designación de los integrantes de un órgano judicial de los “vaivenes electorales”, son parte de un lenguaje ajeno al pensamiento democrático.

El artículo se refiere a que “uno de los pasajes más reveladores de la proclama de ayer [la Carta de la Vicepresidenta] fue el cargo que le hace a Rosenkranz como presidente de la Corte, de haber ejercido la profesión litigando a favor de empresas privadas.
Quiere decir que, además de manifestarse sobre la Justicia, la Vicepresidenta aprovechó pronunciarse también sobre el capitalismo”.

Prefiere ocultar y deformar lo que la Presidenta dijo: que la cartera de clientes del estudio jurídico de Ronsenkrantz está conformada por los principales grupos empresarios argentinos y extranjeros del país.

Era el abogado de grandes intereses particulares de empresas privadas cuya actividad tiene un fuerte impacto en la vida pública. 
Respecto de lo cual, resulta atinado citar la reflexión de Rousseau, el gran filósofo de la democracia, para quien “solamente la voluntad general puede dirigir las fuerzas del Estado según el fin con que ha sido instituido, que es el bien común; pues si la oposición de los intereses particulares ha vuelto necesario el establecimiento de las sociedades, el acuerdo de esos mismos intereses lo ha vuelto posible… 
Siendo la soberanía tan sólo el ejercicio de la voluntad general, no puede nunca enajenarse, y que el soberano, que no es sino un ser colectivo tan sólo puede ser representado por sí mismo: el poder puede transmitirse pero no la voluntad…
La voluntad particular tiende por su naturaleza al privilegio, y la voluntad general a la igualdad”.

Pues entonces, el señalamiento de la lideresa del Frente de Todos cumple con el deber de señalar que el Presidente de la Corte no reúne los antecedentes que garanticen la atención de la voluntad general, pues ha vivido vinculado a grandes intereses privados.
La advertencia de Cristina Fernández es una manifestación contra el privilegio y en defensa de la igualdad.

En otro párrafo acusa al texto de Cristina Fernández de efectuar un cuestionamiento a la cultura liberal, en beneficio de una idea populista de la democracia.
La confesión del periodista que predica el neoliberalismo queda expuesta.
Esa defensa de la cultura liberal es la de cadena de intermediaciones representativas que aleja a la ciudadanía del poder por medio de la república representativa en la que las elecciones tienen una metodología superindirecta.
Es la reivindicación de la cultura que con el advenimiento del capitalismo separó la vida económica de la vida democrática.
La que “protegió” a la economía de la política.
Luego en la época del “capitalismo de oro”, con las socialdemocracias europeas de posguerra y los gobiernos populares en el Tercer Mundo, el capitalismo admitió la desmercantilización de los bienes y servicios esenciales y una intensa intervención del Estado en la economía.

El temor a la “amenaza comunista” habilitó esta posibilidad, combinada con el desarrollo de intensos tejidos sociales en Occidente, la presencia de modos productivos que homogeneizaban a los pueblos y una intensa politización de la vida pública.

Más tarde, con el advenimiento del neoliberalismo, los sectores del poder económico impulsaron el retiro de los estados de la economía, el endiosamiento de los mercados, la heterogeneización de las condiciones productivas, la vulnerabilización de vastos sectores de los pueblos y la admisión de una vertiginosa formación de un vértice minoritario y exclusivo de multibilllonarios.

Los neoconservadores que pretenden eternizar esta última realidad militan la limitación de poderes, dando impunidad a los jueces que no provengan de los vaivenes de la voluntad popular y a los conglomerados comunicacionales monopólicos que forman opinión favorable a la hegemonía de los sectores privilegiados para las grandes empresas, en economías cada vez más concentradas.

El columnista de la “tribuna de doctrina” manifiesta preocupación respecto de la actualidad cuando dice que la carta vicepresidencial coincide con el momento en que el país “negocia con las grandes democracias del planeta encabezadas por los Estados Unidos, un acuerdo con el Fondo”.

Mientras el gobierno nacional, popular y democrático dejó claro que no aceptará condicionamientos sobre su política económica, ni tampoco realizará reformas estructurales para acordar un programa con el FMI, el orador de Odisea enciende alarmas por las justas críticas de la Vicepresidenta a un Poder Judicial que hoy huele a podredumbre.
¿Ese hombre, y los que piensan como él, supone que nuestras conductas políticas - ya no sólo las económicas - deben subordinarse al gusto de las grandes potencias?
¿Cantan el Himno Nacional, o creen que hacerlo es inconveniente para atraer las inversiones extranjeras?
¿Tal vez piensen que conviene cambiar la lengua primaria con que se educa a las futuras generaciones por el inglés?
Todo lo que venere al Dios de la Confianza sería útil para su criterio. Esa veneración se compone de concesiones y pleitesías.
No oculta nada de su pensamiento sometido al poder, dice “grandes democracias del planeta encabezadas por los Estados Unidos”.


Gran potencia, pero sin democracia

Dice Mónica Peralta Ramos en su artículo Dividir para reinar, respecto a la actualidad que vive la potencia que encabeza las grandes democracias: 
“El impacto económico de la pandemia ha contribuido a arrojar luz sobre una brutal desigualdad racial, económica y social acumulada a lo largo de décadas.
Sin embargo, las demandas de los que tienen poco o nada se enredan y entreveran en una disputa entre facciones de las elites dominantes empeñadas en controlar una mayor tajada del poder político.
El fragor de este combate impide ver lo que está realmente en juego. Ese ‘ellos o nosotros’ es un ariete que divide de un modo espurio a los excluidos, ahondando una grieta que, de tan vieja, ya casi no existe en la memoria.
Hoy los despojados y los excluidos pugnan por hacer oír su voz pero son ahogados por cantos de sirena que buscan mantenerlos en el aislamiento y la segregación...
La existencia de un contrato social aceptado por el conjunto ha sido un rasgo indispensable a la vida comunitaria.
Hoy ese contrato social está roto.
Las instituciones democráticas no pueden legitimar un orden social que maximiza los intereses de unos pocos en detrimento del bien común de todos, con una dinámica que desemboca en una crisis sistémica, en el canibalismo social y en la destrucción del clima y del hábitat”.

