Se acaba la campaña
política. El estruendo publicitario no pudo ocultar el silencio de debate y
propuestas. Aunque se trate de una instancia legislativa, lo que hoy está en
juego es el voto de desconfianza ante la grotesca conducción gubernamental, de
un consorte todopoderoso y de una presidenta fantasmal, casi virtual en lo que
hace a la decisión de los problemas nacionales.
La mayoría electoral siente que la extraña pareja está siendo abandonada por los dioses antárticos que los elevaron adonde nunca debieron estar. Los argentinos sentimos que esta vez no somos víctimas solamente de la mala política o de una deshonesta administración, como tantas veces, sino de una sorpresiva irrupción de psicopatología política. Ya no es un problema de ineptitud ni de lógicas erradas. Estamos más allá, en el absurdo.
Primero se dejaron de respetar las instituciones:la Iglesia , las Fuerzas
Armadas, las fuerzas policiales y judiciales, garantes del orden público.
La mayoría electoral siente que la extraña pareja está siendo abandonada por los dioses antárticos que los elevaron adonde nunca debieron estar. Los argentinos sentimos que esta vez no somos víctimas solamente de la mala política o de una deshonesta administración, como tantas veces, sino de una sorpresiva irrupción de psicopatología política. Ya no es un problema de ineptitud ni de lógicas erradas. Estamos más allá, en el absurdo.
Primero se dejaron de respetar las instituciones:
Enseguida sobrevino la
suicida demolición de la fuerza productora más eficaz en esta crisis mundial,
que es la del campo, con toda la vasta red de intereses colaterales, esa trama
de vitalidad y existencia que va mucho más allá del esquema exclusivamente
económico. Y ahora está en jaque el poder industrial, con la invasión de
empresas a partir de los fondos tomados a las AFJP.
Tal vez, como lo afirmó una candidata, se lleva al campo a la desesperación, creando un mercado de precio bajo para acumular miles de hectáreas y consolidar un enorme fideicomiso exportador de primera importancia mundial.
K es más bien un leninista aficionado, suburbano y tenaz. Acapara los "medios de producción" con sus amigos (tierras, empresas intervenidas, sistema financiero, telecomunicaciones, minería), pero su fin no es la creación de un socialismo, sino de un sistema económico similar al de una gigantesca corporación. No quiere ser Lenin, sino alguien como Slim. (¿Quién es?) Parece que quisiera un superpoder económico personal y dejar la economía por encima de la política. Es un delirio de supercapitalista. De un Rockefeller de las pampas.
Tal vez, como lo afirmó una candidata, se lleva al campo a la desesperación, creando un mercado de precio bajo para acumular miles de hectáreas y consolidar un enorme fideicomiso exportador de primera importancia mundial.
K es más bien un leninista aficionado, suburbano y tenaz. Acapara los "medios de producción" con sus amigos (tierras, empresas intervenidas, sistema financiero, telecomunicaciones, minería), pero su fin no es la creación de un socialismo, sino de un sistema económico similar al de una gigantesca corporación. No quiere ser Lenin, sino alguien como Slim. (¿Quién es?) Parece que quisiera un superpoder económico personal y dejar la economía por encima de la política. Es un delirio de supercapitalista. De un Rockefeller de las pampas.
Pero la crisis se le
adelantó a su adelantamiento de las elecciones de octubre. Como un conspirador
ingenuo, la bomba le estalló entre las manos antes de tiempo.
Aunque parezca extraño, su verdadero designio era el de un capitalista (¿ERA?) empedernido. Y no se cumplió su sueño, pero nos quedaron realidades de pesadilla.
Todos nosotros estamos inmóviles, en una democracia secuestrada.
Por eso estas elecciones conllevan una esperanza de renacimiento.
Aunque parezca extraño, su verdadero designio era el de un capitalista (¿ERA?) empedernido. Y no se cumplió su sueño, pero nos quedaron realidades de pesadilla.
Todos nosotros estamos inmóviles, en una democracia secuestrada.
Por eso estas elecciones conllevan una esperanza de renacimiento.
Somos, internacionalmente,
un mamarracho. Un país perturbador, agresivo. ¿Está loco? Un país rico que
juega a la miserabilización (pero en el que se enriquecen amoralmente sus
dirigentes). Nadie puede entender nuestra autodestrucción. Tomamos nota en
exclamaciones tele periodísticas cotidianas, pero seguimos inmóviles, sin poder
actuar, paralizados por el ángel extermina-dor de Buñuel.
