No quiero que se vaya 2010,
sin glosar un recorte de prensa que tengo sobre la mesa.
Hace unas semanas coincidieron, en tiempo y espacio, el alarde habitual de cinismo de las autoridades del ramo tras la publicación de cada informe Pisa sobre el estado de la educación en España -sólo estamos un poco por debajo de la media, no vamos tan mal como parece, etcétera- y una cosita dela Junta de Andalucía que me
hace tilín. Sobre nuestro coma educativo no voy a extenderme, pues acabo de
desayunar, y sería incómodo que la náusea me hiciera vomitar el vaso de leche y
los crispis sobre el teclado del ordenata; sobre todo si recuerdo los paños
calientes del ministro responsable, señor Gabilondo, el triunfalismo idiota de
su secretario de Educación -que ni me acuerdo de cómo se llama ni me importa un
carajo-, o el de ciertos presuntos consejeros de Educación de los diecisiete putiferios
del Estado español. Dicho sea lo de Estado con las cautelas oportunas.
El adobo de choteo, como digo, lo pone el recorte de prensa que mencionaba. Lo leí cuando se hacían públicos los datos que, una vez más, confirman que la lucha honorable de tantos maestros españoles, maniatados por nuestro triste sistema educativo, es una batalla perdida; que la excelencia en las aulas es políticamente incorrecta, que todo se iguala por abajo en favor de la apatía y la mediocridad, y que preferimos tener masas de chusma informe antes que élites preparadas que le pongan letras mayúsculas a la palabra futuro. Tengo ese recorte sobre la mesa, como digo, y me partiría la caja si no fuera porque el asunto tiene poca gracia. Mientras el informe Pisa confirma que Andalucía sigue a la cola de Europa, lo que preocupa ala Junta que gobierna esa autonomía, la prioridad a
la que dedica tiempo y viruta, lo que le quita el sueño y merma su presupuesto,
es publicar una guía de 71 páginas para propiciar «el conocimiento de la
perspectiva ecofeminista, y potenciar el lenguaje periodístico desde una
perspectiva de género medioambiental».
Lo de menos es que Andalucía, inculto patio de Monipodio de políticos oportunistas y clientela comprada con subvenciones, carezca de medios para que los colegios funcionen, los alumnos progresen, y los profesores heroicos dispongan de medios en la desigual lucha que libran. Por ahí pasala Junta de puntillas. Para lo
que comparecen cuatro consejeros -Medio Ambiente, Presidencia, Igualdad y
Hacienda- es para exigir al mundo que se evite la palabra actor, sustituyéndola
por persona que actúa, que en vez de futbolistas digamos quienes juegan al
fútbol, que en vez de parados se diga personas sin trabajo, que los ciudadanos se
transformen en la ciudadanía, el hombre en la humanidad, los niños en la infancia
y los andaluces en el pueblo andaluz.
Llegados a este punto, diríamos que la imbecilidad dela Junta andaluza, encarnada en
sus representantes, quedó exhausta. Pues no. Aún les quedó resuello para poner
algunos ejemplos de cómo evitar el lenguaje machista. Por ejemplo, sustituyendo
la frase «los maestros les prohíben usar el móvil a los alumnos» por «el
profesorado le prohíbe usar el móvil al alumnado»; que, además, resulta un
delicioso pareado. Aunque mi recomendación favorita del informe juntero -me
pregunto cuánto costó, y a quién arregló el año la subvención, o mandanga- es
la que critica la frase «Páez estuvo magnífico en su intervención y la señora
Martínez iba muy elegante» y exige cambiarla por «Páez estuvo magnífico en su
intervención y la señora Martínez realizó unas aportaciones muy inteligentes»;
dando por sentado que la señora Martínez, sea quien sea, y por el hecho de ser
mujer, tiene que aportar inteligencia por cojones.
Sería injusto afirmar que en este alarde de sentido común y gusto expresivo,la Junta se olvida de la
educación y la cultura. Hay una exigencia de la que, supongo, tomarán nota
todos los profesores -el profesorado- que expliquen a sus alumnos, o alumnado, la Historia de Andalucía y
de España; dicho sea lo de España sin ánimo de ofender. Según lo que recomienda
el manual juntero, la madre de Boabdil ya nunca podrá dirigirse en los libros
de texto a su destronado chaval con las palabras que le dedicó en 1492,
largándose de Granada: «No llores como una mujer lo que no defendiste como
hombre». La frase, ahora, será: «No llores, pues no tienes motivos para ello».
Y punto.
Ocho siglos de Reconquista, como ven, resueltos y simplificados de un plumazo.
¿Motivos? ¿Reconquista de qué?
Más fácil para los chicos, imposible.
No puede ser, me digo, que sean tan analfabetos. Ni tan estúpidos.
Eso me digo una y otra vez. Serían inocentes, y en nada de esto acabo de ver inocencia alguna.
Me pregunto, entonces, cuál es la frontera que separa a un analfabeto de un sinvergüenza.
an Jos� � i �{ �� en otras latitudes
donde se cumplen los protocolos de seguridad de Hace unas semanas coincidieron, en tiempo y espacio, el alarde habitual de cinismo de las autoridades del ramo tras la publicación de cada informe Pisa sobre el estado de la educación en España -sólo estamos un poco por debajo de la media, no vamos tan mal como parece, etcétera- y una cosita de
El adobo de choteo, como digo, lo pone el recorte de prensa que mencionaba. Lo leí cuando se hacían públicos los datos que, una vez más, confirman que la lucha honorable de tantos maestros españoles, maniatados por nuestro triste sistema educativo, es una batalla perdida; que la excelencia en las aulas es políticamente incorrecta, que todo se iguala por abajo en favor de la apatía y la mediocridad, y que preferimos tener masas de chusma informe antes que élites preparadas que le pongan letras mayúsculas a la palabra futuro. Tengo ese recorte sobre la mesa, como digo, y me partiría la caja si no fuera porque el asunto tiene poca gracia. Mientras el informe Pisa confirma que Andalucía sigue a la cola de Europa, lo que preocupa a
Lo de menos es que Andalucía, inculto patio de Monipodio de políticos oportunistas y clientela comprada con subvenciones, carezca de medios para que los colegios funcionen, los alumnos progresen, y los profesores heroicos dispongan de medios en la desigual lucha que libran. Por ahí pasa
Llegados a este punto, diríamos que la imbecilidad de
Sería injusto afirmar que en este alarde de sentido común y gusto expresivo,
Ocho siglos de Reconquista, como ven, resueltos y simplificados de un plumazo.
¿Motivos? ¿Reconquista de qué?
Más fácil para los chicos, imposible.
No puede ser, me digo, que sean tan analfabetos. Ni tan estúpidos.
Eso me digo una y otra vez. Serían inocentes, y en nada de esto acabo de ver inocencia alguna.
Me pregunto, entonces, cuál es la frontera que separa a un analfabeto de un sinvergüenza.
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