Un país con un régimen electoral distinto en cada uno de sus estados, donde las elecciones suelen terminar en pleitos, donde el que gana puede ser el que saca menos votos, donde los grandes grupos privados financian y condicionan a los futuros Presidentes, en forma “transparente” y sin limitaciones.
¿Eso caracterizan como gran democracia?

La cuestión está en el origen.
Para los antiguos federalistas norteamericanos explícitamente había que evitar el gobierno de la turba, la tiranía de la mayoría, y optaron por la forma representativa y republicana de la democracia, excluyendo el equilibrio de poder entre las clases, y sin referencias críticas a que se instale el “gobierno de los ricos”.
Esta es la fuente de los principios que permitieron sustraer la economía de la política y someterla a un espacio no democrático: el del mercado.

La “razonabilidad” de las políticas de entrega propiciadas por Pagni y los periodistas - comunicadores de los grandes medios concentrados, está sostenida como anticipaba Gramsci en lo que constituye a esos agentes del poder, son “los viejos dirigentes intelectuales de la sociedad [que] sienten que pierden terreno bajo sus pies, se dan cuenta que sus ‘sermones’ se están reduciendo precisamente a ‘sermones’, a cosas ajenas a la realidad, a pura forma sin contenido, a larva sin espíritu, a eso se debe su desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras”.

A esa intelectualidad del poder decadente, de una civilización en descomposición, pertenece el autor de la nota de La Nación y esa intelectualidad periodística entregada a la repetición del discurso de una civilización decrépita.


Ortodoxos en decadencia y falso realismo mendicante

En particular, los economistas constituyen, tal vez, la facción más grave de la intelectualidad de un modelo de vida en descomposición. El elogio del neoliberalismo, el régimen de la desigualdad, de la sociedad que fábrica miseria, del despojo de la idea del semejante, tiene expresiones locales en los discursos ajustadores, de mano dura económica, de embate contra la política, como los de Milei, Espert, Cachanosky, y aunque más encubiertos también los del ex ministro Cavallo, De Pablo, Broda, Melconian, etc.

Pero también hay un coro de supuestos “realistas” que llaman desde discursos progresistas tipo socialdemocracia 2.0 (de la tercera vía de Anthony Giddens) a la aceptación de las relaciones de poder que rigen el mundo.
Asumen la apologética de la correlación de fuerzas y la inevitabilidad de sumarse al “mundo” (en el rol de furgón de cola de las potencias de la financiarización).
Corresponde contraponerles la materialidad de la existencia de la voluntad, como constitutiva de la subjetividad que puede cambiar el estado de cosas, introducir una ruptura, cambiar el cauce.
Esa subjetividad motoriza la invalidación de un “falso realismo” constituyente de un reformismo superficial que renuncia a la motorización de una real transformación de la sociedad y la Nación.

Emmanuel Alvarez Agis, ex viceministro de economía de un gobierno popular, parece seducido por alternativas de este carácter.
Plantea la necesidad de ampliar el financiamiento externo para aplicarlo a la moderación del déficit fiscal, dando por supuesto que el FMI habrá de pedir y la Argentina tendrá que aceptar un mayor equilibrio presupuestario.
Bajo esos supuestos - de exigencia y subordinación - que se acercan a una negociación tradicional con el FMI, Alvarez Agis plantea que con un plan de facilidades extendidas Argentina podría obtener 12.000 millones de dólares más de asistencia del Fondo, lo que la llevaría a un endeudamiento de 57.000 millones con ese organismo. El joven economista parece envejecido en ideas.
La suposición de seguir endeudándose con el FMI porque el organismo va a condicionar y el gobierno democrático, nacional y popular argentino aceptará, no es más que una vieja y repetida historia de fracasos y retrocesos.
Pero el ex viceministro también se esperanza con la razonabilidad del siempre irrazonable organismo internacional respecto a los condicionamientos que impondrá.


Álvarez Agis y Abraham Gak: las apariencias engañan.

Más joven en ideas que él era el director del Plan Fénix, Abraham Gak, recientemente fallecido a los 91 años, quien siempre reivindicó la autonomía ante el Fondo y el poder financiero.
Fue un militante, un intelectual y organizador de los economistas que lidiaron con la ortodoxia cuando reinaba en todos los campos, también en la UBA.

Otro de los fundadores del Fénix, Aldo Ferrer, referente de los economistas heterodoxos, siempre sostenía que en las negociaciones hay que tener la alternativa de no acordar, porque si se les asegura el acuerdo, los financistas te imponen lo que ellos quieren.

Cuando se está elaborando un programa y se lo pretende propio, autónomo y no ajustista, resulta de chambón - si la mirada es bondadosa - andar tirando números sobre endeudamientos incrementales.
Si la “tribuna de doctrina” te entrevista varias veces en una semana te tenés que preguntar sobre lo que andás diciendo.
Y siempre se debe reparar en las marcas y señales de la historia. 

Néstor Kirchner construyó una política de transformación por haberle cancelado al FMI y no por ir a mendigarle más dólares, y menos para financiar el ordenamiento de cuentas internas.

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