Alfonsín dijo que con la
democracia se vive, se come y se educa. Pero su democracia impotente (¿y
quienes más?) llevó (LLEVARON) a su gobierno a una hiperinflación monstruosa y
tuvo que abandonar el poder anticipadamente. Ahora, en esta descarada seudo
democracia K, se roba, se padece pobreza y hambre para un tercio de la
población y los padres de familia pueden morir asesinados por chicos que les
vacían el cargador con los ojos nublados por el paco que todas las madres
angustiadas saben dónde se vende (pero no los fiscales, los policías ni los
intendentes)
No basta lo que los argentinos creen que es democracia. Se necesita coraje (¿solamente? ¡Qué fácil!) para gobernar y enfrentar el mal y la infamia. Los asesinos de ayer, en un verdadero triunfo gramsciano a través de la ambigüedad y el culpismo ideológico de Kirchner, lograron que hoy no haya policía actuante, como en todos los países del mundo. El policía sale a la calle con más temor a tener un proceso y un castigo administrativo que los jóvenes asesinos, apañados por los garantistas que pagan el lujo de su humanismo con la vida de los otros, los que mueren cada día o se refugian en sus casas enrejadas. (¡No es un boludo, es un hijo de puta!)
La ministra Argibay, que defendió emocionada antela TV a los pobres chicos
asesinos, debería estar informada de lo que pasó en 1932 en la Rusia soviética con las
bandas de jóvenes criminales, producto del desastre de las campañas
socializantes contra los pequeños propietarios agrarios. Eran los llamados
"niños lobo". El Politburó estableció que no eran niños asesinos,
sino asesinos niños que había que combatir con toda energía y luego
recuperarlos, si se podía. Establecieron que eran imputables a partir de los
doce años. La ministra debería leer lo que ocurrió en China en 1949 con la
asunción de Mao y en Estados Unidos en los años 30. El interés prioritario por
defender es la vida del inocente; luego vendrá la recuperación del criminal.
No basta lo que los argentinos creen que es democracia. Se necesita coraje (¿solamente? ¡Qué fácil!) para gobernar y enfrentar el mal y la infamia. Los asesinos de ayer, en un verdadero triunfo gramsciano a través de la ambigüedad y el culpismo ideológico de Kirchner, lograron que hoy no haya policía actuante, como en todos los países del mundo. El policía sale a la calle con más temor a tener un proceso y un castigo administrativo que los jóvenes asesinos, apañados por los garantistas que pagan el lujo de su humanismo con la vida de los otros, los que mueren cada día o se refugian en sus casas enrejadas. (¡No es un boludo, es un hijo de puta!)
La ministra Argibay, que defendió emocionada ante
Lo grotesco y la cobardía
ganaron esta campaña electoral. Sin embargo, el pueblo al votar va a unificar
lo que no supieron unir los políticos, cuyo egoísmo, en algunos dirigentes de
la oposición, los llevó a atacar más a los de su vereda que a K mismo, pensando
en posiciones para el futuro, en 2011.
Como la única fuerza
organizada ¿? y con evidente gobernabilidad nacional es el peronismo, algunos
se esmeraron en crear un complot, o mejor una farsa, en la que Macri,
Reutemann, Puerta, Romero, Duhalde, Rucci, Solá, los Menem, Venegas, De
Narváez, Busti, los de la CTA ,
etcétera, no esperan otra cosa que el 29 para invitar después de su triunfo a
los Kirchner a tomar champagne (o sidra, si fuera el caso). Ojalá que a la
doctora Carrió no se le ocurra organizar el ágape.
Con discusión de proyectos o no, el pueblo sabrá elegir mejor que los candidatos que apoya. Elegirá el fin de un ciclo.
Con discusión de proyectos o no, el pueblo sabrá elegir mejor que los candidatos que apoya. Elegirá el fin de un ciclo.
Se iniciará un período
difícil y creador. La
Presidenta deberá asumir la plenitud del poder con que la
inviste la Constitución
y abrir el gran diálogo nacional para iniciar, finalmente, el camino de
arranque fecundo que esperamos de nosotros y el mundo espera de la Argentina.
Sin diálogo abierto con todos los sectores de la vida nacional,
el gobierno de Cristina Kirchner quedaría en calidad de gobierno de transición.
Los problemas son demasiado urgentes y no hay dilaciones. Se nos vienen encima
las amenazas de crisis extrema que previó Kirchner cuando adelantó el plazo
electoral.
Pero lo más terrible después del 28 sería la posibilidad de que un autoritarismo benigno virara a formas intimidatorias y hasta violentas. No es de descartar, porque el llamado "modelo" puede dar motivo a una agudización chavista, en el sentido de medidas intervencionistas y movilizaciones intimidatorias. Más allá de los conocidos grupos que puede movilizar K para transformar su derrota en falso triunfo plebiscitario, será de extrema importancia que la ciudadanía exprese su triunfo nacional ¿? masivamente, auto convocándose para demostrar en la calle su victoria.
Sin
Pero lo más terrible después del 28 sería la posibilidad de que un autoritarismo benigno virara a formas intimidatorias y hasta violentas. No es de descartar, porque el llamado "modelo" puede dar motivo a una agudización chavista, en el sentido de medidas intervencionistas y movilizaciones intimidatorias. Más allá de los conocidos grupos que puede movilizar K para transformar su derrota en falso triunfo plebiscitario, será de extrema importancia que la ciudadanía exprese su triunfo nacional ¿? masivamente, auto convocándose para demostrar en la calle su victoria.
Esta demostración en la
noche del 28 tendría un gran poder disuasivo ante la prepotencia.
El país está intacto para enfrentar con las mejores posibilidades este tiempo de crisis. La conducta aislada y superada de K no puede persistir al quedar rechazada por la gran mayoría nacional yla Presidenta queda
enfrentada a la obligación de conducir con un nuevo estilo y desde el consenso
imprescindible.
Una secreta fe recorrela Patria ,
¿? humillada y vejada por la patanería y la incalificable destrucción de su
riqueza más comerciable en esta crisis mundial y nacional. Hay que responder al
amigo Gombrovicz, ¿? que se iba a Catamarca a buscar la pureza de la Argentina profunda cuando
lo intoxicaba la tilinguería de Buenos Aires.
Gombrovicz: usted quería ala
Argentina y se indignaba con ella, como nosotros. Pero no
somos un pasado ni una rémora. Somos como esa Ferrari Testarossa que un palurdo
ganó en una rifa de fin de año y no sabe ponerla en marcha. Somos un purasangre
maneado que ansía lanzarse otra vez a galopar con el viento levantándole las
crines y zumbándole en las orejas. Queremos volver a ser el país en el que
usted desembarcó viniendo de la
Polonia asolada, exterminada por el terror, y donde encontró
la paz de sus partidos de ajedrez en la confitería del Rex o en La Fragata.
La Argentina quiere volver a su felicidad. A ese país primero
posible y después grande que en tres décadas se ubicó entre los diez más
exitosos países del mundo y donde se creó un sistema educativo que acabó con el
analfabetismo en el nivel nacional, antes que Estados Unidos y la misma
Francia, como lo acaba de declarar Vargas Llosa.
No queremos administradores tristes. Queremos convocarnos con un viento de fe y de grandeza. Queremos un Renacimiento y no una administración de la mediocridad. Queremos esa pasión que unió a Roca, a Yrigoyen, a Perón, a Frondizi. Un sentimiento compartido de Patria.
Las elecciones aparentemente menores del 28 de junio son para nosotros el fin de un ciclo de resentimiento y la apertura hacia esa llamarada, esa voluntad de gran destino que hizo de este país una maravillosa posibilidad de vida, pese a las contradicciones y los límites de la condición humana en su universalidad.
El país está intacto para enfrentar con las mejores posibilidades este tiempo de crisis. La conducta aislada y superada de K no puede persistir al quedar rechazada por la gran mayoría nacional y
Una secreta fe recorre
Gombrovicz: usted quería a
La
No queremos administradores tristes. Queremos convocarnos con un viento de fe y de grandeza. Queremos un Renacimiento y no una administración de la mediocridad. Queremos esa pasión que unió a Roca, a Yrigoyen, a Perón, a Frondizi. Un sentimiento compartido de Patria.
Las elecciones aparentemente menores del 28 de junio son para nosotros el fin de un ciclo de resentimiento y la apertura hacia esa llamarada, esa voluntad de gran destino que hizo de este país una maravillosa posibilidad de vida, pese a las contradicciones y los límites de la condición humana en su universalidad.
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